En estado de alerta

rojo, ja.

(Del lat. russus).

1. adj. Encarnado muy vivo. U. t. c. s. Es el primer color del espectro solar.

2. adj. rubio (‖ de color parecido al del oro).

3. adj. Dicho del pelo: De un rubio muy vivo, casi colorado.

4. adj. En política, radical, revolucionario. U. m. c. s.

1. locs. adjs. De color encendido de brasa.

1. loc. adj. Dicho del hierro o de otra materia: Que por el efecto de una alta temperatura toma dicho color. U. t. c. loc. adv.

2. loc. adj. Muy exaltadas las pasiones. U. t. c. loc. adv.

1. loc. adj. Dicho de una materia incandescente: Que por la elevada temperatura se torna blanquecina.

1. loc. adj. Dicho de una materia incandescente: Que presenta un color rojo oscuro semejante al de las cerezas.

1. loc. adj. al rojo (‖ muy exaltadas las pasiones). U. t. c. loc. adv.

En un momento definitorio de Take This Waltz (paradójicamente ubicado en su inicio), la vemos a Margot aludiendo a una de sus principales inquietudes (o traumas, dependiendo de su capacidad de control), que es, en esencia, el miedo al miedo. Mientras lo dice, está en el aire, especificando esa fobia en su particular manera de evitar las conexiones en los vuelos. ¿De dónde proviene esa fobia? Podríamos leerla (a la fobia y a Margot) en relación a la frase que acompaña esa confesión: “I don’t like being in between things”. El término medio le aterra porque le aterran las posibilidades perdidas. A Margot no le gusta elegir. Cuando elige, automáticamente está contemplando la opción anulada. Todo eso se percibe en su mirada final al vacío (el vacío que quiere llenar porque no tolera una vida de insatisfacción momentánea), cuando sin escucharla sabemos que está hablando, nuevamente, de cómo detesta el terreno intermedio, de cómo detesta no poder disfrutar del lugar elegido. Margot, en la secuencia del vuelo, viste de rojo. Margot y sus miedos. Margot en estado de alerta. Margot y su búsqueda de seguridad. El rojo, así como el azul era significativo en La vida de Adèle, es la clave de Take This Waltz (y en menor grado el amarillo), su omnipresencia es notoria, como en esa campera de Margot en el avión, como en esa remera cuando ella se enfrenta a lo vacuo, como en esas sillas donde analiza su presente escindido entre su marido Lou y su amante Daniel.

Según Matthew Davies, el diseñador de producción del film de Sarah Polley sobre el que me explayé por acá, la decisión de que la casa de Margot fuera tan vibrante, con una paleta de colores tan amplia y acogedora, provino directamente de la realizadora. La finalidad no la explicó pero podemos intuirla. Take This Waltz es una película sobre la falsa sensación de comodidad. Todo lo idílico que tiene esa casa – y por lo cual la elegí para ilustrar mi respuesta a la consigna – poco importa en función de lo que sucede allí dentro. Así, esa cocina llena de utensilios hermosos es testigo de una discusión iniciada por una desencantada Margot. Así, ese baño de cerámicas impecables presencia el momento del derrumbe. Así, ese living cálido se convierte en el escenario de esa oscilación entre dos polos. Creo que eso es precisamente lo que me atrae del film por sobre cualquier otro aspecto: su modo de poner el foco en los detalles de una casa donde todo está aparentemente en el lugar correcto. No es arbitrario que cuando Margot abandone esa acumulación de objetos propia de todo matrimonio lo haga yéndose a un espacio diametralmente opuesto. A un lugar menos personal, más amplio, menos abarrotado, menos sentimental. Un lugar que se va llenando de recuerdos a medida que Leonard Cohen canta, pero que no termina de complacer a Margot, quien apoya sus pies en una mesa cubierta por una manta roja, moviéndolos de un lado al otro, como aseverando que ese movimiento pendular es (y será siempre) un reflejo de sí misma.

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► [ESPECIAL] Las casas más emblemáticas del cine:

DESIGN IN FILM: THE MODERN HOUSE from James Munn on Vimeo.

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► [GALERÍA] Las casas de película en las que les gustaría vivir (no son tontos para elegir):

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¡BUEN MARTES MUCHACHADA! Tres consignas para el post de hoy: 1. ¿En qué casa de película les gustaría vivir? 2. ¿Qué otras casas icónicas del cine podrían mencionar para armar una galería? 3. Por último, me gustaría que me cuenten cuál es el rincón favorito de sus casas y si son de estar pendientes de hacerle arreglos, reformas, decoraciones, cambios, etc.; ¡gracias por estar y, como siempre, los leo! ¡buen martes para todos! PD. Mi casa, acá

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Lo mejor del 2012: Las escenas

Cuando Mr. Oscar/Monsieur Merde come las flores del cementerio.

Cuando Dana y Marty toman el ascensor.

Cuando Margot tiene miedo a tener miedo.

Cuando Darius le habla por primera vez a Kenneth.

Cuando despega el avión y Joe le da la mano a Tony Méndez.

Cuando Sam y Suzy bailan al ritmo de Francois Hardy.

Cuando Violet y Tom se conocen en la fiesta de superhéroes inventados.

Cuando Adam reconfirma la amistad incondicional de Kyle.

Cuando Joe le cuenta a su “yo más joven” sobre el amor de su vida.

Cuando Sam y Frankie ven un video de cuando eran chicos.

Cuando Alfred se toma un Fernet en Florencia.

Cuando “Driver” le da un beso a Irene en cámara lenta.

Cuando Schmidt y Jenko entran a la secundaria.

Cuando Jeff y Pat lloran en el cementerio.

Cuando Maggie le hace recordar su infancia a Peter.

Cuando Ted presiona el botón de “I Love You”.

Cuando Jack le confiesa su amor a Iris.

Cuando Calvin reescribe a Ruby por última vez.

Cuando Erik y Paul empiezan a enfermarse mutuamente.

Cuando Dodge le acaricia el pelo a Penny antes de que llegue el fin del mundo.◄

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 *1. La escena “del acordeón” de Holy Motors:

*2. La escena “de los monstruos” de The Cabin in the Woods:

*3. La escena “del amusement ride” de Take This Waltz:

*4. La escena “de la cítara” de Safety Not Guaranteed:

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Seguimos con el balance y hoy hay una sola consigna: ¿Cuáles son las escenas que más recuerdan/que más les han gustado de este 2012? ¿Por qué los impactaron particularmente? ¡Comenten! ¡Buen Finde para todos! ¡Que tengan un hermoso festejo navideño! Nos reencontramos, después de los feriados, el miércoles 26 ;)

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La escena del día: Lejos de ella

“In my mind, I still need a place to go…”

Si hay algo que me resulta atractivo de las dos películas que filmó hasta el momento Sarah Polley, es cómo decide contar historias simples y a todas luces trilladas, pero trastocando esos elementos que cumplirían la función de lugares comunes. En Take This Waltz, por ejemplo, la crisis de los treinta y la desesperación por llevar una vida completamente satisfecha y sin espacio para los momentos muertos se mostraba con un cierto toque surrealista, con música de Leonard Cohen, con constantes giros argumentales y con pequeños detalles inolvidables como esa demostración de amor de Lou a Margot con ese chiste en la ducha. Lejos de ella, la ópera prima de Polley, es, a su manera, también una obra sobre una demostración de amor. “Nunca es demasiado tarde para convertirte en lo que podrías haber sido” dice un personaje en un tramo del film. Y a esto me refiero con trastocar las reglas: se trata de una frase ya leída o vista en otros lados, se trata de un consejo que suena lindo en teoría pero que raras veces se lo piensa en la práctica. Realmente, ¿qué es convertirse en lo que uno podría haber sido? O lo más importante: ¿cuándo es demasiado tarde para enmendar un error, cambiar, ser mejor, o ser quien uno hubiese querido ser? Pensarlo detenidamente implica un ejercicio de introspección duro y no siempre las conclusiones aparecen. Al menos no cuando sería apropiado que lo hicieran (“la sabiduría llega cuando no nos sirve para nada”).

“I never wanted to be away from her. She had the spark of life.”

Lejos de ella es una película sobre un hombre (Grant, interpretado por un formidable Gordon Pinsent) que sí se hace esa pregunta en un instante crucial de su vida y actúa en relación a ese cuestionamiento. Pero Polley le añade algo más a la historia/adaptación del cuento de Alice Munro: su esposa Fiona (una Julie Christie luminosa, de sutilezas extraordinarias) es diagnosticada con Alzheimer. ¿Cómo se conectan ambos aspectos? ¿En qué punto hay una cruce entre ese triste descubrimiento de Fiona y el viaje interior de Grant? Volviendo al leitmotiv original: el amor expresado a través de un gesto. Sí, claro, la película es devastadora al mostrar cómo los recuerdos se van yendo de a poco, cómo el testigo de ese proceso lo padece con impotencia, furia y resignación, y cómo se sufre cuando el concepto de lo efímero se materializa delante de sí. Pero a la vez hay mucho más. La enfermedad de Fiona pone a prueba la fortaleza de una relación que no siempre fue del todo apreciada por Grant (él mismo lo reconoce al evocar el primer encuentro juvenil, inocente, cuando no había margen de error o equivocación), quien al ver cómo su mujer parece esfumarse a medida que se esfuman los flashes de la cotidianeidad del vínculo, intenta dejar de lado su propio deseo, con la tristeza que implica soltarle la mano a casi toda una vida construida en conjunto. Sobre el final, cuando Grant encuentra el mejor camino para Fiona (no necesariamente para él), Polley concibe una despedida mayormente a través de las miradas. “Nunca quise estar lejos de ella”, asegura ese hombre, tiempo antes de verse obligado a hacerlo. Claro que alejarse no implica olvidar. Para él, no hay lugar para el olvido.

Miren esta gran escena de Lejos de ella:

¿Vieron Lejos de ella? ¿Qué les pareció? ¿Qué películas con protagonistas de la tercera edad sumarían al post?; ¿Cuáles son los recuerdos de los que nunca quisieran desprenderse?; de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡Gracias a todos!

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El vacío

“Life has a gap in it, it just does; you don’t go crazy trying to fill it like some lunatic.”

Durante un tiempo estuve obsesionada con el concepto (o al menos, caprichosamente le adjudiqué esa categoría) del “mientras tanto”. Así, fui recopilando canciones que aludieran a lo mismo (“voy cayendo en picada mientras miro tu vuelo”), al tiempo que pensaba en qué tenían de fascinante esos momentos en el limbo. La respuesta fue que lo que tenían de fascinantes era proporcional a lo que tenían de aterradores. No sé si hay muchas personas que realmente disfruten vivir en la incertidumbre, en esos instantes donde no parece pasar nada, como si se tratase de una tortuosa sala de espera. El “mientras tanto” tiene que ver, claro, con todo lo transitorio, con lo que hay que atravesar irremisiblemente para llegar a un destino. Si hay una meta, entonces, el costado fascinante se hace presente. Sin embargo, si tal objetivo no se traza, si nos toca el lado pasivo, el de observador del movimiento ajeno en contraste a nuestra (aparente) inmovilidad, entonces lo aterrador puede convertirse en angustiante. Mientras alguien evoluciona, otro involuciona. Mientras alguien sigue adelante, otro queda detenido. El dolor nace de la contemplación, de la toma de conciencia de nuestra realidad por sobre otra.

Take This Waltz, segunda película de Sarah Polley luego de Away from Her habla, entre otras cosas, sobre ese “mientras tanto”. La historia transcurre en una Toronto absolutamente idílica, de colores saturados, casi como si se tratara de un ámbito surrealista donde no hay cabida para los sobresaltos. Todo, desde lo micro (los vestidos veraniegos de su protagonista) hasta lo macro (los hogares bohemios y acogedores) está visto con una irrealidad casi digna de un texto de Ira Levin. Pero no es la intención de Polley la de envolver un caramelo con perfecta minuciosidad. Por el contrario, su intención es detenerse en lo que hay debajo del envoltorio, un caramelo más ácido que el del empalagoso comienzo de la película. La historia es la de dos jóvenes que se conocen en un viaje. Ella, Margot (cualquier parecido con las mujeres indies de Wes Anderson y de Noah Baumbach ¿es pura coincidencia?), una escritora casada desde hace cinco años con Lou, otro escritor; él, Daniel, un artista sensiblero y seductor. Hasta acá, todo parece un cliché. Lo que hace Polley es mostrar tres “mientras tanto”. El de Margot (Michelle Williams) y su indecisión entre dos recorridos románticos posibles; el de Lou (Seth Rogen) entre un matrimonio adolescente y un matrimonio adulto; y el de Daniel (Luke Kirby), entre ese mundo de fantasía y los deseos de exploración. Las aristas se entrecruzan desde que en el inicio, con ese encuentro fortuito, Margot y Daniel reconocen su “miedo a tener miedo”, manifestado en ella a través de su pánico a las interconexiones en aeropuertos por la ansiedad que le generan. No son detalles de anti-heroína goofy desde el momento en que su directora los traslada a esos llantos de ella por no sentirse bien en ninguna parte, llantos a los cuales intenta buscarle una explicación racional que falla en encontrar, incluso cuando parece obtener el Santo Grial.

El amor en Take This Waltz está pensado como sinónimo de pavor, por el pánico que implica poner en manos de otra persona el mundo propio. El amor, parece decir Polley, deja de ser disfrutado desde el momento en que uno crece y lo que reluce en un comienzo pasa a oxidarse en otro (“new things get old”). ¿Hay, entonces, un secreto para la satisfacción plena e irreversible? Lo dice el personaje de alcohólica en recuperación que interpreta Sarah Silverman: “La vida está llena de vacíos, pero no podemos pretender llenarlos todos”. Margot lo intenta. Intenta llegar a un lugar y, cuando lo hace, rompe en llanto por aquello que perdió. Cuando se enfrenta a aquello que perdió y vuelve a lo que parecía querer desde un principio, su mirada errática, su sentarse en el piso, sus ojos por la ventana, nos dicen que los vacíos son inevitables, que corremos tras una zanahoria continuamente al querer satisfacer el deseo de manera persistente. No hay forma. En un curioso y desconcertante montaje final (sexual primero, erótico después, romántico finalmente), con el incesante ritmo del vals de Leonard Cohen, el film termina de echar por tierra eso que podíamos creer al comienzo. No hay paraíso, no hay faro al que visitar que no dispare un pensamiento sobre el pasado, no hay presente que eventualmente no se convierta en pasado, y no hay futuro concebible cuando no se está cómodo o cuando se sufre por lo desvanecido.

“I don’t like being in between things”

¿Qué perdura? La propia mente intentando descifrar si esos bailes a los que somos invitados cada tanto (baile como sinónimo de proyecto a corto o largo plazo) deben necesariamente ejecutarse de a dos o pueden alcanzar su plenitud en la soledad. Todo vacío genera melancolía. Toda melancolía genera llanto. Al menos en Margot, el único personaje que acaso decide evitar resignarse en vistas de un ideal de felicidad arrebatada. Retomando el comienzo del texto, pienso que Take This Waltz traspola ese contraste fantasía-realidad desde la puesta en escena superficial hacia el sentimiento más profundo y desgarrador de su protagonista. “Pensé que íbamos a envejecer juntos”, le dice Lou a Margot, poniéndose las manos en la cara como queriendo hacer palpable el dolor. No, nada de superficie entonces. Todo en este film es tan aterrador y vasto como esos vacíos que todos tenemos, que no todos podemos llenar y que, en su mayoría, provienen del miedo a vivir.

Mirá el Trailer de Take This Waltz:

Si vieron Take This Waltz, pueden explayarse sobre ella; quienes no, ¿podrían nombrar a otros personajes de película complejos, realistas, incomprendidos?; ¡Dejen sus comentarios!

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