Lo mejor del 2013: Las actrices

Hace poco leí una entrevista en la que Noah Baumbach aludía a cómo el cine podía convertir una situación ordinaria en un evento extraordinario. Baumbach no se refería al cine desde las generalidades, sino más bien a cómo ciertos personajes llevan a su autor a crear esa clase de momentos, a cómo un personaje en particular puede propulsar un acto heroico para lo que es su mundo. De inmediato recordé Greenberg y algo sobre lo cual escribí por acá (y posteriormente en el libro), vinculado a cómo sobre el final Roger le demuestra a Florence que puede hacer algo por ella. Y esa demostración poco tiene que ver con lo que se consideraría “grande” o “llamativo”. Esa demostración es el hecho simple de colgar un cuadro en una pared y, sin embargo, en el contexto de Roger, ese hecho es enorme. Es un paso adelante para quien luego se quedaría sentado en una cama, mientras esa chica escucha un mensaje de voz que él le había dejado con total seguridad de que era lo correcto. Es un detalle. Pero ese detalle es sintomático de lo que alguien puede provocar en uno. No de todos podemos esperar lo mismo. No todos demuestran amor de la misma manera. A veces esos detalles se nos escapan. No siempre tenemos los ojos abiertos. Ese mismo concepto se reutiliza en la extraordinaria Frances Ha, la flamante película que Baumbach co-escribió con su protagonista, Greta Gerwig. Más allá de los homenajes velados (y no tanto) que se concentran en ella (desde guiños a Léos Carax, reminiscencias a la Nouvelle Vague y un cierto aire a los slackers de Kevin Smith y Richard Linklater), más allá de ser una obra que se define a partir de lo que hace su protagonista (los bailes de Frances, su salida a la calle al ritmo de Bowie, hablan de una película libre y encantadora), termina convirtiéndose, por sobre todo, en otro film de Baumbach sobre el gesto como la manera más depurada que tiene el individuo para llegar al otro. Porque Frances podrá mudarse de casa en casa (“I’m tired, I’m always so tired”), podrá sentir el peso de su edad en cada acción (“I’m not mad, I’m disappointed”), podrá autoconvencerse de lo que tiene que hacer según lo que digita el entorno (“I have so much to do, I think I’ll probably read Proust, because sometimes it’s good to do what you’re supposed to do when you’re supposed to do it”), pero en medio de ese desconcierto comprende que los vaivenes carecen de importancia cuando se sabe quién es la persona que estará (aún sin estar) para ayudarte (aún sin saberlo) a sobrepasar los ciclos. Así, el film de Baumbach se revela como una obra sobre la amistad, sobre lo que Sophie (una genial Mickey Summer) significa para Frances y sobre cómo ese significado llega mediante una epifanía. Todo está dicho en ese brillante monólogo donde Gerwig se luce, donde explica cómo un instante tan simple puede hablar volúmenes sobre los vínculos: “It’s that thing when you’re with someone and you love them and they know it, and they love you and you know it, but it’s a party! And you’re both talking to other people and you’re laughing and shining and you look across the room and catch each other’s eyes. But…but not because you’re possessive or it’s precisely sexual but because that is your person in this life. And it’s funny and sad but only because this life will end. And it’s this secret world that exists right there in public unnoticed that no one knows about. It’s sort of like how they say that other dimensions exist all around us, but we don’t have the ability to perceive them. That’s…that’s what I want out of a relationship or just life, I guess”. En esa confianza en el otro, en los gestos del otro, es donde reside la belleza de una película que, como su protagonista, baila con los días, con los cambios. En esencia: con la libertad.

   …………………………………………………………………………………….

 ► [TRAILER] Greta Gerwig en Frances Ha:

Frances Ha - Official Theatrical Trailer from IFC Films on Vimeo.

……………………………………………………………………………………..

*MENCIONES ESPECIALES PARA…

Jennifer Lawrence (Silver Linings Playbook)

Sandra Bullock (Gravity)

Mary Elizabeth Winstead (Smashed)

Cate Blanchett (Blue Jasmine)

Julie Delpy (Before Midnight)

……………………………………………………………………………………..

¡Hola muchachada! Arrancamos el balance de lo mejor del año con la siguiente consigna: ¿Cuáles les parecieron las mejores actuaciones femeninas del 2013, ya sea en roles protagónicos como en secundarios? Espero sus comentarios así armo una galería con los aportes; ¡Que tengan todos un gran jueves! ¡Hasta mañana!

………………………………………………………………………………………….

 ► [GALERÍA]: Sus actuaciones femeninas favoritas del año:

  

………………………………………………………………………………………………….

Para ver cuáles fueron las mejores actrices del 2012… HACER CLICK ACÁ

 ……………………………………………………………………………………………..

 ……………………………………………………………………………………………..

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” Y POR TWITTER, DENLE “FOLLOW” AL BLOG ACÁ; ¡GRACIAS!

Gravedad: El amanecer del Hombre

“Oh, to fight is to defend; if it’s not now, then tell me when”

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Gravedad es una gran parábola sobre una lucha, sobre una puesta a prueba, sobre una pelea. Mejor dicho: es una obra sobre dos clases de enfrentamientos. El del Hombre, en este caso, Ryan Stone (Sandra Bullock), una científica de renombre pero novata como astronauta contra una sucesión de inclemencias espaciales y/o tecnológicas; y el enfrentamiento del Hombre consigo mismo. De hecho, podríamos sumarle un tercer enfrentamiento, acaso el más oscuro y más complejo de abordar, planteado a través de un interrogante: si estuviéramos cerca de la muerte, ¿nuestra reacción sería la de luchar para sobrevivir o la de rendirse ante su latigazo? La pregunta es, claro, imposible de responder al ser configurada bajo una forma hipotética. Sin embargo, es probable que muchos nos inclinemos por la primera opción, ya que es lo más esperable, lo menos conflictivo, lo más automático. Gravedad hace algo valiente: se mueve hacia la segunda respuesta, poniendo a su protagonista de cara a su propia muerte como si esa muerte fuera sinónimo de alivio. Y no lo hace una vez. Lo hace por lo menos cinco. Flotando a la deriva. Flotando sin oxígeno. Conviviendo con la incertidumbre de cómo será su regreso a la Tierra. Durante esa sucesión de combates (de “fight tests”, como dirían los Flaming Lips en su disco Yoshimi Battles The Pink Robots, un álbum conceptual/espacial sobre la supervivencia), no sólo presenciamos la evolución en la mentalidad de esa mujer algo pasiva ante el avasallamiento de su compañero de misión Matt Kowalski (George Clooney), sino también conocemos su propio credo, su propia postura ante lo inminente. El director mexicano Alfonso Cuarón – en el guión co-escrito con su hijo Jonás – nos coloca ante un personaje pluridimensional, ante un personaje que, cuando piensa que va a morir, no considera como opción el dar una pelea (más) sino el de quedarse sin oxígeno, hallando en esa nave una suerte de refugio, encapsulada hasta que llegue el desenlace. Así, Gravedad también se erige como una obra sobre una gran revelación, sobre un despertar, sobre un amanecer necesario, sobre eso que decía Stanley Kubrick de que el hombre, para combatir la más vasta oscuridad, debe encontrar la luz no por fuera, sino por dentro. Es decir, el individuo como el único artífice de la salvación, el individuo como proveedor de su propia fuerza. En consecuencia, la obra de Cuarón no es tanto una película de ciencia ficción (de hecho, no lo es, sino que se permite homenajear a exponentes del género, principalmente a 2001: Odisea del espacio) como una historia de supervivencia, de estructura episódica y con esa misma claridad que le permite ordenar esas revelaciones de Stone al tiempo que mantiene una fidelidad por su naturaleza bicéfala que la vuelve tan extraordinaria como agobiante. Las dos caras de Gravedad son su virtuosismo en los efectos y su minimalismo en la narración. Dos caras complementarias que sorprendentemente nunca terminan por anularse.

“she knows that it’s demanding to defeat those evil machines”

“El director cinematográfico es una suerte de máquina de ideas y preferencias; una película es una serie de decisiones técnicas y creativas, y la tarea del director consiste en tomar decisiones justas con la mayor frecuencia posible” aseguró también Kubrick en plena filmación de 2001. Lo que se desprende de Gravedad es precisamente eso: la mano de un director enfocado, pero con un enfoque no sólo circunscripto a lo ineludible (el espectáculo). Estamos, quién va a atreverse a negarlo, ante una experiencia visual abrumadora, absolutamente sensorial, desde el primer plano secuencia con el que Cuarón se superó a sí mismo ante la eficacia del de Niños del hombre; hasta el final donde, con los pies sobre la tierra, la piel de Stone toca la arena y sus tobillos se doblan al intentar pararse y mirar ese cielo donde había encontrado respuestas a preguntas que siempre tuvo pánico de hacerse. El pánico es otro rasgo de Gravedad, vinculado en menor medida con el hecho de estar a la deriva en el espacio sin oxígeno, y en mayor medida con una mujer que encontraba en las voces de la radio el único modo de tapar su propio bullicio. Aquí es donde el guión de los Cuarón es primario en el mejor sentido del término. Que la hija de Stone haya muerto de un golpe en la cabeza (“and that was it” sintetiza ella ante un Kowalski que la sostiene) no es una pereza narrativa sino su punto más excelso: de un segundo a otro se puede provocar una alteración que modifique nuestro mecanismo, que le ponga fin a nuestro modo conocido de lidiar con lo cotidiano. Así, el personaje de Bullock confiesa que el único momento de paz lo halla en un trayecto en auto del trabajo a su casa, con esas voces radiales como aliadas en el dolor. Sin embargo, será una segunda alteración en su vida (una lluvia de restos espaciales que destruye su transbordador y ocasiona un efecto dominó indetenible) la que – y aquí se percibe la astuta decisión de los Cuarón – la obliga a modificar su mecanismo de defensa ante la primera. Stone se ve forzada a convivir con el silencio del espacio, silencio interrumpido únicamente por las catástrofes que se van suscitando, silencio en el que, llegado a un punto límite, medita sobre hasta qué punto realmente quiere seguir viviendo. La interpretación de Bullock en esos minutos en los que su personaje contempla la muerte es desoladora y, acorde a la película en su totalidad, en extremo agónica. El giro narrativo posterior, con uno de esos episodios reveladores a los que me referí anteriormente, se propulsa de modo onírico (o incluso místico) con el “regreso” de Kowalski operando como la voz de la conciencia de Stone. Y acá es donde notamos cuánto pujó Cuarón por tener una protagonista femenina: no es un hombre quien le dice a la mujer cómo actuar (esa sería la primera y errónea lectura que podemos hacer de la escena), es la mujer encontrando en su voz interior y en todo lo que escuchó de esa especie de mentor la respuesta justa para el momento ídem. Que la película podría haber cambiado de contexto y funcionado igual es una mentira. Cuarón elige en el espacio y su ingravidez la atmósfera más certera para contrastarla con la claustrofobia. Porque incluso en un ámbito vasto y silencioso puede asaltar la opresión y el peligro. Un clima y sus cualidades pueden variar, pueden ser maleables, pueden no tener correlación con las descripciones de manual.

“we were never meant to be part of the future, all we have is now”

En Gravedad, Cuarón efectivamente toma en sus manos 2001: Odisea del espacio y ejecuta dos acciones con esa papa caliente. Por un lado, la homenajea de manera notable cuando Stone se saca por primera vez el traje espacial y queda flotando en eterna cadencia, en posición fetal (me pregunto si los próximos años me darán una escena tan extraordinaria como esa), como ese Niño Estrella del film de Kubrick. Por el otro, la relee contraponiendo su película a aquella que también marcó un hito en la perfección técnica. La contrapone al darnos a un personaje de marcado bagaje emocional, un personaje al que conocemos en un estadio (cierta timidez ante su primera misión) y a quien dejamos en otro (caminando hacia un futuro que finalmente elige tener). Distinto era el caso de la película de Kubrick, donde los astronautas estaban definidos por una frialdad y automatismo que hacían que HAL 9000 pareciera el verdadero humano dentro de esa nave. El filósofo y novelista Alain Badiou escribió una vez: “hay ideas que solo existen en el cine, que no son traducciones de otras ideas (ideas imágenes, ideas-cine). El problema estriba en el pasaje de una idea cine a un concepto filosófico”. Si Cuarón concibió una película que en la actualidad ya puede vislumbrarse como fundamental dentro de la historia del cine (hay que darle tiempo, pero su perdurabilidad parece un hecho) es porque resolvió indiscutiblemente ese pasaje del que habla Badiou, al pensar a la creación como una fusión bien entendida. Con conceptos filosóficos múltiples (desde lo que implica una reacción hasta la salvación que llega cuando el Mal es combatido, siendo el Mal el dolor/miedo que paraliza), simbolismos no menos presentes (como el detalle de ese Buda que vemos fugazmente), una narrativa absolutamente depurada, los significados poético-científicos que brotan incesantemente, y el aplastante panorama visual donde la mano de Emmanuel Lubezki es una suerte de trampolín que pone todas las imágenes en niveles superiores, Alfonso Cuarón concibió un viaje a través del espacio exterior y, aún más, a través del espacio interior. Ambas odiseas conviven, se interrogan, se contestan y confluyen en un mismo punto: cualquier objeto (orbital o no) que vemos en el film no está allí sin un propósito. Esa soga que en un comienzo sostiene a Stone, eventualmente se rompe. Y se rompe para que ella pueda, en efecto, proveerse de su propia fuerza, de su propia luz. Con Gravedad, Cuarón creó su versión de El amanecer del Hombre, de su despertar a la vida, del Hombre como alguien que no sabe cuán fuerte es o qué quiere en el mundo hasta que se encuentra peleando por ello. 

………………………………………………………………………………………….

► [ADELANTO] Un breve fragmento de Gravedad:

………………………………………………………………………………………….

► [BONUS TRACK] Un especial sobre la película de Cuarón:

………………………………………………………………………………………….

Tres consignas para este miércoles: 1. Quienes hayan visto Gravedad son más que bienvenidos a debatirla en este post 2. Por otro lado, quisiera que compartan cuál fue la película que más los impactó en los últimos años, esa que los hizo salir del cine diciendo “acabo de ver uno de los mejores films de la década”; 3. Por último, ¿cuáles fueron las experiencias más increíbles que tuvieron viendo una película en 3D?; como siempre muchachada, leo sus comentarios; ¡que tengan un excelente miércoles!

 ………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………..

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” Y POR TWITTER, DENLE “FOLLOW” AL BLOG ACÁ; ¡GRACIAS!

 

Cuando pinta el bajón, ¿qué?

“El cine mejora la vida” expresó una vez Truffaut. ¿Cómo contradecirlo? Sin embargo, además de concordar, habría que preguntar sobre su afirmación de manera igualmente categórica: ¿Cómo la mejora? Las respuestas pueden ir desde lo más sesudo (el cine despierta la curiosidad, nos despierta a nosotros, nos va formando/forjando) hasta lo más personal (el cine, en definitiva, nos hace bien). Hace poco, reviendo los distintos posts del blog para la sorpresa de fin de año, me encontré con El post del masoquismo, donde compartíamos cómo determinadas películas contribuyeron a echar sal en algunas heridas. Pensé que incluso esas películas nos terminan ayudando, porque nos hablan con un lenguaje (visual o narrativo) que tiene correlación con nuestras vidas y, así, nos hacen sentir menos solos y más comprendidos. Porque sí, yo pienso eso que piensa el personaje. Sí, yo siento eso que él siente. Lo increíble es cuando alguien (guionista, director o el propio actor) lo dice de un modo tal que duele con placer (“qué placer esta pena”) ese grado de identificación. Después pensé que eso de que el cine mejora la vida también puede aplicarse a casos en los que nos aferramos a algunas películas cuando necesitamos de una zona de seguridad. Recordé un tiempo en el que vivía sola y en el que, por una suma de factores, no me sentía del todo bien. Además de en los discos, solía refugiarme en películas. Lo curioso (o no tanto) es que no eran las mismas sobre las cuales he escrito, por ejemplo, en la sección A la deriva. No eran las que resonaban a nivel personal. Eran las que mejoraban la situación de la manera más simple posible: haciéndome bien. Eso me condujo a este post, suerte de contracara de aquel masoquista, donde podremos revalorizar esos films que, en los momentos de bajón, están ahí para completar la frase de Truffaut: el cine mejora la vida y nos hace compañía. Y a Two Weeks Notice, tan sencilla como es, hace tiempo la reproduje más de una vez. Porque me gustaba ver a Lucy, el personaje de Sandra Bullock, comiendo y leyendo sola, para luego lidiar cotidianamente con ese hombre que complica su rutina y de quien intenta, infructuosamente, no enamorarse del todo. 

*Les dejo una escena de Two Weeks Notice:

…………………………………………………………………………………….

¿A qué películas acuden para sentirse mejor? ¿Cuáles les levantan el ánimo en un día de bajón?; ¡Dejen sus comentarios! ¡Buen martes!

………………………………………………………………………………………

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” Y POR TWITTER, DENLE “FOLLOW” AL BLOG ACÁ; ¡GRACIAS!

¿Así termina?

De las clases de crítica de cine me quedaron, poco menos de una década después, tanto conceptos generales como caprichos personales de algunos profesores, que resultaban categóricos pero con los cuales casi siempre coincidía. En una oportunidad, hablando de cine americano clásico – particularmente de mi debilidad: las screwball comedies -, se trajo a colación Fuerzas de la naturaleza. ¿La razón? El profesor creía que lo que sacaba a la película de la mediocridad era esa dinámica entre Ben (Ben Affleck) y Sarah (Sandra Bullock), dinámica que claramente remite a ese subgénero del cual Katharine Hepburn fue reina indiscutida. Sin embargo, [SPOILER ALERT!] a él le molestaba el final, lo enfurecía (sí) el hecho de que el protagonista elija la decisión más cobarde y se quede con su prometida, en lugar de con la adorable revoltosa que compone Bullock. Pero su planteo no iba por el lado de desafiar lo conservador, sino por el hecho de que si un film va a jugar con las reglas de ese subgénero de comedia, si el hombre es siempre atormentado por la vehemencia de una mujer impulsiva, el final (y el camino a ese final) debía manejar las mismas herramientas. Yo coincidí en ese momento y coincido ahora. Todo eso me condujo al post de hoy. Como siempre, las asociaciones caprichosas me gusta volcarlas acá, como me gusta también saber qué otros finales de película los dejaron con sabor a poco en los casos leves y con indignación en esos casos en los que uno espera algo que, lamentablemente, se resuelve de la peor manera.

¿Cuáles son, a su criterio, los peores finales del cine? ¡Dejen sus comentarios!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

El mejor papel de…Sandra Bullock

BLOG

¡Polémica! ¿Pero cómo? ¿Sandra Bullock tiene buenas actuaciones? Sí, señores. Decidí terminar la semana con un capricho personal que seguramente divida aguas – es más, sé de un comentarista y colega bloggero que despotricará en contra de ella -, pero la idea es poner a prueba en esta sección a aquellos intérpretes cuyo talento no es definido taxativamente. Y quise empezar por Sandra Bullock. Confieso que fue una de las actrices que  marcó mi adolescencia y por dos hechos puntuales: la extraña compulsión a ver Máxima Velocidad cuantas veces pudiera y la película-leit motiv del post de hoy: Mientras dormías.

El año pasado, sabemos, Bullock ganó el Oscar. Pero…¿Cómo? ¿Sandra Bullock tiene un Oscar en su casa? Sí. Por una película horrible y por una actuación mediocre. Sin embargo, estuvo bien. Fue una suerte de decisión anárquica que contentó a algunos y ofuscó a varios. Más allá de Un sueño posible, la carrera de Bullock tiene como pilar a su carisma, desplegado en exceso en Mientras dormías y que aún hoy se puede ver en, por ejemplo, Amor a segunda vista. Raro fue el caso de La propuesta, una comedia de poco vuelo donde tiene cero química con Ryan Reynolds pero en la cual muestra destellos de vulnerabilidad, de drama, de sufrimiento.

No, Sandrita no va a figurar nunca entre las mejores actrices del mundo. Pero así como nadie duda del talento de Meryl Streep – celebrado ampliamente en este post – está bien que nos sentemos a dudar si una actriz como Sandra Bullock también puede que le haga bien al cine, como yo creo que le hace. Y como sé que le hace, por ejemplo, Owen Wilson. ¡Apunten, disparen… fuego!

¿Cuál es tu papel favorito de Sandra Bullock? (Si es que te gusta Sandra Bullock…) ¿Sobre qué actor/actriz quieren post? ¡Buen Finde para todos!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Sin comentarios