Esperar para ver

“I could be another fool or an exception to the rule, you tell me the morning after” - Elliott Smith (“Say Yes”)

Robin Williams (1951-2014)

En lo que sería una suerte de semana temática, y en relación a la idea que tuvo Natalia Bello para el post de hoy, pensé en el debate-dentro-del-debate que se generó en el de ayer. Independientemente de los argumentos que dimos acerca de si sentimos empatía con Tom o con Summer, también intercambiamos apreciaciones respecto a la histeria, la valentía y el tiempo, conceptos que observamos desde distintos ejes y que conseguimos entrelazar. Eso me trajo al final de Good Will Hunting, especialmente porque éste pone de manifiesto cómo el exponerse ante el conocimiento del otro puede ser complejo pero no imposible. La llegada de Skylar a la vida de Will no sólo lo obliga a indagar aún más en sus limitaciones emocionales sino a descubrir qué es lo que verdaderamente quiere. Así, la frase profética de su psicólogo (“you don’t know about real loss because that only occurs when you love something more than you love yourself”) es contrarrestada por Will cuando, al advertir la pérdida de aquello que ama, decide que es hora de conquistar el tiempo perdido, subirse a un auto para ver qué le pasa con esa chica, erradicar su mirada teórica, dejar de “citar sonetos” para realmente amar desde lo concreto, abandonando las imposiciones. “It’s always been wait and see” canta Elliott Smith en “Say Yes”, englobando esa cruzada a la que nos enfrentamos muchos cuando somos conscientes de nuestras búsquedas pero también carentes del coraje para dar el primer paso, ese atemorizante salto al vacío, ese “esperar para ver qué pasa”. En su libro Tejiendo sueños, Patti Smith escribe sobre el deseo y lo liga, justamente, al conocimiento (“un deseo de cierta cosa o el simple deseo de saber”) y a la apertura hacia lo diferente (“lo único seguro es el cambio”). Porque a contramano de lo que él creía, el preciso instante en el que Will se vuelve más fuerte es cuando acepta que es vulnerable, cuando se pone en movimiento, cuando maneja hacia lo incierto y cuando deposita su corazón, por primera vez, en manos de alguien. 

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► [ESCENA] El enorme final de Good Will Hunting:

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HOLA A TODOS La consigna para este día iba a ser que mencionemos películas asociándolas con sus citas más representativas; la idea era dejarles una galería de fotos vinculando imágenes con frases, de acuerdo a los aportes que hicieran; sin embargo, la muerte de Robin Williams alteró los planes; LOS INVITO A RECORDAR A ROBIN EN ESTE POST CON FOTOS/VIDEOS/GIFS Y A SUMAR SUS PAPELES FAVORITOS DEL ACTOR (simplemente no puedo creer que justo al publicar este post me entero de esta triste noticia); un saludo para todos…

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Hey Teacher!

“I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived.” – Henry David Thoreau

* Post dedicado a Mirta, O, Captain, My Captain!

Por la vida de uno siempre pasan distintos maestros, aunque acaso el término adecuado sea mentores. Esas personas que o bien aparecieron en ese instante en que necesitábamos de un sopapo metafórico o que supieron cómo dejar una huella con el don de la palabra. Porque las palabras, se sabe, tienen un poder indeleble y el tema principal de La sociedad de los poetas muertos es, justamente, la manera en la que las palabras y las ideas pueden cambiar al mundo. Pero no solo eso: es la escalofriante noción de que aquello que surge en la mente de alguien y que es puesto en papel en una habitación oscura puede, años después, tener un impacto en quien toma ese escrito y lo hace propio. Como estoy haciendo hoy yo, con las palabras de Thoreau, el carpe diem y la asociación libre con una canción de Spiritualized.

Por la vida de esos chicos del film de Peter Weir pasa el profesor Keating, quien les muestra cómo las palabras pueden modificar la vida, moldear el pensamiento e, indefectiblemente, cambiar el curso de las cosas. Juan Ramón Jiménez había trazado un paralelismo entre la escritura y el alma: “¡Tan bien como se encuentra mi alma con mi cuerpo – como una idea única en su verso perfecto – y que tenga que irse y que dejar el cuerpo – como el verso de un retórico – vano y yerto!”. Es decir, nada somos sin ideas.

En La sociedad de los poetas muertos aparece la palabra como tragedia. La palabra como liberación. La palabra como salvación. En la vida, no estamos exentos de que aprezca bajo iguales formas. Pero también, en determinados momentos, la palabra llega de la mano de un maestro/mentor – en mi caso, la mujer a quien le dedico el post de los martes personales – y, desde el segundo en que se pronuncia en adelante, nos afecta como individuos. Nos hace mejores. Nos transforma.

Recordá el final de La sociedad de los poetas muertos:

¿Qué opinan de la Sociedad de los poetas muertos? ¿Qué otras películas sobre maestro-discípulo rescatarían? ¿Qué persona cumple/cumplió el rol de mentor/a en sus vidas? ¡Comenten!

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