Mel Brooks: Cartas de amor al cine clásico

Ilustración: Drew Friedman

Hoy en Cinescalas escribe: Jorge Bernardez

Max: La culpa de todo es de los actores, ve y mátalos
Leo: ¿Cómo vas a decir eso? Los actores son seres humanos
Max: ¿Comiste con alguno? - The Producers

Cuando me enteré que Seth McFarlane había filmado una película tomando como tema el Viejo Oeste lo primero que pensé fue que desde Locuras en el Oeste que no se había vuelto sobre ese género para parodiarlo. En realidad, eso no es del todo cierto porque en los ochenta Steve Martin, Martin Short y Chevy chase perpetraron una comedia menor llamada Tres amigos. El resultado quizás haya sido simpático pero no llegó a clásico. El paso siguiente fue buscar la caja de Mel Brooks y no dejar de ver sus películas. Cuando le preguntan por sus días en la marina durante la Segunda Guerra Mundial, Brooks dice que se lo pasaba en la cocina hasta que lo escucharon cantar y hacer bromas. De ahí pasó directamente a la radio de esa fuerza. Parece ser que el fuerte del marino Brooks era parodiar los informativos del Tercer Reich. Cuando la guerra terminó, entró a la televisión y no paró de hacer humor. En los cincuenta trabajó como guionista en una serie de programas que hoy son clásicos de la comedia y formó parte de equipos que uno quisiera haber visto en acción y por los que pasaron desde Neil Simon y Carl Reiner hasta Woody Allen. Luego creó junto a Buck Henry Get Smart, la parodia definitiva de James Bond y de sus imitadores.

Brooks llegó al cine en 1968 con The Producers, una comedia absolutamente disparatada que no dejaba títere con cabeza. Un decadente productor de teatro vive estafando ancianas millonarias que lo utilizan como objeto sexual de sus calenturientas fantasías a cambio de cheques con los que Max Byalistock (un extraordinario y libidinoso Zero Mostel) produce obras de poca monta que no duran nada en cartelera. Una tarde llega a la oficina un empleado de la compañía que le lleva la contabilidad, un empleado gris, lleno de complejos, inseguro y bastante esquizo, Leo Bloom. El contador de poca monta (Gene Wilder, no menos extraordinario que Mostel), estudiando la contabilidad del productor, descubre que si en lugar de sacarles unos pocos miles a las ancianas pudiera recaudar un millón de dólares y estrenar un fiasco, se podría hacer millonario sin tener que responderles a quienes aportan el dinero. El productor hace suya la idea del contador al que halaga hasta convencerlo de dejar su vida insignificante para pasar a ser un productor de Broadway. Ambos se asocian, buscan la peor obra posible, contratan al peor director y eligen el peor elenco. La obra es una “oda homosexual a Hitler” escrita por un nazi que vive cuidando unas palomas en la terraza de un viejo edificio. Su título: Primavera para Hitler. La obra, dice Max: “bajará en la página cuatro”. El director es un gay experto en comedias musicales sin ningún éxito en su haber y el protagonista, un hippie cuyos amigos llaman “LSD”. El fracaso está asegurado pero, por supuesto, se transforma en un éxito. La película fue recibida con críticas muy duras pero Brooks ganó el Oscar a Mejor Guión Original venciendo entre otros a John Cassavettes por Faces y a Stanley Kubrick por 2001: Odisea del espacio.

Su siguiente película fue la fallida Las doce sillas, una adaptación de un cuento clásico de origen ruso que cuenta las vicisitudes de un aristócrata en los primeros días de la revolución bolchevique. Las doce sillas del juego de living de la familia son repartidas por todo el territorio soviético y en una de ellas están escondidas las joyas de la familia. Frank Langella es el aristócrata que persigue a las sillas en una carrera enloquecida con el tiempo y con un cura ortodoxo interpretado por Dom DeLuise. Hay grandes momentos de comedia física, gags por todos lados y un criado interpretado por el propio Brooks, que no deja de besar las manos de su ex amo cuando éste llega a la mansión donde solía vivir. La curiosidad del caso es que hay una película cubana de 1962 con el mismo tema. Después de esa experiencia, Brooks se tomó unos años y en 1974 filmó dos de sus mejores películas. Una la hizo solo, Blazzing Saddles, y la otra la escribió con su amigo Gene Wilder, Young Frankenstein. Las dos se transformaron en clásicos. Las dos son cantos de amor al cine clásico. De hecho, para parodiar a Frankenstein consiguieron la escenografía original y llamaron a varios técnicos ya jubilados para lograr la imagen exacta de las películas originales. Todos recordamos sus frases y si hay alguien leyendo que no la haya visto, debe hacerlo ya. En 1977, el cineasta se mete en camisa de once varas con el proyecto se llama High Anxiety, y con el objetivo de parodiar/homenajear al cine de su amigo y vecino Alfred Hitchcok. El film es muy divertido y respetuoso y cuentan que cuando Mel lo llamó para mostrarle la película, el voluminoso “rey del suspenso” se cayó de la risa del cómodo asiento que le habían puesto en la sala.

La trilogía de películas que acabo de mencionar era apenas el aperitivo de la que es su obra maestra: Silent Movie. Un director (el mismísimo Brooks) y sus colaboradores (interpretados por Marty Feldman y Dom DeLuise) recorren Hollywood tratando de convencer a directivos y a estrellas de filmar una película muda. El film no da respiro y el hecho de que participen desde Paul Newman y Liza Minnelli, pasando por Burt Reynolds hasta el mimo Marcel Marceau, es apenas un detalle para una comedia que vuelve a demostrar que Mel Brooks ama el cine y que, en ese momento, estaba en un pico creativo. La siguiente película es un poco despareja y acaso lo venció al realizador la intención megalómana: History of the World Part I. El hecho de que no haya existido una segunda parte indica que la primera no fue el éxito que se esperaba. Sin embargo, el arranque con la voz de Orson Welles, la parodia a los monos de 2001: Odisea del espacio, el momento de la última cena, el monólogo del humorista del Imperio romano, nada menos que en el Ceasar’s Palace, el lanzamiento de pobres para practicar puntería en los días previos a la Revolución francesa y el musical sobre la inquisición salvan a la película a la que se puede acusar de ser episódica y un poco torpe en su realización. La idea de esta nota no es reseñar todas la películas de Brooks, sino resaltar lo bueno de su cine y, en todo caso, guiar al lector. Es común que viendo alguna de las películas posteriores del director uno piense: “¿no podría haber pulido un poco esto?”. Por suerte, siempre que uno empieza a pensar en algún gag, un one-liner o una animalada volvemos al camino de la comedia, que es el territorio de Mel Brooks.

Por si quedaban dudas del gusto por el cine clásico del humorista, su siguiente proyecto fue producir y protagonizar la remake de un clásico de Ernst Lubitsch, To Be or Not to Be, la historia de un grupo de teatro polaco conocido “por hacer con Shakespeare lo que los nazis le hicieron a Polonia”. Brooks es Frederick Bronsky, el director de la compañía en la que trabaja su mujer que en esta película resultó ser quien era su pareja en la vida real, Anne Bancroft. La remake es casi calcada de la original y quizás su mejor aporte sea el extraordinario número de apertura en el que Brooks y Bancroft canta en polaco y bailan el clásico “Sweet Georgia Brown”, junto al momento en que el actor, suplantando a Hitler, saluda a sus subordinados diciendo “Hail Myself!” Lo que sigue en la carrera cinematográfica de Brooks es apenas relevante, una parodia a Star Wars llamada Spaceballs con algunos momentos rescatables, una parodia a Robin Hood y un Drácula con Leslie Nielsen para cerrar con Life Stinks, una comedia de dura crítica social de 1991 con Los Ángeles plagado de homeless y ricos desalmados. Muchos pensaban que ya no había más de Mel Brooks para ver pero en 2007 reapareció con su vieja historia de los productores que plantan en Broadway una comedia llamada Primavera para Hitler, pero esta vez la historia se presentó en forma de comedia musical que arrasó y que incluye varios números musicales divertidos, donde se amplían los chistes. La obra tuvo su versión argentina protagonizada por Guillermo Francella y Enrique Pinti. Asimismo, Brooks puso su voz en distintas películas animadas, fue el tío de Paul Raiser en algunos capítulos de Mad About You y casi protagonizó una temporada de Curb Your Enthusiasm, en la que David Schwimmer y Larry David ensayaban una puesta de The Producers, producida por Brooks y Wilder.

El humor de Mel Brooks es salvaje, sutil, elegante, procaz, clásico y moderno al mismo tiempo, y con un increíble sentido del timming. La comedia, al fin y al cabo, necesita de eso: de ritmo y de elegancia. Aunque un pedo bien tirado o una torta de crema arrojada con ganas también ayudan bastante.

Por Jorge Bernardez

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► [TOP TEN] Las mejores películas de Mel Brooks:

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► [UNA YAPA] Un imperdible tributo musical al realizador:

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► [OTRA YAPA] Mel Brooks y Anne Bancroft interpretan “Sweet Georgia Brown”:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Arrancamos una nueva semana del blog con dos consignas: 1. ¿Han visto algo de Mel Brooks? Si es así, ¿cuál es su película favorita del realizador? 2. La idea de este post es que rescatemos las mejores citas y/o secuencias cómicas que ha dado el cine; yo voy con una más actual: “stop fucking with korean Jesus, (…) he’s busy…with korean shit”; ¡los leo a ustedes, que tengan un excelente comienzo de semana!

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—> La última vez escribió Ezequiel Saul sobre… X-MEN: DAYS OF FUTURE PAST

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Volver a verte

Para Fede

Sí, me voy directo a lo cursi-confesional: este blog es, a su modo, una familia. Una en la que se sugieren cosas que, siempre que puedo, intento incorporar en cada uno de los posts. Sucedió varias veces. Una idea derivó en otra que, curiosamente, tenía correlación con un hecho del presente. A las pruebas me remito. Este post va en un carril parecido porque, si bien ya hablamos de la niñez ligada al cine en otra oportunidad, en este caso, el eje cambia. Fede primero y otros amigos después estuvieron compartiendo conmigo esas películas que veían continuamente cuando eran chicos y que hoy, o bien quisieran volver a ver, o bien tuvieron esa suerte de regresión sana porque ya disfrutan al verlas años más tarde. ¿Mi ejemplo paradigmático? Querida, encogí a los niños de Joe Johnston (director fuertemente vinculado a la temática de hoy), y ese recuerdo que traigo al presente de un mundo que originalmente parece atemorizante, enorme e inabordable, para después convertirse en un espacio seguro, menos intimidante. ¿Metáfora sobre la transición y el crecimiento? Estoy casi segura de que sí.

¿Qué películas que vieron en su niñez están volviendo a ver hoy o quisieran volver a ver? ¿Dumbo? ¿Bambi? ¿Fantasía? ¡Compartan con la muchachada! ¡Dejen sus comentarios y buen miércoles!

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