Lo mejor del 2014: Los personajes

“I’m bored out of my mind, too sick to even care” es lo primero que canta Eve (Emily Browning) en God Help the Girl. Que canta, no que dice. Aunque da lo mismo. Para ella cantar y hablar son la misma cosa. La música es su lenguaje. Su inconsciencia respecto a su enfermedad – padece anorexia nerviosa y está internada en un instituto psiquiátrico – la expulsa literalmente por la ventana y la lleva a trepar alambres, tomar un colectivo primero y tomar un tren después, todo con el fin de ver a una banda. “My only choice was to find the face behind the voice” concluye una vez que llega al lugar. Pero Eve no alude particularmente al grupo que está tocando enfrente suyo (los vacuos Wobbly-Legged Rat) sino a todos esos rostros de la música en los que se refugia para sentirse menos sola. Stuart Murdoch - frontman de Belle & Sebastian, cuyo proyecto paralelo God Help the Girl, inspiró su homónima ópera prima – no la hace explicitar a Eve cuáles son los referentes musicales que la salvaron pero veladamente los incluye en la historia a partir de las voces en off de un par de locutores radiales que hablan de Nick Drake y Joy Division, y a través de una remera como la de Meat is Murder de los Smiths. Asimismo, para Murdoch la palabra es importante, tanto por la admirable manera que tiene de concebir las rimas pop más perfectas que jamás hayan existido (donde la construcción sintáctica apela a frases verbales originales y raras veces escuchadas, como “musician, please take heed” en lugar de “musician, please pay attention”) como por su necesidad de captar la voz femenina como requisito clave. Desde figuras literarias más clásicas como León Tolstói (Anna Karenina) y Gustave Flaubert (Madame Bovary) hasta el recientemente mencionado John Green (The Fault in Our Stars), pensar y expulsar con éxito el pensamiento femenino implica un entendimiento cabal de esa mentalidad, implica emanciparse de los preconceptos. Murdoch hace precisamente eso con Eve, crea a esta joven pluridimensional y no siempre del todo querible, que puede mostrarse tan egoísta por momentos (persiguiendo la satisfacción del placer personal a expensas de los sentimientos de un tercero) y tan noble por otros (escribir una canción con influencias de David Bowie para que su mejor amiga/fanática del Duque Blanco pueda interpretarla y encontrar su propia voz). La complejidad de Eve, entonces, va más allá de su enfermedad y es algo que provoca una identificación inmediata: no siempre podemos dar a conocer nuestra mejor versión porque la vida atenta contra esa intención segundo a segundo. Esa fluctuación de estados atraviesa todas las maravillosas canciones de God Help the Girl, donde nuevamente la palabra (o la lírica) es el alimento vital que ingiere esa chica que justamente está aprendiendo a alimentarse. Por lo tanto, Eve compone porque busca que la conozcan (en toda esa pluridimensionalidad) y así oscila entre el deseo de recuperarse (“light that comes in from outside, If you could catch it all and pin it to your wall then you would sleep much better”) y la incapacidad para dejar atrás el desasosiego (“I was a case when I grew up, a case of hope, crashing to the ground”).

En ese proceso, la joven conoce a James (Olly Alexander) y a Cassie (Hannah Murray), dos adolescentes que también reniegan de los estereotipos y quienes no tenían canales para expresarse hasta la repentina aparición de Eve. Esa colisión de mundos da como resultado dos hechos inevitables: se forja una amistad y se forma una banda. En este aspecto, God Help the Girl evoca a The Perks of Being a Wallflower en cómo no existen los finales tristes o las despedidas (“I want a story with a happy ending”) cuando lo importante es el hecho de haberse encontrado. “I was crying because I was suddenly very aware of the fact that it was me standing up in that tunnel with the wind over my face; not caring if it was downtown; not even thinking about it; because I was standing in the tunnel; and I was really there; and that was enough to make me feel infinite” escribe Charlie en la novela de Stephen Chbosky. A una conclusión similar llega James en la película de Murdoch, cuando asevera que “just for a moment we were all in the right place and the possibilities were infinite”, mientras Eve se aleja en un tren con el sabor agridulce de quien debe encontrar estructura y orden para sentirse mejor, aunque eso implique el distanciamiento físico de sus amigos. God Help the Girl es, en cierto modo, la fábula de una mujer que descubre su independencia (su último plano es equivalente al de Begin Again de John Carney) gracias a la familia paralela que eligió para su pequeña gran travesía. Tanto ella como James y Cassie se eligen mutuamente, tal como canta Eve en “A Down and Dusky Blonde”. “When I needed someone I chose you because the fledgling soul awakes, and on the balcony she quakes, and she is waiting for the sign, and when the brother does not come, and when the sister’s much to young, she chooses you” vocifera ya no parada frente a un músico sino siendo ella misma la protagonista de la noche, como si “ese rostro detrás de la voz” que anhelaba encontrar al comienzo de la historia fuera su propia esencia. Murdoch aborda el momento de quiebre de una joven enferma con un bienvenido tono afable, sabiendo que la oscuridad puede empañarlo todo pero nunca destruirlo. “I’ll kick this mood off with a change of scene” dice Eve en una de esas viñetas de desesperación – sin dudas, la mejor escena de la película -, donde God Help the Girl parece iluminar, a través de su protagonista, una hermosa verdad oculta: que está en nuestras manos elegir la composición perfecta para enfrentar el presente (“I pick the soundtrack with immaculate care”), ya que esa composición es un símbolo de otra cosa. Eve considera que su vida “depende de una canción” porque hablar de música es hablar de ella misma y hablar de ella misma es asegurar que quien tiene la compulsión de tomar cuidadosamente un vinilo para hacerlo sonar puede hacer lo propio con el control de su destino. 

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►[ESPECIAL] Un informe sobre la música de God Help the Girl:

GOD HELP THE GIRL - "La música" / Making of parte 3 from AVALON on Vimeo.

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*[TOP FIVE] GRANDES PERSONAJES DE ESTE AÑO:

► 1. ADÈLE en La vida de Adèle

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► 2. RAYON en Dallas Buyers Club

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► 3. LLEWYN DAVIS en Inside Llewyn Davis

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► 4. MASON en Boyhood

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 ► 5. ROCKET en Guardians of the Galaxy

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 ► *DE YAPA: FRANK en Frank

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES PERSONAJES DEL 2014 mencionados en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Hoy continuamos con el balance del año con la siguiente consigna: ¿Cuáles son los mejores personajes que dio el cine en este 2014? Dejen sus aportes así armo una galería compilándolos; ¡nos reencontramos el lunes con un balance televisivo! ¡que tengan un excelente miércoles! ¡los leo! PD. El mejor personaje del 2013, según sus votos, había sido Tiffany MaxwellJennifer Lawrence en Silver Linings Playbook

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La carrera hacia el Oscar 2015, bajo la mirada de un crítico de Los Ángeles

Hoy en Cinescalas escribe: Craig Kennedy*

*Biografía en primera persona: Craig Kennedy vive en Los Ángeles, donde comenzó a escribir críticas de cine en el año 2007 para su blog Living in Cinema. Craig actualmente colabora para el sitio Awards Daily con la cobertura del festival de Cannes, entrevistas ocasionales, como uno de los tres hosts del Oscar Podcast y como editor de la sección de TV. Craig es un aficionado del cine de la década del 70. Sus realizadores favoritos son Joel y Ethan Coen, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, Akira Kurosawa, Steven Soderbergh y Wes Anderson. Lo pueden encontrar en Twitter y en Facebook. (Craig se siente avergonzado por su español por lo cual escribió su nota en inglés, pero una traducción al castellano será proporcionada más abajo):

Greetings from Hollywood where Oscar season has begun! By now, all of the likely contenders have been seen by critics while DVDs have been sent to voters. Even as I write this, some awards (in this case the NY Film Critics Circle and the National Board of Review) have already been announced. The goal at this stage of the game for Oscar strategists (yes, this is an actual job in Hollywood this time of year) is to get their movies seen by the Oscar voters. There’s a whole month before the Oscar nominations ballots are due, but dozens of movies are hoping to have the golden light of Oscar shine upon them. Oscar voters don’t have time to see every movie that comes out in a year. Some see more than others, but no one sees everything. They won’t vote for a movie they have not seen, no matter how good it is. This is important to remember because certain things can impact which movies get seen or ignored during the nomination period.

*Here are some of the factors that help determine which movies get seen:

*Personal Preference: Who made it? Who’s in it? What is the story? These are basic questions we all ask about movies and voters are no different. They’re more likely to watch movies with actors they like and movies about subjects that interest them. Voters are people too and they have their preferences. The problem is, these preferences aren’t necessarily predictable and they vary from one person to the next. Personal preference, however, is ultimately what Oscar is about so it must be mentioned.

*Critics: Critics aren’t all-powerful – even less now there are so many of them – and they can’t make someone like or dislike a movie, but critics can certainly convince someone a movie is worth seeing. This is very good news for a movie like Boyhood which currently has a rare 100% rating at Metacritic, but not such good news for Unbroken which, as of this writing, has a dismal 59 (though with only 11 reviews tallied so far). Also important are the critics’ Top 10 lists and awards, which just started happening early last week. Movies that get good reviews and appear on lots of Top 10 lists increase their exposure and improve their chances being seen. What happens then is up to the voter, but the voter must see the movie before he can decide.

Las posibles películas nominadas al Oscar 2015. Foto: Ezequiel Saul

*Prognosticators: Even before the 2014 Oscar ceremony ended last March, people who make it their business to try and predict what Oscar is going to do have had their ears to the ground and fingers to the wind trying to guess which films in the upcoming year will be crowned with Oscar glory. Weighing critical response, Oscar history, their own tastes and their own opinions about Oscar voters, they narrow down the list of potential candidates. This “Oscar buzz” can influence whether a voter chooses to watch a movie or not. Everyone loves a winner and, when choosing where to spend their limited time, a voter might be more inclined to choose a movie they think has a legitimate shot at getting nominated and is already in the “Oscar conversation.”

*Box Office: Oscar has an ambivalent history with “popular” movies. Though there are examples throughout history where the movie that made the most money wins (Titanic for example), Oscar has recently favored smaller movies which have more integrity. At the same time, however, a movie that makes a lot of money and also has artistic credibility (last year’s Gravity for example) is almost guaranteed a nomination if not a win. Meanwhile, one that is perceived as a box office failure can forget about getting nominated – a producer that has a bomb on its hands isn’t going to spend more money on it trying to get it an Oscar. The most important thing about box office, however, is that it shows what movies people are actually paying to see. If friends and colleagues are talking about a movie, the voter is more likely to see it.

So, why does any of this matter? Is it not more important whether a movie is good or not? No. Every year there are great movies that are not nominated because not enough people saw them. Even as I write this, there are large piles of “For Your Consideration” DVDs on top of the television of every voter and their email inboxes are full of invitations to screenings and parties held in the hope of getting a movie noticed. All of the above factors help determine what movies are seen. When it comes to DVDs, the recent Thanksgiving holiday (November 27 – 30 in the US) and the upcoming Christmas holiday all loom large. Imagine a voter sitting around, celebrating the holiday, surrounded by family and everyone is trying to agree which DVDs to watch. Movies with popular stars, critical reputation, Oscar buzz or which friends have talked about are going to get chosen first. Also, movies that seem depressing or challenging will not appeal to a large group during holidays that are supposed to be full of joy and good feeling. Again, if a movie isn’t seen, it probably will not get nominated no matter how good it is. *Another note about DVDs: Certain types of movies play better on TV than others. Dramas with powerful performances come across best, but epic movies with many special visual effects lose a lot between theater and television. Again, this is good for Boyhood, but bad for Interstellar.

The same factors determine whether a voter decides to get dressed and drive across town to an Oscar party or a special showing of the film, but there are others. The first is budget. A movie with a large budget can afford a fancier theater and a more impressive party which increases the odds a voter attends. These films can also afford to set up events for the press to get interviews with the talent and stories about their films in print and online. This is bad news for Boyhood. IFC is a relatively tiny distributor and likely spent most of their marketing budget when the film was still in theaters. The big challenge of Boyhood will be to stay in the minds of voters. The second difference is star power. Not everyone in Hollywood is an A-list celebrity, but just like regular people, they all want to be associated with them. If Angelina Jolie introduces her film or appears at a party, you can bet more people come to bask in the celebrity glow. This is good news for her film Unbroken. The third difference is the “story” behind a movie. I don’t mean the plot of the film, I mean the narrative behind the film itself which is a little bit harder to explain. I call it the “Oscar Story” and it is something the filmmakers can use to make a movie seem special. In recent years I went to official Academy presentations of eventual Oscar winners The Artist and Argo. Both films were presented with a story behind them. In the case of The Artist, producer Harvey Weinstein told the story of going to Cannes and falling in love with this little French homage to Hollywood history. Meanwhile, Argo showed how Hollywood helped shape an important moment in US history. Hollywood loves movies about itself and the filmmakers emphasized that aspect of their films to make them more interesting.

Los posibles directores nominados al Oscar 2015. Foto: Ezequiel Saul

Among the current contenders, Birdman speaks to the creative people in Hollywood and makes them look heroic and that will give the film an advantage in the race. In the case of a movie like Boyhood, the story can be how it took twelve years to make the film. In the case of Selma, it’s about one of the most important events in recent US history and it could lead to the first African-American woman getting nominated for Best Director. All of these stories hopefully increase a film’s chances of getting seen and once they’re seen, they make a film more memorable. You can convey a film’s story at a live screening with a Q&A more easily than you can on a DVD. So, let’s take a look at the pool of films that are currently in the Oscar discussion sorted by their Metacritic score with the number of reviews in parentheses (smaller numbers of reviews obviously make a less reliable score that could change as more reviews come in). These are by no means the only films that have a chance, especially this year which seems less predictable than others, but they’re the generally agreed upon films in the running among the Oscar prognosticators plus a few extras I added myself:

Boyhood – 100 (49 reviews)
Selma – 98 (5)
Mr. Turner – 95 (13)
Birdman – 89 (46)
The Grand Budapest Hotel - 88 (48)
Whiplash – 87 (43)
A Most Violent Year – 86 (9)
Inherent Vice – 84 (13)
Foxcatcher – 82 (38)
Gone Girl – 79 (49)
The Immigrant – 76 (34)
Wild – 75 (22)
Interstellar – 74 (46)
The Theory of Everything – 72 (45)
The Imitation Game – 71 (31)
American Sniper – 62 (7)
Unbroken – 59 (11)
Into the Woods – 0 (0)

Two or three things jump out at me just looking at the Metacritic numbers. The first is that the reviews of Unbroken are not very good (though to be fair it’s only based on 11 reviews) yet it’s still considered a contender by reputable Oscar predictors. It’s true that Extremely Loud & Incredibly Close (2011) was a Best Picture nominee with a terrible 46 Metacritic rating, but remember that film was not seen by critics until the very last minute. Voters saw it in a vacuum away from the noise of critical opinion. Plus it was a film with widely loved actors Tom Hanks and Sandra Bullock and it was directed by Stephen Daldry who has long been an Oscar favorite. Unbroken has Angelina Jolie’s star power, cinematography from the great Roger Deakins, a screenplay from Oscar winners Joel and Ethan Coen and a moving story, but that’s it. Meanwhile, it’s going to languish for a month with mediocre reviews. The reviews aren’t negative enough to keep people from watching it and it’s very possible the voters will like it more than critics, but I’m having a hard time taking it seriously as a nominee at this point.

The second thing I notice when analyzing critical reaction is the mediocre scores of Interstellar, The Imitation Game, The Theory of Everything and American Sniper. Reviews aren’t bad, but all of these films were considered favorites to be nominated just a few months ago. Now I’m not so sure. A few will, and some may do better in other categories, but in a relatively weak year for Oscar movies, I’m expecting more surprises than usual when the nominations are announced. However, because it’s such a weak year, all of those films mentioned might find their names on the list of nominees. Voters will still see all of these films so it will depend on whether they like the films more than did the critics. Of all those films, I’d be most worried for Interstellar because it will be even less impressive on TV than it was in 70mm IMAX.

The final and most important point to me is the score for Boyhood. I’ve never seen a film with a perfect 100 score. 40 of the 49 reviews are 100s. The widespread enthusiasm for this film is unprecedented and I think sheer passion for it will help it overcome the fact it was released in cinemas earlier than any other contender and also the fact the film’s budget and distributor are so small. When Boyhood first came out, I assumed it would be forgotten by now even though I loved it, but it just can’t be ignored with this critical response. It’s my favorite for a nomination and has an excellent chance to be a winner in Best Picture, Best Director and Best Supporting Actress categories. Among the likely nominees, the biggest threats to a Boyhood victory are Birdman and Selma. Alejandro González Iñárritu already has enjoyed support from the Academy and this year he has a film that not only lightens some of his usual pretentiousness with humor, it’s also a story about actors and it revolves around several wonderful performances. Actors make up the largest portion of Oscar voters so never underestimate a film with great performances from well-liked actors and also makes acting seem heroic. Birdman does all of those things.

Las posibles actrices nominadas al Oscar 2015. Foto: Ezequiel Saul

The other main threat to Boyhood is Selma. While there are a large number of voters from other countries, the Academy is still made up mostly of voters who live and work in the United States. Despite 12 Years a Slave winning multiple Oscars last year, The US will always live with the guilt of slavery and, unless a movie about civil rights hero Martin Luther King is simply bad, it has a legitimate chance for an Oscar win. Another factor is that it is directed by Ava DuVernay, a black woman who also has an excellent chance at getting a Best Director nomination. That would be a first in Oscar history. The fact that Selma is very well reviewed (with only 5 samples) makes it the biggest threat to Boyhood. I’m sure I’ll change my mind over the next month as more critics announce their winners, but for now, here are the films I think will be nominated in order of the chance I think they have at winning. Though it has never happened under the current nomination rules, I’m going to predict there are only 8 nominees because it is not a year with many strong contenders:

Boyhood
Selma
Birdman
Whiplash
Foxcatcher
Grand Budapest Hotel
Inherent Vice
The Theory of Everything

Thank you for reading! You now have the right to laugh at me when I’m wrong about the nominees! Please leave your comments below. I will do my best to respond, but please be patient because my Spanish is not very good. See you,

Craig

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¡Saludos desde Hollywood, donde ha comenzado la temporada de los Oscars! Por ahora, todos los posibles candidatos han sido vistos por los críticos mientras que los DVD se han enviado a los votantes. Mientras escribo esto, algunos premios (en este caso el New York Film Critics Circle y la National Board of Review) ya han sido anunciados. El objetivo en esta etapa del juego para los estrategas de los Oscar (sí, esto es un trabajo real en Hollywood esta época del año) es conseguir que sus películas sean vistas por los votantes de los Oscars. Hay todo un mes antes de la nominaciones, en el cual decenas de películas anhelan la esperanza de tener la luz dorada del Oscar brillando sobre ellas. Los votantes del Oscar no tienen tiempo para ver cada película que salen en un año. Algunos ven más que otros, pero nadie lo ve todo. No van a votar por una película que no han visto, no importa si es buena o no. Esto es importante de recordar, porque ciertas cosas pueden afectar qué películas consiguen ser consideradas o ignoradas durante la fase de nominación.

Estos son algunos de los factores que ayudan a determinar qué películas obtienen atención:

*Preferencia personal: ¿Quién la hizo? ¿Quién está en ella? ¿Cuál es la historia? Estas son las preguntas básicas que todos nos hacemos sobre las películas y los votantes no son diferentes. Son más propensos a ver las películas con actores que les gustan y películas sobre temas que les interesan. Los votantes también son personas y tienen sus preferencias. El problema es que estas preferencias no son necesariamente predecibles y varían de una persona a otra. La preferencia personal es de lo que se trata el Oscar a fin de cuentas.

*Críticos: Los críticos no son todopoderosos – aún menos ahora que hay tantos de ellos – y no pueden hacer que alguien guste o disguste de una película, pero indudablemente pueden convencer a alguien de una película vale la pena. Esta es una muy buena noticia para una película como Boyhood que en la actualidad tiene una calificación de 100% en Metacritic, pero no tan buena noticia para Unbroken que, hasta el momento, tiene un triste 59 (aunque con sólo 11 opiniones contabilizados). También son importantes los Top 10 de las listas y premios de los críticos, que tan sólo comenzaron a surgir a principios de la semana pasada. Películas que obtienen buenas críticas y aparecen en un montón de Top 10 aumentan su exposición y mejoran sus posibilidades de ser vistas.

Los posibles actores nominados al Oscar 2015. Foto: Ezequiel Saul

*Pronosticadores: Incluso antes de que termine la ceremonia de los Oscars 2014 en marzo pasado, las personas que hacen su negocio tratando de predecir qué va a suceder en el 2015 han tenido sus oídos en la tierra y los dedos al viento intentando adivinar qué películas en el próximo año tendrán la gloria del Oscar. Con su peso crítico, ellos reducen para los votantes la lista de posibles candidatos. Este “zumbido Oscar” puede influir en si un votante elige mirar una película o no. Todo el mundo ama a un ganador y, al momento de elegir dónde pasar su tiempo, un votante podría estar más inclinado a optar por una película que ellos creen que tienen una oportunidad legítima de conseguir una nominación, una que ya esté en la “conversación Oscar.”

*Taquilla: El Oscar tiene una historia ambivalente con películas “populares”. Aunque hay ejemplos que muestran que películas que recaudaron mucho dinero obtuvieron el premio mayor (Titanic), el Oscar también ha favorecido recientemente películas más pequeñas, que tienen más integridad. Al mismo tiempo, una película que tiene mucho dinero en su bagaje y también tiene credibilidad artística (Gravity del año pasado, por ejemplo) tiene casi garantizada una nominación e incluso una victoria. Mientras tanto, una película que se percibe como un fracaso de taquilla puede olvidarse de ser nominada: un productor que tiene un fracaso en sus manos no va a gastar más dinero tratando de conseguirle un Oscar. Lo más importante acerca de la taquilla, sin embargo, es que muestra claramente las películas que la gente paga para ver. Si los amigos y colegas están hablando de un film, el votante es más probable que lo vea.

Aún así, ¿por qué importa todo esto? ¿No es más importante si una película es buena o no? NO. Cada año hay grandes películas que no son nominados porque no hay suficientes personas que la hayan visto. Mientras escribo esto, hay montones de DVDs de “Para su consideración” en la parte superior del televisor de todos los votantes, y en sus bandejas de entrada hay cientos de mails con invitaciones a proyecciones y fiestas que se desarrollan con la esperanza de conseguir que una película se mire. Todos los factores anteriores ayudan a determinar qué películas reciben atención. Cuando se trata de DVDs, la reciente fiesta de Acción de Gracias (noviembre 27 a 30 en los EE.UU.) y las próximas vacaciones de Navidad ocupan un lugar preponderante. Imaginen un votante por ahí, celebrando el día de fiesta, rodeado de su familia cuando todo el mundo está tratando de llegar a un acuerdo respecto a qué DVD van a poner para ver. Las películas con estrellas populares, reputación crítica y “Oscar Buzz” van a ser elegidas primero. Distinta será la suerte de las películas que parecen deprimentes o desafiantes, ya que no serán del interés para un grupo grande durante los días festivos que se supone que deben estar llenos de alegría y buenas sensaciones. Una vez más, si una película no se ve, probablemente no será nominada por más buena que sea. Otra nota sobre los DVDs: Ciertos tipos de películas se ven mejor en el televisor que otras. Los dramas con poderosas actuaciones tienen mejor suerte, pero las películas épicas con muchos efectos visuales pierden mucho. Una vez más, esto es bueno para Boyhood, pero malo para Interstellar.

Las posibles actrices de reparto nominadas al Oscar 2015. Foto: Ezequiel Saul

Los factores que determinan si un votante decide vestirse y atravesar la ciudad para una fiesta de los Oscar o una proyección especial de una película están acompañados por otros. El primero es el presupuesto. Una película con un gran presupuesto puede permitirse una sala más elegante y un agasajo más impresionante que aumenta las probabilidades de que un votante asista. Estas películas también pueden darse el lujo de crear eventos para la prensa para conseguir entrevistas con el elenco y las historias de sus películas en formato impreso o en medios digitales. Esta es una mala noticia para Boyhood. IFC es una distribuidora relativamente pequeña y probablemente gastó la mayor parte de su presupuesto de marketing cuando la película aún estaba en los cines. El gran desafío de Boyhood será para quedarse en la mente de los votantes. La segunda diferencia es el poder de las estrellas. No todo el mundo en Hollywood es una celebridad de clase A (“A-Lister”), pero al igual que la gente común, todos quieren ser asociados con ellos. Si Angelina Jolie presenta su película o aparece en una fiesta, pueden apostar que más personas querrán estar a su lado. Esta es una buena noticia para su película Unbroken.

La tercera diferencia es la “historia” detrás de una película. No me refiero a la trama de la película, me refiero a la narrativa detrás de la película en sí, que es un poco más difícil de explicar. Yo lo llamo “Oscar Story” y es algo que los cineastas pueden utilizar para hacer que una película resulte especial. En los últimos años fui a las presentaciones oficiales de la Academia de las eventuales ganadores del Oscar The Artist y Argo. Ambas películas se presentaron con una historia detrás de ellas. En el caso The Artist, el productor Harvey Weinstein contó la historia de cómo fue a Cannes y se enamoró de este pequeño homenaje francés a la historia de Hollywood. Mientras tanto, Argo mostró cómo Hollywood ayudó a dar forma a un momento importante en la historia de Estados Unidos. A Hollywood, sabemos, le gusta el cine autorreferencial.

Entre los candidatos actuales, Birdman le habla a la gente creativa en Hollywood y hace que se vea heroica, lo cual le da una ventaja en la carrera. En el caso de una película como Boyhood, la historia puede ser la forma en que tardó doce años para hacerse. En el caso de Selma, se trata de uno de los eventos más importantes en la historia reciente de Estados Unidos y que podría conducir a la primera mujer afroamericana siendo nominado a mejor directora. Todas estas historias esperan aumentar las posibilidades de que las películas se vean y de que, una vez que eso suceda, se vuelvan aún más memorables. Por lo tanto, vamos a echar un vistazo a la lista de películas que se encuentran actualmente en la discusión de los Oscars 2015, ordenadas por su puntuación en Metacritic con el número de críticas entre paréntesis. Estas no son en absoluto las únicas películas que tienen una oportunidad, sobre todo este año que parece menos predecible que otros, pero son el acuerdo general que se gestó entre los pronosticadores de los Oscars, además de algunas extras que agregué yo:

Boyhood – 100 (49 críticas)
Selma – 98 (5)
Mr. Turner – 95 (13)
Birdman – 89 (46)
The Grand Budapest Hotel – 88 (48)
Whiplash – 87 (43)
A Most Violent Year – 86 (9)
Inherent Vice – 84 (13)
Foxcatcher – 82 (38)
Gone Girl – 79 (49)
The Immigrant – 76 (34)
Wild – 75 (22)
Interstellar – 74 (46)
The Theory of Everything – 72 (45)
The Imitation Game – 71 (31)
American Sniper – 62 (7)
Unbroken – 59 (11)
Into the Woods – 0 (0)

Dos o tres cosas saltan de solo mirar los números de Metacritic. La primera es que las críticas de Unbroken no son muy buenas (aunque para ser justos, el puntaje sólo está basado en 11 críticas); sin embargo, todavía es considerada una candidata. Es cierto que Extremely Loud & Incredibly Close (2011) fue nominada a Mejor Película con una terrible puntuación de 46 en Metacritic, solo que en ese caso los votantes la vieron lejos del ruido de la opinión crítica. Además, era una película con actores ampliamente queridos como Tom Hanks y Sandra Bullock y fue dirigida por Stephen Daldry, que ha sido durante mucho tiempo un favorito del Oscar. Unbroken tiene el poder de estrella de Angelina Jolie, la fotografía del gran Roger Deakins, un guión de los ganadores del Oscar Joel y Ethan Coen y una historia conmovedora, pero eso es todo. Mientras tanto, va a languidecer durante un mes con las críticas mediocres y estoy teniendo dificultades para tomarla en serio como una candidata importante en este momento.

La segunda cosa que me di cuenta en el análisis de la reacción crítica son las puntuaciones mediocres de Interstellar, The Imitation Game, The Theory of Everything y American Sniper. Las críticas no son malas, pero todas estas películas eran consideradas las favoritas para ser nominadas hace apenas unos meses. Ahora no estoy tan seguro. Sin embargo, porque es un año tan débil, todas esas películas mencionadas podrían encontrar sus nombres en la lista de nominados. Los votantes seguirán viendo todas estas películas por lo que dependerá de si les gustan más que a los críticos. De todas ellas, yo estaría más preocupado por Interstellar porque va a ser aún menos impresionante en la televisión que en los 70mm de IMAX.

Los posibles actores de reparto nominados al Oscar 2015. Foto: Ezequiel Saul

El punto final y más importante para mí es la puntuación de Boyhood. Nunca he visto una película con un puntaje perfecto de 100% en Metacritic. 40 de las 49 críticas son un 10. El entusiasmo generalizado por esta película no tiene precedentes y creo que la pura pasión por ella le ayudará para superar el hecho de que fue lanzado en los cines antes que cualquier otro competidor y también el hecho de que el presupuesto de la película y el distribuidor sean tan pequeños. Es mi favorita para una nominación y tiene una excelente oportunidad de ser ganadora en las categorías de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actriz de Reparto. Entre los posibles candidatos, las mayores amenazas para la victoria de Boyhood son Birdman y Selma. Alejandro González Iñárritu ya ha contado con el apoyo de la Academia y este año tiene una película que no sólo se corre un poco de su pretenciosidad de costumbre con humor, que es también una historia sobre los actores y que gira en torno a varios espectáculos maravillosos. Los actores representan la mayor parte de los votantes del Oscar por lo que nunca hay que subestimar una película con grandes actuaciones de actores muy queridos y también hace que la actuación parezca un hecho heroico. Birdman hace todas esas cosas.

La otra amenaza principal de Boyhood es Selma. Si bien hay un gran número de votantes de otros países, la Academia sigue compuesta en su mayoría de los votantes que viven y trabajan en los Estados Unidos. A pesar de que 12 Years a Slave ganó múltiples premios Oscar el año pasado, Estados Unidos siempre vive con la culpa de la esclavitud y, a menos que una película sobre el héroe de los derechos civiles Martin Luther King sea simplemente mala, tiene una oportunidad legítima para una victoria en los Oscars. Otro factor es que está dirigida por Ava DuVernay, una mujer afroamericana que también tiene una excelente oportunidad de conseguir una nominación a Mejor Director, lo cual sería un hecho inaudito. Estoy seguro de que voy a cambiar mi opinión durante el próximo mes a medida que los círculos críticos anuncien sus ganadores, pero por ahora, aquí están las películas creo que van a ser nominadas, ubicadas en el orden de las posibilidades que tienen de ganar. A pesar de que nunca ha ocurrido bajo las reglas de nominación actuales, voy a predecir que sólo habrá ocho candidatas porque no es un año con muchas competidoras fuertes:

Boyood
Selma
Birdman
Whiplash
Foxcatcher
Grand Budapest Hotel
Inherent Vice
The Theory of Everything

¡Gracias por leer! Ahora tendrán el derecho de reírse de mí cuando salgan las nominaciones y vean que me equivoqué. Los invito a dejar sus comentarios a continuación. Voy a hacer mi mejor esfuerzo para responder, pero por favor sean pacientes porque mi español no es muy bueno. Saludos para todos,

Craig

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[COMPILADO] Todas las películas ganadoras del Oscar:

"Best Picture" Oscar Winners from Richard Klein on Vimeo.

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¡BUEN MARTES PARA TODA LA MUCHACHADA! En primer lugar, le quiero agradecer a Craig por su nota; lo admiro mucho como crítico así que es un honor contar con su texto en Cinescalas; en segundo lugar, los invito a dejar sus impresiones sobre cuáles piensan que deben ser las películas, actores y directores premiados con un Oscar en febrero; ¡nos reencontramos mañana con una crítica y ya el jueves arrancamos con el balance de lo mejor del año! (para hacer la tarea: comenzamos con las mejores citas, así que vayan pensando); ¡nos vemos mañana, muchachada! ¡que tengan un excelente día!

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—> La última vez escribió Eduardo Blake sobre… INTERSTELLAR

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Boyhood: Esperando que el momento me encuentre

“I’m holding on, I’m waiting for the moment to find me” -If I Had a Gun” (Noel Gallagher)

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Desde una esquina de la mesa, con la mirada hacia abajo y casi susurrando dijo algo así como: “No sé si hay mucho más para agregar, es tan simple como eso de ‘live and let die’”. Mi hermano no suele citar canciones. De hecho, creo que esa fue la primera vez que lo hizo. Me hubiera gustado que esa cita saliera de su boca a raíz de algo menos alarmante que la salud de nuestro papá. Pero la realidad era (es) otra. Una bastante más brutal. Por “vivir” mi hermano se estaba refiriendo a nosotros dos. Pasamos muchos años esperando que nos encuentre el momento en que mágicamente alguien solucione todo lo que no estaba bien con mi viejo y hace unos días advertimos (o él me ayudó a advertir) que hay otra clase de momento que impera por sobre cualquier deseo utópico: el momento en que nos toque ser un poco más egoístas, el momento en que nos toque vivir a nosotros. Porque trato de no engañarme. ¿Hasta qué punto vivo si mi pensamiento siempre está direccionado al otro? ¿Hasta qué punto no estoy oscilando entre dos estados o situaciones si mi cuerpo está experimentando una cosa y mi cabeza está focalizada en otra? Algo así le contesté a mi hermano. Algo así como que quisiera agarrar un porcentaje de mi fuerza de voluntad y trasladársela a mi papá. Bastante ingenuo lo mío. A mis treinta y un años no debería pensar así. No debería pensar que si voy apilando días de optimismo, la cuota sobrante se la puedo dar a él como una suerte de ofrenda o pócima medicinal. Pero siempre creí que así funcionaba todo, que si él percibía que algo estaba bien a su alrededor entonces, cual axioma, iba a encontrar un motivo para levantarse de la cama. Lo que me vuelve así de ingenua – o humana, depende de cómo elija mirarme – es castigarme por esa conducta pendular de estar riéndome con culpa pensando que él no puede reír de la misma manera. Hasta que esa cita de Paul McCartney trastocó el enfoque. Por “dejar morir” mi hermano estaba, creo, hablando de la aceptación. Aceptar que mi papá está enfermo implica aceptar que la persona que fue hace diez años la tengo que encontrar solo en fotos. Eso hice: fui a las fotos. Mi papá conmigo en una hamaca, mi papá conmigo en un cumpleaños, mi papá conmigo y con mi hermano jugando al fútbol, mi papá llevándome a la cancha, mi papá sonriendo. Otra época. When you were young and your heart was an open book. El ejercicio de evocación era, por un lado, irreal (¿Yo formé parte de ese tiempo que fue hermoso? ¿Las cosas en un momento estuvieron tan bien?) y, por el otro, lo más anclado a la realidad que existía. Porque mientras miraba esas fotos de mi papá (entonces), lo tenía sentado al lado mío (ahora), evitando hacer contacto con su otro yo (siempre). Les quise decir (a él, a mi hermano, a mi mamá) que sí, que yo acepto que esa casa ya no es la casa de mi infancia (nunca deja de asaltarme cómo el paso del tiempo empalidece las locaciones), que yo acepto que todos cambiaron y que yo acepto que mi papá no va a poder sonreír igual que antes. Pero también les quise decir que mi pensamiento no está únicamente gobernado por los absolutos sino por interrogantes menos susceptibles a las respuestas. Obsesiva de las explicaciones, necesitaba saber en qué momento cada etapa se fue cerrando, en qué momento dejé de entrar a mi casa con ganas de hablar de mí, en qué momento las cosas dejaron de ser lo que eran. “A dead star collapsing and we could see that something was ending” canta Win Butler en “Deep Blue” para luego preguntarse si en esa otra casa de los suburbios alguien pudo detectar el comienzo del fin. Es bastante poético emparentar la naturaleza titilante de las estrellas con el movimiento de los seres humanos y, al mismo tiempo, considero que no hay nada más certero que esa analogía que esbozó el cantante de Arcade Fire. Una familia (padre, madre, hermanos, abuelos) no dejan de conformar una suerte de constelación que en diversos instantes (acaso los más ligados a la infancia) no cesa de brillar al unísono, un poco como decía Carlinhos Brown respecto al sonido de una batucada (“muchas estrellas titilando al mismo tiempo”), para luego distanciarse, aislarse, e iluminar como su esencia lo delimita: en relación a una luz propia.

“I am looking forward toward the shadows tracing bones, our faces stitched and sewing, our houses hemmed into homes”“You Are My Face” (Wilco)

Tres horas antes de que Boyhood concluya con “Deep Blue”, su primer plano también estaba acompañado por otra canción que habla de las estrellas (“look at the stars, look how they shine for you”), lo cual es solo uno de los tantos momentos del film en los que Richard Linklater se propone hacer un ejercicio cíclico. Su película empieza y termina con la naturaleza como algo que nos contiene, nos revela, nos demanda una cierta identidad. A Mason (Ellar Coltrane) lo conocemos de esa manera: dejándose abrazar por el cielo. Esa imagen de un niño yaciendo en el pasto del colegio mientras espera que su madre lo pase a buscar nos está diciendo, en primera medida, que ese niño es un observador nato (lo primero que escuchamos de su boca es una reflexión sobre lo que ve en las avispas) y, por otro lado, que es una persona permeable al entorno aunque no expresiva en el sentido estricto del término. La proeza de Linklater (una pequeña en relación a la gran proeza que es la realización del film mismo) es la de serle fiel a ese personaje en sus distintos estadios y la de volvernos testigos de esa nobleza que hay en él. En contraposición a su hermana Samantha (Lorelei Linklater), Mason no exterioriza sino que procesa y su modo de procesar está atravesado por determinados hitos del paso del tiempo. Primero observa ese cielo (el cielo como sinónimo de apertura, de lo vasto, de lo inabarcable, de un mundo que reclama su descubrimiento). Luego habla con su madre sobre cómo en el colegio se detiene a mirar por la ventana y se olvida de entregar la tarea. Tiempo después toma unos prismáticos para, a través de otra ventana, observar cómo sus padres discuten, hecho que le provee la respuesta menos unívoca (“You think he’s gonna spend the night? – “Doesn’t look like it”). Asimismo, Mason advierte cuándo su madre se está enamorando de un nuevo hombre y no necesita emitir palabra o juicio de valor hasta que se siente privado de su identidad (“he didn’t even ask, he just cut it, it’s my hair”) y luego vuelve a observar la misma escena, en una reunión, como si supiera adónde va a conducirlo todo, como si por años se hubiese estado preparando para una confrontación infructuosa como la que tiene con su segundo padrastro, confrontación de la que decide distanciarse porque sabe (como lo supo años atrás) que no tiene por qué hacerse cargo de las frustraciones, bagajes o decepciones ajenas. Además de como un observador, Linklater nos presenta a Mason como a un oyente de esas situaciones mundanas donde va incorporando consejos, desnudando cómo es su criterio el que siempre lo salva, el que lo ayuda a reponerse de los cambios (geográficos, físicos, emocionales, de toda clase) y el que le dictamina qué hay que descartar (un breve episodio de bullying en el colegio; un vaso de vidrio que le arroja su primer padrastro; un comentario burlón del segundo, una chica cuya superficialidad no era compatible con sus necesidades) y qué hay que tomar (un consejo de su padre “you don’t want bumpers, life doesn’t give you bumpers”; una charla con un profesor en un cuarto oscuro; unas breves palabras de otra profesora, una foto que su madre le guarda en una caja). Boyhood se desarrolla con una naturalidad abrumadora porque las escenas no están configuradas de modo tal que se sientan “importantes”. La vida nunca nos está diciendo cuándo estamos a punto de ingresar en una viñeta o microrrelato que va a transformarnos. La vida, como dice Mason Sr. (Ethan Hawke), no se lleva a cabo como una gran puesta en escena, ni tampoco nos da señales de advertencia ni tampoco nos vaticina cual oráculo cómo “algo” (una persona, una frase, un hecho) va a tener su cuota de trascendencia a posteriori. Linklater, como ya había abordado en la saga de Before Sunrise, sabe que es uno quien va fluctuando con los hechos y quien los va manejando como puede. Así, esa brillante secuencia de la charla de Mason con su profesor en el cuarto oscuro (“Try harder; hey, maybe in twenty years you can call old Mr. Turlington, and you can say: ‘Thank you, sir, for that terrific darkroom chat we had that day’”) sintetiza cómo todos esos hechos que nos van formando como personas pueden durar segundos, pueden ser completamente arbitrarios y pueden provenir del lugar más impensado. Si Boyhood conmueve en sus tres horas no es solo porque vemos crecer a Mason en tiempo real sino porque vemos toda esa suma de situaciones que lo prepararon para su encuentro con el mundo, lo cual se constituye en un certero golpe al espectador más cínico. ¿Quién puede rebatir que las cosas más fundamentales se dicen en los momentos menos extraordinarios?

“When you were young and your heart was an open book…”

“Así, en esta América, cuando se pone el sol y me siento en el viejo y destrozado malecón contemplando los vastos, vastísimos cielos de Nueva Jersey y se mete en mi interior toda esa tierra descarnada que se recoge en una enorme ola precipitándose sobre la Costa Oeste, y todas esas carreteras que van hacia allí, y toda la gente que sueña en esa inmensidad, y sé que en Iowa ahora deben estar llorando los niños en la tierra donde se deja a los niños llorar y esta noche saldrán las estrellas (…) y nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie” escribió Jack Kerouac en On the Road. Con Boyhood, Linklater domina la narrativa, eleva la apuesta de lo que hizo con la mencionada saga de Before y se embebe de cierto “aire Kerouac” tomando como mantra esos rasgos de impredictibilidad-caos-desorden que tiene la vida. Si uno lee On the Road, antes de describir lo “descarnado”, “enorme” e “inmenso” que es el mundo, Kerouac alude a la despedida que entabló con Dean Moriarty, preguntándose cómo la gente se puede decir adiós así, sin más, para desaparecer por completo de sus vidas. Entre los aspectos más desgarradores (pero certeramente despojados de cualquier atisbo de melodrama) de la vida de Mason, nos encontramos con las constantes mudanzas. “Don’t look back, It’s going to be okay” le dice su madre Olivia (una extraordinaria Patricia Arquette) mientras se ve forzado a abandonar a sus hermanastros para seguir adelante, como años atrás había dejado a su mejor amigo sin la posibilidad de hablar por teléfono (es Samantha quien se despide por él, con la inconsciencia de la edad), como luego dejaría su casa para vivir temporalmente con su mamá, ya solos, en un departamento. Si bien Mason es el protagonista excluyente de la historia, vemos en el personaje de Arquette todo las secuelas del tiempo como en ningún otro (o a la par de las de su ex esposo). A fin de cuentas, como ella misma lo asevera, uno pasa gran parte de su vida ciñéndose a los recuerdos (juguetes, fotos, ropa, muebles), acumulando pruebas concretas del pasado, para luego ser invadido por la urgencia del desprendimiento. Lo que en un momento se siente imperativo, indispensable, vital, años después puede pasar a convertirse en no más que una huella de otro tiempo que apenas dialoga con el ahora. Boyhood es una película que va para adelante, desde referencias a la cultura popular (videojuegos que van perfeccionándose, el salto de Britney Spears a Lady Gaga) hasta hitos de la política estadounidense (la guerra con Irak, la campaña presidencial de Barack Obama) hasta lo más corriente y más inaceptable: sacrificar un recuerdo del pasado en pos de la construcción de uno del presente. Por ende, cuando sobre el final Mason le dice a su madre que esa primera foto que sacó con una cámara (en cuanto a eso de que “la vida es lo que te sucede mientras estás haciendo otros planes”, no hay nada más natural en Boyhood que Mason, el eterno observador, se convierta en fotógrafo) está demasiado ligada a sus inicios como para llevarla consigo a la facultad (“all the more reason to leave it behind”), sabemos que el antídoto contra el corazón duro e impenetrable es, justamente, el saber despojarse de aquello que pudo habernos formado pero que no va a ser parte de lo que está en formación. Porque a Linklater, como a Mason, no le importa el antes o el después. Todo se vincula con el durante. En ese durante, ese niño va creciendo con las opiniones de su mamá y de su papá, es decir, con dos miradas distintas que convergen en lo mismo (respetar la esencia). Ella le enseña indirectamente cómo es importante dejar una marca en los demás y trabajar en vistas de la superación (algo que vemos en la escena en la que Olivia recibe un agradecimiento por parte de un extraño). Él le enseña, con la música como arista constitutiva de su crecimiento, a escuchar a las mujeres (consejo que Mason pone en práctica sobre el final, mientras Nicole le habla de tap y él pregunta y repregunta), a sentir lo bueno y lo malo pero a sentir a secas (“when you get older, you dont feel as much”) y, sobre todo, a experimentar las cosas con voracidad y apertura. Por lo tanto, no es casual que en un momento brillante del film, Mason Sr. le regale a su hijo en su cumpleaños el apócrifo The Black Album y no recuerde que le había prometido su viejo auto. El auto tuvo que venderlo porque la vida lo puso de cara a las responsabilidades. ¿Por qué mejor no crear algo nuevo? (otra vez: el ahora es más importante que el ayer). Ese álbum negro que compila lo mejor de los Beatles como solistas es el ejemplo más claro de la libertad de Boyhood. Paul te lleva a una fiesta (“Band on the Run”), George te habla de Dios (“My Sweet Lord”), John se descarga sobre el amor y el sufrimiento (“Jealous Guy”) y Ringo te dice que es mejor disfrutar lo que tenemos en el momento mismo en el que lo tenemos (“Photograph”, qué bello simbolismo). Y es acá donde se produce algo que hace que la película de Linklater sea una obra maestra indiscutida: ese monólogo de Mason Sr. sobre los Beatles no queda en mero gesto canchero. La vida de su hijo está atravesada por la apertura hacia otros mundos, desde las salidas con sus amigos hasta el gran momento en que convive unos días con sus nuevos abuelos, donde Linklater no se burla de la religión cristiana sino que la expone como una creencia más dentro de las múltiples creencias que llegan a nosotros y de las cuales elegimos una que nos defina (o ninguna). Por lo tanto, no se trata de optar por un solo Beatle (“You are missing the point…there is no favourite Beatle”). Se trata de la suma de voces. Nuevamente, se trata de las constelaciones.

“i remember that rusty car, like it was yesterday (…) another day, come and gone, don’t think i can ever sing that song”“Today Is The Day” (Yo La Tengo)

Otro autor que describió la naturaleza del mismo modo que Kerouac (es decir, análoga a la vida) fue Truman Capote. “A los pies de la colina se extiende una pradera que cambia de color con las estaciones. Vale la pena verla en otoño, a finales de septiembre, cuando se torna roja a la puesta del sol y las sombras del color escarlata, semejantes al resplandor de una hoguera, pasan sobre la hierba arrastradas por las ráfagas de los vientos otoñales que, al agitar suavemente sus hojas, emiten un leve suspiro que parece música humana: un arpa de voces”. El arpa de hierba (libro y concepción) no es más que la confluencia de historias, la comunión de relatos que escuchamos a medida que crecemos, el amplio espectro de vivencias que nos tumban y nos embriagan. El arpa de hierba está conformada por nuestro padre, nuestra madre, nuestros hermanos, la maestra del jardín, el primer compañero que nos habló en un día de clases, la primer persona a la que besamos, la persona con la que perdimos la virginidad, el único profesor que creyó en nosotros. El arpa de hierba está conformada por el cielo visto a los seis años, por el cielo visto a los dieciocho, por la bicicleta con la que recorrimos el barrio, por el sillón donde nos tiramos a jugar con los videos, por la primera edición de Harry Potter, por el primer trabajo que aceptamos para ahorrar plata, por un graffiti en la pared, por la primera vez que escuchamos “Wish You Were Here” y por la primera vez que vimos Star Wars. El arpa de hierba está conformada por la vez que viste a tu mamá llorando, por la vez que tu hermana te despidió antes de que te fueras a la facultad, por la vez que probaste el primer porro y por la vez que supiste que era hora de cortar los lazos e irse. Escribir sobre Boyhood es escribir sobre lo inconmensurable. ¿Cómo me siento a escribir sobre la vida? ¿Cómo me siento a poner en palabras cómo la vida, como dice Olivia en una escena devastadora, es una serie de “milestones” que te hacen pensar que iba a haber mucho más? Los que vieron Boyhood saben que si la película de Linklater resuena tanto es porque es más que una película. Es un diálogo entre el Mason del pasado y el del presente. Es un diálogo entre Mason y uno como espectador. Es un diálogo entre los tiempos en sí mismos. Es un diálogo entre la música y la vida (Mason habla de que todos estamos “in between states, not really experiencing anything”, tal como dice Win Butler en los coros de “Deep Blue”: “hey, put the cellphone down for a while, in the night there is something wild…can you hear it breathing?”). Es un diálogo entre lo que uno hizo, lo que volvió a hacer, lo que dejó de hacer, lo que hará después y el vacío que conlleva ir cumpliendo determinados pasos (“You know what I’m realizing? My life is just going to go, like that. These series of milestones, getting married, having kids, getting divorced, the time that we thought you were dyslexic, when I taught you how to ride a bike, getting divorced again, getting my masters degree, finally getting the job I wanted, sending Samantha off to college, sending you off to college! You know what’s next? It’s my fucking funeral!”). Pero, sobre todas las cosas, Boyhood es un diálogo entre el momento y uno. Entre el “it’s always right now” y lo que uno decida hacer con ese estado de mediatez que te colma y te hace ver infinitas posibilidades, muchas de ellas circunscriptas a lo menos heroico y a lo más simple. “I don’t wanna be a hero”. Quizás uno quiere, como dice la canción de Family of the Year que acompaña a Mason sobre el final en su tránsito por la ruta, “a job to keep my girl around, and maybe buy me some new strings, and her a night out on the weekends”. Es decir, ser nosotros a nuestro modo, extraordinarios para quienes importan.

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Mientras mi hermano decía que era hora de vivir y dejar morir, y yo pensaba que había que rotar la percepción y aceptar a mi papá así como es y no centrarme en otro verbo (resignar), también pensaba que uno nunca deja de ser el Mason que se pregunta por la magia del universo (como lo mismo se preguntaban Jesse y Cèline) porque siempre va a querer creer en las ballenas del corazón del tamaño de un motor de un auto. Así como Boyhood comienza con un niño mirando el cielo o el futuro como hoja en blanco, Boyhood concluye con un plano tanto o más prometedor que ese. Mason sentado, bajo el mismo cielo, ahora en compañía de una mujer, poniendo en palabras eso que sintió cuando estaba sobre el pasto de niño. Uno no aprovecha el momento. El momento se adueña de nosotros. Entonces, ¿cuál es el punto de todo? ¿Cómo se hace para aceptar que el paso del tiempo es un concepto hermoso en teoría pero bastante más complejo en la práctica? Porque el tiempo efectivamente pasa, nuestros padres cambian, nuestros hermanos dejan de necesitarnos tanto, nuestros miedos se incrementan. Boyhood parece decir que todo se vincula con no descuidar la luz propia, con escuchar ese arpa de hierba que va escribiendo una historia. Y nuestra historia no es solo una: es un cúmulo de muertes y fallecimientos. Cuando Mason sonríe mientras mira a esa mujer, todo lo que experimentó antes, lo bueno y lo malo, fortaleció su noción de que (como también le dijo su padre), antes que nada hay que sentir. Entonces, el fin de todo esto, la respuesta a qué hago acá no la vamos a tener nunca, y quizás la única resolución al enigma sea la de dejarse envolver por el ahora constante (“standing under night sky, tomorrow means nothing”) y aceptar que, por más que la casa de mi infancia tenga otros colores, por más que mi papá haya dejado de sonreír, por más que ya no compartamos casi nada, todo pasa por el live and let die pero también por el let it be. Ya lo dice Butler en otro gran momento de The Suburbs. Estoy aquí. En mi tiempo y lugar. Aquí en mi propia piel. Aquí puedo finalmente empezar. 

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► [PLAYLIST] Algunas canciones del gran soundtrack de Boyhood:

BOYHOOD SOUNDTRACK by cinescalas on Grooveshark

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► [GALERÍA] Comparto con ustedes mi infancia en 20 fotos:

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN / THE BOYHOOD EFFECT] 100 canciones con las que musicalizarían la película de sus vidas (spoiler alert: es increíble la playlist, que la disfruten mucho):

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy tenemos tres consignas: 1. ¿Vieron Boyhood? ¿Qué opinión tienen de la obra maestra de Richard Linklater? 2. Para ponernos personales, los invito a dejar imágenes de su niñez en el post de hoy y a compartir anécdotas de ese momento de sus vidas 3. Como no podía ser de otra manera, vamos a armar una playlist con el siguiente disparador: ¿con qué canciones les gustaría musicalizar la película sobre sus vidas? Como siempre, espero sus comentarios y nos vemos mañana, ¡gracias por leer! UPDATE: Nos reencontramos el lunes, ya que decidimos que esta sea una “semana Boyhood” y un post lúdico no iba a concordar; por ende, pueden ir a este nuevo post donde los espera un regalo y mañana publico la playlist que se armó; ¡gracias por este post tan especial, muchachada!

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Composición: Tema libre (decimoquinta entrega)

Poner en palabras cómo Boyhood me pasó por encima no es un ejercicio para llevar a cabo a la ligera. Como hasta dentro de dos semanas no voy a finalizar con la post-producción de la película y el blog volverá a la normalidad el martes 30 de septiembre, prefiero guardarme esas palabras para ese momento. Momento. Un concepto que tiene mucho que ver (casi todo) con la película de Richard Linklater. Como esta obra maestra (término que se emplea muchas veces, pero que en pocas tiene tanto sentido como acá) se convirtió en mi película del año, pensé que ése sería un buen disparador para este post abierto. ¿Cuáles son, hasta el día de la fecha, sus películas del 2014? Los leo. Los extraño. Los veo el 30.

Antes de la medianoche: Cada una de tus cosas

“…será un momento nada más, de eternidad, de esos que me das todos los días, todos los segundos, infinitamente, la alegría de vivir, el sentido que da la vida vivir contigo, en el cielo, en el suelo, en cada una de tus cosas…”

Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Fue como encerrarme en mi habitación y agarrar un diario íntimo del pasado para ver con qué parte de mí iba a encontrarme. Para ver si cambié o si sigo siendo la misma. Yo, con cada una de mis cosas. Para ver si a los treinta todavía quedaba algo de esa mujer que hace nueve años fue al cine, y quien nueve años después acumuló más experiencias (encantamientos, decepciones, todo en un permanente círculo de repeticiones), y en los que parecieron haber sucedido millones de cosas, y en el fondo no tantas, porque siempre vuelvo a lo mismo. El tiempo. Es el tiempo (“you and me have our own sense of time”) el que se convirtió en mi compañía, es al tiempo al que tengo que extenderle las manos con confianza, casi como esperando ser salvada por su sabiduría. El tiempo me ayudó y, asimismo, me condenó a pensar que hay vínculos invariables. El tiempo a veces me congeló en convicciones que ya no tengo, que eran puras especulaciones hechas sobre arenas movedizas. El tiempo también me arrastró hacia el pasado (“después, qué importa del después, toda mi vida es el ayer que se detiene en el pasado”), se empecinó en que vuelva a revisar en los cajones rastros de episodios que podían regresar bajo otra forma, o que al menos yo creía que podían hacerlo, esas fotos de una temporada en el amor. Esas cartas. Esos papeles que uno conserva como teniendo la certeza de que, al retomarlos, al sacarles el polvo, y sin abrir los ojos, nos permiten teletransportamos adonde desearíamos estar. ¿Pero querríamos realmente estar ahí o es solo el romanticismo que el pasado parece tener como cualidad intrínseca y que nos juega una mala pasada? “The past is the past, it was meant to be that way” y, claro: “certain things are better off forgotten”. El evocar es un acto tramposo. En el camino uno puede terminar engañándose, creyendo que si hubiese movido una ficha de modo diferente, las cosas se hubiesen resuelto de una manera mejor. Nunca peor. Uno nunca quiere pensar que simplemente las decisiones pudieron haber sido acertadas. Uno siempre le pone la connotación del what if. Por fortuna, el tiempo también me forzó a anclarme en lo cotidiano, me dio un respiro de sus movimientos pendulares y me hizo fijar la vista en lo más difícil: retroalimentar esos “ever-renewing desires” pero con la conciencia del presente (“I like getting older, life feels more inmediate”). Sí. Fue como encerrarme en mi habitación y tomar un diario íntimo del pasado. Me refiero a entrar al cine para ver Antes de la medianoche. No solo estaba por reencontrarme con Jesse y Céline sino conmigo misma. Con cómo eran (y son) las cosas. Antes de la medianoche es más que una película, es incluso complejo abordarla siguiendo el abecé de la crítica. Lo más cercano a una definición certera de la saga es pensar en ella como si fuera una persona, una persona con la que entablaste una relación tan profunda y significativa, que todo el vínculo es como un gran temblor que fue dejando sus réplicas. Antes del amanecer representa a los daydreamers, a la libertad, la promesa, la ingenuidad (“I feel some kind of connection…”); es la que le da entidad a quienes tienen impulsos y deciden seguirlos, a quienes parecen asombrarse con cada pequeño detalle que encuentran en cada lugar al que van, desde un cementerio hasta un parque de diversiones. Es el período de vacaciones que tan bien define la Céline de entonces: “when I’m travelling I kind of force myself not to expect anything from anywhere or anyone. And then, whatever happens is a surprise. The most insignificant thing can become and endless subject of interest”.  Incluso el relato de Jesse sobre la muerte de una de sus abuelas, a quien aseguró ver mientras regaba el jardín y se formaba un arcoíris, es incuestionablemente optimista. Porque fue ese suceso el que le hizo creer en la magia y le quitó su miedo a la muerte. Antes del atardecer, por otro lado, implica mirar hacia atrás, autodefinirse como “jóvenes y estúpidos”, para reconocerse en el presente como dos personas que, a pesar de haber dado pasos hacia adelante, no hicieron más que tirar manotazos de ahogado para recuperar lo que habían perdido cuando sus respectivos trenes dejaron Viena. Un libro (“This Time”) o un vals (“A Waltz for a Night”) funcionaban como métodos para sobrellevar el peso de ese “moment in time that is forever gone”. Sin embargo, aunque ellos hablen de cómo disfrutan crecer, sabemos que siguen inmersos en su propia burbuja, y Linklater los baña de una luz tenue y encantadora, haciéndolos ingresar a un ámbito cerrado (la casa de Céline) que paradójicamente se siente abierto a cualquier posibilidad. El tiempo suspendido se convierte en la prefiguración idealista por excelencia. La fantasía de que las responsabilidades se evaporen, las agujas no corran y podamos ser eternamente invadidos por esa sensación de eternidad que no muchas cosas generan. Una de ellas es el instante de intimidad con el otro. Esa cama de la que uno no quisiera levantarse nunca.

“I fucked up my whole life because of your singing”

“We are back in real time” dice Jesse en Antes del amanecer, adelantándose a la tercera parte de la saga. Jesse y Céline salieron de esa cama de esa casa de ese idílico barrio parisino y tomaron decisiones. Ahora están juntos, tienen dos hijas y varios conflictos (o uno grande que se ramifica) que están aguardando por salir a la superficie si alguien emite un comentario de más. Ver Antes de la medianoche se sintió como la experiencia de alguien que va corriendo hacia un cajón para corroborar que hubo un pasado que podía volver, o para ver cómo era ese pasado, para escarbar en la nostalgia. Ver Antes de la medianoche se sintió como bajar del cielo y poner los pies en el suelo, un suelo frío, áspero, incómodo. Tanto que dan ganas de volver a la cama y recordar esa reconfortante calidez. Por eso es más que una película. Esta vez, es alguien que súbitamente agarra tu costado idealista con el único fin de hacerlo añicos. Pero el problema no reside en la angustia que puede producir el verlos a ellos (o a nosotros, para el caso) más fácilmente irritables. De hecho, hay una razón por la cual las dos primeras partes de la saga se funden con naturalidad: los rasgos de Jesse y Céline, ese “core” del que habla ella, se mantienen. Son imperfectos aún en pleno idilio. Ya teníamos indicios bastante pronunciados de que Jesse era el escritor errante con cierta pedantería. No es casual que esa mujer apenas haya querido leerle la palma de sus manos en Antes del amanecer y que se haya limitado a un mero y sentencioso “he’s learning”. A Céline, en cambio, le dice lo siguiente: “you are interested in the power of woman. In a woman’s deep strength and creativity. You are becoming this woman”. Ése es uno de los puntos de más rebosante nobleza de la saga: nos define la esencia de sus personajes ya desde el comienzo. Antes de la medianoche, por el contrario, simboliza el quiebre pero haciendo recaer todo el peso del lapidario paso del tiempo en el personaje de Julie Delpy. Aunque parecen existir (tanto de un lado como del otro) razones valederas para alimentar rencores, la figura de Jesse se erige como la principal y la más conciliadora. Su conflicto es expuesto en la primera gran escena en el aeropuerto, que es de una economía de recursos extraordinaria (si hablamos de simetrías, aquí es imposible no asociar la carga positiva que tenían los aviones en Antes del atardecer y su final abierto con la carga negativa que tienen en esta tercera parte), cuando le toca presenciar, una vez más, la partida de su hijo. Luego del episodio (símil bomba de tiempo), Jesse sale del lugar y se reencuentra con la vida que armó, con Céline discutiendo sobre una ley medioambiental que no se aprobó, y con sus dos hijas (Nina y Ella, uno de los pocos guiños positivos a las películas anteriores, junto con el del pinball), y con otro viaje en auto donde vemos interactuar a quienes dejamos nueve años atrás como si el tiempo no hubiese transcurrido. Esa escena es magia pura. Los diálogos son de abundante velocidad, y la manera en la que Hawke y Delpy nos hacen reconectar con sus personajes como sabiendo que nunca los dejamos atrás es formidable. Es en el segundo acto – las menciones al teatro en el film tampoco son arbitrarias – donde se vuelve más notorio lo desdibujada que está Céline, quien no encuentra el momento de brillar y quien, cuando protagoniza una secuencia reminiscente a las anteriores entregas, lo hace con una inversión de las intenciones. Un ejemplo de esto es la visita a una pequeña iglesia, claro guiño al paseo por esa catedral de Viena, paseo que tuvo otro impacto en Céline (“it fascinates me how a single place can join so much pain and happiness, for so many generations”), impacto que ahora se reduce a gestos sexuales y un desencanto que incluso poco tiene que ver con Jesse o con su agotamiento acumulado. Uno de los momentos más conmovedores del film, curiosamente, tiene como protagonista a Natalia (Xenia Kalogeropoulou), a quien le ceden un emotivo monólogo sobre la transitoriedad y cuyas palabras bien podrían haber salido de la boca de Céline. Sin embargo, es ella quien ahora escucha, ya no es quien tiene la voz sobre esos temas, como sí sucedía en Antes del amanecer y su lectura sobre la obra de Seurat (“his human figures always seem so transitory”). El Jesse de Antes de la medianoche, por el contrario, sí se conecta con el de Antes del atardecer, al volver a relatar la idea de una próxima novela, nuevamente con interlocutores atentos, nuevamente con el tiempo como eje ineludible de sus aspiraciones creativas. Pero Céline no canta, Céline invierte su energía en discutir más que en ser “la reencarnación de Django Reinhardt” (uno de los retruques más hilarantes y angustiantes del film, que curiosamente fue escrito por Delpy). Céline, vuelvo a lo mismo, perdió la voz. El guión, contrariamente a lo que plantea la puesta en escena en el final donde encierra a los personajes (otro paralelismo con Antes del atardecer, solo que aquí la habitación es efectivamente opresiva), se ocupa más de machacar en el tópico de la batalla de los sexos – algo presente en las entregas previas, pero aquí absolutamente desproporcionado -, incluso trivializando la importancia que tiene para Céline el hecho de perder su independencia. Por algo uno de los instantes de guión más certeros es cuando expresa lo sola que se sintió en una situación en la que jamás pensó en hallarse. Ella en una casa, criando sola a sus hijas con un bagaje de inseguridades, mientras su pareja viaja o sale a caminar buscando inspiración. Esos minutos – vulnerables, tristes – se hacen eco de algo que jamás estuvo en duda: cuando los guionistas quieren, pueden pintarte en tres frases todo un panorama. Es decir, Linklater no tenía motivos para prolongar el plano de Jesse mirando a una joven para que entendiéramos el punto. Dos o tres observaciones de Céline pueden cumplir la misma función, eludiendo la obviedad y potenciando el sarcasmo.

“Still there, still there, still there…gone”

Por otro lado, Antes de la medianoche ocasionalmente se dedica a forzar algunas conversaciones (durante el almuerzo se alude a las relaciones y los cambios generacionales con una inexplicable falta de inspiración) que en otras oportunidades fueron sintomáticas de los respectivos caracteres de Jesse y Céline, y que aquí trastocan por completo sus pensamientos. En el film se produce, en off, la muerte de otra abuela. Lo sabemos: esto no se narra caprichosamente. A fin de cuentas, es la muerte de la abuela de Céline la que provoca el efecto dominó y retrasa el reencuentro en Viena. En esta oportunidad, fallece la otra abuela de Jesse y al tema ya no se lo aborda como entonces, con la imagen de su nieto viéndola mientras se forma el arcoíris. Acá el diálogo sobre la muerte es algo perezoso, menos trascendente, como si Linklater, Hawke y Delpy quisieran magnificar las consecuencias del desgaste de la pareja, pareja que ya no logra mantener una conversación sobre la muerte sin resultar desaprensiva. Podría ser un acierto si pensamos que Antes de la medianoche es una película que ataca visiblemente cosas antes celebradas (la barba roja de Jesse, motivo de enamoramiento para Céline, ahora desaparece ante sus ojos) para ilustrar la desidealización que tiene consigo toda relación que se prolonga en el tiempo. Pero para una saga que está sustentada en el poder del guión, de las palabras, de la comunicación, todo momento forzado es aún más notorio, como si no hiciera falta poner la lupa. Y es aquí donde reside mi conflicto interno con la película: sabemos a priori que es una obra sobre el desencanto. Pero una obra sobre el desencanto también puede ser virtuosa – de hecho, aquí Linklater se reprime de ese virtuosismo, hay dos primeros planos que desconciertan y que no tienen correlato con lo narrativo, y todo el camino previo al fundido a negro final carece de la fuerza del de Antes del atardecer-, también puede volver sobre reflexiones acerca de la muerte naturalizándola, y no por eso plantearla primero para abandonarla con liviandad después. Quizás por eso Antes de la medianoche es una película brutal, incluso siendo la más cínica de las tres con varios intercambios brillantes y divertidos (tanto en el auto como en el hotel hay intensos diálogos mediante los cuales Jesse y Céline se ríen de sí mismos y que son un verdadero triunfo,  operando como atenuantes del melodrama): porque está continuamente remitiendo a las entregas anteriores, pero pocas veces con una complicidad que nos deje respirar ante los inevitables choques. Asimismo, cuando lo hace a Jesse acercarse a Céline, sentada en una mesa, con la mirada perdida, es cuando más notamos hasta qué punto las cosas efectivamente cambiaron. Ahora es él quien le lee las manos, quien la pone a ella de cara a sus inseguridades, a la pérdida de su brillo, mientras nosotros aguardamos su reacción. Pero la mejor reacción, el instante donde Antes de la medianoche impacta con sus palabras (lo sabemos: ése es su fuerte), recae en los hombros de Jesse y esa imploración a Céline, esa necesidad por sacarle la venda de los ojos para mostrarle que la búsqueda de un ideal es un callejón sin salida. Que lo más cerca que se puede estar de la perfección es, justamente, sabiendo lidiar con lo imperfecto. Difícilmente se pueda procesar esa frase de manera inmediata, difícilmente se le pueda escapar a lo hondo que cala, sobre todo cuando la historia va llegando a su (momentánea) conclusión. Una de las características más fascinantes de la saga es su manera de presentarse autoconsciente, con ese famoso “test para ver si sos un romántico o un cínico”. De todas maneras, Antes de la medianoche nos priva ocasionalmente de esa posibilidad, nos deja todo al descubierto y en ciertos pasajes corrompe la fuerte base en la que se había cimentado: la simetría entre Jesse y Céline. Me leo y pienso en ella, en su “I’m not getting angry, I’m not getting angry” de Antes del atardecer y me percato de hasta qué punto me he definido (y me he sentido definida/representada) por esta saga. Hasta qué punto estas películas me acompañaron en mi vida, hasta qué punto años atrás hubo un Jesse, hasta qué punto me vivo reencontrando con viejas versiones de mí misma, con mis propias neurosis, inseguridades y planteos sobre el amor y su perdurabilidad.

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No. Antes de la medianoche no es una película más en mi vida. “I feel that life is just a series of momentary connections. I mean, of all the people you’ve ever known, how many of them are still in your life in any way?” preguntó una vez Jesse, a lo que Céline le respondió: “For some people, there are no real goodbyes. I think if you have a meaningful experience with someone else, a true communication, they are with you forever in a way”. Como siempre, ellos son los que ponen en palabras las sensaciones, son ellos quienes hablan por mí. Estas películas, incluso con una tercera parte menos homogénea, terminan volviéndose eternas para uno, terminan pasando por todos los estados: encantamiento, fascinación, decepción, angustia, despegue, aterrizaje. Todo, como en una relación. Como en ese vínculo al que siempre se vuelve. “I read my journal from ’83 the other day. What really surprised me is that I was dealing with life the same way I am now. I was much more naïve and hopeful, but the core, and the way I was feeling things, was exactly the same. I haven’t changed much at all” asegura Céline en Antes del atardecer y yo me pregunto si quizás Antes de la medianoche me desconcertó no por ser más “real” ni por esas miserias escupidas en una habitación de hotel sino porque, en su afán de querer poner los pies bien sobre el suelo, terminó perdiendo alguna de esas cosas que hacen de Jesse y Céline todo lo que son. Me pregunto si, en un punto, terminó perdiendo su esencia… 

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► [ESCENA] Uno de los mejores intercambios entre Jesse y Celine en Antes de la medianoche:

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► [DE YAPA]: Los trailers de la trilogía en un solo video:

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 ► [GALERÍA] Algunas de las más inolvidables citas de Antes del amanecer y Antes del atardecer:


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El momento de la verdad: ¿Les gustó Antes de la medianoche? ¿Cuál es su relación con la trilogía de Richard Linklater y qué opinan de este tercer film como posible cierre a la historia de Jesse y Celine? Imagino que el debate de hoy va a ser muy fructífero, ¡los leo, como siempre! Dejen sus comentarios…

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