Tu serie del año

¿Para qué vamos a evitar el cliché del balance si, seamos sinceros, nos encanta hacer listas? Dejemos por un rato de lado las películas (ya retomaremos la sección de Lo mejor del año el viernes) para ahondar en otro tema que no le es indiferente al blog: las series. Como quedó comprobado en este post, acá son muchos los adictos a las mismas así que me pareció interesante, gracias a un comentario que hizo ayer Lore, recabar cuáles fueron aquellas que más disfrutaron este año. En mi caso particular, debo confesar que casi no empecé de cero con ninguna serie nueva (con la excepción de Girls), pero que sí me dediqué a rever una de mis sitcoms favoritas que ilustra este post: The IT Crowd. Tanto acá como también acá manifesté mi fascinación ante los universos de Noel Fielding y Richard Ayoade, los cuales, sumados a otro universo (el geek) y a otro más (el humor británico) hacen que este programa sea uno de los más hilarantes en mucho tiempo. Hay capítulos que son verdaderas joyas del timming cómico entre los actores (como “The Work Outing”, del cual dejo un fragmento más abajo) y Maurice Moss es, indudablemente, uno de los personajes televisivos más extraordinarios (aunque nadie supera a George Costanza) que he visto (¡esa voz!). Los invito, entonces, a un nuevo balance del cual, indudablemente, voy a extraer unas cuantas recomendaciones. Comiencen… 

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*1. Una escena de “The Work Outing”, mi episodio favorito de la serie:

*2. Noel Fielding en The IT Crowd:

*3. De yapa: otra gran escena de la serie:

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¿Cuáles fueron sus series del año? Los invito a dejar sus votos así más tarde armo el podio con las más elegidas; ¡Dejen sus comentarios! ¡Que tengan un excelente miércoles!

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*EL PODIO DE SUS SERIES DEL AÑO:

*1. THE WALKING DEAD

*2. HOMELAND

*3. DEXTER

*4. THE BIG BANG THEORY

*5. GAME OF THRONES

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No matter what happens now…

“Había que irse (en todo caso yo tenía que irme), confiando en poder volver alguna vez” – J.C.

Ya saben cómo es eso del fanatismo. Uno espera por meses, por ejemplo, la edición de un disco para escuchar cómo quedaron en el estudio esas versiones menos pulidas de ciertos temas, esas versiones que alguien grabó en un recital y las subió donde sea para que el resto especule sobre cómo será el resultado final. Pocas cosas recuerdo con tanta claridad como el día en que salió In Rainbows, el día en que a los fanáticos de Radiohead se nos dio un código personal para poder descargar el disco. Pero si el recuerdo es tan nítido, no es únicamente porque es uno de los discos de mi vida sino por las circunstancias en las que tuve que escucharlo, encerrada en el baño de una oficina, simplemente porque la ansiedad me había ganado. Empecé por el final, ya que el primer tema que puse fue “Videotape”. ¿Por qué? Porque tiene una de las mejores letras de Thom y porque, para quienes somos nostálgicos por excelencia, nos deja perplejos. Estos días pensé mucho en cómo titular este post y, en un sueño, empezó a sonar la canción con ese “No matter what happens now…I won’t be afraid because I know today has been the most perfect day I’ve ever seen” y entendí todo. Este año, como todos los años, es en sí una pequeña cinta de video en la que se encuentran grabadas todas las situaciones que busqué y todas las situaciones que vinieron solas. Al reproducirla, me voy a encontrar con desayunos inesperados, con experiencias compartidas únicas y desenfrenadas, con el crecimiento de algo que empezó tímidamente y trajo consigo toda clase de interconexiones, con palabras (muchas palabras), con un proyecto que surgió sentada en el piso de un departamento hablando por teléfono (“sí, yo me voy”), con la concreción de un deseo a priori imposible, con instantes de nerviosismo en un aeropuerto, con acumulación de encuentros (y reencuentros y desencuentros) que me transformaron en todo sentido. Sí, claro, esa cinta de video también tiene decepciones, pérdidas, momentos de debilidad, tristeza. Pero, como diría Moretti, “los recuerdos que hacen mal quieren de mí lo que yo ya no puedo”. Este año pasé gran parte de mis días en distintos lugares (una casa en el campo, un departamento propio, un departamento ajeno, estaciones de tren, estaciones de ómnibus, aeropuertos); pasé gran parte de mis días con bolsos a cuestas; pasé gran parte de mis días conociendo gente nueva que me abrió los ojos (a un lugar, a un sentimiento, a una verdad); pasé gran parte de mis días en movimiento, yendo siempre hacia donde quise. Así, mi canción del año tuvo que ver con eso y mi película del año tuvo que ver con lo mismo: es difícil prever el rumbo y es aún más difícil querer mantener un nivel de intensidad sin que eso derive en incapacidad para disfrutar de situaciones cotidianas. Ahora, sentada acá, en una ciudad que siempre me pareció más utópica que real, puedo decir que mientras pueda seguir escribiendo y creyendo en la magia (hubo situaciones en este 2011 que no puedo atribuírselas más que a ella), cualquier imprevisto me va a importar poco y nada. Porque mi 2011 lo empecé como si fuera un rompecabezas a medio armar, con una carencia, pero lo voy a terminar rodeada de gente en un estadio, completa y con música (siempre con música). Entonces, no: los imprevistos no son malos. Hay cosas que uno no elige, y acaso esas cosas terminan siendo las mejores, aquellas que nos toman desprevenidos para volvernos más conscientes del presente, de cómo todo se nos puede ir en un parpadeo. Digamos que le hice caso a Thom porque yo sigo teniendo todo aquí, lo bueno y lo malo, grabado en mi cabeza, siempre “en rojo, azul y verde”. Y todo eso, todo eso que se acumuló en mi cinta de video, se superpone, se confunde y forma un gran e inolvidable recuerdo que me llevaré a esas “pearly gates”. Citando nuevamente “Videotape”, concluyo diciendo que este post es mi manera de saludarlos a todos con el mismo sentimiento con el que escribí el primero, en el que ¿casualmente? sonó la misma canción. Sean felices. En movimiento. Hacia adelante. Sin miedo por lo que pueda llegar a pasar hoy por el recuerdo de todo lo que vivieron ayer. Gracias, perdonen las cursilerías y nos vemos el año que viene.

—–>El saludo de fin de año de todos ustedes (hacer click en las imágenes para ampliarlas):

* BONUS TRACK: Las películas del 2011 en 6′:

* BONUS BONUS TRACK: Mis temas del 2011:

Mis temas del 2011 by Milagros Amondaray on Grooveshark

Rápido, sin repetir y sin soplar (?): sus listas de mejores películas, actuaciones, discos y experiencias del 2011; espero sus comentarios y, por supuesto, ¡FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!


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Monotemática

Jordana y Oliver intercambian sonrisas cómplices mirando el mar, Richard Ayoade corta a los títulos y empieza a sonar “Piledriver Waltz”. Acto seguido, yo comienzo a sonreir constatando que todo año trae consigo una película que te cambia la vida. ¿En qué te puede cambiar la vida? En que descubrís a un autor (Joe Dunthorne), descubrís una banda de sonido, descubrís una letra perfecta como la de“It’s hard to get around the wind” y, por sobre todo, descubrís nuevas imágenes. Una nueva forma de musicalizar el romanticismo púber, una nueva forma de demostrar el amor (“Ask me how deep the ocean is, go on, just ask me”). Descubrís, también, que Ayoade es el mismo hombre detrás de The Mighty Boosh y The IT Crowd y así, te das cuenta de que todo aquello que te gusta mágicamente se interrelaciona. Eso cambia tu vida. Acto seguido a esa sonrisa después de que AlexTurner cantara el último “comfortable shoes”, ese 7 de agosto de 2011 abrí el Word y empecé a escribir, busqué una imagen de Jordana y Oliver mirando el mar con ese perro nuevo, y a los tres días se moría mi perra. Submarine afectó ese mes tan convulsionado, pero a la vez lo iluminó. Por eso, mi primer día en Londres se lo dediqué a ese momento de comunión del que formás parte cuando vas a un lugar y tomás de las bateas el libro, la banda sonora y, claro, la película, como queriendo aferrarte a lo concreto de todo el asunto. Semanas más tarde, vas a verlo a Turner esperando que cante “Piledriver Waltz”, pero sabiendo que no sería correcto. Una cosa es Arctic Monkeys en el O2 Arena y otra cosa es la intimidad de un soundtrack hecho para un invierno, para pasear con auriculares por el río con tu otra perra sabiendo, por sobre todo, que la vida está hecha de pequeñas muertes y de pequeños renacimientos. Y eso es Submarine. Una película sobre el renacer. Una película que, unos meses atrás, en una tarde rara y resacosa, de algún modo me cambió la vida.

TWO WEEKS OF LOVEMAKING / THE SUPER 8 FOOTAGE OF MEMORY:

¿Cuál fue la última película de la cual no pudieron dejar de hablar y que recomendaron a todo el mundo? ¿Cuáles son las películas con las que establecieron una relación algo obsesiva y cómo canalizaron esa obsesión? ¡Comenten, vamos!

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Este fuerte viento que sopla

I’m not the kind of fool who’s gonna sit and sing to you about stars, girl” – Alex Turner

Es difícil saber hacia dónde va a soplar el viento. A veces, por más que uno intente cerrar los ojos y vislumbrar por segundos cómo puede llegar a ser el futuro, o por más que uno intente tomar el futuro con las manos, ese viento te empuja, te eleva y te lleva para otro lugar. Como canta Alex Turner, por momentos creemos saber hacia qué lado vamos a salir arrastrados y no sabemos hasta qué punto entra en juego la cuota de lo impredecible o las decisiones propias y ajenas. Submarine es una película que habla sobre todo eso, que comienza con Oliver, el protagonista (una cruza entre Holden Caulfield y Harold) mirando el mar, hablando con una autorreferencialidad humorística y encantadora; y termina, por el contrario, reforzando la idea de que la individualidad (“most people think of themselves as individuals”, dice Oliver) es buena hasta que se ve sacudida. La persona destinada a forzarlo a superar sus imposibilidades es Jordana, una compañera de colegio piromaníaca que siempre usa un saco rojo con capucha y lentes con forma de corazón (dos ítems que yo usaría hasta el hartazgo) y que, por una circunstancia desafortunada, también se ve forzada a superarse, a dejar salir a su verdadero yo.

Sobre ese vínculo especular trabaja el realizador Richard Ayoade, porque los pone a Oliver y a Jordana casi siempre mirándose el uno al otro o mirando el mar, como si quisieran descifrar los códigos de la corriente. En el medio, el joven protagonista sufre por la crisis del matrimonio de sus padres e intenta, fallando por su inexperiencia, ser el mejor hijo y el mejor novio.  Hasta que recibe un golpe, golpe que Ayoade muestra con una mezcla de belleza, melancolía y verdad (acompañada, además, por la gloriosa canción de Turner) y con gestos infantiles pero genuinos, como ese deseo de Oliver de querer explicarle a un profesor que sí se puede justificar no poder ir a clases por un heartbreak (“You look like you’ve been for breakfast at the heartbreak hotel” canta además Turner en “Piledriver Waltz”), o como tener la plena certeza de que ese vacío sí lo seguirá sintiendo cuando sea más grande, “cuando tenga 38″.

Submarine + “Piledriver Waltz” => belleza absoluta:

Submarine está llena de referencias a Wes Anderson – hay una escena, también con ecos de El samurai, que resulta similar al reencuentro entre Margot y Richie -, tiene momentos oscuros de la ya mencionada Harold and Maude pero, sorprendentemente, es única, sobrepasa el homenaje, la cita, el aire francés y la cantidad de guiños indies, como las botas rojas de Jordana o la mención a El guardián entre el centeno (incluso desde el vestuario). Pero si logra sobrepasarlos es porque su protagonista, ese chico que se llama Oliver por una sola razón, se dirige al espectador intentando explicarse a sí mismo e intentando explicar, desde su ingenuidad, por qué actúa del modo en el que actúa y por qué cometer un acto de vandalismo para él puede ser un acto de amor.

Ayoade, tomando las palabras de Joe Dunthorne, pone en imágenes los pensamientos y las fantasías de un chico enamorado, un chico que piensa en polaroid, en súper 8, que imagina epílogos, que trata de ajustarse hacia dónde sopla el viento. Y así como para Holden el  ver a su hermana sobre una calesita podía representar la felicidad ante un mundo desencantado, para Oliver (quien también necesita de un refugio, un escondite) la felicidad proviene del saber cuál es la profundidad exacta del océano, del meter los pies en el mar (“if you’re gonna try and walk on water make sure you wear your comfortable shoes”) con la ropa puesta y una mirada cómplice a su lado, buscando “a new place to begin” e interpretando a ese chapuzón como a una nueva forma de perdón, como al más hermoso de los renacimientos.

¿Con cuál personaje protagónico de película se encariñaron más? ¿Cuáles son las razones? ¡Comenten!

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