El sabor amargo

Hoy en Cinescalas escribe: João Paulo Rodrigues da Silva

Creo que muchos acá en el blog ya lo saben: siento un gran rechazo hacia Ratatouille. Mejor dicho, no se trata de un rechazo increíble como el que siento por las películas mediocres de Adam Sandler o las producciones de quinto nivel lleno de estrellas como lo son las de Millennium Films. El rechazo hacia el proyecto de Pixar está ligado con algunas situaciones. Una de ellas se relaciona con el hecho de que me fue imposible experimentar algún tipo de empatía con el relato, ya que el film padece uno de los peores castigos para una cinta de animación: un personaje con cero carisma. Remy, la ratita cocinera que sufre prejuicios por su entorno por comportarse como el resto tiene una historia un poco profunda detrás pero el personaje en ningún momento genera ni simpatía ni cariño. Algunos personajes de Pixar lograron provocar en mí una irritación instantánea (como el caso de Dory o Matter), pero el de Remy es especial. Es el único personaje de la película del que pocos recuerdan el nombre, solo lo catalogan como “la ratita que cocina”. Como prueba, es mucho más fácil recordar al crítico Anton Ego y su memorable secuela en el final de la película o la escena de los celos del ratón con Guido y la novia que a la protagonista en sí.

Como hablaba con un amigo, películas malas no se ven más de una vez. Con una es suficiente. Pero films como Ratatouille es necesario mirar más de una vez, quizás dos o tres. Yo la vi alrededor de seis. Pero no me pasó nada con ella. Es una pena, porque hay películas que con mirar en una sola oportunidad ya nos dejan enamorados o con un gran recuerdo de numerosas escenas. Asimismo, mi resquemor hacia Ratatouille también tiene relación con el Oscar que obtuvo a Mejor película de animación. Ese año se realizaron increíbles animaciones como Reyes de las olas, que a pesar de ser un film de animación infantil logra poner increíbles elementos de documental y algunas técnicas curiosas como los cambios de tono y el handycam en muchas escenas; pero ese año también estuvo Persépolis, una animación de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi llena de vida, con secuencias memorables, una obra impecable en todo sentido. Pero, a pesar de todo esto, Ratatouille ganó. Imaginen mi decepción.

Persépolis, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi

Si un día me preguntan si miraría Ratatouille nuevamente, creo que lo haría sin problemas, pero no podría hacerlo sin pensar que fue la película que le “robó” el Oscar a Persépolis. Lo extraño es que a partir de ahí vino la fase más increíble de Pixar en la cual se transformó en una verdadera fábrica de sentimientos, haciéndonos conscientes de que sus films tendrán siempre esos momentos emotivos, esos que nos provocan llorar hasta pasar vergüenza al salir de una sala de cine llena de chicos. Sé que este año existe una gran posibilidad de que Valiente gane el Oscar contra animaciones maravillosas como Ralph, el demoledor, ParaNorman y Frankenweenie. Eso quizás pueda generar un sabor amargo en la boca y la mente de muchos. Pero ninguno va a poder sacar el sabor amargo que Ratatouille dejó en mí.

Por João Paulo Rodrigues da Silva

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Mi consigna: ¿coinciden con el rechazo de João hacia Ratatouille? Las consignas de João: ¿miran más de una vez una película para reconfirmar que es mala? ¿Cómo se sienten cuando todos hablan bien de un film que a ustedes no les gustó? ¿Se acuerdan de algunos ejemplos de esto?; ¡Dejen sus comentarios, muchachada! ¡Buen comienzo de semana para todos!

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—> La última vez escribió Matias Marra sobre… CÓMO ES ESTUDIAR Y HACER CINE

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[OFF TOPIC] Como les prometí el viernes, les dejo el regalo virtual a todos los que formaron parte del concurso “Armá tu propia película”; son, ni más ni menos, que los pósters de los films que se animaron a escribir/proyectar; le agradezco a Ezequiel Saul por su ayuda para armarlos y los invito a recorrer la galería de los afiches de sus producciones ;)


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La escena del día: Pixar

“Cuando un estudio hace varios éxitos consecutivos, uno creería que no se despegará nunca de la fórmula. Pero eso no pasa con Pixar. Ellos siempre están buscando algo distinto”. El hombre que resumió en pocas y precisas palabras la razón por la cual las películas de Pixar son amadas con unanimidad (unas más que otras, claro) es Brad Bird. Sí, el director de Los increíbles, producción clave de la factoría. En el documental The Pixar Story (lo recomiendo, I.Sat lo anda pasando bastante seguido), lo vemos a Bird ingresar a los estudios para “vender” su idea. La recepción cálida y abierta, la camaradería y la necesidad de renovarse se percibe en todas y cada una de las caras que conforman Pixar. No quedarse con el mismo manual. Innovar. Perfeccionarse. Con ese combo se produce ese toque de oro. “¿Nos vas a hacer elegir una? Pura maldad lo tuyo”, me dijo Lore hace unas horas en Facebook. Veamos si pueden. Yo elijo. Yo me quedo con Toy Story 3. Porque como dice Tom Hanks en el mencionado documental: Pixar conmueve a todas las generaciones. ¿O acaso nadie lloró con ese extradionario final?

Fragmento del documental The Pixar Story:

¿Cuál es su película favorita de los estudios Pixar?; de  yapa, propongan  una secuencia y/o deathmatch que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias a todos!

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OFF TOPIC: Desde hoy hasta el lunes 6, el blog estará cerrado por vacaciones :P ¡Nos vemos a la vuelta!

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La escena del día: Ratatouille

“Not everyone can become a great artist, but a great artist can come from anywhere”

Las grandes películas de animación – género del que nunca he sido asidua, como ya creo haber mencionado – son aquellas que van más allá del gag, que resultan atemporales, que no caen en fórmulas que caducan como lo puede ser el empleo de guiños a la cultura pop. Evitar esos modismos transitorios es la única manera con la que las primeras se aseguran perdurar por sobre las demás. Sin embargo, tiene que haber otra cosa. Tiene que haber una facilidad para conmover yendo a lo primigenio, al origen de todo. Por eso, para mí, Ratatouille es una película sobre el hogar. Un hogar que para una rata puede ser una cocina, sí. Pero también un hogar para un crítico que es transportado a su infancia mediante un plato, mediante el sabor, el aroma, mediante todo aquello que permite reabrir una etapa que creía olvidada. ¿Quién puede estar exento a eso? ¿Quién puede evitar ser encapsulado en un momento mediante un empuje hipersensorial? Creo que todos, en mayor o menor medida, nos conectamos con ese planteo casi neurálgico del film de Brad Bird y es eso lo que lo hace trascender. Eso y su mirada sobre los “orígenes humildes” de los que habla Anton Ego en su maravillosa reseña final. Tan simple, cándida y verdadera como la película misma.

Mirá esta escena de Ratatouille:

¿Les gustó Ratatouille? ¿Qué otras películas que tengan a la comida como eje central sumarían a este post?; de  yapa, propongan  una secuencia y/o versus que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias!

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