El cine por las ramas: Los mejores guiones

myfilm.com

“Erica Albright’s a bitch. You think that’s because her family changed their name from Albrecht or do you think it’s because all BU girls are bitches? For the record she may look like a 34C, but she’s getting all kinds of help from our friends at Victoria’s Secret. She’s a 34B, as in barely anything there. False advertising”. Disculpen que abra un nuevo post – y una nueva categoría, para el caso – con una cita tan larga enteramente en inglés. Quería ser bien gráfica en cuanto al espíritu de la sección, que va a consistir en explorar los distintos planos (o ramas) del cine, no solo con mi visión sobre ellos sino también con el aporte de especialistas que trabajan en la materia y con las apreciaciones de todos ustedes que, como es evidente, siempre nos ayudan a configurar ese caleidoscopio de miradas que es el blog. The Writers Guild of America dio a conocer su lista de los 101 mejores guiones de la historia del cine. Los primeros diez puestos fueron para Casablanca, El padrino, Chinatown, El ciudadano, La malvada, Annie Hall, Sunset Boulevard, Network, Una Eva y dos Adanes y El padrino II. Tomé esta lista como disparador para la nueva sección y, buceando en la cantidad de material que tenía en mi mente para arribar a mi elección, opté por el guión de The Social Network. Ya he escrito en más de una oportunidad sobre el film de David Fincher pero quiero agregar algo respecto al guión de Aaron Sorkin que me conduce de regreso a la frase de apertura de este post. Sorkin inventa un personaje que no estaba en el libro en el cual se basó (The Accidental Billionaires) y pone en boca del mismo dos o tres sentencias que modifican la vida del protagonista. El personaje es Erica Albright, uno de los mejores MacGuffins del cine contemporáneo, quien impulsa a Mark Zuckerberg a bloguear primero, crear Facemash después y finalmente a desembocar en su máximo logro: (The) Facebook. Pero Erica no solo aparece en el comienzo. Sorkin decide, astutamente, incluirla en la mitad del film, donde otra de sus brillantes frases (“you write your snide bullshit from a dark room because that’s what the angry do nowadays”) acrecientan la ambición de Mark por expandir y expandir. Y no solo eso. Erica también aparece en el final, en forma simbólica, en esa pantalla, con esa foto de perfil que Mark mira y mira, para luego enviar una solicitud de amistad. Es decir, el guión se inicia con un encuentro cara a cara entre ambos y concluye con un encuentro virtual. Es perfecto no solo porque es cíclico. Es perfecto por todo lo que dice sobre el hecho de pertenecer, sobre la amistad y, más que nada, sobre la soledad de alguien que motivó a erradicarla.

Un fragmento del guión de The Social Network por Aaron Sorkin

En el prólogo al guión de su maravilloso largometraje Historias extraordinarias, Mariano Llinás escribe lo siguiente: “Como nadie ignora, un guión cinematográfico no es otra cosa que una serie de fantasías y de intenciones futuras. Más allá de su estilo afirmativo y su aparente convicción, las escenas que figuran en él no son otra cosa que una mera especulación optimista de lo que puede llegar a suceder (…) En rigor, allí donde cualquier guión dice ‘Jorge camina por la calle desierta’, debería decir algo así como (…) ‘sería deseable que Jorge caminara por la calle desierta, o de ser posible, Jorge caminará por una calle que, si todo sale según lo previsto, se encontrará desierta’. Lo cierto es que, más allá de lo que diga el guión, hasta que el film no esté listo o al menos hasta que una escena no esté filmada, nadie puede afirmar que Jorge vaya a caminar por calle alguna. El guión miente: Jorge aún no existe”. Me gusta esta cita porque Llinás, a través de ella, está definiendo al guión como un elemento prometedor del cine, como el inicio, como su costado esperanzador. Como un mundo de posibilidades. Pero un guión es mucho más. Por eso, invité a esta sección a tres guionistas recibidas del CIEVYC en la carrera Técnico Superior en Guión de Cine y TV para que nos cuenten en qué consiste, para ellas, un buen guión. Un saludo especial para Jessica, una amiga de la casa, quien inicia el recorrido por esta rama del cine con las siguientes palabras…

Lo dijo Billy Wilder: “lo más importante es el guión”. Lo dijo quien escribió unas sesenta películas. Allí está lo que se quiere contar pero sobre todo donde se plasma el cómo se va a contar. Con una estructura clásica o una no lineal, lo primordial sería que no se noten los hilos y que el guionista no subestime al espectador, no le deje todo servido, para que pueda llenar los espacios en blanco, ya que así la experiencia se torna más rica e interesante. El ciudadano de Orson Welles fue una película que marcó un antes y un después en la historia del cine, aunque en su momento pasara casi desapercibida, porque rompe con muchas tradiciones del cine clásico. Esta película incluso ganó un Oscar (el único) por Mejor Guión Original y lo cierto es que no sólo en esa herramienta innova. Pero quien la ha homenajeado más recientemente (bueno, a fines de los 90), es Todd Haynes, en una película de la que ya tuve la oportunidad de escribir en el blog: Velvet Goldmine. La estructura que utiliza el director y guionista es muy similar a la de la película de Welles. El ciudadano empieza con la muerte de Charles Foster Kane; en Velvet Goldmine, a los pocos minutos de empezada la película, muere Brian Slade. Dos periodistas van a investigar algo; en El ciudadano, el significado de su última palabra, ¿qué significa Rosebud? (aunque hasta el día de hoy se discute por qué sería un plot hole el hecho de que la enfermera entre justo después de que él susurre esa palabra); en Velvet Goldmine, se investiga qué fue de Brian Slade, ya que después de su muerte los periódicos (también como en El ciudadano) anuncian que fue una actuación y tras el fracaso de su “obra de arte”, éste desaparece. A través de las entrevistas que cada periodista hace (en el caso de Velvet Goldmine se suman recuerdos propios que se relacionan directamente con su fuente de investigación), van construyendo una historia, un personaje en realidad. Uno de los periodistas cumplirá su meta de llegar a la verdad, el otro nunca podrá hacerlo. Obviamente Velvet Goldmine toma prestada gran parte de la estructura de El ciudadano, pero en otros aspectos es más libre, se permite hablar de seres que vienen de otros planetas, introduce varios videoclips, la sexualidad está muy presente y hay muchas referencias a Oscar Wilde, todo para  lograr plasmar de una manera única lo que fue la época del Glam Rock.

 Les dejo un fragmento de Velvet Godmine:

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Un buen guión es el que logra que el espectador se involucre. Ya sea desde la construcción de los personajes como desde la historia misma. Logra una conexión que hace que el relato se sienta, en cierto modo, como algo propio. No subestima al espectador, de alguna manera lo hace trabajar y le permite formar parte. También creo que es bueno que al final no sólo el personaje se vea modificado, sino que también el público también sienta que algo en él cambió o lo dejó movilizado. Uno de mis guiones favoritos es el de la película de Bob Esponja. Cada vez que comento esto la gente suele soltar risitas burlonas. Por alguna razón muchos consideran que las películas infantiles no son cine, son algo menor… cosas de chicos. No creo que los chicos sean peores espectadores que los adultos. De hecho, captar la atención de un niño es dificilísimo. Si nos ponemos a pensar en las películas que más recordamos de nuestra infancia, en general son aquellas que contaban algo y que nos marcaron. Yo estoy “grande” para Bob Esponja, y sin embargo creo que la construcción de la historia de la película es digna de estudio en libros de texto. Esta película recorre al pie de la letra el camino del héroe, es lo que se dice un “guion clásico”. Pero está tan escondido abajo del delirio del universo de Bob Esponja que pasa desapercibido. Tal vez sea por eso que “los grandes” no pueden apreciar la belleza detrás de este guión. Porque todavía no se dieron cuenta que, en el fondo, todos somos cacahuates y que para ser valiente no hace falta crecer.

 Disfruten de esta escena de Bob Esponja:

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Un guión es bueno siempre y cuando la historia, su tema, sea atrapante. De esa manera, se podrá atraer al espectador a la pantalla. Con un buen arranque no está todo dicho, el desarrollo de la historia debe dejar al espectador queriendo más hasta la culminación de la película. En el guión de Todo sobre mi madre, obra de Pedro Almodóvar, el tema principal a mi entender es el amor. La protagonista, Manuela (Cecilia Roth), es un personaje a quien la persigue la desgracia y, sin embargo es una persona con mucho amor para dar. [SPOILERS] Amor capaz de seguir el corazón de su hijo, luego de que éste muera y sus órganos sean donados. Amor capaz de soportar en un pasado lejano a un esposo que decide convertirse en mujer y tener una vida que ella no había planeado. Amor al acoger a Rosa (Penélope Cruz), una joven que queda embarazada de Lola (ex esposo de Manuela) y luego al dar a luz muere, quedando el pequeño al cuidado de Manuela. En todo momento el guión es un drama puro, que va acompañado con una música que eriza la piel, la cual no dudo que haya estado planeada desde el guión, ya que las situaciones están muy marcadas por la banda sonora y cada personaje tiene ese algo que hace que la película sea una obra maestra.

 Algunas imágenes de Todo sobre mi madre:

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Muchachada, inauguramos la sección con las preguntas: ¿Cuáles les parecen los mejores guiones del cine? ¿Qué historias les resultaron más “redondas” y lograron atraparlos de principio a fin? Pueden elegir las mejores adaptaciones, aquellos guiones más originales en su estructura, lo que más les atraiga como espectadores; espero sus comentarios y propuestas de una nueva rama del cine sobre la que quisieran debatir próximamente; ¡Buen miércoles! ¡Nos reencontramos mañana!

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La escena del día: La piel que habito

“¿Hasta dónde puede llegar el amor de un loco?”

En Los abrazos rotos, un hombre ciego toca la pantalla de un televisor con la esperanza de poder captar la imagen de la mujer amada, del último suspiro de la mujer amada, del fatídico último beso. En La piel que habito, otro hombre también observa a una mujer detrás de un velo (de un concepto de velo, mejor dicho), cautivado por las similitudes con su esposa muerta y por sus propias ambiciones perfectamente ejecutadas. Ambas películas de Pedro Almodóvar trabajan sobre los recuerdos y sobre la recomposición de un pasado quebrado. Mientras que en la primera veíamos un puñado de fotos partidas que intentaban reordenarse cual rompecabezas ya rasgado, en La piel que habito este hombre, un doctor que empuja su curiosidad científica hacia los límites  – de ahí el permanente juego del film con lo (in)verosímil -, forja una creación a partir de nuevas partes, con ese pasado que lo aturde y que lo lleva a una obsesión, a obedecer a una ley del deseo omnipresente en la obra de Almodóvar (imposible no evocar Átame), que lo hace moverse en un torbellino en el cual no puede expresarse con el rostro (en ese sentido, Antonio Banderas está perfecto) porque es su imperturbabilidad lo que lo mantiene enfocado.

No hace falta citar la cantidad de influencias subyacentes en La piel que habito. Son muchas y reconocidas por el propio realizador manchego. El acierto radica en cómo llevó ese desafío formal a la propia narrativa. Es decir, el mismo Almódovar está haciendo una película a partir de otros retazos, de otras imágenes; una película que relata justamente eso: la concepción de un cuerpo (casi) tabula rasa. Con Frankenstein como materia prima ineludible, como la citada Los abrazos rotos y como otros tantos films del director, debajo del humor, de lo grotesco, de frases memorables que se ajustan a una pesadilla (“el tigre me ha dejado hecha polvo”), hay una historia de amor fou. Buñuel era un fetichista de los pies, Almodóvar es un fetichista de la piel. De su maleabilidad, de su contracción, de la fascinación al tacto. Y ese amor fou, en consecuencia, se manifiesta con el roce, la penetración, lo ignífugo, lo irreconocible. Incluso, independientemente de que todo parece girar en torno a un hombre que busca recomponer (y vengar) lo perdido, el final de La piel que habito echa por tierra tanto el terror como género revisitado como su precisión narrativa para que el gran giro del guión llegue de modo natural. Es en ese final donde Almodóvar nos conmueve, nos deja con interrogantes sobre la sexualidad, y donde opta por un fundido en negro para darle un cierre sutil a la horrorosa travesía de alguien que, a fin de cuentas, solo quería encontrar el camino de regreso a casa.

Les dejo una breve escena de la película:

 ¿Vieron La piel que habito? ¿Qué opinan de ella? ¿Les interesa el cine español?; de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡Gracias a todos!

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*DE YAPA: La gran banda sonora del film:

La piel que habito OST by Milagros Amondaray on Grooveshark

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El mejor papel de…Penélope Cruz

BLOG

“Las películas hay que terminarlas, aunque sea a ciegas” – Mateo Blanco/Harry Caine en Los abrazos rotos

Y llegó el viernes, nomás. Después de una semana muy bonita del blog, con recuerdos de la infancia, viajes ochentosos, canciones y Ewan McGregor por partida doble, le llegó el turno al melodrama. A Almodóvar. Y a Penélope. Nunca pensé que Cruz iba a ser una de las actrices de los viernes de Cinescalas ya que no me atrae particularmente. Pero ví Los abrazos rotos y no pude evitar querer escribir al respecto. No sólo me parece una de las más logradas alianzas de ella con el realizador de los colores fuerte sino además una de las películas más interesantes en cuanto al amor interrumpido y en cuanto al cine dentro de cine. Pisando la fina línea del onanismo, Almodóvar habla sobre cine en general y sobre el suyo en particular contextuado por la historia de una relación predestinada a acabarse en lo real pero a continuarse en la ficción. Y eso es, acaso, lo más bello y triste de Los abrazos rotos: la reflexión sobre las imágenes (las fotografías tienen un peso importante también) como lo único a lo que apelar cuando no podemos abrazar lo concreto. Esto, sumado a la paradoja del director de cine que se queda ciego y sin la mujer de su vida, hacen de este film un caleidoscopio, con un film dentro de sí (Chicas y maletas) en la que Penélope hace de una actriz que actúa en una película sello Almodóvar. Y allí nos hace reír, a pesar de que sabemos que ese personaje ya no es parte de la vida del director que la eligió, que la amó y que le dio el último beso.

Mirá algunas imágenes de la película:

¿Cuál es su papel favorito de Penélope y cuánto les gusta el cine de Almodóvar? ¿Sobre qué actor/actriz quieren post para la próxima? ¡Buen Finde para todos!

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