Lo mejor del 2015: Los actores

En una de las novelas más enérgicas que leí en el año – A Visit from the Goon Squad, sobre la cual hubo post acá mismo - Jennifer Egan decide en el prólogo que las palabras de Marcel Proust revelen el eje narrativo de su obra: el tiempo, la música y las interconexiones. En En busca del tiempo perdido Proust manifestaba que había una cierta naturalidad en el desconocimiento de muchos elementos de la vida de alguien, independientemente del grado de cercanía que nos uniese a esa determinada persona. Todos estamos acá para ser descubiertos a medias, para que nuestra imagen sea reconfigurada luego, como el realizador Alfonso Gomez Rejon supo captar con precisión en la reciente Me and Earl and the Dying Girl. Asimismo, en A Visit from the Goon Squad los personajes con los cuales nos vamos encontrando capítulo a capítulo cambian según la perspectiva del narrador. Sasha, esa cleptómana que trabaja (y vive) para la música, narra una pequeña travesía nocturna en el primer pasaje y es recordada años después (de un modo mucho más complaciente) por el hombre que la conoció durante esa noche, pero una vez que la novela termina. Egan construye un rompecabezas y emplea a la música como herramienta clave para mostrar que el tiempo altera la percepción pero a la vez como herramienta clave para cesar con la racionalidad y exudar un espíritu adolescente, sensible, permeable al impacto de las melodías, las letras y las pausas que hacen los músicos entre estrofa y estrofa. Love & Mercy, la biopic de Bill Pohlad sobre el frontman de los Beach Boys Brian Wilson, vendría a ser (inconscientemente) el equivalente cinematográfico a esa novela. Por un lado, tenemos esa división temporal. El Brian de los sesenta (interpretado por un Paul Dano de enorme y necesaria vulnerabilidad) y el Brian de los ochenta (John Cusack) son efectivamente la misma persona y, en simultáneo, no lo son tanto. El Brian “del presente” sigue siendo ese genio apabullado por las voces indetenibles de su cabeza, sigue siendo manipulado por una figura masculina despótica y controladora (antes era su padre Murry; ahora es su terapeuta Eugene) pero también es una persona nueva desde el instante en el que alguien lo redescubre. La entrada al film de esa presencia salvadora que fue su eventual esposa Melinda Ledbetter (Elizabeth Banks) aporta otra pieza del rompecabezas que es Wilson, otra mirada que lo redefine al no querer definirlo sino al dejarlo ser. Por otro lado, el film de Pohlad nos presenta a la música como arte receptivo a distintas formas de caos, el mismo tópico que serpentea en la novela de Egan. Por lo tanto, Love & Mercy triunfa en esos grandiosos momentos en los que Wilson graba Pet Sounds instintivamente, como tirándose a la pileta con los ojos cerrados (“es como estar ciego pero, al estar ciego, de algún modo podés ver más” asegura el Brian “del pasado”), como preparándose para un recorrido espiritual difícil de verbalizar. En consecuencia, Dano internaliza más de lo que saca hacia afuera y, al cerrar esos ojos, hace que el bullicio de la cabeza de Wilson cobre tesitura, espesor, se despegue de la pantalla asaltando con bravura. “Yo acepto el caos, pero no estoy seguro de si el caos me acepta a mí” escribió Bob Dylan. Esas palabras fueron tomadas por el guionista Oren Moverman y reubicadas en la boca de Arthur Rimbaud en I’m Not There. Nada es fortuito. Moverman realiza el mismo procedimiento en Love & Mercy al correrse de lo lineal para abrazar todo ese hermoso y tortuoso proceso de creación musical de alguien que batallaba contra un gran espectro de amenazas. Love & Mercy es caos porque la música, el tiempo, los rompecabezas, las relaciones que entablamos, las subidas y bajadas también lo son. No hay nada prolijo en esta biopic y ésa es su mayor virtud: dejar que el sonido penetre con extrañeza, la misma extrañeza que generan esos ladridos de los perros de Brian que, allá por 1966, entraron al estudio para hacer historia. ♫ 

 ………………………………………………………………………………………..

►[TRAILER] Algunas imágenes de Love & Mercy:

Love & Mercy - SFIFF58 Trailer from San Francisco Film Society on Vimeo.

………………………………………………………………………………………..

*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL AÑO:

► 1. JASON SEGEL en The End of the Tour

………………………………………………………………………………………..

► 2. MILES TELLER en Whiplash

………………………………………………………………………………………..

► 3. MATT DAMON en The Martian

………………………………………………………………………………………..

► 4. OSCAR ISAAC en A Most Violent Year y Ex Machina

………………………………………………………………………………………..

► 5. BEN WHISHAW en Lilting y Paddington 

………………………………………………………………………………………..

*DE YAPA: JASON MITCHELL en Straight Outta Compton

………………………………………………………………………………………………….

► [GALERÍA] 40 grandes interpretaciones masculinas del 2015 mencionadas en el post de hoy:

………………………………………………………………………………………………….

 ¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy entramos en la última semana de balance 2015 eligiendo los mejores actores del año; los invito a mencionar sus favoritos en los comentarios para luego armar una galería alusiva; por otro lado, me gustaría que quienes hayan visto Love & Mercy se explayen sobre la misma; nos reencontramos mañana en el megapost de fin de año con el video-regalo que espero que les guste; ¡hasta entonces, muchachada! PD. Para recordar quiénes habían sido los mejores actores del 2014, hagan click acá mismo

 …………………………………………………………………………………………

 …………………………………………………………………………………………

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” Y POR TWITTER, DENLE “FOLLOW” AL BLOG ACÁ; ¡GRACIAS!

La película de mi semana: Ruby Sparks

Salimos a la calle. Trabajamos. Nos reencontramos con amigos. Comemos. Pagamos las cuentas. Besamos a alguien. Llamamos a nuestros padres. En fin. Salimos. Hacemos más o menos las mismas cosas. El salir implica eso: conectarse con una serie de acciones cíclicas que varían moderadamente. Pero me parece que la magia solo aparece cuando entramos. No cuando salimos. Cuando entramos a un mundo construido únicamente por nosotros, con nuestras reglas y donde nadie golpea la puerta. En ese mundo, todo es válido. La imaginación fomenta que todo lo sea. Alguien puede construir un mundo cuando lee una novela y concibe su propia imagen de los personajes, otro puede hacerlo cuando se pone los auriculares y el entorno deja de ser ese entorno para convertirse en uno nuevo, sin esas caras que le devuelve la calle, sin ese ruido que en la calle también se suscita. Un lugar impenetrable. Yo construyo mi mundo, por ejemplo, cuando escribo. Pienso que puedo hilvanar distintos pensamientos e impresiones y que, independientemente de hacia dónde lleguen, ese acto es lo que va sumando un componente más a ese universo. La palabra como lo más instrumental. En ese momento, nadie me toca, yo me invento lo que quiero, casi caprichosamente. Por lo tanto, si yo siento que tal objeto tiene relación con tal otro, me gusta construir todo desde ahí, como escupiendo aquello en lo que creo, como renegando de la (auto)edición. Por eso insisto en que uno se reencuentra con algo en un determinado instante porque así debía ser. Porque el tiempo siempre nos está poniendo a prueba. Como si la piel tuviera memoria. “No puede descartarse que en algún momento recuperemos el orgullo y el sabor de lo vivido. No puede descartarse que volvamos sobre nuestros pasos, que rencontremos el sentido a lo perdido (…) que volvamos a entender el código cifrado, el mensaje en la botella que lanzamos hace muchos, muchos años. Puede ser, incluso, que al final del camino, volvamos a hacer las paces con el tiempo y empecemos a entender, de nuevo, como niños que recuerdan donde escondieron sus tesoros, nuestros propios tatuajes”. Ray Loriga escribió eso y me acordé de Ruby Sparks, película a la que volví esta semana y que me condujo a pensar en esta nueva sección.

Calvin, el personaje interpretado por Paul Dano, es justamente alguien que tanto metafórica como literalmente tiene un mundo personal armado hasta el último detalle. No me parece casual que su casa esté rodeada de puertas de vidrio. Todo indica que llegará alguien que no solo va a golpearlas, sino que va a romperlas. Quien lo hace es Ruby Sparks (el apellido, claro, tampoco parece casual), una Manic Pixie Dream Girl que él se inventó porque… ¿por qué no? Todo está permitido en su cabeza. El guión de Zoe Kazan no sólo es una crítica a un prototipo de mujer que el cine explotó hasta el hartazgo sino también una reflexión velada sobre hasta qué punto tememos perder el control en una dinámica. Para Kazan las palabras importan, son cruciales en la experiencia de aprendizaje, son análogas a la forma de absorber las situaciones más placenteras. Como dice Calvin: “any writter can attest that in the luckiest, happiest state, the words are not coming from you, but through you. She came to me wholly herself, I was just lucky enough to be there to catch her”. Kazan alude a estar abierto, permeable al amor, pero también parece estar aludiendo a los imprevistos de la vida en sí. A todo aquello que contribuye a la construcción de ese mundo. Estar alerta. Captar las señales. Ruby Sparks es una película comandada por una figura antiheroica por excelencia. Calvin, dotado con el don de la escritura, no tiene la capacidad de aceptar a la mujer que ama tal cual es, porque es una persona que le teme a esos mencionados imprevistos. Una persona que cree que lo inesperado, que lo súbito, nunca podrá tener una connotación positiva, lo cual me lleva de regreso a Loriga: “recuerdas lo que no tienes que hacer de nuevo y estás preparado para afrontar algunos cambios y sabes que todo lo mejor vendrá con los cambios pero tienes miedo de cerrar la puertas porque ya habías aprendido a manejar las antiguas desgracias; suele pasar, no es nada extraño, un héroe sin miedo es un héroe muerto”. Ruby es esa irrupción, es ese golpe en el cristal, es la presencia equivalente a la promesa y es, también, lo que llega a su mundo para mostrarle cuán equivocado estaba. Así, muchas de las mejores cosas que nos suceden vendrían a representar un camino. Un camino que no tomamos por miedo. Un camino sobre el que nos movimos sin suerte. Y, si somos afortunados, un camino que se nos aparece ante nosotros por segunda vez, como invitándonos a redescubrirlo. También lo escribió Loriga: “me gustaría que tuvieras un coche nuevo y que viajases siempre por carreteras bien iluminadas y que no lloviese todos los jodidos días, porque hay al menos siete caminos distintos por los que podrías volver a casa, y me gustaría que pudieses encontrar alguno”. ¿Cuál de todos es el correcto? Todos y ninguno. O todos a la vez. No. Mejor borro y reescribo. Creo saberlo: todo aquel que no sea perfecto. Todo aquel que, como el tiempo, nos ponga a prueba. 

………………………………………………………………………………………….

► [COMPILADO] Algunos momentos de Ruby Sparks:

………………………………………………………………………………………….

¡Llegamos al viernes con sección nueva!: ¿Cuál fue la película que marcó su semana? Ya sea una que hayan visto por enésima vez como un estreno que vieron en cine, o también alguna sobre la que hayan pensado particularmente; justifiquen sus respuestas :P – Por otro lado, me gustaría saber en qué momento dejan de “salir” y están dentro de su mundo y de qué se compone el mismo, cómo lo arman, en qué momentos son más ustedes que en otros;  ¡Nos reencontramos el lunes 20 después de mis vacaciones! (de todos modos, mañana les dejaré un Open Post); ¡Que tengan un excelente fin de semana!

 ………………………………………………………………………………….

[OFF TOPIC] ¡Buenas noticias! Ya está online la base de datos de Cinescalas (The Cinescalas Movie Database :P ) para que puedan consultar mis puntajes y organizar la lista de pendientes; acá mismo ingresan para verla y ya pueden usar el buscador y bajarse el archivo en PDF; como verán, la lista empezó acotada porque quería ir probando la tabla, en estos días la voy actualizando; lo piden, lo tienen; ahora sí, enjoy!

 ………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………..

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” Y POR TWITTER, DENLE “FOLLOW” AL BLOG ACÁ; ¡GRACIAS!

A Kind of Magic

“I couldn’t see you when you were here, and now that you’re gone, I see you everywhere”

Ruby Sparks es la segunda película de la dupla Jonathan Dayton-Valerie Faris, que llega seis años después de Pequeña Miss Sunshine. Contrastada con su exitosa ópera prima, se trata de una rareza. Va a contramano de todo lo que el matrimonio hizo en su anterior film, como si adrede no quisieran que los comparásemos (dejemos a un lado que el núcleo es el mismo: indie de principio a fin). En primer lugar, la historia está reducida a dos protagonistas: Calvin (el gran Paul Dano), un joven escritor con la presión de superar su primera novela; y Ruby (Zoe Kazan, eterna actriz secundaria sobre quien hablamos acá), el personaje que Calvin inventa para superar su bloqueo narrativo, de quien se termina enamorando y quien finalmente cobra vida. En segundo lugar, la película está escrita por la propia Kazan (nieta nada menos que de Elia Kazan), con lo cual la visión global/familiar de Michael Arndt en Pequeña Miss Sunshine acá se cambia por un enfoque más romántico/idílico/juvenil. En tercer lugar, la banda sonora de Nick Urata es íntegramente instrumental y realza las secuencias de un modo mucho más agresivo (e incluso oscuro) que las canciones de DeVotchKa (de por sí más optimistas, con el despliegue instrumental como motor). A estos elementos se le suman otros, como las referencias literarias más trilladas, que oscilan entre Fitzgerald y Salinger. Sabemos que la figura del autor de El guardián entre el centeno ha sido caballito de batalla de muchísimas películas, que van desde la brillante Las locuras de Igby (que se basa en Holden Caulfield), pasando por Descubriendo a Forrester de Gus Van Sant (que se basa en Salinger como autor recluso) hasta Los excéntricos Tenenbaums (que se basa indirectamente en la familia Glass). En ese sentido, Kazan usa la referencia con menos originalidad que Wes Anderson (quien nunca necesita decirnos el origen de su inspiración para que podamos captarla), y hace lo que varios antes: usar el homenaje como gesto vacío, como si supiera que todos vamos a sonreír al ver a Dano componiendo una suerte de Salinger moderno. Sí, claro. Cómo no hacerlo. Pero debería haber más. Debería, también, poder contarse una historia que no remita directamente a Stranger Than Fiction o Adaptation. Una historia que se valga por sí misma. Afortunadamente, la hay.

Luego de precipitarse a presentar el conflicto (el autor que hace que su personaje cobre vida), Ruby Sparks deja el asombro inicial de lado para meterse en un terreno que excede las derivaciones sobre la literatura y sus pormenores. Así, se va convirtiendo en una película que habla del amor como suceso mágico, desprendido de toda lógica, que no pretende reflexionar sobre el rol del autor (de otro modo hubiese sido mucho más intrincada, y sin elementos para defender esa complejidad) sino sobre qué sucede cuando en una pareja uno pretende cambiar al otro. Calvin tiene el poder de, cada vez que detecta algo sobre Ruby que puede implicar una amenaza a su estabilidad emocional, sentarse a escribir un nuevo acontecimiento o rasgo de carácter sobre ella y que eso inmediatamente se traduzca en la realidad. De esta manera, cuando advierte que va a perderla, procede a describirla como una mujer dependiente. Cuando percibe que esa dependencia puede resultar dañina, le inyecta una dosis de exaltación permanente, impidiéndole tener altibajos. Y así sucesivamente. Bajo esta perspectiva, Kazan va convirtiendo ese relato indie inicial en un film con un subtexto mucho más denso y lo hace con un minimalismo de recursos que le juegan a favor. Lentamente va desechando lo adorable (el montaje del comienzo de la relación entre autor y musa, por ejemplo), va esquivando algunos traspiés (escenas que cumplen un propósito único y evidente, fácilmente prescindibles, con personajes ídem) y se va metiendo de lleno en lo que sería el verdadero corazón de la historia: un hombre que tiene miedo a quedarse solo, que lucha contra un pasado de niño genio y que obliga a su novia a ser un apéndice de él más que alguien con entidad propia. Calvin es un egoísta. Ruby, por el contrario, es la creación que lo va a ayudar a cambiar su visión del mundo (o, mejor dicho, a ampliarla). Al elegir ese camino narrativo, Ruby Sparks termina siendo una de esas películas que utilizan todo un imaginario como vehículo para un planteo simple que, si nos detenemos en la primera escena, en realidad está presente desde su inicio. Incluso con sus desniveles, su ingenuidad, sus escenas tan iguales a otras, es un film acerca de cómo, en nuestro afán por querer tener control sobre las cosas, terminamos alejándolas y de cómo, si realmente nos jactamos de amar a alguien por lo que es, nunca debería existir la maldita necesidad de cambiarlo.

Les dejo el trailer de Ruby Sparks:

Si la vieron, ¿Qué les pareció Ruby Sparks? Si no la vieron, me gustaría saber qué personaje de la literatura les gustaría que cobrara vida (mi voto va para Franny Glass); ¡comenten! ¡buen martes para todos!

……………………………………………………………………………………

OFF TOPIC: Aprovecho para felicitar a Saravah, el grupo detrás de Un chico y una chica, el corto ganador del concurso “Filmá tu propia escena de película”; en breve me contactaré con ustedes para hacerles llegar los premios; ¡felicitaciones también al resto de los participantes! ;)

…………………………………………………………………………………

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” Y POR TWITTER, DENLE “FOLLOW” AL BLOG ACÁ; ¡GRACIAS!

La escena del día: Little Miss Sunshine

“Fuck beauty contests. Life is one fucking beauty contest after another”

Post dedicado a Vero

Más allá de que Pequeña Miss Sunshine tuvo sus menciones en el post de las mejores películas sobre viajes y en el de las mejores películas sobre la familia, necesitaba de cierta autonomía. Acá estamos. La escena elegida, más allá de que fue impulsada por motivos personales, también responde a una razón: como ya saben, me gustan las secuencias en las que la música puede ser disparadora de una determinada situación. En este caso, cuando toda la familia Hoover decide subirse al escenario para bailar junto a Olive, Jonathan Dayton y Valerie Faris, trayendo a su ópera prima las influencias de su trayectoria como realizadores de videoclip, crean una escena que, si la extrapolamos, podría funcionar como un cortometraje. A fin de cuentas, en ella está todo lo que aborda la película, pero sintetizado. ¿Qué vemos cuando vemos bailar a los Hoover? La omnipresencia del abuelo en el recuerdo, la necesidad de tener un gesto de comprensión, el amor como principal impulsor de una acción de compañerismo. De todas maneras, si hay un rasgo que define a esta escena y al film en general es la ausencia de barreras, de nomenclaturas, de rótulos. Porque, aunque continuamente se repitan las palabras “winners” y “losers”, acá el foco está puesto en lo que hay en el medio. Y en el medio están esas personas que no responden a una categoría porque, lisa y llanamente, son personas libres. Porque nada dice libertad como todos ellos bailando juntos. Porque todo es relativo. Por eso, el concepto de familia puede pasar por empujar una camioneta juntos o por dar un consejo justo en el momento indicado. Como sea, Pequeña Miss Sunshine nos incita a serle fieles a nuestra esencia y a olvidarnos, cada vez que podamos y por mucho que nos cueste, de la tajante percepción de los demás.

Mirá la escena del baile de Little Miss Sunshine:

¿Vieron Little Miss Sunshine? ¿Qué les pareció? ¡Comenten!; de yapa, propongan una escena que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES DE CINESCALAS POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ. Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Esos grandes finales de película

Taringa

Foto: Taringa

Empecemos con un lugar común: sí, hay un montón de finales memorables en el cine. Pero, más allá de los clásicos (Casablanca, por ejemplo), todos tenemos nuestros favoritos, esos que serán poco populares pero que nos han traumado o maravillado. El mío es el de Petróleo sangriento, seguramente porque me remite a Kubrick, porque es un delirio, porque Daniel Day-Lewis dice la frase “I drink your milkshake” y porque lo dirigió Paul Thomas Anderson, un amigo de la casa (?). Otro que me impactó recientemente fue el de la gran película de Ben Affleck Gone, Baby, Gone, cuya última secuencia demuestra que Ben es mejor director que actor. Y así podría seguir por un rato largo (sobre todo si me meto con Viridiana), pero la idea es usar estos ejemplos como disparadores para que ustedes compartan, en este espacio, los suyos.

¿Cuál es tu final de película favorito?