Inherent Vice: El eterno noir, el humo del cannabis y los endemoniados 70

Fuente: amazingcinematography.tumblr.com

Hoy en Cinescalas escribe: Victoria Leven

“Ella vino por el callejón y subió las escaleras traseras, como antes. Hacía un año que Doc no la veía. Que nadie la había visto. Por entonces iba siempre en sandalias, con la parte de abajo de un bikini estampado de flores y una camiseta desteñida de Country Joe & the Fish. Pero esa noche vestía de pies a cabeza como una chica de tierra adentro y llevaba el pelo mucho más corto de lo que él recordaba: la pinta que ella juraba, en el pasado, que nunca tendría. – ¿Eres tú, Shasta?” (Primer párrafo Inherent Vice / Thomas Pynchon – 2009)

Inherent Vice es el último film del magistral realizador Paul Thomas Anderson, que tuvo una fugaz presencia en la cartelera porteña, aunque espero que ocupe un digno espacio en nuestra memoria andersoniana. Por mi parte, aún permanezco felizmente atrapada en su psicodélica red de fotogramas, y en esa mirada desencantada sobre ese momento tan controvertido como idealizado: los años 70. Una de las peculiaridades del film es que el guión es una adaptación de la novela del autor postmoderno Thomas Pynchon, siendo la primera vez que una de sus obras literarias llega a la pantalla, ya que es ”la más viable de ser transpuesta” según los dichos del mismo Anderson, un amante confeso del escritor.

El realizador encontró en Inherent Vice intereses estéticos, temáticos y una percepción fuertemente visual de la realidad. Véase que para su adaptación hizo un trabajo de hormiga a la vieja usanza: página a página del libro llevó el universo literario al guión cinematográfico, y luego de obtener esa montaña de carillas guionadas de la obra, empezó a esculpir la versión final. La intención clara era que la película fuera realmente una pieza íntimamente relacionada con el libro y, por supuesto, con el “mundo Pynchon”. Resultado de oficio: impecable adaptación. Las capas de la trama se trazan desde el corazón del cine negro americano, ese género que conocimos de la mano de Humphrey Bogart en la duras calles nocturnas de los 50, y que ahora en este neo-noir que es Inherent Vice nos sitúa en la psicodélica y turbulenta década del 70, bajo el pleno sol ardiente de California.

Fuente: amazingcinematography.tumblr.com

Larry “Doc” Sportello, en la piel de Joaquin Phoenix, es el detective solitario y bien conectado con lo más variopinto y pútrido de la sociedad – FBI, Policía de Los Ángeles, hampa tradicional y demás – que en lugar de hundirse bajo el líquido ambarino del whisky, vive humeando marihuana y es adicto a una medusa rubia, la clásica femme fatale, ahora con look de bonita hippie, “Shasta Fay”, quien además es su ex novia. Así es que una noche la blonda se le aparece en el living de su casa, cual imagen alucinada, buscando desesperadamente su auxilio profesional. El punto del caso es que Doc debe dar con el paradero del actual amado de su ex, el afamado “Mickey” Wolfmann, un magnate del palo inmobiliario que podría ser víctima de un plan macabro en manos de su mujer (la legal) y el amante de la misma, que buscan embolsarse la cuantiosa fortuna de Mickey. El desarrollo de la trama policíaca se trae en manos un enmarañado contenido de información dramática casi indescifrable, pero que, fiel al género, deja entrever que todos están en alguna transgresión legal y/o moral: “todos saben algo de alguien, todos son adictos a algo: drogas, sexo, dinero, poder, y por qué no, trascendencia espiritual”. Los tips de la búsqueda están pincelados con unas peculiares notas de Doc en su libreta detectivesca: “estado de paranoia, sentimiento de culpa, esto no es una alucinación” y otras aclaraciones existenciales.

En el devenir de la historia hay una mixtura colorida de temas y personajes: hippies, chakras, astrología, ouijas, coachs espirituales, cannabis, heroína, ácido, neonazis, afroamericanos, indios, orientales, surfers, dentistas, prostitutas, médicos, magnates, y la lista sigue. Todos están juntos tras la gran fantasía de encontrar una realidad trascendente, o más aún, una verdad trascendental con sabor a peyote y tras un clan de falsos gurúes. En esta gran sátira social, el humor se vuelve una pieza clave para analizar las grandes creencias de la época, sus modas, sus banalidades y una locura entre naïf y decadente. Durante mi paseo cinematográfico en el interior de Inherent Vice, mi cabeza viajó directo a un claro recuerdo: la primera vez que vi The Big Sleep de Howard Hawks, pues en ambos films entendí menos de la mitad de lo que los personajes se dicen en los infinitos diálogos contrapuntísticos, decenas de palabras en las que van y vienen una maraña de datos absurdos acompañados de acciones cuasi delirantes. Pero eso que parecería negativo es, en esencia, el encanto de ambas películas, infinitamente lejanas a la lógica del policial de intriga.

Fuente: amazingcinematography.tumblr.com

“Estados Unidos es una madre adicta a la heroína, ¿y tú qué harías si tuvieras una madre adicta?” - (Inherent Vice / Tomas Pynchon)

Lo más importante yace en el subtexto, en el contexto del relato, en la eterna contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Por otro lado, los personajes mienten la mayor parte del tiempo, entonces, ¿para qué esforzarnos en creerles? BEWARE OF THE GOLDEN FANG!!! le dice Bambi, una prostituta oriental, a Doc en una escena del film. Nada sabemos sobre “The Golden Fang”, si es una banda de surf sax, un lugar lejano, un barco en el horizonte, un sindicato de dentistas o unos orientales traficantes de heroína. Los personajes y las cosas tienen tantas caras, son tantas cosas superpuestas que se revelan y luego se vuelven a revelar, para que nunca logremos llegar al fondo del hoyo del conejo de Alicia. Mientras tanto, nos acompaña una bella voz en off que entra y sale del film – elemento creado por Anderson por fuera de la novela -, que le pertenece a la joven cantante Joanna Newson, quien aquí juega el papel de íntima amiga de Doc. Esta pitonisa nos trae hilos de pensamientos, como acentos reflexivos, acercándonos aún más a las emociones de nuestro detective romántico-hippie. La magia de Inherent Vice está en el estado que genera, en su textura de evolución disgresiva, en el limbo narrativo, un mambo pesadillesco donde lo continuo y lo incompleto parecen tener la estructura de los sueños donde siempre el foco está en lo que sucede sin que opere nuestro control, donde todo puede ser cómico o trágico a la vez. Con una mirada de segundos planos, se pone el foco en la fotografía social, dejando ver una red vincular que pone bajo la lupa a esa mítica ciudad de las estrellas, con una siniestra marca al orillo, la del demoníaco estilo Charles Manson. Así, el ojo de Gran Hermano, ese Estado que observa cada una de las piezas del tablero, controla todo como un fantasma omnipresente. El film expone bajo la perspectiva postmoderna ese momento cultural extinto, y desnuda el quiebre en el que el ideal hippie cae en un punto alucinado y absurdo para terminar alimentándose del sistema, queriendo ser parte de él, lejos de toda salvación espiritual posible o certera. Por eso, el policial noir es inmanente a este universo de desencanto, desilusión y dilución.

El clima de la película, con olor a marihuana y transpiración acumulada, hace de marco de esta parodia, que ironiza las aspiraciones post-post Segunda Guerra Mundial, picando en paralelo con Nixon y Vietnam. “No es una esvástica, es un símbolo hindú que significa que todo lo bueno trae fortuna y bienestar” le dice el médico de un psiquiátrico a Doc en una escena de la película. Joaquin Phoenix, de lo más poco atractivo (en el buen sentido) en su rol de “Doc”, es la antítesis de la elegancia de Jack Nicholson en Chinatown, entre otras cosas por una severa falta de higiene personal. A él se suma su álter ego, “Big Foot”, el policía malo de L.A. o la versión de su sombra bizarra, que está encarnado de manera impecable por Josh Brolin. “No puedo perder la calma en un mundo tan absurdo” define, para mí, la forma de actuar de Doc, quien mientras se enciende un porro analiza los hechos del caso. Hay mucho humo de marihuana pero no hay alucinaciones como efecto post-fumada, ya que “no hace falta alucinar si el mundo ya es una alucinación absurda”. Pero más allá de esta arbitraria sociedad, siempre se puede ser romántico. La esencia clave de Sportello es su amor rescatista. Pues el amor salvador que él tiene por la fatal Shasta representa el fiel deseo de que no termine el sueño hippie – el sueño bueno – y que el mal sueño, ese en el que todo se ha convertido en la peor versión de sí mismo, no se haga realidad, aunque eso es absolutamente inevitable. Pero mi querido Doc, como buen detective de género, sostiene su peinado y su sueño hasta el final. Solo o acompañado. “Esperar que pasara alguna cosa, lo que fuera. Como que un canuto olvidado se materializase en su bolsillo. Como que los de la patrulla de carreteras se acercasen pero prefiriesen no incordiarle. Como que una rubia inquieta en un Stingray parase y se ofreciese a llevarle. Como que la niebla se disipase, y que, por esta vez, sin saber cómo, hubiera allí otra cosa” reza en la novela de Pynchon. ¿Finalmente el poder y el dinero pueden con todos los ideales? Suena ingenua mi pregunta, pero la respuesta que da el film no lo es en absoluto. Paul Thomas Anderson se hermana con la mirada de Thomas Pynchon para dejar a plena luz del Sol este desproporcionado, ambiguo y contradictorio universo humano. Todos quieren creer, nada hay para creer. No more dreams. La realidad es puro vicio.

Por Victoria Leven

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Inherent Vice:

Inherent Vice - Trailer from Aspect on Vimeo.

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► [DE YAPA] Un imperdible estudio sobre el cine de Paul Thomas Anderson:

The Career of Paul Thomas Anderson in Five Shots from Kevin B. Lee on Vimeo.

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► [OTRA YAPA] Siete afiches alternativos de las películas de Paul Thomas Anderson en una misma galería:

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¡BUEN MARTES PARA TODA LA MUCHACHADA! En este nuevo post, dos consignas: 1. ¿Vieron Inherent Vice? ¿Qué opinión tienen del film? 2. Me gustaría que hiciéramos un ranking de menor a mayor de las películas de Paul Thomas Anderson y que nos explayemos sobre su filmografía; nos reencontramos mañana con un post sobre Into the Woods y las peores moralejas que ha dado el cine; ¡hasta entonces, muchachada, los leo!

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*ESTA SEMANA:

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES:

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 La última vez escribieron Soledad Lamacchia, Ana Mancuso y Florencia Romeo sobre… MAD MEN

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“¿No te gusta Zoolander?” – “Adiós para siempre”

Como el post de ayer lo puso en evidencia, no hay aspecto del cine más enriquecedor que los debates que se desprenden del mismo, debates que colaboran a replantearnos aquellas opiniones que parecían inalterables. Siguiendo esa temática, me parecía interesante que abordemos la polémica ya no tanto desde el análisis más formal y/o sesudo sino desde lo lúdico. Por ende, llegamos a este post que les venía prometiendo desde hace un tiempo. Todos los cinéfilos tenemos esos puntos débiles que, al ser golpeados por una sentencia ajena, ponen a prueba nuestro nivel de tolerancia. ¿Qué frases nos resultan simplemente inadmisibles? ¿Con qué percepciones no podríamos concordar nunca? Yo voy con Zoolander. Porque una vez, en plena cita, alguien atinó a hablar mal de la película de Ben Stiller y mi decepción fue indisimulable. Ahora los leo a ustedes, quiero conocer cuáles son sus “relax”, esos disparadores que desatan, como le pasó a Derek, su más sentida furia. ♦

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 *GRACIAS A LOS RESPONSABLES DE LA FANPAGE ADIÓS PARA SIEMPRE POR ESTE FLYER COSTUMIZADO:

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¡BUEN MIÉRCOLES, MUCHACHADA! En este día, la consigna es que mencionemos esas opiniones cinéfilas  - que pueden llegar a ser impartidas por nuestro entorno – que nos harían decir “ADIÓS PARA SIEMPRE”; espero sus comentarios, estimo que este será otro de esos posts lúdicos para el recuerdo; por otro lado, les cuento que la semana que viene voy a estar cubriendo el Festival Internacional de Cine de las Tres Fronteras desde Misiones; por lo tanto, les dejaré un Open Post ya que me será imposible actualizar con normalidad; ¡gracias por la paciencia eterna, hay muchas novedades en el futuro, se los prometo! ¡Nos reencontramos el lunes 27!

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NUESTRA REACCIÓN ANTE ALGUNOS COMENTARIOS IMPERDONABLES…

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La peor película para…mantenerte despierto

Supongo que les pasará lo mismo: cuando una película tiene todos los componentes para agradarnos (como mínimo) y deslumbrarnos (como logro máximo), pero el resultado termina siendo opuesto, la decepción es aún mayor. La decepción se convierte en enojo y el enojo, a su vez, desemboca en preguntas como “¿Por qué dirigió esto?”, “¿Qué lo llevó a actuar tan mal?”, o en afirmaciones como “Ni siquiera x salva este film” o “Voy a tratar de olvidarme que esta película existe y hacer de cuenta que x no la dirigió ni x la protagonizó”. Todo esto me sucedió con ¿Cómo saber si es amor? Permítanme hacer un repaso de los nombres involucrados en esto: James L. Brooks (quien además de ser el realizador de películas como La fuerza del cariño y Mejor…imposible también produjo grandes films como Quisiera ser grande, Say Anything, Jerry Maguire, Bottle Rocket, etc.), Paul Rudd (no sé ustedes, pero yo lo banco desde Clueless hasta la reciente This Is 40), Reese Witherspoon (Tracy Flick, todo dicho), Owen Wilson (creo que acá la aposición/explicación estaría de más) y Jack Nicholson (ídem al caso anterior). Pero le quiero sumar algo: la premisa del film es mostrar cómo la vida está llena de interrogantes y casi nunca tenemos la seguridad de estar haciendo las cosas bien, temática que siempre me atrajo (más ahora, ya cerca de los 30). Lamentablemente, en la película nada funcionó como esperaba. No hay química entre los personajes (y no solo me refiero a los vínculos románticos), algunas subtramas resultan forzadas e inverosímiles para el planteo realista que tiene el film (como aquella que protagoniza Nicholson) y todo lo que se cuenta se hace desde lo anodino y lo seguro. No debería extrañarme si pienso que Brooks venía de Spanglish, película que no solo amaga a salirse de la fórmula sino que se echa para atrás en un final donde el director traiciona todo aquello que tan bien le salió en Mejor…imposible: la coherencia con sus personajes, sus necesidades, sus resoluciones. ¿Cómo saber si es amor? sigue la misma línea y se convierte en uno de esos films que parten de un disparador atractivo, simple, identificable, pero lejos de mantenerlo en ese estado, su realizador se empaca y busca adornarlo, para eventualmente alargarlo, embarrarlo y contaminarlo con situaciones tan prescindibles como olvidables.

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► Algunas imágenes de ¿Cómo saber si es amor? (a ver si resisten la musicalización del trailer):

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► Otra película que me aburrió (perdón a quienes les gusta) es Los miserables; les dejo el Honest Trailer de la misma, es muy divertido, no se lo pierdan:

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¿Cuál es la peor película para mantenerte con los ojos abiertos? Lo cual es otra forma de preguntar: ¿cuál es la película ideal para quedarse dormido?; como siempre, espero sus aportes y los invito a proponer otro “La peor/mejor película para…” para un viernes futuro; ¡nos reencontramos el lunes!

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La última vez hablamos sobre la mejor película para… conquistar a alguien

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Deathmatch: Personajes de Wes Anderson

Ilustración: marinaesque.tumblr.com

*Deathmatch propuesto por: Ana

Creo que muchos coincidiríamos en mencionar a la sensación de escape como una razón primordial por la cual amamos el cine. Pero pensándolo detenidamente, ¿cuántos directores realmente logran materializar esa sensación? ¿Cuántos logran la construcción de mundos imaginarios que responden, más que a ninguna otra cosa, a la imperiosa necesidad de cambiar de ámbito, o de simplemente salir del ámbito en el que se está inmerso? Muy pocos. Uno de ellos es Wes Anderson. Si bien ya escribí sobre él hace muy poco con motivo del estreno de Moonrise Kingdom, quise aprovechar la propuesta de Ana para hacer hincapié en esa configuración de microuniversos. Micro para quien los ve desde afuera, macro para quienes lo habitan. Hace poco, leyendo una novela, un personaje alude a la chica de sus sueños describiéndola de la siguiente manera: “Margo amaba los misterios. Los amaba tanto que se convirtió en uno”. Me gustó esa idea, o esa realidad casi irrefutable de que uno es, en efecto, lo que ama (“you are what you love”). Por eso, en la difícil tarea de elegir un solo personaje de un director que los describe tan bien por igual, me quedo no con uno sino con la pareja Richie-Margot. Porque si uno es lo que ama, entonces ellos son un mundo donde hay una carpa amarilla, luces de colores, un globo terráqueo y discos de Nick Drake. El perfecto mundo de ensueño al que quisiera pertenecer. 

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► El cine de Wes Anderson en poco más de dos minutos:

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► “From Above”, un gran video homenaje a Wes:

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¿Cuáles son sus personajes favoritos de toda la obra de Wes Anderson, desde Bottle Rocket hasta Moonrise Kingdom?; dejen sus aportes y, de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡Nos vemos mañana, muchachada! (y con un post bastante especial, así que los espero sin falta ;) )

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DEATHMATCH WINNERS: MARGOT Y RICHIE

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La última vez enfrentamos a… ELLEN RIPLEY con SARAH CONNOR

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La historia de mi vida

Recuerdo una escena de Marley y yo en la que a John Grogan, el personaje interpretado por Owen Wilson, le ofrecen una estabilidad laboral y económica a cambio de un bien preciado: su propio deseo profesional. Vemos cómo su rostro se transforma a medida que su mente va procesando cuál es, en definitiva, la mejor decisión. Porque no está solo. Tiene una familia. No puede analizar el panorama individualmente. Cuando pensé en la consigna de hoy, en cuál sería mi respuesta, esa escena y otras tantas similares del film de David Frankel se me pusieron enfrente. Porque, más allá de Marley, más allá de si lloré o no con ese final, lo que más me inquietó de esta película es lo realista de su planteo acerca de, justamente, las decisiones que vamos tomando y los sacrificios que vamos haciendo. No. En este presente no tendré una familia propia, pero sí me estoy enfrentando continuamente a qué quiero y qué no, a qué tengo que dejar ir, a qué tengo que recuperar. Marley y yo habla sobre el factor impredecible, sobre el destino cuando mete la cola, sobre la vida cuando se nos da vuelta. Y sobre los nervios, esos inexplicables agridulces nervios, que todo eso puede generar.

Si tuvieran que elegir una sola película que defina sus vidas hoy en día, ¿cuál sería esa película y por qué? Pueden explayarse sobre Marley y yo también, si quieren; ¡Comenten! ¡Buen miércoles!

(mañana se me hará imposible postear, así que nos reencontramos el viernes ;) )

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