Yo elijo estar acá

“Believe me when I say that I wouldn’t have it any other way”

“It’s gonna hurt. It’s gonna hurt because it matters”. A diferencia de otros sentimientos, uno no busca el dolor adrede, no lo persigue, no lo incentiva. Quizás por eso el dolor nos deja en un estado de familiar comodidad. A veces es más sencillo ponerse en el rol de víctima que hacerse cargo, porque hacerse cargo nos demanda un trabajo mayor. Nos demanda lidiar con otro sentimiento aún menos placentero y aún más complejo (el miedo) y nos obliga a responder el frecuente interrogante de “¿por qué me pasa esto?” con otra pregunta: “¿Por qué no?”. Sin embargo, el dolor no se encuentra tan distanciado de la felicidad como parece. Ambos llegan como de súbito, ambos nos someten y ambos nos vuelven más dificultosa la tarea de concentrarse en algo que no sea o bien la excitación o bien la desazón. Por eso me gusta mucho la frase que escribe Matt Berninger en “Pink Rabbits”: “I didn’t ask for this pain, it just came over me”. Se trata de una afirmación por demás ilustrativa, casi que uno se puede imaginar al dolor como una ola que te pasa por encima. “It wasn’t like a rain, it was more like a sea” también escribe y pienso que es verdad. El dolor busca tumbarte. Eso no lo hace la lluvia. Eso solo lo puede hacer la corriente, la misma que, como vimos hace poco, arrastraba a Adéle cuando las gotas en otra de sus formas (en forma de llanto) la empujaban de un lado a otro, sin dejarla plantada, segura, entera, en ninguna parte. Adéle a la deriva. ¿Pero qué hay con esa frase de The Fault in Our Stars que dejé al comienzo? Sí, la ola nos sobrepasa, nos hace pendular, nos mueve a su antojo. Pero el movimiento lo sentimos, el pendular lo sentimos, lo sentimos todo. Todo el peso encima. Lo que ocurre es que cuesta verlo. Al estar debajo del agua, de las lágrimas, de las gotas, de la lluvia, de todo aquello que empapa y enfría, pensamos que la tristeza es lo único que importa. Pero no. Si el dolor se instaló es porque hay otra cosa que siempre importó más. “I literally feel nothing. Like, maybe I’m numb but I don’t even feel numb, I feel nothing” dice Hannah Horvath en uno de los últimos episodios de Girls apropiadamente titulado “Dead Inside”. Entonces, ¿quién querría eso? ¿Acaso no es más atractiva la alternativa de hacer concesiones con el dolor? Si yo siento tanto, la caída será igual de profunda. Si me preservo, probablemente esa caída se amortigüe. De cualquier manera o bajo un golpe más o menos certero, la caída es siempre inevitable. “That’s the thing about pain” dice Augustus Waters en la novela de John Green: “it demands to be felt”.

“I’m exhausted, i’m exhausted, there’s never been a cloud in the sky for you; without this what will I do?”

Para la consigna que les propongo hoy pensé en dos personajes literarios llevados a la pantalla grande. Craig de It’s Kind of a Funny Story y Hazel de The Fault in Our Stars (a estrenarse este año). Curiosamente, tanto Ned Vizzini como John Green basaron sus creaciones en experiencias personales. Craig es el álter ego de Vizzini y Hazel, el de Esther, una amiga de Green que murió de cáncer. Puede que la asociación de hoy la haya formulado por el estado con el que ambos conviven. Craig con depresión y Hazel con cáncer. Puede que la asociación la haya formulado, también, porque son dos prototipos de personajes Young Adult. Sin embargo, no es por eso que aparecen juntos en este post. Me gusta cómo ambos se dan a conocer en el primer párrafo de los respectivos libros que los contienen. Lo de Craig es más duro (y mucho más si uno piensa en la decisión de Vizzini de acabar con su vida hace unos meses) pero igual de elocuente: “It’s so hard to talk when you want to kill yourself. That’s above and beyond everything else, and it’s not a mental complaint, it’s a physical thing, like it’s physically hard to open your mouth and make the words come out”. Craig es directo y Craig es, como se revelará a lo largo de todo su relato, bien pragmático. Se conoce mejor que nadie y sabe cuándo va a recaer y cuando va a sentirse más conectado. Tanto así que le pone nombre a las sensaciones. Y a esa ola a la que me refería más arriba la apoda “the shift”, algo así como el proceso en el cual estás por ser tumbado y te estás dando cuenta pero tu cuerpo no te obedece y no te podés correr de lugar. Hazel, en cambio, es más irónica en su introducción: “Late in the winter of my seventeenth birthday, my mother decided I was depressed, presumably bacause I rarely left the house, spent quite a lot of time in bed, read the same book over and over, ate infrequently, and devoted quite a bit of my abundance free time to thinking about dead”. Hazel también se conoce y Hazel tampoco se resguarda.

Ambos hablan de sí mismos porque no hay otra manera de enfrentar las cicatrices y ambos parecen estar continuamente haciendo una distinción entre quienes están “dañados” y no lo ven y quienes se autodefinen de ese modo y lo dejan al descubierto, con el corazón en la mano, porque el costo de aparentar una perfección es lo que los conduce a la explosión casi instantánea. Asimismo, en ambas historias sobrevuela algo que no puedo definir de otra manera que no sea con la palabra ruido. Es la concepción de ruido la que cambia. Por ejemplo, el ruido para mí es cuando quiero escribir y no me sale nada cohesivo o cuando alguien de mi familia se enferma y yo me obnubilo y pienso que me va a pasar la ola por encima. El ruido para Craig no es la depresión. La depresión es la forma con la que él puede lidiar con todo lo demás (las amistades superficiales, la insatisfacción, etc.): “some people get drunk, some people do drugs, some people get depressed. Because there’s so much stuff out there that you have to do something to deal with it”. El ruido para Hazel, en cambio, sí es la depresión, ya que toma ese estado como una consecuencia del resultado que puede depararle la enfermedad: “depression is not a side effect of cancer, depression is a side effect of dying”. Lo que me atrae de la manera en la que se emparentan ambos personajes es que tanto en uno como en el otro relucen las conexiones con un brillo único. Lo que hablamos siempre por acá del individuo como rompecabezas a medio armar (cuando no se relaciona con otro), Craig lo vislumbra al dibujar mapas, incluso el mapa de su propia cabeza, hecho mediante el cual aprende a trazar, unir, asociar, mirar a gran escala. Lo mismo sucede con Hazel y su percepción de las estrellas, de cómo sus pensamientos no pueden ser unidos en constelaciones. Como si nada tuviera sentido si no hay una irrupción. Afortunadamente, la irrupción llega.

Los primeros capítulos de It’s Kind of a Funny Story y The Fault in Our Stars

Noelle y Augustus no son meros interesantes románticos de Craig y Hazel. Tampoco son meros reflejos. Son la inspiración que los lleva a tomar decisiones. Está bien, sí, elegir es un acto estrictamente personal. ¿Lo es? Quizás el decir “yo elijo esto” y llevarlo a cabo, pero el camino previo se asemeja más a una empresa conjunta. No hablo solo de recibir consejos que ayuden a decidir. Hablo de que alguien nos despierte para elegir dar un paso. Hazel comienza su historia hablando sobre An Imperial Affliction, su novela favorita, y nuevamente aborda las conexiones: “sometimes you read a book and it fills you with this weird evangelical zeal, and you become convinced that the shattered world will never be put back together unless and until all living humans read the book”. Es ése libro el que la hace sentir menos sola, en esencia porque explicita todo lo que ella sobreanaliza. Con Craig y los mapas pasa lo mismo, son el desafío que lo mantiene menos pavoroso ante la idea de estar despierto. Porque él anhela dormir, porque es el único momento en el que no piensa: “I didn’t want to wake up. I was having a much better time asleep. And that’s really sad. It was almost like a reverse nightmare, like when you wake up from a nightmare you’re so relieved. I woke up into a nightmare”. La aparición de Noelle y Augustus no sólo los conecta con la pulsión por sentir (sentir un viaje, sentir un beso, sentir una canción) sino con la pulsión por elegir. Augustus asegura que uno no elige ser lastimado, pero sí elige al que ocasiona ese dolor. No peyorativamente sino por lo que escribí al principio. Amor rima con pavor. Amor rima con dolor. Una cosa retroalimenta la otra. “I like my choices” dice él, pensando en Hazel, sobre el final de la novela. Lo mismo hace Craig. Él habla sobre ese “mejor hacer que pensar y pensar” de un melancólico verso estelar (“my brain doesn’t want to think anymore; all of a sudden it wants to do”) y se regocija en la acción: “Run home. Run home. Run home and enjoy. Enjoy. Take these verbs and enjoy them. You deserve them because you chose them. You chose to stay here. Live. Live. Live. Live”. Me duele pensar que Vizzini elegiría el verbo opuesto, pero si me duele es porque me importa el otro espectro. La alternativa. El estar acá. En el ruido. Buscarle la vuelta para que sintonice distinto. Para que no apabulle. Para que acompañe. Porque no hay un antídoto para esa ola, para las lágrimas, para el dolor. Porque, como le dan a entender a Craig, la vida no se cura: la vida se maneja. 

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► [TRAILER] El esperado adelanto de The Fault in Our Stars:

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► [ESCENA] El gran final de It’s Kind of a Funny Story:

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¡Buen día para todos! La consigna de hoy tiene que ver, sobre todo, con crossovers, es decir, ¿a qué personajes de distintas películas consideran similares y piensan que podrían dialogar en un mismo film? Me gustaría leer sus ideas de cruza de personajes para una nueva historia, como hice yo con Hazel y Craig o de cruza de actores+directores; de más está decir que quienes quieran hablar tanto sobre The Fault in Our Stars (novela y expectativas sobre su adaptación) como sobre It’s Kind of a Funny Story (novela y/o adaptación), también pueden hacerlo; a ver con qué salen en los comentarios, los leo; ¡Que tengan un gran martes!

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Ned Vizzini (1981-2013)

La escena del día: Una historia casi divertida

(tal vez me deprimo demasiado. tal vez me deprimo demasiado. tal vez me deprimo demasiado. tal vez me deprimo demasiado…bien)

“No me quería despertar. La pasaba mejor durmiendo, y eso era realmente triste. Era como una especie de pesadilla invertida. Cuando te despertás de una, por lo general te sentís aliviado. Pero yo me despertaba dentro de ella”, escribió Ned Vizzini en su novela semi-autobiográfica It’s Kind of a Funny Story, acerca de su breve estadía en un hospital psiquiátrico debido a una depresión aguda. La adaptación de Ryan Fleck y Anna Boden (los mismos de Half Nelson) podría ser tomada como otro intento más de aludir a Holden Caulfield sin mencionarlo, de reflejar una crisis adolescente con ciertas impostaciones o incluso podría haber intentando hablarle a un joven modelo, con preconceptos y todo, en una suerte de tarea manipuladora. Pero Una historia casi divertida se propone evitar esos caminos y aquellos que elige demuestran mesura (como la actuación de Zach Galifianakis), laconia, fragilidad. El alter ego de Vizzini es Craig, un chico de dieciséis años que quiere suicidarse y, a raíz de este impulso, se interna en un hospital. ¿Pero qué le pasa? ¿Qué es exactamente ese estado que está atravesando? O lo más importante: ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo sacar hacia afuera una aterradora cadena de pensamientos?

Craig lo intenta cuando empieza a dibujar (una sucesión de obras laberínticas, qué si no), cuando advierte lo que le molesta de los demás y cuando aprende a escuchar a quienes, con otras cargas en sus vidas, de algún modo padecen sensaciones similares a las suyas: el no saber cómo lidiar con los problemas cotidianos, el creer que es correcto ajustarse a las expectativas ajenas y, sobre todo, el no poder. No poder ver la solución a las cosas, no poder levantarse de la cama, no poder vislumbrar cómo proceder en el día a día. No poder. “No entiendo cómo puedo ser tan ambicioso y tan haragán al mismo tiempo”, expresó Vizzini y parece que de eso se trata todo. De ese espacio intermedio en el que no sentimos nada. Una historia casi divertida no polariza, no unidimensiona, no exacerba ni minimiza. Fiel a la novela, fiel a Vizzini, fiel a Craig, descansa en lo modesto (siendo el “casi/kind of” la palabra clave), sin darnos respuestas ni salidas instantáneas. Nos quedamos, en todo caso, con la intención de querer volver a sentir. A pedalear. A sonreír. A sacarnos la presión de encima.

Como cada jueves, les dejo la escena del día:

¿Vieron Una historia casi divertida? ¿Qué personajes adolescentes del cine recuerdan con más cariño?; de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡Gracias a todos! ¡Buen jueves!

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