¿Estoy sola en esto?

“I don’t have to shout, I have no reason and I have no doubt, I’m gonna get myself unfurled from this mortal coiled up world”Tom Waits

Domino es la mejor respuesta que puedo dar a la consigna de hoy, que surgió de un intercambio entre José Tripodero y Javier C. Porque si bien hay muchas otras películas que defiendo ante las lapidarias opiniones ajenas, la de Tony Scott es una sintomática de ese prejuicio sobre una determinada postura para filmar. Aunque no sé si el término “postura” es el correcto. Lo que hace es Scott es menos premeditado que visceral. Sin embargo, su cine es fácilmente repudiable, y en diversas ocasiones se lo inflama mediante contraataques algo cansinos que, a su vez, están derribando otras formas de arte. La crítica que mejor ejemplifica tal situación es esa suerte de nomenclatura que recibe su filmografía, esa de “videoclips sin contenido”, que no sólo es una observación peyorativa en relación a los videoclips sino además una lectura perezosa del cine del fallecido Tony. Mucho se ha escrito sobre la estética videoclipera, en líneas generales remarcando cómo la narrativa está supeditada al bombardeo de truquitos visuales, como si no fuera posible que a través de una decisión de montaje el componente humano pueda penetrar, socavar, aniquilar y conmover (para el caso, ver Under the Skin, la extraordinaria última película de Jonathan Glazer). Domino es precisamente eso: una película completamente retorcida en su puesta en escena, apuntalada por un guión no menos enrevesado de Richard Kelly (quien como director sabemos que también tiene esa cualidad en las venas), con abundancia de saltos temporales y una banda sonora que cobra protagonismo en los momentos más impensados, pero que, en medio de todo eso, discurre sobre lo anárquico de dejar un mundo de comodidad para dispararse hacia otro más radioactivo y sanguíneo. Con Domino y la mayor parte de sus películas, Scott, exorcizando a ese muchacho rocanrolero como él mismo se autodenominaba, hizo algo complejo: películas con vida, películas aceleradas, películas vertiginosas, que en simultáneo contrarrestaban ese prejuicio de que en las mismas no puede haber emoción o personajes pluridimensionales. No hay mejor homenaje a Domino Harvey que uno en el cual sus propias palabras son abordadas con la ferocidad como ley. Ella misma decía que a todos nos llega el momento de caer. Scott puso el acento en la previa, en todo lo que uno puede aprehender antes de la caída, como reasegurando que todo eso que uno hizo antes es, justamente, lo único que cuenta. 

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► [ESPECIAL] Un interesante informe sobre la realización de Domino y las obsesiones de Tony Scott:

Domino Featurette - "Bounty Hunter on Acid: Tony Scott's Visual Style" from Jean-Paul Bonneau on Vimeo.

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! ¡BIENVENIDOS DE VUELTA! En este día, el post que les había prometido: ¿qué películas defienden contra viento y marea, encontrando muy pocos aliados en el camino? Espero sus polémicos aportes y nos reencontramos el viernes (ando enferma estos días) con post de BEGIN AGAIN; ¡gracias por el aguante en este año tan movido! ¡que tengan un excelente día! ¡saludos para todos!

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Deathmatch: Mickey Rourke (antes) vs. Mickey Rourke (después)

*Deathmatch/Antes y después propuesto por: Carolina Torfano

Recuerdo que cuando se estrenó El luchador, el paralelismo entre lo que sucedía en pantalla con Randy “The Ram” Robinson y la vida de Mickey Rourke era tan sencillo de trazar como irresistible para cualquiera. Convengamos que los regresos con gloria – al menos cuando se los aborda periodísticamente – siempre tienen una cuota de obviedad y condescendencia. Porque entonces, cinco años atrás, nadie podía escribir sobre el film de Darren Aronofsky sin escribir también sobre la vuelta de Rourke. Incluso el propio director parece, de algún modo, estar explotando ese pasado del actor para que el relato funcione, como una estrategia, como una decisión calculada. Sin embargo, ese manejo de los hilos pierde artificialidad cuando la devolución es tan humana como la que hace Rourke, comprometida al extremo de que su cuerpo siempre parece a punto de quebrarse en mil pedazos. Ahí es donde la condescendencia muere. Ahí es donde Rourke renace. En ese tramo final del film, con ese discurso escrito por él mismo sobre su otra vida de boxeador: “When you live hard and you play hard and burn the candle at both ends… in this life, you can lose everything you love, everything that loves you. A lot of people told me that I’d never wrestle again, they said ‘he’s washed up’, ‘he’s finished”’, ‘he’s a loser’, ‘he’s all through’. You know what? The only ones gonna tell me when I’m through doing my thing, is you people here. You people here… you people here. You’re my family”. Después de esas palabras, Randy pelea, se tira al ring y viene ese fundido en negro, y viene esa canción de Springsteen. Esa que habla sobre alguien que le escapa a lo que le hace bien (“these things that have comforted me, I drive away, this place that is my home I cannot stay, my only faith’s in the broken bones and bruises I display”), sobre alguien autodestructivo. Pienso en ese carácter, en esa sucesión de llegadas y partidas, y me es imposible no recordar el ocaso de Rourke y no recordar, también, al Motorcycle Boy que aparece y desaparece, casi como una figura fantasmal, como la voz de la conciencia de su hermano. Y pienso que no solo en El luchador se vislumbra la vida del actor detrás del personaje, que en La ley de la calle también había una suerte de hecho premonitorio. Porque a Rourke, como a ese mito que es el chico de la motocicleta, no se lo puede predecir, domar, controlar, mantener en un mismo lugar. “Los peces pertenecen al agua” dice en el film de Coppola prácticamente susurrando. “No creo que peleen si se los arrojase al río, si tuvieran espacio para vivir”. Luego los contempla, contempla ese único instante de color de ese relato de peleas e iniciaciones, y a un policía que le dice “alguien tiene que sacarte de las calles” le responde con bella contundencia y sabiduría: “no, alguien tiene que echar a los peces al agua”. Por esa escena, por cómo se articula con El luchador, me quedo con el “antes”, un antes que, como se podrá ver, está armoniosamente ligado al después. ♦

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► [ESCENA 1] Mickey Rourke como “Boogie” Sheftell en la gran Diner de Barry Levinson:

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► [ESCENA 2] Mickey Rourke en uno de los mejores momentos de El luchador de Darren Aronofsky:

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► [DE YAPA] Uno de los más divertidos discursos de aceptación que he visto: cuando Rourke ganó el Independent Spirit Award:

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¿El Mickey Rourke de antes de las cirugías, el de La ley de la calle, Nueve semanas y media, y otros films? ¿El Mickey Rourke de ahora, después de las cirugías, en El luchador, Domino, etc.? ¿O ninguno porque no les termina de cerrar como actor? Dejen su elección en los comentarios y, de yapa, propongan una secuencia y/o versus (con “antes y después” incluido si así lo quieren) para debatir uno de estos jueves; ¡gracias a todos!

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¿MICKEY ROURKE ANTES O DESPUÉS?: ANTES Y DESPUÉS

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La última vez enfrentamos a… LA ANGELINA JOLIE DE ANTES con LA ANGELINA JOLIE DE AHORA

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Por favor, rebobinar: Las películas de los 80

“I don’t hate people, but I seem to feel better when they’re not around” - Henry Chinaski

En Factotum, Henry Chinaski se pregunta, al menos por un breve lapso de tiempo, acerca de su oficio de escritor (aunque en su caso no lo perciba como un oficio sino como algo que corre y corre, como el agua al dejar una canilla abierta). Chinaski gira sobre el tópico, primero aseverando que la muerte del escritor llega cuando él está con la atención centralizada en el afuera. Cuando lo alaban, cuando lo premian, cuando le dan una palmada en la espalda, cuando lo están incentivando, inconscientemente, a repetir fórmulas. Ahí muere la palabra, muere la comunión del escritor con ella, muere la intención primigenia, el tan necesario bullicio mental. “Cuando mejor escribo es cuando lo hago para mí”. Por eso, el álter ego creado por el autor Charles Bukowski efectivamente escribe para sí mismo, coherente a su visión de lo que debería plasmarse en el papel, eso que empieza primero como si fuera música y que del mismo modo concluye, siendo primordial el ritmo, lo que se gesta en el medio, algo así como la suma de acordes: “Las palabras no son aburridas, las palabras son las cosas que hacen a tu mente silbar. Las lees y te permitís sentir la magia, empezás a vivir sin dolor, con esperanza, no importa lo que te suceda”. Ese “no importa lo que te suceda” (el famoso “nevermind the romance” que enuncia en Factotum) es clave en la obra de Bukowski en general y en la película que nos ocupa hoy: Barfly (1987), donde por primera vez vemos en pantalla a la figura de Chinaski y en la piel de Mickey Rourke (la segunda sería en el 2005 en Factotum, interpretado por Matt Dillon, en una extraña simetría con su co-protagonista de La ley de la calle), en una desconcertante amalgama del Chinaski del papel con toques del Marlon Brando de la pantalla. “Los grandes hombres son quienes más solo se encuentran” escribió una vez Bukowski. El Chinaski de Barfly, el de Rourke, es precisamente ese hombre que está solo no porque la vida lo haya puesto en ese lugar, no porque lo lamente, no porque lo evada, más bien porque lo busca, porque lo quiere, porque en el fondo lo disfruta.

Cuando reconoce estar mejor en el momento en que tiene poca compañía, no nos miente ni se miente. Nació para ser un hombre errante, para escribir, para abrir la puerta de un bar, después otra, después una más, para pelear, limpiarse la sangre, y volver a pelear, abandonando cualquier oportunidad de vida “mejor”, con más dinero, más cómoda. Su comodidad reside en lo que para lo mayoría sería insoportable (Barbet Schroeder filma con suciedad ese microclima confuso y borroso), incluso sin que el destino importe demasiado. “Estaba peleando una pequeña pelea que no conducía a ninguna parte. Pero como un hombre con una cuchara torcida que quiere romper una pared de cemento, yo sabía que una pequeña pelea era siempre mejor que el hecho de rendirse, porque esa pequeña pelea es la que mantiene al corazón vivo”. El propio Bukowski renegó de la actuación de Rourke, justamente viendo en ella una pobre imitación de Brando más que una influencia con potencial demoledor. Pero lo cierto es que Rourke es tan Chinaski como años después sería “The Ram”. Él mismo vivió esas peleas, él mismo tiene ese corazón puesto en batallas que quizás a nadie más les parezcan importantes. Rourke se adueña de esa respuesta a la pregunta de “¿Por qué no dejás la bebida? Cualquiera puede ser borracho”: “No, cualquiera puede ser un no-borracho. Se requiere talento especial para ser borracho. Se requiere resistencia. La resistencia es más importante que la verdad”. La resistencia también puede residir en un cuadernillo roto, en la esencia sucia y desprolija, en lo elástico, en la libertad más sorprendente, en la verdadera concatenación de pensamientos inyectados a una lapicera con poca tinta. Mientras otros hombres pelean otras batallas, en Barfly Chinaski es presentado peleando una y es despedido peleando otra casi idéntica, como si viviera dentro de una rueda que se detiene siempre en el mismo lugar. “La bebida es lo que te hace acordar que estás vivo, el olor que te deja” escribió Bukowski, escribió su álter ego. El mismo que divaga sobre Tolstói, el mismo que en Factotum venera eso que uno tiene y no siempre encuentra atractivo: la soledad. “Estar aislado es un regalo. Es una prueba a tu resistencia, a lo que realmente querés hacer. Y lo hacés, a pesar de que las chances estén en tu contra. Y va a ser mejor de lo que imaginaste. No hay otro sentimiento como ese. Estarás solo con los dioses, y la noche va a incendiarse, y vos vas a ir hacia la vida con una risa perfecta. Esa es la única pelea buena que existe”. 

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► [VIDEO] Barfly, la película completa, que la disfruten:

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► [DE YAPA] Un video tributo al cine de los 80:

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► [GALERÍA] El cine de los 80 en imágenes, gracias al aporte de todos ustedes ;) :


Created with flickr slideshow.

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Continuamos con la nueva sección (que creo les ha gustado) con la misma pregunta y un cambio de década: ¿Cuáles son, para ustedes, las películas más representativas de los 80 o las mejores según sus gustos personales? Hagan sus aportes así más tardo les armo la galería ¡Buen martes, muchachada! ¡Nos reencontramos el jueves!

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El cine bajo la mirada de…Alberto Fuguet

“Una película si es sincera, si es real, muchas veces te representa, te revela, te obliga a situarte a un lado de la calle” - Alberto Fuguet

“Hay cosas, por ejemplo, que uno vive a solas pero que solo cobran vida cuando logras compartirlas con alguien que también está interesado” dicen en Mala onda, la segunda y punzante novela de Alberto Fuguet, en la que su protagonista, Matías Vicuña, escupe sus pensamientos, en su mayoría misantrópicos y pesimistas como los de su venerado Holden Caulfield: “Anoche conocí a Holden Caulfield. Fue algo químico, absolutamente arrollador. No podía creerlo. Ya no estaba tan solo, me sentí menos mal. Había encontrado un amigo. Mi mejor amigo. Había encontrado un doble. Por fin”. En la decimoquinta edición del BAFICI se pudo ver Locaciones: Buscando a Rusty James, el primer documental de Fuguet (VelódromoMúsica campesina) que trata, en esencia, sobre eso que dice Matías: encontrarse/verse/sentirse representado. Al director le sucedió esto con La ley de la calle, film de 1983 de Francis Ford Coppola, que apareció en un momento de su vida donde necesitaba, quizás inconscientemente, su propio credo, o su propia nafta para seguir andando, o cualquier clase de musa para seguir escribiendo. Locaciones encuentra a Fuguet recorriendo las calles de Tulsa donde se filmó la adaptación de S.E. Hinton, arrojando pensamientos al cielo (o al espectador que quiera tomarlos), pensamientos sobre cuán poderoso es el cine cuando modifica tu existencia, te acompaña, te abraza o te da la mano, como si fuera algo concreto. Por eso, para volver tangible a La ley de calle, para aprehenderla, Fuguet emprendió esa suerte de road trip, su ensayo cinéfilo sumamente poético, con el mismo mantra de Mala onda: “Lo que no guardo en mi memoria, no me interesa conservarlo”. El escritor y director conservó La ley de la calle lo suficiente como para homenajearla, lo suficiente como para sumarse a quienes padecen el cine con la ebullición como primer síntoma. “Cada tanto aparece alguien que tiene una visión del mundo diferente a la usual. Eso no lo hace loco. Lo hace perceptivo” dicen en La ley de la calle. Locaciones es una película de locos y para locos, si por locos entendemos las compulsiones, el corazón, la emoción y todo eso que implica el rendirle tributo a algo que amamos con la hipérbole como bandera y, claro, sin cabida para las medias tintas.

Dado que tu documental es sobre el fanatismo, quería decirte en primer lugar que me emocionó mucho el uso de “Codex” de Radiohead, más teniendo en cuenta que no es una canción muy conocida del grupo… ¿por qué la elegiste?

Con mi productor conseguimos los derechos del tema, a Radiohead le gustó la película, tuvimos que pagar muy poco dinero y nos aceptaron porque les pareció que Locaciones no era una chambonada y llegamos a un acuerdo de que el film no iba a hacer dinero, que no tenía fines de lucro, que no íbamos a estrenarla comercialmente. Ellos nos consideraron serios y por eso nos cedieron los derechos. Ahora, ¿cómo la elegí? Hablando con un amigo, el co-guionista de Velódromo [René Martín], a partir de una cosa que él dice sobre La ley de la calle, que la veía a cada rato, que se iba a acostar y la dejaba encendida, “como escuchar un disco”. “¿Pero qué disco?” le pregunté yo. “Como un disco de Radiohead” me respondió. Lo primero que pensamos fue en buscar un tema que no fuera de los discos anteriores a The King of Limbs, y a mí también me gustaba mucho “Codex” y así fue cómo la seleccioné. Porque básicamente Locaciones es una película que muestra el fanatismo que puede generar el cine, pero también la música con un determinado álbum, un autor, un libro…

Sí, yo creo en eso de que las películas te salvan…

Sí, es que es así. Uno también mitifica, uno se inventa su propio cuento, o le suma cosas, recuerdos, uno tiene que inventarse su película favorita, sería muy triste no tener una. Y yo creo que uno tiene muchas, pero opta siempre por una, como sucede con el equipo de fútbol

El tema de las locaciones es clave, yo hice el recorrido de Antes del atardecer en Paris por todo lo que me generaron Jesse y Celine

Bueno, ¿ves? Eso que para otra gente podría resultar algo de demente, me parece que es lo que corresponde, mucho mejor que ir a los museos, las iglesias, es mucho más legítimo hacer una ruta gastronómica de restaurantes famosos donde se inventaron platos, o ir a ver dónde vivió tal escritor. Nueva York está más armada porque podés conocer algunas locaciones de películas de Woody Allen o en Irlanda sucede lo mismo con James Joyce. Pero Tulsa estaba virgen en ese sentido, y el día más emocionante fue cuando llegué al puente. No podía creer que estaba debajo del mismo puente que Rusty James

¿Cuántas veces estuviste en Tulsa?

Estuve dos veces. Una vez acompañado de alguien que trabajaba para una ONG para salvar los lugares históricos de la ciudad, y quien no había visto La ley de la calle. Él me ayudó con algunas cosas, como conseguir los permisos para filmar allí

► [VIDEO] Les dejo el trailer de Locaciones: Buscando a Rusty James:

En La ley de la calle es fundamental el tiempo – representado sobre todo por la figura del personaje de Tom Waits -, y a su vez el tiempo afecta cómo uno se reencuentra con ciertas películas. ¿Cómo fue evolucionando tu relación con el film de Coppola?

Pasé por distintos períodos. Le tuve distancia, le tuve miedo. Ahora me parece que es una película que está muy bien, que me gusta mucho, pero que claramente no me afecta tanto como cuando la vi por primera vez

¿Por qué decís en el documental que la película te salvó?

Fue una suma de cosas. Por la edad que tenía entonces, tendían a gustarme películas de teenagers, y yo sentía que no había películas así latinoamericanas sino más bien políticas. Eran películas con las que me identificaba mucho, como Un pequeño romance, también con Diane Lane; no sé si la viste, es como Antes del atardecer pero en Venecia, con algunas cosas de Melody…

¡Con Laurence Olivier!

Sí, esa misma. Es muy buena. Entonces lo que ocurrió fue que yo estaba en la universidad y todo el mundo quería ver películas intelectuales y yo empecé a ir al cine Normandie, a ver films como Gandhi y no me llenaban, no me producían nada a nivel físico

No había nada emocional

Claro, no había nada de sangre, de que el corazón se te ponga tibio, de que las piernas te tiriten, de que genere sensaciones que uno antes no conocía

¿Te pasa frecuentemente? ¿Las cosas te llegan así siempre?

Me gustaría pensar que soy una persona a la que siempre le llegan las cosas, pero la verdad es que cada vez me llegan menos, no sé si es porque uno está mayor, es más exigente, ya que no creo que sea porque las películas sean peores. Ahora, de vez en cuando sí aparece algo que te llega. Por eso sigo yendo al cine, sigo leyendo y sigo haciendo: porque me gustaría provocar eso en otros. Pero no pasa siempre, por eso cuando algo te llega, te llega más. Tiene que ver con la edad de uno, uno vio más, tiene más experiencia. Si bien está muy buena la emoción que te puede provocar Un pequeño romance o My Bodyguard con Matt Dillon, no es lo mismo ver a esos actores en La ley de la calle, que también es una película teen pero a la vez es mucho más que eso

Me gustó en Locaciones un testimonio que habla de lo que es ver a Matt Dillon con camisa hawaiana en Loco por Mary, con el recuerdo de La ley de la calle. Es muy fuerte crecer a la par de un intérprete, o reencontrarse con ellos, como me sucede a mí con Ethan Hawke y Julie Delpy…

…y ahora viene Antes del anochecer. Ojalá muestren nuevamente imágenes de ellos de nueve años atrás, porque así uno va viendo cómo el tiempo pasa. Es fuerte eso también

El tiempo es mi obsesión

Es lo que dicen en Locaciones. El cine es una manera de ver pasar el tiempo en pantalla

Me gustó esa frase también

Sí, yo estoy muy orgulloso de mis entrevistados. Por eso saqué a muchos que si bien son más famosos no hablaban con el corazón, más allá de que son brillantes

¿Y cuál fue el disparador para tu ensayo cinéfilo sobre La ley de la calle?

Yo tenía como cuenta pendiente, como vos con Paris y Antes del atardecer, el hecho de ir a Tulsa. No había manera, nunca estaba ni cerca, no tengo conocidos, nada. Pero uno necesita una excusa. Y apareció la propuesta de escribir sobre mi película favorita, sentí que no era capaz, ya había filmado Velódromo y Música campesina. Hasta que finalmente fui a Tulsa en noviembre del 2010 y las entrevistas para el documental las hice en el 2011 en Buenos Aires y Santiago. Me sentí tan bien en Nashville filmando sin equipo Música campesina y con una cámara pequeña, y estaba invitado a Miami a la Feria del Libro así que finalmente dije “voy a ir Tulsa, me voy a dar ese gusto”

Cuando en Locaciones mencionás que te quedaste en un hotel de medio pelo me acordé del personaje de Pablo [Cerda] en Música campesina, que se hospedaba en hoteles de mala muerte al lado de la autopista…

(risas) Sí, también había mucho de eso, de repetir, yo me sentía que era como Alejandro Tazo (risas), porque tenía a Música campesina en el cuerpo todavía

¿Caminaste solo con la cámara a la noche por Tulsa? ¿Los lugares son tan oscuros como parecen?

No son para nada oscuros, esa sensación te la da La ley de la calle. Yo nunca me metí en un barrio que me diera miedo, nunca pensé que podía sucederme algo, nada. Más bien me hubiera gustado ver a alguien (risas), y la única preocupación era el frío o que se me cayera la cámara por el viento. Pero la ciudad no es para nada decadente, hay librerías, está la universidad, hay edificios modernos

En la película te hacés muchas preguntas sobre el cine pero también sobre otras expresiones artísticas y la relación con el receptor, ¿todo eso que te planteás lo ibas anotando?

Sí, anotaba mucho, una vez que veía las imágenes tenía que tomar un poco de licor y encerrarme en la sala de grabación y también improvisar un poco. Estuve un día largo en el estudio, terminé cuando mis piernas no podían más, estuve parado como once horas, pero tomando mucho té para la voz, pero yo siento que las típicas cosas que tenía tan adentro eran preguntas que me había hecho siempre, esas cosas que tenía para decir, aunque a veces estuviera un poco over the top (risas), hablando del cine como religión. Pero parte de esto consiste en exagerar un poco. Si uno dice “el cine está bueno” no basta. Si uno quiere impactar tiene que haber algo como de predicador

Sí, la película en sí es una suerte de peregrinaje

Por eso, lo que yo buscaba era que la gente que no había visto La ley de la calle la viera; que quienes ya la habían visto la vuelvan a ver y que quienes estuvieran creando algo sintieran como un impulso para continuar con eso

¿Cómo te vino esa reflexión final? Porque hablás de eso, de defender lo que uno hace, de amarlo, de tener la convicción suficiente como para continuar más allá de lo que te puedan decir

La película efectivamente me afectó mucho porque yo estaba en un taller literario con Donoso, y él terminó expulsándome, diciéndome que me faltaba un mundo literario, que me faltaba haber sido amigo de los Ocampo, que me faltaba tener una casa en el Tigre y salir de mi mundo suburbano, que le parecía poco literario

En la película hay muchos objetos fetichistas, la banda sonora de Stewart Copeland tanto en vinilo como en cassette, posters con la escena del reloj…

Sí, para cada uno de los testimonios entrábamos a casas donde nos encontrábamos con esos objetos relacionados no solo con la película sino también con artistas que podían ser similares, como la imagen de Patti Smith, ediciones del libro de Hinton. Entraba a esas casas y pensaba “este tipo es de mi misma religión”.

Sí, en mi caso cuando algo me gusta quiero tener todo lo que esté vinculado a eso

Es que sí, estoy de acuerdo, te hace sentir que todo es más real, que no es falso, como cuando vas a las locaciones. Hay algo que tiene que ver, nuevamente, con la religión, como colgar una cruz porque eso te hace sentir que tenés a Cristo en tu casa. Pero no ocurre con tanta frecuencia que una película te provoque eso

¿Sobrevalorás algunas?

Solo sobrevaloro cuando creo que la película se acerca a lo que quiero. Yo trabajo con teorías de conspiración: es mejor apoyar a tu amigo que ayudar al enemigo

¿Qué sentís cuando una película traduce tus pensamientos? Porque aludís a que no se la puede poseer porque es abstracta, pero a la vez dan ganas de poseerla

Me siento acompañado, más tranquilo

Menos solo…

Exacto, menos solo y, quizás esto sea demasiado, pero siento como si los planetas se ordenasen, que no soy el único, que hay gente a la que le sucede lo mismo, y que conformarían una suerte de hermandad cósmica. Porque yo no sé si La ley de la calle es perfecta, pero a veces uno le perdona esas imperfecciones más que a…no sé…El discurso del Rey, que quizás funciona mejor pero que no te provoca nada. Y eso que me gusta el film, porque lo veo como una metáfora de dirigir

Sí, la camaradería entre ellos es lo mejor

Sí, claro, porque a su modo es una historia sobre un director de cine que trabaja con un actor

En Locaciones asegurás que una película puede realmente cambiarte la vida, a mí me sucedió con Red social, es la sensación de salir transformado de la sala

Sí, a mí esa película me impactó también porque filma el presente como si fuera histórico. No podía creerlo, era tan inmediata, pero es sobre otras cosas, sobre la competencia, la soledad, el pertenecer. Es un film sobre cómo nada puede ser tan distinto a su creador. Facebook no fue creado por Sean Parker: fue creado por Mark Zuckerberg, un nerd. No debería sorprender que todos terminen como él. Es notable. Me emocionó mucho más de lo que esperaba. Y me pasa eso, que quizás no haya tantas películas que me impacten en general, pero sí dos o tres momentos que me destrozan, y eso ya vale mucho

¿Quién había dicho eso?

Billy Wilder creo, que una película son dos o tres buenas escenas bien pegadas (risas)

Me pasó con Cloud Atlas, a la cual reconozco imperfecta, pero también tiene una ambición elogiable, tiene corazón

No me atreví a verla, pero ése es el punto: uno busca lo que tiene corazón. Uno puede notar lo que se hizo por una compulsión, tanto en un cine industrial como en el cine alternativo y hay películas y libros que tienen que ver con las edades, con los momentos. Por eso La ley de la calle sigue impactando a la gente joven

¿Y pensás que todo está interrelacionado? ¿Que el hecho de que a mí me guste Radiohead y tu obra como director vuelva no casual que Locaciones tenga un tema de la banda?

Sí, porque el que está interconectado es el espectador, porque asociás lo que te gusta. Por ejemplo, a mí me gustaban las baladas de Nine Inch Nails como “Hurt” y “Something I Can Never Have” y de repente Reznor hace la música de Red Social que es melancólica y te destroza, así que definitivamente sí, siempre se producen esas interconexiones. 

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 ► [DE YAPA] Matt Dillon y Mickey Rourke en La ley de la calle:

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Este martes, la consigna es cuádruple: 1. ¿Vieron Locaciones: Buscando a Rusty James de Alberto Fuguet? ¿Les gustó? 2. ¿Vieron La Ley de la calle de Francis Ford Coppola? 3. ¿Por qué película harían lo mismo que Alberto y recorrerían las locaciones donde fue filmada? ¿O lo hicieron ya? Si es así, cuenten sus anécdotas 4. ¿Sobre qué película, si pudieran, harían un documental, profesándole su amor por todo lo que significó en sus vidas?; ¡Dejen sus comentarios, muchachada, los leo, como siempre! ¡Hasta mañana!

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La escena del día: El luchador

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“Sé lo que estoy haciendo. El único lugar donde me lastimo es allá afuera. Al mundo le importo un carajo” – Randy “The Ram” Robinson

* Escena propuesta por: Sebastián

Cuando se estrenó El luchador sentí que estaba ante una especie de milagro. ¿Cuántas películas actuales tienen ese nivel de rabia, de ferocidad, de brutalidad? ¿Cuántas películas logran ser tan sanguíneas? A mi pesar, y porque creo que es inferior a este film, me había impactado también Réquiem por un sueño. Pero aquí Aronofsky cambia las reglas, filma con una sinceridad libre de afectaciones la historia de un hombre que lleva consigo los golpes de la vida en la mirada, en su forma de caminar, en su sonrisa rota.

Escuchá el tema original del film x Bruce Springsteen:

Pero El luchador, toda, de principio a fin, es Mickey Rourke. Alguien me dijo una vez que las mejores películas son las que están hechas de detalles. Son aquellas en las que importa que el actor se mueva de cierto modo o diga una palabra de cierto modo. Y en eso reside la grandeza de El luchador. En las lágrimas precisas de Rourke, en su monólogo final, en sus movimientos arriba del ring e, incluso, en su forma de mirar a Cassidy.

Aclaración 1: la escena que subo es el final de la película. Los que no vieron el film completo, les recomiendo que se abstengan de ver esta secuencia.

Aclaración 2: como algunas escenas no se consiguen subtituladas, debo subir el video en idioma original (en este caso, las pocas palabras están en italiano). Espero que eso no les impida sumar propuestas. Si consiguen videos subtitulados, bienvenidos sean. Gracias a todos.

Los minutos finales de El luchador:


¿Viste El luchador? ¿Qué te pareció? Proponé una escena de película para el jueves próximo