Libros que muerden (y sus novelas favoritas del 2015)

Hoy en Cinescalas escribe: Luis Alberto Pescara López

“Our aspirations, are wrapped up in books
Our inclinations are hidden in looks”
Belle and Sebastian – “Wrapped in Books”

En el filme de culto Performance de 1970 el ojo entrenado puede descubrir dos fotogramas reveladores. En una escena el personaje de Mick Jagger deja caer un libro y la cámara revela que se trata de una antología de Jorge Luis Borges. Más adelante, en el momento más psicodélico de la película, el rostro del autor de Ficciones aparece fugazmente por un instante. La historia – que incluye a una estrella de rock recluida y a un gánster travestido – es bastante borgeana en un punto. Teniendo en cuenta que el fanatismo de Jagger por la obra de “Georgie” es conocido, todo se transforma en un banquete para los amantes de la intertextualidad. Se habla mucho sobre las adaptaciones literarias en el cine, pero pocos rescatan la influencia que los escritores han tenido y tienen sobre la música. De hecho, cuando el music bussines estaba en pañales, los artistas escribían sus primeras canciones bajo la influencia de autores célebres, ya que la lectura era el primer acercamiento que tenían a alguna forma de cultura popular. Lou Reed reconoció cómo la prosa de Raymond Chandler – entre otros escritores de novela negra – ejerció sobre él un peso radical, mientras que Bob Dylan eligió su nombre artístico debido a su admiración por el poeta galés Dylan Thomas (cuyo maravilloso Do Not Go Gentle Into That Good Night es recitado por Michael Caine varias veces en Interestellar). Los ejemplos se multiplican más de lo pensado.

Mick Jagger en Performance

“La mayor parte de mi inspiración viene desde afuera la música, especialmente de la literatura, y particularmente de Oscar Wilde”. La frase le pertenece a Morrissey, un bibliómano confeso al que le gusta sembrar de referencias literarias su obra. En “Cemetery Gates” de The Smiths señala su favoritismo por el autor irlandés por sobre poetas como John Keats y W.B. Yeats. Por otro lado en cierta correspondencia adolescente del cantante que afloró en los últimos años se conocieron sus críticas a William Shakespeare. Quizás por ello el ensayo feminista Una habitación propia de Virginia Woolf – que plantea que William pudo tener una hermana tan talentosa como él pero que sería ninguneada por ser mujer – fue el detonante para “Shakespeare’s Sister”, otro tema de la banda de Manchester. A Emily Brontë le bastó solo una novela para entrar en la inmortalidad. Su Cumbres borrascosas representa como pocos libros el papel que la mujer tenía en la narrativa del siglo XIX: el de alguien que cede ante las presiones sociales, acepta el matrimonio con un hombre que no ama y termina empujada hacia la tragedia. Con los imponentes parajes de Yorkshire como entorno natural, Catherine Earnshaw sufrirá la enfermedad y el retorcido desdén del despechado Heathcliff. La fatalista atmósfera romántica de sus más de 400 páginas fue retomada por Kate Bush en 1978, cuando “Wüthering Heighs” se transformó en un inesperado éxito, una balada épica, a contramano de la música disco y el punk que imperaban en la época, que impulsó su carrera definitivamente.

El poema Do Not Go Gentle Into That Good Night de Dylan Thomas

Se están cumpliendo 150 años de la aparición de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, un texto que a pesar de su exuberante imaginería no tuvo buena suerte en el cine. Walt Disney no quedó satisfecho con la versión animada de los años 50’ (“le faltó corazón” llegó a decir) y la interpretación libre de Tim Burton no cosechó buenos comentarios. Sin embargo su espíritu psicodélico fue recogido con acierto en numerosas canciones. Los californianos de The Jefferson Airplane hicieron de “White Rabbit” un himno de la era hippie, presente en todos los acid tests de aquellos años e infaltable en las bandas sonoras de cualquier película sobre Vietnam. Incluso David Fincher la utilizó sabiamente como leitmotiv en su subvalorada The Game. Aunque este es el ejemplo más clásico, el universo carrolliano aparece en una interminable pléyade de músicos. Desde el “I’m the Walrus” de The Beatles hasta “Canción de Alicia en el país” de Serú Giran (con metáfora política incluida), pasando por las letras de Syd Barrett, tienen su impronta. En tiempos más contemporáneos teen idols como Avril Lavigne y Taylor Swift también se dejaron influenciar por las aventuras subterráneas de Alice.

Kate Bush en el video de Wuthering Heights

Si al Marqués de Sade le debemos el origen de la palabra sadismo, fue Leopold Sacher Masoch quien nos legó el término masoquismo. Cuando este austriaco de ideas libertarias editó La Venus de las pieles en 1870 nunca imaginó que sería un punto de referencia para los amantes de las prácticas BDSM. El libro retrata la relación de sometimiento que se establece entre Severin Von Kusiemski y la bella Wanda, detrás de la cual hay una meditación sobre la tiranía que esconde todo ejercicio de poder, pero también un replanteo del lugar que la mujer ocupa en la sociedad. Lou Reed lo calificó como “the funniest dirty book I’d ever read” y no dudó en tomarlo como eje para el clásico “Venus in Furs”, aquel que suena repetidas veces en Last Days de Gus Van Sant. El grupo neoyorquino captó a la perfección la atmósfera decadente del texto, describiendo una escena amenazante en la que lo peor siempre está por pasar. A diferencia de otros ganadores del Premio Nobel de literatura, las imágenes que la web ofrece de Albert Camus son las de un hombre joven. Fallecido a los 46 años, el francés fue uno de los más destacados exponentes del existencialismo. El protagonista de su novela El extranjero expresa como pocos las angustias del hombre contemporáneo, prisionero de circunstancias que lo alienan y lo empujan a la resignación. La historia de ese personaje que – confundido bajo el terrible sol argelino – termina asesinado a un árabe sin motivación alguna impactó al joven Robert Smith, quien la usó como base para “Killing an Arab”, el primer single editado por The Cure en 1979. Desde entonces la canción ha sido presa de erróneas lecturas referidas a un supuesto contenido racista, por lo que la banda ha debido interpretarla con el estribillo modificado como “Kissing an arab” o “Killing Another”. La corrección política no perdona a nadie.

La letra de White Rabbit de Jefferson Airplane

Pero si hablamos de libros malinterpretados ninguno supera a Lolita de Vladimir Nabokov, al que las miradas moralistas se encargaron de poner en un lugar polémico. Sin embargo, la novela se ríe, con tono satírico y ambigüedad narrativa, de quienes hacen lecturas fáciles, retratando un momento en el que nuevas concepciones de la sexualidad avanzaban mientras la institución matrimonial perdía su autoridad. El libro es directamente referenciado en “Don´t Stand So Close to me” de The Police, que cuenta la ambigua seducción que se produce entre un profesor y su alumna. Más explícita es la cita de Lana Del Rey, quien en el tema “Off To The Races” incluye las famosas líneas “light of my life, fire of my loins, be a good baby do what I want” que abren la historia de Nabokov. A veces un disco entero está dedicado a un autor, como Tales of Mistery and Imagination de The Alan Parsons Project sobre Edgar Alan Poe y Resistance de Muse, sobre George Orwell. En el plano local hay ejemplos conocidos como Polaroid de locura ordinaria de Fito Páez, inspirado por relatos de Charles Bukowski, y el inevitable Artaud de Luis Alberto Spinetta. Incluso el proceso se da de forma inversa y hay varios escritores – Bret Easton Ellis y Nick Hornby entre ellos – que editaron libros con canciones populares como tema central. Los intercambios pueden ser interminables.

La letra de Off to the Races de Lana Del Rey se inspira en Lolita de Vladimir Nabokov

Quizás la admiración que muchos músicos sienten por los escritores se deba a que éstos representaron una temprana forma de alcanzar el estrellato dentro de la cultura. Desde esta perspectiva uno entiende mejor aquella introducción que Todd Haynes incluyó en Velvet Goldmine, en la que un pequeño Oscar Wilde, al preguntársele en el colegio qué era lo que deseaba ser cuando fuera grande, afirmaba: “Yo quiero ser un ídolo pop”. El glam se manifiesta de maneras misteriosas.

Por Luis Alberto Pescara López

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► [GALERÍA]: Sus libros favoritos del 2015:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Comenzamos una nueva semana del blog con el balance de Lo mejor del año; a propósito del post de Luis, me gustaría saber dos cosas: 1. ¿Cuáles fueron los textos que los acompañaron durante el 2015, ya sea cuentos, novelas o ensayos? 2. ¿Qué otras inspiraciones a las mencionadas por el autor de la nota podrían agregar a la lista? Por otro lado, mañana seguimos de balance eligiendo sus series favoritas del año; ¡nos reencontramos en ese post y los leo en este! Que tengan todos un excelente lunes

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES: 

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 La última vez escribió Camila Martinez sobre… LAS SIMILITUDES ENTRE LOST IN TRANSLATION & HER

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Interstellar: Odisea en la superficie de la humanidad

Hoy en Cinescalas escribe: Eduardo Blake

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Hablar sobre quién es Christopher Nolan a esta altura resulta innecesario. Reconocido por sus trabajos anteriores en películas como Memento, Inception y la trilogía de Batman: The Dark Knight, en esta ocasión Nolan prefiere alejarse de sus escenarios habituales y sumergirse en las profundidades del espacio exterior, queriendo, tal vez (solo lo sabrá él), crear su equivalente a la clásica 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick. Interstellar en sí presenta una historia interesante. Escrita por su hermano, Jonathan Nolan, el proyecto estaba originalmente pensado para Steven Spielberg, pero no prosperaría y terminaría siendo en manos de Nolan, quien reescribió gran parte de la trama para que se ajustara a sus sensibilidades (como dato curioso, un borrador del guión original circula en Internet, para quien quiera leerlo). La trama lidia con los últimos días de la humanidad en un planeta Tierra que se ha vuelto cada vez más inhóspito, casi como si rechazara la presencia de la raza humana. Cooper, interpretado por Matthew McConaughey, es un antiguo (y fallido) astronauta, ahora resignado a ser un granjero, pues eso es lo que la humanidad necesita. Resignado y frustrado, Cooper ve diariamente la fútil lucha por la humanidad por sobrevivir adaptando sus modos de vida a un mundo donde la tecnología y la innovación van desapareciendo.

Más allá de que reconozco que tiene una premisa inicial interesante, me costó mucho encontrar motivación para escribir sobre esta película. Creo que mi primera reacción fue decir: “No la odié… pero no la amé”. Si hay algo terrible en el mundo de la ficción es que una historia simplemente te despierte un sencillo “meh”, como si diera igual verla o no verla, experimentarla o no. Lo que odiamos, lo que nos disgusta, también nos define. Uno de los principales problemas que presenta Interstellar, y que llegado un punto es sintomático del cine de Nolan, es que sus personajes tienen momentos humanos, pero no son realmente humanos y no reaccionan como tales. Hay un aire de artificialidad que rodea a la película y a sus personajes, que reaccionan frente a distintas situaciones de una manera determinada, no porque les sea natural, sino porque así lo indica la progresión de la trama. Quisiera ejemplificarlo con la relación entre Cooper y su hija Murph (interpretada en su infancia por Mackenzie Foy y posteriormente por Jessica Chastain, que brinda una buena actuación). Esta relación, que es clave para el desarrollo de la trama, presenta momentos hermosos, pero que parecen ser atribuibles más al esfuerzo que pusieron los actores que a la dirección en sí misma. Llego a esta conclusión porque resulta casi imposible seguir una progresión emocional coherente entre las distintas viñetas que vemos de la vida de Murph, desde la relación con su padre en la infancia, los años en los que creció sin él, su adolescencia, su nueva vocación, la relación con su hermano, etc. Hay lógica en la progresión de su vida, pero una lógica fría, desconectada de las emociones que su personaje debería mostrar para conectar esos puntos de manera natural.

Es en una de las últimas escenas de la película donde termina de derrumbarse esta construcción artificial carente de emoción genuina. Si la relación de amor entre padre hija es casi el conductor central de la trama, es aquello que guía toda la historia, y es lo que permitirá lograr la salvación de toda la humanidad (algo que se ve expresado en el monólogo de Anne Hathaway sobre el amor como una fuerza que no hemos logrado comprender del todo, monólogo que por otro lado está espantosamente realizado, que nos deja perplejos mientras los otros personajes simplemente la miran sin decir nada, ni siquiera un “estás totalmente chiflada”), esa escena final no puede resultar de esa manera.

Imaginemos ponernos nosotros un segundo en el lugar de Murph, cuyo padre estuvo perdido en el tiempo y en el espacio por décadas. Cuando milagrosamente regresa, tras años de espera, en vez de querer hablar con él todo lo posible, y él hablar con ella, ambos personajes solo tienen una breve, casi superficial conversación, antes de volverse a separar. Por más que Murph esté por morir, y no quiera que su padre la vea llegar a esa instancia, es casi inconcebible el desarrollo de esa escena. Los seres humanos no somos así de racionales, simplemente no lo somos. Si después de décadas de no ver a mi padre reapareciera vivo… y repito, reapareciera vivo, no lo mandaría lejos. Si, ningún padre debería ver morir a su hijo, es una máxima lógica y entendible, pero no es realmente aplicable a esta relación, bordeando la incoherencia y la locura fría. Es una narrativa donde predomina la lógica de la trama por sobre la emoción. Si fuéramos Cooper, ¿no le preguntaríamos a Murph por su hermano? ¿Qué le pasó? ¿Qué sucedió con su nieto, al que no conoció salvo a través de una grabación? ¿No quisiera conocer a sus bisnietos, a toda la familia que está viva gracias al sacrificio que hizo? En la lógica de la película, no, simplemente hablaría cinco minutos con su hija y se iría.

Los personajes de Nolan no reaccionan como seres humanos, y es problemático. Hay ilusión de humanidad, son como los robots que aparecen en la película, que están programados para parecer humanos y reaccionar como tales frente a ciertos estímulos, pero que no lo son. No hay consistencia emocional en sus seres. En el momento indicado, se activa en ellos un switch de encendido de emociones, para luego apagarse el mismo hasta que la trama vuelva a requerir una demostración de emoción. De qué otra manera podemos explicar que, al parecer, al descubrirse la existencia de vida alienígena, dicho cambio monumental en nuestra percepción del universo no tenga casi impacto en la trama. Se habla de los Ellos, y simplemente se los menciona. El casi nulo grado de desarrollo del concepto de que “hay algo o alguien que nos está vigilando, que está cuidando por nosotros, que abrió un agujero espacio temporal para poder salvarnos” es poco natural. Estos mismos “ellos” crean también una anomalía de gravedad en la casa de Cooper para que, a su entender, él sea el piloto de la misión que salvará a la humanidad, un mandato casi divino que despertaría en cualquier persona algo religioso por la forma en la que se produce .Pero los personajes simplemente lo mencionan, no reaccionan a semejante evento con la naturalidad y el asombro que deberían tener.

La cinematografía de Interstellar tiene momentos hermosos, aunque a veces muy prolongados que terminan significando lo dificultoso, peligroso y frustrante de la exploración espacial. Es en la exploración de estos planetas donde vuelve a verse la ausencia de la emoción, al visitar estos humanos nuevos mundos, como si se tratara de algo casi cotidiano, con la ausencia casi total del asombro . Sé que a varios de los que estaban en la sala les pareció larga y aburrida pero no fue mi caso. Personalmente no me aburrió, pero se me hizo predecible, en particular viendo los conceptos poco desarrollados durante la película que hacían anticipar un cierre casi mágico. La paradoja de “ellos somos nosotros” es un recurso habitual en la ciencia ficción, en particular cuando la trama gira en torno al tiempo y al espacio. Yo pensé que Cooper terminaría, al atravesar el hoyo negro, desplazado temporalmente, sin poder interactuar directamente e iba a ser el fantasma, sospecha alimentada por la mención de Murph que el fantasma se sentía familiar, y por el mensaje de “STAY”, que sospeche que él mismo se trataba de decir, cuando veía desde el final de su odisea el principio de la misma. Interstellar es posible de ser objeto de números debates, pues tiene algunas cosas muy interesantes, pero son historias que no terminan a nada. Hay personajes que están por estar, como por ejemplo Topher Grace como el novio doctor de Murph.

Asimismo, todo el conflicto entre ella y su hermano – personaje interpretado por Casey Affleck - participa casi tangencialmente aún presentando temáticas interesantes, pero no termina de ser incluido. El hermano de Murph se niega a abandonar la casa familiar y dejar su forma de vida, aunque su esposa e hijo se enfermen. Su rol simboliza el rechazo a lo expresado por el personaje de Michael Caine, sobre que la humanidad no está hecha para morir en la tierra. El hermano representa el espíritu de aferrarse al pasado, al como “las cosas eran”, aunque signifique su muerte y la de su familia, lo que obliga a Murph a incendiar todo para forzar su partida. Se entiende lo que quiso decir Nolan con su personaje, pero hay algo faltante que simplemente hace que no funcione. Otro personaje interesante, pero que presenta cierta desconexión con el desarrollo de la trama, es el encarnado por Matt Damon. Uno de los primeros exploradores de lo que hay del otro lado del agujero negro, simboliza supuestamente “lo mejor de la humanidad”, pero termina mostrando lo peor de la misma. Sumergido en un delirio impulsado por un instinto de supervivencia por sobre todas las cosas, Damon en un momento de la película entra en modo de exposición pura y comienza a plantear un contraste de filosofías, centrándose en su supervivencia personal mientras anticipa el final de la trama al hablar nuevamente del amor entre padres e hijos, en otro monólogo que produce ecos con el de Hathaway. En un comentario al margen, quisiera decir que algunas de las secuencias en este acto con Damon parecen casi de otra película, una dosis de acción donde antes no parecía necesaria ni relevante.

Interstellar es una película que trata de hablar del espíritu humano, pero de una manera bastante fría. La historia sobre los primeros humanos que atraviesan el tiempo y el espacio no puede tener esa cualidsad, tiene que maravillarnos. Funciona, queda demostrado empíricamente si se quiere, el gran tema que plantea su director, pero el aspecto emocional, lo que viene a justificar por detrás toda esta reflexión, simplemente no funciona, y resulta muy apagada. La película pide del espectador más de lo que ella está dispuesta a darle. No hay una conexión emocional en este viaje que, más allá del aspecto de ciencia ficción, debería serlo para demostrar qué es la humanidad y por qué vale la pena ser salvada, a medida que se descubre un universo que desafía sus creencias y conocimientos. Es en este aspecto donde la película simplemente falla.

Quisiera concluir diciendo algo que influyó en mi crítica y que quizás no sea muy justo con Nolan. Dos días después de ver Interestellar, vi Boyhood, y todo lo que no me cerraba sobre la primera de repente comenzó a tener sentido, pudiendo expresar sobre el film de Richard Linklater lo que antes no podía. Boyhood es una historia mínima, casi una no-historia, no es una trama sino que es simplemente una serie de momentos de una vida entre muchas otras que expresan con claridad la naturaleza de la humanidad, las experiencias de vida y en particular las relaciones entre padres e hijos. Cuando lo comparo con el núcleo emocional y el gran tema que quería tratar Nolan, me sorprendió que es exactamente esa relación entre padres e hijos, ese amor capaz de atravesar las distancias y tiempos eternos el que encuentro en Boyhood y no en Interstellar.

Por Eduardo Blake

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[TRAILER] Algunas imágenes de Interstellar de Christopher Nolan:

Trailer - Interstellar from quadroporquadro on Vimeo.

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[ESPECIAL] Una mirada a los efectos visuales de la película:

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¡BUEN LUNES PARA TODA LA MUCHACHADA! En esta nueva semana del blog, tres consignas: 1. ¿Vieron Interstellar? ¿Qué les pareció? 2. Por otro lado, me gustaría saber qué opinión tienen de Christopher Nolan y cómo rankearían sus películas; 3. Edu pregunta si recuerdan otros films de ciencia ficción que aluden a la naturaleza humana y sus vínculos; como siempre, leo sus comentarios y nos reencontramos mañana; ¡que tengan un excelente comienzo de semana! [OFF TOPIC]: Ya están las entradas a la venta para NO ESTÁS SOLO EN ESTO en Mar del Plata y las pueden adquirir por acá ;)

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—> La última vez escribió Jesica Taranto sobre… SU PELÍCULA DE TERROR FAVORITA

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La película de mi semana: Last Love

“Laying in bed tonight i was thinking, and listening to all the dogs, and the sirens, and the shots, and how a careful man tries to dodge the bullets while a happy man takes a walk, and maybe it is time to live” - Eels

Se empieza a tomar conciencia del concepto de salvación cuando dejamos ir al adolescente que hay en nosotros, o cuando la vida se empieza a volver más real. Mucho antes, en ese estado en el que no sucede nada agravante – aunque quizás sí, solo que estamos más preocupados por la eternidad que por otra cosa -, las experiencias se disfrutan sin que resulte imperativo canalizar la bronca, la tristeza, la impotencia. Existe un momento de quiebre en cada uno, aquel en el que súbitamente nuestro entorno empieza a modificarse. Los amigos (aún los grandes amigos) se dispersan, emprenden otros rumbos. Con la familia se produce lo que es acaso inaceptable: toda la dinámica se altera. Las pérdidas ya no resultan tan lejanas. Empiezan a hacerse tangibles. Lo compartido se minimiza. Es lógico. Los padres crecen. Los padres parecen llevar patentadas en la piel las consecuencias de sus propios vínculos con sus propios padres, sus frustraciones y deseos ¿irrevocables? de haber podido resolver mejor los imprevistos. Siempre suele decirse que cuanto más grande uno es o cuantas más experiencias acumula, más liviano es el peso de esas pérdidas. Me pregunto si es realmente así o a la inversa. Si los problemas se acentúan, se anclan, sin dejarnos otra opción más que la de enfrentar obstáculos. Porque al haber crecido, e independientemente de las cicatrices, uno se vuelve más vulnerable ante los escenarios que se modifican. La nostalgia hace su ingreso. El recuerdo de un instante mejor nos provee de la falsa idea de que en ese pasado está la verdadera felicidad. Pero la felicidad muchas veces se enmascara. La felicidad, cuando se confunde con melancolía, nos empuja a añorar un tiempo que fue hermoso. No porque entonces no sucediera nada grave, sino porque nosotros ni siquiera concebíamos un mundo con carencias. Por ende, la salvación llega cuando uno queda solo, peleando batallas individuales, por más acompañado que esté. Pensémoslo así: es uno quien tiene que levantarse a la mañana aunque no quiera, es uno quien se mira en el espejo del baño y decide con qué actitud salir a la calle y es uno quien verdaderamente sabe lo que le está sucediendo por dentro. Nadie puede pelear esas batallas por nosotros. “Some nights, all these years later, I’ll sit here and think about when I was really young and how great it felt when things were OK and we were all there in the house” escribió Mark Oliver Everett, líder de la banda Eels, en su extraordinaria autobiografía Things The Grandchildren Should Know. Everett pasó por una sucesión de hechos trágicos (todos ellos signados por la muerte) y tuvo que emanciparse de esa concepción de familia ideal, unida, desde muy temprana edad. Lo que tiene de inspirador su discurso es que su visión de encontrarle el lado positivo a la pérdida no es una pose sino una genuina manera de recibir múltiples bofetadas. Así, repite tantas veces la palabra “salvación” como la palabra “música”. Una está irremisiblemente ligada a la otra. Él dice que si no hubiese compuesto canciones, hoy estaría en ese lugar con su familia, allá arriba, pero que fue el escribir sobre eso lo que le dio una voluntad para situarse en la vereda del hombre que, como dice su tema “You Rock My World”, sortea las balas y sigue caminando.

“It’s not where you’re coming from, It’s where you’re going to”

En la reciente edición del festival Pantalla Pinamar tuve la posibilidad de ver la película de Sandra Nettelbeck Last Love, obra que también pone el foco en la presencia de las ausencias. La realizadora alemana le dedica el film a su padre y no hay que indagar mucho para saber por qué. La historia entrecruza el presente de la joven Pauline (Clémence Poésy) con el de Matthew (Michael Caine) y tiene dos grandes aciertos. Por un lado, no se apresura narrativamente. El tiempo que se le otorga a Matthew para explayarse (directa e indirectamente) sobre la pérdida de su esposa es vital, necesario, clave. Por otro lado, Pauline no es para Nettebleck una figura netamente instrumental, la clásica excusa que necesita el protagonista para volver a estar en contacto con la vida. Pauline es, por el contrario, una mujer con la muerte de su padre a cuestas, casi desesperada por hallar en otra persona algo que le devuelva la confianza en el mundo. Si bien parece ser ella la que está en movimiento – da clases de baile, sociabiliza, muestra un genuino interés por ayudar al otro – y él quien está detenido – habla con su mujer en el banco de una plaza, no interactúa con sus hijos, camina sin rumbo -, en realidad es ella quien siempre anda de luto. La película sondea sin presuras en cómo es eso de convivir con una realidad insoslayable: hay personas irremplazables, aunque nos parezca reencontrarlas en un tercero. “Sometimes you meet someone who requires all the love you have to give; and if you lose that someone, you think everything else is gonna stop too, but everything just keeps going. Giradoux said: ‘you can miss a single being, even though you are surrounded by others. Those people are like…extras…they’re an unwelcome distraction’” le dice Matthew a Pauline. Ella se constituye en esa distracción no bienvenida, quien le permite reestablecer contacto con sus hijos, quien lo incita (a partir de su propia carencia) a valorar lo que tiene cerca y a poner en perspectiva aquello que perdió. Pero para Nettlebeck las pérdidas no son tan fáciles de sobrellevar, implican un grado de aceptación tan grande que la fragilidad bien puede colarse en el proceso. “There’s a crack in everything, that’s how the light gets in” le dice Pauline a Matthew y de ese modo Last Love se perfila (hasta su coherente final) como una película sobre eso que escribía Everett de que aunque muchos mueran a nuestro alrededor, para nosotros este es el momento de vivir.  Oliver también asegura que no piensa en términos de elecciones. “I don’t feel like I have choices, I just do it”. Esa postura es la de alguien a quien le tocó lidiar con la pérdida continua. Por ende, el hecho de elegir está fuera de discusión. Su vida es un constante sobreponerse a lo que va llegando. Y no solo a lo malo. Pocos son los que logran asimilar esa oscilación entre las mejores y peores situaciones (“I was one of the lucky people who experiences a wide spectrum of some life’s situations”) y pocos son, también, los que distinguen entre el pensamiento y el corazón (“my heart is in the right place and this I know”). Porque eso que nos salva (música, escritura, amigos, caminar, pintar, lo que sea que haga bien) no se puede medir de otro modo más que con lo visceral por delante. “It’s more important to feel than to think” escribió Everett respecto a la grabación de sus discos. Tanto Things The Grandchildren Should Know como Last Love aluden a las pequeñas batallas solitarias que las personas tienen en sus manos todos los días y lo hacen repudiando el cinismo (“with so many good things happening in my life, how can I be so cynical?”), a los que piensan que no es cool pensar la vida en términos de “luz versus oscuridad”. Everett asegura que cuando peor se pone es cuando tiene que llenar planillas y llega al apartado de “en caso de emergencia llamar a…”. Se acuerda de su familia, de que no hay ningún nombre para anotar y se entristece. Sin embargo, a los minutos sacude el pensamiento y se concentra en escribir sobre la incertidumbre. Sobre cómo no sabemos qué va a sucedernos mañana y sobre cómo eso, en lugar de provocar temor, nos debería conducir a la dirección opuesta. A pensar en los “quizás”. Quizás me pueda pasar esto. Quizás me pueda pasar lo otro. Al menos nosotros, todos los que estamos acá (los que estamos vivos, los que estamos despiertos), tenemos un “quizás” al que aferrarnos. Y eso no es poca cosa. 

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 ► [TRAILER] Les dejo algunas imágenes de Last Love:

MrMorgansLastLove Trailer International AppleProRes from Umbrella Entertainment on Vimeo.

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 ► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] Las canciones que los salvan:

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¡Buen viernes para todos! Cuatro consignas para este día: 1. ¿Cuáles les parecen las mejores películas en lidiar con tópicos como la muerte y las pérdidas? 2. Es momento de que elijamos el mejor papel de la carrera de Michael Caine, ya que nunca le dedicamos un post (mal, lo sé) 3. ¿Cuáles fueron sus películas de la semana? 4. Me gustaría dejarles una nueva playlist este viernes bajo la consigna: las canciones que los salvan de malos momentos; hagan sus aportes así confecciono una lista de reproducción; ¡como siempre, los leo! ¡nos reencontramos el martes, muchachada! ¡que tengan un gran fin de semana!; asimismo, recuerden que la base de datos de Cinescalas se actualiza todas las semanas, ¡así que consulten! :P

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Viernes de finales: ¿Cuáles son los peores?

Presumo que como espectador pocas cosas pueden ser peores que el notar cómo nos subestiman. Now You See Me es un ejemplo de película que trastabilla con lo que era una noble ambición de ser entretenida. En ese afán, y con una temática permeable a bruscos giros narrativos, hace una movida desafortunada: busca justificar ese entretenimiento con una sobreexposición del ingenio. Pero ese ingenio, justamente, es su punto más débil, ya que se hace alarde de una originalidad mal entendida. Esa errónea concepción se ve reflejada en cómo se presentan las vueltas del guión. Una cosa es el deliberado ocultamiento de información con el fin de llegar a la revelación con mayor impacto. Otra muy distinta es lo que hace el director Louis Leterrier (y sus múltiples guionistas): construir casi toda una película a partir de mentiras, utilizar tiempo vital para desplegar una serie de trucos, para luego resolver su explicación en acelerados montajes de escasos minutos donde, si nos ponemos detallistas, muy poco resulta plausible. Y no estamos hablando de una película que nos está forzando a hacer a un lado el verosímil. Por el contrario, su final (su descabellado y en cierta medida insultante final) nos está pidiendo que atendamos a cómo, punto por punto, se llevó a cabo un plan ulterior con lo racional como factor clave. Lamentablemente, a esa altura ya costaba mantenerse interesado (ni siquiera hay momentos de humor que funcionen como guiños a las burlas padecidas), por lo cual el tópico principal de la película (ni los magos ni su astucia: la venganza) termina siendo liviano, insustancial, olvidable.

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 ► [TRAILER]: Algunos momentos de Now You See Me:

  

Now You See Me (2013) Trailer from Ruffalo Central on Vimeo.

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 ► [TOP FIVE]: Los peores finales del cine: ¿están de acuerdo con este conteo? (yo no tanto):

  

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¡Hola muchachada! Proseguimos con esta sección de los viernes de diciembre con la siguiente consigna: ¿Cuáles son los peores finales que han visto en cine? Hagan catarsis que los leo; ¡Que tengan un excelente viernes! ¡Nos vemos mañana con una canción en el mundo virtual y en la reunión en El living en el mundo real! :P

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MICHAEL SCOTT REACCIONA POR NOSOTROS…

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Batman: el final de un símbolo

«Lo tenemos todo, pero no somos dueños de nada»

Atentos: no leer esta crítica si no vieron la película, hay spoilers

La certeza de que Christopher Nolan se inspiró en Historia de dos ciudades de Charles Dickens para el cierre de la trilogía de Batman no solo habla del trasfondo sociopolítico de la saga sino de su atemporalidad y de su necesidad – porque así creo que es: una necesidad – por despegarse de un cine de superhéroes. Sabemos que su ambición es tal que “una de cómics” no era lo suyo. Y la constatación definitiva de esto nos llegó con El caballero de la noche, cuyo título ya nos anticipaba que no era imperativo nombrar a Batman. Que todo estaba un paso más allá. Que ese “caballero de la noche” podía aludir a un Harvey Dent desaforado, a un Guasón moviéndose pendularmente, a un ciudadano modelo convertido en animal a la fuerza o efectivamente a Bruce Wayne penetrando las tinieblas. Ya lo dijo Dickens: “Esta época es tan parecida a todas las épocas, que nada de lo que aquí voy a contar debería, en realidad, sorprendernos. Nada. Ni el perdón, ni la venganza, ni la muerte, ni la resurrección”. Esta frase parece haber sido acogida por Nolan, aprehendida como axioma y llevada a lo más práctico. En Batman, el caballero de la noche asciende hay una época referente a alguna otra – la lucha de dos mundos, la civilización y la barbarie, la historia de dos ciudades -, y hay pequeñas muertes (la mayoría de ellas en post de un ideal, sea del lado del que fuere) en una sociedad literalmente partida al medio. Podemos argumentar que la imagen de un puente divisor, o el plan de Bane de dinamitar los cimientos sean metáforas trilladas, pero Nolan las toma como elementos fundamentales. A fin de cuentas, está construyendo un relato universal y, a fin de cuentas, lo suyo es narrar a dos puntas: visualmente (la imagen de ese puente o la impresionante secuencia del partido de fútbol americano) y por medio de monólogos que sí, para qué negarlo, nos ponen todo frente a nuestras narices, pero cuyo adoctrinamiento se logra mermar de manera sorprendente.

Sin embargo, a pesar de ese patriotismo (el plano de la bandera americana rota podría haber sido obviado), de esa unión de los ciudadanos de Gótica esquivando la resignación (similar a lo que sucedía en El caballero de la noche, cuando el Guasón pretendía enfrentarlos, aunque aquí todo se vuelve más violento y menos unidimensional), la película de Nolan se permite secuencias brutales (la presentación de Bane), imágenes poéticas reminiscentes al cómic (la batalla bajo la nieve, visceralmente hermosa), momentos de tinte surrealista (la aparición de Cillian Murphy, un gran plus), confrontaciones dolorosas (el adiós de Alfred), historias de amor en paralelo (Bruce y Selina Kyle/Bane y Talia Al Ghul) y también una vueltas a los orígenes con ese entrenamiento final de Bruce para salir a la superficie. Inlcuso, también, hay detalles que funcionan por omisión, como no mencionar nunca al Guasón de Ledger. ¿Hay cosas que sobran? Sí, claro. Podemos prescindir de una melosa noche de sexo a oscuras y con lluvia; también podemos prescindir de flashbacks que no le hacen justicia a la capacidad de Nolan para narrar desde distintos puntos de vista, capa tras capa, siendo Inception el ejemplo más claro. Pero las pocas fallas de este gran cierre quizás tengan más que ver con una dificultad para domar a la bestia. Nolan hizo su película más épica hasta el momento, y eso lo llevó, en consecuencia, a descuidar algunos puntos, como la muerte de Bane (menos gloriosa que su aparición) y lo poco rotundo y firme que resultó el microrelato de Miranda/Talia.

¿Pero le podíamos pedir más? Pocas cosas resisten la grandilocuencia y esos traspiés de El caballero de la noche asciende no son más que traspiés sintomáticos de su apabullante desmesura. Una desmesura que, paradójicamente, no aplasta a sus protagonistas sino que los hace relucir, especialmente a Anne Hathaway en esa cruza de chica screwball comedy y femme fatale hitchockiana que es Selina y a Joseph Gordon-Levitt, perfecto como ese personaje que toma la batuta. Y esto me lleva al final – de mi crítica y de la película -, a un final que no podría haber sido abordado de otro modo y que, sin embargo, solo Nolan pudo crearlo. La muerte de Wayne no podríamos haberla aceptado. La muerte de Bayne era, a priori, inconcebible. La muerte de Batman, sin embargo, es otra cosa. Hablamos del fin de un símbolo. De enterrarlo, de construirle una estatua en su honor, para que Robin pueda sucederlo. Porque así como Bruce cumple la fantasía de Alfred y sonríe con Selina mientras le llueve la luz europea, Robin es ahora quien penetra las tinieblas. No por nada una imagen sucede a la otra. Batman, el caballero de la noche asciende se planta en la dualidad y se hace cargo de las épocas de fe y también (y por sobre toda las cosas) de las de incredulidad.

¿La consigna de hoy? Explayarse sobre Batman, el caballero de la noche asciende (y, si quieren, sobre la trilogía de Christopher Nolan); ¡Comenten!

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