Hayao Miyazaki: El hombre obsesionado con la infancia, los sueños y los vuelos

Ilustración: Anthony Marvell

Hoy en Cinescalas escribe: Hernán Schell

Hace unos meses atrás, Hayao Miyazaki anunció su retiro del cine como realizador. Si bien no es la primera vez que lo hace, esta parece ser la verdaderamente definitiva. Entre las muchas señales que existen está que su última película – la excelente The Wind Rises – tiene toda la apariencia de un film de despedida, una película dueña de una melancolía feroz y una ambición desmedida en la cual Miyazaki hace una lectura de la historia de Japón en la primera mitad del siglo XX y en alguna medida revisita y pone en crisis los tópicos más comunes de su filmografía. También es un film hermoso así como el canto del cisne más consciente que haya hecho un cineasta desde Érase una vez en América de Sergio Leone. Por tratarse de una película de animación apuntada exclusivamente a un público adulto y un largometraje que apunta a aspectos muy localistas de la historia del Japón (desde su participación en la Segunda Guerra Mundial hasta la epidemia de tuberculosis que sufrió en los 30 y el terremoto de los años 20), es posible que las distribuidoras no la estrenen nunca. Es una lástima, aunque si vamos al caso el cine de Miyazaki nunca se llevó bien con la distribución local. Su primera película en estrenarse en salas fue El Viaje de Chihiro.

Cuando se lo conoció – y muchos que ni sabían el apellido de esta persona empezaron a interesarse en su cine – Miyazaki ya tenía una trayectoria profesional en el cine de animación de más de treinta años. En esas tres décadas había participado como dibujante para varios estudios, participado de varias series de televisión ya sea como dibujante como de director (para más datos: fue el responsable de los escenarios de Heidi), fundado un estudio de animé llamado Ghibli, publicado varias historietas (o Mangas, para ser más preciso), dirigido siete de largometrajes de los cuales varios habían sido un éxito enorme en Japón (La princesa Mononoke, la película inmediatamente anterior a El viaje de Chihiro había sido el film de animación más exitoso de la historia nipona) y contado con un amplio prestigio por parte de la crítica. Por fuera de su país incluso Miyazaki era conocido por algunos críticos como “el Walt Disney japonés”. Dicho calificativo siempre le molestó profundamente. Sospecho que esto no tiene que ver con razones ideológicas (Miyazaki es marxista, cosa que Disney claramente nunca fue) y mucho menos con un rechazo a la cultura americana (de hecho Miyazaki ama a varias estrellas y directores de Hollywood, y es fanático de Bugs Bunny de Chuck Jones y de Lauren Bacall), sino más bien con una cuestión de saber diferenciar un artista de otro. Por decirlo de un modo sencillo: Disney y Miyazaki son dos realizadores completamente diferentes. Ahí donde Disney era un entusiasta de la innovación tecnológica, Miyazaki siguió hasta el final de su carrera negándose a hacer animación por computadora; ahí donde Disney es un obsesivo por narrar historias de familias no convencionales, a Miyazaki suelen gustarle más las historias de gente solitaria; ahí donde Disney gusta de estructuras narrativas más clásicas y aceleradas – salvo demencias como Fantasía -, el cine de Miyazaki es más contemplativo y puede proponer una narración regodeada en sostener varios enigmas durante buena parte del metraje (como sucede con las pistas dispersas de El viaje de Chihiro o de El castillo vagabundo) y con personajes que van revelando sus verdaderas intenciones con el correr de la historia.

Ilustración: Mike Blake

Sin embargo, la diferencia capital entre uno y otro reside en que mientras Walt Disney hace un cine de seres excepcionales, el cine de Miyazaki ha decidido en concentrarse en los aspectos más vulnerables de sus personajes, aún cuando estos puedan tener talentos brillantes o ser elegidos para una misión extraordinaria. El protagonista de La princesa Mononoke es un elegido del destino pero aún así termina siendo sólo uno de los tantos guerreros de los que hay en el film, incapaces de frenar lo inevitable; el ingeniero de The Wind Rises podrá ser una persona con una capacidad extraordinaria, pero hacia el final no es visto como otra cosa que como un engranaje más en una historia política y social determinada; y la nena de Kiki Delivery Service podrá ser un bruja capaz de comunicarse con gatos y volar en escoba, pero lo que más le interesa a Miyazaki es que sea una chica de trece años, con la capacidad para el asombro propia de una nena a las que las primeras experiencias laborales le causan un entusiasmo infinito. Justamente Miyazaki – a contrapelo de Disney – nunca ha querido hacer que sus niñas se vuelvan princesas hacia el final del film y no es tanto su pasaje a la adultez lo que le interesa sino sus características infantiles y su capacidad de armar universos lúdicos propios.

Esta misma fascinación por la niñez – expresado por otro lado con una capacidad nunca antes vista en la increíble Mi vecino Totoro – ha hecho que Miyazaki sea comparado con el escritor Lewis Carroll, autor al que Miyazaki no por nada remite una y otra vez El Viaje Chihiro. Sin embargo, lo que más comparte Miyazaki con Carroll es la construcción de mundos de sueños y fantasías caracterizadas no por su desorden sino por su cosmogonía. Justamente uno de los errores que siempre se cometen a la hora de hablar de Carroll es pensar que su literatura es delirante cuando hay pocos escritores que construyen fantasías tan ordenadas como él. Lo que sorprende al fin y al cabo de los libros de Alicia es que el mundo en el que entra la chica no está marcado por su arbitrariedad sino por personajes que se comportan acorde a una lógica muy cerrada a la que vemos demente sólo porque no obedece a nuestras costumbres. Los personajes de fantasía de Carroll son seres que tienen comportamientos fijos, y una filosofía muy clara de lo quieren. Del mismo modo, tanto el mundo que visita Chihiro, como los seres mitológicos de La princesa Mononoke o el mundo de sueños con el que habla el protagonista de The Wind Rises están gobernados por una lógica absolutamente transparente. Y es curioso esto, ya que suele suceder en Miyazaki que mientras el mundo de lo fantástico termina teniendo reglas, el mundo real se muestra como inevitablemente arbitrario, caprichoso y destructivo.

De hecho, parte del costado más pesimista de Miyazaki está en la idea de que el humano es necesariamente dañino: lo muestra en su distopía de Nausicaa, en la forma en la que el hombre termina destrozando lo sagrado en La princesa Mononoke y lógica belicista que termina imponiéndose en The Wind Rises. Sin embargo, esto no hace que el cine Miyazaki sea misantrópico. Por el contrario, una de las causas de esta misma destrucción tiene que ver con uno de los aspectos más compasivos del realizador hacia sus personajes y es guiarse siempre por la máxima de que todos tienen sus razones. O sea, de nuevo a diferencia de Walt Disney – amante de villanos impiadosos y temibles – en el cine de Miyazaki incluso los personajes que son capaces de la mayores crueldades tienen causas y contextos para comportarse así. Justamente ahí es donde entra el gran problema, porque si todos tienen sus razones y las razones son todas diferentes, el paraíso de uno puede ser la molestia o hasta la pesadilla del otro, haciendo así que cualquier intento de armonizar las cosas se vuelve prácticamente imposible. De todos modos, es verdad también que un mundo con fisuras y condenado al desequilibrio permanente no deja de tener también una belleza en su imprevisibilidad y en la capacidad de generar extrañamiento.

Creo que esta es una de las razones por las cuales Miyazaki termina construyendo un universo en el cual lo real se ve con mayor asombro que lo fantástico y películas en las que personajes pueden reaccionar frente a un conflicto cotidiano y posible de manera más asombrada que ante un ser de fantasía. El cine de Miyazaki podría resumirse en las nenas de Mi vecino Totoro que no terminan de caer de la enfermedad posiblemente mortal de su madre pero que pueden aceptar de buenas a primeras un bicho redondo y adorable que vuela, o la mirada asombrada de Kiki – alguien que puede tomar una escoba y subirse a ella naturalmente – frente a un dirigible. A uno como espectador le termina pasando lo mismo: cuando uno termina acostumbràndose a los seres de fantasía no son tantos los elementos sobrenaturales lo que nos terminan asombrando sino aquellas escenas que describen momentos perfectamente reales, como si de pronto el cine de Miyazaki nos muestre que no hay nada más asombroso en su misterio y arbitrariedad que la descripción de lo cotidiano y posible.

Es una lástima que un cine así no pueda tener más ejemplares de aquí en más, pero sus once largometrajes hoy representan uno de los corpus cinematográficos más fascinantes del cine reciente de uno de los mejores realizadores nipones de las últimas décadas. A saberse, este grupo de películas consta de los siguientes títulos: El castillo de Calgliostro, Nausicaa, Porco Rosso, Castillo en el cielo, Kiki’s Delivery Service, Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke, El Viaje de Chihiro, El Castillo vagabundo, Ponyo y The Wind Rises. De ese grupo hay a mi entender cinco obras maestras, cinco muy buenas películas y apenas una fallida. En todo caso, espero que el lector que no haya visto ninguna se proponga verlas todas. Valdrá la pena. Pocos cineastas han filmado la niñez con tanta sensibilidad, sido tan creativos a la hora de filmar vuelos, han rozando con tanta elegancia la cursilería sin tocarla y han inyectado al cine de tanto lirismo.

Por Hernán Schell 

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► [COMPILADO 1] Un tributo a Hayao Miyazaki:

The Imagination of Hayao Miyazaki from Matt Scanlon on Vimeo.

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► [COMPILADO 2] Otro gran homenaje al realizador:

Animation Masters: Hayao Miyazaki from Rebekah Soledad on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Arrancamos otra semana del blog con dos consignas: 1. Explayarse sobre el cine de Hayao Miyazaki y sus películas favoritas del realizador (¿o es que son todavía una cuenta pendiente?) 2. ¿En qué mundo imaginario, literario o cinematográfico, les gustaría vivir? Como siempre, gracias por estar acá, felicitaciones a Hernán por la nota y nos leemos en los comentarios ;)

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—> La última vez escribió Jorge Bernardez sobre… MEL BROOKS

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[OFF TOPIC] Muchachada, como mañana estará todo parado por el partido de Argentina, nos reencontramos el jueves (mañana tengo una reunión en relación a la difusión en LN del documental de Cinescalas, wish me luck!) con un post sobre la esperada adaptación de The Fault in Our Stars; ¡nos vemos entonces!

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Deathmatch: Personajes animados

En un artículo que publicó Buzzfeed hace unos días, el interrogante planteado era si Lone Ranger se había convertido, casi de manera indiscutible, en el fracaso más rotundo de lo que va del año. El análisis está enfocado desde una arista estrictamente comercial (relación inversión-ganancia) y poco se detiene en qué le faltó a la película para que otra la haya opacado el fin de semana de su estreno. Esa “otra película” es la secuela de Despicable Me. Lo que me interesó del artículo (y de los comentarios) es cómo podemos, mediante la catarata de datos, formular una nueva lectura: el cine de animación, aún hoy, continúa siendo subestimado, y esa subestimación es lo que hace que un triunfo en taquilla liderado por los Minions sea motivo de interpretaciones varias. ¿Acaso ellos atraen más audiencia que Johnny Depp en un papel que se parece bastante a muchos otros? Los números indican que sí, pero sabemos que hay mucho más detrás de una cifra. Que si los Minions o las criaturas de Monsters University son los elegidos es porque el género ya no tiene nada para demostrar. No tiene que legitimarse. En todo caso, su única intención es la de superarse y resistir los embates de los prejuicios ante las precuelas, secuelas y/o nuevas entregas, embates de los que muchos films animados casi siempre salen airosos. En una oportunidad señalé que la animación no es el género que más me deslumbra y, sin embargo, es el género que cuenta con algunos de los personajes más inolvidables, entrañables, pluridimensionales, y humanos a pesar de todo (o por todo eso), aquellos a los que deberíamos remitirnos a la hora de responder más de una consigna. Allá arriba en la imagen y aquí abajo en los videos, solo tres de mis favoritos, integrantes de un Top Five del cual, sin dudas, no puede quedar excluida mi admiración eterna por el desborde creativo de Caroline Leaf. 

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► [TRAILER] Los Minions promocionando Despicable Me 2:

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► [ESCENA 1] La genialidad de Mi vecino Totoro:

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► [ESCENA 2] Mike Wazowski en Monsters Inc.:

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¿Cuáles son sus personajes favoritos del cine de animación? Si tuvieran que armar un Top Five, ¿quienes no podrían faltar en la lista?; espero sus comentarios y, de yapa, sus propuestas para una secuencia y/o versus para debatir uno de estos jueves; ¡gracias a todos! ¡Nos reencontramos mañana! ;)

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Y EL MEJOR PERSONAJE DEL CINE DE ANIMACIÓN ES… COMING SOON…

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La última vez enfrentamos a… LAS ACTUACIONES DE BRAD PITT

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