Lo mejor del 2015: Los actores

En una de las novelas más enérgicas que leí en el año – A Visit from the Goon Squad, sobre la cual hubo post acá mismo - Jennifer Egan decide en el prólogo que las palabras de Marcel Proust revelen el eje narrativo de su obra: el tiempo, la música y las interconexiones. En En busca del tiempo perdido Proust manifestaba que había una cierta naturalidad en el desconocimiento de muchos elementos de la vida de alguien, independientemente del grado de cercanía que nos uniese a esa determinada persona. Todos estamos acá para ser descubiertos a medias, para que nuestra imagen sea reconfigurada luego, como el realizador Alfonso Gomez Rejon supo captar con precisión en la reciente Me and Earl and the Dying Girl. Asimismo, en A Visit from the Goon Squad los personajes con los cuales nos vamos encontrando capítulo a capítulo cambian según la perspectiva del narrador. Sasha, esa cleptómana que trabaja (y vive) para la música, narra una pequeña travesía nocturna en el primer pasaje y es recordada años después (de un modo mucho más complaciente) por el hombre que la conoció durante esa noche, pero una vez que la novela termina. Egan construye un rompecabezas y emplea a la música como herramienta clave para mostrar que el tiempo altera la percepción pero a la vez como herramienta clave para cesar con la racionalidad y exudar un espíritu adolescente, sensible, permeable al impacto de las melodías, las letras y las pausas que hacen los músicos entre estrofa y estrofa. Love & Mercy, la biopic de Bill Pohlad sobre el frontman de los Beach Boys Brian Wilson, vendría a ser (inconscientemente) el equivalente cinematográfico a esa novela. Por un lado, tenemos esa división temporal. El Brian de los sesenta (interpretado por un Paul Dano de enorme y necesaria vulnerabilidad) y el Brian de los ochenta (John Cusack) son efectivamente la misma persona y, en simultáneo, no lo son tanto. El Brian “del presente” sigue siendo ese genio apabullado por las voces indetenibles de su cabeza, sigue siendo manipulado por una figura masculina despótica y controladora (antes era su padre Murry; ahora es su terapeuta Eugene) pero también es una persona nueva desde el instante en el que alguien lo redescubre. La entrada al film de esa presencia salvadora que fue su eventual esposa Melinda Ledbetter (Elizabeth Banks) aporta otra pieza del rompecabezas que es Wilson, otra mirada que lo redefine al no querer definirlo sino al dejarlo ser. Por otro lado, el film de Pohlad nos presenta a la música como arte receptivo a distintas formas de caos, el mismo tópico que serpentea en la novela de Egan. Por lo tanto, Love & Mercy triunfa en esos grandiosos momentos en los que Wilson graba Pet Sounds instintivamente, como tirándose a la pileta con los ojos cerrados (“es como estar ciego pero, al estar ciego, de algún modo podés ver más” asegura el Brian “del pasado”), como preparándose para un recorrido espiritual difícil de verbalizar. En consecuencia, Dano internaliza más de lo que saca hacia afuera y, al cerrar esos ojos, hace que el bullicio de la cabeza de Wilson cobre tesitura, espesor, se despegue de la pantalla asaltando con bravura. “Yo acepto el caos, pero no estoy seguro de si el caos me acepta a mí” escribió Bob Dylan. Esas palabras fueron tomadas por el guionista Oren Moverman y reubicadas en la boca de Arthur Rimbaud en I’m Not There. Nada es fortuito. Moverman realiza el mismo procedimiento en Love & Mercy al correrse de lo lineal para abrazar todo ese hermoso y tortuoso proceso de creación musical de alguien que batallaba contra un gran espectro de amenazas. Love & Mercy es caos porque la música, el tiempo, los rompecabezas, las relaciones que entablamos, las subidas y bajadas también lo son. No hay nada prolijo en esta biopic y ésa es su mayor virtud: dejar que el sonido penetre con extrañeza, la misma extrañeza que generan esos ladridos de los perros de Brian que, allá por 1966, entraron al estudio para hacer historia. ♫ 

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►[TRAILER] Algunas imágenes de Love & Mercy:

Love & Mercy - SFIFF58 Trailer from San Francisco Film Society on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL AÑO:

► 1. JASON SEGEL en The End of the Tour

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► 2. MILES TELLER en Whiplash

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► 3. MATT DAMON en The Martian

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► 4. OSCAR ISAAC en A Most Violent Year y Ex Machina

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► 5. BEN WHISHAW en Lilting y Paddington 

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*DE YAPA: JASON MITCHELL en Straight Outta Compton

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► [GALERÍA] 40 grandes interpretaciones masculinas del 2015 mencionadas en el post de hoy:

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 ¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy entramos en la última semana de balance 2015 eligiendo los mejores actores del año; los invito a mencionar sus favoritos en los comentarios para luego armar una galería alusiva; por otro lado, me gustaría que quienes hayan visto Love & Mercy se explayen sobre la misma; nos reencontramos mañana en el megapost de fin de año con el video-regalo que espero que les guste; ¡hasta entonces, muchachada! PD. Para recordar quiénes habían sido los mejores actores del 2014, hagan click acá mismo

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Lo mejor del 2015: Las citas

La frase que elegí como la mejor del año resume, a mi criterio, dónde reside la fortaleza de una película como The Martian: en esa fusión del humor con el conocimiento. En la novela de Andy Weir – perfectamente adaptada por Drew Goddard y protagonizada por Matt Damon -, el personaje de Mark Watney toma cada eventualidad, cada problema a solucionar en Marte, como un vehículo para hacer un remate, para el tan esperado punchline. Sin embargo, su astucia para convertir distintas situaciones alarmantes (desde la inminente falta de comida hasta un despegue sin techo) en gags autoparódicos está muy lejos de la burla vacía y más emparentada con su poder resolutivo, con enfrentar la realidad de la única manera que conoce, con la determinación de que todo junto no se puede, de que cada enigma se tiene que descifrar a su debido tiempo. Mark, sin decirlo nunca, se pregunta para qué sufrir si no es necesario, si las herramientas para comunicarse con la NASA y para volver a la Tierra están presentes tanto a su alrededor como dentro suyo. La inteligencia nunca se mostró tan sexy y divertida como en la novela de Weir y como en este gran regreso de Ridley Scott. Watney se enorgullece del camino recorrido previamente, de cómo cada frase leída en un libro de botánica y de ingeniería mecánica lo prepararon inconscientemente para salir del aprieto en el que se encuentra.

Sin embargo, su incesante optimismo no solo está supeditado a lo esencialmente práctico (él es la clase de persona que puede concebir una oda a la cinta para ductos) sino también a la relectura de lo mundano. Los tiempos muertos en Marte, para él, no son nunca tiempos muertos. Watney se ríe de la muy específica clase de melomanía de la comandante Lewis, pero secretamente disfruta de la reproducción en loop de himnos de la música disco que ella dejó atrás. Watney maratonea Three’s Company y se siente más prisionero de esos cliffhangers televisivos que de los que diariamente es cautivo en ese nuevo planeta a conquistar (“I will take control of a craft in international waters without permission; that makes me a pirate! A space pirate!”). Watney no llora ante el deceso de sus botellas de ketchup: Watney llora cuando se sabe solo en Marte. No por extrañar (aunque lo hace) sino por sentirse un privilegiado por poder contemplar esa vista. The Martian es una película sobre la resolución de problemas – mancomunada e individual -, sobre lo mucho que se puede obtener de combinar distintas mentalidades por un objetivo prioritario. Pero, sobre todas las cosas, The Martian es una película que nunca se vuelca a la cursilería que trae consigo la respuesta a un interrogante no siempre sencillo. ¿Para qué sufrir si no hace falta? O en el caso de Watney: ¿para qué lamentarse por oler mal o “estar usando calcetines sudados”? La respuesta, claro, está implícita. No hay que hacerlo. A veces el peor inconveniente termina alojando la mejor experiencia. ♦ 

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*OTRAS CUATRO GRANDES CITAS DE ESTE AÑO:

► [CITA NÚMERO 1 / WHIPLASH] “There are no two words in the English language more harmful than “‘good job’”:

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► [CITA NÚMERO 2 / MAD MAX]Oh, what a day, what a lovely day!”:

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► [CITA NÚMERO 3 / A MOST VIOLENT YEAR] “When you look them in the eye you have to believe that we are better”:

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► [CITA NÚMERO 4 / APPROPRIATE BEHAVIOR]:

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► [GALERÍA] 50 CITAS DEL 2015 mencionadas en el post de hoy:

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¡BUEN JUEVES PARA TODOS! Hoy seguimos con el balance eligiendo las mejores frases que nos ha dado el cine durante el 2015; como el año pasado, con sus aportes armaré una galería; asimismo, este es el post para explayarse sobre The Martian de Ridley Scott (¿qué les pareció?); ¡espero sus comentarios! Nos reencontramos el lunes con un post sobre I’m Not There y el balance musical del año; ¡hasta entonces, que tengan un buen fin de semana!

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► MI CITA FAVORITA DEL 2014 HABÍA SIDO… “I just thought there would be more” (BOYHOOD)

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Interstellar: Odisea en la superficie de la humanidad

Hoy en Cinescalas escribe: Eduardo Blake

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Hablar sobre quién es Christopher Nolan a esta altura resulta innecesario. Reconocido por sus trabajos anteriores en películas como Memento, Inception y la trilogía de Batman: The Dark Knight, en esta ocasión Nolan prefiere alejarse de sus escenarios habituales y sumergirse en las profundidades del espacio exterior, queriendo, tal vez (solo lo sabrá él), crear su equivalente a la clásica 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick. Interstellar en sí presenta una historia interesante. Escrita por su hermano, Jonathan Nolan, el proyecto estaba originalmente pensado para Steven Spielberg, pero no prosperaría y terminaría siendo en manos de Nolan, quien reescribió gran parte de la trama para que se ajustara a sus sensibilidades (como dato curioso, un borrador del guión original circula en Internet, para quien quiera leerlo). La trama lidia con los últimos días de la humanidad en un planeta Tierra que se ha vuelto cada vez más inhóspito, casi como si rechazara la presencia de la raza humana. Cooper, interpretado por Matthew McConaughey, es un antiguo (y fallido) astronauta, ahora resignado a ser un granjero, pues eso es lo que la humanidad necesita. Resignado y frustrado, Cooper ve diariamente la fútil lucha por la humanidad por sobrevivir adaptando sus modos de vida a un mundo donde la tecnología y la innovación van desapareciendo.

Más allá de que reconozco que tiene una premisa inicial interesante, me costó mucho encontrar motivación para escribir sobre esta película. Creo que mi primera reacción fue decir: “No la odié… pero no la amé”. Si hay algo terrible en el mundo de la ficción es que una historia simplemente te despierte un sencillo “meh”, como si diera igual verla o no verla, experimentarla o no. Lo que odiamos, lo que nos disgusta, también nos define. Uno de los principales problemas que presenta Interstellar, y que llegado un punto es sintomático del cine de Nolan, es que sus personajes tienen momentos humanos, pero no son realmente humanos y no reaccionan como tales. Hay un aire de artificialidad que rodea a la película y a sus personajes, que reaccionan frente a distintas situaciones de una manera determinada, no porque les sea natural, sino porque así lo indica la progresión de la trama. Quisiera ejemplificarlo con la relación entre Cooper y su hija Murph (interpretada en su infancia por Mackenzie Foy y posteriormente por Jessica Chastain, que brinda una buena actuación). Esta relación, que es clave para el desarrollo de la trama, presenta momentos hermosos, pero que parecen ser atribuibles más al esfuerzo que pusieron los actores que a la dirección en sí misma. Llego a esta conclusión porque resulta casi imposible seguir una progresión emocional coherente entre las distintas viñetas que vemos de la vida de Murph, desde la relación con su padre en la infancia, los años en los que creció sin él, su adolescencia, su nueva vocación, la relación con su hermano, etc. Hay lógica en la progresión de su vida, pero una lógica fría, desconectada de las emociones que su personaje debería mostrar para conectar esos puntos de manera natural.

Es en una de las últimas escenas de la película donde termina de derrumbarse esta construcción artificial carente de emoción genuina. Si la relación de amor entre padre hija es casi el conductor central de la trama, es aquello que guía toda la historia, y es lo que permitirá lograr la salvación de toda la humanidad (algo que se ve expresado en el monólogo de Anne Hathaway sobre el amor como una fuerza que no hemos logrado comprender del todo, monólogo que por otro lado está espantosamente realizado, que nos deja perplejos mientras los otros personajes simplemente la miran sin decir nada, ni siquiera un “estás totalmente chiflada”), esa escena final no puede resultar de esa manera.

Imaginemos ponernos nosotros un segundo en el lugar de Murph, cuyo padre estuvo perdido en el tiempo y en el espacio por décadas. Cuando milagrosamente regresa, tras años de espera, en vez de querer hablar con él todo lo posible, y él hablar con ella, ambos personajes solo tienen una breve, casi superficial conversación, antes de volverse a separar. Por más que Murph esté por morir, y no quiera que su padre la vea llegar a esa instancia, es casi inconcebible el desarrollo de esa escena. Los seres humanos no somos así de racionales, simplemente no lo somos. Si después de décadas de no ver a mi padre reapareciera vivo… y repito, reapareciera vivo, no lo mandaría lejos. Si, ningún padre debería ver morir a su hijo, es una máxima lógica y entendible, pero no es realmente aplicable a esta relación, bordeando la incoherencia y la locura fría. Es una narrativa donde predomina la lógica de la trama por sobre la emoción. Si fuéramos Cooper, ¿no le preguntaríamos a Murph por su hermano? ¿Qué le pasó? ¿Qué sucedió con su nieto, al que no conoció salvo a través de una grabación? ¿No quisiera conocer a sus bisnietos, a toda la familia que está viva gracias al sacrificio que hizo? En la lógica de la película, no, simplemente hablaría cinco minutos con su hija y se iría.

Los personajes de Nolan no reaccionan como seres humanos, y es problemático. Hay ilusión de humanidad, son como los robots que aparecen en la película, que están programados para parecer humanos y reaccionar como tales frente a ciertos estímulos, pero que no lo son. No hay consistencia emocional en sus seres. En el momento indicado, se activa en ellos un switch de encendido de emociones, para luego apagarse el mismo hasta que la trama vuelva a requerir una demostración de emoción. De qué otra manera podemos explicar que, al parecer, al descubrirse la existencia de vida alienígena, dicho cambio monumental en nuestra percepción del universo no tenga casi impacto en la trama. Se habla de los Ellos, y simplemente se los menciona. El casi nulo grado de desarrollo del concepto de que “hay algo o alguien que nos está vigilando, que está cuidando por nosotros, que abrió un agujero espacio temporal para poder salvarnos” es poco natural. Estos mismos “ellos” crean también una anomalía de gravedad en la casa de Cooper para que, a su entender, él sea el piloto de la misión que salvará a la humanidad, un mandato casi divino que despertaría en cualquier persona algo religioso por la forma en la que se produce .Pero los personajes simplemente lo mencionan, no reaccionan a semejante evento con la naturalidad y el asombro que deberían tener.

La cinematografía de Interstellar tiene momentos hermosos, aunque a veces muy prolongados que terminan significando lo dificultoso, peligroso y frustrante de la exploración espacial. Es en la exploración de estos planetas donde vuelve a verse la ausencia de la emoción, al visitar estos humanos nuevos mundos, como si se tratara de algo casi cotidiano, con la ausencia casi total del asombro . Sé que a varios de los que estaban en la sala les pareció larga y aburrida pero no fue mi caso. Personalmente no me aburrió, pero se me hizo predecible, en particular viendo los conceptos poco desarrollados durante la película que hacían anticipar un cierre casi mágico. La paradoja de “ellos somos nosotros” es un recurso habitual en la ciencia ficción, en particular cuando la trama gira en torno al tiempo y al espacio. Yo pensé que Cooper terminaría, al atravesar el hoyo negro, desplazado temporalmente, sin poder interactuar directamente e iba a ser el fantasma, sospecha alimentada por la mención de Murph que el fantasma se sentía familiar, y por el mensaje de “STAY”, que sospeche que él mismo se trataba de decir, cuando veía desde el final de su odisea el principio de la misma. Interstellar es posible de ser objeto de números debates, pues tiene algunas cosas muy interesantes, pero son historias que no terminan a nada. Hay personajes que están por estar, como por ejemplo Topher Grace como el novio doctor de Murph.

Asimismo, todo el conflicto entre ella y su hermano – personaje interpretado por Casey Affleck - participa casi tangencialmente aún presentando temáticas interesantes, pero no termina de ser incluido. El hermano de Murph se niega a abandonar la casa familiar y dejar su forma de vida, aunque su esposa e hijo se enfermen. Su rol simboliza el rechazo a lo expresado por el personaje de Michael Caine, sobre que la humanidad no está hecha para morir en la tierra. El hermano representa el espíritu de aferrarse al pasado, al como “las cosas eran”, aunque signifique su muerte y la de su familia, lo que obliga a Murph a incendiar todo para forzar su partida. Se entiende lo que quiso decir Nolan con su personaje, pero hay algo faltante que simplemente hace que no funcione. Otro personaje interesante, pero que presenta cierta desconexión con el desarrollo de la trama, es el encarnado por Matt Damon. Uno de los primeros exploradores de lo que hay del otro lado del agujero negro, simboliza supuestamente “lo mejor de la humanidad”, pero termina mostrando lo peor de la misma. Sumergido en un delirio impulsado por un instinto de supervivencia por sobre todas las cosas, Damon en un momento de la película entra en modo de exposición pura y comienza a plantear un contraste de filosofías, centrándose en su supervivencia personal mientras anticipa el final de la trama al hablar nuevamente del amor entre padres e hijos, en otro monólogo que produce ecos con el de Hathaway. En un comentario al margen, quisiera decir que algunas de las secuencias en este acto con Damon parecen casi de otra película, una dosis de acción donde antes no parecía necesaria ni relevante.

Interstellar es una película que trata de hablar del espíritu humano, pero de una manera bastante fría. La historia sobre los primeros humanos que atraviesan el tiempo y el espacio no puede tener esa cualidsad, tiene que maravillarnos. Funciona, queda demostrado empíricamente si se quiere, el gran tema que plantea su director, pero el aspecto emocional, lo que viene a justificar por detrás toda esta reflexión, simplemente no funciona, y resulta muy apagada. La película pide del espectador más de lo que ella está dispuesta a darle. No hay una conexión emocional en este viaje que, más allá del aspecto de ciencia ficción, debería serlo para demostrar qué es la humanidad y por qué vale la pena ser salvada, a medida que se descubre un universo que desafía sus creencias y conocimientos. Es en este aspecto donde la película simplemente falla.

Quisiera concluir diciendo algo que influyó en mi crítica y que quizás no sea muy justo con Nolan. Dos días después de ver Interestellar, vi Boyhood, y todo lo que no me cerraba sobre la primera de repente comenzó a tener sentido, pudiendo expresar sobre el film de Richard Linklater lo que antes no podía. Boyhood es una historia mínima, casi una no-historia, no es una trama sino que es simplemente una serie de momentos de una vida entre muchas otras que expresan con claridad la naturaleza de la humanidad, las experiencias de vida y en particular las relaciones entre padres e hijos. Cuando lo comparo con el núcleo emocional y el gran tema que quería tratar Nolan, me sorprendió que es exactamente esa relación entre padres e hijos, ese amor capaz de atravesar las distancias y tiempos eternos el que encuentro en Boyhood y no en Interstellar.

Por Eduardo Blake

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[TRAILER] Algunas imágenes de Interstellar de Christopher Nolan:

Trailer - Interstellar from quadroporquadro on Vimeo.

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[ESPECIAL] Una mirada a los efectos visuales de la película:

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¡BUEN LUNES PARA TODA LA MUCHACHADA! En esta nueva semana del blog, tres consignas: 1. ¿Vieron Interstellar? ¿Qué les pareció? 2. Por otro lado, me gustaría saber qué opinión tienen de Christopher Nolan y cómo rankearían sus películas; 3. Edu pregunta si recuerdan otros films de ciencia ficción que aluden a la naturaleza humana y sus vínculos; como siempre, leo sus comentarios y nos reencontramos mañana; ¡que tengan un excelente comienzo de semana! [OFF TOPIC]: Ya están las entradas a la venta para NO ESTÁS SOLO EN ESTO en Mar del Plata y las pueden adquirir por acá ;)

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—> La última vez escribió Jesica Taranto sobre… SU PELÍCULA DE TERROR FAVORITA

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Esperar para ver

“I could be another fool or an exception to the rule, you tell me the morning after” - Elliott Smith (“Say Yes”)

Robin Williams (1951-2014)

En lo que sería una suerte de semana temática, y en relación a la idea que tuvo Natalia Bello para el post de hoy, pensé en el debate-dentro-del-debate que se generó en el de ayer. Independientemente de los argumentos que dimos acerca de si sentimos empatía con Tom o con Summer, también intercambiamos apreciaciones respecto a la histeria, la valentía y el tiempo, conceptos que observamos desde distintos ejes y que conseguimos entrelazar. Eso me trajo al final de Good Will Hunting, especialmente porque éste pone de manifiesto cómo el exponerse ante el conocimiento del otro puede ser complejo pero no imposible. La llegada de Skylar a la vida de Will no sólo lo obliga a indagar aún más en sus limitaciones emocionales sino a descubrir qué es lo que verdaderamente quiere. Así, la frase profética de su psicólogo (“you don’t know about real loss because that only occurs when you love something more than you love yourself”) es contrarrestada por Will cuando, al advertir la pérdida de aquello que ama, decide que es hora de conquistar el tiempo perdido, subirse a un auto para ver qué le pasa con esa chica, erradicar su mirada teórica, dejar de “citar sonetos” para realmente amar desde lo concreto, abandonando las imposiciones. “It’s always been wait and see” canta Elliott Smith en “Say Yes”, englobando esa cruzada a la que nos enfrentamos muchos cuando somos conscientes de nuestras búsquedas pero también carentes del coraje para dar el primer paso, ese atemorizante salto al vacío, ese “esperar para ver qué pasa”. En su libro Tejiendo sueños, Patti Smith escribe sobre el deseo y lo liga, justamente, al conocimiento (“un deseo de cierta cosa o el simple deseo de saber”) y a la apertura hacia lo diferente (“lo único seguro es el cambio”). Porque a contramano de lo que él creía, el preciso instante en el que Will se vuelve más fuerte es cuando acepta que es vulnerable, cuando se pone en movimiento, cuando maneja hacia lo incierto y cuando deposita su corazón, por primera vez, en manos de alguien. 

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► [ESCENA] El enorme final de Good Will Hunting:

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HOLA A TODOS La consigna para este día iba a ser que mencionemos películas asociándolas con sus citas más representativas; la idea era dejarles una galería de fotos vinculando imágenes con frases, de acuerdo a los aportes que hicieran; sin embargo, la muerte de Robin Williams alteró los planes; LOS INVITO A RECORDAR A ROBIN EN ESTE POST CON FOTOS/VIDEOS/GIFS Y A SUMAR SUS PAPELES FAVORITOS DEL ACTOR (simplemente no puedo creer que justo al publicar este post me entero de esta triste noticia); un saludo para todos…

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Wild at Heart

[Aclaración: quería agradecerles la paciencia infinita que me tuvieron la semana pasada sin actualizaciones del blog; como les había contado, a veces las situaciones inesperadas nos impiden continuar con la rutina habitual, "happenstance has changed my plans" diría Jeff Tweedy; sepan que se extrañó hacer el blog, pero que ya estamos de vuelta y con una nota de una amiga y colega, con cuyas palabras los dejo en este lunes...]

Hoy en Cinescalas escribe: Casandra Scaroni

La historia de Cameron Crowe es conocida, basta con ver Casi Famosos para saber lo necesario. Cameron usa como alter ego al joven Patrick Fugit para contar la historia de ese adolecente prodigio, rockófilo, que se va de gira con la banda Stillwater para cubrir una nota para la Rolling Stone. En esa gira Cameron (o William en la película) crece y cambia, casi como en cualquier coming of age. Deja su proyecto que tenía de nene aplicado y sus aspiraciones de abogado, y encuentra  el  placer del caos y de la incertidumbre, y también, lo más importante, encuentra una familia (no olvidar nunca a Penny lane y su famoso “you are at home”).

Esta estructura  de cambio de vida, de punto crucial en la vida emocional de los personajes, es casi un sello de garantía de Cameron. Lo tiene Orlando Bloom en Elizabethtown como el diseñador con un fracaso de millones de dólares que interrumpe su plan de suicidarse solo para ir al velatorio del padre, Tom Cruise en Jerry Maguire con su renuncia a los cuatro vientos pidiendo alguien que lo siga y lo tiene Matt Damon en Un zoológico en casa luego de la muerte de su mujer. Todos  ellos conocieron la libertad que el fracaso y que el desarraigo conlleva.

Cameron Crowe es, quizá, un hombre de no muchos recursos narrativos, pero tiene la virtud de creer genuinamente en lo que nos cuenta, o, de al menos hacernos creer en las emociones que de manera simple y certera, sin miedo de caer en la sensiblería, nos muestra. En Un zoológico en casa vemos a Benjamin Bee (Damon) luchar para encarrilar la vida de sus hijos, o más que nada, de su hijo mayor, quien después de la muerte de su mamá no parece poder entablar una conversación con su padre sin que ésta termine con portazos y gritos. Para esto, se le ocurre que necesitan un cambio radical y compra a muy buen precio una casa que se encuentra en un zoológico cerrado al público pero que aún conserva al personal que lo trata de hacer sobrevivir.

Como buen personaje de Crowe (aunque esté salga de eso  llamado vida real), Benjamin es un optimista incurable que ve en el riesgo de la aventura  la única estabilidad posible. Y aunque el tinte de ingenuidad esté ahí para molestar al cínico de turno, el camino idealista e impulsivo que elige Benjamin para encausar su vida no está exento de dolor (solo que ahora viene de la mano de decidir si a un tigre viejo ya le llegó su hora), ni de contrariedades como  que el saldo de una discusión sea una maraña de víboras sueltas por todos lados.  Pero no se trata de evitar el dolor, sino de encontrar un lugar donde no estemos tan solos para enfrentarlo. Cameron parece creer que la recompensa de tomar riesgos y alejarse de lo que se espera de nosotros es encontrar alguien como Scarlett Johanson que nos ayude a juntar víboras en caso de que sea necesario, o a una Penny Lane que te diga que estás en casa.

Por Casandra Scaroni

¿Vieron Un zoológico en casa? ¿Qué les pareció? ¿Cuáles consideran como puntos altos y bajos de la filmografía de Cameron Crowe? ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas solo deben mandar sus notas a milyyorke@gmail.com

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