Un pasaje para Francia…solo de ida

Hoy en Cinescalas escribe: Ana Acosta

Se cumplieron tres años del día que dejé mis miedos de lado y me aventuré a estudiar un nuevo idioma: francés. Nunca antes me había interesado por la cultura francesa, sinceramente no me atraía más allá de su historia, por lo que el acto espontáneo de anotarme en un curso básico me tomó por sorpresa. Intenté acostumbrar el oído escuchando música, desde los clásicos de Jacques Brel y Edith Piaff, hasta otros más contemporáneos como Matthieu Chédid, Bénabar y Tryo. Pero, como en tantas otras ocasiones, encontré lo que buscaba en el cine. Muchas veces empiezo a navegar en Internet sin un rumbo en mente, ese día en particular recordé a aquel muchacho francés de La Playa, que incluso en mi adolescencia había logrado desviar mi atención de Leonardo DiCaprio, y me pregunté qué habría sido de su vida. Busqué la filmografía de este joven actor y fue así que descubrí que Guillaume Canet también es un talentoso realizador. ¿Cómo es que no me había enterado de esto antes? Inmediatamente supe que tenía que hacer algo para remediar tantos años perdidos.

Me fascinó ver cómo ha elegido historias tan variadas donde los personajes que interpreta logran mantener un cierto encanto a pesar de las situaciones en las que se hayan inmersos. Ya sea en una comedia romántica, en un drama o en un policial de suspenso, Guillaume tiene la capacidad de hacernos cómplices; sentimos su dolor, hacemos propias sus luchas internas, su desesperación; compartimos su felicidad y sus logros. Lo que más me impactó fue la increíble química que comparte con su pareja, Marion Cotillard. Se los puede ver juntos en Quiéreme si te atreves y El último vuelo, aunque su colaboración más destacada a mi entender es la de Pequeñas mentiras sin importancia, dirigida por quien protagoniza este post. Luego de haber conquistado al público y a los críticos franceses con No se lo digas a nadie, Guillaume Canet volvió a ponerse detrás de las cámaras para contar una historia conmovedora, honesta y al mismo tiempo desoladora. En esta ocasión el elenco está conformado en su mayoría por amigos del director, lo cual también se traslada al espectador. François Cluzet o -como me gusta llamarlo- el camaleón francés, Gilles Lellouche -recomiendo que miren Cuenta atrás- y Jean Dujardin -antes de El Artista- junto con Marion son quizás los nombres más conocidos para nosotros, pero aquí el talento parece estar distribuido equitativamente entre todos. Nadie opaca a nadie, todos se complementan.


Pequeñas mentiras sin importancia cuenta la historia de un grupo de amigos que todos los años se reúne en una casa de playa pero, a causa de un accidente en el que uno de ellos resulta herido, deben decidir si quedarse en la ciudad mientras esperan que su amigo se recupere o irse de vacaciones de todos modos. Como les parece inútil acompañarlo en el hospital, votan por la segunda opción. Lo que no consideran es que continuar con sus vidas como si nada hubiera sucedido no va a resultar nada sencillo. De a poco empiezan a caer los velos que ocultan una realidad que los distancia. Surgen resentimientos, dudas, culpas, desconfianza…el tiempo pasa y las personas aparentan ser algo que ya no son, algo entre lo que los demás esperan que sean y lo que ellas creen que deberían ser. En algún momento tanto “pretender ser” se agota y las capas van cayendo una a una para dejar a estos “seres” completamente expuestos. La expresión “montaña rusa de emociones” es más que apropiada para describir la experiencia de mirar esta película. A medida que los personajes interactúan entre sí somos testigos de sus momentos más bajos y también de sus grandezas, pero llega un punto en que como meros espectadores sabemos que la caída libre es inevitable.

La historia no es para nada imprevisible, el disfrute reside en ver a estos personajes lidiar con la carga emotiva que llevan dentro, en especial Marie (Cotillard), Vincent (Magimel) y Max (Cluzet). En este grupo de amigos pude ver a mi grupo de amigos con unos años de más, no hay buenos ni malos, solo personas que aman, sufren y se lastiman en el camino, pero que al final del día darías lo que fuera por tenerlos siempre del otro lado con los brazos extendidos. Y lo que nunca puede faltar es una banda sonora tan buena como la película, de esas que consiguen crear lazos indivisibles entre la música y las escenas. La música que los acompaña pasa por todos los estados de ánimo y todos los estilos posibles de la mano de Gloria Gaynor, Nina Simone, Janis Joplin, David Bowie, Damien Rice, Ben Harper e incluso Canet se anima a cantar. Prepárense para reír y llorar, este muchacho es así de maravilloso.

Cuando las miradas y la música lo dicen todo:


Si mi sensibilidad, o debería decir mi debilidad, se parece en algo a la de ustedes, no van a querer que este viaje se termine. Por suerte los actores franceses de esta generación todavía tienen largas carreras por delante. Por ejemplo, la nueva película en la que actúa Canet se estrenó en el Festival Tribeca con muy buenas críticas, solo espero que Una vida mejor consiga distribuidores para poder verla en el cine. Además, ya comenzaron a filmar la remake de Lazos de sangre, como tantas otras remakes de películas extranjeras por estudios americanos me parece completamente innecesaria aunque quizás al estar Guillaume involucrado como director puede llegar a ser una de las excepciones a la regla. Mi interés repentino en la cultura francesa, ahora que creo conocer un poco más de ese país gracias al cine -mi ventanita al mundo- se transformó en un enamoramiento que me llevó a planear un viaje a París el año pasado y a aplicar a un trabajo temporal de siete meses en Francia durante el año escolar 2012-2013. No sé si llamarlo una obsesión, lo que sí está claro es que una vez embarcada en este viaje que empezó tan inocentemente, no hay vuelta atrás.

Por Ana Acosta

¿Han visto películas protagonizadas y/o dirigidas por Canet? ¿Qué opinan de ellas? Si no, ¿les pasó lo mismo que a Ana, que ciertas películas los motivaron a hacer un cambio en sus vidas?; ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas solo deben mandar sus notas a milyyorke@gmail.com

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Se cumplieron tres años del día que dejé mis miedos de lado y me aventuré a estudiar un nuevo idioma, francés. Nunca antes me había interesado por la cultura francesa, sinceramente no me atraía más allá de su historia, por lo que el acto espontáneo de anotarme a un curso básico me tomó por sorpresa. Intenté acostumbrar el oído escuchando música, desde los clásicos de Jacques Brel y Edith Piaff, hasta otros más contemporáneos como Matthieu Chédid, Bénabar y Tryo. Pero, como en tantas otras ocasiones, encontré lo que buscaba en el cine.

Muchas veces empiezo a navegar en Internet sin un rumbo en mente, ese día en particular recordé a aquel muchacho francés de La Playa que incluso en mi adolescencia había logrado desviar mi atención de Leonardo DiCaprio, y me pregunté qué habría sido de su vida. Busqué la filmografía de este joven actor y fue así que descubrí que Guillaume Canet también es un talentoso realizador. ¿Cómo es que no me había enterado de esto antes? Inmediatamente supe que tenía que hacer algo para remediar tantos años perdidos.

Me fascinó ver cómo ha elegido historias tan variadas donde los personajes que interpreta logran mantener un cierto encanto a pesar de las situaciones en las que se hayan inmersos. Ya sea en una comedia romántica, en un drama o en un policial de suspenso, Guillaume tiene la capacidad de hacernos cómplices; sentimos su dolor, hacemos propias sus luchas internas, su desesperación; compartimos su felicidad y sus logros. Lo que más me impactó fue la increíble química que comparte con su pareja, Marion Cotillard. Se los puede ver juntos en Quiéreme si te atreves y El último vuelo, aunque su colaboración más destacada a mi entender es la de Pequeñas mentiras sin importancia, dirigida por quien protagoniza este post.

Luego de haber conquistado al público y a los críticos franceses con No se lo digas a nadie, Guillaume Canet volvió a ponerse detrás de las cámaras para contar una historia conmovedora, honesta y al mismo tiempo desoladora. En esta ocasión el elenco está conformado en su mayoría por amigos del director, lo cual también se traslada al espectador. François Cluzet o -como me gusta llamarlo- el camaleón francés, Gilles Lellouche -recomiendo que miren Cuenta atrás- y Jean Dujardin -antes de El Artista- junto con Marion son quizás los nombres más conocidos para nosotros, pero aquí el talento parece estar distribuido equitativamente entre todos. Nadie opaca a nadie, todos se complementan.

Pequeñas mentiras sin importancia cuenta la historia de un grupo de amigos que todos los años se reúne en una casa de playa pero, a causa de un accidente en el que uno de ellos resulta herido, deben decidir si quedarse en la ciudad mientras esperan que su amigo se recupere o irse de vacaciones de todos modos. Como les parece inútil acompañarlo en el hospital, votan por la segunda opción. Lo que no consideran es que continuar con sus vidas como si nada hubiera sucedido no va a resultar nada sencillo. De a poco empiezan a caer los velos que ocultan una realidad que los distancia. Surgen resentimientos, dudas, culpas, desconfianza… el tiempo pasa y las personas aparentan ser algo que ya no son, algo entre lo que los demás esperan que sean y lo que ellas creen que deberían ser. En algún momento tanto “pretender ser” se agota y las capas van cayendo una a una para dejar a estos “seres” completamente expuestos. La expresión “montaña rusa de emociones” es más que apropiada para describir la experiencia de mirar esta película. A medida que los personajes interactúan entre sí somos testigos de sus momentos más bajos y también de sus grandezas, pero llega un punto en que como meros espectadores sabemos que la caída libre es inevitable.

La historia no es para nada imprevisible, el disfrute reside en ver a estos personajes lidiar con la carga emotiva que llevan dentro, en especial Marie (Cotillard), Vincent (Magimel) y Max (Cluzet). En este grupo de amigos pude ver a mi grupo de amigos con unos años de más, no hay buenos ni malos, solo personas que aman, sufren y se lastiman en el camino, pero que al final del día darías lo que fuera por tenerlos siempre del otro lado con los brazos extendidos. Y lo que nunca puede faltar es una banda sonora tan buena como la película, de esas que consiguen crear lazos indivisibles entre la música y las escenas. La música que los acompaña pasa por todos los estados de ánimo y todos los estilos posibles de la mano de Gloria Gaynor, Nina Simone, Janis Joplin, David Bowie, Damien Rice, Ben Harper e incluso Canet se anima a cantar. Prepárense para reír y llorar, este muchacho es así de maravilloso.

Si mi sensibilidad, o debería decir mi debilidad, se parece en algo a la de ustedes, no van a querer que este viaje se termine. Por suerte los actores franceses de esta generación todavía tienen largas carreras por delante. Por ejemplo, la nueva película en la que actúa Canet se estrenó en el Festival Tribeca con muy buenas críticas, solo espero que Una vida mejor consiga distribuidores para poder verla en el cine. Además, ya comenzaron a filmar la remake de Lazos de sangre, como tantas otras remakes de películas extranjeras por estudios americanos me parece completamente innecesaria aunque quizás al estar Guillaume involucrado como director puede llegar a ser una de las excepciones a la regla.

Mi interés repentino en la cultura francesa, ahora que creo conocer un poco más de ese país gracias al cine -mi ventanita al mundo- se transformó en un enamoramiento que me llevó a planear un viaje a París el año pasado y a aplicar a un trabajo temporal de siete meses en Francia durante el año escolar 2012-2013. No sé si llamarlo una obsesión, lo que sí está claro es que una vez embarcada en este viaje que empezó tan inocentemente, no hay vuelta atrás.

El mejor papel de…Marion Cotillard

“Fear no longer clouds your heart. Only passion for living, and for loving, becomes your sole reality”

Post dedicado a Uriel y sus paseos por el Sena

Lo primero es lo primero: gracias a todos por los comentarios de ayer. Lo dije y lo repito: hacer este blog es un placer y sentirme leída y comprendida de manera diaria, un placer aún mayor. Eso es mérito de ustedes y de nadie más. Gracias de nuevo. Ahora sí, al tema de este viernes…ella, Marion. Quiero dejar algo en claro: sin dudas creo que su mejor papel es el de La Vie En Rose, pero como ya hablamos de esa película en este post, me pareció redundante escribir sobre lo mismo. Dicho esto, todos los caminos me conducen a París, a Medianoche en París, uno de los films más logrados de Woody, que remite instantáneamente a la gran La rosa púrpura de El Cairo pero que también tiene algo extra, algo que se quedó conmigo desde el momento en que la vi hasta hoy. Es una película que conjuga ingenuidad y complejidad de manera paralela.

Por un lado, toma a exponentes culturales emblemáticos (Dalí, Buñuel, Barnes) y los define con dos o tres rasgos de manual (desde Dalí y sus rinocerontes hasta Barnes y su temperamento). Por el otro, indaga en el tema de la nostalgia, del trillado tópico del inconformismo con el presente por el deseo de un pasado que no pudimos disfrutar (Ya lo dijo Blur: Legislated Nostalgia) con sinceridad, con algo de laconía y, sobre todo, con abrumadora belleza. Parte de esa belleza la aporta Marion. Su rostro en ese primer plano que le da Woody es de una perfección tan notoria, que no hace más que reafirmar lo que la película sostiene continuamente: el arte se manifiesta a partir de miradas, de gestos, de naturalidad, de transmisión de ideas. Por eso, ese rostro, esa maleabilidad de Marion es también, sin lugar a dudas, una reafirmación de lo hermoso que puede ser el arte cuando se lo aborda con ese compromiso, con esa naturalidad.

¿Cuál les parece la mejor interpretación de Marion Cotillard? De yapa, cuenten de qué actor o actriz quisieran ver post; ¡Gracias a todos y Buen Finde!

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