Lo mejor del 2014: Las actrices

 ”En las desventuras comunes se reconcilian los ánimos” – Don Quijote de la Mancha

En una decisión estética que ya se convirtió en su marca registrada, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne no apelan a demasiados artilugios en Deux jours, une nuit (Dos días, una noche) sino que se concentran en un hecho tal y como sucede: una mujer, Sandra, permanece tumbada en una cama sin ánimos para levantarse. No hay música ni movimientos de cámara. Todo es seco y austero. A los segundos, se escucha el sonido del teléfono, un sonido que termina siendo más ensordecedor y revelador que un martillazo. Sandra se pone de pie a duras penas, toma el tubo, y escucha la noticia mientras su cuerpo empieza a temblar. La están por despedir de su trabajo. Lo que se nos muestra después es, desde una perspectiva factual, el recorrido que deberá emprender esta mujer por las casas de todos sus compañeros de fábrica con el objetivo de convencerlos de que rechacen un abultado bono para que ella pueda conservar su empleo. Si en el lapso de un fin de semana consigue que la mayoría renuncie a ese beneficio, entonces el despido ya no será una opción y podrá retomar su rutina normalmente. Sin embargo, Deux jours, une nuit es mucho más que la lucha de una mujer (y por extensión, de quienes trabajan con ella) contra las arbitrarias decisiones empresariales; en escasas ocasiones se alude a la situación socioeconómica belga (la película transcurre en Liège) y los empleadores funcionan más bien in absentia. Por lo tanto, el ruido del teléfono es más significativo que las palabras que salen de él. Lo que se le comunica a Sandra es relativo, pero el impacto del sonido está lejos de serlo. A partir de pequeños sucesos (golpear una puerta, solicitar algo complejo, caminar muchas cuadras bajo la luz del sol, subir el volumen de una canción para mejorar el estado anímico, tomar agua para calmar los nervios), los Dardenne conciben una aplastante alegoría sobre la superación personal. La depresión de Sandra es notoria desde ese primer plano cerrado con su cabeza en la almohada, pero se vuelve más estridente a medida que intenta llevar a buen puerto la estrategia (externamente impuesta)  que le garantizará el bienestar familiar. La interpretación de Marion Cotillard es sublime, no sólo porque denota un profundo conocimiento de los rasgos autorales de los Dardenne (por cómo se muestra a cara lavada, por cómo debe representar a una mujer común sin que el espectador se distancie por estar viendo a una actriz conocida) sino también porque expone a través del cuerpo todo el espectro de sensaciones por los que atraviesa una persona que batalla con la depresión: la desesperación que deriva en autodestrucción, la voz que se entrecorta de súbito, la sonrisa que quiere aparecer pero se termina desdibujando. “No existo, no soy nada de nada” dice Sandra mientras vuelve a caer en la cama (los Dardenne eligen la habitación como espacio simbólico de la enfermedad, como el abismo al que se vuelve y se vuelve) y su marido le implora que utilice la (re)acción como antídoto  contra el desánimo. Así, caída tras caída, visita tras visita, respuesta tras respuesta, el resultado de la cruzada de Sandra empieza a perder relevancia y es la pelea contra su condición lo que se impone como fascinante. Con esa notable economía de recursos, los hermanos Dardenne construyen una parábola quijotesca sobre esas desventuras comunes sobre las que escribió Miguel de Cervantes Saavedra, sobre cómo el impulso para poner los pies en el suelo a veces puede provenir de un golpe, de un llamado, de un sonido. “Soy feliz” dice Sandra sobre el final, un final en el que los realizadores ya no apuestan por un plano cerrado sino por uno abierto, con su protagonista bien lejos de esa cama, caminando hacia un destino y con una sonrisa perdurable. ♦   

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►[TRAILER] Algunas imágenes de Deux jours, une nuit:

Two Days, One Night from Light House Cinema on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES FEMENINAS DEL AÑO:

► 1. SCARLETT JOHANSSON en Under the Skin y Her

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2. ADÈLE EXARCHOPOULOS en La vida de Adèle

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► 3. AGATA KULESZA en Ida

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► 4. BRIE LARSON en Short Term 12

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► 5. GUGU MBATHA-RAW en Beyond the Lights y Belle

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► *DE YAPA: Aura Garrido en Stockholm

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES ACTUACIONES FEMENINAS DEL 2014 mencionadas en el post de hoy:

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy proseguimos con el balance de LO MEJOR DEL AÑO eligiendo a las mejores actrices del 2014: ¿cuáles fueron las interpretaciones femeninas que más se destacaron? Los invito a mencionar sus favoritas en los comentarios para armar una nueva galería; nos reencontramos mañana con los mejores actores, ¡los leo, como siempre! PD. Para recordar cuáles fueron sus actrices favoritas del 2013, pueden hacer click acá mismo

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El post de las fotos

El fotógrafo alemán Juergen Teller expresó en más de una oportunidad su desaprobación respecto a las fotos que hacen ver a los artistas “sin ninguna respuesta emocional”. Teller no sólo alude al Photoshop como herramienta sino también a las producciones que se apoyan en contextos sobrecargados para que una estrella se luzca. La estilización como vía para encontrar la cuota de lo inmaculado, de lo impoluto. Consecuente con sus preferencias, Teller apuesta por algo diferente, por retratos depurados donde se pueda traslucir la belleza de lo imperfecto, como las cejas despeinadas de Marion Cotillard que se ven en la foto superior, que la hacen aún más bella. Hace poco, en uno de los habituales divagues que se generan en los posts, pensamos que era una buena idea armar dos galerías de imágenes con las mejores y peores producciones de artistas del cine y de yapa fotos backstage y de rodaje. Los invito, entonces, a hacer sus aportes.

► Por otro lado, concluyo el post con un ejemplo de mala producción de fotos; en este caso, en otra ducha, y con Jessica Alba haciendo su imitación de Janet Leigh en Psycho. Para el olvido.  

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► [GALERÍA NÚMERO 1] Las mejores producciones de fotos, imágenes backstage y otras imperdibles perlitas:

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► [GALERÍA NÚMERO 2] Algunas fotos para el olvido:

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! La consigna para hoy es armar dos galerías de las mejores y peores producciones de fotos de artistas del mundo del cine + imágenes de rodaje y/o backstage; desde ya, la gracia es que dejen los links en los comentarios, de los cuales posteriormente recopilaré las imágenes; ¡gracias a todos, los leo y nos reencontramos mañana en un nuevo post!

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Oscars 2013: Las actrices

Al igual que el sábado pasado, les dejo otra de las entrevistas en conjunto que realizó The Hollywood Reporter, en este caso focalizada en las actrices que posiblemente más premios se lleven el próximo año por sus actuaciones en el 2012. Forman parte del intercambio: Helen Hunt (The Sessions), Rachel Weisz (The Deep Blue Sea), Marion Cotillard (Rust and Bone), Naomi Watts (The Impossible), Anne Hathaway (Les Misérables), Sally Field (Lincoln) y Amy Adams (The Master). Particularmente me gustaron mucho las anécdotas de Sally Field y algunas observaciones de Rachel Weisz, quien está más encantadora que de costumbre. Que la disfruten.

Te saqué la ficha

“En realidad, la teoría del autor no es tanto una teoría como una actitud, un cuadro de valores que convierte la historia del cine en autobiografía de directores”, escribió el crítico Andrew Sarris para aludir, claro, a su famosa Teoría de autor. Me entristeció mucho el fallecimiento de Sarris hace unos meses, fundamentalmente porque es uno de mis críticos-referentes (junto a Pauline Kael), y siento bastante cercana su visión sobre los mundos concebidos por los cineastas y la necesidad del crítico de analizar los corpus autorales, detectando rasgos en común en las obras, y observando también cómo a veces una película puede funcionar como respuesta a otra, siendo el realizador quizás el primero en reconocer su naturalea obsesa, poniendo esa autoconsciencia en la práctica. Hace poco pensé en todo esto cuando en la casa de una amiga alguien puso de fondo una película promocional para Dior titulada Lady Blue Shanghai. Desde el primer minuto que no hubo dudas: eso era Lynch. Sin estar al tanto de este film, la música, el clima asfixiante y esos ecos a Terciopelo azul y Mulholland Dr. no podrían haber sido concebidos por otro autor. La idea del post de hoy es que sumen otros directores cuyas películas sobresalen, denotan pertenencia, impronta, estilo. Creo que más de una vez comenté por acá que la búsqueda de estilo es el (micro)proceso de la escritura que más me apasiona y el que, a la vez, más complejo me resulta. De ahí mi admiración por quienes dicen algo siendo fieles a sus ideas y logrando lo que pocos pueden: convertirse, más allá de la obviedad, en creadores únicos que se destacan por su coherencia.

Miren un fragmento de Lady Blue Shanghai:

¿A qué directores reconocen con solo ver un fotograma de sus películas? Los invito a sumar ejemplos de realizadores y rasgos característicos (ejemplo: Woody Allen y la tipografía de sus créditos); ¡comenten!

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Batman: el final de un símbolo

«Lo tenemos todo, pero no somos dueños de nada»

Atentos: no leer esta crítica si no vieron la película, hay spoilers

La certeza de que Christopher Nolan se inspiró en Historia de dos ciudades de Charles Dickens para el cierre de la trilogía de Batman no solo habla del trasfondo sociopolítico de la saga sino de su atemporalidad y de su necesidad – porque así creo que es: una necesidad – por despegarse de un cine de superhéroes. Sabemos que su ambición es tal que “una de cómics” no era lo suyo. Y la constatación definitiva de esto nos llegó con El caballero de la noche, cuyo título ya nos anticipaba que no era imperativo nombrar a Batman. Que todo estaba un paso más allá. Que ese “caballero de la noche” podía aludir a un Harvey Dent desaforado, a un Guasón moviéndose pendularmente, a un ciudadano modelo convertido en animal a la fuerza o efectivamente a Bruce Wayne penetrando las tinieblas. Ya lo dijo Dickens: “Esta época es tan parecida a todas las épocas, que nada de lo que aquí voy a contar debería, en realidad, sorprendernos. Nada. Ni el perdón, ni la venganza, ni la muerte, ni la resurrección”. Esta frase parece haber sido acogida por Nolan, aprehendida como axioma y llevada a lo más práctico. En Batman, el caballero de la noche asciende hay una época referente a alguna otra – la lucha de dos mundos, la civilización y la barbarie, la historia de dos ciudades -, y hay pequeñas muertes (la mayoría de ellas en post de un ideal, sea del lado del que fuere) en una sociedad literalmente partida al medio. Podemos argumentar que la imagen de un puente divisor, o el plan de Bane de dinamitar los cimientos sean metáforas trilladas, pero Nolan las toma como elementos fundamentales. A fin de cuentas, está construyendo un relato universal y, a fin de cuentas, lo suyo es narrar a dos puntas: visualmente (la imagen de ese puente o la impresionante secuencia del partido de fútbol americano) y por medio de monólogos que sí, para qué negarlo, nos ponen todo frente a nuestras narices, pero cuyo adoctrinamiento se logra mermar de manera sorprendente.

Sin embargo, a pesar de ese patriotismo (el plano de la bandera americana rota podría haber sido obviado), de esa unión de los ciudadanos de Gótica esquivando la resignación (similar a lo que sucedía en El caballero de la noche, cuando el Guasón pretendía enfrentarlos, aunque aquí todo se vuelve más violento y menos unidimensional), la película de Nolan se permite secuencias brutales (la presentación de Bane), imágenes poéticas reminiscentes al cómic (la batalla bajo la nieve, visceralmente hermosa), momentos de tinte surrealista (la aparición de Cillian Murphy, un gran plus), confrontaciones dolorosas (el adiós de Alfred), historias de amor en paralelo (Bruce y Selina Kyle/Bane y Talia Al Ghul) y también una vueltas a los orígenes con ese entrenamiento final de Bruce para salir a la superficie. Inlcuso, también, hay detalles que funcionan por omisión, como no mencionar nunca al Guasón de Ledger. ¿Hay cosas que sobran? Sí, claro. Podemos prescindir de una melosa noche de sexo a oscuras y con lluvia; también podemos prescindir de flashbacks que no le hacen justicia a la capacidad de Nolan para narrar desde distintos puntos de vista, capa tras capa, siendo Inception el ejemplo más claro. Pero las pocas fallas de este gran cierre quizás tengan más que ver con una dificultad para domar a la bestia. Nolan hizo su película más épica hasta el momento, y eso lo llevó, en consecuencia, a descuidar algunos puntos, como la muerte de Bane (menos gloriosa que su aparición) y lo poco rotundo y firme que resultó el microrelato de Miranda/Talia.

¿Pero le podíamos pedir más? Pocas cosas resisten la grandilocuencia y esos traspiés de El caballero de la noche asciende no son más que traspiés sintomáticos de su apabullante desmesura. Una desmesura que, paradójicamente, no aplasta a sus protagonistas sino que los hace relucir, especialmente a Anne Hathaway en esa cruza de chica screwball comedy y femme fatale hitchockiana que es Selina y a Joseph Gordon-Levitt, perfecto como ese personaje que toma la batuta. Y esto me lleva al final – de mi crítica y de la película -, a un final que no podría haber sido abordado de otro modo y que, sin embargo, solo Nolan pudo crearlo. La muerte de Wayne no podríamos haberla aceptado. La muerte de Bayne era, a priori, inconcebible. La muerte de Batman, sin embargo, es otra cosa. Hablamos del fin de un símbolo. De enterrarlo, de construirle una estatua en su honor, para que Robin pueda sucederlo. Porque así como Bruce cumple la fantasía de Alfred y sonríe con Selina mientras le llueve la luz europea, Robin es ahora quien penetra las tinieblas. No por nada una imagen sucede a la otra. Batman, el caballero de la noche asciende se planta en la dualidad y se hace cargo de las épocas de fe y también (y por sobre toda las cosas) de las de incredulidad.

¿La consigna de hoy? Explayarse sobre Batman, el caballero de la noche asciende (y, si quieren, sobre la trilogía de Christopher Nolan); ¡Comenten!

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