El post del baboseo (versión 2013)

Muchachada, por alguna extraña razón se me borró todo lo que escribí en este post, todos los gifs y la consigna. Rarísimo dado que no anduve mucho por el publicador. Sepan disculpar las molestias ocasionadas. Ya volveré a cargar los gifs para su placer. Gracias por los comentarios. Como sabrán, batimos el récord. Nos reencontramos el martes, se los extraña (siempre).

La mejor película para…encontrar inspiración

“Waiting to catch that lightening,we’ll wait and see what grows,all we’ve reaped and all that we’ve sown,this blood is our own”

Hay algo en el hecho de entrar a una habitación y detenerse en una biblioteca. Hay algo en el hecho de revisarla, rozar los libros, tomar uno u otro, oler las páginas, pedirlo prestado o simplemente leer uno de sus fragmentos para después volver a colocarlo en el mismo lugar. Hay algo en el hecho de saber que cada uno fue adquirido en un momento particular, en un lugar en particular y que quizás pasó días en una mochila, fue abandonado por meses, fue motivo de relecturas, fue un disparador de un recuerdo involuntario, o incluso un testimonio de una situación clave. Como una vez señaló Hornby respecto a los discos, contemplar la biblioteca de alguien es sencillamente ingresar a su mundo, a su modo de ordenar, de darle valor a una edición específica, de incluir señaladores que quizás también dicen mucho sobre el instante en el que ese libro pasó a pertenecerle. “Por medio de la literatura, la colectividad pasa a la reflexión y a la mediación y adquiere una conciencia turbada y una imagen desequilibrada de sí misma que trata sin tregua de modificar y mejorar. Pero, al fin de cuentas, el arte de escribir no está protegido por los decretos inmutables de la Providencia: es lo que los hombres le hacen; lo eligen al elegirse” concluye Jean-Paul Sartre su apasionante manifiesto ¿Qué es la literatura?. Me gusta que emparente al destino con el acto de escribir, acto sobre el cual se hacía tres preguntas insondables (el qué, el por qué y el para quién) y me gusta, sobre todo, que use el verbo elegir. Me remite a esa acción de tomar un libro de una biblioteca, sí, pero también a cómo cuando uno lo hace está estableciendo una suerte de pacto con el autor (aunque sea momentáneo, uno decide acercarse a él) y también con esa otra persona que lo eligió previamente. Un universo puede fundirse con otro a través de un hecho imperceptible que termina estando, como decía Sartre, protegido por el decreto del destino. Un hecho imperceptible es la clase de hecho que, por lo general, cambia el rumbo de las cosas.

 “You recognised me” – “I would recognise you blindfolded”

A Royal Affair es una película histórica centrada en Caroline Matilde, reina de Dinamarca, quien se casó muy joven con Christian VII, pero terminó enamorándose del médico personal de su esposo, Johann Struensee, un hombre dispuesto a usar su vehemencia para cambiar la mentalidad (y las leyes) de una Dinamarca del Siglo XVIII que le huía al progresismo, y que se encontraba impermeable a cualquier clase de propuesta ilustrada. Si elegí este film para la consigna de hoy es, entre otras cosas, por lo que escribí previamente. El primer contacto sin prejuicios entre Caroline y Johann se produce gracias a la observación aguda que hace ella de la biblioteca de él. Su mundo, el literario, el de las ideas, el de la urgencia por aunar potencias para pregonar (y poner en práctica) los pensamientos de Rousseau, no le es ajeno a Caroline. Su vista se detiene en esos libros, escondidos tras otros menos conflictivos, suerte de simbolismo de aquello en lo que se terminaría convirtiendo su relación con Johann: algo que no podía pasar a un primer plano. Pero no solo Rousseau los une. Los une Voltaire y una carta que les escribió. Los une esa mezcla de pragmatismo y torbellino, esa combinación que los hizo ir tan lejos como pudieron, tan lejos como les fue permitido. Con sus espíritus arrebatados, claro. Pero también con la claridad como para poner en palabras todo por lo que estaban combatiendo. “Cada cual debe solucionar su problema, es decir, su estilo, su técnica, sus temas. Si el escritor tiene conciencia de la urgencia de este problema, se puede tener la seguridad de que propondrá soluciones en la unidad creativa de su obra, es decir, en la indistinción de un movimiento de creación libre” escribió también Sartre. Las conversaciones de Caroline y Johann sobre, justamente, la libertad y la capacidad creadora de un futuro del que ellos no formarán parte – como tristemente lo aceptan las miradas deslumbrantes de Alicia Vikander y Mads Mikkelsen – son el eje de A Royal Affair, el centro de todos los planteos. Una idea, si se suma a otra, termina forjando esa unidad creativa y provocando un efecto, por más mínimo que éste sea. La película es en extremo sensorial, pone a dos individuos en permanente goce con sus emociones (“you chased the storm and then I followed”), con lo que los hace vibrar, conmoverse, apasionarse, desde gotas de lluvia hasta un beso robado.

Hace poco me regalaron un libro. Vino de lejos y con una dedicatoria que hablaba sobre la hermandad cósmica. Sobre quienes están conectados por gustos afines, por pensamientos similares. Me inspiró, como el film de Arcel, a seguir leyendo, a mantener una apertura a lo que leen los demás. A no correr la vista de las bibliotecas. Y eso me recordó al primer instante de conocimiento de Caroline y Johann, quienes podrían haber permanecido indiferentes a sus respectivas preferencias, pero cuyas sensibilidades estaban tan volcadas sobre la mesa, tan desenfrenadamente expuestas, que no había manera de que un libro nos los llame, no los busque, no los encuentre, no los una. ◄  

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 ► [TRAILER] Algunas imágenes de A Royal Affair:

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 ► [ESCENA] Uno de mis momentos favoritos de la película (no lo encontré con subtítulos, sepan disculpar):

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Otro viernes, nuevas consignas: 1. ¿cuáles son las mejores películas para encontrar inspiración? Si quieren, pueden formular sus respuestas con “x película me inspiró a…”; 2. Por otro lado, me gustaría saber si son de detenerse en bibliotecas ajenas y que me cuenten cómo lucen las suyas, qué libros tienen, cómo están ordenados, etc.; dejen sus comentarios, quiero leerlos; nos reencontramos el fin de semana; ¡saludos para todos!

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La última vez hablamos sobre la mejor y peor película para… jugar al “Dígalo con mímica”

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Se presume culpable

Hoy en Cinescalas escribe: Soledad Lamacchia

Tendemos a juzgar. Emitimos juicios o, mejor dicho, prejuicios de valor y creamos verdades absolutas a partir de pequeños fragmentos de realidad. Lo hacemos tanto con las personas que conocemos como con aquellas que nunca hemos visto en nuestra vida. Opinamos sobre qué hacen o cómo viven cantantes, actores o actrices de acuerdo a lo que nos cuentan los diarios. Nos alcanzan unas pocas imágenes o un par de líneas en una sección de Espectáculos para dictaminar qué clase de personas son. ¿Cuántas veces condenamos a una persona tan sólo por la música que escucha, el tipo de películas que mira, la literatura que prefiere o su aspecto? El solo hecho de estar utilizando en forma implícita el pronombre “nosotros” mientras escribo es suponer que ustedes, que me están leyendo, actúan también de esta manera: estoy prejuzgando. The Hunt es un muy buen ejemplo de las consecuencias que puede tener el llevar estas acciones al extremo.

► [TRAILER] Algunas imágenes de The Hunt:

 

En la película de Thomas Vinterberg – estrenada en nuestro país como La cacería -, Lucas (Mads Mikkelsen) es acusado de un delito sexual que no cometió. Las primeras imágenes nos abren las puertas a la pequeña comunidad danesa donde vive. Escenas llenas de complicidad, camaradería y confianza entre Lucas y sus amigos se van sucediendo una a la otra como un eco de la forma de vida que llevan los habitantes de esta ciudad. Todos se conocen. Todos conocen a Lucas. Todos saben que está atravesando un divorcio conflictivo, que su ex-esposa casi no le permite ver a Marcus, su hijo adolescente, y que, luego de perder su empleo como profesor, se convirtió en ayudante de la guardería local a la que asisten sus hijos. El ritual de la caza une a los hombres de este pueblo. Esta actividad, que para los que no la practicamos o compartimos puede parecer brutal, es para ellos lo que marca la diferencia entre los niños y los hombres. Lucas no es ajeno a este ritual y disfruta con la frialdad del cazador el disponer de la vida de un ciervo con tan solo el movimiento de su dedo sobre el gatillo.

Klara es hija del mejor amigo de Lucas y asiste a la guardería dónde él trabaja. La relación entre ambos es especial. Es Lucas quien recoge a Klara para llevarla a la guardería evitando que la pequeña escuche a sus padres discutir, y es él quien la ayuda con su extraño temor a pisar las líneas de la vereda mientras camina. Lucas aparece, ante los ojos de Klara, como un príncipe de cuento de hadas que sale a su encuentro cuando necesita que la rescaten. No es difícil imaginar el porqué la mente fantasiosa de la niña siente una mezcla de admiración y enamoramiento por él.

Sin embargo, como en un cuento, el encanto se rompe: en medio de un juego Klara besa Lucas en los labios y escapa corriendo infantilmente. Él, un poco descolocado por el gesto, busca a Klara y tierna pero firmemente le explica que sólo los padres se besan de esa manera. La niña huye. En su mirada  infantil pueden verse los destellos del rechazo. Se siente herida y, con despecho infantil y sin conciencia real de sus acciones, cuenta una mentira. De un momento a otro Lucas se encuentra acusado de abusar sexualmente de Klara. Los maestros y padres asustados buscan desesperadamente proteger a sus hijos de este monstruo en que Klara ha convertido a Lucas. La mentira se desparrama entre los habitantes del pueblo y los envuelve como una enredadera. Nadie pone en duda la palabra de Klara así como nadie pone en duda la culpabilidad de Lucas. Así, las tareas cotidianas del ayudante de guardería son vistas como acciones sospechosas y perversas. Lucas es separado de su trabajo y muy pronto se ve involucrado no sólo en el falso abuso de Klara sino también en el de varios niños de la guardería que comienzan a contar historias sobre él. La reacción de los adultos es entendible, hasta podría considerarse un mecanismo de defensa. ¿Quién querría creer que una criatura es capaz de inventar una mentira semejante?.

“It’s always assumed that children tell the truth. Unfortunately, they often lie”

La comunidad, como único juez y verdugo,  dicta su veredicto: culpable. A partir de aquí la vida de Lucas comienza a desmoronarse. Los intentos por defender su inocencia son en vano. El ostracismo crece. La mentira comienza a carcomer su espíritu y su entereza. Lo destruye. Lo aísla. Sin darse cuenta, Lucas se convierte en la presa de una comunidad furiosa que lo persigue con la misma violencia que da caza a un ciervo indefenso. Ganador del premio a Mejor Actor en Cannes en 2012 por su actuación, Mads Mikkelsen atrapa al espectador y es imposible no empatizar con la incredulidad, la angustia, la impotencia, la tristeza, la soledad, la frustración y la ira que el personaje de Lucas experimenta. La actuación de Annika Wedderkopp en el papel de Klara es también destacable. Es ella quien con tranquila inocencia y sin tener noción de lo que dice dará inicio a la cacería de Lucas. Es imprescindible destacar el privilegio que nos concede el director al permitirnos conocer en todo momento la inocencia de Lucas. Esto nos da la tranquilidad de transitar la historia sin la necesidad de ponernos en el duro papel de juez porque la pregunta que realmente queda flotando en el aire es: si no contásemos con este privilegio, si no supiésemos que Lucas es inocente desde un principio… ¿a quién le creeríamos?

Por Soledad Lamacchia

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¡Buen comienzo de semana para todos! Dos consignas para el post de Sole de hoy: 1. ¿Vieron The Hunt? ¿Qué piensan sobre ella? 2. ¿Alguna vez han sido víctimas de prejuicios o han prejuzgado incorrectamente a alguien? [OFF-TOPIC] Ha sido genial leer las divertidas historias que inventaron en el post del miércoles; es un placer para mí felicitar a la ganadora del concurso, Claudia Marés, por su guión de Lincoln (Clau, ya encontraré la manera de entregarte el pack de películas y te debo el poster virtual de tu idea, ya que mi conexión a Internet este finde fue inexistente y no pude cumplir con eso :( ) y a Evangelina y Roy, quienes quedaron en el segundo y tercer puesto con La lista de Schindler y Los miserables, respectivamente; Evangelina podrá elegir una canción para este sábado y Roy podrá enviarme una imagen para publicar el domingo; no quería dejar de felicitar a todos los que contribuyeron en ese post que, sin dudas, quedará para la posteridad :P ; ¡comenten hoy muchachada!

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—> La última vez escribió Sol Iametti sobre… ELIZABETHTOWN

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Todo lo que podemos hacer es mirar

“Tengo ventanas.

Orión se encuentra en este momento justo encima del horizonte, y a poca distancia brilla Júpiter, con una intensidad que no volverá a alcanzar antes del año 2000 (no tengo la menor intención de decirle la hora ni a qué altura se encuentra). Pero espero que usted también lo esté viendo. Algunas de las estrellas que nos guían son las mismas”.

Siempre me gustó esa carta que Hannibal Lecter le escribe a Clarice Starling sobre el final de The Silence of the Lambs de Thomas Harris. Y me gusta más releyéndola ahora, especialmente por la última frase y especialmente por cómo esa última frase sobrevuela, más allá de que así tenía que ser, la última creación televisiva de Bryan Fuller. Sí, Hannibal. No voy a entrar en detalles sobre la misma para quienes no la han visto todavía y tienen ganas de hacerlo, pero sí quiero retomar la sección de series del blog focalizando en la dupla protagónica: el Hannibal interpretado por Mads Mikkelsen, y el agente Will Graham al que da vida Hugh Dancy. Si se trata de una de las mejores duplas vistas en televisión en mucho tiempo es por varios motivos. En primer lugar, por cómo esa aseveración que yace en el libro de Harris (“las estrellas que nos guían son las mismas”) se traslada a la dinámica entre Lecter y Graham (independientemente de que el común denominador sea solo Hannibal) y esos intercambios que tienen, donde uno manipula al otro, pero reconociéndose a sí mismo en la imagen que tiene delante. No es casual que uno de los primeros instantes que comparten a solas lo muestren a Will haciendo una inquisición que vendría a sentar las bases de su relación con Lecter. “¿Cómo me ves?”. La respuesta de Hannibal, que lo posiciona a Graham en un lugar vulnerable (faceta que Dancy refleja de manera insuperable, contrastada con el impertérrito rostro de Mikkelsen, acorde a Lecter), llega casi como una invitación a una contrarrespuesta, a una inclasificable amistad, a un desafío para ver quién puede leer mejor al otro. “No encuentro a las amistades tan interesantes” dice Graham. “Lo harás” dice Lecter. Así se despliega uno de los múltiples y fascinantes planteos de la serie de Fuller.

Bryan Fuller retroalimenta el fanatismo de la serie por Twitter

Volviendo a los motivos que hacen de la relación Lecter-Graham adictiva para el espectador, se puede mencionar en segundo término – y a colación de lo que escribí anteriormente – a cómo la mirada es siempre primordial. La serie comienza con un Will que no quiere establecer contacto visual con Lecter (“eyes are distracting”) porque detesta que lo psicoanalicen (“you don’t like me when i’m psychoanalized”), pero fundamentalmente porque teme que alguien más pueda conocerlo tanto como él se conoce a sí mismo (o incluso mucho más, porque no hay nada peor que alguien juegue con tu cabeza). Progresivamente, la serie lo va mostrando más desnudo ante su peculiar terapeuta pero, paradójicamente, mucho menos seguro de su propio accionar. “What do you feel like?” pregunta Hannibal. “I feel crazy” responde Will. El reconocimiento se prolonga: “and that is what you fear most?”. “No”, aclara. “I fear not knowing who I am”. Pero aquí me detengo. Dije que no iba a entrar en detalles. Solo agrego un dato: Fuller maneja como pocos a los fandoms (base de fanáticos de un programa; en este caso, los “fannibals”), y twittea en relación a lo que su dupla protagónica/bromance genera en el espectador, un espectador que es subyugado por Hannibal, y que corre a la par de Will, padeciendo lo mismo que él padece, perdiendo noción de lo que sucede alrededor, cada vez más desconcertado, pero sin poder hacer otra cosa que mirar. 

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► [ESCENA] Uno de mis momentos favoritos de Hannibal (no lo miren si quieren sorprenderse por completo con la serie):

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 ► [GALERÍA] Sus duplas de series favoritas:


Created with Admarket's flickrSLiDR.

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Retomamos la sección sobre series con dos consignas: 1. ¿Ven Hannibal? ¿Qué les parece la serie de Bryan Fuller? 2. ¿Cuáles son, a su criterio, las mejores duplas que han dado las series televisivas? (pueden ser románticas, amistosas, bromances, etc.); Dejen sus aportes que más tarde voy a reunir todas las parejas nombradas en una galería; ¡los leo, muchachada! ¡buen martes para todos! ¡no vemos mañana, como siempre!

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