Lo mejor del 2012: Las escenas

Cuando Mr. Oscar/Monsieur Merde come las flores del cementerio.

Cuando Dana y Marty toman el ascensor.

Cuando Margot tiene miedo a tener miedo.

Cuando Darius le habla por primera vez a Kenneth.

Cuando despega el avión y Joe le da la mano a Tony Méndez.

Cuando Sam y Suzy bailan al ritmo de Francois Hardy.

Cuando Violet y Tom se conocen en la fiesta de superhéroes inventados.

Cuando Adam reconfirma la amistad incondicional de Kyle.

Cuando Joe le cuenta a su “yo más joven” sobre el amor de su vida.

Cuando Sam y Frankie ven un video de cuando eran chicos.

Cuando Alfred se toma un Fernet en Florencia.

Cuando “Driver” le da un beso a Irene en cámara lenta.

Cuando Schmidt y Jenko entran a la secundaria.

Cuando Jeff y Pat lloran en el cementerio.

Cuando Maggie le hace recordar su infancia a Peter.

Cuando Ted presiona el botón de “I Love You”.

Cuando Jack le confiesa su amor a Iris.

Cuando Calvin reescribe a Ruby por última vez.

Cuando Erik y Paul empiezan a enfermarse mutuamente.

Cuando Dodge le acaricia el pelo a Penny antes de que llegue el fin del mundo.◄

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 *1. La escena “del acordeón” de Holy Motors:

*2. La escena “de los monstruos” de The Cabin in the Woods:

*3. La escena “del amusement ride” de Take This Waltz:

*4. La escena “de la cítara” de Safety Not Guaranteed:

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Seguimos con el balance y hoy hay una sola consigna: ¿Cuáles son las escenas que más recuerdan/que más les han gustado de este 2012? ¿Por qué los impactaron particularmente? ¡Comenten! ¡Buen Finde para todos! ¡Que tengan un hermoso festejo navideño! Nos reencontramos, después de los feriados, el miércoles 26 ;)

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El vacío

“Life has a gap in it, it just does; you don’t go crazy trying to fill it like some lunatic.”

Durante un tiempo estuve obsesionada con el concepto (o al menos, caprichosamente le adjudiqué esa categoría) del “mientras tanto”. Así, fui recopilando canciones que aludieran a lo mismo (“voy cayendo en picada mientras miro tu vuelo”), al tiempo que pensaba en qué tenían de fascinante esos momentos en el limbo. La respuesta fue que lo que tenían de fascinantes era proporcional a lo que tenían de aterradores. No sé si hay muchas personas que realmente disfruten vivir en la incertidumbre, en esos instantes donde no parece pasar nada, como si se tratase de una tortuosa sala de espera. El “mientras tanto” tiene que ver, claro, con todo lo transitorio, con lo que hay que atravesar irremisiblemente para llegar a un destino. Si hay una meta, entonces, el costado fascinante se hace presente. Sin embargo, si tal objetivo no se traza, si nos toca el lado pasivo, el de observador del movimiento ajeno en contraste a nuestra (aparente) inmovilidad, entonces lo aterrador puede convertirse en angustiante. Mientras alguien evoluciona, otro involuciona. Mientras alguien sigue adelante, otro queda detenido. El dolor nace de la contemplación, de la toma de conciencia de nuestra realidad por sobre otra.

Take This Waltz, segunda película de Sarah Polley luego de Away from Her habla, entre otras cosas, sobre ese “mientras tanto”. La historia transcurre en una Toronto absolutamente idílica, de colores saturados, casi como si se tratara de un ámbito surrealista donde no hay cabida para los sobresaltos. Todo, desde lo micro (los vestidos veraniegos de su protagonista) hasta lo macro (los hogares bohemios y acogedores) está visto con una irrealidad casi digna de un texto de Ira Levin. Pero no es la intención de Polley la de envolver un caramelo con perfecta minuciosidad. Por el contrario, su intención es detenerse en lo que hay debajo del envoltorio, un caramelo más ácido que el del empalagoso comienzo de la película. La historia es la de dos jóvenes que se conocen en un viaje. Ella, Margot (cualquier parecido con las mujeres indies de Wes Anderson y de Noah Baumbach ¿es pura coincidencia?), una escritora casada desde hace cinco años con Lou, otro escritor; él, Daniel, un artista sensiblero y seductor. Hasta acá, todo parece un cliché. Lo que hace Polley es mostrar tres “mientras tanto”. El de Margot (Michelle Williams) y su indecisión entre dos recorridos románticos posibles; el de Lou (Seth Rogen) entre un matrimonio adolescente y un matrimonio adulto; y el de Daniel (Luke Kirby), entre ese mundo de fantasía y los deseos de exploración. Las aristas se entrecruzan desde que en el inicio, con ese encuentro fortuito, Margot y Daniel reconocen su “miedo a tener miedo”, manifestado en ella a través de su pánico a las interconexiones en aeropuertos por la ansiedad que le generan. No son detalles de anti-heroína goofy desde el momento en que su directora los traslada a esos llantos de ella por no sentirse bien en ninguna parte, llantos a los cuales intenta buscarle una explicación racional que falla en encontrar, incluso cuando parece obtener el Santo Grial.

El amor en Take This Waltz está pensado como sinónimo de pavor, por el pánico que implica poner en manos de otra persona el mundo propio. El amor, parece decir Polley, deja de ser disfrutado desde el momento en que uno crece y lo que reluce en un comienzo pasa a oxidarse en otro (“new things get old”). ¿Hay, entonces, un secreto para la satisfacción plena e irreversible? Lo dice el personaje de alcohólica en recuperación que interpreta Sarah Silverman: “La vida está llena de vacíos, pero no podemos pretender llenarlos todos”. Margot lo intenta. Intenta llegar a un lugar y, cuando lo hace, rompe en llanto por aquello que perdió. Cuando se enfrenta a aquello que perdió y vuelve a lo que parecía querer desde un principio, su mirada errática, su sentarse en el piso, sus ojos por la ventana, nos dicen que los vacíos son inevitables, que corremos tras una zanahoria continuamente al querer satisfacer el deseo de manera persistente. No hay forma. En un curioso y desconcertante montaje final (sexual primero, erótico después, romántico finalmente), con el incesante ritmo del vals de Leonard Cohen, el film termina de echar por tierra eso que podíamos creer al comienzo. No hay paraíso, no hay faro al que visitar que no dispare un pensamiento sobre el pasado, no hay presente que eventualmente no se convierta en pasado, y no hay futuro concebible cuando no se está cómodo o cuando se sufre por lo desvanecido.

“I don’t like being in between things”

¿Qué perdura? La propia mente intentando descifrar si esos bailes a los que somos invitados cada tanto (baile como sinónimo de proyecto a corto o largo plazo) deben necesariamente ejecutarse de a dos o pueden alcanzar su plenitud en la soledad. Todo vacío genera melancolía. Toda melancolía genera llanto. Al menos en Margot, el único personaje que acaso decide evitar resignarse en vistas de un ideal de felicidad arrebatada. Retomando el comienzo del texto, pienso que Take This Waltz traspola ese contraste fantasía-realidad desde la puesta en escena superficial hacia el sentimiento más profundo y desgarrador de su protagonista. “Pensé que íbamos a envejecer juntos”, le dice Lou a Margot, poniéndose las manos en la cara como queriendo hacer palpable el dolor. No, nada de superficie entonces. Todo en este film es tan aterrador y vasto como esos vacíos que todos tenemos, que no todos podemos llenar y que, en su mayoría, provienen del miedo a vivir.

Mirá el Trailer de Take This Waltz:

Si vieron Take This Waltz, pueden explayarse sobre ella; quienes no, ¿podrían nombrar a otros personajes de película complejos, realistas, incomprendidos?; ¡Dejen sus comentarios!

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