El juego del miedo

 

Para Maarit


YO: En serio, ¿estamos perdidas justo en Whitechapel a la noche y no tenés miedo?

ELLA: No me da miedo perderme en las ciudades, donde está lleno de direcciones, sí me da miedo perderme en bosques

YO: ¿En qué circunstancia te pudiste haber perdido en Finlandia estando en un bosque?

ELLA: En los juegos de rol que hacíamos

YO: ¿De qué te disfrazabas?

ELLA: Variaba…películas, series, andábamos mucho a caballo con capas y esas cosas

YO: Igual sigo sin entender cómo no te asustaste cuando te perdiste

ELLA: No sé…supongo que tuvo que ver con una de las pautas de la conducta de mi personaje, que no tenía que tener miedo; como si de alguna manera eso lo hubiese absorbido yo y se hubiese convertido en parte de mi personalidad por unos segundos…


Hace unos días, revisando unas fotos viejas, me encontré con un par en las que, en Areco, el Museo Nacional del Traje hizo una suerte de muestra en la que aquellos que querían podían lucir ítems/réplicas de películas específicamente y de épocas en general. Me tocó hacer de Rose en Titanic, con música, recreación de la historia de amor, la tragedia y todo (sí, eso pasó…en Areco, jaja). Obviamente que rever esas fotos me provocó risa y pensamientos en la línea de “cómo me pasó la vida por encima”, “cómo pude haber hecho eso” y todos sus derivados, pero también, hablando con mi vieja, me recordó el diálogo que les dejé más arriba. Pensé en la consigna de hoy, en qué se siente ser otro y en quiénes nos gustaría convertirnos si tuviéramos la oportunidad. Todo eso me llevó a lo que me dijo Maarit sobre el miedo, miedo que esa noche, hablando sobre lo que implica jugar a ser otra persona con características opuestas a uno, extrañamente perdí y así fue como empecé a vivir Londres (y a las situaciones) de un modo diferente, con menos preocupación y mayor fascinación por todo lo que me rodea.

¿Se han disfrazado de algún personaje de película? ¿Lo harían? Si así fuese, ¿cuál eligirían? Los que lo hicieron y son desvergonzados, pueden dejar sus fotos ¡Espero sus comentarios!

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London Day: Stereophonics

“Wake up and smell the rain”

“A veces el destino te pone algo enfrente por una razón”, dice Javier Weyler, un rato antes de salir a tocar con Stereophonics. Nacido en Argentina pero criado en Venezuela, su recorrido musical no estuvo exento de momentos bisagra, esos que literalmente de un segundo al otro te modifican el camino que creías inalterable. Cuando después habló de Londres como la ciudad que le dio la mayor cantidad de sorpresas, pensé en cuánto sentido tenía que yo, por un hecho ¿casual? haya terminado a su lado hablando en el Shepherd’s Bush Empire, y después viendo a una de mis bandas de los ‘90/’00. Lo que le sucedió a Javier también tiene mucho de impredecible, y eso se nota en su manera de repensar toda una historia signada por una suerte de efecto dominó que generó que, desde hace ocho años, sea pieza clave del grupo de Kelly Jones, el hombre de la voz carrasposa, tan bella e imperfecta. Javier pisó Londres en el 2000 para estudiar Ingeniería de Sonido. Cuatro años después, estaba atrás de la batería acompañando esta canción, esta otra y esta también. ¿Qué pasó en el medio? “En uno de los estudios donde trabajaba vino la banda para hacer demos de You Gotta Go There to Come Back, me hice amigo de todos y después me pidieron que colabore con algo de percusión. Cuando terminaron la gira, volvieron al estudio y terminé tocando la batería para Language. Sex. Violence. Other?”, cuenta Weyler.

La pregunta obligada fue cómo se integró a una banda ya consolidada, ante lo que Javier fue claro: “Fue raro y natural al mismo tiempo. Natural porque ya éramos amigos, nos conocíamos mucho de tanto tiempo que habíamos pasado juntos. Eso ayudó al ambiente de trabajo. Pero también fue raro porque justamente de ser amigos pasamos a tocar, fue bizarro porque de ser asistente de ingeniería estaba de repente componiendo cinco canciones con Kelly”. La presencia de Jones liderando la banda es incuestionable, su reputación previa también es imposible de ignorar, pero es quizás ese aire de superioridad y ese temperamento lo que hacen del cantante de Stereophonics un frontman magnético. “Yo no lo conocía tanto a Kelly, como tampoco a la banda”, se sincera Javier. “Pero cuando llegué a Inglaterra y los vi en el programa de Jools Holland tocando ‘Mr. Writer’, cambió todo”. Así fue cómo volvimos a eso de cómo Londres es el lugar donde todos los días te espera algo distinto, donde los momentos se van dando con esa naturalidad de la que hablaba Javier, donde tu destino finalmente te termina encontrando. “Me vine para acá por una motivación cultural, sentía que debía estar en este lugar, que pertenecía a él. Esta es una ciudad a la que se ama o se odia. Yo tuve la suerte de conocer gente que de otro modo no hubiese conocido, más aún siendo latinoamericano, es como que uno no la termina de creer, eso me sigue pasando incluso después de más de una década”. El factor sorpresa (mejor dicho, el no perderlo) es lo que impulsa a Weyler a seguir valorando cada imprevisto que le da su carrera, como tocar junto a Paul Weller. “Todo lo que me pasó viene siendo increíble, especialmente el conocer a gente a quien admirás”.

Uno creería que teniendo ya un presente musical consolidado, y en una de las ciudades más importantes del mundo, Javier no tendría la necesidad de mirar hacia atrás y rever su pasado con Claroscuro en Venezuela. Pero no es el caso. “Cuando yo vine a Londres nunca pensé que iba a seguir tocando en una banda, pero el destino me puso la misma doctrina enfrente y esta vez todo funciona mejor. Sin embargo, nadie me quita lo que aprendí en Venezuela, porque me ayudó a adaptarme a un grupo, a respetar personalidades, a comprender la intensidad de las giras, a acomodarme a una familia paralela”.  Es esa intensidad de las giras la que necesita, como contrapeso, un espacio para otra cosa, un espacio para que Javier deje de ser sólo “el baterista de Stereophonics” y pase a adquirir autonomía. “Mi proyecto solista [Capitán Melao] surgió en las giras y surgió por esa necesidad de expresarme en español, de darle mi personalidad a un proyecto no como un viaje de ego sino como un ejercicio autodidacta. El español, por ser mi lengua, para mí expresa mucho más que el inglés, al que de todos modos pude llevarlo a una expresión artística. Necesitaba el contraste de un disco tranquilo, también como forma de aprendizaje”, asegura e inmediatamente nombra las dos cosas de las que, ya sea con Kelly Jones delante como con él mismo liderando, siempre aprende algo nuevo: “Tocar y hacer discos. De ambas cosas aprendo y, por subsiguiente, son las dos cosas que más amo”.

————> Fotos de la entrevista y el show: Vera Kramerova

————> Un agradecimiento especial a Mariano Godoy

* BONUS TRACK: tres videos de Stereophonics:

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* 1. “Rainbows and Pots of Gold” en vivo:

* 2. Video oficial de “Dakota”:

* 3. Cover de “Handbags and Gladrags” de Rod Stewart (cantada en vivo con el propio Rod):

¿Cuáles son sus intérpretes masculinos favoritos? Como hicimos en el post de Lisa Hannigan, dejen una canción de ellos, así más tarde les armo una playlist; ¡Espero sus comentarios y buen martes!

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* DE YAPA: La playlist que fueron armando:

Ellos by Milagros Amondaray on Grooveshark

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No matter what happens now…

“Había que irse (en todo caso yo tenía que irme), confiando en poder volver alguna vez” – J.C.

Ya saben cómo es eso del fanatismo. Uno espera por meses, por ejemplo, la edición de un disco para escuchar cómo quedaron en el estudio esas versiones menos pulidas de ciertos temas, esas versiones que alguien grabó en un recital y las subió donde sea para que el resto especule sobre cómo será el resultado final. Pocas cosas recuerdo con tanta claridad como el día en que salió In Rainbows, el día en que a los fanáticos de Radiohead se nos dio un código personal para poder descargar el disco. Pero si el recuerdo es tan nítido, no es únicamente porque es uno de los discos de mi vida sino por las circunstancias en las que tuve que escucharlo, encerrada en el baño de una oficina, simplemente porque la ansiedad me había ganado. Empecé por el final, ya que el primer tema que puse fue “Videotape”. ¿Por qué? Porque tiene una de las mejores letras de Thom y porque, para quienes somos nostálgicos por excelencia, nos deja perplejos. Estos días pensé mucho en cómo titular este post y, en un sueño, empezó a sonar la canción con ese “No matter what happens now…I won’t be afraid because I know today has been the most perfect day I’ve ever seen” y entendí todo. Este año, como todos los años, es en sí una pequeña cinta de video en la que se encuentran grabadas todas las situaciones que busqué y todas las situaciones que vinieron solas. Al reproducirla, me voy a encontrar con desayunos inesperados, con experiencias compartidas únicas y desenfrenadas, con el crecimiento de algo que empezó tímidamente y trajo consigo toda clase de interconexiones, con palabras (muchas palabras), con un proyecto que surgió sentada en el piso de un departamento hablando por teléfono (“sí, yo me voy”), con la concreción de un deseo a priori imposible, con instantes de nerviosismo en un aeropuerto, con acumulación de encuentros (y reencuentros y desencuentros) que me transformaron en todo sentido. Sí, claro, esa cinta de video también tiene decepciones, pérdidas, momentos de debilidad, tristeza. Pero, como diría Moretti, “los recuerdos que hacen mal quieren de mí lo que yo ya no puedo”. Este año pasé gran parte de mis días en distintos lugares (una casa en el campo, un departamento propio, un departamento ajeno, estaciones de tren, estaciones de ómnibus, aeropuertos); pasé gran parte de mis días con bolsos a cuestas; pasé gran parte de mis días conociendo gente nueva que me abrió los ojos (a un lugar, a un sentimiento, a una verdad); pasé gran parte de mis días en movimiento, yendo siempre hacia donde quise. Así, mi canción del año tuvo que ver con eso y mi película del año tuvo que ver con lo mismo: es difícil prever el rumbo y es aún más difícil querer mantener un nivel de intensidad sin que eso derive en incapacidad para disfrutar de situaciones cotidianas. Ahora, sentada acá, en una ciudad que siempre me pareció más utópica que real, puedo decir que mientras pueda seguir escribiendo y creyendo en la magia (hubo situaciones en este 2011 que no puedo atribuírselas más que a ella), cualquier imprevisto me va a importar poco y nada. Porque mi 2011 lo empecé como si fuera un rompecabezas a medio armar, con una carencia, pero lo voy a terminar rodeada de gente en un estadio, completa y con música (siempre con música). Entonces, no: los imprevistos no son malos. Hay cosas que uno no elige, y acaso esas cosas terminan siendo las mejores, aquellas que nos toman desprevenidos para volvernos más conscientes del presente, de cómo todo se nos puede ir en un parpadeo. Digamos que le hice caso a Thom porque yo sigo teniendo todo aquí, lo bueno y lo malo, grabado en mi cabeza, siempre “en rojo, azul y verde”. Y todo eso, todo eso que se acumuló en mi cinta de video, se superpone, se confunde y forma un gran e inolvidable recuerdo que me llevaré a esas “pearly gates”. Citando nuevamente “Videotape”, concluyo diciendo que este post es mi manera de saludarlos a todos con el mismo sentimiento con el que escribí el primero, en el que ¿casualmente? sonó la misma canción. Sean felices. En movimiento. Hacia adelante. Sin miedo por lo que pueda llegar a pasar hoy por el recuerdo de todo lo que vivieron ayer. Gracias, perdonen las cursilerías y nos vemos el año que viene.

—–>El saludo de fin de año de todos ustedes (hacer click en las imágenes para ampliarlas):

* BONUS TRACK: Las películas del 2011 en 6′:

* BONUS BONUS TRACK: Mis temas del 2011:

Mis temas del 2011 by Milagros Amondaray on Grooveshark

Rápido, sin repetir y sin soplar (?): sus listas de mejores películas, actuaciones, discos y experiencias del 2011; espero sus comentarios y, por supuesto, ¡FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!


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London Day: Jane Austen

“My characters shall have, after a little trouble, all that they desire”

En las estaciones de subte de Londres, con motivo de las fiestas, una librería tuvo la idea de usar como publicidad una frase de The History Boys de Alan Bennett en uno de sus afiches. La frase es la siguiente: “Cuando estás leyendo, los mejores momentos son aquellos en los que te encontrás con algo – un pensamiento, un sentimiento, una manera de observar las cosas -, que vos creías especial, que eran particularmente importantes para vos. De golpe, eso está ahí, escrito por otra persona, alguien a quien nunca conociste, quizás alguien que murió hace tiempo, y es como si esa persona hubiese estirado su mano y agarrado la tuya”. Releer eso, con un viaje por delante y pensando en las palabras y su facilidad para construir y deshacer todo en segundos, de algún modo me afectó. Porque al poco tiempo, estaba en Bath, uno de esos destinos a los que uno cree que nunca va a llegar, el destino donde los pensamientos, los sentimientos y la manera de observar las cosas no puede tener otra dueña más que Jane Austen.

En la biopic interpretada por Anne Hathaway, hay una escena en la que Jane, desafiada por Thomas Lefroy (el gran amor en la vida de la escritora), demuestra una cierta ingenuidad respecto al poder de la escritura y respecto a la cantidad de alternativas que el hecho de sentarse a plasmar lo abstracto puede llegar a ofrecer. Él, consciente de su inexperiencia, le recomienda leer, ampliar sus horizontes (con todas las distintas connotaciones posibles) y, sobre todo, experimentar. Siempre me gustó esa secuencia porque siempre me gustó imaginarme a Jane como la mujer que fue evolucionando como escritora cuantos más golpes recibía, cuanto más cerca de la vida y su incertidumbre ella estaba dispuesta a posicionarse. Por eso, terminó siendo más que una autora con sensibilidad para traducir la mente de la mujer; su mirada, su forma de plantarse ante ese horizonte, abarcaba tanto la aceptación de una realidad donde a veces los obstáculos eran ineludibles (dinero, acuerdos entre familias, rangos sociales, etc.) como el optimismo para darles, como ella misma decía, un final feliz a individuos que por momentos se perdían entre confusiones, prejuicios y decisiones ajenas.

Muchos de los grandes momentos de sus novelas (y de las adaptaciones) transcurren entre la neblina, con la lluvia, con caminatas en lugares “turísticos” fuera de temporada. Por ende, estuvo bien que en ese día en Bath casi no haya salido el sol. El lugar estaba cubierto por una melancolía hermosa, que cobraba otra magnitud. Caminar entre esas columnas se sintió, realmente, como estar dentro de un cuadro, suspendida en una suerte de atemporalidad. “Ella empezó a razonar consigo misma, y a intentar sentir menos”, escribió Jane sobre Anne en Persuasión. Los que leímos las novelas de Austen sabemos que las relaciones que configura están delineadas por esa puja entre el sentir y el no sentir, entre reprimirse y mostrarse al descubierto. Por eso, aunque Anne, Lizzie y Elinor hayan querido ir en contra de esa pulsación interna, Austen, como buscando reescribir su malogrado destino sentimental, tomó a sus personajes, los liberó de la agonía y los hizo, como bien dice la frase de Bennett, tomarse de las manos.

——–> Les dejo tres escenas de las adaptaciones de las novelas de Jane Austen. Que las disfruten…

* 1. ORGULLO Y PREJUICIO:

* 2. SENSATEZ Y SENTIMIENTOS:

* 3. PERSUASIÓN:

Doble consigna: * 1. ¿Qué relación tienen con las novelas y adaptaciones de Jane Austen? ¿Cuáles son sus escritoras favoritas? * 2. ¿Qué locación de una película les gustaría conocer? ¡Dejen sus comentarios!

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Porque sí