Libros que muerden (y sus novelas favoritas del 2015)

Hoy en Cinescalas escribe: Luis Alberto Pescara López

“Our aspirations, are wrapped up in books
Our inclinations are hidden in looks”
Belle and Sebastian – “Wrapped in Books”

En el filme de culto Performance de 1970 el ojo entrenado puede descubrir dos fotogramas reveladores. En una escena el personaje de Mick Jagger deja caer un libro y la cámara revela que se trata de una antología de Jorge Luis Borges. Más adelante, en el momento más psicodélico de la película, el rostro del autor de Ficciones aparece fugazmente por un instante. La historia – que incluye a una estrella de rock recluida y a un gánster travestido – es bastante borgeana en un punto. Teniendo en cuenta que el fanatismo de Jagger por la obra de “Georgie” es conocido, todo se transforma en un banquete para los amantes de la intertextualidad. Se habla mucho sobre las adaptaciones literarias en el cine, pero pocos rescatan la influencia que los escritores han tenido y tienen sobre la música. De hecho, cuando el music bussines estaba en pañales, los artistas escribían sus primeras canciones bajo la influencia de autores célebres, ya que la lectura era el primer acercamiento que tenían a alguna forma de cultura popular. Lou Reed reconoció cómo la prosa de Raymond Chandler – entre otros escritores de novela negra – ejerció sobre él un peso radical, mientras que Bob Dylan eligió su nombre artístico debido a su admiración por el poeta galés Dylan Thomas (cuyo maravilloso Do Not Go Gentle Into That Good Night es recitado por Michael Caine varias veces en Interestellar). Los ejemplos se multiplican más de lo pensado.

Mick Jagger en Performance

“La mayor parte de mi inspiración viene desde afuera la música, especialmente de la literatura, y particularmente de Oscar Wilde”. La frase le pertenece a Morrissey, un bibliómano confeso al que le gusta sembrar de referencias literarias su obra. En “Cemetery Gates” de The Smiths señala su favoritismo por el autor irlandés por sobre poetas como John Keats y W.B. Yeats. Por otro lado en cierta correspondencia adolescente del cantante que afloró en los últimos años se conocieron sus críticas a William Shakespeare. Quizás por ello el ensayo feminista Una habitación propia de Virginia Woolf – que plantea que William pudo tener una hermana tan talentosa como él pero que sería ninguneada por ser mujer – fue el detonante para “Shakespeare’s Sister”, otro tema de la banda de Manchester. A Emily Brontë le bastó solo una novela para entrar en la inmortalidad. Su Cumbres borrascosas representa como pocos libros el papel que la mujer tenía en la narrativa del siglo XIX: el de alguien que cede ante las presiones sociales, acepta el matrimonio con un hombre que no ama y termina empujada hacia la tragedia. Con los imponentes parajes de Yorkshire como entorno natural, Catherine Earnshaw sufrirá la enfermedad y el retorcido desdén del despechado Heathcliff. La fatalista atmósfera romántica de sus más de 400 páginas fue retomada por Kate Bush en 1978, cuando “Wüthering Heighs” se transformó en un inesperado éxito, una balada épica, a contramano de la música disco y el punk que imperaban en la época, que impulsó su carrera definitivamente.

El poema Do Not Go Gentle Into That Good Night de Dylan Thomas

Se están cumpliendo 150 años de la aparición de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, un texto que a pesar de su exuberante imaginería no tuvo buena suerte en el cine. Walt Disney no quedó satisfecho con la versión animada de los años 50’ (“le faltó corazón” llegó a decir) y la interpretación libre de Tim Burton no cosechó buenos comentarios. Sin embargo su espíritu psicodélico fue recogido con acierto en numerosas canciones. Los californianos de The Jefferson Airplane hicieron de “White Rabbit” un himno de la era hippie, presente en todos los acid tests de aquellos años e infaltable en las bandas sonoras de cualquier película sobre Vietnam. Incluso David Fincher la utilizó sabiamente como leitmotiv en su subvalorada The Game. Aunque este es el ejemplo más clásico, el universo carrolliano aparece en una interminable pléyade de músicos. Desde el “I’m the Walrus” de The Beatles hasta “Canción de Alicia en el país” de Serú Giran (con metáfora política incluida), pasando por las letras de Syd Barrett, tienen su impronta. En tiempos más contemporáneos teen idols como Avril Lavigne y Taylor Swift también se dejaron influenciar por las aventuras subterráneas de Alice.

Kate Bush en el video de Wuthering Heights

Si al Marqués de Sade le debemos el origen de la palabra sadismo, fue Leopold Sacher Masoch quien nos legó el término masoquismo. Cuando este austriaco de ideas libertarias editó La Venus de las pieles en 1870 nunca imaginó que sería un punto de referencia para los amantes de las prácticas BDSM. El libro retrata la relación de sometimiento que se establece entre Severin Von Kusiemski y la bella Wanda, detrás de la cual hay una meditación sobre la tiranía que esconde todo ejercicio de poder, pero también un replanteo del lugar que la mujer ocupa en la sociedad. Lou Reed lo calificó como “the funniest dirty book I’d ever read” y no dudó en tomarlo como eje para el clásico “Venus in Furs”, aquel que suena repetidas veces en Last Days de Gus Van Sant. El grupo neoyorquino captó a la perfección la atmósfera decadente del texto, describiendo una escena amenazante en la que lo peor siempre está por pasar. A diferencia de otros ganadores del Premio Nobel de literatura, las imágenes que la web ofrece de Albert Camus son las de un hombre joven. Fallecido a los 46 años, el francés fue uno de los más destacados exponentes del existencialismo. El protagonista de su novela El extranjero expresa como pocos las angustias del hombre contemporáneo, prisionero de circunstancias que lo alienan y lo empujan a la resignación. La historia de ese personaje que – confundido bajo el terrible sol argelino – termina asesinado a un árabe sin motivación alguna impactó al joven Robert Smith, quien la usó como base para “Killing an Arab”, el primer single editado por The Cure en 1979. Desde entonces la canción ha sido presa de erróneas lecturas referidas a un supuesto contenido racista, por lo que la banda ha debido interpretarla con el estribillo modificado como “Kissing an arab” o “Killing Another”. La corrección política no perdona a nadie.

La letra de White Rabbit de Jefferson Airplane

Pero si hablamos de libros malinterpretados ninguno supera a Lolita de Vladimir Nabokov, al que las miradas moralistas se encargaron de poner en un lugar polémico. Sin embargo, la novela se ríe, con tono satírico y ambigüedad narrativa, de quienes hacen lecturas fáciles, retratando un momento en el que nuevas concepciones de la sexualidad avanzaban mientras la institución matrimonial perdía su autoridad. El libro es directamente referenciado en “Don´t Stand So Close to me” de The Police, que cuenta la ambigua seducción que se produce entre un profesor y su alumna. Más explícita es la cita de Lana Del Rey, quien en el tema “Off To The Races” incluye las famosas líneas “light of my life, fire of my loins, be a good baby do what I want” que abren la historia de Nabokov. A veces un disco entero está dedicado a un autor, como Tales of Mistery and Imagination de The Alan Parsons Project sobre Edgar Alan Poe y Resistance de Muse, sobre George Orwell. En el plano local hay ejemplos conocidos como Polaroid de locura ordinaria de Fito Páez, inspirado por relatos de Charles Bukowski, y el inevitable Artaud de Luis Alberto Spinetta. Incluso el proceso se da de forma inversa y hay varios escritores – Bret Easton Ellis y Nick Hornby entre ellos – que editaron libros con canciones populares como tema central. Los intercambios pueden ser interminables.

La letra de Off to the Races de Lana Del Rey se inspira en Lolita de Vladimir Nabokov

Quizás la admiración que muchos músicos sienten por los escritores se deba a que éstos representaron una temprana forma de alcanzar el estrellato dentro de la cultura. Desde esta perspectiva uno entiende mejor aquella introducción que Todd Haynes incluyó en Velvet Goldmine, en la que un pequeño Oscar Wilde, al preguntársele en el colegio qué era lo que deseaba ser cuando fuera grande, afirmaba: “Yo quiero ser un ídolo pop”. El glam se manifiesta de maneras misteriosas.

Por Luis Alberto Pescara López

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► [GALERÍA]: Sus libros favoritos del 2015:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Comenzamos una nueva semana del blog con el balance de Lo mejor del año; a propósito del post de Luis, me gustaría saber dos cosas: 1. ¿Cuáles fueron los textos que los acompañaron durante el 2015, ya sea cuentos, novelas o ensayos? 2. ¿Qué otras inspiraciones a las mencionadas por el autor de la nota podrían agregar a la lista? Por otro lado, mañana seguimos de balance eligiendo sus series favoritas del año; ¡nos reencontramos en ese post y los leo en este! Que tengan todos un excelente lunes

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES: 

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 La última vez escribió Camila Martinez sobre… LAS SIMILITUDES ENTRE LOST IN TRANSLATION & HER

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El mejor papel de…Jeremy Irons

“Era Lo por la mañana, un metro y cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita”

Con este post me sucede algo similar al que tuvo como protagonista a Kate Winslet. Es tan complejo determinar cuál es realmente “el mejor papel”, que siempre termino optando por aquel que combine dos factores: que la actuación haya sido memorable para mí (es decir, que me haya quedado en la retina como ninguna otra) y que tenga una suerte de correlación con otro plano, por fuera de lo cinematográfico. Así como en el caso de Kate mi admiración excedía Jude película y abarcaba a todo el universo literario de Thomas Hardy (si pudiera arbitrariamente dedicarles un post a las heroínas sello Hardy, desde ya que lo haría), con Lolita el caso es casi idéntico. Me encuentro acá escribiendo sobre una de las novelas que más leí en mi adolescencia, lo cual derivó no solo en el hecho de citar fragmentos de manera textual (porque Lolita es una novela extremadamente poética) sino también en el hecho, menos vacuo, de ahondar en la psiquis de Humbert Humbert y en la raíz de su obsesión por Dolores Haze. Todos los puntos convergen en uno: la necesidad de recuperar a un amor de la pubertad que perdió cuando no estaba preparado para lidiar con la pérdida, tal como él mismo confiesa en esas maravillosas primeras líneas que le da Nabokov.

Si bien me gustó James Mason en la versión de mi querido Kubrick - la escena del autocine es una de las mejores de toda la filmografía del director, además de gran ejemplo de cómo resumir todo un libro con una sola imagen -, lo que hace Jeremy Irons con el papel de Humbert Humbert en la película de Lyne es extraordinario. Lo vemos a él y realmente lo vemos al protagonista de la novela, con ese temple en vías de destrucción, con esa mirada que logra reflejar tanto el deseo sexual por Lo como su deseo de protección. Irons habla con la boca, la mueve y sonríe nervioso cuando ella, tirada en el pasto dejando que el regadero la salpique, le clava los ojos y así da inicio a la perdición de un hombre que solo quería recuperar a una muchacha iniciática. Mucho del atractivo de la actuación de Irons está vinculado con la belleza y ductilidad de Dominique Swain, quien también trabaja su personaje mediante movimientos, en su caso, contrapuestos a los del actor. Porque hasta en la forma en que mastica chicle logra ser la Lolita de Nabokov.

Es curioso porque, a medida que escribo este post y pensando en el poema que Humbert Humbert le escribe a Dolly, mi mente se dispara hacia una frase de Adele, esa que dice “we were born and raise in a summer haze”. Rara es la manera en que funcionan las asociaciones, rara es la atmósfera de esta película y es esa rareza, tan indescifrable como erótica, la que emana de la conducta corporal y de la manera en la que Irons, a través de un personaje de apariencia imperturbable, deja entrever una vulnerabilidad que, también como la pasión de Humbert por Lola, hay que rastrearla en un solo instante: la génesis del inolvidable primer amor.

¿Cuál es, a su criterio, el mejor papel de Jeremy Irons? Pueden explayarse sobre Nabokov, Lolita, Kubrick, etc. ¡Espero sus comentarios! ¡Buen Finde para todos!

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Sin comentarios

Amado inmortal

“…however vast the darkness…we must always supply our own light” – Stanley Kubrick

El horror show. El libre albedrío. Las inminentes catástrofes. El hombre inmerso en la tiranía de la humanidad. La violencia como danza. La ambigüedad. La oscilación entre los pensamientos oscuros y la búsqueda de la luz. La guerra, metafórica y concreta. “Si puede ser escrito y pensado, entonces puede ser filmado”, había dicho Stanley Kubrick. Sin embargo, su propio laberinto, sus ideas, sus intereses traducidos en obsesiones no le hicieron nada fácil el camino de filmar todo eso que pensaba. Stanley era una persona compleja, como así también su cine, cine criticado por una dosis de frialdad y pomposidad que, sí, siempre estuvo, pero que no fue lo único. El resto, desde las ambiciones desmedidas y la necesidad de un paraíso visto en La naranja mecánica (mostrado con dinero, con Beethoven, con la fruta prohibida), hasta las restricciones que les son impuestas a los personajes para verlos “curados” a los ojos del resto (Lolita, Ojos bien cerrados, etc.), Kubrick teñía a toda su obra con su concepto de cine como medio mágico para retener el interés y transmitir emociones.

Las emociones generadas por sus películas, sin embargo, tienen esa visión gélida del mundo (las velas en Barry Lyndon, paradójicamente, no representan la luz sino la meticulosidad innata del hombre que no aceptaba un “no” como respuesta a sus necesidades como realizador) que lo condujo a transgredir géneros, ya sea narrando de manera fragmentada en Casta de malditos como mostrando bajo las reglas de la ciencia ficción a un infinito vasto y un esperanza rebosante en el niño estrella de 2001: odisea del espacio. Incluso Barry Lyndon, nuevamente con la ambición como tema, no termina siendo más que una historia de amor bajo la forma de un  hermoso cuadro, inmortal e inolvidable; y El resplandor - pelea con Stephen King mediante – es otro síntoma de una naturaleza laberíntica y de ese tópico del hombre que quiere trascenderlo todo, como una suerte de demonio (otra vez) inmortal. Algo similar sucede con la inutilidad de la guerra mostrada en Senderos de gloria, Dr. Insólito y Nacido para matar, donde nada está libre de fallas porque el hombre es esencialmente vulnerable.

Kubrick era más de lo que mostraba. Era el director que usaba el cine para hacer documentales casi mitológicos, coreográficos, de una nave especial que gira, de un Alex DeLarge clown que danza y canta antes de aplicar su dosis de ultraviolencia. Como canta esa mujer (la mujer de Stanley) ante los soldados en Senderos de gloria y uno sabe que Kubrick tenía el don de conmover a pesar/a raíz de su excentricidad. Porque él también amaba la música y su carácter universal. Por eso, si en otro plano, en otra vida, yo pudiera hacerlo hablar, me concentraría en ese tira y afloje entre la oscuridad y la luz, entre la guerra para establecer la paz o la traición de la paz al establecer la guerra. El ser humano como criatura dual, de esencia indefinible. Le preguntaría hasta qué punto no podía dejar de observarlo todo, como a ese matrimonio de Ojos bien cerrados y esa escena de sexo narcótica, como a esa orgía filmada bajo la perspectiva de un William enmascarado. Le preguntaría por qué la última palabra que se dice en su último film es “Fuck” y quiénes fueron los privilegiados en ganarle, alguna vez, en una partida de ajedrez. Ah, sí, y le pediría sentarme a su lado, donde sea que esté, para escuchar esta pieza de Schubert.

Cinéfilos…si pudieran entrevistar a un actor/director y tuvieran una sola pregunta, ¿a quién elegirían y qué preguntarían? ¡Comenten! ¡Divaguen! ¡Whatever!

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