Lo mejor del 2014: Las citas

Hay un gran número de razones por las cuales elegí la cita superior como la mejor que ha dado el cine en todo el año, pero creo que la decisión responde a tres factores fundamentales. En primer lugar, porque Boyhood encuentra en el personaje de Olivia al vehículo perfecto para exponer uno de los tópicos más fascinantes del film: la vida no puede ser pensada en términos de ejecución de metas. No puede ser pensada, punto. Es lo que yace en medio de esas conquistas, es en el proceso, donde está lo verdaderamente importante, por fuera de esa serie de “milestones”. Lo cotidiano, lo mundano, lo (in)trascendente. En segundo lugar, y ya desde un aspecto mucho más sensorial, esta cita fue el momento de quiebre ante Boyhood, cuando el cúmulo de todo lo que venía viendo alcanzó ese minuto de catarsis. Siempre empiezo a llorar cuando Olivia empieza a llorar y así sigo hasta la descomunal última escena que representa la paradoja de mostrar el fin de algo y el comienzo de otra cosa. En tercer lugar, porque ese “I just thought there would be more” se vuelve identificable para cualquiera, independientemente de los estadíos en los que estemos, independientemente de los pasos que fuimos cumpliendo para sentir que nuestra vida estaba un poco más ordenada. Eso me recuerda a lo que conté una vez por acá, a una frase que salió en terapia a raíz de mi planteo de que lo que siempre me falta es formar mi propia familia o al menos la sensación de que encontré a la persona con quien eventualmente querer formarla. Mi psicóloga fue tajante en su respuesta: “vos pensás que el amor de tu vida va a llegar, que ambos se van a enamorar y que ahí la película va a terminarse; lo que no estás pensando es que es en ese momento cuando la película empieza”. Boyhood me puso en sintonía con esa mentalidad. El personaje de Olivia lo hizo. Ella, quien tachó muchas cosas de su casillero, siente que su vida terminó porque esos grandes pasos fueron dados. Sin embargo, como lo demuestra Mason y como lo demuestra la última palabra que se dice en la película, lo más complicado no reside en la concreción de esos grandes planes. Lo más complicado reside en disfrutar de todo lo que nos fue conduciendo, casi imperceptiblemente, al aquí y ahora. 

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*OTRAS CUATRO GRANDES CITAS DE ESTE AÑO:

► [CITA NÚMERO 1 / LA VIDA DE ADÈLE] “I miss you, I miss not touching each other, not seeing each other, not breathing in each other, I want you all the time, no one else…”:

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► [CITA NÚMERO 2 / INSIDE LLEWYN DAVIS] “I’m tired…I’m so fucking tired; I thought I just needed a night’s sleep but It’s more than that”:

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► [CITA NÚMERO 3 / NIGHTCRAWLER] “If you wanna win the lottery, you have to make the money to buy a ticket”:

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► [CITA NÚMERO 4 / OBVIOUS CHILD]:

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 ► [GALERÍA] 50 CITAS DEL 2014 mencionadas en el post de hoy:

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¡BUEN JUEVES PARA TODOS! Hoy los invito a que comencemos el balance de LO MEJOR DEL 2014 citando las frases más destacadas que escucharon en cine este año; ¿cuáles son sus citas favoritas? vamos a recordarlas y a compilarlas en este post (si me dan los tiempos, prometo dejarles una galería con todas ellas); ¡los leo como siempre! ¡nos reencontramos el lunes! PD. Acá mismo pueden recordar las mejores citas que elegimos en el 2013 ;)

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“Get the fuck off my boat”

Creo que esta es una buena semana para publicar un post para hacer catarsis, especialmente por el efecto residual de los recientes premios Oscar. Esta también es una buena semana para que yo escriba (¿por última vez?) sobre algo vinculado a The Wolf of Wall Street. Mi respuesta a la consigna que les dejo más abajo es una de las tantas secuencias magistrales de la película de Martin Scorsese, que parece ser otro desborde de fanfarronería de Jordan Belfort y que es, en realidad, un gran ejemplo de lo especular que es su relación con el agente Denham. El timming cómico es perfecto, sí (desde cómo Leonardo DiCaprio se cubre los ojos con los lentes hasta cómo sus dedos repiquetean en la silla), como también lo es el modo en el que los personajes se estudian hasta eventualmente blanquear sus propósitos; pero acaso lo más brillante sea cómo Scorsese luego retoma la escena en el tramo final de la película, con Denham en el subte, mirando alrededor, quizás imaginando una mejor porvenir. Asimismo, con la expresión “fun coupons!” se está sintetizando lo que implican para Jordan esos billetes, a los cuales también rebautiza como “golden tickets”, ambas expresiones entre juguetonas e infantiles, propias de alguien que habita en su propia burbuja, mirando todo desde arriba, mientras abajo el mundo se mueve a un ritmo completamente diferente.

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 ► [ESCENA]: Gran momento entre Belfort y Denham:

  

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 ► [COMPILADO ÉPICO]: Todas las veces que dicen “fuck” en The Wolf of Wall Street:

  

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¡Buen miércoles para todos! Volvemos a la normalidad con la siguiente consigna: hacer catarsis mencionando las mejores peleas y/o puteadas y/o insultos del cine; desde ya, limitémonos a solo citar y no nos vayamos por las ramas en los comentarios :P – como siempre, los leo; ¡nos reencontramos mañana, muchachada! ¡buen miércoles!

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[DOS OFF TOPIC] Por un lado, quiero contarles que debutaron los Podcasts en el blog; pueden escuchar el primero acá y mandarme mail para participar del segundo en unas semanas; por otro lado, se terminó oficialmente la recaudación para la película de Cinescalas; a modo de agradecimiento, les dejo un mensaje de Victoria Fernández y Martín Nocquet, editores y directores de fotografía que me estarán acompañando en el rodaje del documental el mes próximo, y que querían presentarse ante la comunidad con estas palabras:

 

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“YOU DRESS LIKE SHIT…”

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Oscars 2014: A Wolf at the Door

“I keep the wolf from the door but he calls me up, calls me on the phone, tells me all the ways he’s gonna mess me up” - “A Wolf at the Door” (Radiohead)

Lo bueno de que ya sean casi las siete de la mañana – lo cual para mí implica que estuve trabajando ininterrumpidamente desde las siete de la tarde  – es que escribo con menos filtro, bastante cansancio y menor lucidez. Pero lo bueno de estas jornadas post-Oscars es, más que nada, que me llevan tanto a dejar testimonio de premios inconcebibles como manifestar mi agrado cuando una actuación con corazón se impone por sobre una más calculada. Corazón. Qué tópico ese. El mismo que me hace pensar que ahí, en lugar de Cate Blanchett (perdón, Cate Blanchett), debería estar Adéle Exarchopoulos. Ella y su llanto incontrolable. Ella y su compromiso en todos los estadios del amor (y otros demonios). El corazón pasó a pesar menos en esta entrega y en la puja entre el querer y el deber, el segundo infinitivo prevaleció. Debieron premiar a 12 Years a Slave, debieron olvidarse de Gravity, una película que esconde ese corazón dentro de su minimalismo narrativo pero que de todas maneras se permite mostrarlo. Lo muestra en esos pies que tocan el suelo y lo muestra en esa lágrima que flota y flota, como flota el deseo de Ryan Stone de encontrar algo por lo que vivir. Pero si hablamos de corazón, también está Rayon. Acomodándose las sandalias o jugando a las cartas con las medias rotas. Siempre con las medias rotas. Y si hablamos de corazón también están Theodore y Amy, quienes se reconectan mirando una ciudad que quiere acercar a tanta gente pero que a la vez es solitaria. Tan tan solitaria. Pero si hablamos de corazón, no hay otra película que lo tenga tan a flor de piel como The Wolf of Wall Street, como Marty – ese último gran héroe (punk)-, y como Leonardo DiCaprio. Un DiCaprio que se arrastra por diez minutos mientras Scorsese lo encuadra con toda la amplitud posible. Un DiCaprio que se deja someter por Venice mientras le pide que le diga “wolfie”. Un DiCaprio que enuncia con convicción “i will not die sober!” mientras su yate está a punto de ser dado vuelta. Un DiCaprio que se entrega. Y por “entrega” no hablamos de un papel modelo, de un papel serio, de un papel de temática relevante. O sí. Lo bueno de actuaciones como las de The Wolf of Wall Street es que te hacen cuestionar todos los calificativos. Porque sí, quizás sí sea relevante pasar más de quince minutos absortos en un monólogo que empieza con un pedido de silencio y termina con un grito desencajado. Quizás sí sea relevante, como lo dijo el propio DiCaprio, sentarse tres horas para una versión contemporánea de Calígula. Porque todo es cuestión de piel. Y contra eso, contra ese lobo que pisa con contundencia, no podemos hacer nada más que mirar, absorber. Reconocerlo es ineludible. Aunque para los Oscars todo se observe distinto e interpretaciones de esa magnitud siempre se terminen quedando en el umbral, sin entrada permitida a ese otro lugar al que muchos de nosotros llamamos gloria.

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¡Buen lunes feriado para todos! Los invito a comentar acerca de cuáles fueron, según sus predilecciones, los mejores y peores momentos de los premios Oscar de anoche; acá mismo los invito a leer toda la cobertura en la que estuvimos trabajando desde Espectáculos y si bien (como todos los años) me voy a tomar libre el martes para descansar un poco tras un día sin dormir, de todos modos les voy a dejar otro post especial sobre los Oscars (¿alguien dijo ‘Podcast’?); por otro lado, quiero felicitar a Josefina, María Fernanda Cedrón y Enrique Campos por ser los ganadores del Concurso, en breve me comunicaré con ustedes para hacerles llegar sus Cinéfilos; ¡espero sus comentarios y nos reencontramos en unas horas!

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UNO DE LOS MEJORES PREMIOS DE LA NOCHE…

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The Wolf of Wall Street: No hay otra manera de vivir

“What Jimmy loved to do, what he really loved to do it was steal; I mean, he actually enjoyed it, Jimmy was the kind of guy who rooted for the bad guys at the movies” – Henry Hill, Goodfellas 

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

En Goodfellas, Henry Hill (Ray Liotta) planteaba un panorama maniqueo. De un lado de la vereda están quienes, bajo su percepción, se mueven dentro de un circuito ordinario, mundano, simple. Aquellos que se preocupan por pagar las cuentas, que toman el subte para ir al trabajo todos los días, que se sobrecargan de tareas raras veces equivalentes al beneficio. Esos individuos (o “goody-good people”, como los denominaba Hill) son lucecitas intermitentes que no merecen ni la menor evidencia de atención. Para el mobster, simbolizan una atrocidad: emprender un camino en una irrevocable y eterna línea recta. Del otro lado de la vereda están él y los suyos. Los que se atreven, los que cuestionan las decisiones “of those who had no balls”, los que están atentos al único camino posible: el de las oportunidades. “For us, to live any other way was nuts (…) if we wanted something, we just took it”. Prácticamente toda la filmografía de Martin Scorsese podría ceñirse al planteo de Hill, planteo sintomático de un modo de hacer cine donde el personaje es la única fuerza. A Scorsese le interesa contar historias, claro, pero siempre y cuando esas historias estén supeditadas al control de esos personajes. En síntesis: el personaje es, para Scorsese, sinónimo de narración. Todo surge y concluye con él. Para el caso, tomemos como ejemplo uno de sus primeros cortometrajes, It’s Not Just You, Murray!, en el que Scorsese encuadra al protagonista hablando detrás de un escritorio, interpelando al espectador, dándose a conocer ante él con la misma claridad y autoindulgencia que años después presentaría Hill. “I’m very rich and I’m very influential” aclara Murray, como si fuera imperativo delimitar su terreno de acción. Esas divisiones constantes en las historias de Scorsese le permiten al director tomar y retomar la idea de núcleo, de ritual, de banda, de equipo, de camaradería. Los géneros podrán usarse y contaminarse a gusto, pero lo cierto es que ya sea con una remake de Cabo de miedo o con una biopic como El aviador, Scorsese siempre está mostrándonos, en mayor o menor medida, el mismo cuento apasionante, la misma odisea gangster donde lo que prevalecen son los códigos de interacción entre los sujetos activos de ese ritual. Habrá grises, habrá un terreno medio, habrá infiltrados, indecisos, volátiles. Pero si esos infiltrados existen, existen justamente para que las reglas se pongan de relieve. “You belong to a family and crew, it means that nobody can fuck around with you. It also means you could fuck around with anybody as long as they aren’t also a member”. Hill expone los equipos, los separa, los describe como también se podría describir al cine de Scorsese: siempre hay una tierra de la oportunidad y, en simultáneo, hay individuos que la tienen entre ceja y ceja y otros que desconocen la nomenclatura y su significado. En sus películas sobrevuela lo que el realizador llama “una pasión insatisfecha”. Podés ser Howard Hughes y tenerlo todo o podés ser Billy Costigan y tener casi nada. No importa. Ambos están digitados por el anhelo de algo mejor, solo que en esa tierra de las oportunidades solo habrá espacio para uno.

“You put my fucking money to sleep, I’ll put your fucking brain to sleep” - Nicky Santoro, Casino

Jordan Belfort (un descomunal Leonardo DiCaprio), el ambicioso corredor de bolsa de Nueva York y protagonista excluyente de The Wolf of Wall Street, es inicialmente presentado por Scorsese con un cierto eco al Paul Hackett que interpreta Griffin Dunne en After Hours. Es decir, lo vemos como alguien que está a punto de ser transformado. La diferencia radical entre uno y otro es que la alteración de Hackett se produce a partir de un impulso externo (una mujer), mientras que la de Belfort es puramente consciente, buscada, anhelada por su pulsión interna. El (re)nacimiento de Belfort, sin embargo, necesita de una suerte de Macguffin. Un Macguffin que durante el resto de la historia podría estar circunscripto a la lapicera como símbolo de compra-venta, de oferta-demanda, de necesidad-satisfacción (nuevamente el cine de Scorsese y su fluctuación entre dos polos), la misma lapicera que Hackett recibe en After Hours, la misma a la que Ace Rothstein alude, desatando una pelea, en Casino. En The Wolf of Wall Street, quien le muestra sin mostrarle ese objeto es Mark Hanna (Matthew McCounaghey), que no es más que esa infusión de ambición que Belfort requería y que posteriormente iría a emular. Hanna no es solo el Macguffin de The Wolf of Wall Street, es también, como todos los personajes de Scorsese que se definen y definen el universo en el que se manejan, el que explicita el fugazi, aquello que no existe, la ilusión, a partir de lo que bien podría ser el leitmotiv de Belfort: “no construimos nada”. Así como el mantra de Casino es verbalizado por el propio Scorsese (ya sabemos: los pecados no se expían en la iglesia sino en las calles), en The Wolf of Wall Street Hanna es, a su modo, el maestro de ceremonias, el hombre del prólogo, el presentador de todo lo que vislumbraremos luego. Y lo que vislumbraremos luego es, ni más ni menos, que la materialización de esa deconstrucción. La cocaína volando por los aires en un yate, la cocaína en los cuerpos desnudos de Jordan y Naomi, la orgía desaforada en un avión en plena turbulencia, el exceso de Quaaludes, los monos que se pasean por la oficina, las mansiones, los bailes en un casamiento, las prostitutas calificadas en tres niveles, Dave Grohl preguntándose “everything could be this real forever?” mientras Jordan toma sol al lado de su flamante segunda mujer. Etcétera, etcétera, etcétera. Si bien Scorsese (y Terence Winter en su adaptación de la autobiografía de Belfort) hasta un cierto punto busca parodiar el mundo de excesos de Wall Street, lo que hace no puede encajonarse solo en ese plano y su visión es menos macro de lo que aparenta. Construir la nada o, mejor dicho, mostrar la construcción de la nada, implica para Scorsese una decisión consciente de poner al espectador en el papel de Jimmy Burke (Robert De Niro) de Goodfellas. Si bien es inevitable condenar a Belfort (hay sobradas razones para hacerlo), The Wolf of Wall Street no prepara el terreno para suscitar lecturas morales sino para satirizar á la Kubrick con A Clockwork Orange, lo cual no anula automáticamente una observación crítica. Su desarrollo es fiel a ese primer Scorsese de It’s Not Just You, Murray!. Él está queriendo decir algo del personaje a partir de un accionar tan básico y complejo como dónde poner la cámara (“cada plano está construido para hacer ver algo” dice Scorsese). Por lo tanto, lo acompaña a Belfort con un evidente deseo de sobreexposición. Así, la nada que construye, el fugazi, la distracción, está propulsada por la concatenación de días, tardes y noches tan maníacas como surrealistas. En ese aspecto, el mérito es del extraordinario montaje de Thelma Schoonmaker, quien se detiene extensamente en algunos eventos (fiestas, sexo) y muestra velozmente otros, como el suicidio de uno de los trabajadores de Belfort, que bajo la mirada del lobo es algo intrascendente que no amerita mención, por lo cual la edición se emparenta con su mirada y, al mismo tiempo, nos revela sutilmente la posición que toma Scorsese respecto al sujeto de su obra.

 ”You can either have the money and the hammer or you can walk out of here. You can’t have both. What do you want?” - Ace Rothstein, Casino

Al ser el personaje sinónimo de narración y viceversa, Scorsese entrelaza notablemente los géneros y  puede realizar un corto de quince minutos (la escena de los Lemmons que dejo más abajo) donde DiCaprio homenajea con una entrega irresistible a Jacqes Tati, como también volver a las fuentes de su inclinación por el cine negro, planteando un escenario de búsqueda y persecución que evade las generalidades para focalizar en la puja Belfort-Denham. Pero acaso lo magistral de la puesta en escena de The Wolf of Wall Street sea cómo perpetúa ese one man show. Scorsese parte del precepto de qué quiero contar. Lo que quiere contar son las experiencias casi sobrehumanas de Jodan Belfort. Entonces, no hay espacio para que la cámara vire hacia Donnie Azoff (Jonah Hill símil Joe Pesci), no hay espacio para mostrar a los hijos de Belfort (el guión astutamente los menciona en el monólogo introductorio como un elemento más de esas posesiones de las que se jacta Jordan; es decir, cualquier atisbo de humanidad está cubierto) y no hay espacio para corroborar ni la pérdida ni la indignación de todos esos trabajadores de Stratton Oakmont (otra empresa/nombre fugazi) que son vendidos por su propio jefe. The Wolf of Wall Street no es una película sobre las consecuencias del accionar de Belfort. The Wolf of Wall Street es una película sobre una elección de vida llevada al extremo. En ese sentido, y dada la naturaleza insólita de los episodios que genera y disfruta Belfort, Scorsese opta por una atmósfera casi punk, irreal, enviciada por lo artificial, por lo payasesco (el “I’m funny like a clown?” de Casino viene ineludiblemente a la memoria). Frank Costello ya lo decía: “When you decide to be something, you can be it. That’s what they don’t tell you in the church. When I was your age they would say we can become cops, or criminals. Today, what I’m saying to you is this: when you’re facing a loaded gun, what’s the difference?”. La elección de Belfot es clara (“let me tell you something. There’s no nobility in poverty. I’ve been a poor man, and I’ve been a rich man. And I choose rich every fucking time”) y en extremo indiferente al entorno (ya sea a su familia, a la Ley o a incluso a sus propios límites físicos que pusieron su vida en riesgo más de una vez), ya que, también como creía Costello, es el entorno el que debe adaptarse a él, surgir de él, y no a la inversa. Así como en las palabras de Costello están las palabras de Hill (“no one gives nothing to you, you have to take it”), en las palabras de Belfort están todos: Hill, Costello, Hughes e incluso el Johnny Boy de Mean Streets (“I fuck you right where you breath, because I don’t give two shits about you or nobody else”). Todos encaran una elección con la seguridad de que no hay otra manera de vivir que esa que se opone a los goodfellas (la secuencia de Denham en el subte es la prueba de la antítesis de la decisión de Belfort), esa que, como en toda la filmografía de Scorsese, no puede ir de la mano con lo perpetuo. La soga en algún momento se rompe, el everlong sobre el que canta Grohl no existe y ese ritual de hombría que parecía tan fuerte e irrefrenable, con sus códigos y actividades, eventualmente entra en un círculo vicioso, se rompe pero se recicla, se atomiza, se esparce, aparece y desaparece, como el polvo de la cocaína, el fugazi, el tramposo y oscilante fairy dust. 

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► [ESCENA] Mi momento favorito de la película:

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► [ENTREVISTA] Los invito a ver la interesante roundtable que hizo The Hollywood Reporter con Martin Scorsese, Leonardo DiCaprio, Jonah Hill y el guionista de The Wolf of Wall Street, Terence Winter:

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► [PLAYLIST] Algunas canciones que forman parte de la banda sonora del film de Martin Scorsese:

The Wolf of Wall Street by cinescalas on Grooveshark

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¡Buen miércoles para todos! Dos consignas en el post de hoy: 1. ¿Los invito a dejar sus puntos de vista sobre The Wolf of Wall Street, ¿les gustó? ¿les parece que está entre lo mejor de Scorsese? ¿no les gustó para nada? Compartan sus impresiones 2. Por otro lado, me gustaría que hablemos de la evolución de Leonardo DiCaprio y de cuáles han sido sus más inolvidables papeles; ¡los leo, como siempre! ¡nos reencontramos mañana!

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Lo mejor del 2013: Los actores

Hay una escena en Enough Said en la cual Eva (Julia Louis-Dreyfus) y Albert (James Gandolfini) salen a cenar en lo que vendría a ser un modelo prototípico de primera cita. Lo que la hace diferente no sólo es  la dinámica que ellos mismos plantean sino la manera en la que deciden presentarse frente al otro: exponiendo sus defectos. Pero nunca con generalidades o con un discurso preparado para mostrarse más humano ante quien los está observando, sino a partir de especificidades. Es esa escena la que define la película, o aquella en la que se apoya Nicole Holofcener para esbozar cómo es el vínculo entre esos personajes y cómo esos pormenores del vínculo nunca van a traicionarse. Porque al tratarse de una película con una subtrama de enredos (y me refiero a subtrama, porque lo principal va por otro carril), para Holfocener podría haber resultado sencillo caer en el estereotipo de situaciones propias de ese microrrelato. Sin embargo, nunca lo hace. No lo hace porque su película está cimentada en la complicidad de dos divorciados que conectan desde lo primordial (el temor al nido vacío) y que se (re)conocen al desnudo (con los pies descalzos en el pasto, comiendo la cantidad de helado que gusten) porque todo aquello que podría resultar una molestia es anecdótico, o parte de esa conjunción de imperfecciones que los vuelve únicos. La naturalidad en los intercambios entre Eva y Albert están digitados por la risa (no es casual que la película concluya con un chiste de él y una carcajada de ella) y, al mismo tiempo, por el conmovedor modo en el que uno se entrega al otro, incluso asumiendo el temor que eso conlleva. “You broke my heart and I’m too old for that shit”. Con esa frase – y esa mirada taciturna – Gandolfini compone a uno de los mejores personajes de su carrera, un hombre que se muestra tal cual es porque sabe que del otro lado, en la vereda de enfrente, hay una mujer haciendo lo mismo.

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 ► [ESCENA] James Gandolfini en Enough Said:

Party Scene From "Enough Said" directed by Nicole Holofcener from The Playlist on Vimeo.

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*MENCIONES ESPECIALES PARA…

Jake Gyllenhaal (Prisoners)

Joaquin Phoenix (The Master)

Johan Heldenbergh (The Broken Circle Breakdown)  

Bradley Cooper (Silver Linings Playbook, The Place Beyond The Pines)

Leonardo DiCaprio (El gran Gatsby)

Sam Rockwell (The Way Way Back)

Alex Karpovsky (Supporting Characters)

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¡Hola muchachada! Ya saben cómo son estos jueves de balances y hoy le toca el turno a los actores: ¿Cuáles les parecieron las mejores actuaciones masculinas del 2013, ya sea protagónicas o secundarias? Espero sus comentarios así armo una galería con los aportes; ¡Que tengan un gran jueves! ¡Hasta mañana con otro viernes de finales!

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 ► [GALERÍA]: Sus actuaciones masculinas favoritas del año:

  

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Para ver cuáles fueron los mejores actores del 2012… HACER CLICK ACÁ

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JAMES GANDOLFINI (1961-2013)

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