Aprendiendo a seguir (siendo yo)

Hoy en Cinescalas escribe: Javier Salas Bulacio

Decidir. Todo el tiempo lo hacemos. En lo cotidiano, en lo trascendental. En aquello que estamos dispuestos a enfrentar y también en aquello que no. Meditadas o impulsivas, las decisiones forman parte de nuestra vida, pero mas aún sus consecuencias, cuyo impacto se extiende mucho más en el tiempo que aquel que dedicamos a tomarlas. El juego de las decisiones presente en nuestra vida es expresión de la libertad de la que gozamos, y jugarlo es asumir esas reglas: las alegrías, los sinsabores, los riesgos, los costos y los beneficios que ellas traen. Cuando nos enfrentamos ante una decisión de la que es imposible salir sin pagar algún costo, de esas que no te dejan dormir cuando apoyás la cabeza en la almohada, estamos ante un dilema.

En Dos días, una noche (Deux jours, une nuit, 2014), de Jean-Pierre y Luc Dardenne, el juego de las decisiones cercanas a un dilema se hace presente de manera tan sencilla como abrumadora. Sandra debe regresar a su puesto de trabajo luego de una licencia médica, pero el viernes anterior a su vuelta le informan que ya no hay lugar para ella en la fábrica; fruto de una propuesta de su jefe, sus compañeros debieron elegir entre un bono o su regreso, y optaron por la primera alternativa. Cuando Sandra pide una nueva oportunidad, la única opción que le conceden es la de realizar una nueva votación el lunes, por lo que tendrá solo el fin de semana para convencer a sus compañeros de que revisen su posición. Con este planteo claro y contundente, en Dos días, una noche los hermanos Dardenne nos invitan a seguir a Sandra (una extraordinaria Marion Cotillard) en su recorrido de visitas pero a la vez nos interpelan haciéndonos sentir parte de los pequeños momentos compartidos con un marido (Fabrizio Rongione, contenido, sutil, impecable) que hace todo cuanto puede y más por sostenerla y, sobre todo, de cada uno de los encuentros que ella va teniendo con sus compañeros.

¿Se encuentra Sandra en condiciones de volver a trabajar? ¿Por qué deberían sus compañeros resignar su bono y cambiar su voto? Esas dos preguntas sobrevuelan el film y precisamente allí radica su roquiza, sumado a las grandes interpretaciones ya mencionadas. Esos interrogantes nos desafìan como espectadores (¿qué haríamos nosotros en ese lugar?) y probablemente a lo largo de toda la historia hasta cambiemos más de una vez de respuesta, hasta conocer el desenlace que los realizadores nos proponen. Hombres y mujeres comunes, a veces cercanos a la marginalidad, que deben tomar decisiones que, en algunos casos, adquieren la categoría de verdaderos dilemas, aparecen como una constante en la filmografía de los hermanos Dardenne, cuyo cine despojado, crudo, sencillo desde la manera de contar, contundente desde lo que quieren contarnos, los ha vuelto reconocidos en el mundo. Si en Dos días, una noche Sandra debe enfrentar a sus compañeros y éstos evaluar si cambian o no su voto; en El hijo (Le fils, 2002) será Olivier (Olivier Gourmet, excelente en su rol), un carpintero que trabaja enseñando en un centro de formación quien se enfrente al dilema de aceptar o no como aprendiz al joven que asesinó a su hijo. Si en El niño (L’enfant, 2005, Palma de Oro en Cannes) Bruno, un marginal que regentea una banda de adolescentes carteristas, debe afrontar las consecuencias de decidir vender a Jimmy, el bebé que ha tenido con su pareja; en El silencio de Lorna (Le silence de Lorna, 2008) será Lorna, una joven albanesa, la que deba atravesar los resultados de haber optado por un matrimonio por conveniencia para obtener la ciudadanía belga y asumir a qué está dispuesta para alcanzar su sueño de tener su propio bar.

Y si bien Dos días, una noche presenta una conclusión al planteo inicial, en general, las obras de los Dardenne, como las mencionadas anteriormente – a las que podría también agregarse la fundamental Rosetta (1999, Palma de Oro en Cannes) – además de interpelarnos durante la historia que se nos cuenta nos dejarán con preguntas para seguir pensando y rumiando por mucho tiempo. Porque en su cine, no sólo es marca distintiva el modo de contar sino, fundamentalmente, lo que eligen contarnos.

Dice Milan Kundera en La insoportable levedad del ser que “el hombre nunca puede saber qué debe querer porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores”. Mucho de esta idea subyace no sólo en el cine de los hermanos Dardenne sino, por sobre todo, en ese juego continuo de decisiones que entrelazan los momentos que conforman nuestras vidas. Algunos intentaremos analizar hasta los mínimos detalles quizá escondiendo ciertos miedos que nos paralizan. Otros podrán apelar a lo azaroso para no querer reconocer los costos de la elección que deben afrontar. En cualquier caso, reconocer que toda decisión que tomemos tiene consecuencias, aun cuando la incertidumbre no nos permita estimarla plenamente es, desde ya, un buen primer paso que es necesario poder dar.

Por Javier Salas Bulacio

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► [ESPECIAL] Un análisis de la filmografía de los Dardenne:

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¡BUEN LUNES PARA TODA LA MUCHACHADA! Antes que nada les cuento que finalmente no pude viajar a Los Angeles así que esta semana el blog seguirá su curso normal; por otro lado, Javi les deja dos consignas para el post de hoy: 1. ¿Qué películas han visto de los Dardenne y qué opinión tienen sobre las mismas? 2. ¿Cuáles fueron los principales dilemas a los que debieron enfrentarse en sus vidas y cómo repercutieron en el futuro? ¿Son buenos tomando decisiones? ¿Qué camino eligen? Por último, yo les cuento que nosotros nos reencontramos mañana con un post sobre Serena y películas que nos han dormido; ¡hasta mañana! ¡que tengan una gran semana!

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES:

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 La última vez escribió Gastón Aparicio sobre… La música en Nymphomaniac

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