Girls, el concurso

Este martes volvemos tanto con las series como con los concursos (este viernes, además, se viene otro, así que no pueden quejarse :P ), similar en su desarrollo al de True Blood que ganó Jessi. En esta nueva oportunidad, el concurso se relaciona con la serie de HBO Girls. No me voy a explayar demasiado sobre la creación de Lena Dunham – ya escribí sobre ella en este post y no quiero ponerme redundante -, así que vayamos directamente a las instrucciones para quienes quieran participar. Es simple: quienes tengan Twitter deberán, y con tiempo hasta el lunes 25 de este mes, resumir en un hashtag todo lo que viene sucediendo en la segunda temporada de la serie. Puede ser un adjetivo, una frase, lo que quieran. Deberán, a su vez, seguir a @HBOLAT y responder los tweets que desde esa cuenta se hagan sobre la serie y twittearles sus hashtags acompañado siempre por el de #GirlsLA. La gente de HBO va a elegir los hashtags más inventivos y el ganador/a se llevará unos premios de la serie que ya tengo en mis manos para entregar. Por último, les dejo un ejemplo de cómo twittear de acá al 25: “La segunda temporada de #GirlsLA es #laeradelaconfusion @HBOLAT”. Sí, muy original mi hashtag. Bueno, muchachada, espero que participen y quienes no, lean la segunda consigna de hoy porque la idea es seguir organizando concursos vinculados a series que sean del interés de la mayoría. Al menos eso intentaré hacer. ¡Buena suerte! 

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La relación entre Hannah y Adam, en la primera y segunda temporada de Girls:

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Lena Dunham resume la temporada en un hashtag:

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Este martes, doble consigna: a quienes vayan a participar del concurso, les pido que me cuenten con qué personaje de Girls se identifican más (tiene que ver con el premio que van a recibir); a quienes no miran Girls, los invito a que me digan sobre qué serie les gustaría que organice un concurso dentro de poco; ¡Buen martes para todos! ¡Hasta mañana!

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Lena Dunham y la generación perdida

“I’m not too certain about many things
I’m not too sure who I am”

Se ha escrito mucho sobre Lena Dunham desde que HBO comenzó a emitir Girls, la serie de la que es guionista, protagonista y directora. Se ha escrito mucho sobre Lena Dunham incluso antes, cuando se estrenó – en un circuito independiente – su única película hasta la fecha: Tiny Furniture. Y se está escribiendo mucho sobre Lena Dunham ahora, por el contrato millonario que firmó con Random House para editar su primera novela (Not That Kind of Girl) y por el apadrinamiento que recibe de Judd Apatow. Sin embargo, quien mejor supo condensar qué es lo que hace de esta joven de 26 años un talento indiscutible fue James Franco. “Dicen que vivir bien es una buena venganza, pero a veces escribir bien es mucho mejor”. Ciertamente. La palabra es una herramienta muy poderosa. Puede, en circunstancias imprevistas, generar un impacto o tocar una fibra, o traducir el pensamiento de un tercero y provocar identificación, algo de lo que solemos hablar mucho por acá. Pero con eso no alcanza. No es cuestión de sentarse, coordinar ideas y volcarlas sin sentido. Más allá de la espontaneidad, la escritura tiene su cuota de cálculo (ya lo había dicho Poe). Uno (se) mide y (se) observa. Uno escribe sobre uno y eso le llega a quien tiene que llegarle. La astucia, entonces, está en encontrar un destinatario al que pocas veces se le habló antes (al menos ciertamente no de la manera en la que Dunham lo hace), un destinatario que esté a mitad de camino, en plena etapa de indefiniciones.

Girls es una serie que sabe hacia dónde apunta. Ni a la clase social alta estudiantil de, por ejemplo, Gossip Girl ni a la clase social alta más madura, que debe dilucidar el futuro, como se ve en Sex and the City. Girls está justo en el medio. Cuatro amigas que, en Nueva York y en sus veintipico, no saben qué rumbo tomar luego de graduarse. Que no saben cómo manejar sus relaciones. Que no saben, incluso, realmente quiénes son. Los prototipos están y Dunham, en una inteligente movida, alude a Sex and the City en el primer capítulo, cuando el personaje de Shoshanna Shapiro (interpretado por Zosia Mamet, hija del gran David) le muestra al de la trashumante Jessa (Jemima Kirke, repitiendo el mismo papel que en Tiny Furniture) el póster de la película liderada por Carrie y compañía que tiene colgado en su cuarto. Pero antes de eso, está la brillante escena de apertura de la serie. En una cena, Hannah Horvath (evidente alter ego de Dunham), recibe de sus padres una inesperada noticia: ambos decidieron no mantenerla más. ¿Su respuesta? “Deberían estar agradecidos de que no me estoy drogando”. ¿Otra respuesta?: “Deberían leer mi novela. Creo que soy la voz de mi generación. O al menos una voz de una generación”. Girls está repleta de frases brillantes extrapoladas de la cotidianeidad de quienes, al terminar con lo que sería un mandato (o un deseo, dependiendo del caso) como lo es recibirse, ahora deben enfrentarse a problemas reales. Buscar un trabajo, pagar el alquiler y, lo más complejo, ponerse cara a cara con lo que imaginaron para sí mismos para corroborar si se está concretando. Hannah es una escritora talentosa. Nadie lo duda. Pero después de recibirse no hizo más que flotar en la comodidad de una pasantía, retrasar la conclusión de su novela autobiográfica (“tengo que vivirla primero”), mientras sus padres literalmente mantenían su incertidumbre. La decisión que toman, además de complicarla, es la decisión que, capítulo a capítulo, comienza a liberarla y a hacerla más consciente de todo lo que hay a su alrededor.

Además de la interacción con su grupo de amigas (especialmente con Marnie, con quien convive y quien la desafía más que nadie a salir de su propia cabeza) y de ocupar su tiempo en trabajos/entrevistas donde generalmente la pasa mal o dice cosas equivocadas todo el tiempo (“living, one mistake at a time”), Hannah satisface su deseo sexual con Adam (Adam Driver, la gran revelación de la serie), un joven que no tiene filtro ni para coger ni para decir las cosas más ¿in?apropiadas. Un poco como ella misma. Pero además de eso, del pánico acerca del futuro (los cuatros personajes, exceptuando el de Shoshanna, atraviesan por la misma fase pero usando distintas armas) y de no tener bien en claro qué clase de mujer es (“no me gustan las mujeres que les dicen a otras mujeres qué hacer, cómo hacerlo o cuándo hacerlo”, expresa en un momento Jessa), Hannah escribe. Tiene un diario al que prefiere que no lo denominen como tal, ya que lo suyo no se reduce a meras diatribas de chica caprichosa, como dice en una de las mejores escenas de la serie. Y es en la escritura donde sus opiniones sobre el entorno y, más que nada, sobre ella misma, la van convirtiendo en una persona demasiado absorbida en su visión del mundo. Lo que hace Dunham es atacar todos los frentes: habla sobre ella, sobre su personaje y sobre un cierto prototipo de mujer (o de girl, ya que el título de la serie no está aplicado arbitrariamente). Todo eso al mismo tiempo. Pero incluso cuando lo hace – y es por eso que su estilo ha sido comparado con el de Woody Allen -, podemos notar una voz única, individual, que verdaderamente se autoexamina antes de vomitar sentencias (“lo peor que podés decir siempre va a sonar mejor que lo mejor que pueden decir los demás” es su mantra para convencerse de que todo estará en orden) y se desnuda sin prejuicio alguno.

En Girls hay mucho sexo. Mucho sexo real. Mucho sexo sin adornos. Girls no pretende calentar o estimular. Cuando Hannah y Adam se encuentran, el resultado es entre patético e irrisorio. Cuando Marnie se acuesta con un novio al que no ama, el resultado es triste. Y así sucesivamente. Hannah muestra su cuerpo (“imperfecto” para lo que sería un programa sobre jóvenes neoyorkinas/hipsters) sin pruritos y, en consecuencia, se adelanta a lo que podrían opinar sobre ella: “Nadie podría odiarme tanto como me odio a mí misma. Por lo tanto, cualquier cosa mala que puedan pensar o decir sobre mí, yo ya me la dije antes, probablemente hace media hora”. Entonces, ¿se puede hablar de Dunham como la voz de una generación? ¿Es un mote demasiado grande para alguien que verdaderamente se está descubriendo? No. No es un mote desacertado. Con sus 26 años, y sus palabras como armas de venganza ante su pasado – o ante quienes creen que deberíamos tener toda nuestra vida resuelta en un determinado momento, porque eso es sinónimo de estabilidad -, Dunham dejó de mirarse el ombligo y pensó en quienes fallan (a cualquier edad, más allá de la empatía generacional que suscita Girls), en quienes se equivocan, en quienes tienen miedo de apostar a una relación, en quienes se comprometen con algo porque es “lo correcto”, en quienes caminan por arena movediza y en quienes se mueven errantes en el día a día, porque eso es lo más habitual. Porque eso no es necesariamente malo. La vida, prueba y error. Girls es, en síntesis, una serie dirigida a quienes se extravían más veces de las que se encuentran. Porque, realmente, ¿quiénes pueden tener la facilidad/habilidad para nunca sentirse perdidos?

*1. Les dejo una escena de Girls:

*2. Trailer de la película Tiny Furniture:

*DE YAPA: Otra escena de Girls:

¿Vieron Girls? ¿Qué les pareció? Los invito a sumar sus comediantes televisivas favoritas; ¡Comenten! Que tengan un gran martes… 

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