El cine por las ramas: La mejor banda de sonido

Foto: Israel Dominguez

La palabra de hoy (en latín) es “dēprimo”pressi pressum 3 (de, premo) tr.: apretar de arriba a abajo, bajar, hundir, echar a pique [una nave], excavar [un foso], un canal // deprimir, rebajar, // oprimir, abatir. ¿Por qué será que el verbo también a veces se utiliza como sinónimo de estar hundido anímicamente, de estar sumergido, de estar por debajo de lo que podemos sentir cuando todo brilla un poco más? Quizás tenga que ver con el hecho de que cuando una relación se acaba, lo primero que atinamos a hacer es a llorar, a acostarnos en una cama (a llorar, a pensar, a recapitular), a sentarnos con las manos en la cabeza (a llorar, a pensar, a recapitular) o a querer borrar al otro sin permitirnos hacer nada de lo previamente mencionado (lo que sería hundir el pensamiento). Cualquiera de esas posturas ante el desamor (“you look like you’ve been for breakfast at the heartbreak hotel”) implica necesariamente un hundimiento. Por eso Submarine (libro de Joe Dunthorne primero, película de Richard Ayoade después) no se llama así solo por la profesión del padre de Oliver Tate (biólogo marino), o porque ese joven quiere autoconvencerse de que ese heartbreak no es tan relevante como parece y se detiene a contemplar el mar, sino también porque el estar por debajo del agua implica reconocerse a uno mismo hundido en la tristeza. Todo yace en esa reveladora escena en la que Oliver reacciona ante el rechazo de Jordana Bevan poniendo un cassette triste y tumbándose en una cama, con el pijama puesto, mientras el agua empieza a inundar la habitación. En ese instante, Alex Turner canta “It’s Hard to Get Around the Wind” y le contesta al Oliver Tate de la novela, ese que busca palabras en el diccionario y que se detiene en “Nullibiety”: el estado de estar en ninguna parte. Un poco lo que se siente cuando uno pierde a alguien. Un poco lo que se siente cuando uno está vacío. Turner canta “feeling like it’s hard to understand”, “multi-ball confusion”, a su vez remitiendo a otra canción de su banda sonora (“Stuck on a Puzzle”) que también alude al amor como algo que no se puede entender, explicar, descifrar. El amor como rompecabezas siempre a medio armar.

Sin embargo, la sinergia entre el libro de Dunthorne, el film de Ayoade y el soundtrack de Turner es aún más notable cuando el líder de Arctic Monkeys concluye la canción para esa viñeta del desamor con la frase “It might not hurt now, but it’s gonna hurt soon”, mientras vemos a un Oliver con la mirada perdida. El mismo Oliver que había dicho lo siguiente: “Tengo cosas más importantes en las que pensar que en el final de mi primera relación que, como te dirá cualquier adulto, es una de esas cosas que parecen que te van a destruir la vida pero que no van a significar nada cuando tengas cuarenta”. Pero resulta que no, que parece importar más de lo que él cree, que cuando Jordana no está “the red on the questionnaire never changes” y que, cuando ella aparece, la luz se pone verde y él anda “running colorful, no longer just in black and white”. En una entrada de su diario, Oliver escribe “the truth often rhymes” y Turner canta “I’ll be there soon to sing you a happy tune”. Una verdad que no solo rima sino que además está dedicada tanto a ese chico cínico que creía saber cómo contraatacar el desencanto, como a todos los que piensan que el amor es algo prescindible. El disco tiene su obertura con la frase “I’m not that kind of fool who’s gonna sit and sing to you about stars, girl”, pero en el medio el romanticismo prevalece y resurge la bella “make sure you’re not followed and meet me by the Death Balloon…Paraselene woman, I’m your man on the moon” (reminiscente al “from folded notes in envelopes: ‘meet me beneath the moon’, don’t go too soon’” de la canción “The Time Has Come Again” de la otra banda de Turner, Last Shadow Puppets) para finalmente concluir con “If you are gonna try and walk on water, make sure you wear your comfortable shoes”. Ese consejo es escuchado luego de que Oliver y Jordana se miren y miren el agua (como siempre solían hacer juntos), preguntándose – sin verbalizarlo – si realmente están preparados para todo lo que se viene. Para los instantes de felicidad con anteojos con forma de corazón, pero también para los instantes de tristeza en los que el desamor te retuerce. Porque sí, para caminar sobre el agua tenés que estar seguro de usar los zapatos más cómodos, de sentirte listo para que eventualmente la ola te pase por encima y te deje tumbado, hundido, acostado, escuchando un disco, como el de Turner, que dura solo 19 minutos, casi lo mismo que dura un llanto sostenido cuando a uno lo sumergen en el dolor.

Ahora que ya conocen mi respuesta a la consigna (aunque ya me había puesto monotemática al respecto), es un placer para mí presentar a quienes escriben en el post de hoy, cuya trayectoria es imposible de sintetizar en este párrafo, por lo cual también sumo links a las páginas oficiales para que puedan indagar un poco más. En primer lugar, contamos con las palabras de Iván Wyszogrod. ¿Qué decir de Iván? Que a los 21 años ya estaba componiendo nada menos que para Leonardo Favio y su película Gatica, el mono (también colaboraría con el recordado realizador en Perón, sinfonía de un sentimiento y Aniceto); que fue premiado por SADAIC (la Sociedad Argentina de Autores y Compositores) con el galardón máximo a la composición de películas y aporte a la cultura nacional; y que su carrera incluye títulos como Crónica de una fuga (Adrián Cateano), El pasado (Héctor Babenco), Un novio para mi mujer (Juan Taratuto), Dos más dos (Diego Kaplan) y otros films de Caetano y Taratuto, como Francia y La reconstrucción, respectivamente. En segundo lugar, Sebatián Escofet también ahonda en qué consiste la composición de una banda sonora, siendo él un músico sumamente prolífico y autodidacta, colaborando con otros artistas como Jorge Drexler, Gustavo Cerati, Philip Glass y una banda predilecta de quien les escribe: Estelares. Asimismo, su trabajo como compositor lo llevó por el mundo de la televisión, el teatro, la publicidad y eventualmente el cine, trabajando junto a Gustavo Santaolalla en 21 gramos y Biutiful y creando los grandes soundtracks de las películas Las vidas posibles (Sandra Gugliotta),  Lluvia (Paula Hernández), Cordero de Dios (Lucía Cedrón) y El último verano de la Boyita (Julia Solomonoff), entre muchas otras. Recomiendo escuchar también los discos solistas de Sebastián (especialmente Siberiana). Por último, el post es concluido por unos amigos de la casa: la banda Inverness. Este grupo oriundo de Santiago de Chile, y conformado por Rodrigo Jarque, Washington Abrigo, Ángelo Agurto y Rodrigo Soto, ya estuvo presente en el blog tanto como cuando ahondamos en la gran película de Matías Bize La vida de los peces (cuya banda sonora fue compuesta por el cuarteto en cuestión) como cuando arrancó la sección de los sábados dedicada al mundo de la música. Los integrantes de Inverness esta vez describen cómo es colaborar junto a Bize en sus películas (no solo en La vida de los peces sino también en Lo bueno de llorar) y cómo se consideran, ante todo, una banda cinematográfica (los invito a hacer click acá para escuchar sus hermosas canciones). Hechas las presentaciones correspondientes, los dejo con este lujo de invitados. Gracias a ellos por sumarse a la sección.

Componer la música para un largometraje consiste en lograr, con la partitura, representar la emoción correcta, sumando profundidad, carácter y una sonoridad particular. Para esto, es fundamental generar una cercanía con el director y el editor, ya que son los más afectados por el largometraje a nivel emocional. Por otro lado, es sumamente necesario ser directo en el mensaje musical para no generar una lectura errónea en el espectador.  Generalmente los tiempos para trabajar son muy cortos, entonces es necesario estar muy bien preparado mentalmente para ese momento, es decir: no hay margen para errores ni correcciones profundas. Entre los ejemplos de mis bandas de sonido favoritas se encuentran las de la trilogía Bleu, Blanc y Rouge; Alien, El Padrino, Brazil, Delicatessen y Belleza americana. 

[ESCENA] Algunos imperdibles momentos de Aniceto, el film de Leonardo Favio con banda de sonido a cargo de Iván:

Aniceto(2008) Leonardo Favio from la pantalla delira on Vimeo.

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El trabajo de componer para un film es una tarea musical muy compleja. Por un lado, tiene que aportarle a la escena un contenido sonoro que se complemente con la imagen, resaltar, subrayar, acompañar situaciones, marcar transiciones y, sobre todo, jugar un rol en el aspecto psicológico de los personajes y la trama. Muchas veces la música agrega un valor artístico que repercute en las emociones de los espectadores, disparando un contenido emocional que sería imposible de lograr sin la potencia sutil de la música. El compositor tiene que establecer un contacto muy fluido con el director, entender su sensibilidad, qué sonidos tiene en la cabeza, qué funcionalidad espera de la música, qué lugares siente para la presencia musical. Es un trabajo de artesano que requiere muchas pruebas, recorrer caminos de aproximación. Una misma escena con músicas distintas genera sensaciones muy diferentes y está en la habilidad y sensibilidad del compositor dar en la tecla que el director y el film estaban buscando. Es un trabajo muy detallista, de observación de miles de pequeños eventos ocultos en la trama de un film, que necesitan ser unidos con un manto sonoro uniforme, permitiendo que la música revele una dimensión inherente a la trama en una forma sutil y no abusiva. A mí personalmente me encanta La delgada línea roja, donde Hans Zimmer le pone una cuota de magia a un film increíble. El trabajo de los clásicos como John Willliams, Ennio Morricone y Nino Rota también es notable. En el terreno local contemporáneo admiro y respeto a los maestros Pepo Onetto, Nico Sorin e Ivan Wyszogrod. 

[TRAILER] Les dejo imágenes de Las vidas posibles de Sandra Gugliotta, película con banda sonora de Sebastián:

TRAILER LAS VIDAS POSIBLES from Juanpidb on Vimeo.

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Siempre hemos tenido cierta conexión con el cine. Las primeras críticas de nuestra música nos describían como una banda cinemática. Así que era inevitable que surgiera una colaboración con el cine. Todo comenzó con Matías Bize y Lo bueno de llorar en el 2007. Luego colaboramos con él en la película ganadora del Goya La vida de los peces, en el año 2011. Matías trabaja de una manera bastante orgánica en todo el proceso de gestación de una película. En nuestro caso, tenemos la suerte de ver y retroalimentar el proceso de escritura de guión. Matías a veces nos lee porciones de los diálogos, lo que muchas veces influye directamente en el tipo y color de la música que estamos haciendo en ese momento, independientemente de si ésta termina estando o en la película. A su vez, él es uno de nuestros primeros oyentes de muchas de las maquetas que grabamos de canciones nuevas y esa música influye en su modo de escribir y crear personajes. Todo el proceso genera una simbiosis muy enriquecedora entre él y nosotros. Matías ha sido una gran influencia en la imaginería de Inverness y nosotros hemos aportado con cierto diseño sonoro en sus realizaciones. Lo mismo pasa con la música incidental de Diego Fontecilla, aunque él también trabaja en base a imágenes y primeros cortes. Creemos que tanto a Matías como a Diego (y por supuesto a nosotros) nos han influenciado mucho películas como Perdidos en Tokio y directores como Wes Anderson y Michel Gondry. En lo personal, nos gustan los films que incluyen buenas canciones y que cuentan una historia simple pero emotiva y universal con la que las personas puedan conectarse.  

[ESCENA] Porque nunca está de más volver a ver este fragmento de La vida de los peces, con la canción “Nubes” de Inverness:

Nubes - Inverness [extracto película "La vida de los Peces"] from Paul Berthelon on Vimeo.

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►[PLAYLIST]: De todo un poco en este compilado de canciones de sus bandas sonoras favoritas:

Soundtracks! by cinescalas on Grooveshark

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¿Cuál es la consigna de hoy? Sí, sí, adivinaron: ¡a nombrar grandes bandas sonoras, nomás! más tarde les dejo la playlist nuestra de cada semana – Si quieren, propongan otra rama del cine para la próxima entrega; ¡Los leo, como siempre!; ¡Buen martes para todos! ¡Nos reencontramos mañana, muchachada!

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La última vez en El cine por las ramas analizamos… La mejor fotografía

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Banda de sábado: Inverness

He expresado más de una vez por acá que disfruto de las películas que tienen, por lo menos, una secuencia donde toca una banda en vivo. Pasa en Como un avión estrellado, pasa en El espacio entre los dos y pasa en La vida de los peces. En esta última, particularmente, escuchamos a la banda chilena Inverness interpretar la preciosa “Nubes”, canción simbólica de la relación entre los protagonistas del gran film de Matías Bize. Tuve la oportunidad de entrevistar a este grupo que nació en Santiago en el 2007 y cuyos integrantes (Rodrigo Jarque, Washington Abrigo, Ángelo Agurto y Rodrigo Soto) tienen bien en claro en qué consiste el poder de la música (“sobrevolar las azoteas”) y nos hacen estremecer, en medio de una atmósfera shoegaze, fluyendo con un ritmo al que no tenemos otra opción más que entregarnos.

* ¿Cómo se encontraron y dieron forma a lo que hoy es Inverness?

Venimos de distintas partes de Chile. Algunos de nosotros crecimos en la Patagonia y otros en pequeñas ciudades sureñas como Curicó. Otros crecieron en Santiago. Es divertido que nos hayamos encontrado, como amigos y músicos, después de tantos ires y venires en nuestras vidas. Comenzamos a juntarnos a principios del 2008. Todo comenzó con el proyecto solista de Rodrigo Jarque, quien había editado un disco en el 2006 llamado Monstruos bajo la cama. Cuando nos conocimos todos, era inevitable formar Inverness. Fue como ese tipo de asuntos que se van desenvolviendo solos y crecen como árboles con el tiempo y de pronto te encuentras bajo una sombra agradable y fresca. La amistad entre nosotros es la que originó todo y también la que lo mantiene.

* Fuegos distantes es un gran disco, con una persistente melancolía que lo sobrevuela, letras muy reales y poéticas; ¿siempre supieron cómo querían sonar, sobre qué temáticas les interesaba ahondar, o eso surgió en el camino?

Fuegos Distantes es, efectivamente, un disco melancólico. No diríamos triste, como podrían percibir algunas personas después de una escucha superficial. Y más que melancólico, diríamos que es un disco que expresa cierto estado de deseo muy fuerte por algo que es inalcanzable o que se perdió hace mucho tiempo. Incluso por algo que tal vez ni siquiera comprendemos cabalmente. Y tiene mucho que ver con nuestra generación, que creció entre amenazas de guerras nucleares, un avance implacable de la tecnología y todo lo relacionado con las partes más feas de la globalización. Son cosas que te alienan de ti mismo y de los demás y la música en esos casos es una válvula de escape. Con Fuegos Distantes e Illuminaciones quisimos crear un lugar al que las personas pudieran acceder y encontrar alivio y recuperar su mirada de las cosas. Suena un poco pretencioso y estará en las personas decidir si logramos eso o no, pero podemos decir con franqueza que es lo que aspiramos a hacer siempre con nuestra música: crear un lugar, un mundo secundario, para recuperar la visión perdida. En ese sentido, siempre abordamos las letras como una etapa de subcreación, lograr que esos lugares sean verosímiles y acogedores. Por eso, muchas de las letras hablan de parajes bucólicos y de las diferentes luces del día y de la noche. Si no entendiéramos nuestra música como un gran lienzo que se va pintando con los años, seguramente nos aburriríamos.

* ¿Cómo se concretó su participación en el soundtrack de La vida de los peces y cuánto cariño les tienen a esas dos maravillosas canciones?

La relación de Matías Bize con Inverness se remonta al disco solista de Rodrigo Jarque. Matías incluyó tres de las canciones de ese álbum en la película Lo bueno de llorar y eso produjo un revuelo en la prensa local, ya que tanto la película como su música eran apuestas arriesgadas, difíciles de digerir y poco comerciales en un mercado acostumbrado a los efectos hollywoodenses y a la pachanga. Pasar por eso juntos afianzó la amistad entre Jarque y Bize. Era natural participar en La vida de los peces, aunque para entonces Matías se encontró con Inverness y con Illuminaciones ya editado. Éramos una banda y nuestro sonido estaba más definido y pulido. ‘Nubes’ fue la primera canción de Inverness. La primera en la que los cuatro participamos y pusimos nuestro corazón en ella. Es un manifiesto. Un manifiesto un tanto pesimista, pero debe entenderse que esa fue una época difícil de nuestras vidas. No teníamos dinero, tampoco un lugar muy agradable para vivir e incluso no siempre comíamos muy bien. Preferíamos gastar el dinero en comprar cuerdas para nuestros instrumentos. Pasar de eso al Goya que ganó La vida de los peces el año pasado, nuestra visita al festival SXSW en Estados Unidos y la inclusión en un documental de la BBC de Escocia, ha sido como un espaldarazo a nuestra amistad y a nuestro trabajo como banda y Matías Bize ha sido testigo cercano de todo eso.

Cuando suena “Nubes” en La vida de los peces:

Se entiende que el cariño que le tenemos a ‘Nubes’ y a ‘Illuminaciones’ sea muy parecido al cariño que le podría tener un padre a su pequeño hijo que vuelve a casa con buenas calificaciones y el reconocimiento de sus profesores. Los músicos somos anécdotas comparados con la música. Nunca nos pusimos un pie forzado para crear música. Nunca lo haremos. Dejamos que todo fluya en nuestro estudio. Vamos detrás del sonido y la melodía manda. No tenemos muchos estudios formales de música. Si entendiéramos la música como una gran ciudad y a los músicos formales como personas, ellos conducirían sus vehículos por supercarreteras urbanas a altas velocidades. Nosotros en cambio, somos como fantasmas algo torpes que atraviesan las paredes y sobrevuelan las azoteas. El proceso es mucho más orgánico en nosotros. Es algo casi fisiológico.

* ¿Podrían mencionar bandas que cada uno de ustedes escuchan diariamente y bandas que sienten que, de una manera u otra, los han influenciado?

Escuchamos música muy diversa. En estos momentos escuchamos mucho Avishai Cohen, The Who, White Denim, Chopin, Erik Satie, Sun O))), Scott Walker, Robert Wyatt, Blur y Pedro Aznar. Siempre  escuchamos Radiohead y The Cure y también Slowdive. Podrías decir que todas esas bandas nos inspiran diariamente de una u otra manera, ya sea por su música o su oficio y talento.

* ¿Cómo describirían el panorama musical chileno?

El panorama musical chileno es muy interesante en este momento. Hay muchas bandas. Casi todas las personas de cierto grupo etario están en una banda o planean estarlo. Eso es bueno. El problema es que el mercado no crece proporcional a como lo hacen las diferentes escenas musicales. Es decir, hay muchas bandas, pero los lugares son mínimos y pocos y por lo general sus dueños son como especies de roedores famélicos sordos con un dejo de autosuficiencia terrible. Suponemos que es así en todos lados. Con un mercado tan anoréxico, es difícil que las bandas sobrevivan más de 3 años. Los que lo hacen, crecen con  ciertas habilidades de supervivencia admirables. Nosotros armamos un sello (LeRockPsicophonique) para crearnos una escena con bandas afines. Jovenabuelo, Nader Cabezas, Pablo Yovane, Nhur, Martín Pescador, amBattom y Prehistöricos son buenos ejemplos de lo que está pasando en nuestra escena musical, más ligada al post-rock y al rock alternativo. Les dejamos el link a nuestro sello para que puedan escuchar y bajar mucha música gratuitamente.

* BONUS TRACK: la hermosa canción “Vivíamos en la mitad de la nada”:

——————————> Un agradecimiento especial a Natalia Nin

Hablando del pasado

Es bien fácil andar de viajero en tránsito viendo el mundo como turista, lo difícil es quedarse y bancarse el día a día…”

“Me detuve, como es natural, en la frase: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras (…) Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan”. Hay algo de este extracto del cuento de Borges El jardín de los senderos que se bifurcan en la película del chileno Matías Bize, La vida de los peces. ¿Qué hay? Para empezar, una mirada sobre el destino, sobre los caminos que se eligen, las decisiones que se toman y, especialmente, una mirada a las realidades perdidas, a esos otros caminos que no se emprendieron y que, en consecuencia, configuraron una realidad determinada, en este caso insatisfactoria y dolorosa. Sin embargo, en la obra de Borges (con todo la temática del sino/destino con ecos de La Ilíada) el foco está puesto en un tiempo presente, en un hoy insoslayable. En el film de Bize, por el contrario, tenemos a un protagonista detenido en el pasado.

Les dejo una escena de La vida de los peces:

Andrés (Santiago Cabrera) dejó Chile para irse a Europa. Dejó su mundo conocido, su familia, sus amigos, una tragedia latente y una novia llamada Beatriz. Al irse, pasó del desarraigo a la vida de turista, a trabajar como periodista (de turismo, justamente), viviendo en hoteles, escribiéndoles a los lectores sobre qué lugares visitar, dónde comer y cuánto gastar, pero sin vivir él esos mismos espacios, sin poder disfrutarlos. Andrés reside en Berlín, pero en realidad no reside en ninguna parte. Lo que proyecta no es más que un efecto ilusorio de lo que realmente es. Su aparente movilidad constante, su devenir, su volar de un lado al otro no es sinónimo de avanzar sino de estar detenido, viendo otros mundos desde una suerte de pecera. No sale, no se involucra. Su trabajo es ser observador, espectador de otras vidas en movimiento. Para ilustrar este confinamiento, Bize hace transcurrir su película – el paralelismo con Antes del atardecer resulta inevitable, sobre todo al estar ambas películas trabajadas en tiempo real – en un ámbito cerrado y único: una casa. Una casa donde se lleva a cabo una fiesta de cumpleaños. Una casa en Chile a la que Andrés vuelve diez años después de ese alejamiento. Lo hermoso de La vida de los peces es cómo Andrés va recorriendo cansino ese lugar (como nadando), hablando con viejos amigos (“hablando del pasado, siempre del pasado”), revisitando habitaciones que fueron testigo de momentos de su juventud y mirando la misma pecera una y otra vez.

Pero La vida de los peces, además de ser la crónica de un hombre solo (uno que se quedó estancado, mientras los demás, aún en conflicto, siguieron adelante, no fueron evasivos a la cotidianeidad) es, también, la historia de un amor trunco. Porque esa decisión de irse a Andrés le costó una relación con Beatriz, con quien se reencuentra en la fiesta y a quien necesita recuperar y tomar de la mano para reescribir el cuento, para trazar un brillante porvenir. Pero esa mujer (interpretada con triste crudeza por Blanca Lewin) eligió un camino, aún sabiendo que hay otra vida posible, quizás una vida paralela (“quiero asomarme y mirar otra vida”) donde ella y Andrés salen de ese idilio adolescente y emprenden un vínculo maduro. El monólogo de Beatriz sobre esos mundos posibles es tan real como devastador. ¿Quiénes avanzaron? ¿Quiénes quedaron detenidos? ¿Son más libres los que están dentro de la pecera porque no conocen otro mundo o los que salieron de ese mundo pero terminaron confinados en otro? Como dice la canción de Inverness que forma parte del soundtrack del film: “el cielo tiene nubes y no podrás tocarlas jamás”. Hay toda una realidad que perdimos, que en el hoy se vuelve inalcanzable, inaprensible. Solo resta convivir con la tristeza y aceptar el peso de las decisiones. Avanzar. Romper las peceras. Salir. Hablar del presente. Convivir con (y no vivir en) el pasado.

* BONUS TRACK: Banda sonora del film:

La vida de los peces OST by Milagros Amondaray on Grooveshark

¿Vieron La vida de los peces? Los invito a sumar otras historias de (des)amor del cine; ¡Comenten!

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El cine bajo la mirada de…Antonella Costa

Siempre creí que al blog le faltaba un espacio para exponer charlas con actores, realizadores, en síntesis: con gente vinculada al cine. Por eso, acá estamos, con nueva sección de entrevistas, de intercambios, con el objetivo de poder mirar las cosas bajo distintos ángulos. Hoy comenzamos con la actriz Antonella Costa quien, además de focalizarse en su profesión, desde el año pasado, y a pulmón, lleva adelante un Ciclo de Cine Chileno Contemporáneo que tendrá su espacio en el MALBA del 5 al 8 de abril. Sobre este emprendimiento, su rol de programadora y su especial relación con Chile, charlamos largo y tendido. Los invito a leerla.

* ¿Cómo definirías esta muestra?

Se trata de un Ciclo de Cine Chileno Contemporáneo, dado que todas las películas son de los últimos dos años. Esta es la segunda vez que tengo esta experiencia, pero en distintas condiciones. La primera vez, también en el MALBA, pero sin fondos de ningún tipo, solo contaba con la sala y conmigo básicamente. Entonces, fue una iniciativa totalmente personal y desinteresada, algo que sigue siendo, aunque en otras condiciones. Este año es distinto porque concursamos por un fondo en la DIRAC, la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Direcciones Exteriores de Chile, en cuanto a la difusión de cultura chilena en el exterior, y lo ganamos. Eso a su vez nos permitió traer a los invitados, directores y actores, y tener una agente de prensa y mayor difusión. A su vez, se le da un carácter itinerante al ciclo, ya que primero se mostró en el Festival Cinematográfico del Uruguay que es fantástico, muy ameno y con buena programación; y después en algún momento del año también se va a hacer en Córdoba.

 

* ¿Qué fue lo que te impulsó a vos como actriz a organizar un ciclo, que de por sí es una tarea ardua?

Sí, es complicado. Lo más fascinante de todos modos es armar la programación, ver muchas películas, la convocatoria allá en Chile fue muy bien recibida. Habré visto más de 30 películas para la selección y lamentablemente quedó mucho afuera que yo programaría, pero hay temáticas en común o niveles de producción similares que podían sonar redudantes, cuando la idea era buscar algo más variado, representativo de lo que está pasando allá. Es un cine muy nutrido el cine chileno, tienen mucha imaginación, hacen cosas increíbles con muy poco dinero. Muchas son tesis de egreso, como Anónimo, que se va a proyectar en el ciclo. Asimismo, se va a exhibir La vida de los peces, que tiene otro trayecto ya que ganó el Goya, y también está Zoológico, que tiene una temática más adolescente. Tienen de todo y vale la pena, no es que están enfocados en una sola clase de película para agotar ese recurso.

* ¿Cómo fue que tu historia personal ligada a Chile incidió en la preparación de este ciclo?

Mi relación con Chile viene del hecho de que tanto mi papá como mi abuela son de allá. Mi papá dejó el país con la dictadura y no volvió nunca más, por lo cual yo que nací en los 80 en Italia perdí todo contacto, sobre todo por el tema del exilio. Entonces, la nueva generación nos encontramos por Internet y yo tenía pendiente empezar a viajar y conocer a mi familia de sangre. Yo de mi papá no tenía ni siquiera una foto de él siendo niño, era una historia muy perdida. Fui recuperando eso y conocí a mi novio en el Bafici, que es chileno también y director [CHÉ SANDOVAL], eso se ligó mucho a mi historia y empecé a viajar a Santiago, iba continuamente a La Alameda a ver películas y así empezó la idea: descubriendo un mundo que me estaba perdiendo y que está a solo unos kilómetros.

Mirá un adelanto de La vida de los peces:

* En esta edición van a contar con la presencia de Alberto Fuguet…

Así es. La apertura va a ser con su tercera película, Música campesina, aprovechando su futuro estreno en el Cosmos. Estamos muy contentos porque queremos demostrar que películas como las de Alberto son perfectamente estrenables, más allá de que haya que pelear por un circuito. En este camino me fui enterando que hay cadenas de cine que no reciben películas chilenas ni siquiera para visualización, con un criterio del que no estoy al tanto. Existe un prejuicio de base con el cine latinoamericano, y uno va recopilando anécdotas de eso también. Si alguien no se preocupa en tener su salita como hobbie, la curiosidad por algún motivo no se despierta, y es algo que se tiene que cambiar porque nos estamos perdiendo mucha información. La idea es nutirnos de cosas que en otras circunstancias no veríamos, de países que incluso tienen conflictos en común con los nuestros, y que a la vez no, porque el cine no deja de ser un viaje de descubrimiento.

* Sí, la idea de un ciclo o festival es siempre la de abrir los ojos…

Claro. Eso siempre vale la pena. Y esa es la idea de este ciclo en particular.

——————-> Fotos de la entrevista: Federico Closs (FEDECHIZZO)

La segunda edición del Ciclo de Cine Chileno Contemporáneo se llevará a cabo del 5 al 8 de abril en el MALBA; accedan a la programación aquí

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¿Qué relación tienen con los ciclos de cine y festivales? ¿Asisten? ¿Les da curiosidad ver qué se filma en otros lugares, con otros recursos? ¿Ven cine chileno? ¡Dejen sus comentarios, gracias y nos vemos el lunes 9, después de todos los feriados!

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