The Hunger Games – Mockingjay (Parte II): La dialéctica de Panem

Hoy en Cinescalas escribe: Verónica Stewart

El Escuadrón Estrella se reúne en uno de los tantos edificios destruidos del Capitolio. La guerra civil de Panem ha llegado al frío corazón del país, y Katniss y demás ganadores de los anteriormente practicados Juegos del Hambre se detienen ahora a planear su próximo ataque. Boggs, el comandante del escuadrón, les muestra un holograma que indica en qué calles hay trampas, a la vuelta de qué esquina se esconden los explosivos. Finnick Odair mira a Katniss. “Damas y caballeros”, dice “bienvenidos a los 76º Juegos del Hambre”. Recapitulemos: la trilogía de ciencia ficción de The Hunger Games, cuya última entrega se encuentra ahora en cines, tiene a Katniss Everdeen como protagonista y a Panem, un país ubicado donde Norte América estuvo una vez, como contexto. La primera parte de esta historia nos da un panorama del país y de sus Juegos del Hambre, una salvaje competencia televisada y organizada por el Capitolio para mantener a los distritos bajo control. Catching Fire, su secuela, nos revela a una Katniss Everdeen que, tras haber ganado los Juegos y teniendo que competir de nuevo en ellos, se dispone a encender la chispa de la revolución que ya viene gestándose desde hace rato. Finalmente, ambas partes de Mockingjay encuentran a Katniss a salvo en el Distrito 13 con su presidente Alma Coin quien, junto al pasado organizador de los Juegos Plutarch Hevensbee, se encargan de hacer de ella la cara mediatizada de la revolución.

La segunda parte de Mockingjay es ampliamente superior a la primera. La división entre ambas películas está hecha en el momento en el que Peeta, quien ha sido secuestrado – lo cual significa que el Capitolio ha logrado lavarle la cabeza hasta el punto de convertirlo en su sumiso servidor –, es recuperado por los integrantes del Distrito 13. La última escena de esta primera entrega es profundamente dolorosa: Peeta despierta queriendo atacar a Katniss, detestándola con cada fibra de su ser. Para quienes han leído el libro o incluso visto las películas, es innegable que la verdadera acción ocurre luego de este hecho, cuando la guerra civil llega a escalas terribles y tortuosas. El ritmo de esta última entrega es impecable: la escena de una cierta ejecución que queda a cargo de Katniss sobre el final de la película logra crear una tensión punzante entre el silencio de la sala, mientras que las varias batallas que se desatan en el Capitolio aturden a todo espectador que se siente envuelto en medio de esta guerra. La última parte de Mockingjay tiene muchos aciertos, entre ellos el hecho de ilustrar tan bien (y sin minimizar) el trauma del que sufre Katniss al terminar la batalla. Pero lo más importante de esta película es que nos ofrece algo que ninguna puede darnos: perspectiva. Al conocer el desenlace de esta historia, se vuelve más sencillo juzgarla de principio a fin, y el panorama completo de la historia de Katniss nos remite nada más ni nada menos que al esquema dialéctico del filósofo alemán Hegel.

Recapitulemos nuevamente: la dialéctica identifica tres grandes momentos en su esquema. El primero, el de la tesis, es aquel en el que se presenta determinada concepción del mundo, mientras que el segundo, la antítesis, expone sus problemas y contradicciones y propone una visión opuesta. Finalmente, la síntesis surge de una nueva comprensión del problema gracias a la implementación de elementos que se encuentran tanto en la tesis como en la antítesis; es decir, presenta una suerte de mezcla entre ambas. El principal motivo por el cual este esquema es tan utilizado para explicar procesos históricos es, sospecho, que somos criaturas propensas a la repetición. Se puede aplicar a momentos políticos y económicos tan diversos e incluso apartados en el tiempo justamente porque la política y la economía tienden a operar bajo los mismos mecanismos, una y otra vez. Una fuerza política sube al poder, en las elecciones siguientes se vota a quien más se le oponga y luego se opta por buscar un punto medio hasta que vuelva a comenzar el ciclo. Tan visionario fue Hegel en su concepción de la dialéctica que incluso se puede aplicar a una trilogía distópica como la de The Hunger Games.

Primera parte: la tesis. The Hunger Games nos da a conocer la concepción que se tiene del mundo desde el microcosmos que es Panem, el trato que reciben los más pobres distritos y los Juegos del Hambre, aquel sádico evento que representa el más estrecho vínculo entre ambas partes. Katniss, a pesar de encontrarle una vuelta a las reglas al final, participa en ellos. El pueblo todo todavía se encuentra sometido. Segunda parte: la antítesis. Catching Fire nos presenta a una Katniss mucho más segura de sí misma y determinada a acabar con la tiranía de los juegos. Toda la película se ve atravesada por pequeños actos de rebeldía, desde el vestido que se enciende en llamas en el programa de Ceasar Flickerman hasta la destrucción del domo virtual que hacía de los juegos lo que eran. Katniss literalmente destruye a aquello que más sometía al pueblo. Empieza la revolución.

Es en la tercera parte, en la de la síntesis, donde entra Mockingjay y donde más interesante se vuelve el asunto. Y es que a simple vista esta parte no es más que una agudización de la segunda, la más profunda antítesis ante la tesis propuesta por el Capitolio. Sin embargo, pronto comenzamos a observar cuántas de las actitudes de Coin y Hevensbee se asemejan a las del Capitolio. La televización de la batalla se vuelve crucial, y no quieren que Katniss, su tan adorado y explotando sinsajo, de pelea si no hay una cámara frente a la cual pueda jactarse luego. Lo que importa es lo mismo tanto en la revolución como en los mismos Juegos del Hambre: la estrategia mediática llevada a cabo debe ser perfecta, y el arma más grande no son ni las flechas ni las bombas, sino las imágenes en los televisores. Gale mismo dice que si tiene que morir gente inocente para que ellos puedan vencer a un distrito que sigue aliado el Capitolio, que así sea – inevitablemente, esto nos remite a la cantidad de inocentes que mató el Capitolio en su lucha por el poder. Aun manteniendo algo del espíritu revolucionario que prima en Catching Fire, en Mockingjay observamos con temor y un poco de asco cuán similares son todas las estrategias políticas, sin importar a quiénes favorecen ni qué fines cumplen. Coin es veloz para declararse presidente interina, en un proceso que nada tiene de más democrático que el del presidente Snow perpetúandose eternamente en el poder.

Es precisamente por esto que The Hunger Games se despide siendo una de las mejores sagas distópicas de los últimos tiempos. Teoriza, quizás sin quererlo, sobre los medios, la guerra, el trauma que ésta genera e incluso la política. Su mayor fuerza no descansa entonces en su historia de amor o en la valentía y vulnerabilidad que tan bien conviven dentro de su protagonista, sino más bien en cómo logra retratar el funcionamiento político y mediático todo a través de una sola historia de un solo lugar.

Por Verónica Stewart

■  Al texto escrito por mí sobre The Hunger Games lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Verónica Stewart sobre Catching Fire lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Natalia Paez sobre The Hunger Games – Mockingjay (Parte I) lo pueden encontrar acá

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[TRAILER] Algunas imágenes de Mockingjay – Part 2:

Mockingjay Part 2 Trailer from C M on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Arrancamos una nueva semana del blog hablando sobre el cierre de The Hunger Games: 1. ¿Qué les pareció la saga en general y su conclusión en particular? 2. ¿Qué otras sagas resisten un análisis filosófico como el que propone Vero? 3. Por último, ¿son de leer sagas? ¿cuáles son sus favoritas? ; nos reencontramos mañana con un post sobre Grandma; ¡hasta entonces, muchachada! ¡que tengan un excelente día! PD. No se olviden del Concurso Oscars 2016, tienen tiempo hasta el domingo próximo para dejar sus predicciones; ¡buena suerte para todos!

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—> La última vez escribió Victoria Leven sobre… MIA MADRE y EL CINE DE NANNI MORETTI

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Deathmatch: Los peores afiches

Afiche promocional para la película de Peter Sollett

Si bien tangencialmente hemos hecho algún aporte en un off topic en posts previos, faltaba uno dedicado exclusivamente al tema. No sé qué opinan ustedes, pero cada vez encuentro menos afiches inventivos (de los más recientes me quedo con los de Mommy e Inherent Vice) y muchos más afiches lastimosos como el que dejo más arriba. Lo que sucede con Freeheld es bastante peculiar porque el póster para la promoción del documental del caso real de Laurel Hester y Stacie Andree (documental corto dirigido por Cynthia Wade y ganador del Oscar en el 2007) no solo es más sobrio e impactante, sino que opta por poner el color sobre la figura que está atravesando el momento más doloroso, lo cual está hablando de la veta esperanzadora de la historia y aludiendo, ya desde lo visual, a cómo Laurel fue una luchadora persistente quien, tras ser diagnosticada con cáncer, peleó para que su pensión sea transferida a su pareja, Stacie, combatiendo la homofobia que no le concedía tal derecho.

Afiche promocional para el documental de Cynthia Wade 

Asimismo, el afiche del documental también es más íntimo, humano y personal, con ambas mujeres en primer plano, con sus rasgos distintivos. El póster de la adaptación de Peter Sollett – director que prometía mucho gracias a su ópera prima Raising Victor Vargas - va a contramano de lo que se puede ver en el que ya describimos, especialmente porque comete el error de representar la mencionada historia (bien puntual, bien específica) de la manera más genérica posible, con una foto de Julianne Moore y Ellen Page light y amena, casi como si Freeheld fuera un drama digno de este otro post y no algo mucho más denso, complejo, verdadero. La elección de una paleta de colores más cálida también denota un intento de agradar con complacencia y no de apostar por algo diferente, precisamente lo que hicieron Laurel y Stacie. Dicho esto, ahora quiero ver sus aportes, no sin antes recordarles que ya hablamos sobre los mejores afiches aquí mismo, a propósito de unos de mis favoritos de siempre: el de Punch Drunk Love. ¡A ver qué me muestran ustedes!

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► [GALERÍA] 100 afiches memorables (por todas las razones equivocadas) elegidos por ustedes en el post de hoy:

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! En esta semana temática del blog (al menos martes y miércoles), los invito a dejar los peores pósters del cine; asimismo, mañana continuaremos repasando “lo peor” con el post de películas malas devenidas placeres culposos; con los aportes de hoy armaré una variopinta galería :P – como siempre, los leo y los veo mañana con sus guilty pleasures; ¡buen martes! PD. Acá mismo pueden ver Freeheld, el documental

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LA ÚLTIMA VEZ ENFRENTAMOS A… LOS MEJORES PERSONAJES FEMENINOS DE SERIES

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NUESTRA REACCIÓN ANTE LOS AFICHES DE HOY…

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The Hunger Games – Mockingjay (Parte I): Cerca de la revolución

Hoy en Cinescalas escribe: Natalia Paez

“And the scars that mark my body, they’re silver and gold,
my blood is a flood of rubies, precious stones,
it keeps my veins hot, the fire’s found a home in me”  - Lorde (“Yellow Flicker Beat”)

*Atención: Se revelan detalles del argumento del libro y la película

Cuando pienso en trilogías del género Young Adult (o jóvenes adultos, vaya oxímoron), se me vienen a la mente los romances imposibles y sufridos propios de la adolescencia, y ese sentimiento entre angustioso y desmedido del amor para siempre que solo puede provocar la fuerza de lo que aparece como inalcanzable, casi intocable. Pienso en Edward y Bella, y ese triángulo amoroso conformado con Jacob; son “hielo y fuego”, como se escucha pensar a la heroína de Stephanie Mayer en la trilogía Crepúsculo. También evoco a  Hermione y Ron, y en cómo se juega con la idea de un triángulo en Las Reliquias de la Muerte de la serie Harry Potter, cuando en medio de una alucinación causada por portar un Horrorcrux, Ron ve a su mejor amigo y a la chica de la que se enamoró besarse apasionadamente y reírse de él. Sin embargo, nada de todo este tropo aparece como prominente en la historia de Katniss Everdeen (una magnifica Jennifer Lawrence), la “chica en llamas” de la trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins. Si hay algo que resalta en Katniss es la admiración que despiertan sus acciones heroicas y sus luchas, porque en su mundo, el universo ficticio de Panem (un guiño al dogma romano “Panem et circense”, es decir, pan y circo), no hay lugar para los sentimientos desmedidos. En su mundo sólo se vale sobrevivir, y como ella misma le dice a Gale Hawthorne (Liam Hemsworth) desde que fue seleccionada para participar en esa batalla hasta la muerte que son los Juegos del Hambre anuales, ella sólo tiene tiempo para una clase de sentimiento: el miedo. Y ese temor es tan palpable durante la apertura de Mockingjay Parte 1 (o Sinsajo, según su traducción al español), que uno no puede evitar relacionarse con todo el trauma que enfrenta Katniss tras despertarse en ese bunker subterráneo  que es el secreto Distrito 13. Desorientada, con la respiración agitada, preguntándose todo el tiempo quién es, de dónde viene y por qué está ahí en ese momento, Katniss se enfrenta con un sentimiento que es aún más profundo que el amor: el trauma de la pérdida, la falta total y absoluta de control sobre su destino, pero sobre todo, sobre el destino de los que más ama, su hermana Prim, su madre y Peeta Melark (Josh Hutcherson). 

Si hay algo que me produjo la adaptación de Francis Lawrence sobre esta primera parte del libro de Collins es una opresión similar a la que experimenta la “chica en llamas” cuando mira por televisión los mensajes de tono propagandístico que protagoniza su pareja ficcional Peeta, quien al final de los juegos anteriores es capturado como prisionero por el Capitolio, ese gobierno autoritario que domina a los demás distritos a fuerza de miedo y terror. Esos dos sentimientos son una constante cuando Katniss finalmente comprende que el Presidente Snow (Donald Sutherland) no está jugando, y que va por todo y por todos con tal de apagar el fuego del Sinsajo y su rebelión. No le tiembla el pulso para incinerar vivos a niños, mujeres e indefensos del Distrito 12 (el hogar de Katniss) cuya única culpa es querer vivir un poco mejor. No se detiene ante nada, ni siquiera la tortura física y emocional de Peeta y de todos los demás vencedores capturados en los juegos anteriores para manipular a Katniss y a los demás rebeldes del Distrito 13, incluidos el ex Creador de los Juegos Plutarch Heavensbee (el talentoso Philip Seymour Hoffman, en uno de sus últimos roles en la pantalla grande) y la presidenta de los rebeldes, Alma Coin (Julianne Moore). Snow le demuestra a Katniss a cada paso, que en la guerra como en el amor, todo se vale. Incluso usar como arma letal al sentimiento más sagrado de todos. Mockingjay es un retrato crudo que, aunque ficcional, se parece demasiado a los conflictos que miramos por televisión. Es un relato de una guerra civil digitada por un gobierno ambicioso y corrupto, que se maneja en la opulencia y la negación total de las diferencias de clase, mientras vive de las riquezas que los oprimidos le producen. Pero aun cuando la noche es más oscura, hay una pequeña luz de esperanza que se vislumbra a través del velo del trauma de Katniss y los suyos.

Con sus miserias a cuestas y sabiéndose por siempre quebrada en su integridad como persona, Katniss acepta ser el símbolo de la rebelión de Alma Coin y Plutarch, no sin antes imponer sus propias condiciones. Para los lectores del libro, es en este crucial momento que comienzan los cambios que necesariamente sufren estas adaptaciones cuando son trasladadas a la pantalla grande. La Katniss del libro exige no sólo el rescate e indulto de todos los vencedores, sino también lo que será el motor del fin del relato: Katniss quiere matar ella misma al presidente Snow. En la película, esta exigencia brilla por su ausencia, con lo que se entiende que el objetivo del director era estructurar esta primera parte alrededor del rescate de Peeta. Cómo encajaran las piezas en la segunda y última película de esta saga es otra historia. Lo cierto es que por cuestiones económicas y marketineras (que comenzaron a regir las reglas de este género cuando Warner Bros. decidió cortar en dos el final de la saga Harry Potter en 2011), Mockingjay-la película está dividida en dos partes, con Suzanne Collins recibiendo por primera vez un crédito fílmico por su trabajo en la adaptación del guion cinematográfico de su propia obra. Resulta sencillo entender por qué, entonces, el corte en esta primera parte de la saga se da de forma orgánica, casi como si hubiera estado escrita así desde un comienzo. A diferencia de otras obras del género Young Adult, la historia del paso del Sinsajo de provocación a revolución social completa aparece a los ojos del espectador como un viaje sin demasiados cortes abruptos. En esta última parte, Katniss se da cuenta que su intención de salvar a Prim y ofrecerse como tributo en un principio, bien puede ser lo último que hizo por cuenta propia. A partir de su paso a escena, todo su camino fue digitado por aquellos que desde las sombras la observaron, y percibieron su potencial de liderazgo. Katniss se da cuenta que la cultivaron para ocupar el lugar central en esta rebelión televisiva, que de ficción no tiene nada… y lo tiene todo.

“Are you, are you
coming to the tree?
Where I told you to run,
so we’d both be free”

Uno de los mayores logros del equipo de marketing de Lionsgate (estudio al frente de la trilogía) fue llevar el estilo propagandístico del gobierno del Capitolio a la calle, y con eso, incrementar la ansiedad de los fanáticos. Los “tributos” (como se denomina a los lectores de los libros de Collins en el fandom de Los Juegos del Hambre) sabíamos qué encontraríamos, sin embargo, aquellos “hungers” (o no lectores) seguramente se sorprendieron ante la abundancia de carteles en fondos rojos y letras negras, videos o “propos” con mensajes de Sutherland como Snow junto con Peeta y Johanna Mason (Jena Malone, quien no juega un rol central en esta primera parte) a su lado. Inclusive se vieron gráficas en la vía publica con mensajes de corte goebbeliano, intervenidos con consignas contra hegemónicas de estilo guerrilla, el código que manejan los rebeldes del Distrito 13. De hecho, una de las mejores incorporaciones de esta primera parte es la de la documentalista Cressida (Natalie Dormer) y sus camarógrafos Castor (Wes Chatam) y Pollux (Elden Henson). Comisionados por Heavensbee para seguir a Katniss y capturarla “en acción” y con eso armar las “propos” (bajo la consigna de “The Mockingjay Lives” o “El Sinsajo vive”), es el estilo testimonial de Cressida el que nos regala el momento en que Katniss se muestra vulnerable y no combativa ante las cámaras, entonando lo que luego será el mantra de la rebelión: “The Hanging Tree” (literalmente, “el árbol colgante”). Ninguna otra actriz más que Jennifer Lawrence podría haberle dado la mezcla de tristeza y esperanza que genera escuchar esta canción (que fue acondicionada para la película por el grupo folk rock norteamericano The Lumineers) por primera vez después de haberla leído. Que actualmente la canción ocupe uno de los primeros puestos en el ranking Top 40 de la revista Billboard solo demuestra la credibilidad y el talento con que Lawrence llevó adelante el desafío.

Mockingjay Parte 1 es una interesante vuelta de tuerca al género Young Adult en sus adaptaciones al cine. No solo porque el conflicto mayor no gira en torno a si Katniss se queda con Gale o Peeta, sino porque propone algo aún más revolucionario: muestra a una Katniss que no es la “dama en apuros”; no es alguien a quien hay que salvar. Es ella misma la heroína y la encargada de rescatar a Peeta de los malos. Josh Hutcherson, por su parte, compone un personaje caracterizado no por su fuerza ni su coraje, rasgos propios del héroe masculino tipo, sino por la suavidad y la emoción a flor de piel, marcas que antes solo se mostraban como características de los roles femeninos. Peeta es un panadero, y sus fortalezas en el juego son el camuflaje y las relaciones interpersonales. Katniss es una experta del arco y flecha, sus fuertes son la cacería y la valentía, y se maneja mejor sola que jugando en equipo. Son estos roles invertidos, si se quiere, los que sostienen un relato trazado sin los condimentos típicos de estas historias.

La idea que mantiene viva esta saga es el amor, sí, pero no un amor adolescente desgarrador y casi irracional, protagonizado por la “dama en apuros” y el “caballero valeroso”. Es el amor fraternal que lleva a Katniss a ofrecer su propia vida a cambio de la de su hermana menor lo que desata la fuerza del cambio en los ciudadanos de Panem. El motor es la búsqueda de lo inalcanzable, sí, pero no relativo a la pareja sino respecto a la sociedad y a los lazos invisibles que mantienen el status quo en el que vivimos todos los días. Mockingjay Parte 1 es el principio del fin de la partida de dominó que una Katniss casi niña inició en los primeros juegos. Un paso en falso puede perjudicar toda la caída de las fichas, y sin embargo, el riesgo que conlleva corromper esa inercia vale todo el peso de la opresión que Katniss Everdeen carga en sus hombros desde que Effie Trinket (Elizabeth Banks) gritó su nombre en la ceremonia de selección en el Distrito 12. Desde que la leyenda de la “chica en llamas” se transformó en el germen de la revolución, tanto en la ficción como en la realidad.

Por Natalia Paez

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[TRAILER] El adelanto del comienzo del fin de The Hunger Games:

'The Hunger Games: Mockingjay - Part 1' Trailer from Trailer Rejects on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Tenemos varias consignas para el post de hoy. Nati les hace las siguientes preguntas:  1. ¿Vieron Mockingjay Parte 1? ¿Qué les pareció?  2. Si lo leyeron, ¿piensan que le hace justicia al libro de Collins?3. ¿Qué opinan de la inversión de roles entre Katniss y Peeta en esta trilogía? 4. ¿Son fanáticos del género Young Adult? ¿Qué otros libros y/o adaptaciones cinematográficas del género recomiendan? Por otro lado, yo pregunto: 5. ¿Cuáles megaproducciones de Hollywood de este año les parecieron las más logradas? ¡Los leemos muchachada, hasta mañana! ¡Que tengan un gran comienzo de semana!

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—> La última vez escribió Craig Kennedy sobre… LA CARRERA HACIA EL OSCAR 2015

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Yo culpo al cine

Hoy en Cinescalas escribe: Belén Cotignola

“La chica linda, el chico lindo, amor a primera vista, el primer beso, la ruptura, la reconciliación, la boda costosa, manejar hacia el atardecer… todos saben que es falso, pero lo miran como si fuera la maldita vida real”

La frase superior ilustra el pensamiento que tiene Jon (Joseph Gordon-Levitt) sobre las películas. A medida que habla, vemos imágenes de una comedia romántica mientras Barbara (Scarlett Johansson) eats that shit up. Jon no entiende qué tienen de bueno, no entiende por qué la gente las mira sabiendo que nunca alcanzarán ese ideal que consumen en la pantalla. Jon es de esos que mira una película y comenta “eso nunca pasaría”, “la gente no es así”, “¿de verdad va a hacer eso?” y derivados, cosas que todos hemos escuchado decir a alguien, o incluso las hemos dicho nosotros cuando no logramos entrar en el universo que nos propone la película. Lo que Jon falla en ver es que él tiene el mismo problema, pero con un “producto” diferente: la pornografía. Y es ahí donde se hace la distinción crucial para el punto al que intento llegar: no es adicto al sexo, es adicto a la pornografía. ¿Por qué es tan importante distinguir esto? Simplemente porque a este personaje le pasa lo mismo que a los aficionados al cine que viven a través de las historias en pantalla. Está tan compenetrado en hacer que su experiencia sexual real sea tal cual  la que consume en forma de pornografía, que se olvida de disfrutar el momento, y no termina por cumplir sus expectativas. Incluso Barbara, la princesa white trash híper sensual que es un diez en sus ojos, no  lo convence en el contacto físico, sino que el ideal de lo que una chica de sus características debe ser en la cama termina sobreponiéndose a la verdadera interacción. Sí, chicos: aparentemente, acostarse con Scarlett Johansson no está tan bueno como se imaginan.

Entonces entra en el panorama Esther (Julianne Moore), una mujer de mente abierta, que, aunque se debe oponer a una negación inicial por parte de Jon,  termina por enseñarle a relajarse, a disfrutar del momento, a no ser tan egoísta y a que, cuando hay dos personas involucradas, la satisfacción del otro es tan (o incluso más) importante como la personal. Jon no sólo abre los ojos frente a sus creencias acerca de la sexualidad, sino que,  paralelamente, varios aspectos de él cambian. Ya no cree ciegamente en el cura que lo confiesa, porque claramente, pese a sus avances personales, nunca le prestó demasiada atención y sigue diciéndole un número aleatorio para que rece una cantidad de oraciones durante la semana. Ya no busca dejar tranquila a su madre con una relación seria pero vacía, sino que prioriza su felicidad personal. Lo que es bueno para su madre no es necesariamente bueno para él. No siente más la necesidad de salir con sus amigos en una rutinaria busca de mujeres para una noche, sino que con pasar tiempo con ellos es suficiente para divertirse.

¿Qué es lo interesante de Don Jon? Les voy a compartir una frase que una compañera de trabajo me dijo alguna vez, y que me repite de vez en cuando: “vos querés vivir una película”. Si, definitivamente. Espero que en mi vida aparezca ese momento, ese punto de giro que de un día para el otro de comienzo a una historia que pueda ser digna de ser guionada y grabada, que la gente pueda ver y desear que eso les pase a ellos. No necesariamente una comedia romántica, pero algo emocionante. Con sus momentos de comedia, de tragedia necesaria, con ese imperdible condimento casi sobrenatural que asegura que todo tiene un por qué y que las cosas tienen sus consecuencias, dejan su enseñanza y construyen un final perfecto (no necesariamente feliz pero que haga justicia a la historia). Quiero ser Summer y Tom en (500) Days of Summer, quiero ser Lizzie Bennet en Pride and Prejudice, quiero ser Ruby y Calvin en Ruby Sparks, Alexander Supertramp en Into The Wild, Tiffany y Pat en Silver Linings Playbook la lista es interminable. Si lo pienso, el cine es el principal problema que me impide ser uno de sus personajes. Pero al ver Don Jon, me pregunto: ¿no sería más fácil dejar de querer ser alguien más, y ser yo? ¿Dejar de idealizar historias ajenas y escribir la propia? Creo que la premisa de la que parte Joseph Gordon-Levitt en su debut como director y escritor de un largometraje es justamente esa: dejar de fijarse en lo ajeno, para poder vivir lo propio. Si Jon deja de mirar pornografía no es porque piensa que sea un pecado, ni siquiera porque su novia lo deja después de que rompa su promesa de no volver a hacerlo, sino porque miró a su alrededor, abrió los ojos y se dio cuenta de que podía tener algo profundo, y, más importante, real. Y cuando aprende a relajarse y a no esperar algo de una situación, dejándola fluir, es cuando empieza otra historia, la que seguramente otros mirarán con ojos soñadores diciendo “quiero vivir algo así”. Pero eso se lo guarda, al menos por ahora, porque lo que no se cuenta también tiene su atractivo, ¿o no?

Por Belén Cotignola

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 ► [TRAILER]: Algunas imágenes de Don Jon:

  

'Don Jon' Theatrical Trailer from J.D. Funari on Vimeo.

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¡Bienvenidos de vuelta, se los extrañó mucho! Dos consignas para este lunes, una mía y una de Belén: 1. Yo les pregunto si vieron Don Jon y qué les pareció la ópera prima de Joseph Gordon-Levitt 2. Por otro lado, Belén quiere saber de qué historia de película fantasearon con ser parte; como siempre, espero sus comentarios, ¡que tengan un gran comienzo de semana y nos reencontramos mañana con un concurso!

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—> La última vez escribió Milagros Barcala sobre… LAURENCE ANYWAYS

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[OFF TOPIC] Quería agradecerles a todos los que han estado colaborando para la realización del documental de Cinescalas, y a quienes tienen la intención y han escrito para consultarme al respecto; les cuento que vamos por el 31% de la meta cumplida y todavía tenemos 42 días por delante;acá pueden leer todo el instructivo y acá mismo pueden hacer su colaboración; ¡vamos que llegamos! ;)

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La mejor película para…ver con tu mamá

Imagínense que están viendo la historia de una niña de ocho años que es tironeada por sus padres en medio de una disputa legal. Imagínense que esa niña es, en un acto de inconsciencia de su madre, abandonada en la puerta de un bar creyendo que dentro habrá alguien para recibirla. Imagínense que esa niña pasa la noche en la casa de una pareja de desconocidos, donde la oscuridad y la desprotección la hacen llorar como nunca antes. Imagínense, además, que tanto su padre como su madre vuelven a casarse y ella, súbitamente, comienza a pasar sus horas con dos individuos extraños a sus ojos. Imagínense que ver todo eso no implique una experiencia insostenible. Imagínense, por el contrario, que todo aquello que presenciamos, por más desolador que sea, lo hacemos a través de la mirada de esa pequeña, de Maisie, y que, en consecuencia, cada una de las experiencias se padecen con un cierto enrarecimiento, se comprenden pero desde una posición ingenua, como la de quien contempla su entorno y no termina por descifrarlo, como la de quien se acerca a las cosas con un candor que contrarresta los actos de egoísmo más repudiables. What Maisie Knew, la flamante película de la dupla integrada por Scott McGehee y David Siegel es, ante todo, una fábula. Los directores (junto a las guionistas Nancy Doyne y Carroll Cartwright) adaptan la novela de Henry James sosteniendo durante toda la historia esa fidelidad por respetar el punto de vista de Maisie ante una situación caótica: la separación de sus padres, ese hecho que implica que el rompecabezas se desarme y que las piezas parezcan imposibles de reacomodar.

Así, será siempre la niña quien observe todos los sucesos (desde los más asfixiantes hasta los más agradables), por medio de una puerta entreabierta o a través de un vidrio, como quien está espiando el desorden de su propia vida. Lo brillante del film es cómo, en esa decisión de autodefinirse como fábula, contiene una luminosidad y un juego con los colores que jamás se disipan sino que revelan que la inocencia y el optimismo de Maisie van a permanecer impolutos no importa cuán conflictivo sea el ámbito en el que ella se mueva. Asimismo, What Maisie Knew desemboca en una subtrama totalmente inesperada y efectiva. Esa niña, por el abandono emocional de sus padres, termina hallando en las respectivas parejas de ellos el afecto y contención que necesita. Es en ese tramo final donde la dinámica entre Maisie (Onata Aprile, sencillamente extraordinaria), Lincoln (Alexander Skarsgård) y Margo (Joanna Vanderham) funciona con naturalidad, dinámica que representa el bálsamo de una niña que se ve forzada, a su corta edad, a comprender los traspiés de su madre (una perfecta Julianne Moore), una madre quien le revela con honestidad qué la llevó a comportarse de modo cuestionable. Por lo tanto, cuando Maisie obtiene esos ansiados minutos de libertad de esas peleas de adultos, elige perdonar a su mamá, refugiarse en Lincoln y Margo, y salir corriendo hacia un barco. En ese correr (con la sonrisa en primer plano) reside el eje de esta película que muestra el dolor sin manipularlo, que reflexiona sin predicar y que no se corre jamás del lado de su protagonista y de la sucinta manera de desplegar su mundo. 

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 ► [TRAILER] Un adelanto de What Maisie Knew:

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 ► [DE YAPA] Onata Aprile y Alexander Skarsgård hablan sobre la película de McGehee-Siegel:

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Dos consignas para este viernes: 1. ¿Vieron What Maisie Knew? ¿Qué les pareció? 2. Por otro lado, como hicimos en el post del Día del Padre, los invito a sumar películas ideales para ver con sus mamás y que dejen anécdotas sobre films que vieron con ellas o simplemente que cuenten si comparten o no la cinefilia con sus madres; les deseo a ellas un gran día el domingo y, hablando de domingo, voy a empezar a dejarles frases de directores/actores/escritores/músicos sobre una foto de ellos, frases vinculadas a algún post de la semana, como hago con las canciones, y bajo la categoría “Cita de domingo”; nos vemos mañana con un tema y que sus mamás tengan un lindo día, y que las mujeres mamás que aquí comentan pasen una bella jornada también; ¡saludos para todos!

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La última vez hablamos sobre la peor película para… ENCONTRAR UNA MORALEJA

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