Grandma: El tiempo pasa, eso seguro

“The only way for a woman to find herself, to know herself as a person, is by creative work of her own” – Betty Friedan (The Feminine Mystique)

Grandma abre con la cita de la poeta Eileen Myles con la que me permití ilustrar este post. “Time passes, that’s for sure”. Luego en la pantalla aparece el número uno, sucedido por una sola palabra, “Endings”. De este modo, momentos antes de que se nos presente a Elle (Lily Tomlin en un extraordinario regreso a los protagónicos) ya podemos conocerla. En primer lugar, porque la división en capítulos del film de Paul Weitz tiene una connotación literaria que nos revela que esa mujer, ya en sus setenta años, fue, es y será siempre una mujer de las letras. Y esta afirmación va más allá de su profesión, de su trabajo como profesora o de su vocación de poeta. Elle hace de la palabra su aliada en la confrontación con el entorno y su verborragia es un escudo inamovible. Ésto nos lleva al segundo tópico que yace en la placa. El tiempo y su inevitable transcurrir. Hay algo de aceptación, de plena consciencia, de necesidad de acentuar lo obvio en esa frase de Myles. Casi que uno puede escuchar a Elle reflexionando de igual manera, con cierta ironía. El tiempo pasa, eso seguro. Ahora bien, ¿qué hacemos al respecto? Luego de perder a su esposa tras una batalla contra el cáncer, de alejarse de su hija y de arruinar voluntariamente una relación con una mujer más joven (Olivia, interpretada por la siempre brillante Judy Greer), Elle se recluye en su casa, en sus pilas de libros, en dibujos del pasado, en citas de otras décadas, en una suerte de santuario que niega la evolución. Como ya lo había hecho Will en About a Boy – otra película escrita y dirigida por Paul Weitz, por entonces junto a su hermano Chris -, Elle cree que cada persona es una isla y actúa con un egoísmo que se va perpetuando en charlas de lo más triviales que perfeccionan el ya impecable timming cómico de Tomlin. Asimismo, el tiempo pasa (eso seguro) para Sage (Julia Garner), la nieta adolescente de Elle que le golpea la puerta para plantear la urgencia del film: está embarazada, tiene una cita para realizarse un aborto y necesita dinero de su abuela. El quiebre de los estereotipos de Grandma tiene como germen el brusco choque de Sage con Elle. Su “grandma” no es una “grandma” más. Su grandma no tiene plata y depende de su única posesión invaluable, un Dodge modelo 55 que le pertenecía a su fallecida mujer (nuevamente el pasado como atadura inquebrantable) y que permitirá que abuela y nieta emprendan un road trip para juntar dinero y que la joven no pierda su turno médico. A medida que avanza el film, Weitz sabiamente define a su personaje central a partir de sus conversaciones con esas personas a las que les solicita ayuda. De esta manera, ese pasado/cruz de Elle se nos abre cuando ella misma se abre – más con necedad que con gracia – a los demás. Así, el núcleo de Grandma, representado por una brutal charla con su ex marido Karl (Sam Elliott, una contrafigura ideal para Tomlin), es aquel en el que esa mujer debe aceptar que sus acciones supieron moldear/afectar/demoler la vida de otra persona. Desde una clínica que ahora es un café hasta una primera edición de The Feminine Mystique que ha sido devaluada, en ese recorrido de apenas unas horas, Elle sale de su burbuja para reconocer que la vida de antes, la que aprehende todos los días, hace rato que dejó de representarla. Por esta razón, y en un acto tan pequeño como valioso, Elle abandona ese Dodge sutilmente, golpea (como su nieta) una puerta para suturar las heridas y se aleja como solo ella sabe hacerlo: en soledad, pero con todo un camino por delante. 

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► [TRAILER] El adelanto de Grandma de Paul Weitz:

Grandma Trailer from Florian Stadler on Vimeo.

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¡BUEN MARTES, MUCHACHADA! Hoy les dejo simplemente dos consignas: 1. Por un lado, explayarse sobre Grandma de Paul Weitz: ¿la vieron? ¿qué les pareció? 2. Por el otro, mencionar a sus actrices legendarias favoritas y alguno de sus regresos más recientes a la pantalla grande que les gustaría destacar; como siempre, los leo; nos reencontramos mañana con una buena noticia para el blog [OFF TOPIC] Con este post inauguro una nueva categoría del blog titulada “Indies” donde se recopilan todas las críticas que hice de esas pequeñas joyitas que se hicieron por fuera de lo mainstream, como modo de organizar las recomendaciones, espero que les sirva ;)

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En busca del destino

“ Do you ever feel like you were waiting forever to figure out what your destiny is?”

Para mi hermano

“Imposible predecir el destino de mi película; la gente va al cine para olvidarse de sí misma, y un crepúsculo tiende precisamente a lo contrario, es la hora en que acaso nos vemos un poco más al desnudo, a mí en todo caso me pasa, y es penoso y útil; tal vez que otros también aprovechen, nunca se sabe”. Cortázar cierra con ese párrafo su extraordinario y breve cuento “Cazador de crepúsculos”. Los hermanos Duplass cierran Jeff, Who Lives at Home con el arribo hacia un destino en plena agua y con un crepúsculo inminente. Pero, ¿quién es el cazador? El Jeff del título (Jason Segel), un aparente slacker que vive con su madre y que (nuevamente de manera aparente) no tiene una misión preconcebida. Hablo de apariencias porque estamos ante una película que juega con eso. Porque se nos muestra a Jeff primero en un baño grabándose a sí mismo, después drogándose, después comiendo un sándwich, después no queriendo arreglar una cortina, después hablando caprichosamente con su madre. Pero ese es el comienzo. A los quince minutos ya sabemos que Jeff no es ese slacker que pensábamos y que su obstinación por encontrarle una misión a su vida, un sentido, un destino que haga la diferencia (no para sí mismo sino para los demás: su hermano y su madre) lo va a llevar demostrar, mediante una generosidad ilimitada, gestos entre ingenuos y determinantes. Por el contrario, Pat (Ed Helms), su hermano, tiene una visión del mundo cerrada y no comprende la obsesión de Jeff por el significado de los vasos de agua que Abigail Breslin deja en Señales, la película de M. Night Shyamalan. Su hermetismo también lo vuelve indiferente a las necesidades de su esposa (Judy Greer, tan magnífica como siempre) y solo se concentra en decir su pensamiento evadiendo el conflicto. En otro mundo está Sharon (Susan Sarandon), madre de ambos, una mujer insatisfecha con su realidad, quien desea ser besada bajo la lluvia y huir de manera intempestiva, sin saber con certeza quién la tomará de las manos para cumplir una a una sus cuentas pendientes.

Los hermanos Duplass narran estas tres historias de manera paralela, diferenciando bien un universo del otro, marcando rasgos de los personajes en cuentagotas, sin tirar toda la información de golpe y, como mencioné anteriormente, evadiendo el estereotipo. La cohesión empieza a tomar forma cuando Jeff y Pat se juntan para una misión impensada (corroborar la supuesta infidelidad de la mujer de Pat), y en ese road trip detectivesco terminan en sitios de revelación, esas revelaciones que Jeff encuentra en esas señales que con tanto empeño persigue (incluso, literalmente, a las corridas). Uno de esos sitios es el cementerio. Conmovidos, se paran ante la tumba de su padre y comparten un sueño que tuvieron, donde él les decía a ambos que el día más feliz de sus vidas debería ser el que están viviendo en ese preciso momento. La mirada cómplice y la risa entrecortada de Jason Segel y Ed Helms nos demuestran que la comedia puede salirles de taquito, pero que los momentos dramáticos son incluso más reveladores porque no tienen un propósito. Están ahí para ser absorbidos como nos plazca. Lo de Susan Sarandon es incluso más apasionado, ya desde el instante en que su personaje vence el miedo y sube a un auto con quien menos lo imagina. Los realizadores de Cyrus aquí salen de esos microcosmos, los unen y los llevan a un plano macro (lo que explica el frecuente uso del zoom), en ese embotellamiento de tránsito del final donde Jeff encuentra su misión. “¿Alguna vez sentiste que siempre estuviste buscando tu destino y que, una vez que lo encontraste, no es tan excitante como pensabas?” se pregunta. La respuesta le llega sola. Estar abierto a las señales no es tomar cada detalle cotidiano y aplicarlo según convenga: es saber mirar en el momento indicado. Y Jeff mira, corre, se lanza al agua y se reencuentra, ya esperanzado, con su hermano. Porque, a veces, las preguntas son innecesarias. El destino nos termina pisando los talones y dando vuelta el tablero, dejándonos tan al desnudo como ese ocaso cortazariano.

Les dejo imágenes de la película:

¿Vieron Jeff, Who Lives at Home? ¿Qué les pareció? ¿Qué películas han compartido o asocian a sus hermanos?; ¡Dejen sus comentarios! ¡Buen miércoles!

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