Podcast Cinescalero Volumen XV / Revisionando los ’90: SHAKESPEARE IN LOVE

♦ ¿Qué veredicto dan ustedes? ¿Shakespeare in Love se mantiene en el 2016 o no tanto? ¡Los invitamos a debatir! ¡Hasta el miércoles post-feriado! ♦

La mujer de las novelas rosas (y el hombre de las historias rusas)

“Lo que existió continúa en lo que sigue existiendo, en lo que sigue pasando por su causa” – Belén Gopegui en el prólogo de Los prentescos de Carmen Martín Gaite

Hay muchos aspectos que distinguen a Philomena de otras biopics proclives a un exacerbado sentimentalismo, pero el fundamental, aquel que sostiene toda la película de Stephen Frears, es el guión de Steve Coogan y Jeff Pope. Podría ponerme a escribir sobre el manejo del tono (una de las claves del film), sobre cómo la intuición de los guionistas los conducen a saber a ciencia cierta cuándo es necesario apelar a momentos de candidez y cuándo es necesario contrarrestar la desgarradora historia de Philomena Lee con los hilarantes intercambios entre sus protagonistas. Podría escribir sobre eso, sí, pero quiero detenerme en aquello que más reluce y que en el cine no siempre abunda: la construcción de dos personajes antagónicos a partir de detalles. La construcción de dos personajes antagónicos que, sin embargo, están inmersos en una misma misión quijotesca. Tanto Philomena con su deseo de reencontrarse con su hijo (un hijo que le fue sacado de sus manos en el convento) como Martin con su deseo de reencontrarse con el periodismo están en una búsqueda. Frears conecta a los personajes por primera vez en un lugar que le es ajeno a Martin y familiar a Philomena. Se trata de una secuencia que simbolizará todo el camino posterior, plagado de indicios que acercan y distancian a ese hombre y a esa mujer. Ella es ultracatólica, pragmática y relativamente ingenua. Él es ateo, pragmático también y un tanto cínico. Pero es justamente ese pragmatismo, esa cualidad intermedia que comparten, lo que los hace ver la realidad – con sus obstáculos, decepciones y miedos – desprendida por completo de extremos. Todo en Philomena se reduce a los grises, a elegir perdonar pero no olvidar, a sufrir por las pérdidas pero sin paralizarse, a contraponer opiniones pero sin necedad. Por lo tanto, independientemente de sus escenas más bruscamente orquestadas (la vuelta al convento, por ejemplo), la película expone su costado optimista al mostrarnos a dos individuos que eligen posicionarse frente al mundo con más similitudes que discrepancias (se puede ver Big Momma’s House o se puede visitar un monumento a Lincoln, ambas opciones no son mutuamente excluyentes). Asimismo, y como vemos en el magistral travelling en el aeropuerto, Philomena se inclina por la lectura de novelas rosas (La zapatilla y la herradura), mientras que Martin disfruta de ensayos históricos sobre Rusia y la venta de caballos. “Mi libro también tiene caballos en él” remarca Philomena, genuinamente eliminando barreras con su interlocutor, con ese latiguillo de “no me lo veía venir” que sucintamente describe ese impensado vínculo que, como la relación de ella con su hijo, y como tantas otras dinámicas más, no pueden desarrollarse sin tener un efecto. ♦

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► [ESCENA] Mi momento favorito de Philomena:

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► [ENTREVISTA] Una charla con la verdadera Philomena Lee:

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► [GALERÍA] Algunas inolvidables duplas del cine:

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¡Hola a toda la muchachada! Dos consignas para el día de hoy: 1. Me gustaría que mencionen cuáles son sus duplas (románticas, amistosas o de otra índole) favoritas del cine, ya sea de actores o de personajes, porque quiero compilarlas en una galería; 2. Por otro lado, quienes hayan visto Philomena pueden explayarse sobre la película de Stephen Frears; como siempre, leo sus comentarios; ¡que tengan un excelente miércoles! ¡nos reencontramos mañana!

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Bond, James Bond: la evolución de un clásico

Hoy en Cinescalas escribe: Soledad Lamacchia

El robo de material ultra-secreto. Una persecución por los techos de Estambul. Dos hombres sobre un tren en movimiento. Una mujer da orden de fuego. Un disparo corta el aire. Un hombre cae al vacío y se hunde mientras la voz de Adele explota en la pantalla con un sugestivo “This is the end….”. Así comienza Skyfall, la vigésimo tercera película de James Bond y la tercera con Daniel Craig en la piel del 007. Imposible pedir un comienzo más “bond” y me permito transformar el apellido del agente secreto más famoso de la historia del cine en un adjetivo sinónimo de acción, mujeres hermosas, paisajes exóticos y automóviles asombrosos.

Daniel Craig mantiene la línea de un 007 más humano y sangrante sin dejar de lado el clásico smoking, el Martini agitado y el Aston Martin (pequeños guiños tal vez en homenaje al 50° aniversario de la saga). El abandonar por momentos el traje impoluto o el simple hecho de permitirse intercalar una Heineken con el cásico Martini no le quitan esencia ni lo hace menos “bond” simplemente muestran que él también puede evolucionar dejando de lado los estereotipos. Daniel Craig  sigue siendo frío y distante y no le tiembla el pulso ni pierde la elegancia a la hora de ejecutar a un enemigo o saltar desde el brazo de una grúa pero hay que reconocer que su interpretación permitió profundizar en otros aspectos del personaje: en los momentos de soledad,  Bond es un hombre cansado, solo y con un pasado que, en Skyfall, cobra peso a medida que la historia avanza. Al regreso del pasado se le suma la aparición de un nuevo enemigo crudo e imbatible: el paso del tiempo. Bond se fatiga, se cansa y falla.

Algunas imágenes de Skyfall:

De la “era Craig” vale destacar la relevancia que ha tomado “M”, Jefa del Servicio de Inteligencia Británico. Judi Dench se calzó el traje de un personaje a veces opacado y de poco peso y lo hizo suyo hasta el punto de tornarlo protagónico. La “M” de Judi Dench es honesta y fría y dirige con un patriotismo indiscutible el MI6. Pero un incidente logrará poner en duda su desempeño al mando del Servicio Secreto y, al igual que Bond, se verá acosada por al paso de los años y un pasado que vuelve para castigarla. Si bien los comienzos de su relación con Bond muestran su abierto rechazo hacia el agente secreto, “M” respeta su profesionalismo y la relación evoluciona hasta encontrar en  Bond su mejor aliado pero también su mayor  debilidad ya que si bien no vacilará en sacrificarlo para salvar al mundo no será inmune a este sacrificio. La lealtad, clave entre el 007 y “M”, se afianza y su relación se torna más personal y profunda. Pero esta lealtad es muda y ninguno demostrará hasta qué punto necesita al otro.

Escuchen el tema de Adele:

Raoul Silva interpretado por un Javier Bardem impecable, aparece para destruir el equilibrio logrado  por Bond y “M”. Pero Silva no es el típico villano a los que James Bond se suele enfrentar, es un personaje oscuro y siniestro. No busca destruir ni dominar el mundo, no quiere armas nucleares ni satélites. Tiene una necesidad más humana y visceral: venganza y su objetivo es claro, “M”. Su plan para destruirla es sencillo: poner en jaque la silenciosa lealtad que la une con Bond. Así comenzará un juego de intrigas donde la desconfianza, el pasado y el odio serán tan protagonistas como el triángulo formado por “M”, Bond y Silva.

 Bond: Everyone needs a hobby… 

Silva: So what’s yours? 

Bond: Resurrection

Pero Skyfall no es una película dramática, o por lo menos no es sólo eso: a Skyfall no le faltan las locaciones exóticas ni a Bond le escasean las mujeres hermosas. Las secuencias de acción son impecables y  las persecuciones y peleas tienen todo lo que un film de James Bond debe tener (dragones incluidos). Admito que se extrañan un poco los gadgets. El nuevo Q es un cerebrito que se burla de los viejos artilugios a los que los clásicos 00 están acostumbrados. Atrás quedaron las lapiceras explosivas y los asientos eyectables. Pero el cambio era necesario, el mundo avanza y Bond evoluciona, por momentos a su pesar, para adaptarse a los tiempos que corren.

Por Soledad Lamacchia

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¿Vieron Skyfall? ¿Les parece la mejor entrega de 007? Si no la vieron, ¿cuál es su película y James Bond favoritos?; ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas manden sus notas a milyyorke@gmail.com (gracias por la paciencia a quienes no he publicado todavía)

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—> La última vez escribió Javier Salas Bulacio sobre… LA TREGUA

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