Trainwreck: Necesito que me tengas paciencia

“I should warn you when I’m not well I can tell
Oh, there’s nothing I can do
to make this easier for you
You’re gonna need to be patient with me”

Muerto de frío en una estación de servicio, Jimmy sostiene en su mano el anillo con el que va a proponerle matrimonio a Christy. Muerto de frío y muerto de nervios. Intenta calmarse autoconvenciéndose de que puede ser un hombre confiable, de que va a resistir la tentación de aspirar esos gramos de cocaína que le quedaron en la guantera del auto y de que cinco vasos de cerveza no van a darle más cintura para manejar esa situación en la que jamás había esperado encontrarse. Christy lo observa de arriba a abajo, se detiene en sus pupilas no solo para ver si están dilatadas sino como manera de meterse dentro de su cabeza. ¿Por qué Jimmy tiembla tanto? ¿Qué hacemos en una tarde tan gris como esta en una estación de servicio? Christy piensa en todas las veces que se separaron por las adicciones de Jimmy y por su imposibilidad para comprometerse y de repente le asaltan las ganas de salir corriendo. Unos días atrás, descubría que estaba embarazada y pensaba que la única alternativa era volver al hogar. Al hogar más concreto. A los brazos de su mamá. Su mamá que está a un colectivo de distancia geográfica y a unos cuantos más de distancia emocional. Ahora quiere llorar pero él no deja de hablar y entonces se distrae. ¿Hacia dónde está yendo con este monólogo? Las piernas de Jimmy empiezan a tambalear cuando observa que Christy está en otra parte. Cuando se arrodilla y saca el anillo, su novia está girando la cabeza y dándose soplos de aire caliente en las manos para combatir la helada. Así no era cómo lo había imaginado en su cabeza. No se suponía que tenía que ser así. Se suponía que tenía que dar saltos literales de alegría. Qué carajo está pasando. Christy mira el anillo pero no reacciona. No puede. Mejor dicho: reacciona en relación a su futuro hijo. Esta vez no solo quiere correr sino que lo hace. Chau, Jimmy. Es muy tarde para esto. Jimmy piensa que es hora de agarrar esa bolsa de esa guantera o de sucumbir al alcohol. Le había prometido a Christy mantenerse sobrio. Sin embargo, su rechazo no le permite pensar con claridad. De repente, la palabra “gracia” se le mete en la cabeza para destronar a otras más oscuras. “Gracia” se dice a sí mismo. “La habilidad para aceptar el cambio”. A los segundos, sabe lo que está pasando y corre hacia su mujer. Esta pequeña escena de la vida conyugal yace – con otras palabras – en la novela Ash Wednesday de Ethan Hawke. Sucio, desprolijo, algo beat y con pretensiones bien resueltas, el relato circunda a esa pareja que, por traumas y debilidades de una de las partes, arranca y frena en un ciclo infinito, y se vuelve fría cuando los viajes en carretera que emprenden esos jóvenes les están demandando otra cosa. Un poco más de optimismo, quizás. El Sol quemándoles la cara, probablemente. Un poco más de paciencia, en definitiva. “Gracia: la habilidad para aceptar el cambio”. Hawke deja esa frase suelta, en otro párrafo, como si quisiera que se la adjudiquemos no tanto a Jimmy sino más bien a nosotros mismos. La frase está ahí, en la página 49, inmóvil, digna de una calcomanía como decía su Jesse de Before Sunset. Una frase, un mantra, un diálogo que nos queda grabado puede incidir en decisiones futuras. Siempre lo decimos: la palabra tiene un poder inconmensurable. “La monogamia no es realista” les dice Gordon Townsend (un excelente Colin Quinn) a sus pequeñas hijas Amy y Kim, en vistas de un inminente divorcio. En este preámbulo, Trainwreck expone la gestación de dos posturas ante un mismo consejo impartido. Kim opta por el libre albedrío y decide por sí misma qué es efectivamente realista (resulta que lo realista, para ella, es formar una familia) y Amy, por el contrario, opta por hacer suya la frase de su padre. Así, repite patrones de conducta, desde el ciclo de un alcohólico incipiente (que la película muestra con una mezcla de humor y respeto por la enfermedad) hasta el disfrute sexual sin consecuencias. Resulta que para ella lo realista es eso. Exactamente eso. Exactamente lo que decía su papá. “La cabeza me gana” me dijo una vez el mío. Resulta que cada vez que me siento débil vuelvo a esa frase. Resulta que tengo la teoría de que voy a parecerme a mi papá. Resulta que no tengo en cuenta un detalle: mis herramientas son otras. “Gracia: la habilidad para aceptar el cambio”.

Con el guión que escribió para la flamante película de Judd Apatow, Amy Schumer se erige como algo más que esa gran comediante de los sketchs de Comedy Central. Si bien en esa plataforma demostró que tiene un ojo agudo para las relaciones (se permite parodiar tanto el uso que hacemos de las redes sociales como peleas mundanas con un fulgurante humor negro) y para las nomenclaturas que reciben las mujeres que no se ajustan a ciertos estándares, en los episodios de Inside Amy Schumer no hay espacio para momentos de humanidad deliberados ya que el contexto es otro y la finalidad es otra. En sus sketchs, Schumer golpea desde un costado menos conmovedor, sin ninguna clase de límite para generar críticas genuinas a situaciones reconocibles, como lo puede ser la superficialidad del hombre en ciertas citas o la superficialidad de la mujer en algunas otras. Trainwreck, sin embargo, la muestra dominando todos los frentes. Por un lado, su acidez se refleja en la manera en la que aborda a Amy como personaje. Schumer no la culpa por ninguna de sus actitudes (muchas de ellas cuestionables, pero todas entendibles) sino que encuadra esos hechos con admirable nivel de detalle. Desde su lucha interna contra la fobia a que la abracen después del sexo hasta su lucha interna por comprender mejor a su sobrino y ser paciente al momento de comunicarse con él, Amy es más que ese trainwreck del título. Por lo tanto, y contrariamente a lo que se podía esperar de Schumer guionista (e incluso de Schumer actriz), el aporte más valioso que le hace al film de Apatow es el de darle tiempo a esa mujer que no sabe manejarse a otra velocidad de amoldarse a la dinámica de una pareja. La entrada en escena de Aaron Conners (el médico de las estrellas del deporte, interpretado por Bill Hader, cada vez más cómodo en situaciones más medidas), un hombre a simple vista menos “fiestero” pero igualmente capaz de generar con ella interacciones veloces e hilarantes, la hacen cuestionar esa frase inamovible (“la monogamia no es realista, Amy” – “la monogamia no es realista, papá”) pero al mismo tiempo la vuelven consciente de que, al enamorarse, puede reírse de esa veta desconocida de sí misma. “Bienvenidos a la pareja más blanca de Estados Unidos” dice en la brillante voz en off, antes del clásico muestreo de situaciones compartidas, como picnics en el parque y paseos por la rivera. Wilco, la banda elegida para un episodio clave de la película de Apatow, abre su disco Sky Blue Sky con la canción “Either Way” y la siguiente frase: “maybe the sun will shine today, the clouds will blow away, maybe I won’t feel so afraid, I will try to understand…either way”. Trainwreck muestra a esa mujer conflictuada por el temor a irse “hacia el otro lado”, a repetir viejas conductas. En síntesis: a parecerse a su papá. Schumer no solo ilustra ese miedo a partir de la relación de Amy con Aaron (a quien deja solo cuando él más la necesita, detonando el conflicto final del film) sino también a partir de la relación con su hermana (Brie Larson), a quien originalmente considera una mujer conservadora que solo busca la postal de familia feliz, pero a quien eventualmente le habla como par, como quien también se vio afectada por una infancia compleja. En lo que es una escena de no más de cinco minutos, Amy se sienta con su sobrino luego de haber perdido todo y le pregunta, visiblemente atemorizada de no poder hablar el mismo idioma, qué es lo que dibujó en el cuaderno que sostiene en sus manos. El niño le muestra un plano de su casa, y una habitación extra, “para que vos y Aaron puedan visitar a mi hermanito cuando quieran”. Los ojos de Schumer se llenan de lágrimas y la escena posterior nos conduce directamente a la clásica declaración de amor que toda comedia romántica despliega con explosiones y brillitos.

“You and I will stay together, yeah. You and I will try to make it better, yeah”. Con esa otra frase, Jeff Tweedy cierra su disco conceptual. Sin embargo, en el medio, incluye “Please Be Patient With Me”, como sabiendo que para llegar a un entendimiento, para que las piezas encajen en su lugar, hay todo un proceso, una batalla con el pasado y las mochilas, que las películas generalmente no muestran. Con Trainwreck, Amy Schumer no solo lo hace sino que logra revitalizar el cine de Apatow, dándole un mayor vuelo a los personajes (vuelo metafórico y, según el final del film, dolorosamente literal) y permitiéndose narrar la génesis de una relación pero también la génesis de todos esos temores que nos asaltan a medida que nos volvemos más grandes y que la espontaneidad para recibir un abrazo post-sexo o para decir “te amo” sale con mayor dificultad. “Let’s do some livin’, after we die”. Ethan Hawke toma esa frase de los Stones (otra vez la importancia de las frases) para abrir Ash Wednesday y resulta que creo saber lo que está presagiando. Para que Jimmy y Christy no padezcan el frío, hay que sacar de raíz el temor a fallar. Hay que ser un poco más pacientes. Así se renace [de esos "miércoles de ceniza"]. En el último plano de Trainwreck, cuando esa mujer que tanto criticó el optimismo finalmente se adhiere a éste, se percibe cómo se debería empezar a vivir después de haber sufrido una pequeña muerte: sonriendo, en el aire, y con la persona que te ama esperándote abajo, fuerte, en calma, con los brazos desplegados, lista para atajarte cuando estés cayendo al suelo. 

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Trainwreck:

Trainwreck Trailer from Connection III Entertainment on Vimeo.

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► [COMPILADO] 10 sketchs de Inside Amy Schumer:

Comedism - Top 10 Inside Amy Schumer Sketches (Season One) from Ross Danbruen on Vimeo.

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Hoy dejo tres consignas: 1. ¿Vieron Trainwreck? ¿Qué les pareció? Los invito a dejar un ranking de sus películas favoritas y no tan favoritas de Judd Apatow 2. Por otro lado, me gustaría que mencionen personajes “desastrosos/trainwrecks” del cine a los cuales es imposible no tenerles empatía; 3. Por último, ¿qué frase o consejo que les ha quedado grabado les gustaría mencionar en este post? Nos reencontramos mañana con un De menor a mayor de Leonardo DiCaprio; ¡los leo, como siempre! ¡que tengan un excelente día, muchachada!

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“Let the sunshine in”

“All my little plans and schemes, lost like some forgotten dreams, seems that all I really was doing was waiting for you”. La escena de Funny People en la que George (Adam Sandler) se pone a tocar “Real Love” con sus amigos funciona en dos niveles. Por un lado, es una viñeta melancólica dentro de una película extensa, a la que si se la piensa objetivamente se la puede considerar disonante con el resto del film. Lo sabemos: Funny People maneja diferentes tonos y precisamente por eso parece haber sido infravalorada. Judd Apatow intentó, dentro de una historia particular, plantear la vida del ser humano desde lo general, desde lo vasto, desde un escenario en el que pueden coexistir el amor que no se olvida con la amistad imperecedera, y con la música sobrevolando ambos vínculos como un necesario tercer actante. Por otro lado, Funny People es una extensión más “madura” de su ópera prima The 40 Year Old Virgin. Esto se nota en el modo en el que Apatow reincide en esa unión permanente de relaciones entre amigos y relaciones entre parejas, volviendo pluridimensional a esa letra de John Lennon que coverea Adam Sandler. Ese “all I really was doing was waiting for you” puede aludir tanto al amigo nuevo que aparece de súbito como al amor que se hace presente del mismo modo. Por lo tanto, cuando barajaba potenciales grandes finales del cine como respuesta a la consigna de hoy, no me quise ir a lo canónico sino a una conclusión que resulta igual de efectiva y gloriosa que tantos otros desenlaces clásicos. The 40 Year Old Virgin halla su coda en la celebración más colorida y lúdica de esa inigualable sensación de estar enamorado. Sí, también es un festejo por cómo Andy puede por fin canalizar sus deseos físicos, pero su historia excede el terreno sexual. Apatow construye un final acorde al resto del film, uno en el que los amigos se confunden con las parejas en un baile armónico, uno en el que se pide dejar entrar lo luminoso y no dar por sentado los eventos más extraordinarios dentro de lo mundano. “Let the sunshine in” es la plegaria que sintetiza cómo todos los personajes del film manifiestan amor a través de gestos simples como prestar un caja de películas pornográficas o impulsar a un hombre a que se despida de su pasado para poder progresar. Dejar entrar al Sol es dejar entrar al cambio y eso, para Apatow, hay que mostrarlo con un extraordinario, delirante y hermoso baile fraternal. 

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► [COMPILADO] Comparto con quienes no vieron esto todavía, un gran video editado por Jacob T. Swinney, en el que contrapone los primeros y últimos planos de algunas películas; les garantizo que es imperdible:

First and Final Frames from Jacob T. Swinney on Vimeo.

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¡BUEN MARTES PARA TODA LA MUCHACHADA! En este nuevo post que varios me venían pidiendo, una única consigna: ¿Cuáles son los mejores finales del cine? Los invito a mencionar sus secuencias conclusivas favoritas; como el público se renueva (?), este post funciona como la segunda parte de este otro que hicimos hace mucho tiempo; asimismo, los espero mañana en el post de mejores personajes secundarios de series + entrevista a Raúl Castillo de Looking; ¡los leo, como siempre! ¡buen martes!

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La mejor serie sobre adolescentes

Hoy en Cinescalas escribe: Cristian Germán Rueda

No fue un éxito comercial. No vendieron pósters, ni CDs, ni llenaron conciertos (ni siquiera cantaban en el programa), ni salieron en revistas de teenagers y sólo duraron una temporada de 18 capítulos, pero Freaks and Geeks, producida por Judd Apatow y creada por Paul Feig, es la serie que mejor narra todo eso que implica ser adolescente. Freaks and Geeks se emitió entre 1999 y 2000 por la cadena estadounidense NBC y luego fue repetida con tres episodios inéditos en Fox Life. La cancelaron al término de la primera temporada, aunque recibió nominaciones para varios premios, entre ellos, para tres Emmys. Con el tiempo, y con ayuda de las repeticiones y de las nuevas tecnologías de comunicación, fue cosechando más y más seguidores que nunca habían visto la emisión original del show pero que elevaron esta serie al status de culto. El trabajo de los guionistas es maravilloso, salen airosos del peligro de caer en lugares comunes de la adolescencia y trazan historias ricas tanto en dramatismo como en comedia, con un resultado fresco y natural. Pero con sólo un buen guión no alcanza, los intérpretes son fundamentales y éstos cumplen con creces a pesar de su escasa experiencia. Vale agregar que esta serie significó un semillero de grandes artistas del medio: Linda Cardellini (luego en las películas live action de Scooby Doo, también en ER), John Francis Daley (Bones), Seth Rogen, James Franco, Busy Philips y Jason Segel. También hay cameos de Rashida Jones, Ben Stiller, Leslie Mann y Jason Schwartzman, entre otros reconocidos actores.

La historia transcurre durante el año 1980 y se centra en los hermanos Lindsay (Linda Cardellini) y Sam Weir (John Francis Daley). Lindsay cursa el último año de la secundaria y está algo cansada de ser sólo una estudiante del cuadro de honor. Entonces, luego de la muerte de su abuela, comienza a hacerse amiga de los “freaks”, es decir los “fumones” del colegio, quienes están muy apartados los estudiantes populares. Sam, por otra parte, está en el primer año y sus amigos son los “geeks”, a.k.a. “nerds”, también dejados de lado por los chicos populares. Cada uno desde su lugar marginal y con la compañía de sus amigos, irá sobreviviendo a ese momento crucial de la existencia que es la secundaria. Hay una especie de dualidad en las historias de los hermanos Weir: mientras Sam es un púber de 13 años que va dejando su infancia poco a poco, Lindsay representa a la chica que se está convirtiendo en mujer y tiene que comenzar a tomar ciertas decisiones sobre su vida. Sam es un nerd fan de Star Wars y está orgulloso de ello. Lindsay intenta despegarse de a poco de la imagen de niña buena y empieza a experimentar un estilo de vida distinto. Sam está descubriendo de a poco la vida en el colegio secundario y su hermana está saliendo de ese lugar aunque siente incertidumbre acerca de lo que vendrá. El punto en común es que ambos están transitando por un momento determinante en sus vidas. Freaks and Geeks refleja, entonces, esa crisis de identidad propia de la adolescencia pero a la vez nos muestra cómo estos personajes van formando su personalidad adulta con obstáculos que molestan y con amigos que ayudan.

Busy Phillips, Seth Rogen, Jason Segel, Linda Cardellini y James Franco, reunidos años después

Más allá de escenas con cheerleaders, pasillos con casilleros y la práctica del bullying (casi inexistente en nuestros años de adolescencia), los conflictos que se tratan son universales y fácilmente reconocibles para todos los que fuimos adolescentes (es decir, todos los seres humanos). Freaks and Geeks, por otra parte, está plagada de referencias culturales, de esas que te sacan una sonrisa. Por ejemplo, en el episodio de noche de brujas los chicos se disfrazan de Groucho Marx y Gort, el robot del film The Day the Earth Stood Still, mientras que en otra historia otro personaje se viste de Doctor Who. Sam y sus amigos son fieles seguidores de Saturday Night Live, sobre todo de Bill Murray. En un capítulo se menciona la muerte de John Bonham, baterista de Led Zeppelin y, en otro, Ken (Seth Rogen) reta a Lindsay porque se refiere a “Baba O’Riley” de The Who como “Teenage Wasteland”, que es la frase que se repite en el estribillo de la canción. La banda sonora elegida es básicamente rockera: The Who, Queen, Styx, Led Zeppelin, música disco de la época, entre otros sonidos, y el tema de apertura es “Bad Reputation” de Joan Jett.

Sentimientos inocentes, rock, nerdismo, incertidumbre, diversión… en fin, adolescencia en estado puro. Desde que descubrí esta serie que no paro de recomendarla. Además de pasar buenos momentos en cada episodio, podés ver a tus actores favoritos de jóvenes o de niños. Y, por otro lado, reconozcámoslo: todos tenemos un poco (o mucho) de freak y un poco de geek.

Por Cristian Germán Rueda

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► [DE REGALO]: El primer capítulo completo de Freaks and Geeks, para que comiencen a verla (si no lo hicieron ya):

  

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¡Buen comienzo de semana para todos! Este lunes lo iniciamos con nada menos que cuatro consignas: 1. ¿Vieron Freaks and Geeks? ¿Qué opinión podrían dejar sobre la creación de Paul Feig? 2. ¿Qué otras series sobre adolescentes sumarían al post de hoy? 3. ¿Cuáles son los mejores personajes “freaks” y “geeks”/”nerds” que dio el cine y la televisión? 4. a nivel personal, ¿cuánto de freak y cuánto de geek podrían decir que tienen? ¡Los leo, muchachada! ¡Que tengan un excelente día! 

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—> La última vez escribió Ignacio Fernández Santamaría sobre… INTO THE WILD

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No les veo futuro

Retomando un poco lo que aseveramos en el post de ayer, uno de los principales objetivos del cine es el de hacernos creer el cuento. Aunque tengamos que someternos a la conocida suspensión de la incredulidad, aunque ese cuento esté jugando con las reglas de lo clásico, es indistinto: para que una historia llegue, tiene que haber alguien del otro lado que, en un punto, la haga propia. El pacto tácito entre el creador y el que se provee de esa creación tiene que estar generalmente validado. Sin embargo, nunca hablamos de cuando el pacto no logra cobrar forma, cuando no hay manera de que ese cuento pueda ser leído, comprendido, aceptado, creído. ¿Qué sucede cuando llegan los créditos y sentimos que el final feliz no está destinado a prolongarse? Me parecía interesante que nombremos parejas del cine que, si lo pensamos objetivamente, de ningún modo funcionarían pasado el desenlace. Mi voto es para Ben (Seth Rogen) y Alison (Katherine Heigl) en Ligeramente embarazada y el fundamento es doble: por un lado, está la explicación más lúdica de que sencillamente no percibo puntos de conexión entre ambos que me haga asegurarles un (buen) porvenir (independientemente del embarazo de Alison) y nunca fui persuadida por el súbito (re)descubrimiento de sus afinidades; por otro lado, está la explicación ceñida al guión de Judd Apatow, que triunfa más en exponer las interferencias entre Pete (Paul Rudd) y Debbie (Leslie Mann), quienes sí se confrontan, quienes sí disienten, pero quienes también encuentran en cada uno ese lugar al que desean volver (aspecto que se sustenta con ese gran spin-off que es This Is 40). ¿Alguna vez pensaron qué sería de una relación de película una vez concluido su cuento de hadas, por más complejo que éste haya sido? Hoy quisiera saber a qué parejas del cine no les ven ningún tipo de futuro y qué argumentos encuentran para validar su afirmación :P – Me pregunto si alguien mencionará Like Crazy y si se reabrirá el debate sobre el destino de sus protagonistas…

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► [ESCENA] Un momento de Ligeramente embarazada por el cual no les veo futuro a Ben y Alison:

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 ► [GALERÍA] A todas estas parejas ustedes no les tienen demasiada fe (si la historia continuase):


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Nueva consigna para este día: ¿A qué parejas que terminan juntas en el final de la película no les ven futuro si la historia siguiese?; hagan sus aportes y justifiquen (che, esto parece un examen) que más tarde voy a reunir todas esas parejas en una misma galería; ¡los leo, como siempre! ¡buen martes para todos! ¡hasta mañana, muchachada!

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