Podcast Cinescalero Volumen X: Black Mass

♦ ¿Qué nos cuentan ustedes? ¿Vieron Black Mass? Los invitamos a hablar de las mejores películas de gángsters – EL PODCAST NO TIENE SPOILERS ♦

De menor a mayor: Johnny Depp

*Figura del día: Johnny Depp (*hacer click en la imagen para ampliar)

*Una cita memorable: “Hold me” – “I can’t”

*Post del lunes: La música en Nymphomaniac de Lars von Trier por Gastón Aparicio

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Deathmatch: Burton-Depp vs. Scorsese-DiCaprio

En una vereda, El joven manos de tijera, Ed Wood, La leyenda del jinete sin cabeza, Charlie y la fábrica de chocolate, El cadáver de la novia, Sweeney Todd, Alicia en el país de las maravillas y Sombras tenebrosas. En la otra, Pandillas de Nueva York, El aviador, Los infiltrados y La isla siniestra. No podrían existir dos universos más antagónicos que los de Tim Burton y Martin Scorsese, con Johnny Depp y Leonardo DiCaprio como aliados. Al menos no podrían ser más antagónicos en su forma. Porque, a fin de cuentas, ambos abordan con distintos recursos algo así como fábulas, universos con códigos propios, universos donde por lo general hay un protagonista que no solo está fuertemente insertado en ese micromundo sino que además defiende con uñas y dientes su propia noción de la realidad (y de lo que quiere para sí), muchas veces pagando el precio con la incomprensión, con el aislamiento. Y esto lo podemos aplicar tanto a Edward Scissorhands como a Howard Hughes. Lo que debería ser un factor para la resolución del Deathmatch de hoy es decidir de cuál de esos dos universos nos sentimos parte, o en cuál de esos dos universos encontramos lo que mejor se acerca a nuestro motivo principal de por qué amamos el cine, de qué esperamos de él. Por eso, mi elección de hoy es Martin Scorsese. Ya me explayé en este post acerca de dónde reside la esencia de sus películas, y es en cómo sus personajes sobreviven a la agonía, y sobre cómo él pone la cámara ahí, sin juzgarlos, más bien mostrándolos como presas de un determinado sistema, como cautivos en prisiones literales y metafóricas. Además de mirarlos, Scorsese los escucha. Y si hablamos de escuchar, si hablamos de agonía, no hay mejor rostro que el de Leonardo DiCaprio para reflejarla. Su Billy Costigan de Los infiltrados está signado por esa obsesión de Scorsese por hallar una creencia, una religión, algo en lo cual aferrarse cuando se cierran los ojos. Y cerrar los ojos es algo que a ese personaje tanto le cuesta, algo que implicaría volver a sumergirse en las pesadillas. Saber escuchar. Pocos actores supieron hacerlo tan bien como DiCaprio con Scorsese. Para pruebas, habría que rever esa escena en la que Billy se lleva las manos a la cara y llora, tratando de escaparle al tormento, a esas 24 horas de pánico, aunque siempre consciente de lo efímero que ese escape será.

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► Burton y Depp, juntos en una entrevista:

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► Scorsese y DiCaprio charlan cara a cara:

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¿Tim Burton y Johnny Depp? ¿Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio? ¿Con cuál de estas dos duplas se quedan? Los invito a explayarse sobre los trabajos en conjunto de ambos binomios y también a abordar un tema sobre el que siempre quisimos discutir por aquí: ¿cuáles son sus duplas de directores y actores fetiches favoritas?; dejen sus comentarios y, de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; les cuento que ando en plena mudanza así que mañana no podré actualizar; nos reencontramos el miércoles 13, disfruten del fin de semana largo ;)

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DEATHMATCH WINNERS: TIM BURTON-JOHNNY DEPP

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La última vez enfrentamos a… CHARLES CHAPLIN con BUSTER KEATON

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Las “profundidades” de Johnny

Hoy en Cinescalas escribe: Carolina Gatti

Enamoró a muchas adolecentes en su papel de policía encubierto en una escuela secundaria. Fue el sensible Edward, en ese aparentemente perfecto suburbio más destructivo que sus manos de tijera. Fue Sam, quien imitaba tiernamante a Buster Keaton y enamoró a Joon. Fue Gilbert, el paciente hermano y responsable hijo. Fue, según algunos, el peor director de la historia del cine. Fue el Don Juan del amor idealizado. Fue un periodista “alucinado” en el desierto de Las Vegas. Fue un librero que vio al diablo a los ojos y el investigador que trajo la tranquilidad a Sleepy Hollow. Fue un gitano que disfrutó del chocolate y un joven que hizo grande el negocio de la cocaína en la dácada del 70. Fue el inspector que investigó los asesinatos de Jack el Destripador. Fue el pirata “rockero” más simpático del cine. Fue un escritor celoso con problemas de personalidad y también fue el creador del mejor lugar en el mundo: “El País del Nunca Jamás”. Fue un chocolatero con traumas infantiles no resueltos. Fue la voz de Víctor, que sin querer desposó a una joven del inframundo; la de un camaleón que se transforma en héroe a pesar suyo, y el narrador de la historia de Jim Morrison. Fue el enemigo público Nº 1 y un exquisito sommelier de té. Otra vez, fue un periodista empapado por el ron.

Fue muchos, pero él es único.

Por Carolina Gatti

¿Cuál es su versión favorita de Johnny Depp (a saber: personaje)?; ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas solo deben mandar sus notas a milyyorke@gmail.com

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La escena del día: Finding Neverland

“He’s a boy who never ages, rides a goat around the lake; he’s a friend who never falters
to change my circling fate”

* Escena propuesta por: Ica

“Si dices lo que piensas y no lo que otra persona piensa por ti, estás en el camino de convertirte en un hombre importante”, expresó una vez James Matthew Barry. Pero sabemos que no fue lo único que dijo, que su discurso también pasaba por la certeza persistente de que cuando se desea fuertemente algo, entonces eso se termina concretando. Casi que uno puede imaginar al autor mirando la Luna, concibiendo otra tierra, esa tierra que trasladó al plano literario, esa tierra que en la palabra termina adquiriendo un realismo infantil, ingenuo, pero verdadero. Cuando Barry aludía a la importancia de expresarse según nuestras propias necesidades estaba también aludiendo a dos de las marcas de su obra: el valor de creer (en uno mismo y en un sueño, cualquiera que sea) y el valor de sacrificar(se) para llegar a destino. La última secuencia de la película Finding Neverland de Marc Forster, conmovedora para muchos, tiene a un adulto y a un joven como protagonistas. Pero, ¿cuál es cuál? ¿Quién da el consejo y quién lo recibe? ¿Quién es el maestro y quién el aprendiz? Ambos. Tanto Barry como Peter se hablan a sí mismos (uno extraña a una mujer, el otro también) y al mismo tiempo se dirigen al otro, convencidos de que ese apego nada caprichoso a una creencia no conoce edades, temporadas, experiencias. Porque todos, en un momento u otro, tuvimos ese banco simbólico donde nos sentamos pensando, sufriendo, casi derrotados. Consecuentemente, nos convertimos en ese hombre importante del que habla Barry. No el que sigue la corriente, ni el que claudica. No. El que sigue siendo fiel a sí mismo y deja entrever, en un llanto o en una mirada esperanzadora, que es imperativo concebir otra realidad o, mejor dicho, es imperativo crearla, pie detrás de pie, porque, ya sabemos: no hay otra manera de caminar.

Miren el final de Finding Neverland:


Los invito a explayarse sobre la película de Marc Forster en cuestión (y sobre esta escena en particular); si andan con ganas, propongan una secuencia y/o deathmatch que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias a todos!

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