Venus in (pink) Furs

Hoy en Cinescalas escribe: Diego Valente

Una mirada musical sobre la película Pretty in Pink

“Caroline laughs and it’s raining all day / she loves to be one of the girls / she lives in the place in the side of our lives/where nothing is ever put straight”. Así comienza “Pretty in Pink”, el temazo que The Psychedelic Furs grabó en 1981 para su disco Talk, Talk, Talk. Fue en esa bella gema de una de las bandas menos reconocidas y más creativas del post punk inglés en la que se inspiró el genial John Hughes para escribir el guión de una de las películas más icónicas de los ochenta. Pero lejos de ser un dato anecdótico, esta génesis musical del film – cuya trama es mucho más que la trillada historia de la chica pobre que se enamora del chico lindo y rico, como algunos la pintan – va a marcar todo su desarrollo. De hecho, la película  parece estar estructurada en torno a la música: hay muchos guiños a grupos, canciones y estéticas asociadas a estilos musicales típicos de los ochenta (punks, góticos y new romatics aparecen caracterizados en el film).  Además,  las mejores escenas de Pretty in Pink se retroalimentan con referencias musicales. Otro dato no menor es que Andie Walsh, el personaje central de la película interpretado por Molly Ringwald, trabaja en un disquería junto a su amiga Iona (Annie Potts) quien representa a la típica chica new wave de los ochenta con su look a los Siouxsie Sioux. Y es en dicha disquería, decorada en una de sus puertas interiores con una gran foto de The Smiths, donde Duckie (a cargo del genial Jon Cryer que se roba la película aunque, personalmente, creo que el trabajo de James Spader como el chico rico sin sentimientos también es notable) hace un divertido playback, con baile incluido, de “Try A Little Tenderness”  de Ottis Redding, canción que, al igual que “Elegia” y  una versión instrumental “Thieves like Us” de New Order, están en la película pero no en el soundtrack.

Pero hay, por lo menos, otras dos escenas (más) memorables de Duckie relacionadas con la música. La primera muestra el lado más luminoso del enamoramiento: cuando canta “Love” de John Lennon a capella en la casa de Andie y es la única forma  que encuentra de decirle lo que siente por ella.  La  otra es una angustiosa postal del desamor: tirado en la cama de su solitaria habitación adolescente lanza cartas de póquer sobre su sombrero y conoce el desengaño mientras piensa en Andie. Aquí la combinación entre música e imagen vuelve a ser clave ya que Hughes musicaliza esta melancólica escena fusionando el sonido de la lluvia con la bellísima “Please, Please, Please, Let Me Get What I Want” de The Smiths. Esta balada es una suerte de villancico invernal con una letra frágil que se convierte en una oda a la melancolía en la voz de Morrissey y en el sutil trabajo de Johnny Marr en guitarra acústica y mandolina. En el soundtrack, la canción fue ubicada estratégicamente al final del álbum.

   ► [ESCENA] Duckie canta “Try A Little Tenderness”:

 

Todos los melómanos, como tan bien lo cuenta Nick Hornby en High Fidelity,  conocemos el placer de hacer listas y recopilaciones musicales. Ya sea en cassettes vírgenes primero, en cds luego o en cualquiera de las listas de reproducciones que se pueden generar a través de Internet en la actualidad; los amantes de la  música hicimos del hecho de agrupar canciones bajo un concepto (arbitrario y caprichoso la mayoría de las veces) todo un arte. En ese sentido, el soundtrack de Pretty in Pink es un trabajo de compilación admirable que tiene el gran mérito de pintar en tiempo real, no desde una mirada revisionista hecha dos décadas después (¡hola, Donnie Darko!) con notable cohesión el sonido de una época. Si alguien quiere, a grandes rasgos, saber cómo sonaba el pop rock a mitad de los ochenta, este disco es la respuesta correcta. La música de Pretty in Pink nos permite recorrer las gélidas tierras del tecno pop con “If You Leave” el hit de Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD para los amigos) y con la bastante más experimental “Shellshock” de los legendarios New Order. Ambas canciones fueron compuestas especialmente para la película y, con los años,  se convirtieron en tracks infaltables en las recopilaciones de grandes éxitos de ambas bandas. Pero el disco también nos introduce al sonido pop típico de la mitad de los ochenta con el clon de Prince Jesse Johnson y su “Get to Know Ya” (¡esos teclados!) y nada menos que con INXS y la cuasi funky “Do Wot You Do”. Pero hay más. La paleta sonora de Pretty in Pink es amplia y nos da una dosis de soft rock en manos de Belouis Some (“Round, round”) y de Danny Hutton Hitters quienes versionaron la ultra pegadiza “Wouldn’t It Be Good” de Nik Kershaw (atención: antes de escuchar ese estribillo sabé para bien o para mal que no te lo sacás más de la cabeza).

► [PLAYLIST] El soundtrack de Pretty in Pink:

 Pretty in Pink Soundtrack by cinescalas on Grooveshark

Sin embargo, lo mejor aun no llegó. Hay dos canciones en el disco que por su sonoridad no remiten a la década en la que fueron concebidas sino que permanecen atemporales. Me refiero a la  gema ya mencionada de The Smiths y a “Left of Center”, la bella perla pop conducida por un piano que le guiña un ojo al jazz, de la muy subvalorada Suzanne Vega. Ahora bien, ninguna recopilación del pop rock de los ochenta es justa si no tiene su dosis dark y para eso Ian McCulloch con su sensual voz de fumador nos atrapa al frente de Echo & the Bunnymen en las misteriosas arenas movedizas de “Bring On the Dancing Horses”, pequeña obra maestra que da cuenta del mejor momento artístico de una banda de culto. De hecho, la canción fue compuesta especialmente para la película y puede verse como un puente entre “Ocean Rain” y el álbum homónimo que cierra la etapa de oro de los Bunnymen, banda que, al igual que Psychedelic Furs, siempre tuvo un público fiel y marcó a fuego la música de su tiempo pero nunca alcanzó la masividad de, por ejemplo, sus colegas de The Cure. Y hablando de los Furs, hay que decir que la versión de su “Pretty in Pink” hecha para la película es sutilmente diferente de la original. La “Pretty in Pink” de 1986 es mucho mas pop y menos punk que aquella: la banda ralentó el tempo del tema, puso saxos allí donde había guitarras (que ahora quedaron relegadas a un segundísimo plano) y resaltó la bella melodía de una canción a la que volvió más radiable, más amable, más apta para todo público.

Analizar Pretty in Pink (la película) en clave musical abre todo un mundo de significaciones y referencias musicales que difícilmente se encuentren en otro film sobre adolescentes norteamericanos. Esta nota intentó hacer un pequeño aporte en esa dirección.

Por Diego Valente

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Damos por finalizado el homenaje a John Hughes que empezó el lunes pasado en el blog con esta gran nota de Diego y dos consignas (una cinéfila y otra melómana, como corresponde): 1) – ¿Qué opinan de Pretty in Pink de Howard Deutch? 2) – ¿Cuáles les parecen las mejores fusiones entre historia y canciones que han visto en cine? – ¡Dejen sus comentarios, muchachada! Nos reencontramos mañana con un post muy especial ;)

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—> La última vez escribió Carolina Torfano sobre… THE BREAKFAST CLUB

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Whatever people say I am, that’s what I am not

Hoy en Cinescalas escribe: Carolina Torfano

Ver una y otra vez una película, leer una y otra vez un libro, un párrafo, un texto o incluso una frase que te gusta mucho. Escuchar una y otra vez esa canción, o volver a darle play a ese disco que te cambió la vida. “¿Por qué volvés a ver una película que ya viste?”  es una pregunta que me hacen con mucha frecuencia, y yo suelo devolverla preguntando por qué siempre escuchás la misma banda. A veces las personas se olvidan de los distintos efectos que tienen las cosas, o no entienden lo que esa película puede significar para mí, y por qué en realidad no me importa ya saber qué es lo que va a pasar… Cada vez que la vuelvo a ver el factor sorpresa es lo que me va a hacer sentir, lo que me va a hacer pensar esa vez.

Ver una y otra vez esa película de la cual por ahí no te acordás cuándo la viste por primera vez, ni dónde, ni con quién, ni por qué….pero la viste, se presentó de alguna forma y nunca más fue lo mismo. Todo esto me sucedió muchas veces, y es algo que me gusta que me pase: volverme a encontrarme con aquellas cosas. A veces uno las busca porque son una especie de refugio, un escape o porque son un cable a tierra; y otras veces, aparecen solas sin ser buscadas, y parece que lo hacen en el momento preciso, como cuando (y disculpen que haga analogías baratas) te encontrás con una persona que no ves hace mucho tiempo, o como cuando volvés a un lugar que te trae muchos recuerdos y que hacía mucho que no visitabas, o como cuando encontrás esa remera que te encantaba y que la usaste tanto que guarda grandes anécdotas…y por ahí ya se te había desdibujado la cara de esa persona, o ese lugar ya no estaba en tu ruta cotidiana, o ya ni te acordabas que tenías esa remera… pero aparece y va justo para ese momento, te la ponés, y eso te hace sentir bien. Así que, ya sea intencionalmente o no, encontrarme con esas cosas me hace bien. ¿Por qué? Porque puedo volver a recordar y a sentir de nuevo ciertas emociones que creía perdidas, vuelvo a revivir recuerdos, vuelvo a reencontrarme conmigo.

Sí, puede pasar mucho tiempo sin que vuelvas a encontrarte con esas cosas, pero de alguna forma siempre vuelven y con ellas vuelven esos sentimientos, y estos también traen otros nuevos (porque es como cuando se discutía en el post de “¿Existe la mejor película de la historia?”, no es lo mismo ver una película ahora, que hace diez años). Uno cambia, las personas especiales cambian, el mundo también lo hace, no todo es como solía ser, y la cabeza y el corazón ya no eran los de antes. Pero hay cosas que perduran, de eso estoy segura, y dentro de ellas están esas cosas que significan mucho para uno, las cosas en las que uno cree y valora, esos sentimientos y pensamientos que parecían olvidados, pero que cuando volvés a oír esa canción o cuando volvés a ver esa película, los volvés a sentir y sabés que nunca se fueron porque son parte de vos.

En particular, con este texto tenía la intención de hablar de cómo somos y para eso traer al frente aquellas cosas que tuvieron algún efecto en nosotros, que nos cambiaron o que nos identifican, porque forman parte de nosotros mismos. Pero para no hablar de “cosas” y ser más precisa, voy a mencionar una película. Al hablar de ESA película que veo una y otra vez, hoy hago referencia a The Breakfast Club, porque dadas ciertas circunstancias recientes (como haber podido ir reverla en el BAFICI en pantalla grande), me hicieron pensar en estas cosas. Me gusta decir que tengo no-mucha memoria, para no decir poca y tener algo de consuelo; y también saber que nos caracterizamos por tener memoria selectiva. Me atrae esa idea de por qué recordamos deliberadamente o no determinadas cosas y por qué otras tantas no. Siguiendo esta línea, puedo decir que recuerdo que desde chica me gustaba leer, escuchar música y mirar películas, pero eso habla de un recuerdo muy general y que a la mayoría de las personas les pasa, más si desde la niñez se las estimulaba y se las acercaba a ellas. Pero volviendo a mi memoria selectiva, sí recuerdo la época en la cual mi interés por el cine había crecido mucho, y en particular fue durante mis últimos años de secundaria. Sí, esos años donde por lo general sabés poco y nada, estás perdido, estás en una etapa llena del “prueba y error”, y tratás de alguna forma de conocerte y ver qué es lo que querés en la vida. En esa época apareció esta película, y sé que tuvo algo que ver con que mi interés por el cine, con el hecho de que ese gustar se convirtiera en un amar. Desde entonces, el cine y yo empezamos una relación.

¿Qué me pasó con The Breakfast Club? Por primera vez la vi sola en mi casa, una tarde después de volver del colegio. El único segmento del diario que leía de chica era el de Espectáculos, en la parte sobre cine, y la única revista que ojeaba era la del cable. Ese día la agarré para ver si había algo mejor que hacer la tarea… llegué a leer The Breakfast Club de John Hughes y pensé “ese nombre, esa sinopsis me suenan mucho; vamos a ver qué tal”. Creo que en parte estaba predestinado, con ese “vamos a ver qué tal” entró John Hughes en mi vida, y no existe puerta de salida para él. Tuvo un gran efecto en mí; cuando sos más chico sos un poco más propenso a tener miles de dudas y miedos, y eso me pasaba. Estaba muy poco segura de muchas cosas, me sentía perdida buscando un qué se yo, pero sí estaba segura de otras pocas. The Breakfast Club fue como verme a mí misma, fue como sacar una fotografía a la persona que era. No, no comía sándwiches de azúcar y cereal. Tampoco andaba con un cuchillo amenazando ni era la más popular del colegio. No humillé a nadie ni guardaba entre mis cosas una pistola de bengala. Pero sí me sentía mal si fracasaba en algo, sí tenía muchas inseguridades, sí hacía cosas para complacer a otros, sí me sentía una rara o inadaptada muchas veces.

No estaba sola en el mundo: eso me decía la película. A veces uno necesita ayuda para resolver lo que le está pasando, y a veces la persona que menos te imaginás te tira una mano y de alguna forma hace que te animes a decir lo que nunca dijiste, sentir aquello que no te permitías o permitían sentir, pensar en aquello que evitabas por miedo o por ignorancia. Y también para conocerse, y repito, para sentir que no estás solo. Por si ya no se dieron cuenta, escribo mucho. Me cuesta expresar algo de forma acotada, no es lo mío. Para explicar algo o articular una idea (simple o no) no me alcanzan cinco renglones. The Breakfast Club hizo lo que yo no podía hacer conmigo: con una historia tan simple, me dijo tanto. Porque sí, The Breakfast Club trata sobre cinco chicos que por distintos motivos tienen que cumplir un castigo. Todo transcurre en un mismo lugar, y son pocos los personajes. Pero para mí es mucho más: son muchas las miradas, son pocas las palabras que dicen mucho, es una canción que te queda sonando en la cabeza.

“You ought to spend a little more time trying to do something with yourself and a little less time trying to impress people”

En resumidas cuentas, elegí esta película porque en cierta forma me significó una especie de iniciación en el mundo del cine, iniciación que me llevó a convertirme en una cinéfila. Y además porque fue de las primeras que tuvo un gran efecto en mí, una de esas historias que se cuentan en dos horas pero que te marcan para toda la vida, y que te cambian, pero no porque te hacen ser otra persona (bueno, a veces sí cambian algo en vos), sino porque gracias a ellas aprendés a conocerte un poco más. Por más que pase el tiempo y las cosas cambien, de alguna forma The Breakfast Club siempre logra que no deje de lado mi corazón, siempre me recuerda la persona que soy.

 “Tell me your troubles and doubts, giving me everything inside and out”

The Breakfast Club intenta también hacerte dar cuenta que la sociedad impone modos de hacer y de pensar y de ser, y que está llena de etiquetas, pero lo más importante es no quedarse dentro de ellas y mostrar que uno es mucho más en realidad. No importa si te toman por un cerebrito, o por un atleta, o por un caso perdido, o por una princesa, o por un delincuente, o por un ignorante, o por inútil, o por un inadaptado, o por un payaso, o por popular, o por un artista, o por lo que sea. “You see us as you want to see us…in the simplest terms and the most convenient definitions“, para el resto siempre serás algo de esto o aquello, y es inevitable porque creo que todos tenemos preconceptos, creo que es parte de la naturaleza humana adelantarse y catalogar. Tal vez el problema está en que todos fingimos/pretendemos alguna vez y hay quienes se quedan con esas impresiones y etiquetas. Yo siempre seré una nerd, un bocho o una culta “porque de todo puedo tener una opinión”, soy la más graciosa, aplicada y una histérica de la limpieza. Pero yo sé que atrás de esa idea soy más: tengo muchos más rayes, sé que tener una opinión no significa que sepa mucho porque en realidad sé muy poco, tengo mucho miedo a defraudar(me) a otros, sé que intento ser una perfeccionista aunque no me salga, que me molesta no lograr mis metas y eso me da miedo, que soy muy tímida e insegura, me preocupo demasiado por pavadas, soy una debilucha, soy demasiado curiosa y muy fiel a lo que creo, no me gusta para nada lo incorrecto, y por más que a veces me tire abajo, nunca pierdo las esperanzas. Yo sé que soy una soñadora, una autoexigente y competitiva, sé que soy muy buena porque siempre intento ver el lado bueno de las cosas, no puedo y no quiero perder el humor, soy una cinéfila. Pero a pesar de todo ello, siempre seré la nerd autoexigente a la que le gusta mirar películas, aunque prefieran llamarme por mi nombre.

“Does that answer your question?”

Es lógico sentirse bien al ser aceptado, uno no solo tiene que aprender a aceptarse sino que también necesita que otros lo hagan. Es la eterna lucha entre lo que uno intenta ser para ser aceptado, y lo que uno realmente es. Sienta bien que vean más allá de esa idea que se genera alrededor tuyo en base a etiquetas, que descubran tu verdadera esencia – más si lo hacen esos ojos que sentías que te cuestionaban - y descubrir que fuera de esas etiquetas podemos ser muy parecidos. Si uno es fiel a sí mismo, a lo que cree, siente y ama, y aprende a aceptarse y a aceptar a los otros por lo que son, sin pretender y sin dejarse llevar por las etiquetas (aunque cueste), de esa forma es posible ser más justos con los demás. Así, el resto que ve como quiere ver y no va más allá de esos términos simples, que te etiquete nomás. Vos ya ganaste, vos ya sabés quien sos y en alguien ya causaste efecto.

Por Carolina Torfano

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  ► [ESCENA] El final de The Breakfast Club:

 

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Carolina les pregunta: ¿Qué película recuerdan que tuvo un gran efecto en ustedes, que los identifica y que pueden ver una y otra vez? ¿Con cuáles empezó su amor por el cine? ¿Fueron o son definidos a través de “etiquetas”? ¿Ustedes también las aplican a otras personas, o van más allá de ellas? ¿Cómo se definirían? (pueden hacerlo a través de “etiquetas” o explayándose un poco más); ¡esperamos sus comentarios! ¡buen lunes!

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—> La última vez escribió Martín Folco sobre… HOLY MOTORS

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La escena del día: Pretty in Pink

“I always believed in you…”

Allá lejos y hace tiempo aludí a Pretty in Pink cuando compartíamos cuál había sido nuestro primer VHS. Sin embargo, recordando la importancia de Molly Ringwald en mi universo cinéfilo personal, advertí que ese post no era suficiente, y que tanto ella como Howard Deutch – y, claro, el inolvidable John Hughes – merecían más que eso. Pensé en lo que hace que esta película (al igual que la brillante Some Kind of Wonderful) sea tan encantadora: en ambos casos sus heroínas defienden sus convicciones hasta lo último. No cambian. Creen en algo y lo sostienen. En los ojos brillosos de Andie (Ringwald) al llegar al baile final, haciendo caso omiso a la mirada exterior, se denota un nerviosismo que, de todas maneras, no sobrepasa la valentía al lucir un vestido concebido por ella (los personajes de Hughes siempre toman el mundo con sus manos, lo aprehenden, aún en su detrimento), y al decidir (para muchos espectadores, erróneamente) quién es el hombre que va a hacerla feliz. “Si los demás no creen en mí, yo no puedo creer en ellos”, dice la chica de rosa, sintetizando así el corazón del cine de ese joven eterno que fue Hughes, un narrador que, por sobre todas las cosas, creía (porque siempre hay que creer) en lo genuino de sus personajes.

Recordá el final de Pretty in Pink:

Hoy me gustaría que nos explayáramos, además de sobre Pretty in Pink y Molly Ringwald, sobre sus películas ochentosas favoritas; de  yapa, propongan  una secuencia y/o deathmatch que quieran ver el jueves próximo; ¡Gracias a todos!

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Merry Fucking Christmas

“It’s coming on Christmas, they’re cutting down trees”

Hace unos años, el colega Juan Pablo Martínez y yo escribimos para El Amante una suerte de díptico de críticas cuando se estrenó la gran Bad Santa. Mi título, más poético, no le hacía justicia a la película como el de Juan Pablo, quien abrió su nota con ese “Merry Fucking Christmas” que hoy le pedí prestado. Hoy evoco a Bad Santa (y su espíritu subversivo) porque, como ya creo haberlo mencionado, es un film que, independientemente del trasfondo navideño, habla sobre las familias que se arman en el camino y, curiosamente, esta es mi primera Navidad lejos de la mía, lejos de mis amigos de toda la vida y lejos del lugar donde nací. Sin embargo, me siento en casa, me siento parte de una familia distinta, una que se construyó acá, y que posiblemente no se hubiese formado en ningún otro lado. Hay cosas que solo se generan cuando uno apuesta a seguir en movimiento y mañana por la noche será todo diferente a pesar de que hay cosas que permanecen igual, como mi amor por John Hughes, a quien no quería dejar de recordar hoy, por más obvio que resulte. Algunos festejarán mañana. Quizás otros no. Como sea, les deseo lo mejor a cada uno, donde sea que se encuentren, haciendo lo que tengan ganas de hacer y, sobre todo, sintiéndose bien en su propia isla, en su propio ideal de familia, en su propia concepción del hogar.

Un saludo navideño desde Londres (nos equivocamos y lo grabamos en vertical, sepan disculpar :P ):

¿Cuáles son las películas navideñas por excelencia? (sí, esas que vuelven a ver siempre en esta fecha); ¡Espero sus comentarios y, claro, Feliz Navidad!

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Mi primer VHS

NOTA

Para todos los Duckie Dale del mundo. Para todos los nostálgicos.

La cosa fue así: estaba limpiando mi viejo cuarto de la adolescencia y redescubrí mis queridos VHS’s (?). Algunos los compré en mi época de estudiante y otros, la gran mayoría, en un videoclub que estaba en la esquina de mi casa que un día decidió hacer liquidación. Me acuerdo que Javier (así se llamaba el dueño) me dejaba al módico precio de $2 Intriga Internacional y Ferris Bueller’s Day Off. Un capo.

Hablando de John Hughes y, si bien no puedo precisarlo con exactitud, creo que el primer VHS que me compré fue el de Pretty in Pink (el fotomontaje de ahí arriba es de dicho film). Al verlo, me emocioné mucho, no solo por lo que significa la película para mí (y Molly Ringwald… y ese final que debería haber sido otro) sino porque perdimos a John Hughes y se sigue notando.

Hay algo en eso de agarrar un trapo, limpiar la cajita y poner la película en la videocassettera (!), como hay algo en hacer sonar un vinilo. Ahora será cool ser retro, pero en otra época era lo que, cajita tras cajita que se apilaba en la videoteca, nos convertía en cinéfilos. Así, casi sin quererlo.

Escuchá a Jon “Duckie” Cryer cantar “Try a Little Tenderness”:

¿Cuál fue el primer VHS que compraste? ¿Todavía conservás tu colección?

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