Sus películas del año (y un video de regalo) (y una nueva playlist) (¡y Feliz 2014!)

Foto: Ezequiel Saul

“Seguiré, igual lo haré, aunque todo esté mal, lo haré” - “Tanta Gente” (Estelares)

“Antes no quise estar. Ahora sí”. Siempre me impactó esa frase que escribió Moretti. No me sorprende que sea oscura. Al fin y al cabo, gran parte de las canciones de Estelares lo son. Sí me afecta la connotación del “estar”. ¿Estar vivo? ¿Estar presente? ¿Estar despierto? ¿Estar alerta? Puedo añadirle cualquier adjetivo y, sin embargo, creo que el “estar” tiene, para cada uno de nosotros, un significado completamente diferente. Recuerdo con claridad mi momento de no querer estar y lo asocio al no querer estar conectada. Conectada con el entorno. Conectada con las pasiones. Conectada con la escritura. Conectada, en definitiva, con la belleza. Me recuerdo como entumecida, como impenetrable, como indiferente a las pulsiones y aún hoy, bien lejos de esa sensación, ese recuerdo me aterroriza. Porque ese “antes” que equivale a un “no querer” implica que el no poder sentir las cosas, o no poder ver conexiones en todos lados como diría John Green, es casi lo mismo que estar perdido. Ya lo conté en ese post que simboliza el espíritu del blog y que hoy funciona como una suerte de parábola de mi 2013. El haber estado perdida o desconectada de las cosas fue lo que me condujo a la creación de un lugar donde me sintiera más acompañada. La compañía vino, en primera medida, de las palabras. Hay situaciones en las que uno se amolda a los demás, en las que uno deja de ser uno, no por hipocresía, sino porque sencillamente hay que adaptarse, hay que filtrar, hay que medirse. Sin embargo, todos, en algún momento del día, estamos a solas con el pensamiento. Y ahí no nos mentimos. Ahí somos nosotros. Ahí recordamos, nos refugiamos en la nostalgia, nos autoimponemos cambios, cumplimos fantasías, no nos traicionamos. Me pasa algo así cuando escribo. Encuentro compañía en las palabras porque esas palabras son el testimonio de lo que siento/creo/pienso en ese determinado momento, y eso me ayuda a (re)conocerme mejor. Pero aunque la compañía pueda provenir de uno mismo (somos quienes más nos conocemos y, al mismo tiempo, quienes más batallamos para poder cambiar), la conexión necesita de alguien más. Quién hubiera pensado que el “antes no quise estar conectada” iba a encontrar su correlación más literal con un blog. Me quiero ceñir a lo fáctico: desde que empecé a escribir acá en el 2010 que mi conexión con las cosas se enriqueció. No solo porque escribo más. Porque leo más. Escucho más. Miro más. Asocio más. Anoto más. Absorbo más. Y es todo tan azaroso porque quizás lucho con un post (de esos que cuestan) y meses más tarde alguien lo lee y se identifica con él y ya no tengo que cuestionarme para qué (o para quién) escribo. Escribo porque quiero estar conectada con los demás.

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“Se trataba de encontrar un significado en lo que se produce y se desecha en masa y que, al fin y al cabo, nos rodeaba a todos diariamente. Filtrarlo y encontrar algo de belleza en todo eso. Échale un vistazo: está ahí”. Eso escribió Jarvis Cocker en relación a cómo la palabra “Pulp” debía representar a la banda. Lo que dice Jarvis es real. La búsqueda de la belleza es lo que nos mantiene en movimiento. Y esa belleza, como siempre, habita en los detalles. La belleza este año (y en relación al blog) fue abrir una caja y ver mi libro, fue caminar seis cuadras muchas veces para mandarlo por correo, fue verlos a ustedes con el ejemplar en la mano. La belleza este año también fue ver una película que dolió pero fue ese dolor el que me motivó a escribir sobre ella. La belleza fue armar una playlist o ver los videos que filmaron. La belleza también fueron las conversaciones. Como cuando conversamos acá. Como cuando conversamos por fuera. La belleza está en ponerles rostros a los nicks o en cruzarme con alguno de ustedes en un recital indie, o en dar y recibir abrazos, o en buscar la foto perfecta para un post que hayan escrito. Sí, Jarvis tiene razón. La belleza está ahí, solo hay que saber buscarla, o no perderse uno para encontrarla. Por eso Moretti también asocia la carencia de percepción con la tristeza: “no se ve bien la belleza, es casi igual que ser infeliz”. Creo que por eso disfruto escribir sobre películas tan disímiles como Bombal o The Vicious Kind. Porque me gusta encontrar algo luminoso en ellas. Ya sea la prosa endiablada de María Luisa que iría a salvarla, o la autodestrucción de Caleb para poder resurgir con menos culpas. Y acá me quiero detener, otra vez, en lo fáctico. Muchos de ustedes llegaron acá en un momento difícil y encontraron algo que los hizo quedarse. Ese “algo” varía, ese “algo” puede ser articulado de distintos modos, ese “algo” puede ser una película o puede ser una interacción en los comentarios. Puede ser una especificidad y simultáneamente una cosa abstracta. Puede ser que cuando el “antes no” se convirtió en un “ahora sí”, yo empecé a conectarme y naturalmente la conexión se reprodujo. Se formaron vínculos y esos vínculos devinieron en detalles: el disco del blog, ustedes en el epílogo del libro, la remera, las reuniones, la necesidad de corroborar que si no estamos solos en muchas cosas es porque esto jamás se sintió virtual. Por eso, no hay mejor imagen para ilustrar este post que la de esa corrida en tiempo suspendido. Una suerte de metáfora de que hoy sí quiero seguir corriendo y espero poder tener ganas de hacerlo siempre. No quisiera volver a ese antes. No después de haber conocido el ahora. Un ahora que se renueva día tras día, un ahora que es el regalo que ustedes, sin darse cuenta, me hicieron cuando comentaron por primera vez. Mi agradecimiento es tan vasto como los motivos por los cuales lo siento. Hoy siento decirles gracias por darme un ahora. Yo les prometo, para el año que viene, más posts, más consignas, más conexiones. Un después.

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 MI TOP FIVE DE PELÍCULAS DEL AÑO:

 *1. Silver Linings Playbook (David O. Russell)

 *2. Tabú (Miguel Gomes)

*3. Gravity (Alfonso Cuarón)

*4. Frances Ha (Noah Baumbach)

*5. The Place Beyond the Pines (Derek Cianfrance)

 MI PODIO DE SEIS MENCIONES ESPECIALES:

*1. Locaciones (Alberto Fuguet)

 *2. Drinking Buddies (Joe Swanberg)

*3. Cloud Atlas (Lana y Andy Wachowski)

*4. Laurence Anyways (Xavier Dolan)

*5. La herida (Fernando Franco)

*6. El desconocido del lago (Alain Guiraudie)

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AHORA SÍ: SUS PELÍCULAS DEL AÑO:

Cinescalas - Video Fin de año 2013 from lanacion.com on Vimeo.

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*De yapa: Como siempre en esta clase de posts, les dejo un compilado que encontré con lo mejor del año; si bien en este no van a poder ver todas las películas del 2013 sino una selección, se trata de un video insuperable a nivel edición y musicalización; ¡que lo disfruten!

THE 25 BEST FILMS OF 2013: A VIDEO COUNTDOWN from david Ehrlich on Vimeo.

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] 100 canciones que marcaron nuestro 2013 (y el de Cinescalas); ¡que la disfruten!

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¡Hola muchachada! Ya hemos llegado al post de fin de año y los invito a celebrarlo juntos y a responder estas dos consignas: *1. ¿Cuáles son sus cinco películas favoritas del 2013 + su podio de menciones especiales? *2. Como no podía concluir el año sin una playlist, dejen sus aportes de las mejores canciones del 2013, o de aquellas que marcaron estos doce meses así armo una nueva lista de reproducción para este día especial; ¡Espero sus comentarios! Que tengan un excelente festejo de fin de año y que comiencen el 2014 lo mejor posible; Gracias por estar siempre acá y nos reencontramos el jueves 2 de enero para iniciar nada menos que el cuarto año de CINESCALAS ¡Felicidades para todos!

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¡FELIZ 2014, MUCHACHADA!

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El cine bajo la mirada de…Joe Swanberg

Foto: Chicago Magazine

“Hace unas semanas estuve almorzando con John Green” me contó Joe Swanberg, así como quien no quiere la cosa, en una de las conversaciones durante el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Después de responder a eso en modo fan y pasar un papelón (“¿habla tan rápido como parece?” fue lo primero que atiné a decir), indagué un poco más y me enteré de que Swanberg quería desesperadamente adaptar The Fault in Our Stars. El resultado, sabemos, fue otro: Josh Boone la está dirigiendo en este momento. Ése es solo uno de varios tópicos sobre los que pude charlar con Swanberg (elijo ese verbo porque le hace justicia a cómo es él, nunca se sintió como un entrevistado sino como una suerte de “chatting buddy”, diría un amigo), quien no sólo trabajó con gente que admiro y sobre quienes he escrito en varias oportunidades en este espacio (desde Greta Gerwig a Mark Duplass) sino que además logró, con Drinking Buddies, encontrar el equilibrio perfecto para filmar dentro de la industria sin traicionar sus propias motivaciones. Les dejo, entonces, la charla con un director tan prolífico y entusiasta que empezó hablándome de su nueva película (que casualmente se estrena hoy en Estados Unidos) y terminó recomendándome muchos films independientes para que sume a mi lista.

Drinking Buddies sigue circulando en festivales, pero vos ya tenés otra película para estrenar ahora en diciembre, All the Light in the Sky…

Así es, aunque la filmé seis meses antes de Drinking Buddies. Lo que pasó fue que como a esta última le fue muy bien y me llevó más tiempo darla a conocer de lo que yo creía, pensamos que quizás iba a ser mejor estrenar All the Light in the Sky posteriormente, esperar un poco

Es genial que la hayas co-escrito con Jane Adams

Sí, me encanta Jane. En la película interpreta a una actriz que vive en Malibú, se trata más que nada de una mirada a su proceso de crecimiento como mujer, y hay un paralelismo entre los aspectos de la carrera de un actor y la Tierra, como el tema del calentamiento global en relación a la madurez de una persona. Es una película chiquita, dulce, tengo muchas ganas de que la gente la vea

Ahora sí, en relación a Drinking Buddies, ¿no escribiste nada de diálogos para el guión?

En realidad, lo curioso es que escribí más diálogo que nunca en comparación con el resto de mis películas, pero sí, sigue sin ser un guión tradicional

No puedo imaginarme cómo fue que los actores lograron improvisar los diálogos en su totalidad…

Es muy divertido. Como yo vengo trabajando así por muchos años, ya estoy totalmente acostumbrado, es un proceso en el que me siento cómodo. Lo que hago es escribir únicamente los escenarios. Después lo que tuve que hacer para que tanto los productores como el equipo de filmación se organicen mejor fue escribir un guión con pautas de no más de cuarenta páginas, mientras que los actores solo recibieron dos con descripciones, y después improvisaron el diálogo ellos. Más que nada ese guión fue un instrumento, algo de utilidad, ya que no son más que descripciones de escenas. Lo que sucedió fue que al tratarse de personas que no sólo hicieron sino que además vieron muchas películas, se sentía todo realista, no es que yo estaba como un loco intentando cosas nuevas (risas). El punto fue siempre el de encontrarle el sentido a la historia y que los diálogos se sintieran bien en los momentos correctos. No es tan loco como parece y si hubiese escrito los diálogos yo mismo, todo se hubiese sentido mucho más forzado

En relación a esa improvisación, ¿cuánto tiempo llevaba la filmación de las escenas?

Siempre fue variando. Algunas escenas las filmamos una sola vez y con otras estuvimos más tiempo, pero no más de cinco o seis veces, para poder lograr lo que buscábamos. De todas maneras, lo que me pasa es que siento que lo principal, lo más importante, va a estar en esa toma original, todo lo que se haga después, las correcciones, o el volver a filmarla, no va a ser más que una depuración de eso que apareció en primer lugar. Salvo que una escena quede incómoda o rara, o que salga completamente diferente a mi idea

¿Cuál fue la más difícil en ese aspecto?

Recuerdo no tanto las más difíciles como las que más nervioso me pusieron. La que me viene a la mente es la de la caminata entre Jill y Chris en el bosque. Fue muy complejo que quede perfecta porque antes no se habían visto escenas de los personajes solos, el espectador no podía comprender cómo era la química entre ellos, sumado al hecho de que quería dar a entender que algo se estaba gestando que no se vio, porque se produce un salto de la primera vez que se conocen en la fiesta al viaje a Michigan. Por lo tanto, hay que inferir que volvieron a verse en otra oportunidad y que en esa oportunidad hubo algo que se generó y que los condujo a esa sensación en la caminata. Para los actores fue muy difícil crear la tensión justa, pero la escena en la que se besan en la manta la filmamos una sola vez, ya que esa tensión extraña salió naturalmente y no quise arruinarla (risas). Salió tal cual yo lo esperaba, con una mezcla de inocencia pero a la vez de noción de que se cruzó una línea

¿El final de la película siempre estuvo pensando de esa manera?

No, de hecho el final salió de un momento de improvisación con Jake y Olivia. Yo solo tenía escrita una escena que planteaba un momento de reconciliación entre los personajes, pero no sabía cómo iba a salir. Hicimos una toma y sentí que era demasiado diálogo, que estaban hablando mucho para lo que yo quería lograr. No salía bien. Entonces les pedí que hicieran algo que indicara que iban a reconciliarse, pero prohibiéndoles decir una palabra. Se sintió mucho mejor y solo tuvimos que hacer un par de tomas

Es el final perfecto…

Sí, yo siento que no podría haber tenido otro final la película, es el indicado, incluso saqué una escena posterior a esa de la reconciliación…

Ah, mejor (risas)

(risas) Sí, fue mejor

Porque además el final muestra que la película, en un punto, termina del mismo modo en el que comienza

Exacto. Ese era el punto

¿De dónde viene la idea de mostrar esta relación de amistad con límites medio borrosos?

Viene de dos procesos. Por un lado, todo lo que tiene que ver con el mundo de la cerveza es algo muy personal. Tengo muchos amigos que trabajan en fábricas en Chicago y quería representarlo en una película, porque me parecía que el cine no había mostrado eso antes y es algo muy norteamericano y muy frecuente. Por el otro, la historia  surge de varios lugares. Primero, de las charlas con los actores. Segundo, de haber mirado mucho la película Bob, Carol, Ted y Alice de Paul Mazursky. Como la idea era hacer una comedia más compleja en términos de cómo el romance puede alterarlo todo, esa película me inspiró porque me hizo sentir que los personajes eran reales y, al mismo tiempo, no se olvida nunca de ser graciosa, ése siempre fue el punto al que quería ir, era como mi meta

Mencionás que los actores influyeron en algunos aspectos de las conversaciones de sus personajes… ¿cómo fue la elección de cada uno?

El casting fue quizás lo más divertido del proceso, o al menos una de las partes, ya que al no haber un guión simplemente nos juntábamos a hablar, ya sea por teléfono o por Skype. Después tuve un período en el que viajaba a Los Ángeles para reunirme personalmente para el casting. El primer actor elegido fue Jake. Me lo recomendó Lizzy Caplan, porque habían trabajado juntos en algunos episodios de New Girl. Ella pensó que nos íbamos a llevar bien y que era el actor ideal para la clase de personaje que yo había pensado, así que hablé con él durante dos meses antes de filmar. Al resto de los actores llegué por medio de esos castings. Más que nada hablamos mucho sobre cómo era mi método de trabajo, les expliqué un poco acerca del tema de la improvisación, y sobre qué esperar en relación a eso, y después llegamos a la parte de los vínculos y de las historias sobre ellos…

Eso te iba a preguntar, se nota que absorbiste relatos de experiencias reales

Sí, muchos. La gran mayoría de las historias que me contaron aparecen en la película. Mi idea era que los actores sintieran que estaban representados, que los personajes se ajustaban a lo que ellos habían vivido también y no solamente a mi visión como director. Quería que se identifiquen en un punto

Tu película está llena de detalles muy buenos, como cuando Luke se corta la mano y Kate no sabe cómo reaccionar, mientras que Jill lo cuida al instante

Sí, esa idea vino de mi productor. Estábamos buscando algún momento significativo, algo que uniera a Luke con Jill, ya que no pasan tanto tiempos juntos como sí sucede con Kate. Entonces, que él se cortara la mano fue el modo de mostrar las reacciones de ambas mujeres ante un hecho, sin que ellas necesariamente estén juntas en una misma escena viendo exactamente lo mismo

Y no es el único momento en el que mostrás los contrastes, también lo hacés con la manera en la que Luke duerme con Kate, a cualquier hora y de cualquier forma, y con Jill, con quien estipula horarios

Esa es justamente mi parte favorita de la película, cuando Luke le dice a Jill: “Do you wanna go to bed in like…”

“…forty-five minutes?” (risas)

(risas) Sí, sí, eso siempre me hace reír y, claro, la idea era mostrar el contraste

Hace poco comentabas que querías empezar a filmar guiones ajenos, ¿de dónde viene esa necesidad?

Creo que llega por un tema de curiosidad. Este es mi plan: asegurarme no decidir que solo voy a hacer una sola cosa como director, quiero ponerme a prueba, aunque después lo haga y no me termine gustando y decida que no lo voy a hacer nunca más. No importa. En lugar de decir “nunca voy a hacer esto”, al menos quiero intentarlo

Y no perder esa actitud de “summercamp” como solís definir al hecho de juntarte a trabajar con tus amigos

Es que eso es lo que más me gusta hacer, es mi parte favorita de ser realizador, algo así como la mejor versión de mi carrera. La sensación de tener una idea, llamarlos y decir “hagamos esto”. Pero eso a su vez es más difícil porque naturalmente son proyectos que no ganan mucho dinero y que le llegan a una audiencia bastante acotada. Entonces tengo que encontrar un equilibrio entre lo que quiero hacer y lo que me permite hacer eso, sin dejar de filmar películas que me gustan. Drinking Buddies es un ejemplo de ese equilibrio

Sí, porque es tu película con mayor presupuesto y a la vez sigue siendo una película muy tuya en cuanto al estilo

Sí, y le fue muy bien así que eso me alegra

Cuando hablás de llamar a tus amigos para filmar me hiciste acordar a Patrick Wolf, quien dice que sus mejores videos son los primeros, cuando se reunía con sus amigos para hacer algo más comunitario y de bajo presupuesto, en comparación con los videos que están dentro de un marco de mayor producción

Es que el tema de divertirte con tus amigos es clave. Y aún más clave es no tener que querer recrear esa diversión que sentiste la primera vez que filmaste algo con ellos, porque cada proceso tiene que ser nuevo, divertido, tiene que cambiar bastante. No se puede repetir. A veces cometo ese error. Filmo de una manera, sale todo bien y entonces en la próxima película hago lo mismo. Pero no es así. Las personas son otras, nunca se va a sentir igual. Es una decisión difícil que el proyecto se mantenga fresco pero además encontrar la sensación íntima y pequeña que siempre busco

¿Cuánto tiempo de tu vida te consume el cine, dado que filmás muchísimo?

Mucho (risas). Todos los días, muchas horas, especialmente las noches

¿Y volvés a ver las películas que hiciste?

No, nunca. Solo con el público en las presentaciones o en el proceso de editarlas, pero después ya no. Hay muchas que no vi nunca

¿Ni siquiera Hannah Takes the Stairs?

No, a esa hace mucho tiempo que no vuelvo. La amé cuando la terminé y creo que siempre va a gustarme pero me sentiría horrorizado de verla ahora (risas), porque quizás me encuentre con ideas que en su momento me parecían buenas y que quizás ya hoy no lo sean tanto. No, es un viaje al pasado que no quiero hacer (risas)

Drinking Buddies es tu primera película con una banda de sonido pensada específicamente para la historia. ¿Cómo trabajaste eso?

Trabajé con Chris Swanson como supervisor de la banda sonora. Él tiene un sello que se llama Secretly Canadian. Lo conocí de algunos festivales representando a otras películas y cuando tenía en claro qué quería contar con Drinking Buddies lo llamé y él me empezó a mandar música para ir conociendo qué me gustaba, y mucho tiempo antes de empezar a filmar, también para intentar comprender el tono de la película. Fue muy divertido porque él vive a seis horas de mi casa, así que cada tanto intentaba ir, nos juntábamos y escuchábamos música por horas, o me armaba playlists. Entonces, antes de filmar ya tenía mucha música que quería. De algunas canciones no pude conseguir los derechos y tuve que reemplazarlas o también pasaba que me gustaban mucho otras pero que no quedaban bien con las escenas o no funcionaban. Hasta lo último estuvimos buscando buenas canciones, o las canciones correctas para la película. Voy a seguir trabajando con Chris, de hecho en mi próxima película, Happy Christmas, no solo se va a ocupar de la música sino que también va a actuar en una escena

Me gustó que en la conferencia de prensa rescataste a un director actual muy valioso como James Ponsoldt, ¿qué otros referentes tenés?

James es un gran director, no solo por Smashed, sino también ahora por The Spectacular Now, película que me gusta mucho…

Tengo muchas ganas de verla, se nota que hay muy buena química entre Miles y Shailene

Absolutamente, Shailene está increíble en la película. Y respecto a otros referentes, están Destin Cretton con Short Term 12, David Lowery con Ain’t Them Bodies Saints…

…Ry Russo Young, con quien trabajaste en You Won’t Miss Me…

Sí, ella también, siempre está filmando cosas. Lo mismo que Lynn Shelton, los hermanos Duplass, toda esa comunidad con la que siempre nos estamos viendo y tratamos de mantenernos en contacto. ¿Conocés a Frank V. Ross?

No, no vi nada de él

Bueno, tenés que ver Audrey The Trainwreck y Tiger Tail in Blue. Le produje su última película, con Natasha Lyonne, Alex Karpovsky de Girls y James Ransone de The Wire. Con suerte la vamos a estar presentando el año que viene

La veré entonces. Pero vos tenés que ver Frances Ha

Si, lo sé, es una pendiente. 

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 ► [ESCENA] Un buen momento de Drinking Buddies:

'Drinking Buddies' Clip from The Playlist on Vimeo.

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 ► [TRAILER] Un adelanto de la nueva película de Joe Swanberg, All the Light in the Sky:

All the Light in the Sky: trailer from factory twenty five on Vimeo.

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 ► [VIAJE AL PASADO] El trailer de Hannah Takes the Stairs, film de Swanberg protagonizado por Greta Gerwig y Mark Duplass:

Hannah Takes the Stairs trailer from filmscience on Vimeo.

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¡Buen martes para todos! Como ya hemos hablado sobre Drinking Buddies (el que la vio a destiempo puede dejar su impresión en este post), y teniendo en cuenta mi experiencia con Swanberg me gustaría saber: a) - si han tenido la posibilidad de charlar con artistas (de cualquier rama) que admiran y también con quiénes quisieran poder conversar en un mano a mano; b) - en una consigna más lúdica, el que quiere puede compartir cuáles fueron sus peores (o mejores, depende de cómo lo miremos) borracheras y qué fue lo más “loco” que hicieron por culpa de ellas (la idea es armar un afiche como hicimos en el post de 20.000 besos); ¡espero sus comentarios y anécdotas, los leo! ¡hasta mañana!

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LAS BORRACHERAS DE LA COMUNIDAD DEL BLOG (hacer click en la imagen para ampliar):

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EL FESTEJO DEL DÍA LE CORRESPONDE A… 

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La última vez vimos el cine bajo la mirada de… SEBASTIÁN DE CARO

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Drinking Buddies: Juntos, riendo, despeinados

“We both know that the nights were mainly made for saying  things that you can’t say tomorrow day”

“…eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados” – Julio Cortázar

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Suelo escribir sobre la sabiduría del tiempo con bastante frecuencia. Ya lo saben. A esta altura resulta casi una debilidad escudriñar en eso. Pero es que el tiempo hace cosas raras. Tomemos por caso el tema de los recuerdos. Hace poco me vinieron a la mente dos escenas de mi vida de hace unos cinco años aproximadamente, que tenían a la misma persona como protagonista. En una, yo estaba revisando una caja de aros mientras por celular él confesaba una catarata de sentimientos a los que yo a) por ser más chica b) por encontrarme en otra situación c) por inexperiencia d) por tomarme muy en serio lo de la invencibilidad de la juventud no respondí más que con una frase evasiva. La otra escena, y rebobinando aún más, lo encontraba a él poniendo una película mientras estábamos tirados en un puff y a mí me daba sueño. En un segundo en el que decido entreabrir los ojos, veo que me está mirando y yo, imposibilitada de reaccionar pero pensando en lo mucho que dice el acto de que te vean dormir, cerré los ojos rápidamente y nunca más hablé del tema, nunca me hice eco de las cosas imperceptibles (ni de las perceptibles tampoco). Jamás se lo dije (y aquí es donde entra en juego el factor tiempo), pero si yo no me manifestaba por entonces, si pasaron años sin una reacción de mi parte ante sus acciones concretas, era por miedo y también por algo que no hubiese podido modificar aunque quisiese: no era el momento para mí. El tiempo lo que hizo fue mostrarme cómo quien se llevaba mi interés en esa época ahora tiene solo un valor anecdótico, un nombre al que no vuelvo nunca. En cambio él, mi mejor amigo y la persona que más me conocía, se reafirmó como precisamente eso: nunca nadie supo con tanta precisión por qué yo me comportaba cómo lo hacía. Nunca nadie me leyó tan bien. Y para que te lean tan bien te ves forzado a derribar esa suerte de estructura misantrópica que erigiste con tanto empeño. Lo bueno de esa detonación es que abre las puertas a otras cosas, a esos mínimos actos que a su vez construyen algo y ese “algo” siempre queda. Yo ya no tengo esa amistad conmigo (es decir, no tengo a esa otra persona para retroalimentarla porque la vida nos llevó por distintos lugares y por “vida” me refiero a las decisiones que tomamos), pero no necesito tenerla para realmente tenerla. Lo que persiste es la seguridad de que una vez hubo alguien para quien no me maquillaba, con quien caminaba en zapatillas, con quien hablaba por teléfono todas las noches después de las doce, quien se enojaba cuando al pelearnos yo lo molestaba únicamente los domingos porque estaba aburrida y con quien me tiraba a ver películas sin importarme si estaba despeinada o no. Cuando te olvidás un poco de aparentar, cuando sos realmente genuino, cuando le robás un trozo de su torta de chocolate, cuando te quedás descalzo, cuando todo eso sucede, es que hubo un tiempo que fue hermoso. Aunque ese “hubo” no siga siendo. Qué importa.

 ”You and me could have been a team, each had a half of a king and queen seat”

Todas esas particularidades de una relación de amistad con atracción latente son el foco de Drinking Buddies, la reciente película de Joe Swanberg, realizador pilar del movimiento Mumblecore. Es importante conocer la impronta del director y cómo se mueve dentro de esa corriente. Sus largometrajes (especialmente Hannah Takes the Stairs) abordan las relaciones humanas con la valentía de quien hace uso de la libertad con la cámara en el sentido más estricto del término. Swanberg permite la improvisación de los actores, los deja ser porque entiende que no hay otra manera para que ellos comuniquen lo que sucede con los personajes. Eso nos lleva a los sucesos en sí mismos y a cómo Drinking Buddies hace una feroz crítica al deber ser del narrador. ¿Qué es lo importante en una historia? O particularicemos: ¿qué es lo importante en una historia de dos amigos que se sienten tan cómodos juntos pero que nunca terminan estando juntos realmente? Lo que conté más arriba sirve de ejemplo, porque lo que prevalece es el hecho de volver particular lo universal. No creerse el cuento de que porque algo es más frecuente es por eso menos relevante. La mayoría de nosotros, a fin de cuentas y en mayor o menor medida, nos movemos en una rotonda de experiencias similares. Dejamos a alguien. Nos dejaron. Se enamoraron de nosotros y no correspondimos. Nos enamoramos y no fuimos correspondidos. Etcétera. Aunque pareciera que Drinking Buddies es un muestreo de diversas clases de vínculos (sobre todo por su estructura con cuatro figuras que se entrecruzan), en realidad se trata de una película que nunca pierde el eje de un solo conflicto puntual: Kate (Olivia Wilde) y Luke (Jake Johnson) son dos amigos y compañeros de trabajo que alcanzaron una familiaridad tal que les permite robarse la comida, salir a tomar cerveza casi caprichosamente, no bañarse y dormir juntos igual, sucios y desprolijos, tirarse en el piso a hacerse chistes, ayudarse con una mudanza, jugar a las cartas…compartir todo y compartir sin velos. Sin embargo, tanto ella como él se encuentran en otras relaciones que (especialmente en el caso de Luke) funcionan igual, que no representan “lo equivocado”. Para Swanberg no hay dobles significados. Que Kate y Luke duerman implica únicamente eso: que duerman. No hay besos en la boca. No hay sexo. No hay declaraciones fervientes de romanticismo. Drinking Buddies se mueve en lo implícito pero no se priva de, en esos instantes mundanos, adentrarse en los detalles que marcan la diferencia entre el mundo privado de los protagonistas y el mundo que esos protagonistas construyen con terceros. A ese mundo privado al que nadie accede porque es consecuencia de un conocimiento en el plano de lo cotidiano – y también consecuencia de eso que no se explica ni se racionaliza como lo es la química con el otro -, Swanberg lo describe con contrastes. La relación de Kate y Luke no tiene horarios. Con sus parejas ellos duermen a una hora determinada pero, cuando están solos, pierden noción del tiempo. Entre ellos son más brutales, más directos, menos cuidadosos. Con sus parejas pueden fingir que les interesa un libro que les regalaron, aunque en soledad saltean las páginas. Cuando están juntos se ríen. Cuando están con sus parejas la familiaridad y el hecho de compartir se observa desde otro lugar: compartir también puede ser que te curen cuando te cortás la mano, no solo salir a tomar una cerveza. Lo que hace de Drinking Buddies una anomalía es que profundiza en el estado de una relación que nunca se define (de este aspecto también podría desprenderse una lectura generacional). ¿Y por qué habría de hacerlo? ¿Cuántas películas realmente se animan a seguir un vínculo que puede mantenerse eternamente en esa indefinición? ¿Cuántas veces uno tampoco logra definir las cosas?

“I wanna hold your hair in deep devotion”

Lo que hace de Drinking Buddies una anomalía es, también, que más allá de su esencia Mumblecore, no confunde simpleza con abulia. Se banca ser un film modelo para la crítica automática, esa que responde sin permitirse procesar, esa que puede ver en una sucesión de hechos habituales un síntoma de apatía. Y digo que se banca serlo porque acá no hay un melodrama escondido esperando el momento para surgir. Kate y Luke jamás se eligen. A conciencia. Ella por una razón y él por otra. El punto de quiebre los muestra incapacitados para tomar una decisión, no por inmadurez sino por creer que posiblemente no sea la correcta. Sin embargo, Swanberg no los castiga (como tampoco lo hace con los personajes secundarios, acá no hay culpas ni la clásica manipulación del tercero para justificar las acciones de un protagonista, lo cual vuelve al film aún más noble) sino que les da aire para luego terminar de cerrar la historia de la única manera posible: sin absolutos y con la familiaridad como vehículo para el reencuentro más puro. “Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Al formular de manera verbal algo que mentalmente nos parecía ilimitado, lo reducimos a tamaño natural. Todo aquello que consideramos más importante está siempre demasiado cerca de nuestros sentimientos y deseos más recónditos. Y a veces hacemos revelaciones de este tipo y nos encontramos con la mirada extrañada de gente que no entiende nada en absoluto de lo que hemos contado, ni por qué nos puede parecer tan importante. Creo que eso es precisamente lo peor, que el secreto lo siga siendo, no por falta de un narrador, sino por falta de un oyente comprensivo”. Esto lo escribió Stephen King en El cuerpo. Lo que sucedió con la recepción de Drinking Buddies se ajusta a esa visión cerrada de lo que debería ser fundamental para contar y lo que no. Porque eso “importante” a lo que se refiere King en la mayoría de las ocasiones están circunscripto a episodios donde la complicidad es lo que resignifica el concepto de “valioso”, de lo que es digno de ser mostrado. Y en la película de Swanberg, en esa chispeante naturalidad entre Wilde y Johnson, y en ese final donde aquello que conectó a uno con el otro es precisamente lo que los vuelve a unir, está su fuerza, su rareza, su valentía. Así como Kate y Luke armaron sin querer su propio espacio de interacción ajeno al resto, con la película que los contiene pasa lo mismo. Es distinta, leal a su desprolijidad bien entendida, y con más corazón en esos roces y risas que muchas comedias románticas que se hacen con un manual al lado. Acá hay otra mirada. Acá hay otra historia. Acá ser diferente no es una pose, es el  mejor modo de mostrar una amistad con sus más encantadoras especificidades. Hace poco Fuguet me hizo leer esta cita de Edward Said que se quedó conmigo: “With so many dissonances in my life I have learned actually to prefer being not quite right and out of place”. Porque pocas cosas tan disfrutables como sentirse fuera de lugar con otro. Ese que se queda cuando todo el mundo se va. Ese que dura más que el tiempo. 

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► [TRAILER] Algunos momentos de Drinking Buddies:

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► [ESCENA] Todo es cuestión de química:

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¡Buen miércoles, muchachada! Tres consignas para este día: 1. ¿Vieron Drinking Buddies? Los invito a dejar sus opiniones sobre ella 2.  ¿Qué otras películas sobre la amistad entre el hombre y la mujer (y sus difusos límites) podrían sumar al post de hoy? 3. Ahora nos ponemos personales y me gustaría saber si para ustedes es factible esa clase de amistad y si han tenido experiencias en las que todo se volvió confuso (cuenten, como siempre, hasta donde tengan ganas) y, de paso, si alguna vez construyeron un vínculo con alguien que logró conocerlos mejor que nadie; ¡como siempre, los leo! ¡buen miércoles para todos!

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