Lost in Her

Hoy en Cinescalas escribe: Camila Martínez

“Estamos acostados en la luna,
es una tarde perfecta,
Tu sombra me sigue todo el día,
asegurándose de que estoy bien,
y estamos a un millón de millas de distancia.”
“The Moon Song”Karen O

En el año 2003, la película Lost in Translation (conocida en estas orillas como Perdidos en Tokio) vio la luz. Escrita, producida, y dirigida por Sofía Coppola, contaba la historia de la fugaz relación idílicamente romántica entre Bob (Bill Murray), un actor de películas de acción venido a menos, y Charlotte (Scarlett Johansson), la recién graduada universitaria esposa de un reconocido fotógrafo de celebridades (Giovanni Ribisi), en un hotel en Tokio. Diez años más tarde, el ex marido de Coppola, el también director y guionista Spike Jonze, estrena Her, una dramática historia de amor futurista entre Theodore (el siempre brillante Joaquin Phoenix), un hombre solitario que aún no ha superado su ruptura de Catherine (Rooney Mara), y Samantha, un sistema operativo informático (voz de Johansson). Cuando ambas películas de similares estilos, plasmando las mismas ideas, presentando puntos en común innegablemente conectados desde lo cinematográfico hasta en la historia y algunos de sus personajes, provienen de las dos medias partes de un matrimonio fallido, es que a muchos amantes del cine y críticos les fue inevitable ir más allá de la mera conexión de ideas, y preguntarse: “¿Acaso es Her la respuesta a Lost in Translation?”

Acá les dejo la comparación entre ambas películas en algunos puntos (porque hay muchos más) para debatir:

EL PERSONAJE PRINCIPAL ES UN ESPEJO DEL DIRECTOR. En Lost in Translation, Charlotte es una joven recién graduada que se encuentra estancada en Tokio, mientras su marido John sale a realizar sesiones fotográficas con estrellas de rock y otras celebridades. A su vez, Charlotte se encuentra insegura sobre qué hacer con su vida profesionalmente. En 1999, Sofia Coppola estrena su primer largometraje, el mismo año que se casa con Spike Jonze, cuando tenía solo 28 años. Venía de trabajar ocasionalmente en producciones de modelaje, y había tenido varios papeles como actriz. Estos son motivos que nos hacen identificar fácilmente a Coppola en Charlotte. En cuanto al personaje de John, la propia Coppola declaró que aunque no intentó retratar a Jonze, sí hay elementos y experiencias de él allí. En Her, por otro lado, vemos a Theodore entablar una relación amorosa con un sistema operativo de nombre Samantha, mientras intenta lidiar con la separación de Catherine, su esposa por la que aun siente algo, y con quien está en pleno proceso de divorcio. A lo largo de la película vemos flashbacks de su matrimonio, los momentos felices y el posterior declive. Las imágenes se asemejan mucho a la pareja Coppola-Jonze, y hay un notorio parecido entre Catherine y Coppola, y entre Theodore y Jonze. Cuando Theodore se reúne con Catherine para firmar los papeles del divorcio, y le confiesa su relación con Samantha, ésta le critica ser incapaz de comprometerse con alguien que le demande una responsabilidad real. Es fácil imaginar a Charlotte teniendo una discusión similar con John.

UNA VENTANA, LA CIUDAD. Asimismo, basta ver las imágenes para que la similitud resulte innegable. Tanto cuando vemos a Charlotte como cuando vemos a Theodore asomarse de cara a la ciudad, nos llega la sensación de que ellos, en relación a esas ciudades, son minúsculos. Aun cuando Her se sitúa en una Los Ángeles futurista (pero no tanto), y Lost in Translation en la megaciudad de Tokio, y a pesar de la diferencia temporal de las dos historias, la ciudad que vemos cuando Charlotte se asoma a la ventana no dista de la que vemos en la ventada del apartamento de Theodore.

ESCENAS. Ambas películas presentan dos importantes escenas, con elementos en común. Primero, un encuentro incómodo con una prostituta: en Lost in Translation, alguien le envía a Bob una prostituta a su cuarto de hotel para que tuviera algo de diversión mientras no se encontrara trabajando, pero ellos parecen no entenderse en los niveles más básicos; en Her, Samantha contrata a una prostituta como cuerpo sustituto, a fin de poder consumar físicamente su relación con Theodore, y él intenta dar lo mejor de sí, proporcionándole un auricular para que pueda estar sincronizada con Samantha, pero cuando ella lo empieza a tocar y besar, él se pone incómodo hasta pedirle que pare, ya que no puede fingir que la prostituta sea Samantha. Por otra parte, tenemos la escenas donde están recostados en la cama. La primera escena de Lost in Translation es la de Charlotte yaciendo en la cama. Uno de los carriles por donde va la película se trata de la incapacidad de ambos de conciliar el sueño. Ninguno se siente lo suficientemente cómodo con su entorno en esa ciudad como para poder dormir. En varias escenas se los puede ver hablando en la cama, mirando la hora, y prendiendo la tele, pero no duermen; esta unión sirve de pie para el argumento de la película, y es un elemento recurrente en ella. En Her a Theodore su mente incesante no le permite dormir. Varias veces a lo largo de la película vemos que él utiliza esa incapacidad para dormir para unirse más a Samantha, ya que a menudo lo vemos utilizando ese momento del día, sentado en la cama, hablando con ella, abriéndose, y volviendo sus charlas más personales, que terminan conduciendo a que un día, una de esas charlas se convierta en una forma intensa de sexo “virtual”.

SENTIMIENTO DE SOLEDAD. Lost in Translation trata no solo de la soledad que sienten los dos principales personajes en una ciudad con la que les cuesta relacionarse por la diferencia de idioma, sino del sentimiento de incomodidad que les genera tener que permanecer forzosamente en un espacio al que les es imposible adaptarse, y en el que sienten que no encajan. En Her, la soledad es moneda corriente en la vida de Theodore. Mientras Bob y Charlotte se encuentran perdidos en Tokio, Theodore está perdido en su propio mundo, incapacitado de conectarse con alguien, y aun cuando Samantha llega a su vida, él continua solo, teniendo únicamente como vínculo cercano a Amy, su vecina, quien vive una realidad similar a la suya.

AMBOS PROTAGONISTAS SE SIENTEN ESTANCADOS. En Her, Theodore cree que nunca será capaz de sentir un amor como lo sintió por Catherine, que su vida ha llegado a un punto muerto y no va a ningún lado. Detenido en el pasado, pasa mucho tiempo negado a firmar los papeles de divorcio, y luego de entablar una relación con Samantha e involucrarse más con ella, se genera una sensación entre ambos de que su relación está en un callejón sin salida. Mientras Samantha nunca se estanca, siempre está buscando su crecimiento y evolución, Theodore al final ya no tiene nada que ofrecer, y ella decide seguir con su vida sin él; es recién allí cuando Theodore logra encauzar su propia vida. En una escena de Lost in Translation, mientras están acostados en la cama, Charlotte le dice a Bob: “Estoy estancada”. Luego de haber logrado un título en Filosofía de la Universidad de Yale, intentó algo de fotografía, trató de escribir, pero no sabe qué quiere hacer con su vida. Habiéndolo explicado en puntos anteriores, queda obvio que además Bob y Charlotte están literalmente detenidos en Tokio: Bob tiene que cumplir compromisos laborales, y Charlotte está ahí porque accedió a acompañar a John.

SCARLETT JOHANSSON. Evidentemente, esta, de todas las similitudes, resulta la más obvia: Scarlett Johansson protagoniza ambas películas. Habiendo interpretado a Charlotte en Lost in Translation, resultó sospechoso que Spike Jonze haya convocado a la misma actriz, y que ésto no tuviera ningún significado. Pero de hecho, poco después del lanzamiento de Her, se supo que Johansson no fue la primera opción para la voz de Samantha, sino que fue Samantha Morton, pero al no poseer la química necesaria para el papel, Jonze se inclinó por Johansson. ¿Fue esta una simple coincidencia?

Volviendo a nuestra pregunta, no sabemos a ciencia cierta si Her es una respuesta a Lost in Translation. Aunque si surgiera a partir de ella una repuesta, igual se asemejaría a una pedido de disculpas. Quizás estemos ante el alma desnuda de un artista, abriéndose y plasmando su propia realidad. Quizás sólo sean un conjunto importante de coincidencias, en excelentes películas, y transformado en mito popular. Personalmente, después de haber visto Lost in Translation, Her, y luego de volver a ver ambas, me inclino por la primera opción. Her comienza y culmina con Theodore tratando de escribir una carta, su carta. Y hacia el final, vemos cómo le escribe a Catherine, cómo le recita esas palabras en la ventana, como si con eso intentara llegar a la chica de la otra ventana: la ventana de Tokio.

Por Camila Martínez

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► [ANÁLISIS] Un interesante video que establece paralelismos entre Lost in Translation y Her:

Lost in Translation // Her: An Unloved Story from Jorge Luengo Ruiz on Vimeo.

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► [ESPECIAL 1] La soledad en el cine de Sofía Coppola:

 

Loneliness of Sofia Coppola from movement_of_time on Vimeo.

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► [ESPECIAL 2] Una mirada al cine de Spike Jonze:

 

Spike Jonze: The Aesthetics of Whimsy from Jacob T. Swinney on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODA LA MUCHACHADA! Estamos de regreso con esta gran nota de Camila; como consigna, los invitamos a elegir cuál de ambas películas comparadas es su favorita y si pueden sumar otras similitudes a las ya listadas por la autora de la nota; por otra parte, nosotros nos reencontramos mañana con una entrevista que realicé en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (finalmente vuelve la sección El cine bajo la mirada de…) a propósito del film The Automatic Hate y recuerden que el miércoles llega el tan esperado Post del Baboseo versión 2015; ¡que tengan todos un excelente lunes! ¡hasta mañana!

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES: 

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 La última vez escribió Sofía De Cucco sobre… FEDERICO FELLINI

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Inherent Vice: El eterno noir, el humo del cannabis y los endemoniados 70

Fuente: amazingcinematography.tumblr.com

Hoy en Cinescalas escribe: Victoria Leven

“Ella vino por el callejón y subió las escaleras traseras, como antes. Hacía un año que Doc no la veía. Que nadie la había visto. Por entonces iba siempre en sandalias, con la parte de abajo de un bikini estampado de flores y una camiseta desteñida de Country Joe & the Fish. Pero esa noche vestía de pies a cabeza como una chica de tierra adentro y llevaba el pelo mucho más corto de lo que él recordaba: la pinta que ella juraba, en el pasado, que nunca tendría. – ¿Eres tú, Shasta?” (Primer párrafo Inherent Vice / Thomas Pynchon – 2009)

Inherent Vice es el último film del magistral realizador Paul Thomas Anderson, que tuvo una fugaz presencia en la cartelera porteña, aunque espero que ocupe un digno espacio en nuestra memoria andersoniana. Por mi parte, aún permanezco felizmente atrapada en su psicodélica red de fotogramas, y en esa mirada desencantada sobre ese momento tan controvertido como idealizado: los años 70. Una de las peculiaridades del film es que el guión es una adaptación de la novela del autor postmoderno Thomas Pynchon, siendo la primera vez que una de sus obras literarias llega a la pantalla, ya que es ”la más viable de ser transpuesta” según los dichos del mismo Anderson, un amante confeso del escritor.

El realizador encontró en Inherent Vice intereses estéticos, temáticos y una percepción fuertemente visual de la realidad. Véase que para su adaptación hizo un trabajo de hormiga a la vieja usanza: página a página del libro llevó el universo literario al guión cinematográfico, y luego de obtener esa montaña de carillas guionadas de la obra, empezó a esculpir la versión final. La intención clara era que la película fuera realmente una pieza íntimamente relacionada con el libro y, por supuesto, con el “mundo Pynchon”. Resultado de oficio: impecable adaptación. Las capas de la trama se trazan desde el corazón del cine negro americano, ese género que conocimos de la mano de Humphrey Bogart en la duras calles nocturnas de los 50, y que ahora en este neo-noir que es Inherent Vice nos sitúa en la psicodélica y turbulenta década del 70, bajo el pleno sol ardiente de California.

Fuente: amazingcinematography.tumblr.com

Larry “Doc” Sportello, en la piel de Joaquin Phoenix, es el detective solitario y bien conectado con lo más variopinto y pútrido de la sociedad – FBI, Policía de Los Ángeles, hampa tradicional y demás – que en lugar de hundirse bajo el líquido ambarino del whisky, vive humeando marihuana y es adicto a una medusa rubia, la clásica femme fatale, ahora con look de bonita hippie, “Shasta Fay”, quien además es su ex novia. Así es que una noche la blonda se le aparece en el living de su casa, cual imagen alucinada, buscando desesperadamente su auxilio profesional. El punto del caso es que Doc debe dar con el paradero del actual amado de su ex, el afamado “Mickey” Wolfmann, un magnate del palo inmobiliario que podría ser víctima de un plan macabro en manos de su mujer (la legal) y el amante de la misma, que buscan embolsarse la cuantiosa fortuna de Mickey. El desarrollo de la trama policíaca se trae en manos un enmarañado contenido de información dramática casi indescifrable, pero que, fiel al género, deja entrever que todos están en alguna transgresión legal y/o moral: “todos saben algo de alguien, todos son adictos a algo: drogas, sexo, dinero, poder, y por qué no, trascendencia espiritual”. Los tips de la búsqueda están pincelados con unas peculiares notas de Doc en su libreta detectivesca: “estado de paranoia, sentimiento de culpa, esto no es una alucinación” y otras aclaraciones existenciales.

En el devenir de la historia hay una mixtura colorida de temas y personajes: hippies, chakras, astrología, ouijas, coachs espirituales, cannabis, heroína, ácido, neonazis, afroamericanos, indios, orientales, surfers, dentistas, prostitutas, médicos, magnates, y la lista sigue. Todos están juntos tras la gran fantasía de encontrar una realidad trascendente, o más aún, una verdad trascendental con sabor a peyote y tras un clan de falsos gurúes. En esta gran sátira social, el humor se vuelve una pieza clave para analizar las grandes creencias de la época, sus modas, sus banalidades y una locura entre naïf y decadente. Durante mi paseo cinematográfico en el interior de Inherent Vice, mi cabeza viajó directo a un claro recuerdo: la primera vez que vi The Big Sleep de Howard Hawks, pues en ambos films entendí menos de la mitad de lo que los personajes se dicen en los infinitos diálogos contrapuntísticos, decenas de palabras en las que van y vienen una maraña de datos absurdos acompañados de acciones cuasi delirantes. Pero eso que parecería negativo es, en esencia, el encanto de ambas películas, infinitamente lejanas a la lógica del policial de intriga.

Fuente: amazingcinematography.tumblr.com

“Estados Unidos es una madre adicta a la heroína, ¿y tú qué harías si tuvieras una madre adicta?” - (Inherent Vice / Tomas Pynchon)

Lo más importante yace en el subtexto, en el contexto del relato, en la eterna contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Por otro lado, los personajes mienten la mayor parte del tiempo, entonces, ¿para qué esforzarnos en creerles? BEWARE OF THE GOLDEN FANG!!! le dice Bambi, una prostituta oriental, a Doc en una escena del film. Nada sabemos sobre “The Golden Fang”, si es una banda de surf sax, un lugar lejano, un barco en el horizonte, un sindicato de dentistas o unos orientales traficantes de heroína. Los personajes y las cosas tienen tantas caras, son tantas cosas superpuestas que se revelan y luego se vuelven a revelar, para que nunca logremos llegar al fondo del hoyo del conejo de Alicia. Mientras tanto, nos acompaña una bella voz en off que entra y sale del film – elemento creado por Anderson por fuera de la novela -, que le pertenece a la joven cantante Joanna Newson, quien aquí juega el papel de íntima amiga de Doc. Esta pitonisa nos trae hilos de pensamientos, como acentos reflexivos, acercándonos aún más a las emociones de nuestro detective romántico-hippie. La magia de Inherent Vice está en el estado que genera, en su textura de evolución disgresiva, en el limbo narrativo, un mambo pesadillesco donde lo continuo y lo incompleto parecen tener la estructura de los sueños donde siempre el foco está en lo que sucede sin que opere nuestro control, donde todo puede ser cómico o trágico a la vez. Con una mirada de segundos planos, se pone el foco en la fotografía social, dejando ver una red vincular que pone bajo la lupa a esa mítica ciudad de las estrellas, con una siniestra marca al orillo, la del demoníaco estilo Charles Manson. Así, el ojo de Gran Hermano, ese Estado que observa cada una de las piezas del tablero, controla todo como un fantasma omnipresente. El film expone bajo la perspectiva postmoderna ese momento cultural extinto, y desnuda el quiebre en el que el ideal hippie cae en un punto alucinado y absurdo para terminar alimentándose del sistema, queriendo ser parte de él, lejos de toda salvación espiritual posible o certera. Por eso, el policial noir es inmanente a este universo de desencanto, desilusión y dilución.

El clima de la película, con olor a marihuana y transpiración acumulada, hace de marco de esta parodia, que ironiza las aspiraciones post-post Segunda Guerra Mundial, picando en paralelo con Nixon y Vietnam. “No es una esvástica, es un símbolo hindú que significa que todo lo bueno trae fortuna y bienestar” le dice el médico de un psiquiátrico a Doc en una escena de la película. Joaquin Phoenix, de lo más poco atractivo (en el buen sentido) en su rol de “Doc”, es la antítesis de la elegancia de Jack Nicholson en Chinatown, entre otras cosas por una severa falta de higiene personal. A él se suma su álter ego, “Big Foot”, el policía malo de L.A. o la versión de su sombra bizarra, que está encarnado de manera impecable por Josh Brolin. “No puedo perder la calma en un mundo tan absurdo” define, para mí, la forma de actuar de Doc, quien mientras se enciende un porro analiza los hechos del caso. Hay mucho humo de marihuana pero no hay alucinaciones como efecto post-fumada, ya que “no hace falta alucinar si el mundo ya es una alucinación absurda”. Pero más allá de esta arbitraria sociedad, siempre se puede ser romántico. La esencia clave de Sportello es su amor rescatista. Pues el amor salvador que él tiene por la fatal Shasta representa el fiel deseo de que no termine el sueño hippie – el sueño bueno – y que el mal sueño, ese en el que todo se ha convertido en la peor versión de sí mismo, no se haga realidad, aunque eso es absolutamente inevitable. Pero mi querido Doc, como buen detective de género, sostiene su peinado y su sueño hasta el final. Solo o acompañado. “Esperar que pasara alguna cosa, lo que fuera. Como que un canuto olvidado se materializase en su bolsillo. Como que los de la patrulla de carreteras se acercasen pero prefiriesen no incordiarle. Como que una rubia inquieta en un Stingray parase y se ofreciese a llevarle. Como que la niebla se disipase, y que, por esta vez, sin saber cómo, hubiera allí otra cosa” reza en la novela de Pynchon. ¿Finalmente el poder y el dinero pueden con todos los ideales? Suena ingenua mi pregunta, pero la respuesta que da el film no lo es en absoluto. Paul Thomas Anderson se hermana con la mirada de Thomas Pynchon para dejar a plena luz del Sol este desproporcionado, ambiguo y contradictorio universo humano. Todos quieren creer, nada hay para creer. No more dreams. La realidad es puro vicio.

Por Victoria Leven

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► [TRAILER] Algunas imágenes de Inherent Vice:

Inherent Vice - Trailer from Aspect on Vimeo.

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► [DE YAPA] Un imperdible estudio sobre el cine de Paul Thomas Anderson:

The Career of Paul Thomas Anderson in Five Shots from Kevin B. Lee on Vimeo.

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► [OTRA YAPA] Siete afiches alternativos de las películas de Paul Thomas Anderson en una misma galería:

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¡BUEN MARTES PARA TODA LA MUCHACHADA! En este nuevo post, dos consignas: 1. ¿Vieron Inherent Vice? ¿Qué opinión tienen del film? 2. Me gustaría que hiciéramos un ranking de menor a mayor de las películas de Paul Thomas Anderson y que nos explayemos sobre su filmografía; nos reencontramos mañana con un post sobre Into the Woods y las peores moralejas que ha dado el cine; ¡hasta entonces, muchachada, los leo!

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*ESTA SEMANA:

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*EL RECORDATORIO DE CADA LUNES:

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 La última vez escribieron Soledad Lamacchia, Ana Mancuso y Florencia Romeo sobre… MAD MEN

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Lo mejor del 2014: Los actores

Justamente en el post de ayer aludí a cómo en Deux jours, une nuit los hermanos Dardenne toman una problemática puntual – la crisis económica que azota a una mujer – para construir una parábola sobre la lucha del hombre contra sus propios demonios. En un registro totalmente antagónico, Dan Gilroy hace lo propio en su ópera prima Nightcrawler. Sí, el foco está puesto en quienes sondean escenas del crimen, las registran y las venden, pero el panorama que retrata es tan vasto como esa ciudad que se muestra deshabitada en los títulos de crédito, como si algo estuviera a punto de asaltarnos desde las sombras. En consecuencia, Lou Bloom (re)surge como un individuo que simplemente está aguardando una respuesta afirmativa para ingresar en un submundo x. La oportunidad lo es todo, los pormenores son indistintos. Luego de un primer rechazo donde se vislumbran sus principales rasgos a la hora de “venderse” (verborragia, frases de manual, persistencia, persuasión, conocimiento hondo del destinatario de esa propuesta), la luz verde se le enciende cuando un canal televisivo al borde del precipicio le compra uno de esos brutales registros. Nightcrawler es una película que se mueve emulando los pasos de su protagonista. Por lo tanto, la primera media hora maneja un ritmo aletargado, a la par de la conducta de Bloom de roer ese hueso que es su nuevo trabajo. En contraposición, y a medida que Lou va incorporando más herramientas (desde lo concreto como un nuevo auto y una nueva cámara hasta lo abstracto como esos consejos aprendidos de instructivos de Internet, tan vacíos como filosos), la película va volviéndose cada vez más impredecible. ¿Quién es Lou Bloom? ¿Cuál es su meta? ¿Cuál es la génesis de su avidez de triunfo? A Gilroy no le atrae responder ninguno de esos interrogantes ya que es imperativo que su protagonista no tenga pasado. Lou es una hoja en blanco cuyos gestos más peculiares oscilan entre atarse el pelo en un rodete hasta planchar la misma camisa mirando los noticieros y regar las plantas riendo histéricamente. En concordancia con esta vaguedad de información, sus monólogos son sentenciosos y calculados, pero siempre con el enigma bajo resguardo: “What if my problem wasn’t that I don’t understand people but that I don’t like them? What if I was the kind of person who was obliged to hurt you for this? I mean physically”. La violencia en Nightcrawler es siempre bidireccional: están las gráficas muertes que Lou capta con la cámara y están las frases que el propio Lou les escupe a su asistente, a su jefa y a cualquiera que se le interponga en el camino al progreso. Jake Gyllenhaal apenas se permite pestañear en la película – decisión acertada que se distancia de aquella que tomó para su personaje en Prisoners, donde Locki pestañeaba sin cesar – y es en esos detalles donde su interpretación es letal: Lou Bloom es un sociópata que nunca titubea. Así, todo lo que sale de su boca (“I’d like to think if you’re seeing me you’re having the worst day of your life”) resulta mucho más horroroso que cualquier material fílmico. Desde la fotografía de un siempre notable Robert Elswit hasta la música de James Newton Howard que se pone juguetona cuando Lou se comporta del mismo modo en los extraordinarios ping-pong verbales con el personaje de Rene Russo, Nightcrawler toma a esa figura noctámbula para contar, como el propio Gilroy lo ha expresado, la historia de un éxito. En relación a esto, Gyllenhaal se acerca a Bloom como si éste fuera un animal hambriento, con la mirada en constante estado de alerta, merodeando hasta encontrar el alimento. El film de Gilroy es escalofriante porque se atreve a poner en el centro a un exponente de self-made man que jamás genera empatía y que, por el contrario, nos hace mirar alrededor para detectar a esos seres igual de oportunistas a los que se les abren las puertas del hoy sin siquiera excavar en su ayer. 

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►[COMPILADO] Algunos momentos de Nightcrawler:

Nightcrawler's Laundry - A Fan Trailer from Joey Carter on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL AÑO:

► 1. LEONARDO DiCAPRIO en The Wolf of Wall Street

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► 2. OSCAR ISAAC en Inside Llewyn Davis

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► 3. JOAQUIN PHOENIX en Her

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► 4. MICHAEL FASSBENDER en Frank

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► 5. RALPH FIENNES en The Grand Budapest Hotel

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► *DE YAPA: Chris Pratt en Guardians of the Galaxy y The Lego Movie

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL 2014 mencionadas en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODA LA MUCHACHADA! Como adelantamos ayer, hoy armamos una galería con las mejores actuaciones masculinas del año; pueden explayarse sobre los actores que se destacaron en el 2014 en los comentarios; en este link pueden encontrar las elecciones del 2013; por otro lado, mañana al mediodía les dejaré un mensaje navideño, así que me guardo los saludos para dentro de unas horas; asimismo, nos reencontramos formalmente el lunes con un post sobre Frank y la mejor música que nos dejó el 2014; ¡como siempre, los leo! ¡que tengan un buen día!

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Her: Sólo una pantalla, un espejo…

Hoy en Cinescalas escribe: Julieta Montero

“Our love is plastic, we’ll break it to bits, I want to break free, but will they break me?”  - Arcade Fire

*Aclaración: este es el post que originalmente iba a salir publicado ayer; por primera vez, habrá dos notas de una misma película/estreno, ya que mi texto sobre Her saldrá publicado en un par de semanas; ahora los dejo con la visión de Juli…

Nunca una filmografía me resultó tan coherente en su temática y líneas de fuga como la de Spike Jonze. Su preocupación principal está en explorar los contactos, el significado de estar con otros, comunicarse, amarse, intercambiarse. En esta exploración, se vale de lo fantástico (un fantástico naturalista y sin explicaciones) como recurso que le permite indagar sobre los límites. Y así en Her, como antes en Being John Malcovich, Adaptation y Where the Wild Things Are, existe un mundo imaginado paralelo a la realidad, hacia donde se escapan todas las preguntas…

Esta vez, son el tiempo y el espacio las variables que construyen ese otro universo. La historia sucede en un futuro inmediato, sin grandes cambios pero con una asepsia, una corrección y una presencia de las tecnologías potenciada casi evolutivamente, como en un mundo igual pero más. Y si el tiempo es mañana, el lugar ya existe: Los Ángeles, esa ciudad con vista al cielo y llena de construcciones de futuro, como el Walt Disney Music Hall o el Pacific Desing Center de César Pelli. Una ciudad que, por su arquitectura enorme e inabarcable, obliga a sus habitantes a delegar en los nuevos medios digitales las posibilidades de contacto. De eso habla Her, de cómo estamos con otros en una sociedad crecientemente mediada por las tecnologías, de cómo es y será el amor si seguimos igual pero más.

La excusa es un tristísimo y solísimo Theodore/Joaquin Phoenix (¿existe Phoenix en otro estado, acaso?), que se enamora de su nuevo sistema operativo, Samantha/Scarlett Johansson. A partir de ese momento, y con Arcade Fire de fondo, la existencia de Theodore transcurre entre dos amores fantasmales: la esposa que ya no tiene y su Siri transmedia y supersimétrica, creada especialmente para él (“I know you´re living in my mind/It´s not the same as being alive”). Como suele suceder en los mundos de Jonze, el entorno asume este amor entre humano y máquina con total corrección política, incluso cuando empiezan a hacerse evidentes las distancias de cualidad y dimensión entre los mundos de uno y otro (“If telling the truth is not polite/ then I guess you´ll have to fight”). Es en esta dinámica donde encuentro preguntas que me persiguen desde hace tiempo y en la que vislumbro respuestas más pesimistas que nunca.

En su libro Hello Avatar, Beth Coleman plantea que aquellos que vivimos conectados a otros a través de nuestros dispositivos digitales, ya no habitamos en la realidad o en la virtualidad, sino que transitamos cada vez más en el medio, en una x-realidad donde tiene poca importancia cuándo el contacto es de carne o de espíritu. Ya no estamos solos, cargamos a nuestros amigos, amores y contactos en el celular, de tal modo que estar sentado en la computadora se transformó en un momento más social que individual. Lo bello de Her es que agrega a ese contexto una (y sólo una) variable novedosa: la inmaterialidad del otro. ¿Hay alguna diferencia si el que está del otro lado tiene existencia real? ¿O alcanza con compartir lo mundano y lo extraordinario, aunque el otro sea un conjunto  (aunque no predeterminado) de ceros y unos? Seguro hace un rato hubiera dicho que no, que no alcanza, pero ahora vivo la vida post-Her. Ahora, no sé: ese paseo por la playa, feliz de cara al sol, rodeado pero en la intimidad del otro, no parece menos feliz o menos paseo porque Samantha sólo sea una inteligencia artificial.

Seguramente, lo acepto, toda esta lectura tenga que ver con que trabajo en cuestiones vinculadas a la comunicación y las nuevas tecnologías. O con que muchos de mis vínculos laborales y sociales, incluidos aquellos con los cinescaleros, suceden en el espacio virtual y gracias a la creciente conectividad y ubicuidad de los medios. O con que hace dos meses que estoy enamorada del disco Reflektor de Arcade Fire, que en mi mente se hace las mismas preguntas que me plantea Her. Juntos, película y álbum, me sugieren una visión oscura de lo que se viene, especialmente en relación a qué significa estar juntos hoy, cuánto de alma o de reflejo hay en el intercambio sin cuerpo que sucede a través de las tecnologías y hasta dónde podemos llegar antes de cuestionarnos la neutralidad de este mundo que deviene a nuestro alrededor.

Por Julieta Montero

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 ► [ESPECIAL]: Un imperdible mini documental sobre Her:

  

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 ► [ESCENA]: “Falling in love is a crazy thing to do”:

  

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¡Buen martes para todos! Hoy, tres consignas: 1. ¿Vieron Her? ¿Qué opinión tienen de la película de Spike Jonze? 2. A raíz de la nota de Juli, me gustaría que compartan cuál es su relación con lo “virtual”, y cuánto espacio le dan en sus vidas3. Por último, es hora de hablar de Joaquin Phoenix y qué actuación de él les ha quedado más grabada; en breve sale mi análisis de Her, pero no quería dejar de felicitar a Juli por el suyo; ¡buen martes para todos y nos vemos mañana, por supuesto!

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—> La última vez escribió Tais Gadea Lara sobre… BLACKFISH

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Lo mejor del 2013: Los actores

Hay una escena en Enough Said en la cual Eva (Julia Louis-Dreyfus) y Albert (James Gandolfini) salen a cenar en lo que vendría a ser un modelo prototípico de primera cita. Lo que la hace diferente no sólo es  la dinámica que ellos mismos plantean sino la manera en la que deciden presentarse frente al otro: exponiendo sus defectos. Pero nunca con generalidades o con un discurso preparado para mostrarse más humano ante quien los está observando, sino a partir de especificidades. Es esa escena la que define la película, o aquella en la que se apoya Nicole Holofcener para esbozar cómo es el vínculo entre esos personajes y cómo esos pormenores del vínculo nunca van a traicionarse. Porque al tratarse de una película con una subtrama de enredos (y me refiero a subtrama, porque lo principal va por otro carril), para Holfocener podría haber resultado sencillo caer en el estereotipo de situaciones propias de ese microrrelato. Sin embargo, nunca lo hace. No lo hace porque su película está cimentada en la complicidad de dos divorciados que conectan desde lo primordial (el temor al nido vacío) y que se (re)conocen al desnudo (con los pies descalzos en el pasto, comiendo la cantidad de helado que gusten) porque todo aquello que podría resultar una molestia es anecdótico, o parte de esa conjunción de imperfecciones que los vuelve únicos. La naturalidad en los intercambios entre Eva y Albert están digitados por la risa (no es casual que la película concluya con un chiste de él y una carcajada de ella) y, al mismo tiempo, por el conmovedor modo en el que uno se entrega al otro, incluso asumiendo el temor que eso conlleva. “You broke my heart and I’m too old for that shit”. Con esa frase – y esa mirada taciturna – Gandolfini compone a uno de los mejores personajes de su carrera, un hombre que se muestra tal cual es porque sabe que del otro lado, en la vereda de enfrente, hay una mujer haciendo lo mismo.

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 ► [ESCENA] James Gandolfini en Enough Said:

Party Scene From "Enough Said" directed by Nicole Holofcener from The Playlist on Vimeo.

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*MENCIONES ESPECIALES PARA…

Jake Gyllenhaal (Prisoners)

Joaquin Phoenix (The Master)

Johan Heldenbergh (The Broken Circle Breakdown)  

Bradley Cooper (Silver Linings Playbook, The Place Beyond The Pines)

Leonardo DiCaprio (El gran Gatsby)

Sam Rockwell (The Way Way Back)

Alex Karpovsky (Supporting Characters)

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¡Hola muchachada! Ya saben cómo son estos jueves de balances y hoy le toca el turno a los actores: ¿Cuáles les parecieron las mejores actuaciones masculinas del 2013, ya sea protagónicas o secundarias? Espero sus comentarios así armo una galería con los aportes; ¡Que tengan un gran jueves! ¡Hasta mañana con otro viernes de finales!

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 ► [GALERÍA]: Sus actuaciones masculinas favoritas del año:

  

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Para ver cuáles fueron los mejores actores del 2012… HACER CLICK ACÁ

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JAMES GANDOLFINI (1961-2013)

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