Only Lovers Left Alive: El tiempo no para

Hoy en Cinescalas escribe: Natalia Paez

“…yo veo al futuro repetir el pasado, veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para, no para” - “El tiempo no para” (Bersuit Vergarabat)

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

El tiempo es tirano dicen, y a veces pienso cuánta razón hay en esa afirmación. Lo que hoy está, mañana puede no estarlo, y así tan preocupados como estamos (estoy, lo reconozco) en llegar a horario al trabajo, en tomar el subte diez minutos antes y no viajar parados; en trabajar y que pasen más rápido las horas para salir, para volver a casa y rebobinar el día hablando de lo que nos pasó e hicimos. En dormir, y nuevamente empezar el mismo preciso guion al otro día, como si nada. Repetir, barajar y volver a dar hasta que sea el momento final. El paso del tiempo es inexorable, de eso no hay ninguna duda. Ni siquiera es posible detenerse y apreciar el cambio del color de las hojas de los árboles, o cómo es que de pronto el cielo se torna plomizo, y el viento enfría nuestras caras y manos sin piedad, pero también como invitándonos al abrigo de ese abrazo que transmite, sin decirlo, cuánto te quiero. No hay tiempo de regodearnos en estas pequeñas contemplaciones. Sin embargo, podemos mirar las noticias desde el teléfono, o reírnos con un tuit o algún video gracioso en Facebook. Mirar para abajo se convirtió en el nuevo mirar hacia adelante. Quien nos viera de afuera pensaría que somos zombies, con la mirada perdida e inmersos en la automatización rutinaria de llegar del punto A al B.

Ese es el conflicto que ve Adam (Tom Hiddleston como un rockero de alma torturada) en Only Lovers left Alive, mientras observa a sus fans por la ventana de su casa en la destruida Detroit, en ese cuarto tapiado y atestado de discos de vinilo y guitarras clásicas, como la Hagstrom eléctrica de 1966 o la Silverstone acústica de principio de los sesenta. Adam no tiene tiempo de regodearse en la adulación de esos otros que no lo conocen, esos otros que le repugnan. Los zombies, les dice, esos que escuchan melodías pre-producidas y editadas en formato digital, despojando a la música de la contribución creadora y la sensibilidad del artista. Él así lo siente, y por eso se aísla hacia un ambiente lleno de reliquias, mientras toca su violín. Adam parece apreciar la reclusión más que a ninguna otra cosa en esta vida, aun a pesar de necesitar de Ian (Anton Yelchin) y sus servicios. Ah, y la sangre. Fundamentalmente, Adam necesita la sangre para seguir viviendo.

Adam es un vampiro, sí, pero fundamentalmente es un defensor acérrimo de todo aquello que la modernidad se llevó puesto en la carrera por eso que llaman progreso. Paradójicamente, Adam podría ser un espejo directo del director de la película, Jim Jarmusch, quien lucha desde hace años la pulseada contra el cine industrial. Aquel que, por caso, transfiguró  a los vampiros y los disfrazó de drama juvenil sólo apto para mayores de 13. Jarmursch, quien tardó siete años en conseguir la financiación para esta película, nunca se planteó reconvertirla en algo quizás más atractivo para los consumidores actuales, poco impresionables y acostumbrados a que la historia tenga un punto concreto al cual llegar. Por el contrario, y como él mismo lo explica, se demoró por no traicionar sus convicciones ni su estilo personalísimo (“The reason it took so long, is that no one wanted to give us the money. It took years to put it together. It’s getting more and more difficult for films that are a little unusual, or not predictable, or don’t satisfy people’s expectations of something. Boy, I wish I had an answer why it took so long. But we’re here now.”). Como Adam, Jarmusch no permite que el tiempo dicte la manera en que puede expresar sus deseos más profundos y plasmarlos en la pantalla. A diferencia del director, Adam tiene esa paradoja completamente acorralada: el tiempo no pasa para él, se detuvo y lo dejó joven y hermoso para siempre. Afortunadamente, tampoco lo dejo solo, porque donde hay un Adán no puede faltar una Eva. Luminosa, ecléctica, profunda Eva, vestida de luna y  absorbiendo el conocimiento en cada objeto y persona que encuentra a su alrededor. La primera vez que el lente de Jarmusch se posa sobre Eve (la gloriosa Tilda Swinton), uno no puede evitar deslumbrarse. No es hermosa, la belleza es un concepto que la excede completamente. Es sublime, se cuela por los poros y te atraviesa con su mirada felina y su melena blanca.

Eve, que vive en la ciudad de Tanger, en Marruecos, no tiene que sobrepasar el espacio personal de Adam para demostrarle su amor eterno, unido en matrimonio hace quién sabe cuánto tiempo atrás. Solo vuelve porque Adam se lo pide, mientras habla por videoconferencia. Contemplando parar su reloj, Adam prepara una bala de madera y la mete en la pistola que le consiguió Ian (Jarmusch explica que el mito original de Nosferatu habla de balas de madera para matar a los vampiros no de plata como se cree, y claro, él quiere seguir con la concepción tradicional de la historia) y con eso desata el viaje de vuelta de Eve, quien deja atrás a su mejor amigo Marlowe (John Hurt, en un papel alejadísimo del dictador que compuso en V de Venganza). En avión, con anteojos de sol, guantes y por la noche únicamente, con una valija llena solo con los tesoros más grandes de la historia moderna de la humanidad: libros, decenas de ellos (Don Quijote, Endgame, Infine Jest, entre otros títulos). Eve carga con la sabiduría zombie en sus manos al momento de rescatar a su amor.

Ese amor se consume con mayor pulso que si estuvieran vivos los dos. Amor animal, lúgubre. Velado por un juego de luces y sombras, pieles blanquísimas y una cuota del silencio más dulce, ese que lo dice todo cuando no hay lugar para los conceptos cerrados. El idilio que experimentan Adam y Eve no podría haber sido transmitido mejor por Hiddleston y Swinton, quienes parecen haber estado predestinados para representar a los amantes eternos. “Shall I tell you again about Einstein’s theory of spooky action at a distance?”, le susurra Adam a su Eve. Y uno ya podría morir feliz, porque ¿qué cosa vale más la pena que los susurros dulces después de enlazarse con otro en la intimidad más perfecta, y jurarle amor por siempre? Bailar, dice Eve, mientras escuchan a Denise Lasalle quien también está atrapada en esa cosa llamada amor. Sin embargo, a toda acción le corresponde una reacción, y la vuelta de Eve trae la aparición de Ava (Mia Wasikowska) su hermana más chica, que llega para trastocarlo todo. Para Adam, Ava representa la decadencia de su estirpe: descuidada, irresponsable, llena de deseos de experimentarlo todo. De hecho en la ceremonia que es para ellos tomar la sangre para seguir viviendo, Adam reprende a Ava y su impulsividad por tomar demás, y le advierte a Eve que las cosas no van a terminar de buena manera. No hay goce real en Ava, no se deja llevar tranquilamente por el éxtasis como sí lo hacen ellos dos, los amantes eternos, al compás de la música de  que los envuelve en un aura esotérica.

Es el propio Jarmusch quien musicaliza muchas partes de este relato, con canciones de su banda SQÜRL. El mérito, compartido con el compositor danés Jozef van Wissem (quien ganó el premio a la mejor banda de sonido por la película, en el festival de Cannes en 2013), es llevar a los oídos del espectador la atmosfera sensual y densa, perfumada y cautivante en que se mueven los personajes de Only Lovers Left Alive. Esto hace que la experiencia sensorial se dé por partida doble, como si uno pudiera alucinar con ellos, luego de tomar la sangre en copas de cristal. Renovando el rito de vivir un día más, pudiendo observar el paisaje sin necesidad de pensar cuándo se acaba.

Por Natalia Paez

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 ► [TRAILER]: Algunas imágenes de Only Lovers Left Alive:

  

Trailer - Only Lovers Left Alive from quadroporquadro on Vimeo.

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 ► [SOUNDTRACK]: Las canciones que suenan en la película de Jarmusch:

  Only Lovers Left Alive by Cinescalas on Grooveshark

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¡BUEN COMIENZO DE SEMANA! En este día, tres consignas propuestas por la autora de esta nota: 1. ¿Vieron Only Lovers Left Alive? ¿Qué opinión tienen de la película de Jarmusch? 2. ¿Recuerdan otros soundtracks que sean de la autoría del mismo director del film al que pertenecen? 3. Por último, ¿son proclives a hacer cualquier cosa por amor, como Adam y Eve? Yo pregunto: ¿Cómo son cuando se enamoran? Nati y yo aguardamos sus comentarios; ¡buen lunes para toda la muchachada, que les sea leve! ¡hasta mañana!

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—> La última vez escribió Tais Gadea Lara sobre… LO MEJOR DE NUESTRAS VIDAS

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[OFF TOPIC] Quería agradecerles tanto a Mili Barcala y Caro Torfano como a todos los que contribuyeron a mi entrevista para el documental de Cinescalas con sus preguntas; ya filmamos mi testimonio y en este post podrán ver fotos y videos alusivos; asimismo, nos queda una jornada doble de rodaje y en junio comienza el largo proceso de edición de la película; como siempre, los voy a ir manteniendo al tanto y, como siempre, gracias ;)

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Irse

“Me estoy yendo y vuelvo en partes para ver si acaso”

“Las imágenes están tan vaciadas que Jarmusch hace que notes cada pequeño y granuloso detalle. Y esos blackouts tienen el mismo efecto que las pausas de Samuel Beckett. Nos hacen mirar con mayor intención, así como Beckett nos hacía escuchar con mayor intención”. Eso dijo la crítica de cine Pauline Keal (ay, Pauline!) de Extraños en el paraíso. ¿Qué puedo agregar yo cuando ella lo dijo todo en una observación tan escueta como elocuente? Quizás que era el momento de escribir sobre esta película – después de que el post de Iván me la recordase -, película icono del cine independiente (sí), obra de culto (también) y pieza influyente (vean, por ejemplo, Bummer Summer de Zach Weintraub). Sin embargo, el post de hoy, además de tomarla como emblema de road trip sucio, desprolijo y hermoso, donde parece no pasar nada salvo que observemos bien de cerca (sumaría a Carver a la referencia literaria de Kael) y encontremos la poesía que Jarmusch siempre le inyecta a su cine, o que se convierte en poesía solo, como una suerte de oruga devenida en mariposa.

Pensando en hacer un post sobre viajes e historias de introspección, pasé por varias obras que podrían haber ilustrado este miércoles. Pensé en Badlands y pensé en Into the Wild, que en su momento nos había impulsado a discutir sobre films de volantazos y partidas. Pero me quedé con esta y con esa sensación de libertad que implica un cambio de rumbo brusco o un viaje de carretera como cualquier otro. En ambos siempre está la incertidumbre y la sensación de que algo nos está esperando. Algo espera ser redescubierto por nuestra mirada única. Porque, como escribe Benedetti en el poema que da título a este post, cuando la brújula decide el destino, ese destino nos aguarda: “Siempre habrá un sitio donde quiera con un montón de bienvenidas, todas te reconocen desde lejos y aprontan una fiesta tan discreta, sin cantos, sin fulgor, sin tamboriles, que solo vos sabrás que es para vos”.

¿Vieron Extraños en el paraíso? ¿Qué otras películas de viajes, aventuras y cambios de vida les resultaron inspiradoras? Si tuvieran que elegir un destino para su futuro…¿Cuál sería? ¡Comenten!

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The Poetry of War

Hoy en Cinescalas escribe: Iván Kazi

Desde su posición convenientemente alejada comienza a escrutar abúlicamente a la intemperie yaciente, desde su oscura esencia preeminente hasta sus fútiles pormenores geográficos. Levitando orgánicamente se inmiscuye en la tarde desfalleciente y en su andar despreocupadamente errante logra, finalmente, conciliarse con el sosiego. Advierte que, ahora, está invariablemente estática y que ganó, por primera vez en mucho tiempo, su periódica batalla contra el caudal intempestivo de la vorágine urbana. Se siente libre y desearía poder disfrutar íntegramente de la serenidad. Le gustaría, por una vez, no cuestionar al anhelado atisbo de felicidad.  Pero en sus atenuadas inquietudes intestinas, en sus inextricables rudimentos inconcientes sabe, oh sí que sabe, que su resguardo encaramado es frágil, que deberá, eventualmente, confrontar al amedrentante abismo de sordidez que impera de manera subcutánea…

Ghost Dog conoce, a duras penas, la realidad en la cual se desenvuelve. Grácil, recorre calles insípidas y logra, con una admirable capacidad para el sigilo, enlazarse con cualquiera que sea el asignado escenario circunstancial. Ghost Dog, otrora involucrado con grupos de dúctiles criterios morales, respira, vive y opera velando por la seguridad de su patrono; un mafioso ítalo-americano que salvó desinteresadamente al protagonista en una pelea matemáticamente injusta, siendo éste sólo un adolescente. El voluble curso de la eventualidad le da a Ghost Dog una segunda chance para vivir, pero éste decide someterse voluntariamente a los designios de su salvador. A partir de ese momento, acatará solícitamente sus comandos. Cualesquiera que fuesen, implicasen lo que implicasen. Así transcurre su vida, entre la perpetua condición de sicario genuflexo y el estudio sistemático de la filosofía oriental. Viéndose ambas disciplinas simbióticamente mixturadas en un indisociable vínculo de teoría-práctica.

Mirá una escena de Ghost Dog:

Jim Jarmusch, sabemos, es un director particular. Sus películas con frecuencia destilan elementos de su diferenciada cosmovisión. Es usual encontrarse con extensos primeros planos, escenas que juegan con la difusa línea entre el letargo improductivo y la introspección existencial. Secuencias enteras prescindiendo de los diálogos verbales, manejando con portentosa elegancia las tensiones implícitas en encuentros antagónicos y capturando con efectividad los acuerdos tácitos consecuentes de la incomodidad.

Jarmusch tiene, como quizá también Sofía Coppola, una deslumbrante sensibilidad para retratar pequeñas historias, con pequeños personajes y tramas para nada pretenciosas que incurren, directa o indirectamente, en realidades y atributos inherentes al ser humano. La soledad, la depresión, la mezquindad y la marginalidad. Ghost Dog no está exento de esta sucesión de estados anímicos y, de hecho, quizá sea simplemente eso; una aleación impertérrita del ser humano marginal.

Por Iván Kazi

¿Vieron Ghost Dog? ¿Qué opinan del cine de Jarmusch? (tratenlo bien, es amigo de la casa) ¡Buen feriado!

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