The Hunger Games – Mockingjay (Parte II): La dialéctica de Panem

Hoy en Cinescalas escribe: Verónica Stewart

El Escuadrón Estrella se reúne en uno de los tantos edificios destruidos del Capitolio. La guerra civil de Panem ha llegado al frío corazón del país, y Katniss y demás ganadores de los anteriormente practicados Juegos del Hambre se detienen ahora a planear su próximo ataque. Boggs, el comandante del escuadrón, les muestra un holograma que indica en qué calles hay trampas, a la vuelta de qué esquina se esconden los explosivos. Finnick Odair mira a Katniss. “Damas y caballeros”, dice “bienvenidos a los 76º Juegos del Hambre”. Recapitulemos: la trilogía de ciencia ficción de The Hunger Games, cuya última entrega se encuentra ahora en cines, tiene a Katniss Everdeen como protagonista y a Panem, un país ubicado donde Norte América estuvo una vez, como contexto. La primera parte de esta historia nos da un panorama del país y de sus Juegos del Hambre, una salvaje competencia televisada y organizada por el Capitolio para mantener a los distritos bajo control. Catching Fire, su secuela, nos revela a una Katniss Everdeen que, tras haber ganado los Juegos y teniendo que competir de nuevo en ellos, se dispone a encender la chispa de la revolución que ya viene gestándose desde hace rato. Finalmente, ambas partes de Mockingjay encuentran a Katniss a salvo en el Distrito 13 con su presidente Alma Coin quien, junto al pasado organizador de los Juegos Plutarch Hevensbee, se encargan de hacer de ella la cara mediatizada de la revolución.

La segunda parte de Mockingjay es ampliamente superior a la primera. La división entre ambas películas está hecha en el momento en el que Peeta, quien ha sido secuestrado – lo cual significa que el Capitolio ha logrado lavarle la cabeza hasta el punto de convertirlo en su sumiso servidor –, es recuperado por los integrantes del Distrito 13. La última escena de esta primera entrega es profundamente dolorosa: Peeta despierta queriendo atacar a Katniss, detestándola con cada fibra de su ser. Para quienes han leído el libro o incluso visto las películas, es innegable que la verdadera acción ocurre luego de este hecho, cuando la guerra civil llega a escalas terribles y tortuosas. El ritmo de esta última entrega es impecable: la escena de una cierta ejecución que queda a cargo de Katniss sobre el final de la película logra crear una tensión punzante entre el silencio de la sala, mientras que las varias batallas que se desatan en el Capitolio aturden a todo espectador que se siente envuelto en medio de esta guerra. La última parte de Mockingjay tiene muchos aciertos, entre ellos el hecho de ilustrar tan bien (y sin minimizar) el trauma del que sufre Katniss al terminar la batalla. Pero lo más importante de esta película es que nos ofrece algo que ninguna puede darnos: perspectiva. Al conocer el desenlace de esta historia, se vuelve más sencillo juzgarla de principio a fin, y el panorama completo de la historia de Katniss nos remite nada más ni nada menos que al esquema dialéctico del filósofo alemán Hegel.

Recapitulemos nuevamente: la dialéctica identifica tres grandes momentos en su esquema. El primero, el de la tesis, es aquel en el que se presenta determinada concepción del mundo, mientras que el segundo, la antítesis, expone sus problemas y contradicciones y propone una visión opuesta. Finalmente, la síntesis surge de una nueva comprensión del problema gracias a la implementación de elementos que se encuentran tanto en la tesis como en la antítesis; es decir, presenta una suerte de mezcla entre ambas. El principal motivo por el cual este esquema es tan utilizado para explicar procesos históricos es, sospecho, que somos criaturas propensas a la repetición. Se puede aplicar a momentos políticos y económicos tan diversos e incluso apartados en el tiempo justamente porque la política y la economía tienden a operar bajo los mismos mecanismos, una y otra vez. Una fuerza política sube al poder, en las elecciones siguientes se vota a quien más se le oponga y luego se opta por buscar un punto medio hasta que vuelva a comenzar el ciclo. Tan visionario fue Hegel en su concepción de la dialéctica que incluso se puede aplicar a una trilogía distópica como la de The Hunger Games.

Primera parte: la tesis. The Hunger Games nos da a conocer la concepción que se tiene del mundo desde el microcosmos que es Panem, el trato que reciben los más pobres distritos y los Juegos del Hambre, aquel sádico evento que representa el más estrecho vínculo entre ambas partes. Katniss, a pesar de encontrarle una vuelta a las reglas al final, participa en ellos. El pueblo todo todavía se encuentra sometido. Segunda parte: la antítesis. Catching Fire nos presenta a una Katniss mucho más segura de sí misma y determinada a acabar con la tiranía de los juegos. Toda la película se ve atravesada por pequeños actos de rebeldía, desde el vestido que se enciende en llamas en el programa de Ceasar Flickerman hasta la destrucción del domo virtual que hacía de los juegos lo que eran. Katniss literalmente destruye a aquello que más sometía al pueblo. Empieza la revolución.

Es en la tercera parte, en la de la síntesis, donde entra Mockingjay y donde más interesante se vuelve el asunto. Y es que a simple vista esta parte no es más que una agudización de la segunda, la más profunda antítesis ante la tesis propuesta por el Capitolio. Sin embargo, pronto comenzamos a observar cuántas de las actitudes de Coin y Hevensbee se asemejan a las del Capitolio. La televización de la batalla se vuelve crucial, y no quieren que Katniss, su tan adorado y explotando sinsajo, de pelea si no hay una cámara frente a la cual pueda jactarse luego. Lo que importa es lo mismo tanto en la revolución como en los mismos Juegos del Hambre: la estrategia mediática llevada a cabo debe ser perfecta, y el arma más grande no son ni las flechas ni las bombas, sino las imágenes en los televisores. Gale mismo dice que si tiene que morir gente inocente para que ellos puedan vencer a un distrito que sigue aliado el Capitolio, que así sea – inevitablemente, esto nos remite a la cantidad de inocentes que mató el Capitolio en su lucha por el poder. Aun manteniendo algo del espíritu revolucionario que prima en Catching Fire, en Mockingjay observamos con temor y un poco de asco cuán similares son todas las estrategias políticas, sin importar a quiénes favorecen ni qué fines cumplen. Coin es veloz para declararse presidente interina, en un proceso que nada tiene de más democrático que el del presidente Snow perpetúandose eternamente en el poder.

Es precisamente por esto que The Hunger Games se despide siendo una de las mejores sagas distópicas de los últimos tiempos. Teoriza, quizás sin quererlo, sobre los medios, la guerra, el trauma que ésta genera e incluso la política. Su mayor fuerza no descansa entonces en su historia de amor o en la valentía y vulnerabilidad que tan bien conviven dentro de su protagonista, sino más bien en cómo logra retratar el funcionamiento político y mediático todo a través de una sola historia de un solo lugar.

Por Verónica Stewart

■  Al texto escrito por mí sobre The Hunger Games lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Verónica Stewart sobre Catching Fire lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Natalia Paez sobre The Hunger Games – Mockingjay (Parte I) lo pueden encontrar acá

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[TRAILER] Algunas imágenes de Mockingjay – Part 2:

Mockingjay Part 2 Trailer from C M on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Arrancamos una nueva semana del blog hablando sobre el cierre de The Hunger Games: 1. ¿Qué les pareció la saga en general y su conclusión en particular? 2. ¿Qué otras sagas resisten un análisis filosófico como el que propone Vero? 3. Por último, ¿son de leer sagas? ¿cuáles son sus favoritas? ; nos reencontramos mañana con un post sobre Grandma; ¡hasta entonces, muchachada! ¡que tengan un excelente día! PD. No se olviden del Concurso Oscars 2016, tienen tiempo hasta el domingo próximo para dejar sus predicciones; ¡buena suerte para todos!

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—> La última vez escribió Victoria Leven sobre… MIA MADRE y EL CINE DE NANNI MORETTI

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The Hunger Games – Mockingjay (Parte I): Cerca de la revolución

Hoy en Cinescalas escribe: Natalia Paez

“And the scars that mark my body, they’re silver and gold,
my blood is a flood of rubies, precious stones,
it keeps my veins hot, the fire’s found a home in me”  - Lorde (“Yellow Flicker Beat”)

*Atención: Se revelan detalles del argumento del libro y la película

Cuando pienso en trilogías del género Young Adult (o jóvenes adultos, vaya oxímoron), se me vienen a la mente los romances imposibles y sufridos propios de la adolescencia, y ese sentimiento entre angustioso y desmedido del amor para siempre que solo puede provocar la fuerza de lo que aparece como inalcanzable, casi intocable. Pienso en Edward y Bella, y ese triángulo amoroso conformado con Jacob; son “hielo y fuego”, como se escucha pensar a la heroína de Stephanie Mayer en la trilogía Crepúsculo. También evoco a  Hermione y Ron, y en cómo se juega con la idea de un triángulo en Las Reliquias de la Muerte de la serie Harry Potter, cuando en medio de una alucinación causada por portar un Horrorcrux, Ron ve a su mejor amigo y a la chica de la que se enamoró besarse apasionadamente y reírse de él. Sin embargo, nada de todo este tropo aparece como prominente en la historia de Katniss Everdeen (una magnifica Jennifer Lawrence), la “chica en llamas” de la trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins. Si hay algo que resalta en Katniss es la admiración que despiertan sus acciones heroicas y sus luchas, porque en su mundo, el universo ficticio de Panem (un guiño al dogma romano “Panem et circense”, es decir, pan y circo), no hay lugar para los sentimientos desmedidos. En su mundo sólo se vale sobrevivir, y como ella misma le dice a Gale Hawthorne (Liam Hemsworth) desde que fue seleccionada para participar en esa batalla hasta la muerte que son los Juegos del Hambre anuales, ella sólo tiene tiempo para una clase de sentimiento: el miedo. Y ese temor es tan palpable durante la apertura de Mockingjay Parte 1 (o Sinsajo, según su traducción al español), que uno no puede evitar relacionarse con todo el trauma que enfrenta Katniss tras despertarse en ese bunker subterráneo  que es el secreto Distrito 13. Desorientada, con la respiración agitada, preguntándose todo el tiempo quién es, de dónde viene y por qué está ahí en ese momento, Katniss se enfrenta con un sentimiento que es aún más profundo que el amor: el trauma de la pérdida, la falta total y absoluta de control sobre su destino, pero sobre todo, sobre el destino de los que más ama, su hermana Prim, su madre y Peeta Melark (Josh Hutcherson). 

Si hay algo que me produjo la adaptación de Francis Lawrence sobre esta primera parte del libro de Collins es una opresión similar a la que experimenta la “chica en llamas” cuando mira por televisión los mensajes de tono propagandístico que protagoniza su pareja ficcional Peeta, quien al final de los juegos anteriores es capturado como prisionero por el Capitolio, ese gobierno autoritario que domina a los demás distritos a fuerza de miedo y terror. Esos dos sentimientos son una constante cuando Katniss finalmente comprende que el Presidente Snow (Donald Sutherland) no está jugando, y que va por todo y por todos con tal de apagar el fuego del Sinsajo y su rebelión. No le tiembla el pulso para incinerar vivos a niños, mujeres e indefensos del Distrito 12 (el hogar de Katniss) cuya única culpa es querer vivir un poco mejor. No se detiene ante nada, ni siquiera la tortura física y emocional de Peeta y de todos los demás vencedores capturados en los juegos anteriores para manipular a Katniss y a los demás rebeldes del Distrito 13, incluidos el ex Creador de los Juegos Plutarch Heavensbee (el talentoso Philip Seymour Hoffman, en uno de sus últimos roles en la pantalla grande) y la presidenta de los rebeldes, Alma Coin (Julianne Moore). Snow le demuestra a Katniss a cada paso, que en la guerra como en el amor, todo se vale. Incluso usar como arma letal al sentimiento más sagrado de todos. Mockingjay es un retrato crudo que, aunque ficcional, se parece demasiado a los conflictos que miramos por televisión. Es un relato de una guerra civil digitada por un gobierno ambicioso y corrupto, que se maneja en la opulencia y la negación total de las diferencias de clase, mientras vive de las riquezas que los oprimidos le producen. Pero aun cuando la noche es más oscura, hay una pequeña luz de esperanza que se vislumbra a través del velo del trauma de Katniss y los suyos.

Con sus miserias a cuestas y sabiéndose por siempre quebrada en su integridad como persona, Katniss acepta ser el símbolo de la rebelión de Alma Coin y Plutarch, no sin antes imponer sus propias condiciones. Para los lectores del libro, es en este crucial momento que comienzan los cambios que necesariamente sufren estas adaptaciones cuando son trasladadas a la pantalla grande. La Katniss del libro exige no sólo el rescate e indulto de todos los vencedores, sino también lo que será el motor del fin del relato: Katniss quiere matar ella misma al presidente Snow. En la película, esta exigencia brilla por su ausencia, con lo que se entiende que el objetivo del director era estructurar esta primera parte alrededor del rescate de Peeta. Cómo encajaran las piezas en la segunda y última película de esta saga es otra historia. Lo cierto es que por cuestiones económicas y marketineras (que comenzaron a regir las reglas de este género cuando Warner Bros. decidió cortar en dos el final de la saga Harry Potter en 2011), Mockingjay-la película está dividida en dos partes, con Suzanne Collins recibiendo por primera vez un crédito fílmico por su trabajo en la adaptación del guion cinematográfico de su propia obra. Resulta sencillo entender por qué, entonces, el corte en esta primera parte de la saga se da de forma orgánica, casi como si hubiera estado escrita así desde un comienzo. A diferencia de otras obras del género Young Adult, la historia del paso del Sinsajo de provocación a revolución social completa aparece a los ojos del espectador como un viaje sin demasiados cortes abruptos. En esta última parte, Katniss se da cuenta que su intención de salvar a Prim y ofrecerse como tributo en un principio, bien puede ser lo último que hizo por cuenta propia. A partir de su paso a escena, todo su camino fue digitado por aquellos que desde las sombras la observaron, y percibieron su potencial de liderazgo. Katniss se da cuenta que la cultivaron para ocupar el lugar central en esta rebelión televisiva, que de ficción no tiene nada… y lo tiene todo.

“Are you, are you
coming to the tree?
Where I told you to run,
so we’d both be free”

Uno de los mayores logros del equipo de marketing de Lionsgate (estudio al frente de la trilogía) fue llevar el estilo propagandístico del gobierno del Capitolio a la calle, y con eso, incrementar la ansiedad de los fanáticos. Los “tributos” (como se denomina a los lectores de los libros de Collins en el fandom de Los Juegos del Hambre) sabíamos qué encontraríamos, sin embargo, aquellos “hungers” (o no lectores) seguramente se sorprendieron ante la abundancia de carteles en fondos rojos y letras negras, videos o “propos” con mensajes de Sutherland como Snow junto con Peeta y Johanna Mason (Jena Malone, quien no juega un rol central en esta primera parte) a su lado. Inclusive se vieron gráficas en la vía publica con mensajes de corte goebbeliano, intervenidos con consignas contra hegemónicas de estilo guerrilla, el código que manejan los rebeldes del Distrito 13. De hecho, una de las mejores incorporaciones de esta primera parte es la de la documentalista Cressida (Natalie Dormer) y sus camarógrafos Castor (Wes Chatam) y Pollux (Elden Henson). Comisionados por Heavensbee para seguir a Katniss y capturarla “en acción” y con eso armar las “propos” (bajo la consigna de “The Mockingjay Lives” o “El Sinsajo vive”), es el estilo testimonial de Cressida el que nos regala el momento en que Katniss se muestra vulnerable y no combativa ante las cámaras, entonando lo que luego será el mantra de la rebelión: “The Hanging Tree” (literalmente, “el árbol colgante”). Ninguna otra actriz más que Jennifer Lawrence podría haberle dado la mezcla de tristeza y esperanza que genera escuchar esta canción (que fue acondicionada para la película por el grupo folk rock norteamericano The Lumineers) por primera vez después de haberla leído. Que actualmente la canción ocupe uno de los primeros puestos en el ranking Top 40 de la revista Billboard solo demuestra la credibilidad y el talento con que Lawrence llevó adelante el desafío.

Mockingjay Parte 1 es una interesante vuelta de tuerca al género Young Adult en sus adaptaciones al cine. No solo porque el conflicto mayor no gira en torno a si Katniss se queda con Gale o Peeta, sino porque propone algo aún más revolucionario: muestra a una Katniss que no es la “dama en apuros”; no es alguien a quien hay que salvar. Es ella misma la heroína y la encargada de rescatar a Peeta de los malos. Josh Hutcherson, por su parte, compone un personaje caracterizado no por su fuerza ni su coraje, rasgos propios del héroe masculino tipo, sino por la suavidad y la emoción a flor de piel, marcas que antes solo se mostraban como características de los roles femeninos. Peeta es un panadero, y sus fortalezas en el juego son el camuflaje y las relaciones interpersonales. Katniss es una experta del arco y flecha, sus fuertes son la cacería y la valentía, y se maneja mejor sola que jugando en equipo. Son estos roles invertidos, si se quiere, los que sostienen un relato trazado sin los condimentos típicos de estas historias.

La idea que mantiene viva esta saga es el amor, sí, pero no un amor adolescente desgarrador y casi irracional, protagonizado por la “dama en apuros” y el “caballero valeroso”. Es el amor fraternal que lleva a Katniss a ofrecer su propia vida a cambio de la de su hermana menor lo que desata la fuerza del cambio en los ciudadanos de Panem. El motor es la búsqueda de lo inalcanzable, sí, pero no relativo a la pareja sino respecto a la sociedad y a los lazos invisibles que mantienen el status quo en el que vivimos todos los días. Mockingjay Parte 1 es el principio del fin de la partida de dominó que una Katniss casi niña inició en los primeros juegos. Un paso en falso puede perjudicar toda la caída de las fichas, y sin embargo, el riesgo que conlleva corromper esa inercia vale todo el peso de la opresión que Katniss Everdeen carga en sus hombros desde que Effie Trinket (Elizabeth Banks) gritó su nombre en la ceremonia de selección en el Distrito 12. Desde que la leyenda de la “chica en llamas” se transformó en el germen de la revolución, tanto en la ficción como en la realidad.

Por Natalia Paez

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[TRAILER] El adelanto del comienzo del fin de The Hunger Games:

'The Hunger Games: Mockingjay - Part 1' Trailer from Trailer Rejects on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Tenemos varias consignas para el post de hoy. Nati les hace las siguientes preguntas:  1. ¿Vieron Mockingjay Parte 1? ¿Qué les pareció?  2. Si lo leyeron, ¿piensan que le hace justicia al libro de Collins?3. ¿Qué opinan de la inversión de roles entre Katniss y Peeta en esta trilogía? 4. ¿Son fanáticos del género Young Adult? ¿Qué otros libros y/o adaptaciones cinematográficas del género recomiendan? Por otro lado, yo pregunto: 5. ¿Cuáles megaproducciones de Hollywood de este año les parecieron las más logradas? ¡Los leemos muchachada, hasta mañana! ¡Que tengan un gran comienzo de semana!

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—> La última vez escribió Craig Kennedy sobre… LA CARRERA HACIA EL OSCAR 2015

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X-Men: Days of Future Past – Salven a los mutantes

Hoy en Cinescalas escribe: Ezequiel Saul

En un mundo oscuro, un grupo de mutantes espera escondido. De repente, unos robots gigantes irrumpen en ese escondite, ellos pelean, ofrecen resistencia, pero es inútil: los robots los matan sin compasión. Para los mutantes, como dirían Los Redondos, el futuro llegó hace rato. Estos robots son los centinelas creados por el doctor Bolivar Trask y su función principal es la de exterminar a los mutantes considerados como una amenaza. Y si digo “función principal” es porque también tienen otra: detectan qué humanos van a tener hijos mutantes para luego aniquilarlos. En el futuro, los mutantes no son héroes, son simplemente sobrevivientes. Ante tanta desolación hay una opción, mandar a Wolverine al pasado, el único que puede soportar el viaje gracias a su poder de curación y evitar que el hecho que desata ese futuro negro ocurra. Él no sólo va a salvar a los mutantes que queden vivos, sino que, si logra tener éxito, va a evitar otras muertes innecesarias.

Así empieza X-Men: Days of Future Past. Es decir: empieza con todo. Y si queremos, podemos comparar la tarea de Wolverine con la tarea que tiene Bryan Singer, que es precisamente la de salvar a los mutantes. En X-Men: the Last Stand (la tercera parte de la saga), la mayoría de los personajes principales perdían sus poderes o directamente morían. Es por eso que la película que la sucedió fue First Class, una precuela, el único film de toda la saga mutante que es imprescindible para entender la entrega actual. Ante tanto éxito de películas de superhéroes, había que traer de vuelta a los X-Men originales, reiniciar la saga, barajar y dar de nuevo. Como escribí previamente, con el recurso del viaje en el tiempo, Bryan Singer va a intentar hacer lo mismo que Wolverine: evitar que los mutantes mueran y, de paso, reescribir su historia. 

No voy a comparar a la película con el cómic, no me parece justo ya que implicaría dejar afuera a todos los que no lo leyeron y pensar que la película fue hecha exclusivamente para quienes sí están familiarizados con él. Lo que sí voy a decir es que la película es muy buena, tiene muchos aciertos y los errores son mínimos. Cuenta con escenas de acción realmente espectaculares, grandes secuencias de tensión dramática, acertados instantes de comicidad (todo momento en que Quiksilver está en pantalla es genial) y los personajes principales están perfectamente construidos. Es esto, paradójicamente, lo que nos lleva al principal error, que es la vasta cantidad de protagonistas. Son demasiados personajes, y así es cómo los secundarios se vuelven chatos, poco interesantes y nos dejan con ganas de más. Tal es el caso del personaje de Peter Dinklage, Bolivar Trask y el de Jennifer Lawrence, Mystique. Por otro lado, quiero destacar que el principal acierto del film está en el guión. Acá no hay blancos y negros en la historia, la misma está repleta de grises. Los dos bandos de mutantes se unen para evitar el futuro apocalíptico, pero la forma en que quieren hacerlo no podría ser más distinta y ahí reside el aspecto más álgido de la película: correrse del lugar común, permitirse ser más profumda, más reflexiva. En síntesis: más adulta. Porque así como Wolverine viaja al pasado para salvar a los mutantes y contagiarles su poder de curación, esta nueva entrega de la saga logra recuperarse de las heridas de películas pasadas y nos hace vislumbrar que podemos tener X-Men para rato.

Por Ezequiel Saul

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► [TRAILER] Algunos momentos de X-Men: Days of Future Past:

X-MEN: DAYS OF FUTURE PAST - PRIMER TRAILER from HollywoodlanD on Vimeo.

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► [ENTREVISTA] Una divertida charla, en el marco de Comic Con, con James McAvoy, Patrick Stewart, Sir Ian McKellen y Michael Fassbender:

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¡BUEN COMIENZO DE SEMANA PARA TODA LA MUCHACHADA! En esta nueva semana del blog, tres consignas: 1. ¿Vieron X-Men: Days of Future Past? ¿Qué opinión tienen sobre la película de Bryan Singer? 2. Me gustaría que mencionen sus superhéroes favoritos (y películas superheroicas favoritas también) 3. Por último, ¿han leído cómics o no les interesan demasiado? Como siempre, espero sus comentarios y nos reencontramos mañana; ¡que tengan un gran lunes!

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—> La última vez escribió Jessica Taranto sobre… MALEFICENT

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American Hustle: La quimera del oro

Hoy en Cinescalas escribe: João Rodrigues da Silva

Hay una canción popular en mi casa que es importante explicar antes de decir algo acerca de American Hustle. En los 70, el cantante Raul Seixas lanzó un tema llamado “Ouro de Tolo” o bien “Oro de tonto”, por así decir. El tema en sí es muy bueno, y habla de un hombre que logró todo lo que quería, pero que sin embargo ingresó en una profunda decepción, no entendiendo bien todo lo que le pasó. Muchas veces cuando en la vida encontramos nuestros oros de tontos, y la sensación de “solo eso” o “esperé tanto para eso” es tan visible que casi se entra en el llanto o la decepción. Este año, como casi todos los años, nos llegan películas de puro oro y otras que son literalmente oro de tonto. Una que sin dudas genera ese debate es la nueva película de David O. Russell.

Cuando empezó el boom de la película con las críticas positivas en los Estados Unidos y al mismo tiempo el avance en determinadas premiaciones como el Globo de Oro y las indicaciones al Oscar me dejaran muy feliz. Así como la mayoría de todos acá, quedarán enamorados con la última película del director, y podrán compartir con amigos por qué sienten una identificación tan pura con la película que muchas veces generó que piensen: “¿David hizo eso pensando en mí?”. Para su flamante film, el realizador repite el mismo equipo que fue victorioso en su largometraje anterior, como el caso de Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, pero al mismo tiempo convoca a dos grandes presentes en The Fighter: Amy Adams y Christian Bale. De ahí se inicia el “despertar”, cuando una avalancha de críticas mostraban a espectadores desilusionados con el film. Sé que quizás las expectativas se han convertido en una especie de monstruo en el cine actual. Me acuerdo de casos personales en los cuales tenía una expectativa gigantesca que se convirtió en oros de tontos. Buscando a Nemo, El Laberinto de Fauno, Let the Right One In, entre otros ejemplos. Sin embargo, al mismo tiempo, es bueno tener expectativas porque muchas veces son esos tipos de sentimientos los que hacen que el cine sea más rico. Una cosa es bien segura: cuando tienes un director o un actor en particular que siempre generan una confianza tan grande que sabés que vas estar delante de una buena película o quizás al revés, cuando ves una productora (en mi caso, con Millennium) o con un actor/director malísimo y se ve que pasa lo esperado. En el caso de American Hustle, hay que analizar por partes.

Uno de los mayores errores que he visto cuando se habla de la película es la inferencia casi sin sentido de que Russell quiere ser Martin Scorsese. Por la estética de los años 70 y la trama de estafadores para muchos y (de una manera muy errónea) recuerdan la estética de las películas del director de Goodfellas. Sin duda hay referencias, pero sin intento de hacer una película como las de Scorsese. En realidad, ya en la primera escena, en la relación de sus personajes principales teníamos una invitación que estábamos listos para mirar una película de David O. Russell y no de otro realizador. Viendo con mucho más cuidado, es interesante e imposible no involucrarse con el destino de Sydney (Amy Adams) e Irving (Christian Bale), dos personas que siempre tuvieron dificultades en sus vidas pero que cuando se encuentran por una casualidad, una sonrisa, un cariño de los dos… ambos con sus vulnerabilidades, conforman un vínculo tan verdadero que la única cosa que se desea es la felicidad de ambos. La vida de los dos cambia cuando un agente del FBI, Richie DiMaso (Bradley Cooper), los obliga a hacer una estafa para capturar la atención de un político posiblemente corrupto, Carmine Polito (Jeremy Renner).

Existe un conjunto de puntos claves para entender por qué esta película es una genialidad. La primera es la construcción de los personajes. Russell se preocupa desde el inicio de la película hasta el final que sus principales actores fluyan en sus roles y la prueba son las escenas de Jennifer Lawrence en la película. Hay secuencias en las que uno hasta siente el cambio en el tono de voz, demostrando así sentimientos muy encontrados todo el tiempo. El segundo punto reside en la química entre sus actores. Todos se encuentran de una manera armoniosa y decisiva. Un ejemplo es la secuencia del Studio 54 o la del museo cuando ocurre lo que quizá sea una pregunta eterna para el cine: “Who is the master? The painter or the forger?”. Pero ninguna secuencia va a estar a la altura de la del personaje de Bale y Adams en la tintorería. Todo lo que se ve en esa escena es mágica. Es la prueba de que pocos pueden transmitir esa sensibilidad como David O. Russell. Ya lo vislumbrábamos en Silver Linings Playbook y ahora lo hacemos acá. Pero es imposible no dejar pasar que mismo teniendo su fuerte (es un gran director de actores), Russell también falla en lo que son los peores close-ups que vi en mi vida. Muchos querían una película de estafadores llenas de excesos y trampas. Pero Russell pone una trampa aún mayor: cuenta una historia de un grupo de gente que intenta buscar un lugar en el sol mediante el engaño y que se termina involucrando con una estafa mayor que ellos mismos. Russell dijo que vendió oro, pero para muchos y al final… un oro de tontos. De todos modos, y más allá de si su película es oro o no, estamos frente a un proyecto único. Una joya rara del cine.

Por João Rodrigues da Silva

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 ► [ESCENA]: Amy Adams y Christian Bale en una secuencia de la película de David O. Russell:

  

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 ► [DE YAPA]: Un especial sobre American Hustle:

  

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¡Buen comienzo de semana para todos! Hoy, dos consignas: 1. Los invito a dejar sus impresiones sobre American Hustle, la nueva película de David O. Russell, ¿coinciden con las apreciaciones de Joao o disienten con ellas? 2. Por otro lado, me gustaría saber cuáles fueron las recientes decepciones cinematográficas que padecieron; los leo, muchachada; ¡que tengan un excelente lunes, nos reencontramos mañana!

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—> La última vez escribió Julieta Montero sobre… HER

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[OFF TOPIC] Quería compartir con ustedes el hermoso video que hizo Carolina Torfano para la última etapa de recaudación de la película de Cinescalas; como saben, llegamos a la meta pero todavía restan catorce días para seguir sumando aportes; gracias a Caro y gracias a todos por el apoyo en este importante emprendimiento ;)

Cinescalas - La Película from Carolina Torfano on Vimeo.

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“You are nothing to me until you are everything”

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Catching Fire: La dictadura del entretenimiento

Hoy en Cinescalas escribe: Verónica Stewart

“¿Equipo Peeta o equipo Gale?” pregunta la reportera de la alfombra roja por enésima vez en una de las tantas premieres de la primera película de The Hunger Games. La entrevistada es Willow Shields, quien interpreta a Primrose Everdeen, la pequeña hermana de la heroína Katniss. “Equipo Katniss”, contesta la adolescente. Y así, parada sobre la frivolidad de la alfombra roja y acosada por los flashes de las cámaras, la pequeña Willow dio en el clavo. Catching Fire, la secuela de The Hunger Games, fue una de las películas más esperadas del año. El final de la primera entrega muestra a una Katniss que se las ingenia para salvar tanto su vida como la de Peeta, su amante para las cámaras de su mismo distrito, amenazando con comer bayas venenosas: de esa forma, el Capitolio se ve obligado a elegir entre quedarse sin un vencedor, o quedarse con dos. Eligen la segunda opción, y las últimas escenas prometen el principio de una revolución. Esta vez, nos encontramos con una heroína perseguida por el Capitolio mismo. Como explica el presidente Snow cuando la va a visitar no tan amistosamente, mucha gente vio lo que hizo con las bayas como un acto de desafío y no de amor. Al sentirse amenazados por el poder simbólico que tiene Katniss para la revolución, el presidente resuelve que a los 75º Juegos del Hambre se enviarán a tributos que ya han pasado por la arena: Peeta y Katniss deben volver a competir.

Catching Fire es una excelente película. Todo funciona en la gran pantalla: desde la química entre el elenco, la cual mejoró enormemente en relación a la entrega previa, hasta las elecciones de cámara del nuevo director, Francis Lawrence. Por su parte, Jennifer Lawrence sutilmente lidera la película, porque su personaje opera, justamente, mediante sutilezas. El desarrollo de los personajes es excelente: el maquillaje de Effie es mucho menor en esta ocasión, dado que está más humanizada. Katniss entra a la arena no con temor como antes, sino desafiante, e incluso se anima a intervenir juguetonamente en su entrevista con Ceasar. Pero esta vez, los juegos no son lo más interesante de la narrativa, porque Catching Fire se mete con la parte más rica y realmente analizable de la trilogía: la del trasfondo político detrás de los Juegos. En esta ocasión, vemos al presidente Snow orquestar con un cuidado metódico el cómo y el cuándo de la aniquilación de Katniss. Lo vemos aumentar la represión en los distritos, y restringir las pocas libertades que les quedaban en un intento de que el miedo siga superando a la esperanza que esta joven vencedora parece darles. Peeta y Katniss devuelven el golpe, manteniéndose firmes en la historia de su amor que empezó en los juegos anteriores; al fin y al cabo, en la política todo es estrategia.

Por otra parte, vemos a un público que los alaban. Los ciudadanos del Capitolio se fanatizan por Katniss, miran las entrevistas previas a los juegos con placer, se babean pensando en todo el despliegue que tendrán los 75º Juegos del Hambre. Después de todo, el motivo por el cual Catching Fire es una distopía tan acertada es porque muestra que el poder totalitario no se sostiene sólo en el gobierno que lo ejerce, sino también en parte del pueblo que lo legitima, e incluso lo celebra. Sin embargo, a pesar de la interesantísima veta política presente en esta película, los periodistas de las millones de entrevistas por las que tuvo que pasar el elenco para promocionarla no indagaron en el tema. ¿Sus dos preguntas preferidas? A Jennifer Lawrence le preguntaron más de un decena de veces el gran interrogante de “¿por qué te cortaste el pelo?”, mientras que a todo el elenco le tocó la ya mencionada y famosa: “¿equipo Peeta o equipo Gale?”. Aquí yace la percepción más aguda que ha logrado hacer la película. Lo que mejor representa Catching Fire es la sociedad en la que vivimos. Parece alocado afirmarlo, dado que el mundo de Panem se nos presenta como muy extremo, pero si lo analizamos en profundidad, la esencia es la misma. En la era de las pantallas, programas como Gran Hermano son sensación y estos realities alimentan nuestra sed por el drama, nuestra fascinación por observar las miserias diarias de otros.

En un mundo real donde las desigualdades son tanto o más agudas que la existente entre los distritos y el Capitolio, el grueso de la población también elige distraerse con historias de amor, con chismes de celebridades y con las banalidades que acompañan al mundo de los ricos y los famosos. Hay algo dolorosamente familiar en la bronca y el enojo de los ciudadanos de los distritos que protestan ante la indignante desigualdad entre su nivel de vida y el de aquellos que viven en la capital de Panem. En lo que la política internacional se refiere, las guerras que siguen azotando al mundo al día de hoy son mucho más violentas que los Juegos de las películas. Hilando fino, hay una escena en particular que refleja casi espeluznantemente este paralelismo entre la situación política de The Hunger Games y la del mundo en el que vivimos. En 2010, Wikileaks, la organización online dedicada a revelar secretos de estado, publicó el video conocido como “Collateral Murder”. El mismo revelaba un ataque aéreo en Bagdad hacia quienes resultaron ser civiles inocentes; el piloto ríe al dispararles, y es casi como si estuviera jugando a un videojuego. Antes de empezar a disparar, dice “light ‘em up”, es decir, “enciéndelos”. Esta sentencia de muerte, pronunciada con una tranquilidad inquietante, se asemeja demasiado a las palabras del presidente Snow cuando Katniss está a punto de arrojarle una flecha a uno de sus aliados, ya que la mostraría como una traidora frente a quienes la consideran una líder revolucionaria. El presidente dice “let it fly”: “déjala volar”. Y aún con lo mucho que podríamos aprovechar la riqueza de la película para hacer un trabajo introspectivo sobre nuestra propia sociedad, la pregunta más caliente sigue siendo sobre un triángulo amoroso para el cual Katniss misma asegura no tener tiempo. En Catching Fire, ella le dice a Gale que no puede saber si lo ama, porque lo único que siente todo el tiempo es miedo, y no hay lugar para nada más.

Porque la realidad es fascinante pero preocupante: nosotros no somos Katniss. Como siempre, queremos identificarnos con el héroe, pero la verdad es como somos mucho más ciudadanos del Capitolio que de los distritos. Nuestra reacción a la película misma lo demostró. Tal como el Capitolio usa la historia de amor entre Katniss y Peeta para distraer a los distritos de las miserias que deben soportar, gran parte de los fanáticos de la película sólo quieren saber con quién se va a quedar la heroína en vez de concentrarse en lo verdaderamente rico de la historia. Quizás The Hunger Games sea un espejo demasiado fidedigno del mundo en el que vivimos como para poder soportar su reflejo sin el amortiguamiento del chisme amoroso. Pero mientras los entrevistadores sigan indagando en la parte más banal de la película, seguirán reproduciendo el modelo de entretenimiento y distracción que la narrativa critica tan fuertemente. Cuando el presidente Snow le dice a Katniss que la gente de los distritos vio en el intento de suicidio con las bayas un acto de desafío, tenía razón. Lo fue. Katniss, con lo callada que es y lo mucho que le cuesta enfrentar a las cámaras, sabe darle al Capitolio donde le duele. Pero mientras nosotros sigamos viendo en ello, y en toda esta historia meros actos de amor, y no entendamos el acto de desafío, de introspección y de brillante análisis sociológico que propone Catching Fire, jamás podremos declararnos parte del “equipo Katniss”.

Por Verónica Stewart

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 ► [ESCENA]: Un momento del film de Francis Lawrence:

  

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 ► [ENTREVISTA]: Unas divertidas charlas que ha dado el elenco de Catching Fire:

  

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¡Buen comienzo de semana para todos! Este lunes les dejo dos consignas: 1. ¿Vieron Catching Fire? ¿Les gustó? ¿Les interesa la saga de The Hunger Games o no tanto? 2. Por otro lado, los invito a mencionar sus sagas favoritas del cine; como siempre, los leo; ¡Que tengan un gran lunes! ¡Nos reencontramos el jueves! (más abajo les dejo el cronograma del blog en el marco de las celebraciones navideñas)

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—> La última vez escribió un guión Ezequiel Saul sobre… EL CINE (Y CINESCALAS)

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[OFF TOPIC] Muchachada, les dejo el cronograma de actualización del blog para estos días de festejos: esta semana volvemos el jueves 26 con el post de las mejores citas del año, sucedido por el post de fin de año al día siguiente; la otra semana volveremos el jueves  2 de enero ya pasadas las celebraciones; en el medio seguramente haya algún regalito, pero por el momento les deseo una Feliz Navidad para quienes la festejan y nos reencontramos, en vísperas de un nuevo año, este jueves; ¡Felicidades! ;)

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