La anécdota de los almohadones

Poco tiene de casual el hecho de que, así como vinculo ciertos momentos de mi cotidianeidad con ciertas personas, también relaciono circunstancias puntuales con el cine. No es algo que necesite reconfirmar y, sin embargo, me sorprende advertir hasta qué punto tengo una alta predisposición a conectarlo todo con todo. Pensé en este post cuando, haciendo la cama, me encontré acomodando todos los almohadones y me acordé de Polly Prince y su objeción respecto a esa actividad. Me reía sola porque, de alguna manera, le estaba atribuyendo a un personaje ficticio una cuota real. Polly parecía adquirir otra tesitura, la de una amiga que me hacía ver cómo esos almohadones son decorativos y no sirven ningún propósito. Pero antes de hacer ese paralelismo, antes de ponerme a hacer la cama, antes de abrir los ojos, mi teléfono se (y me) despertaba con la voz de Oscar Isaac y su “If I had wings…”, primera frase de “Fare Thee Well”. Y si prosigo con la enumeración de situaciones rutinarias en las que el cine está presente, es innegable el enorme espacio (literal) que ocupa. Desde bajar las escaleras y ver un cuadro hasta hacerme un té que me gusta más por el nombre que por el sabor. Todo eso me gustaría compartir hoy. Corrobar cómo las películas se entrelazan con nosotros y cómo el abocarse a lo mundano puede tener mucho (bastante) de extraordinario.

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► [ESCENA] Reuben, Polly y los almohadones:

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¡Buen martes para todos! La consigna de hoy es amplia pero me gustaría que se explayen en detalle: ¿en qué cosas/situaciones/instantes de la vida cotidiana está presente el cine en sus rutinas, independientemente del hecho de sentarse a ver una película? Por ejemplo, ¿han nombrado a una mascota por un personaje de película? ¿tienen de ringtone para despertarse la canción de un film?  Como siempre, espero sus comentarios y anécdotas (pueden mencionar de series si quieren); ¡que tengan un excelente día! ¡hasta mañana, muchachada!

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La mesa de pool como metáfora

“At the same time I wanna hug you, I wanna wrap my hands around your neck, you’re an asshole but I love you, and you make me so mad I ask myself
‘Why I’m still here, or where could I go?’”

“Ahora que miro este lugar vacío me doy cuenta de que una mesa de pool hubiese entrado perfecto, quizás si hubiésemos comprado unos sillones más chicos” le dice Brooke (Jennifer Aniston) a Gary (Vince Vaughn), mientras se queda contemplando el departamento donde pasaron años juntos. Me gusta esa secuencia de Viviendo con mi ex. Me gusta porque es verdadera. Porque a los pocos minutos ambos dejan ese departamento y sus caminos se bifurcan. Por lo tanto, el “si hubiésemos…” es real. Porque no es una manifestación que trae consigo el alivio o la sensación de que todo puede resolverse si una última charla, franca y brutal, se entabla para evitar lo inevitable. Por el contrario, esa manifestación es nostálgica, es la prueba de que decir “si yo o vos hubiésemos hecho diferente tal o cual cosa…” está englobando también la aceptación de que por algo no se hizo. En ese aspecto, la película de Peyton Reed tiene un final acorde. Brooke y Gary necesitaban tiempo. Necesitaban reencontrarse una vez que ella hubiera visto el mundo sola – y ya no operando como apéndice de él -, y una vez que él hubiera visto el mundo sin la comodidad de tenerla a ella como apéndice, realizando todo lo que él no podía. El planteo del film es el de conocerse como sujeto individual antes de emprender una vida en conjunto. “Sos un gran amigo, cuando salgo con vos me divierto” le dice Johnny (un hilarante Jon Fraveau) a Gary, para luego añadir su “sin embargo”, su consejo de amigo disfrazado de aseveración: “pero siempre hacés lo que vos querés”. De todos modos, Viviendo con mi ex no lo muestra a Gary como el culpable de la separación por su comportamiento infantil y egoísta, como tampoco la muestra a Brooke como la culpable por retroalimentar esa dependencia, por complacer sin pensar que quizás el otro esté necesitando que le saquen la venda. Nada de eso. Justamente se trata de una película donde la culpa no importa, pero donde la búsqueda de madurez no es compatible con la estabilidad emocional. Por esta razón, la metáfora de la mesa de pool siempre me llega. ¿Y qué si ella la hubiese comprado, contra sus propias ganas para que él se divierta? ¿Y qué si él la hubiese ayudado a lavar los platos? ¿Hubiese cambiado algo o son solo excusas, alarmas aguardando el momento de ser encendidas? Quizás un detalle no tenga peso o quizás un detalle precisamente sea lo que cambie todo porque, en esa suma de uno tras otro, día tras día, es donde reside la certeza de que estamos haciendo las cosas bien, como salvaguardando la felicidad de uno (y la del otro). 

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 ► [ESCENA] El final de The Break-Up:

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Dos consignas para este miércoles: 1. Si se tuvieran que poner en la piel de determinados personajes de película y cambiar el rumbo de la historia, tomando una decisión diferente a la que ellos tomaron, ¿por cuáles optarían y qué modificarían de esas historias? 2. Desde un enfoque personal,  ese que tantos hermosos comentarios trajo el viernes, me gustaría saber qué decisiones marcaron sus vidas hasta el momento y si creen en que hay “decisiones equivocadas” o, por el contrario, no son de arrepentirse por los caminos elegidos; ahora comparto mi experiencia en los comentarios; los leo muchachada; ¡que tengan un buen día! ¡Nos reencontramos mañana!

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La historia de mi vida

Recuerdo una escena de Marley y yo en la que a John Grogan, el personaje interpretado por Owen Wilson, le ofrecen una estabilidad laboral y económica a cambio de un bien preciado: su propio deseo profesional. Vemos cómo su rostro se transforma a medida que su mente va procesando cuál es, en definitiva, la mejor decisión. Porque no está solo. Tiene una familia. No puede analizar el panorama individualmente. Cuando pensé en la consigna de hoy, en cuál sería mi respuesta, esa escena y otras tantas similares del film de David Frankel se me pusieron enfrente. Porque, más allá de Marley, más allá de si lloré o no con ese final, lo que más me inquietó de esta película es lo realista de su planteo acerca de, justamente, las decisiones que vamos tomando y los sacrificios que vamos haciendo. No. En este presente no tendré una familia propia, pero sí me estoy enfrentando continuamente a qué quiero y qué no, a qué tengo que dejar ir, a qué tengo que recuperar. Marley y yo habla sobre el factor impredecible, sobre el destino cuando mete la cola, sobre la vida cuando se nos da vuelta. Y sobre los nervios, esos inexplicables agridulces nervios, que todo eso puede generar.

Si tuvieran que elegir una sola película que defina sus vidas hoy en día, ¿cuál sería esa película y por qué? Pueden explayarse sobre Marley y yo también, si quieren; ¡Comenten! ¡Buen miércoles!

(mañana se me hará imposible postear, así que nos reencontramos el viernes ;) )

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El mejor papel de…Jason Bateman

“All the pieces fall into place. Fate works its magic. And you’re connected.”

“Lo que estaba haciendo era balancearme lentamente al compás de la canción, sosteniendo un bebé imaginario en mis brazos. En realidad, para hacerlo aún más vergonzoso, una vez tomé una almohada y la apreté contra mi pecho, bailando, con los ojos cerrados, cantando suavemente esas líneas que siempre volvían: ‘Nunca me abandones’. La canción casi se terminaba cuando llegué a la conclusión de que, en realidad, yo no estaba sola”. Hace poco releía esas palabras de Ishiguro y pensaba en cuántas otras novelas, canciones y películas se concibieron con la trascendencia de ciertos vínculos como columna vertebral de sus (pequeñas y grandes) historias. Vínculos de todo tipo, lazos que se forman y que parecen destinados a pasar la prueba del tiempo con su constante hostilidad, el tiempo como arma de doble filo. Esto me llevó al post de hoy y a una película modesta (de la que esperaba menos de lo que finalmente obtuve) titulada The Switch que tiene una intro dedicada, justamente, a las conexiones. Conexiones observadas con la perspectiva de Wally (Jason Bateman), un neurótico con múltiples mecanismos de defensa, que se incluye en el grupo de los que no pueden establecer esas conexiones con la facilidad con la que la mayoría parece (o al menos aparenta) hacerlo.

Es curioso, porque uno pensaría que The Switch vendida como comedia romántica -, es una película sobre un hombre que estando borracho cambia el esperma de un donante para su amiga por el suyo, convirtiéndose así en el “papá por accidente” del que habla el título en castellano. Sí, esa es la premisa, esa es la catálisis. Pero eso no define al film. Lo define esa mirada sobre dos individuos (padre e hijo) a quienes les cuesta moverse con comodidad en un mundo configurado para la respuesta autómata, para los saludos de rigor, para la hipocresía. Y ambos manifiestan ese deseo de conexión ya sea mirando por la ventana de la oficina imaginándose en un lugar mejor o comprando portarretratos que llevan fotos de otras familias, creando así una ficción como arma combativa. Hay mucho para explorar en la filmografía de Jason Bateman (en cuanto a lo televisivo, imposible no mencionar a una de las mejores series de todos los tiempos), pero también hay grandes escenas en The Switch (abrazos, confesiones) llevadas adelante por esa simpática neurosis y, sobre todo, por esa mirada traslúcida.

¿Cuál les parece la mejor interpretación de Jason Bateman? ¿Qué otros actores “televisivos” quisieran rescatar en este post? ¡Comenten! ¡Buen Finde!

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[OFF-TOPIC]: Quería aprovechar el post de hoy, dado que decidí tomarme unos días de descanso la semana que viene, para felicitar a Florencia Gaudio por haber sido la ganadora del concurso de la mejor crítica de los lunes con su nota “Super 8 y las Coming of Age”; felicitaciones a ella (ya tengo el premio en mente :) ) y saludos al resto – nos vemos el viernes 23

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Jennifer Aniston y los afiches mentirosos

NOTA

Que los pósters de películas casi nunca tienen relación directa con la película misma no es ningún secreto. Siempre hay rencillas entre lo que el director quiere mostrar y lo que efectivamente la distribuidora considera “marketinero”. Así, algunos afiches terminan resultando engañosos, generalmente por seguir determinados axiomas. Si es comedia, cuanto más blanco el fondo y más rosita el título, mejor.  Esto me lleva al post del día. Dos “comedias” de Jennifer Aniston con los afiches más patrañosos posibles. Veamos las razones:

CASO 1:  Viviendo con mi ex: una pareja, en incipiente separación, se ve forzada a vivir bajo el mismo techo. ¿Divertida? ¿Desopilante? ¿”Comedia de enredos” sobre lo que implica convivir con alguien a quien no podés tolerar? No. Yo la definiría más como una subvalorada historia de amor, bastante sincera, acerca de lo que hace que una relación deje de funcionar, para tristeza de ambas partes. Basta ver la escena en la que Gary (Vince Vaughn) deja plantada a Brooke (Aniston), para luego padecer su desilusión y sufrimiento. Para quien escribe, se trata de un film menor pero efectivo, sin demasiadas pretensiones, sobre una ruptura. Pero la película de Peyton Reed lejos está de ser una comedia. Lo cual la favorece. Y además actúa Jon Favreau, así que suma aún más puntos.

CASO 2:  Marley y yo: acá lidiamos con un tema sensible para mi paladar cinéfilo (?) porque pienso que está entre las mejores películas del 2008, sino de los últimos cinco años, pero mejor no me pongo hiperbólica. Soy sincera: estaba aburrida una tarde y se estrenaba una “comedia simpática” con mi amado Owen Wilson y un perrito adorable. “Y daaale”, dije. Error. A la salida, estaba buscando pañuelos de papel desesperada en la mochila. Marley y yo no era Beethoven ni cualquier otro derivado. Era una historia sobre los de “treinta y pico” y sobre los planes para toda la vida que un día se dan vuelta con los cambios que esa misma vida trae consigo. Por ende, el perro en cuestión es una excusa para mostrar esa incertidumbre por la que alguna vez todos pasamos y es un golpe inteligente que busca la reflexión, más allá del inevitable llanto. Repito: no es una comedia.

BONUS TRACK: Secretos de diván: la pintaron como una “comedia de situaciones” sobre una paciente (Uma Thurman) que sale con el hijo de su terapeuta (Meryl Streep), pero en realidad es otra historia de amor, en este caso, sobre la resignación y la importancia de tomar decisiones maduras. El póster, sin embargo, auguraba otra cosa.

Al menos ya sabemos qué hacer la próxima vez que vemos un afiche que nos hace huir despavoridos: ir al cine a ver esa película. Porque… ¿Quién no quiere sorprenderse?

* ¿Qué película viste por el afiche? ¿Qué película te decepcionó o sorprendió en relación al afiche?

* Para los prejuiciosos: ¿Qué película nunca verían por el afiche?