Demasiado joven para aferrarme (y demasiado grande para escapar)

“Compadecemos a lo semejante a nosotros, y tanto más lo compadecemos cuanto más y mejor sentimos su semejanza con nosotros. Y si esta semejanza podemos decir que provoca nuestra compasión, cabe sostener también que nuestra respuesta de compasión, pronta a derramarse sobre todo, es la que nos hace descubrir la semejanza de las cosas con nosotros, el lazo común que nos une con ellos en el dolor”. Esto escribió Miguel de Unamuno en Del sentimiento trágico de la vida y me remitió a lo que genera en mí escuchar, puntualmente, “Lover You Should’ve Come Over” de Jeff Buckley. En primera medida, porque se trata de una canción que habla de la soledad, de la distancia y del acto involuntario de extrañar con dos recursos: por un lado, con la simpleza como forma vital de transmitir el vacío (“the bed is made” es una frase despojada que, sin embargo, resume lo que implica el estar solo con uno mismo y no vivir la intimidad con el otro; es decir, vivir con las sábanas casi intactas); por el otro, con la poesía más pura, con las licencias metafóricas adecuadas para que nunca olvidemos que la tristeza producto del desamor, para el propio Buckley, está ligada a la lluvia, a lo oscuro, a los demonios, a la muerte (“looking out the door I see the rain fall upon the funeral mourners, parading in a wake of sad relations as their shoes fill up with water”).  La asociación que hace es lo más parecido a una daga disfrazada de expresión artística, la precisión descriptiva nos permite concebir a un grupo de gente que, al haber perdido a quienes amaron, los lloran en un funeral de relaciones acabadas. La asociación que hace es, también, lo más parecido a esa conjunción de ideas que tan bien supo organizar Dylan Thomas en Retrato de un artista cachorro: “mi mente está conformada como un tejido; velados y apasionados son los pensamientos que nacen de su fuente de furtivo deseo embelesada por la miseria del demonio”.

Este post surge de un momento en el que me encuentro escuchando a Buckley no desde ese dolor que, como diría Unamuno, provoca esa empatía, ese lazo con el artista, sino desde la admiración por su modo de escribir tan a flor de piel, tan vulnerable, tan expuesto. Porque en la canción que también inspiró este post hay, en pocas líneas, toda una reflexión sobre lo que significa transitar una etapa intermedia, esa en la que no sabemos si arriesgarnos es una buena idea porque la cautela parece imponerse, pero también esa en la que nos urge el deseo de dar un paso más allá y continuar explorando, desligándonos del resultado, desligándonos de cualquier acción preventiva. Porque Buckley se exponía pero también escribía sobre lo complejo que es el hecho de exponerse (escribiendo, amando, cantando): “too young to hold on, too old to just break free and run”, ese terreno de las indecisiones, ese momento en el que uno duda porque ya viene con un peso pero tampoco quiere perderse de la promesa de algo nuevo (“maybe I’m too young to keep good love from going wrong”). Pensé, entonces, en retomar la sección Cine y música para conocer esas canciones que les hablan, que tienen una o dos frases que desearían haberlas escrito porque son la transcripción más fidedigna de algo que les sucedió (o que les sucede); y retomé la sección con el estímulo por el inminente estreno de Greetings from Tim Buckley, la biopic centrada en el complejo vínculo entre Jeff y su padre. Después, claro, recordé el final de Como un avión estrellado, cuando Nico toma el disco Grace, pensando en su amigo que no está, pensando en la chica que se fue, como también se fue esa chica sobre la que escribió Jeff en “Lover…”. “Creo con todo mi corazón que mi hijo sigue vivo mientras se sigan escuchando sus canciones o mientras alguien las toque” escribió su madre en el disco póstumo Sketches for My Sweetheart the Drunk. Porque es cierto, el evocar, el que Ezequiel Acuña lo incluya sutilmente en el final de su película, el que alguien haga un cover de una de sus canciones, todo eso habla del valor de la escritura como algo que está definido por la inmortalidad, como algo anclado en el presente. Pete Doherty lo expresó en un tema de The Libertines: “Si perdés la fe en el amor y en la música, el final no estará lejos, no existen los “viejos días buenos”, estos son los buenos días”. Estos. Los del presente. Los que vivimos ahora, quizás en plena incertidumbre, pero con esa fe en el amor y la música que Jeff, a pesar de irse como se fue, jamás pareció haber perdido. 

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► Les dejo el trailer de Greetings from Tim Buckley, la biopic sobre Jeff Buckley:

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► DE YAPA: Una playlist con canciones de Jeff Buckley:

Jeff Buckley by cinescalas on Grooveshark

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► OTRA YAPA: La gran playlist que armaron ustedes:

Las canciones de su vida by cinescalas on Grooveshark

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Si tuvieran que elegir la canción de sus vidas, solo una, ¿cuál sería y por qué?; hagan sus aportes que más tarde les armo una playlist con los temas mencionados; de paso, quisiera saber si les interesaría ver una biopic de su banda y/o cantante favorito y a qué intérprete les gustaría ver protagonizándola; ¡Espero sus comentarios, muchachada! ¡Buen miércoles para todos!

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[OFF TOPIC] Por razones de fuerza mayor (a saber: problemas con mi conexión a Internet), mañana no podré actualizar, así que nos reencontramos el viernes, cuando anuncie al primer ganador del concurso de Game of Thrones ;)

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