Lo mejor del 2015: Los actores

En una de las novelas más enérgicas que leí en el año – A Visit from the Goon Squad, sobre la cual hubo post acá mismo - Jennifer Egan decide en el prólogo que las palabras de Marcel Proust revelen el eje narrativo de su obra: el tiempo, la música y las interconexiones. En En busca del tiempo perdido Proust manifestaba que había una cierta naturalidad en el desconocimiento de muchos elementos de la vida de alguien, independientemente del grado de cercanía que nos uniese a esa determinada persona. Todos estamos acá para ser descubiertos a medias, para que nuestra imagen sea reconfigurada luego, como el realizador Alfonso Gomez Rejon supo captar con precisión en la reciente Me and Earl and the Dying Girl. Asimismo, en A Visit from the Goon Squad los personajes con los cuales nos vamos encontrando capítulo a capítulo cambian según la perspectiva del narrador. Sasha, esa cleptómana que trabaja (y vive) para la música, narra una pequeña travesía nocturna en el primer pasaje y es recordada años después (de un modo mucho más complaciente) por el hombre que la conoció durante esa noche, pero una vez que la novela termina. Egan construye un rompecabezas y emplea a la música como herramienta clave para mostrar que el tiempo altera la percepción pero a la vez como herramienta clave para cesar con la racionalidad y exudar un espíritu adolescente, sensible, permeable al impacto de las melodías, las letras y las pausas que hacen los músicos entre estrofa y estrofa. Love & Mercy, la biopic de Bill Pohlad sobre el frontman de los Beach Boys Brian Wilson, vendría a ser (inconscientemente) el equivalente cinematográfico a esa novela. Por un lado, tenemos esa división temporal. El Brian de los sesenta (interpretado por un Paul Dano de enorme y necesaria vulnerabilidad) y el Brian de los ochenta (John Cusack) son efectivamente la misma persona y, en simultáneo, no lo son tanto. El Brian “del presente” sigue siendo ese genio apabullado por las voces indetenibles de su cabeza, sigue siendo manipulado por una figura masculina despótica y controladora (antes era su padre Murry; ahora es su terapeuta Eugene) pero también es una persona nueva desde el instante en el que alguien lo redescubre. La entrada al film de esa presencia salvadora que fue su eventual esposa Melinda Ledbetter (Elizabeth Banks) aporta otra pieza del rompecabezas que es Wilson, otra mirada que lo redefine al no querer definirlo sino al dejarlo ser. Por otro lado, el film de Pohlad nos presenta a la música como arte receptivo a distintas formas de caos, el mismo tópico que serpentea en la novela de Egan. Por lo tanto, Love & Mercy triunfa en esos grandiosos momentos en los que Wilson graba Pet Sounds instintivamente, como tirándose a la pileta con los ojos cerrados (“es como estar ciego pero, al estar ciego, de algún modo podés ver más” asegura el Brian “del pasado”), como preparándose para un recorrido espiritual difícil de verbalizar. En consecuencia, Dano internaliza más de lo que saca hacia afuera y, al cerrar esos ojos, hace que el bullicio de la cabeza de Wilson cobre tesitura, espesor, se despegue de la pantalla asaltando con bravura. “Yo acepto el caos, pero no estoy seguro de si el caos me acepta a mí” escribió Bob Dylan. Esas palabras fueron tomadas por el guionista Oren Moverman y reubicadas en la boca de Arthur Rimbaud en I’m Not There. Nada es fortuito. Moverman realiza el mismo procedimiento en Love & Mercy al correrse de lo lineal para abrazar todo ese hermoso y tortuoso proceso de creación musical de alguien que batallaba contra un gran espectro de amenazas. Love & Mercy es caos porque la música, el tiempo, los rompecabezas, las relaciones que entablamos, las subidas y bajadas también lo son. No hay nada prolijo en esta biopic y ésa es su mayor virtud: dejar que el sonido penetre con extrañeza, la misma extrañeza que generan esos ladridos de los perros de Brian que, allá por 1966, entraron al estudio para hacer historia. ♫ 

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►[TRAILER] Algunas imágenes de Love & Mercy:

Love & Mercy - SFIFF58 Trailer from San Francisco Film Society on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL AÑO:

► 1. JASON SEGEL en The End of the Tour

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► 2. MILES TELLER en Whiplash

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► 3. MATT DAMON en The Martian

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► 4. OSCAR ISAAC en A Most Violent Year y Ex Machina

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► 5. BEN WHISHAW en Lilting y Paddington 

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*DE YAPA: JASON MITCHELL en Straight Outta Compton

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► [GALERÍA] 40 grandes interpretaciones masculinas del 2015 mencionadas en el post de hoy:

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 ¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy entramos en la última semana de balance 2015 eligiendo los mejores actores del año; los invito a mencionar sus favoritos en los comentarios para luego armar una galería alusiva; por otro lado, me gustaría que quienes hayan visto Love & Mercy se explayen sobre la misma; nos reencontramos mañana en el megapost de fin de año con el video-regalo que espero que les guste; ¡hasta entonces, muchachada! PD. Para recordar quiénes habían sido los mejores actores del 2014, hagan click acá mismo

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The End of the Tour: Mi cuerpo es una jaula

“Everybody is identical in their secret unspoken belief that way deep down they are different from everyone else” – David Foster WallaceInfinite Jest

No sé si alguna vez se preguntaron qué es lo que hacen, consciente o inconscientemente, para sentirse un poco más extraordinarios dentro de la vorágine de rostros de la que formamos parte y a la cual contribuimos para forjar su uniformidad. Lo extraordinario para algunos puede ser la constitución familiar, la particular mirada de un hijo. Sin embargo, el acto de llevar a ese hijo a la plaza y ver cómo muchos otros padres están ejecutando la misma actividad nos vuelve a meter dentro de la vorágine. Lo extraordinario para otros puede ser realizar un viaje, planearlo con dedicación, pisar una calle que meses atrás les parecía tan lejana, la misma calle que transitada por unos cuantos pares de pies más que, iguales a los otros, también hallaron esa intersección con la persistencia de la búsqueda, el ahorro, la famosa prepotencia del trabajo. El trabajo, ese que a veces nos ayuda a considerarnos especiales, nos alimenta, aunque parcialmente debamos mantenernos dentro de una jaula (“my body is a cage” diría Win Butler), ya que el desviar mínimamente la mirada para estar al tanto de lo que hace un-otro-que-hace-lo-mismo nos vuelve a privar de la unicidad. Al apartarnos de las generalizaciones, al focalizar en las tareas mundanas, nos encontramos con cientos de gestos que otros tantos hacen a la par nuestra (minutos antes, minutos después), gestos como lavar la ropa, limpiar una mesa cubierta de polvo, recoger del piso rastros de un plato roto, cambiar las toallas del baño, apagar la luz del velador. Entonces, ¿qué tiene todo eso de especial, qué es lo que erradica la sensación de vacío ante esa multiplicidad de acciones idénticas, qué es lo que nos devuelve la certeza de que podemos hacer una diferencia aún con esas condiciones preestablecidas? Paradójicamente, creo que es en la hermandad donde uno puede toparse con el consuelo, donde uno puede pensarse/volverse extraordinario. Que tanto vos como yo formemos parte de la multitud puede lograr que yo me sienta menos sola en mi solipsismo, que yo advierta que no soy la única persona que le teme a la intrascendencia, a la invisibilidad. Así, tomo noción de que mi vida no se desarrolla de modo aislado, y de que la convivencia (cuando implica conexión) es el antídoto ante el pánico por creer que, en la vorágine de la repetición, lo que yo hago no tiene réplicas, no modifica a un otro, no cambia nada. David Foster Wallace, doce años antes de quitarse la vida, escribía sobre la noción de camaradería social en su obra maestra Infinite Jest. Su descripción de esos ideales de profunda singularidad son menos el reflejo de un hombre ilusionado que el de uno desilusionado. “Creemos que solo nosotros amamos el ‘nosotros amamos’, creemos que solo nosotros necesitamos el ‘solo nosotros’” explica Wallace con ese alto control de la semántica, con la yuxtaposición de significados de los tiempos verbales, los pronombres, y sin olvidarse de hacer esa salvedad que, dentro de esas más de mil páginas de su libro, resalta como ninguna. “J.D. sabe lo que es sentirse solo, así que vos no te detengas a lamentarte, a meditar en la razón por la cual sos uno más que el resto, pensá que eso no va a cambiar, que siempre vamos a ser una cara en la multitud”. Wallace recibió el inevitable mote de heredero de J.D. Salinger – entre muchos otros autores con los cuales se lo emparentó -, por lo cual estaba bien al tanto de que incluso pergeñando algo único como Infinite Jest, no podía escaparle a las comparaciones. Wallace parece Proust. Wallace parece Pynchon. Wallace parece Salinger. Wallace, por su condición de ser mortal, estaba inmerso en ese universo de reglas de comparación, de reglas de unificación, de reglas de homogeneidad. Wallace formaba parte de esa jaula. En otro gran episodio de Infinite Jest uno de los personajes reflexiona, a partir de la necesidad de otro individuo por documentar con fotografías los buenos momentos (o la fama como sinónimo de los mismos), acerca de una de las grandes mentiras esparcidas en nuestro mundo. “La fama no es el escape de la jaula”. Su interlocutor le retruca: “entonces estoy atrapado de igual modo; si soy famoso o si tengo envidia de quien lo es; no hay salida”. Su aseveración es disipada con otra: “tenés que considerar que el hecho de escapar de la jaula seguramente requiera que seas consciente de la misma”. Dentro del enorme caudal de palabras de Infinite Jest - tantas y tan complejas, tantas y tan fascinantes -, me resuena el adjetivo “consciente”. Y sé por qué. Porque es difícil serlo. Es difícil convertirse en eso. Es difícil negarse a la atractiva tibieza que produce la filosofía del solipsismo.

“David, esto es lindo, pero no es real” le dice David Foster Wallace (Jason Segel) a David Lipsky (Jesse Eisenberg) en The End of the Tour, la cuarta y más perfecta película de ese artista de lo desprolijo que es James Ponsoldt. El David más “extraordinario” para el mundo se refiere a cómo pasó de estar confinado en un psiquiátrico por una depresión aguda a estar confinado en un avión que lo está llevando a Minneapolis, la última parada de la gira promocional de Infinite Jest. El David menos “popular” le hace ver, desde cierta ingenuidad por no ser él mismo una persona depresiva, el gran salto que dio, la radical transformación de su vida de la “infama” a la “fama”. Sin embargo, para Wallace ese reconocimiento crítico, ese éxito, esa veneración generalizada es meramente “linda” porque no le hace contrapeso a las voces en su cabeza. Para Wallace, ese avión en el que viajan es otra jaula más, como lo era su habitación durante el período de internación y como lo serían todas esas librerías en las que se detendría sin ganas de convertirse en orador de su propia obra, de explicarse, de recibir esas preguntas de respuesta fácil que a tantos les interesan porque a tanto les gusta hacer perfiles sellados de un personaje, etiquetarlo (¡Wallace es el nuevo Thomas Pynchon! ¡Wallace es el nuevo J.D. Salinger! ¡Wallace es el nuevo Marcel Proust! Etcétera, etcétera, etcétera), en lugar de tirarlo abajo y construirlo desde las imperfecciones. En este sentido, uno podría pensar que tanto Lipsky en su artículo para Rolling Stone devenido libro Although of Course You End Up Becoming Yourself (una frase que dice Wallace y que el escritor brillantemente descontextualiza para el título del registro de ese road trip) como Ponsoldt con su película están haciendo exactamente lo mismo. Ninguno de ellos se queda con las comparaciones, ninguno de ellos escupe clichés (definir a Wallace como “la voz de una generación”, aunque cierto, es otro modo de encerrar a los GenExers), ninguno de ellos defiende la pulcritud. Tomemos como ejemplo uno de los fragmentos más conmovedores del libro de Lipsky, aquel en el que describe cómo era ese otro espacio/jaula compartido con Wallace. “Cuando pienso en ese viaje nos imagino a David y a mí en el asiento delantero de su auto. Ambos somos tan jóvenes. Él quiere algo mejor de lo que tiene, y yo quiero precisamente eso que él tiene. Ninguno sabe el destino de su vida. El auto huele a tabaco masticable, soda y cigarrillos, y la conversación que tenemos es la mejor que tuve en mi vida”. Donald Margulies, en su brillante adaptación, omite de ese fragmento lo que Wallace y Lipsky escuchaban en el auto (R.E.M., quienes musicalizan el trailer, importante aditamento) y decide quedarse no con el Wallace empírico sino con el Wallace que transformó la existencia de Lipsky, con el Wallace visto a través de los ojos de ese joven ambicioso que se autodenominaba escritor para desagrado de quien detestaba esa misma clase de autoproclamación (“yo valoro mucho mi condición de ser un ser regular” le espeta Wallace), con lo más mundano que existe: el aroma inconfundible de un instante ídem. No es la primera vez que una obra de James Ponsoldt transpira, vive, es libre. En The Spectacular Now, el sudor en la remera de Aimee Finicky por estar bajo el rayo del Sol en una fiesta se hermana con el sudor visible en el cabello de Wallace que se le cuela por los bordes de su inamovible bandana, suerte de elemento poderoso, de herramienta que lo ayudaba – como sus perros, como su afiche de Alanis Morissette – a combatir el pánico que le generaba el sentirse un fraude por las enormes expectativas que Infinite Jest había suscitado. Eso mismo le atrae a Ponsoldt, la convivencia de lo ordinario con lo extraordinario en un mismo individuo, el cómo el hombre que concibió tamaña novela era el mismo que cantaba “You Oughta Know”. En su prólogo a Infinite Jest, Dave Eggers también reposa en esa contradicción. “David es de Illinois, es un hombre normal, regular, ordinario, y esta es su obra extraordinaria, su logro irregular y nada normal, algo que nos va a sobrevivir a todos, pero que va a ayudar a que las personas nos entendamos entre nosotras, que entendamos qué sentimos, cómo vivimos, qué nos regalamos mutuamente y por qué”. Fiel a su objeto de estudio, Eggers escribe en primera persona del plural para reconfirmar lo que Wallace auguraba en Infinite Jest. “Solo nosotros creemos que necesitamos el ‘solo nosotros’” y lo cierto es que no. Todos formamos parte de esa broma infinita que es el moverse entre los rostros, entre pares, e incluso entre pares que poseen el mismo nombre.

A medida que el tour va llegando a su fin, Lipsky en particular y la película de Ponsoldt en general van alterando su visión de Wallace, se van aproximando a un conocimiento (conocimiento que nadie jamás alcanzará, claro) de su persona menos periodístico y más humano. En consecuencia, se suscitan los choques de egos que el realizador muestra con una sutileza afín a su mirada (que Wallace le pida sucintamente a Lipsky que sea “un buen hombre” está diciendo mucho sobre los recelos naturales entre dos personas inconformes e inseguras), y se suscita también un enfrentamiento final desatado por la omnipresencia del grabador y la pregunta obligada de un periodista que ya quiere dejar de serlo. El miedo de Lipsky antes de indagar en la posible adicción a la heroína de Wallace se manifiesta a través de la temblorosa voz de Eisenberg, perfecto en el momento de interpretar cómo es tan fácil confundir los límites entre la objetividad y su contraparte. Sin embargo, es Segel quien con un devastador monólogo termina definiendo a Wallace mejor que nadie y quien más hondo cala. Según Wallace, su adicción no pasaba por la heroína o por el alcohol. Su adicción era la televisión y el consumo por inercia del flujo de información que lo detenía en una suerte de hoyo negro (pre-explosión de Internet y las redes sociales), sumada a su aversión ante la eventual evolución de la tecnología. Su adicción implicaba moverse dentro de la misma jaula una y otra vez, esa que tiene la forma de la depresión, estado del que era consciente pero del que no logró soltarse. “Cuando estás en un edificio y las llamas se te acercan, el miedo a caer y morir te parece la alternativa menos terrible, pero eso no significa que estás queriendo la caída sino que estás aterrorizado por las llamas” escribió en Infinite Jest. Esa vívida y gráfica metáfora de la depresión no omite al otro sino que lo incluye en la ecuación: “La gente puede gritarte ‘no, no te tires, esperá, aguantá, no lo hagas’, porque nadie puede entender la caída, tenés que haber sentido personalmente el encierro y las llamas para comprender cómo el miedo va mucho más allá del pánico al caer”. Margulies adapta esa analogía y, con un Lipsky rodeado de libros de Wallace y semidormido en un colchón (lo cual es un guiño a las pocas copias que tiene en su casa de su novela The Art Fair) y el autor de Infinite Jest apareciendo en el umbral de la puerta, los pone en contacto por primera vez sin un grabador de por medio. “Es horrible sentirse así, por eso no creo que ninguno de nosotros podamos cambiar, yo sé que todavía tengo esa parte de mí y supongo que estoy tratando con mucha fuerza no dejar que me maneje”. Cuando Wallace deja la habitación, Lipsky agarra su anotador y escribe esas palabras confesionales con velocidad, seguramente ya siendo consciente de que ese fragmento no será parte del artículo de Rolling Stone sino de su próximo libro, ya siendo consciente de que esa metáfora no puede ser extraída de una obra que, como Infinite Jest, haría sentir acompañada a mucha gente, precisamente lo mismo que a él le sucedió con Wallace: “esos días con él me recordaron lo que se siente estar vivo; en lugar de hacerme escapar de la vida cotidiana, me metió en ella; y si pudiera hablar con David ahora, le diría que me hizo sentir menos solo”.

Fragmento de Although of Course You End Up Becoming Yourself de David Lipsky

Mientras suena la melancólica música de Danny Elfman, Jason Segel baila, como lo hacía Wallace, en una iglesia bautista. “¿Por qué?” le había preguntado Lipsky antes, todavía en búsqueda de la respuesta de color, cuando la respuesta verdadera no estaba demasiado lejos: estaba en las páginas de Infinite Jest. “Me gustaría ser la clase de persona que puede disfrutar de las cosas en el momento en el que las hace, en lugar de siempre mirar para atrás y arrepentirse por no haberlas disfrutado entonces” escribió el autor. Antes de que los Tindersticks hagan propias las palabras de Stephen Malkmus con su cover de “Here” de Pavement (“last time was the best time I spent”), Wallace se mueve junto a los demás bailarines amateurs, con la bandana puesta y una sonrisa en su rostro. La sonrisa puede bien decirnos que Wallace conoció destellos del disfrute del presente que tanto anhelaba pero también puede estar hablando de que ser un rostro más en la multitud no está mal y que ser hermanados por el solipsismo tampoco. “Como tu escritura es personal, leerte es otra forma de conocerte” le dice Lipsky a Wallace en The End of the Tour, una película igual de transparente y honesta que la prosa de ese autor que creía que todos nosotros estamos acá para vivir en las polaridades: “podés moldearte o podés quebrarte, en el medio no hay mucho más”. 

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*ENTREVISTA CON JAMES DAHL, PRODUCTOR DE THE END OF THE TOUR

James Dahl, productor de The End of the Tour

¿Cómo llegó el proyecto de The End of the Tour a tu productora, Modern Man?

Yo soy un admirador de David Foster Wallace y de Infinite Jest en particular. Leí ese libro en un momento en el que necesitaba inspiración y funcionó como un elemento de catálisis porque me envió de vuelta al mundo, a pelearla, fue una experiencia significó muchísimo para mí. Por otro lado, desde el punto de vista de la prosa, no había leído un libro tan excitante desde Lolita de Vladimir Nabokov, me electrificó completamente, lo variada que era su prosa, cómo cambiaba su voz desde un capítulo a otro, y además me habló a nivel personal. Creo que Wallace estaba sintiéndose como mucha gente de mi generación, justamente éso es algo que se discute en la película, y yo me conecté con ese sentimiento en el libro. Por eso siento una enorme gratitud hacia Wallace. También pasé mucho tiempo con sus textos, tuve la posibilidad de leer el manuscrito de Infinite Jest, su diccionario, sus anotaciones, sus diarios, su biblioteca personal, algo increíble, increíble. Pasé alrededor de dos años leyendo todo sobre él y fue un enorme placer hacerlo. Asimismo, yo tenía un contacto frecuente con la productora Anonymus Content y con Matt, otro de los productores del film, por ende, cuando el libro de David Lipsky Although of Course You End Up Becoming Yourself llegó a nuestros escritorios antes de ser publicado fue genial porque era un libro sobre alguien que había pasado tiempo con David Foster Wallace y que pudo conocerlo más íntimamente, así que eso fue algo providencial, Lipsky es un brillante escritor y yo me enamoré de ese libro. Por lo tanto, fue algo orgánico que todos nosotros termináramos llevando adelante esta película y en ese sentido creo que Donald Margulies era la mejor persona en el mundo para escribir el guión

En tu texto “My Wallace, Your Wallace” escribiste que ustedes, como productores, estuvieron mucho tiempo “golpeando puertas para convencer a la gente de que valía la pena contar esta historia”. ¿Cómo fue ese proceso?

Una película como esta, sobre dos hombres hablando en un auto, y siendo uno de ellos un autor norteamericano no demasiado conocido, aún con dos estrellas en el proyecto, no iba a ser algo sencillo de “vender”. La sensación era que no había demasiado amor hacia David Foster Wallace y que la historia no iba a poder traspolarse bien al cine, pero eso era algo por lo cual no podíamos culpar a quienes se ocupaban del marketing y de promocionar el film por fuera de Estados Unidos, era entendible en cierto modo. Sin embargo, pasó algo muy interesante el día en que todos estábamos pensando que no íbamos a poder terminar la película con el presupuesto que teníamos, cuando todos armaron sus mochilas y se fueron a sus casas. Esa noche en Internet salieron alrededor de cien artículos sobre el proyecto en distintos portales del mundo, así que de la noche a la mañana advertimos que efectivamente había un feedback, un amor por la película, así que ésa fue la motivación que necesitábamos para volver a la mesa y empezar a producirla

James Dahl presentando el film en el Sundance Film Festival de Hong Kong

¿Cómo fue la etapa de casting? Jason Segel terminó siendo el actor perfecto para interpretar a Wallace pero me imagino que no debió haber sido la primera idea

Jason está increíble en la película, sí. Nosotros inicialmente estábamos buscando lo que todo el mundo llama “actores serios”, intérpretes más dramáticos, pero a veces uno se enamora de ciertas ideas que no puede explicar cuando está produciendo una película. Es algo similar a la compra de una casa, vos te tenés que visualizar a vos mismo en esa casa o departamento, tenés que tener tu corazón ahí. Eso fue un proceso interesante en The End of the Tour, porque los dos actores elegidos tenían que dar un salto de fe, era un gran desafío, una gran responsabilidad interpretar a esos escritores. Vimos a un par de actores primero, pero o no tenían tiempo para el rodaje o bien no estaban demasiado interesados en la historia. Luego el manager de Jason leyó el guión y nos dijo que deberíamos considerarlo para interpretar a Wallace y si bien nos dio un poco de dolor de cabeza al comienzo, nos duró solamente un minuto el prejuicio de que era solo un actor cómico. Es gracioso cómo a veces tu instinto puede fallarte tanto. Cuando lo conocimos a Jason y nos sentamos a hablar con él y vimos lo inteligente que era y el amor que sentía por el proyecto…no pudimos haber encontrado un escenario más ideal. Ahora no me imagino a otro actor como Wallace

Jason tiene una gran escena sobre el final, cuando se acerca a la habitación de Lipsky para decirle cómo se siente, cómo es vivir con depresión

Esa escena es mi favorita también, es lo que se denomina “escena one-on-one”, fue realmente increíble

¿Cuánto tiempo les llevó el rodaje en total?

The End of the Tour se filmó en un período de veintiséis días, en Minnesota, Nueva York y en el Mall of America. Yo estuve muy involucrado en el rodaje, no hubo un día que haya estado ausente de la filmación

Jason Segel y Jesse Eisenberg en el rodaje de The End of the Tour

En el prólogo a Infinite Jest, Dave Eggers dice que tenés que comprometerte con su lectura de manera exclusiva para poder terminarlo, ¿pensás lo mismo? Se percibe un sentido de comunidad entre quienes leyeron la novela

Absolutamente. Se trata de un libro que por momentos es muy pesado, con muchas palabras complejas que necesitan de un diccionario al lado, te tenés que divertir buscando significados todo el tiempo, observando cómo Wallace elegía cada específica palabra para cada fragmento en particular, sumado al gran sentido del humor que tiene. Yo al pasar las primeras cien páginas sentí que estaba siendo beneficiado por algo, que me estaban premiando por mi nivel de compromiso, porque es una lectura difícil. Cuanto más esfuerzo le pongas a Infinite Jest, más recompensa vas a obtener

Sí, de hecho Eggers señala que el libro no tiene ni una sola oración perezosa

(risas) sí, eso es exactamente lo que yo sentí al leerlo

En la película, Lipsky dice que vos no agarrás de la batea un libro de mil páginas porque escuchaste que el autor es un tipo común, sino que lo agarrás porque es brillante. ¿Qué otros autores pondrías en esa misma categoría en la que se encuentra David Foster Wallace?

Es difícil elegir, pero diría que Graham Greene, estrictamente desde el análisis de su prosa

¿Podrías contarnos un poco sobre el próximo film que vas a producir, Lioness con Ellen Page?

Seguro. Es un proyecto que me entusiasma mucho, como su directora, Reed Morano, quien es una gran persona. Deberías ver su ópera prima, Meadowland, la cual escribió y filmó tras haber sobrevivido cáncer, de hecho ni bien pudo digerir sólidos, empezó a producirla. Es una verdadera artista y tiene un tono único, una visión del mundo y del cine muy particular. Nosotros estábamos buscando a una directora para Lioness, yo quería que fuera una mujer quien la dirigiera por lo que cuenta el film, y Reed me mandó su “mood piece”, con música y fotos alusivas a la historia, y me voló la cabeza, porque noté que ella veía el proyecto con mis mismos ojos. Luego de conocerla directamente no tuve dudas. Vamos a empezar a filmar en abril con Ellen, a quien queremos mucho, es una actriz divertida, muy inteligente y perfecta para el papel. Ella y Reed hacen una buena dupla

Última pregunta pero no por eso menos importante: ¿cómo definirías a James Ponsoldt como director?

Diría que es un director de actores, obtiene actuaciones extraordinarias porque exprime el talento al máximo

Sí, las interpretaciones de sus películas son todas muy naturales

Coincido totalmente. Por otro lado, no puedo imaginarme a otro director para The End of the Tour, porque era un gran desafío para James: una película sobre dos personas hablando. Él la hizo mirable. La escena previa a nuestro momento favorito, aquella en la que ambos están en el living discutiendo, es muy larga y con mucho diálogo, es una que necesitaba dinamismo, tenía que estar viva desde todo ángulo posible y ése fue un logro de James. Este film podría haber sido imposible de ver en otras manos, pero no al haber estado en manos de James. 

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*INTERVIEW WITH JAMES DAHL, PRODUCER OF THE END OF THE TOUR

James Dahl, producer of The End of the Tour

How did The End of the Tour come to you and your production company, Modern Man?

I was an Infinite Jest and David Foster Wallace zealot, I read that book at a time I needed sort of an inspiration and that book did act as a catalyst, it sent me back to the world and to fighting again, so it meant a lot to me that experience. Also, on a prose level, I’ve never read anything that exciting besides Vladimir Nabokov’s Lolita, and when I read that book it electrified me, what kind of a writer David was, how varied his prose was, how different his voice was from one chapter to another, and also the themes really spoked to me. I think that he was feeling what a lot of people in my generation were feeling too, which is discussed in the movie and I connected to that feeling in the book. So I felt like a sense of gratitude towards Wallace. I spent a lot of time with is writing, I got the chance to see the Infinite’s Jest manuscript, his dictionary, his notations, his personal library, his journals, amazing amazing stuff. I spent a couple of years learning a lot about him and it was a pleasure. Also, I had a relationship with the production company Anonymous Content and with Matt, who is another producer in the movie, so when David Lipsky’s Although of Course You End Up Becoming Yourself book came to our desk before it was published, it was a pleasure for me, because it was about this guy who spent time with David Foster Wallace on a personal level. So that was an unbelivable experience, and I think Lipsky is a wonderful writer and I fell in love with that book so it became like a natural, organic thing that all of us started wroking on the movie, and Donald Margulies happened to be the best person in the world to adapt it

In your piece “My Wallace, Your Wallace” you wrote that you guys, as producers, were “banging on doors to convince people the story was worth telling on film”, what was that like?

A film like this, about two guys talking in a car, with one of them being an american author that maybe people didn’t know was a big challenge, specially in terms of selling it to the foreign market, even with two stars attached to it. The feeling was that there’s wasn’t that much love for David Foster Wallace and that the story wouldn’t translate very well, which of course you couldn’t blame them for that. Until we experienced an actually very interesting moment when we couldn’t figure out how to make the movie for the budget that we were being offered, and everyone closed their backpacks and went home thinking that it was over and that night the story broke about the film, and it ran in like a hundred new sourcers online with different takes on it. So overnight we got the news that there was a feedback, a love for it, and so the next day everyone came back to the table and that was what needed, the motivation to start making the movie

Infinite Jest by David Foster Wallace – Art by Corrie Baldauf – Website: http://corriebaldauf.com/

And how was the casting process like? Jason Segel is perfect for the role, but I’m asuming not many people thought that beforehand

He was amazing. We initially were going with what everyone calls “serious actors”, like dramatic actors, but in the process of casting you fall in love with certain ideas. It’s like shopping for a house, you’ve got to see yourself in that house or apartment, you have to be invested. That was an interesting process because it was a huge leap of faith for the actors, a huge challenge and responsabilty to play those roles. We saw a couple of actors but either they weren’t available or weren’t that much interested in the project. Then Jason’s agent read the script and told us that we should consider him for the role and at first it was kind of head-scratcher, it took us a minute to see this comedic actor in this role and it’s funny how sometimes your instincts can be so wrong because I couldn’t see it first but once we met, and talk to him and saw how intelligent he was, and the love he had for the story, it was the perfect scenario. At this point, I cannot imagine any other actor playing Wallace

Jason is great in one of the last scenes of the movie, when he goes to Lipsky’s bedroom and tells him how he feels, how he is living with depression

That is also my favourite scene, we call it “scene one-on-one”, it was really good

How many days did the shooting take overall?

The End of the Tour was shot in a period of twenty-six days in Minnesota, Mall of America and New York, I was really involved with it, I was on set every day

Jason Segel and Jesse Eisenberg in the shooting of The End of the Tour

In the prologue for Infinite Jest, Dave Eggers says that you have to commit almost exclusively to the book in order to finish it, do you also believe that? That there’s a sense of community amongst people who read it?

Yeah, absolutely, it’s a very dense book at times, there’s a lot of words, you kinda have to love looking up words in the dictionary and finding out their meanings, you have to appreciate the use of his great vocabulary and how he chose every word for a very specific reason and his sense of humor on top of everything. The feeling that I had from reading the first hundred pages was how rewarding it was for me as a reader that level of commitment, because it’s difficult. The more work you put in Infinite Jest the more you get out of it

Yeah, Eggers also wrote that there’s not one lazy sentence in the book

(laughs) Yeah, that is exactly what you can feel while reading it

In the film, Lipsky says that you don’t read a thousand pages book because you heard the author is a regular guy, you do it because he is brilliant. Which others authors would you put in the same category as David Foster Wallace?

It’s difficult to choose, but I would say Graham Greene, but just from a prose point of view

Can you talk a little bit about the next film you are producing, Lioness, with Ellen Page?

Sure. I’m really excited about our director, Reed Morano, she’s a great human being, you should see her first film Meadowland, she wrote and shot that film right in the heels of surviving cancer. As soon as she was able to eat solid food she went right back to the producting process. She’s a an artist and has a very unique tone and a very unique view of the world and movies. When we were looking for a director for Lioness, I knew I wanted a female director because it was appropriate for the story and when Reed sent me her “mood piece” with music and photos it absolutely blew my mind, the tone, the vibe, she saw the story the same way I did. And once I got to know her, there wasn’t any doubt really. And now she’s gonna direct Lioness and we are gonna start shooting with Ellen on April, we love Ellen, she’s smart and funny, perfect for the role and makes a great team with Reed

Last but not least: how would you define James Ponsoldt as a director?

I’ll say his an actor’s director, he gets performances out of actors that are remarkable and takes their talents to the maximum level

He gets very natural performances

I totally agree. And I also can’t imagine another director for The End of the Tour, because it was a very challenging thing for him to do: a movie about two guys talking in a car basically. He made it watchable. The scene prior to the one we both like, when they’re in the living room and they start fighting, that was a very long scene with a lot of dialogue that needed to be dynamic and had to be alive from lots of different angles and that was James’ achievement. This film could have easily been impossible to watch in the hands of someone else, but not in James’ hands. ◄

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► [TRAILER] Algunas imágenes de The End of the Tour:

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► [DE YAPA] La brillante entrevista que Charlie Rose le hizo a David Foster Wallace (dividida en cuatro videos):

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Para el post de hoy les dejo dos consignas: 1. Por un lado, que se explayen sobre The End of the Tour y el cine de James Ponsoldt 2. Por el otro, me gustaría saber si, como le pasó a David Lipsky, tuvieran la posibilidad de entrevistar a un escritor (vivo o ya fallecido) por quién optarían y qué le preguntarían; nos reencontramos mañana en los jueves de balance para elegir Las mejores escenas del 2015; ¡hasta entonces, muchachada! ¡gracias por leer, como siempre!

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La mejor serie sobre adolescentes

Hoy en Cinescalas escribe: Cristian Germán Rueda

No fue un éxito comercial. No vendieron pósters, ni CDs, ni llenaron conciertos (ni siquiera cantaban en el programa), ni salieron en revistas de teenagers y sólo duraron una temporada de 18 capítulos, pero Freaks and Geeks, producida por Judd Apatow y creada por Paul Feig, es la serie que mejor narra todo eso que implica ser adolescente. Freaks and Geeks se emitió entre 1999 y 2000 por la cadena estadounidense NBC y luego fue repetida con tres episodios inéditos en Fox Life. La cancelaron al término de la primera temporada, aunque recibió nominaciones para varios premios, entre ellos, para tres Emmys. Con el tiempo, y con ayuda de las repeticiones y de las nuevas tecnologías de comunicación, fue cosechando más y más seguidores que nunca habían visto la emisión original del show pero que elevaron esta serie al status de culto. El trabajo de los guionistas es maravilloso, salen airosos del peligro de caer en lugares comunes de la adolescencia y trazan historias ricas tanto en dramatismo como en comedia, con un resultado fresco y natural. Pero con sólo un buen guión no alcanza, los intérpretes son fundamentales y éstos cumplen con creces a pesar de su escasa experiencia. Vale agregar que esta serie significó un semillero de grandes artistas del medio: Linda Cardellini (luego en las películas live action de Scooby Doo, también en ER), John Francis Daley (Bones), Seth Rogen, James Franco, Busy Philips y Jason Segel. También hay cameos de Rashida Jones, Ben Stiller, Leslie Mann y Jason Schwartzman, entre otros reconocidos actores.

La historia transcurre durante el año 1980 y se centra en los hermanos Lindsay (Linda Cardellini) y Sam Weir (John Francis Daley). Lindsay cursa el último año de la secundaria y está algo cansada de ser sólo una estudiante del cuadro de honor. Entonces, luego de la muerte de su abuela, comienza a hacerse amiga de los “freaks”, es decir los “fumones” del colegio, quienes están muy apartados los estudiantes populares. Sam, por otra parte, está en el primer año y sus amigos son los “geeks”, a.k.a. “nerds”, también dejados de lado por los chicos populares. Cada uno desde su lugar marginal y con la compañía de sus amigos, irá sobreviviendo a ese momento crucial de la existencia que es la secundaria. Hay una especie de dualidad en las historias de los hermanos Weir: mientras Sam es un púber de 13 años que va dejando su infancia poco a poco, Lindsay representa a la chica que se está convirtiendo en mujer y tiene que comenzar a tomar ciertas decisiones sobre su vida. Sam es un nerd fan de Star Wars y está orgulloso de ello. Lindsay intenta despegarse de a poco de la imagen de niña buena y empieza a experimentar un estilo de vida distinto. Sam está descubriendo de a poco la vida en el colegio secundario y su hermana está saliendo de ese lugar aunque siente incertidumbre acerca de lo que vendrá. El punto en común es que ambos están transitando por un momento determinante en sus vidas. Freaks and Geeks refleja, entonces, esa crisis de identidad propia de la adolescencia pero a la vez nos muestra cómo estos personajes van formando su personalidad adulta con obstáculos que molestan y con amigos que ayudan.

Busy Phillips, Seth Rogen, Jason Segel, Linda Cardellini y James Franco, reunidos años después

Más allá de escenas con cheerleaders, pasillos con casilleros y la práctica del bullying (casi inexistente en nuestros años de adolescencia), los conflictos que se tratan son universales y fácilmente reconocibles para todos los que fuimos adolescentes (es decir, todos los seres humanos). Freaks and Geeks, por otra parte, está plagada de referencias culturales, de esas que te sacan una sonrisa. Por ejemplo, en el episodio de noche de brujas los chicos se disfrazan de Groucho Marx y Gort, el robot del film The Day the Earth Stood Still, mientras que en otra historia otro personaje se viste de Doctor Who. Sam y sus amigos son fieles seguidores de Saturday Night Live, sobre todo de Bill Murray. En un capítulo se menciona la muerte de John Bonham, baterista de Led Zeppelin y, en otro, Ken (Seth Rogen) reta a Lindsay porque se refiere a “Baba O’Riley” de The Who como “Teenage Wasteland”, que es la frase que se repite en el estribillo de la canción. La banda sonora elegida es básicamente rockera: The Who, Queen, Styx, Led Zeppelin, música disco de la época, entre otros sonidos, y el tema de apertura es “Bad Reputation” de Joan Jett.

Sentimientos inocentes, rock, nerdismo, incertidumbre, diversión… en fin, adolescencia en estado puro. Desde que descubrí esta serie que no paro de recomendarla. Además de pasar buenos momentos en cada episodio, podés ver a tus actores favoritos de jóvenes o de niños. Y, por otro lado, reconozcámoslo: todos tenemos un poco (o mucho) de freak y un poco de geek.

Por Cristian Germán Rueda

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► [DE REGALO]: El primer capítulo completo de Freaks and Geeks, para que comiencen a verla (si no lo hicieron ya):

  

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¡Buen comienzo de semana para todos! Este lunes lo iniciamos con nada menos que cuatro consignas: 1. ¿Vieron Freaks and Geeks? ¿Qué opinión podrían dejar sobre la creación de Paul Feig? 2. ¿Qué otras series sobre adolescentes sumarían al post de hoy? 3. ¿Cuáles son los mejores personajes “freaks” y “geeks”/”nerds” que dio el cine y la televisión? 4. a nivel personal, ¿cuánto de freak y cuánto de geek podrían decir que tienen? ¡Los leo, muchachada! ¡Que tengan un excelente día! 

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—> La última vez escribió Ignacio Fernández Santamaría sobre… INTO THE WILD

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Sus películas del año (y un video de regalo) (¡y Feliz 2013!)

Foto: Florencia Cames & Santiago Idelson

Harry: so how’s the writing going?
Erica: puring out of me now, go figure 

(Alguien tiene que ceder, 2003, Nancy Meyers)

“No sé cómo hice todavía para superar ciertas cosas que me pasaron este año”. Del otro lado del teléfono estaba la voz de mi amigo, que me dijo: “creo que fue por toda la catarsis que hiciste en el blog”. Nunca lo había pensado de esa manera. Mejor dicho: siempre supe que en la categoría “A la deriva” mis textos eran por lo general personales o estaban ligados a una experiencia reciente (o no tanto). Lo que nunca supe es que las horas y horas de escritura acumuladas, los minutos y minutos de pánico ante la página en blanco, iban a colaborar a expulsar lo que no podría hacer de otro modo. Vivir y respirar palabras. No es secreto, porque ya lo conté, pero este año murió mi tío y se generó una suerte de efecto dominó, réplicas que me forzaron a cambiar mi manera de ver las cosas. Sobre todo porque nadie lo esperaba. Sobre todo porque cuando alguien se va, lo hace sin la noción de lo que esa partida ocasiona en el resto. No sé si fue ese hecho puntual el que me hizo volverme más consciente de que si no tomaba a la escritura en serio (o más en serio), si no ponía algo de mí entrelíneas, entonces todo lentamente iba a empezar a carecer de sentido, todo iba a tornarse monótono e impersonal, exactamente lo opuesto a lo que me propuse cuando hace dos años y medio concebí este blog. Pero esa idea ya se había cristalizado antes, en mi viaje de vuelta a Argentina este año, cuando en el avión pasaron Moneyball y pensé que su trasfondo estaba relacionado con ese regreso. Sin saberlo, eso marcó el pulso de muchos de los posts de este año, donde me encontré con el cine desde un lugar que a veces se abandona en vías de análisis más estructurados. Y ese lugar, creo yo, es la vida de uno. Y no solo porque determinadas historias presenten episodios reconocibles, no solo porque una escena puede teletransportarte a un momento, no solo porque algunas palabras se asemejan a nuestros pensamientos. El vínculo también es otro: las películas son parte de lo cotidiano incluso cuando están de manera inconsciente rebotando y rebotando, hasta que las hacemos salir a la superficie, también sin quererlo.

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Este blog, como esas películas, es una gran parte de mi vida, casi una existencia paralela, con una familia paralela (ustedes), con desafíos paralelos (el pensar cada post), con necesidades paralelas (emplear el cadáver exquisito como técnica), con pequeños logros (textos que, al concluirlos, me dejan bien) y con algunas decepciones (textos a los que no pude dedicarles más tiempo). Lo mágico, para mí, es cuando la vida principal y la vida paralela se interconectan o se funden en una: cuando los leo, cuando los saludo, cuando me escriben, cuando a algunos los veo en el plano “real”. Como dice Charlie: “Sé que todo esto algún día va a ser una historia. Y que nuestras imágenes se van a convertir en viejas fotografías. Pero ahora estos momentos no son solo historias. Esto está pasando. Estás vivo, estás escuchando esa canción y, en ese momento, somos infinitos”. Este blog es como un diario íntimo signado por la inmediatez, por el ahora, por dar vuelta la página cada día que pasa. Sin embargo, el día que publico algo como esto y ustedes comparten sus impresiones, o el día en que me devuelven la confianza cuando me siento segura de haber escrito algo que la genere, esos días, esos momentos, efectivamente dejan de ser historias y pasan a ser, como dicen en una novela, unos cuantos “por siempre” en estos días “numerados” que un blog tiene. Porque se supone que un blog es algo de esencia automática, con pautas, reglas, condiciones sine qua non versión 2.0. Escribir, publicar, responder. Escribir, publicar, responder. Pero ya no estoy tan convencida. Este año especialmente llegué a la conclusión de que nunca me hicieron sentir eso, de que este lugar es bastante más. Que no necesita de reglas, de un cierto número de clicks, que está regido por otra cosa y que, en momentos en los cuales me costó mucho sentarme a escribir o a pensar qué podría ser interesante para ustedes, siempre hubo algo que me mantuvo con las manos en el teclado. Sí, Charlie dice que en algún momento todo esto va a pasar a ser una historia. A veces me pregunto a quién le voy a contar, dentro de unos años, sobre Cinescalas y todo lo que me trajo. El mero pensamiento me hace querer reconfortarme en esa idea de infinito pensando en un eterno transcurrir, en que esto no va a perecer nunca, en que podemos ser héroes por más de un día. Como compartí hace poco, cada comienzo de año (o de lo que sea) implica buscar un gran “quizás”. Yo, en este espacio, voy también en busca de uno nuevo. Espero en el 2013 seguir teniéndolos a ustedes del otro lado del monitor. O, mejor dicho, al lado mío.  

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MI TOP FIVE DE PELÍCULAS DEL AÑO:

*1. Eternamente comprometidos (Nicholas Stoller)

*2. Argo (Ben Affleck)

*3. Safety Not Guaranteed (Colin Trevorrow)

*4. The Grey (Joe Carnahan)

*5. Take This Waltz (Sarah Polley)

* Mención especial: Ted (Seth MacFarlane)

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AHORA SÍ: SUS PELÍCULAS DEL AÑO:

Hace unas semanas, todos ustedes recibieron un mail de mi parte. ¿La propuesta? Que se saquen una foto con un cartel que represente su película del año (una que los haya marcado incluso no siendo del 2012). En el video de acá abajo están quienes pasan a comentar, quienes son lectores silenciosos, quienes participan asiduamente en la página del blog en Facebook, quienes ganaron concursos, quienes escribieron los lunes, quienes filmaron cortos. En síntesis: quienes integran la comunidad de este blog, cada uno a su manera. Este video es mi modo de agradecerles por la compañía constante, es mi modo de facilitar que se puedan conocer entre ustedes, es mi regalo para culminar un año personal del que han sido una parte fundamental. El agradecimiento lo quiero hacer extensivo a quienes no pudieron mandar foto pero igualmente se hicieron eco de la convocatoria (pido disculpas si a alguien no le llegó el mail, ese día me quemé las pestañas escribiendo/enviando y quizás dejé algún nombre afuera; si es así, háganmelo saber retándome o como sea y en la próxima lo compensamos) y a Matías Aimar, quien me ayudó con mucha paciencia a editar lo que van a ver. Gracias también a quienes se jugaron con la producción y a quienes se animaron a caracterizarse como algún personaje de su película del año (lo cual explica mi inexplicable foto de apertura del post). Sin más preámbulos, y con Queen como siempre musicalizando los momentos emotivos de Cinescalas, les dejo el video. Son grosos, sépanlo. A las pruebas me remito:

 

Cinescalas - Video Fin de año 2012 from lanacion.com on Vimeo.

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*De yapa: como todos los años, les dejo un compilado que, en este caso, hizo la gente de Cinema con todas las películas del 2012 en 8 minutos, y que arranca con uno de mis temas favoritos de los Black Keys. Que lo disfruten:

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Bueno, muchachada, la última consigna del año: ¿Cuál es su Top Five de películas de este 2012? Pueden sumar menciones especiales si así lo desean; les agradezco de nuevo por la compañía en este espacio, es realmente un placer compartir parte de mis días con ustedes aquí; ¡Que tengan un excelente comienzo de año! ¡Feliz 2013 para todos! Nos reencontramos el miércoles 2  ;)

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Todos los planes

“All the plans we make and all the plans we made…”

Hay muchas maneras de reflejar el paso del tiempo. Tomemos como ejemplo El ciudadano, donde Orson Welles mostraba el deterioro de un matrimonio a través de una sucesión de planos en un mismo lugar: la cocina. Primero vemos a la pareja compartiendo desayunos, almuerzos, cenas, sin que nada se interponga en la comodidad del momento, sin que nada altere lo que sería ese espacio de comunión con fin único: compartir. Pero a esas primeras escenas las suceden otras que generan una sensación opuesta, un abismo, una distancia irreconciliable entre ese hombre y esa mujer. Ella, en una punta; él, en otra. La conversación no parece existir y el contacto visual es infrecuente. Sin una palabra de guión, Welles pinta todo el panorama con un poder de síntesis abrumador. ¿Qué panorama? El fin de las cosas. La transitoriedad. El efecto del tiempo. Traigo a colación a la enorme El ciudadano porque mirando Eternamente comprometidos advertí que este film también se propone mostrar el paso del tiempo de manera peculiar, incluso de manera anómala para lo que es su género. Como sucedía en Marley y yo (película que parece ser una cosa y termina siendo otra), el film de Nicholas Stoller parte de una premisa y desemboca en lugares mucho más densos, incluso oscuros. La propuesta de casamiento de Tom (Jason Segel, quien, si había algún atisbo de duda, acá se termina consolidando como guionista) a Violet (Emily Blunt) es solo el comienzo de la historia, así como en el film de David Frankel la boda entre John y Jennifer era también un preludio. Pero, ¿en dónde juega su papel el tiempo en todo esto?

Eternamente comprometidos cuenta con una subtrama que, a pesar de su carácter casi parentético, se convierte en el epicentro de las situaciones: Violet tiene a todos sus abuelos vivos. Su madre, al ver cómo la concreción de la boda se va posponiendo por situaciones imprevistas, le pide a su hija que no deje pasar el tiempo, que sus abuelos son grandes y quieren verla en ese instante tan ansiado. La escena está construida como gag, como un episodio cómico sin (aparente) futuro desarrollo. Sin embargo, la película lo toma como puntapié y, a medida que esa boda se retrasa, entre escenas mucho más extensas que narran el porqué de esa dilatación, Stoller intercala los funerales de cada uno de los abuelos de Violet con precisión, sutileza y, sobre todo, sin la necesidad de una verbalización de lo que eso provoca internamente en ella, en su familia y en Tom. El discurso está presente, pero nunca subrayado. Eternamente comprometidos es una película sobre (y para) quienes están en una situación controlada, para quienes creen tener (nuevamente podemos retomar Marley y yo) una vida armada, lo que los lleva a no poder contemplar la posibilidad de las pérdidas. Así como Violet prioriza su carrera y va dejando a un lado la concreción del matrimonio, Tom opta por acompañarla pero nunca siendo completamente sincero. No es feliz y no lo dice. Sin embargo, más allá de las actitudes, ambos están haciendo lo mismo: subestimando al tiempo. Es por esto que la película es más larga que el parámetro habitual para las comedias románticas. Nos hace sentir el peso de esa inconstancia en la pareja, sabiendo que en algún momento la cuerda se va a cortar y una decisión va a tener que ser tomada. No podríamos nunca percibir en su totalidad lo complejo que es vivir acompañado por alguien (y acompañando a alguien), resignando cosas por el otro, adaptándose a nuevos espacios (en el film hay un permanente cambio de locaciones) si hubiese habido presura o anticipación a los hechos. Acá, desde el comienzo, desde su título original (The Five-Year Engagement), sabemos que la resolución de las cosas no será inmediata.

Pero tampoco estamos ante una película pesimista, sino más bien realista. Y el realismo es aportado en gran medida por la brillante dupla conformada por Alison Brie y Chris Pratt. Por lo general, las comedias nos (mal)acostumbran a personajes secundarios que solo funcionan como soportes de los protagonistas, como si no se les quisiera dar autonomía. Acá sucede todo lo contrario. Tanto un personaje (Suzie, la hermana de Violet) como el otro (Alex, el mejor amigo de Tom) son quienes nos dan a conocer la otra cara de la moneda. Ellos representan una relación que se generó sorpresivamente y que derivó en un matrimonio impensado, en una familia aún menos concebible y, especialmente, en una pareja que está más dispuesta a renunciar al egoísmo para que el otro sea feliz. Lo dice Suzie cuando le cuenta a Violet de cómo nunca pensó que, habiendo sido la chica caprichosa que efectivamente fue, terminó todos sus días limpiando el vómito de sus hijos de su remera. Luego, con esa dulzura que caracteriza a Alison Brie, agrega que está en paz con cómo se dieron las cosas en su vida, mostrándole así a Violet que ella no había llegado a la madurez (al menos no a la momentánea, no creo que exista la madurez absoluta) porque nunca había hecho un verdadero sacrificio, siempre se había manejado pendularmente. Y también lo dice Alex (Chris Pratt, excelente) cuando le aconseja a Tom (en otro episodio hilarante, porque el film sabe cómo atenuar las cosas) que no se recluya en sí mismo, que no puede estar en una relación sin expresar lo que realmente necesita.

Les dejo imágenes de la película:

En una canción de Pulp, Jarvis Cocker escribió: “¿Qué es esto que me está pasando? (y el mundo empieza a girar y a girar al otro lado de la ventana, más y más y más rápido, y este es el único lugar enfocado, el anzuelo de lo que cuelga todo lo demás) ¿Qué es esto que me está pasando?”. La respuesta está en el título del tema: “Feeling Called Love”. A fin de cuentas, el amor es lo único que nos motiva a generar todos los planes posibles, aunque la vida sea la que los ponga a prueba, la que los altere. También lo dijo Thom Yorke: “You are my center when I spin away out of control”. Eternamente comprometidos nos presenta, nos hace conocer, a una pareja que hace y deshace proyectos, pero siempre sabiendo que son el punto al que quieren volver. Que poco importan los escollos cuando se tiene en claro qué es lo que te devuelve a tu eje, qué es lo que, como escribió Jarvis, nos enfoca cuando el resto del mundo está girando. Por eso, en la mejor escena cerca del final (y antes del gran segundo empleo de “Cucurrucucu Paloma”), cuando Suzie le dice a Violet que no existe “la galleta correcta”, que a veces hay que “elegir una y morder”, sabemos que está hablando de lo mismo. El tiempo no espera a nadie. Se pueden pasar dos, tres, cinco años queriendo concretar algo y fracasando en el camino. Pero si tomamos una decisión, si no quedamos pasivos o dubitativos ante los vaivenes de la vida, el tiempo va a cumplir otro rol y la idea de eternidad al lado de alguien va a ser mucho menos aterradora y mucho más disfrutable. ¿Quién sabe lo que va a pasar de acá en adelante? Parafraseando a Celine, las respuestas definitivas no las tiene nadie, la respuesta a cómo lograr el equilibrio y la felicidad no tendrían que estar en el resultado: tendrían que estar en el intento.

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¿Vieron Eternamente comprometidos? ¿Qué les pareció? Los invito a sumar películas sobre bodas (o escenas) en el post de hoy; ¡Espero sus comentarios! ¡Saludos a toda la muchachada!

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