Lo mejor del 2015: Las escenas

► Cuando David Foster Wallace entra al cuarto para despedirse de David Lipsky

► Cuando Brian Wilson les explica a sus músicos cómo grabar las canciones de Pet Sounds

► Cuando se desata una tormenta de arena en ese desierto inhóspito

► Cuando Jamie no advierte que alguien se le está acercando en la playa

► Cuando Nelly canta “Speak Low”

► Cuando Andrew da la vuelta y regresa al escenario para batirse a duelo con Fletcher

 Cuando Rebecca es obligada por su abuela a limpiar el horno

 Cuando Anna encuentra a su hija jugando con un arma

► Cuando Alexandra le regala su peluca a Sin-Dee

 Cuando un mimo le arroja las llaves del auto a A.J. Manglehorn

 Cuando Bing Bong le pide a Joy que cuide a Riley

 Cuando Lupe y Diego cantan “Corazón automático”

► Cuando Harrison ve cómo las luces de la ciudad empiezan a titilar en la oscura carretera

► Cuando la familia Brown le pone el saco Montgomery a Paddington

 Cuando Richard sueña que Kai está todavía a su lado

► Cuando Andre se sube al auto y encuentra el zapato que se “olvidó” Chelsea

► Cuando David Copperfield interrumpe un eterno partido de tenis

► Cuando Cameron debe despedirse de sus hijas sin mirar atrás

► Cuando el grupo N.W.A. padece un acto de brutalidad policial en las puertas del estudio

► Cuando Brooke lleva a todos sus amigos a visitar a Mamie-Claire

 Cuando Dave Schultz se ve obligado a hablar bien de John du Pont ante las cámaras

 Cuando Jake y Lainey se preguntan si se están enamorando

► Cuando Diane los ve correr a Steve y a Kyla y empieza a concebir un mejor futuro. ◄

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 ► [MI ESCENA DEL AÑO] La secuencia “Experience” de Mommy:

Ludovico Einaudi - Experience from That Frame on Vimeo.

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¡BUEN JUEVES PARA TODA LA MUCHACHADA! Hoy elegimos las mejores escenas del cine del año; por otro lado, les recuerdo que mi secuencia favorita del 2014 había sido la de “los Lemon Quaaludes” de The Wolf of Wall Street; asimismo, nosotros nos reencontramos mañana con un podcast alusivo a las nominaciones al SAG y a los Globos de Oro y posteriormente el lunes con un post sobre Amy y los mejores documentales del 2015; ¡hasta entonces, muchachada! ¡los leo, como siempre!

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Lo mejor del 2015: Los personajes

Por el grado de velocidad con el que se mueve, uno podría llegar a creer que Tangerine es una película que pasa por alto los detalles, que se queda en el enorme impacto visual que tiene esa búsqueda frenética, que su narración está supeditada al gimmick de haber sido concebida enteramente con un iPhone. Sin embargo, detrás de todo eso (o por encima) está Sean Baker, un director cuya filmografía no solo refleja un sincero interés por microcosmos de idiosincrasias bien reconocibles pero no siempre comprendidas (la industria de la reventa en Prince of Broadway, el cine porno en Starlet) sino que también sabe que para que sus personajes estén por arriba del vertiginoso montaje tienen que (re)presentar lo genuino, lo humano, lo honesto. Sin-Dee Rella – una prostituta transgénero que recorre las calles de Los Ángeles en la víspera de Navidad para encontrar a su novio/proxeneta quien la engañó mientras ella estaba en la cárcel – no solo no es necesariamente querible desde el vamos sino que no prentende serlo. Los personajes de Baker (y Sin-Dee en particular) no intentan ganarse al espectador con un puñado de secuencias “de redención” ni tampoco pretenden pedir disculpas por sus acciones. Así son en el único ámbito que conocen y así se manifiestan cuando el caos se desata. No hay tiempo para eufemismos. Kitana Kiki Rodriguez – ella misma una mujer transgénero, lo cual es sumamente valioso para un cine que refleja sus cambios y necesidades – le aporta a Sin-Dee un histrionismo desde el minuto uno, aquel en el que pone una dona arriba de una mesa como regalo para su mejor amiga Alexandra (Mya Taylor, también mujer transgénero) hasta el gran final, uno de los pocos instantes en los que la película, tan ahogada en su vorágine, sale a la superficie, toma aire y resignifica todo el accionar previo. En Tangerine poco importa si la protagonista encuentra a Chester o si logra vengarse por el desengaño padecido. El film es único porque va de frente, se ensucia los pies junto a sus mujeres en esa caminata incesante del día, se sube y baja de colectivos, se desarrolla con una personalidad tan avasallante que es imposible no sentir, al concluir la odisea, una profunda familiaridad con ese espacio tan alejado de nuestra realidad. Desde la bolsa con olor a mandarina que cuelga del taxi de un hombre vacío hasta ese atardecer naranja que cubre las ganas de Alexandra de ser cantante (el ser escuchado es fundamental en Tangerine) y las ganas de arrastrar todo a su paso de Sin-Dee, Baker construye una película clave no solo para la comunidad transgénero sino también para quienes se sienten abrumados por la connotación festiva de una celebración que a muchos les pesa. A continuación les dejo mi entrevista con Sean Baker, cuyo film se presentó en la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.  

*BREVE ENTREVISTA CON SEAN BAKER, DIRECTOR DE TANGERINE

Sean Baker y su director de fotografía Radium Cheung dirigen a Mickey O’Hagan y a Kitana Kiki Rodriguez en Tangerine

¿Cómo fue el primer encuentro con Kiki Rodriguez y Mya Taylor? ¿Se conocían mutuamente? ¿Tuvieron un período de ensayo?

Sí, mi co-guionista Chris Bergoch y yo conocimos a Mya en el LGBT Center de Los Ángeles. Nos acercamosa a ella porque nos dejó de una gran impresión de inmediato. La vimos a través de un patio y supimos que teníamos que hablar con ella. Cuando le conté del proyecto ella expresó su entusiasmo también, que era algo que yo estaba buscando. Luego Mya nos fue presentando a muchas de sus amigas para entrevistar y un día fue con Kiki a un lugar de comidas rápidas donde estábamos almorzando. En ese momento ellas vivían juntas. Cuando las vi a ambas interactuar me di cuenta que teníamos a un dúo dinámico frente nuestro. Se complementaban y al mismo tiempo se diferenciaban muchísimo entre sí. A partir de eso, Chris y yo supimos que teníamos que contar una historia con dos personajes femeninos protagónicos y que esos personajes tenían que ser interpretados por Kiki y Mya. Hubo un largo período de pre-producción en el que ambos trabajamos y ensayamos mucho. La escena del lugar de donas en particular nos llevó mucho tiempo porque básicamente no teníamos demasiado margen disponible para filmar ahí y teníamos que aprovechar lo que durara el permiso

¿Cuánto tiempo te llevó el rodaje y cuáles fueron los principales desafíos de filmar tu película con un iPhone?

Filmamos la película en un margen de veintitrés días y hacerlo con un iPhone fue sorprendentemente liberador, nos sacó muchos dolores de cabeza. Más allá de que el iPhone tiene lentes de calidad inferior, no hubo demasiados aspectos que nos jugaran en contra. Una vez que el material se pasaba a la computadora, editarlo era lo mismo que con otra clase de filmación. Personalmente, la clave fue aceptar al teléfono como una cámara, sentirlo tan importante como una cámara de 35 milímetros. Hubo un poco de ego en eso. Al comienzo dudaba de poder hacerlo todos los días pero eventualmente entendí que iba a fallar si no me tomaba al iPhone con seriedad

En el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se hizo la observación de que Tangerine es una película que de algún modo reversiona La Cenicienta, de hecho el personaje de Mickey O’Hagan pierde un zapato y el apodo de Kiki en el film es Sin-Dee Rella,  ¿concordás con esa apreciación?

Bueno, mis guiones de por sí generan muchas alegorías vinculadas a Disney, eso pasa cada vez que escribo con Chris Bergoch. Él conoce a Disney como nadie

Sean Baker en el rodaje de la secuencia de “The Donut Shop” de Tangerine

Una de las escenas más brillantes del film es la discusión en The Donut Shop, ¿cuán difícil fue filmarla teniendo en cuenta el caos intrínseco que la lleva adelante?

Esa escena fue un desafío, sobre todo porque solo teníamos el lugar disponible por dos noches y media y tampoco podía controlar el espacio completamente. Tuvimos que prometer que no íbamos a interfir con sus negocios así que trabajamos alrededor de lo que sucedía con los empleados y los clientes, alrededor de sus salidas y sus entradas. Desde el comienzo que estuvo muy guionado, es una de las pocas escenas que no tiene casi nada de improvisación. Por otro lado, yo no conozco el idioma armenio así que todo el diálogo armenio tenía que estar escrito en inglés primero, ser traducido después y para nada modificado. Mi objetivo era tener mucho material de esa secuencia para después reconstruirla en post-producción. Todo tiene que ver con el caos controlado

Tus películas, desde Take Out hasta Starlet, están focalizadas en trabajos y ámbitos sumamente específicos, con mucho nivel de detalle; ¿cuándo se despertó tu interés por la historia de Tangerine?

Sí, soy una persona que se interesa mucho por los detalles y es muy importante para mí que las personas en cuyas áreas me focalizo puedan apreciar la representación que hago de las mismas. En el caso de Tangerine, quería hacer una película sobre la intersección entre Santa Mónica y el Highland, así que tenía que llevarse a cabo en Los Ángeles. Yo soy un “transplantado” reciente, ya que viví casi toda mi vida en Nueva York, y me terminé enamorado de la ciudad en los últimos cuatro años. Cuando me mudé acá por primera vez, me di cuenta de que Los Ángeles es mucho más que lo que se nos muestra en el cine o en la televisión. Los estudios se encargaron de presentarla a través de imágenes de Beverly Hills, el cartel de Hollywood, Venice Beach y el Paseo de la Fama, pero lo cierto es que hay mucho más. Yo encontré numerosas comunidades, vecindarios, sub-culturas, en las que nadie profundizaba y eso era una lástima. Por otro lado, en el proceso de investigación, Kiki nos dijo que ella sospecha que su novio estaba engañándola con una mujer cisgénero. Chris y yo usamos esa información como puntapié para la historia. A fin de cuentas, la película es ciento por ciento ficticia pero observamos mucho a las mujeres con las que trabajamos para inspirarnos

En la última escena de Tangerine, la película toma aire para mostrar un gesto vital para la comunidad trans. ¿Siempre tuviste ese final en mente? ¿Cuán emotivo fue para Kiki y para Mya el proceso de sacarse la peluca?

Muchas gracias. Es la escena de la que me siento más orgulloso. La escribimos desde el comienzo así que sabíamos cómo iba a terminar la película desde las primeras cinco páginas que concebimos. Quise que fuera una secuencia que no tuviera ni un solo elemento manipulador: sin movimientos de cámara y sin música. La intención era que las interpretaciones hablen por sí solas. Kiki y Mya fueron extremadamente valientes por permitirnos filmar ese momento ya que, como vos decís, es un acto muy difícil para ellas, incluso actuando. Fue tan perfecto lo que hicieron en la primera toma que no pedí una segunda. Sabíamos que teníamos lo que buscábamos. Además, realmente no tenía ganas de que pasaran por eso una vez más

¿Qué directores del cine independiente han sido inspiraciones para tu trabajo?

Hay tantos…pero de los contemporáneos puedo mencionar a Antonio Campos, Josh Mond, Alex Ross Perry y Josh y Ben Safdie. 

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 * BRIEF INTERVIEW WITH TANGERINE’S DIRECTOR SEAN BAKER (ENGLISH VERSION)

Director of Photography Radium Cheng shooting Mya Taylor and Kitana Kiki Rodriguez

Where did you met Kiki and Mya? Did they know each other? Did they have a rehearsal period? 

Yes, Chris Bergoch (co-screenwriter) and I met Mya Taylor at the local LGBT Center.  We approached her because she made an instant impression. I noticed her across a court yard and knew we had to speak with her.  When I told her about the project, she expressed that enthusiasm I was looking for. Mya was then introducing us to many of her friends who we would interview. One day, she brought Kiki to the fast food restaurant where we were hanging out. They were actually roommates at the time. The moment that I saw Mya and Kiki together, I realized we had a dynamic duo on our hands. They complimented yet contrasted one another. Chris and I knew we would have to construct a story with two lead characters that Mya and Kiki would play. There was a long pre-production period in which we both work-shopped and rehearsed. The Donut Time scene in particular required the most rehearsal mostly because we had a limited time available to us to shoot in that location and had to make the most of it

How long did it take you to shoot the film and which were the most challenging parts on shooting it with an iPhone?

We shot the film over a 23 day period. Shooting on the iPhone was surprisingly headache free. Besides the phone having an inferior lens, there really aren’t any cons. Once the media was in the computer, it was the same as editing any other piece of media. Personally, it was about accepting the iPhone as a camera that was just as important as a 35mm camera. There was ego involved. At first, I doubted myself everyday but eventually understood that i would fail if I didn’t accept the iPhone and take it seriously

In the Mar del Plata International Film Festival someone pointed out that Tangerine is sort of a retell of the Cinderella story. Mickey’s character loses her shoe and of course we have Kiki’s nickname. Do you see it that way?

Well, my scripts naturally get Disney allegories everytime I co-write with Chris Bergoch. He knows Disney like nobody else

Sean Baker directs Mya Taylor in Tangerine

I was in awe of The Donut Shop scene. How long did it take you to shoot it? Was it vey much scripted? I imagine shooting such a chaotic moment should have been chaotic as well

That was a challenge. Mostly because we only had the shop for two and a half nights and could not completely own it. We promised that we would not interfere with their business so we had to work around customers entering and exiting the shop. It was very tightly scripted. One of the few scenes that did not have much improvisation. Also, I don’t know Armenian so the Armenian dialogue had to be scripted in English, translated to Armenian and locked. My goal was to have as much coverage of the scene as possible and then construct the scene on post-production. It’s all about controlled chaos

Your movies, from Take Out to Starlet, are about very specific places and professions, were you always interested in the details of different enviroments? How did the Tangerine story come alive in that regard?

Yes, I’m very interested in details. And it is very important to me that people from the areas I’m focusing on appreciate the representation. In the case of Tangerine, I wanted to make a film about the intersection of santa Monica and Highland so it had to take place in Los Angeles. I’m a recent transplant (lived my entire life in the NYC area) to LA and I’ve fallen in love with it over the past 4 years. When I first moved here, I realized that LA is alot more than what we’ve seen presented to us in film and TV.  Studio films have presented the city as Beverly Hills, the Hollywood sign, Venice Beach and the Walk of Fame… however there is so much more. I found numerous communities, neighborhoods, sub-cultures, etc that haven’t been focused on and I think this is a shame. While in the research process, Kiki told us that she suspected that her boyfriend had been cheating on her with a cis-gender woman. Chris Bergoch and I used this as a launching pad for our story. In the end, the plot is 100% fictionalized but we looked to the people we met for inspiration
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The last scene of the film is my favorite because it’s the first time the characters take a time to breathe along with the movie, was that always the ending in mind and how hard was it for Kiki and Mya considering that the removal of the wig is a very emotional moment for the transexual community?

Thank you. It is one of the scenes I’m most proud of. It was a scene that I scripted early on so I knew it was going to be the ending since our first 5-page treatment. I wanted to strip away all manipulative tools. No camera movement and no music. Just let the performances speak for themselves. Kiki and Mya were extremely brave for allowing me to shoot that scene because as you stated, it was a difficult act for them to perform even while in character. They were so wonderful in the first take that I didn’t ask for a second one. I knew then that we had it. Plus, I didn’t want them to go through that again.

Which other independent american directors inspire you and influence your own work?

There are so many… but of the contemporary ones, there are Antonio Campos, Josh Mond, Alex Ross Perry and Josh and Ben Safdie. 

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►[TRAILER] Algunas imágenes de Tangerine:

Tangerine - Official Trailer from Radium Cheung (H.K.S.C.) on Vimeo.

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*[TOP FIVE] GRANDES PERSONAJES DE ESTE AÑO:

► 1. MARK WATNEY en The Martian

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► 2. TAYLOR JAMISON en The Visit

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► 3. AMY TOWNSEND en Trainwreck 

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4. FURIOSA en Mad Max: Fury Road

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 ► 5. SADNESS en Inside Out

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► DE YAPA: AARON WILLIAMS & CHARLES POOLE en 7 Days in Hell

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►[GALERÍA] 30 GRANDES PERSONAJES DEL 2015 mencionados en el post de hoy:

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¡BUEN JUEVES PARA TODOS! Hoy es momento de elegir a sus personajes favoritos del cine del 2015 para armar una galería alusiva; por otro lado, me gustaría saber qué opinan de Tangerine quienes hayan tenido la posibilidad de verla; como siempre, los leo y los reencuentro el miércoles 9 luego del fin de semana largo con el megapost que vengo retrasando de The End of the Tour que requirió de mucho trabajo porque viene con entrevista incluida; ¡que tengan todos un gran jueves! PD. Inauguro el tag Posts bilingües, pueden revisarlos acá mismo; ¡eso es todo! ¡hasta el miércoles, muchachada!

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► MI PERSONAJE FAVORITO DEL 2014 HABÍA SIDO… EVE en GOD HELP THE GIRL

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Inside Out: Hay que vivir en lo inhabitable

Ilustración gentileza de miitoonscomics.tumblr.com

“I’ll just say this: Nobody can guarantee that is going to be okay, but – and I don’t know if this will be comforting to anyone else – the possibility exists that there is a piece of corn on a floor somewhere that will make you just as confused about why you are laughing as you have ever been about why are you depressed. And even if everything still seems like hopeless bullshit, maybe is just pointless bullshit or weird bullshit or maybe not even bullshit. I don’t know. But when you’re concerned that the miserable boring wasteland in front of you might stretch all the way into forever, not knowing feels strangely hope-like” /

“Solo diré esto: nadie te puede garantizar que todo va a estar bien pero – y no sé si esto va a consolar a los demás – existe la posibilidad de que haya un grano de maíz en el piso en algún lugar que te confundirá tanto acerca de por qué te estás riendo como acerca de por qué estás depresivo. Y si todo parece ser una mierda sin salida, quizás sea una mierda sin sentido o una mierda extraña o quizás ni siquiera una mierda. No lo sé. Pero cuando estés preocupado por si el camino miserable y aburrido se extenderá hasta el infinito, pensá que el hecho de no saber se sentirá raramente esperanzador” 

Hyperbole and a Half – Allie Brosh 

En medio de una crisis depresiva, Allie Brosh comenzó a esbozar en su blog ideas preliminares de lo que luego sería su primera publicación, Hyperbole and a Half. Los bocetos no estaban ligados estrictamente a lo literario o discursivo. Brosh ilustraba sus pensamientos con la figura de un álter ego sin forma humana ni aspecto animal, pero con la indefinición como su rasgo predominante. El subtítulo de su libro es bastante revelador respecto al lugar en el que se posiciona Brosh en relación a su experiencia: “unfortunate situations, flawed coping mechanisms, mayhem and other things that happened”. En efecto, las situaciones desafortunadas, las fallas en el mecanismo de autodefensa, el Apocalipsis (microscópico) que circunda con persistencia y todas “esas otras cosas” que sucedieron en la vida de Brosh están presentadas con una cuota de catástrofe perfectamente reconocible (porque, seamos sinceros, lo que nos pasa a nosotros siempre va a ser “lo peor”). Para la autora, ser invitada a un evento social tenía el poder de convertirse en lo más cercano a un desastre en su perfectamente resguardado estado de lamento. ¿Cómo funcionar en lo social cuando hasta una reacción debe ser premeditada? ¿Cómo funcionar en lo social cuando la fluidez en la conducta ajena opera como recordatorio de nuestras imposibilidades para activar del mismo modo? En un divertido y alarmante pasaje (ambas cualidades se hermanan justamente por lo hiperbólico [y medio] del relato), Brosh describe cómo levantarse del sillón era tan complejo que debía ponerse una recompensa para que el acto deje de ser forzoso. En consecuencia, agarraba su bicicleta para ir al videoclub y alquilar una decena de películas y comprar una decena de golosinas con el propósito de volver al sillón pero habiendo adquirido una sensación nueva. Sin embargo, dicha sensación de triunfo le dura poco y el mantra “nothing can do anything to me” explota como un globo. Brosh define estos episodios poniendo como contraejemplo un estado de mantenimiento de la conducta que muchos hospedan dándolo por sentado: la motivación. “Most people can motivate themselves to do things simply by knowing that those things need to be done. But not me. For me, motivation is this horrible, scary game where I try to make myself do something while I actively avoid doing it. If I win, I have to do something I don’t want to do. And if I lose, I’m one step closer to ruining my entire life. And I never know whether I’m going to win or lose until the last second”. Es decir que, si la motivación se esfuma, si el espectro de posibilidades que surge con cada día se anula, si lo atractivo de la incertidumbre está cubierto por el desgano, no queda mucho a lo que aferrarse y el desamparo gana la pulseada. Según Brosh, aquello que la salvó de una depresión menos controlada fue la combinación del miedo y la vergüenza, una dupla totalmente arbitraria, como generalmente funcionamos todos: “They are my source of inspiration, my insurance against becoming entirely unacceptable (…) I’m still hoping that perhaps someday I’ll learn how to use willpower like a real person, but until that very unlikely day, I will confidently battle toward adequacy, wielding my crude skill set of fear and shame”. Lo que hace de su relato uno valiente, devastador pero eventualmente hilarante (Hyperbole and a Half es, ante todo, un gran cómic) es la honestidad con la que se nos expone una situación en la que probablemente muchos nos hemos encontrado y que en la película que nos ocupa – Inside Out – tiene su representación correspondiente: qué sentimiento pulsar de nuestra consola de control. Como bien muestra la reciente producción de Pixar, la consola no descansa. Cada día nos representa una dificultad o un reto respecto a qué elemento tomar para sobrellevar un episodio. Anoche, por ejemplo, tuve una pesadilla. La misma involucraba a dos personas, a dos pérdidas que sufrí recientemente. Me desperté angustiada, luego caí en la ira advirtiendo que no era la solución a nada, y finalmente traté de concentrarme en todo lo que gané este año para contrapesar esas carencias. “I have a subconscious list of rules for how reality should work. I did not develop these rules on purpose, and most of them don’t make sense” escribe Brosh y adhiero a eso. Lo que obtuve no reemplaza lo que perdí, no hay coherencia pura en mi proceder, pero quién me puede decir que mi control de la consola es el equivocado si a mí me ayuda a salir del laberinto del pensamiento. Todos tenemos esa suerte de clika de reglas para lidiar con una realidad que está siempre adelantada a nuestra forma de procesar (“reality doesn’t give a shit about my rules, and this upsets me”), con una realidad que, queramos o no, suele apurarnos, suele exigirnos lo resolutivo.

Mientras sobrellevaba otro día de autocompasión y desprotección, Allie Brosh se detuvo a mirar unos granos de maíz que habían quedado en el suelo de su cocina, sin barrer, formando una imagen grotesca que le dio cierta gracia. La autora cuenta que se empezó a reír ante ese panorama y que ése (sí, ése) fue el primer paso para pulsar la esperanza interior. Lo magistral de ese microrelato es que no alude a la esperanza desde el cliché de lo abstracto, sino que puntualiza en su concreción más aleatoria. Así como a Brosh le hizo reír algo completamente mundano, a otra persona le servirá sentarse debajo de un determinado árbol, ver a su hijo jugar en el parque o mirar una de esas decenas de películas que a Brosh, en cambio, no le funcionaron como antídoto. Que nuestra seguridad no esté garantizada, que no sepamos con certeza qué es lo que va a impulsar en nosotros la necesidad de mejorar, que no haya una sola forma de lidiar con imprevistos es (¿indiscutiblemente?) algo bueno. En la posibilidad, en el “quizás”, en el “puede ser”, en el “por ahí sí” es donde reside el inicio del cambio. Inside Out se mueve en el quizás desde el primer momento en el que su protagonista Riley abre los ojos. La incerteza de cómo se irá construyendo su vida halla su equivalente en ese mundo, en ese archipiélago en el que radican sus emociones. Lo mismo sucede cuando ella crece y, en uno de los momentos más oscuros del film, toma un colectivo para revivir sus días felices en Minnesota. A la película le interesa explorar el qué hubiese pasado si… porque le interesa la fluctuación predominante de las posibilidades. De esta manera, nos obliga a detenernos en uno de los dilemas más difíciles de resolver. ¿Qué hacer ante una situación angustiante? Porque algo hay que hacer. Así como escapar en un colectivo es una de las opciones para Riley (algo que el film muestra con opresión y una sensación de peligro quizás un tanto extrema), el quedarse en su casa y comunicarse con sus padres es otro instrumento más de un amplio espectro. Inside Out no anula mutuamente las alternativas, es consciente de la velocidad con la que el pensamiento pendula de un lado hacia otro y de cómo en pocos minutos el día puede terminar tan distinto según el veredicto que haya dado nuestra mente ante la disyuntiva.

El núcleo argumental del film – la mencionada Riley es forzada a mudarse y dejar atrás su escuela, amigos, rutina en general – es aprehendido por Pixar para ejecutar una de las mejores historias sobre (ni más ni menos que) el control. Es cierto que el cariño y contención familiar que recibe Riley desde su nacimiento es lo que posteriormente hará que su mente se incline hacia el lado de la sinceridad, pero también es cierto que no todos pueden detenerse en esos pequeños gestos de salvación (como vemos en la extraordinaria secuencia del abrazo arriba de un árbol) y que controlar el accionar requiere una voluntad que el volvernos adultos no nos garantiza. Inside Out dialoga con Toy Story 3 – a mi criterio, lo más sobresaliente de Pixar – en la forma en la que expone cómo esos granos de maíz que encontró Allie Brosh en su cocina nos acompañan como escalones de crecimiento. Un juguete nos sirve para entretenernos hasta que después nos resulta demasiado pequeño para esos nuevos huecos que hay que llenar o esas nuevas necesidades que hay que satisfacer. Y así como la metáfora de la alegría aunada con la tristeza (con la voz de una brillante Phyllis Smith) sobrevuela la totalidad de Inside Out, Bing Bong acaso sea el personaje que mejor ilustra esa sucesión de pasos que damos en vistas de madurar (“she’s so big now; she won’t fit in my rocket; how’re we gonna get to the moon?”), en vistas de advertir que lo que fue importante en un momento seguirá siéndolo mientras nos constituya como personas. Yo no recuerdo todos mis juguetes, pero sí sé que el haber pasado muchas tardes en su compañía en algún lado de mi cabeza todavía resuena, en algún lado todavía pulsa mi botón motivacional. “I remember being endlessly entertained by the adventures of my toys, I didn’t understand why it was fun for me, it just was; but as I grew older, it became harder and harder to access that expansive imaginary space that made my toys fun; I remember looking at the them feeling sort of frustrated and confused that things weren’t the same” también escribe Brosh en Hyperbole and a Half. Lo extraordinario de Inside Out es cómo sus personajes – especialmente la alegría y la tristeza – se embarcan en una odisea atravesada por viajes-dentro-de-viajes, por saltos de un espacio a otro (siendo el escenario abstracto el que revela que estamos ante un film dirigido a un público adulto), para terminar de forjarse como un parábola sobre los distintos estadios de la existencia más realista que optimista. Hace unos años y en una entrevista que formaría parte de El grano de la voz, Roland Barthes aseguraba que hay que alojarse en lo inhabitable para que el hecho de vivir sea un poco más soportable, abordable, sondable: “en esto andamos metidos, así anda el mundo y no anda bien”. Las lágrimas que brotan de los ojos de Riley cuando finalmente se permite hacer catarsis ilustran no solo esa aceptación de la tristeza sino también la seguridad de que ese duelo, en ese segundo, y con ese abrazo, va a convertirse, a futuro, en un grano de maíz que la hará reír, en un recuerdo que le permitirá salvarse quién sabe dónde, quién sabe de qué, quién sabe en qué otra etapa de su vida. ◄  

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► [ADELANTO] El trailer de Inside Out de Pete Docter:

Inside Out Movie Trailer from CinepaxCinemas on Vimeo.

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► [ESPECIAL] Las emociones en el cine de Pixar:

Emotions Of Pixar from Lindsay McCutcheon on Vimeo.

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¡BUEN MIÉRCOLES, MUCHACHADA! Para este post, tres consignas: 1. Explayarse sobre Inside Out de Pete Docter 2. Asimismo, los invito a hacer un ranking de mayor a menor de las películas de Pixar 3. Nos ponemos más personales para compartir cuáles son las emociones que sienten que los definen particularmente y cómo describirían su personalidad/carácter; ¡como siempre, los leo! Nos reencontramos el lunes con un post sobre la serie The Jinx, aunque mañana aparezco por acá con una noticia; que tengan todos un excelente fin de semana; ¡hasta entonces!

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