Tantas veces

“Dicen que primero hay que saber sufrir 
para después amar, para después partir. 
Dicen que en su destino inconstante 
solo el gaucho vive errante 
donde la suerte le lleva.” – “Tantas veces” (Andrés Calamaro)

En su cuento “A Dill Pickle”, Katherine Mansfield define la soledad no necesariamente como un estado de letargo sino como aquel en el que, aunque no parezca, estamos más vivos que nunca. Sin embargo, Mansfield nunca nos brinda todas las respuestas acerca de cómo capitalizar esa soledad. Por lo tanto, el encontrarse encendido cuando no hay nadie alrededor puede ser atribuido a muchos factores. Cuando uno está solo, puede ordenar mejor los pensamientos. Cuando uno está solo, puede tomar una decisión, luego otra, y luego otra, para concatenarlas y maximizar el tiempo. Cuando uno está solo, en definitiva, puede ser energizado por los beneficios de la libertad. Esa concepción de Mansfield me remitió a Johanna Parry (Kristen Wiig), protagonista excluyente de Hateship Loveship, la tercera película de Liza Johnson (sucesora de Return, otro pequeño gran film con una mujer en el centro) basada en el cuento de Alice Munro. Johanna tiene como trabajo el cuidar. Cuidar de las personas. Cuidar de las casas. Limpiar. Reacomodar lugares. Ordenar. Así, su vida es un permanente viaje en soledad. Johnson la muestra arriba de colectivos, caminando por las calles, ella y su valija, ella como una eterna mujer errante. A diferencia de Another Earth, otra película donde la limpieza también operaba mediante lo simbólico, en Hateship Loveship no representa tanto la expiación sino más bien la búsqueda de perfección, el requerimiento ardiente de llenar un vacío. Como reza en el cuento de Munro, el destino a veces tiene una entidad tan grande e ineludible que nos prohíbe cuestionarlo, evacuar interrogantes, increparlo. Al destino no se le puede preguntar nada. Cuando ese destino pone a Johanna en la puerta de la casa de Sabitha (Hailee Steinfeld), una chica que perdió a su madre en un accidente causado por su padre, no sólo le impide interrogar sino que le anula cualquier posibilidad de vivir su vida como tantas veces la había vivido antes y la reconecta con ese vacío que no sabía cómo completar. Asimismo, la entrada en escena de ese padre ausente, Ken (Guy Pearce), modifica su sintonía y Johanna, por primera vez, decide dejar las valijas en un solo lugar para lidiar con ese hombre atribulado que no puede manear su propia cotidianeidad. Hateship Loveship respeta a rajatabla el formato cuento, pero su fidelidad a la construcción tripartita de la narración solo funciona gracias a la interpretación de Kristen Wiig. Para una mujer que ha sabido hacer del histrionismo su maraca registrada, aquí deslumbra casi sin decir palabra en toda la película. Como Johanna, Wiig solo habla cuando lo cree necesario y es por eso que al asegurar “I have what I want”, el recorrido de su personaje finaliza en lugar más luminoso posible: en el menos esperado. Tantas veces nos negamos a creer que hay algo aguardándonos más adelante, pero por suerte el futuro está ahí, empecinado en hacernos ver lo contrario, en reafirmarnos que tantas veces el pesimismo nos gana cuando no debería, que tantas veces estamos equivocados en negarnos el placer y que tantas veces la vida (nos) puede cambiar en un segundo. 

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► [TRAILER] El adelanto de Hateship Loveship:

Hateship Loveship Official Trailer from MSP Film Society on Vimeo.

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► [ESCENA] Un momento entre Kristen Wiig y Nick Nolte en el film de Liza Johnson:

'Hateship Loveship' Clip from The Playlist on Vimeo.

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► [GALERÍA] Los mejores fragmentos de cuentos que han mencionado en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES MUCHACHADA! Dos consignas para el post de hoy: 1. ¿Cuáles son sus cuentos favoritos? Los invito a dejar un fragmento de ellos así los recopilo en una galería de citas 2. Además de ceñirnos a la literatura, también me gustaría saber qué adaptaciones de cuentos les parecen logradas y cuáles fallaron en el intento; como siempre, gracias por comentar, ¡los leo, que tengan un excelente día!

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[OFF TOPIC] Para quienes se perdieron el post de ayer durante la tarde, les cuento que está habilitada una nueva opción para comentar en el blog; se trata del Embedded Rich Media de Disqus; ¿qué significa esto? que cada vez que dejen un link a un video, un gif o una foto, ese contenido se va a visualizar directamente en el comentario (es decir, van a poder ver la foto o el gif y no el link solo); aquí abajo les dejo un ejemplo de un comentario que hice ayer; si no visualizan los embebidos inmediatamente, tienen que actualizar la página para que se vean; les aviso que es un viaje de ida y que para El post del baboseo y para las Playlists nos viene genial, ya que no tendremos que estar abriendo un link a una nueva página porque todo el contenido estará concentrando aquí mismo ;) cualquier duda me consultan, ¡saludos para todos!

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“I felt that you were more lonely than anyone else in the world and yet, perhaps (…) really truly alive”

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La mejor película para…quedarte pensando

“It isn’t that hard to like you or love you, I’d follow you down down down, you’re unbelievable, If you’re going crazy just grab me and take me, I’d follow you down down down, anywhere anywhere…”

“Es evidente que tengo alterado el sistema nervioso, ya no soy dueña de mis reacciones: hace un instante, en el gabinete, me puse histérica y ahora en este lugar siniestro me siento calmada y bien, incluso me permito bromas y discursos morales. Ah, de nada sirve mentir: es su presencia la que ha operado este cambio”. No es que El año del diluvio de Eduardo Mendoza sea esencialmente una novela romántica. Sin embargo, su descripción del romanticismo se propulsa mediante dos palabras fundamentales que, a pesar de no pronunciarse seguido, igualmente están ahí, como aguardando el momento de dar el latigazo para trastocarlo todo. Las palabras son alteración y entrega. Una ligada a la otra. La alteración que sólo puede provocar alguien específico, alguien que, como esas mismas palabras, lo toman a uno desprevenido en una situación que parecía trivial. ¿Acaso no sucede? No esperar nada y súbitamente encontrarlo todo. ¿Qué remedio queda más que esa entrega? O esa entrega quizás sea lo único sobre lo que uno tiene poder de decisión. Es decir, si nos sentimos alterados por una presencia, está claro que nunca tuvimos control sobre el momento en el que su polo opuesto, la ausencia, se colmó con el ingreso en escena de una determinada persona. Uno ahí no puede elegir cómo reaccionar, es la primera reacción (o la concatenación de reacciones) lo que va a marcar el pulso de todo lo que se suscite después. Es como si el contexto pasara a ser completamente arbitrario. Como escribe Mendoza, cuando los cambios no vienen solos, cuando sin proponérselo alguien termina operando sobre nuestro sistema nervioso, se produce una suerte de bloqueo de los instantes previos y de los que nosotros imaginábamos que iban a sucederles. Por lo tanto, uno hoy está acá, pensando en algo, o no pensando en nada, solo, aburrido, acompañado, contento, entumecido, jovial, con la cabeza en el pasado, trazando planes, o con la cabeza en ningún lado. O uno simplemente puede estar. No sabiendo hasta qué punto el estar (infinitivo así, pelado, seco, sin ningún participio que indique acción, movimiento) implica una trampa. Nos podemos creer vivos hasta que la alteración se produce. Sí, creo que no hay dudas. Ahora uno puede estar acá y en un segundo estar allá, en ese lado que el otro propone y donde uno puede ir obedeciendo a la reacción primigenia o de donde uno puede escapar, no necesariamente traicionando esa reacción, sino simplemente eludiéndola. Eso es lo fascinante y eso es lo que da miedo: no saber cuándo alguien nos va a empujar hacia su lado. No saber cuándo alguien se va a adueñar de nosotros.

Breathe In es la película que filmó Drake Doremus después de Like Crazy. Más allá de que se trata de una historia más “adulta”, el realizador vuelve a escudriñar en lo mismo: hay hechos que se generan como consecuencia de un efecto dominó, que son irreversibles, y donde la culpa de los involucrados nunca es algo de interés. Mejor dicho: no hay culpas. La rareza en la interacción entre Jacob y Anna de  aquella devastadora película es lógica en el marco de su reencuentro. No se puede borrar el pasado. Convivir con él no es fácil. El pasado puede modificar nuestra predisposición, no importa cuán duro nos empeñemos en llevarla hacia un lugar mejor. Breathe In es otra obra (particularmente bella, más gris que Like Crazy y sus atardeceres, con menos luz, menos calma, con más irrupciones y más lluvia) donde lo irreversible es primordial. Sophie (Felicity Jones, nueva musa de Doremus que contribuye a la dolorosa belleza del film) es una estudiante de intercambio que se dispone a pasar unos meses con una familia neoyorkina. En esa casa conoce a Keith (Guy Pearce), un profesor de música con deseos de formar parte de una orquesta, y quien no parece intranquilo dentro la rutina con su esposa y su hija adolescente. Doremus hace algo audaz: toma a su favor los prejuicios que la simpleza narrativa de su historia contiene (un hombre con crisis de mediana edad subyugado por los encantos de una brillante joven de dieciocho años) y los interpela tomando las vías más impensadas. Breathe In no es una película sobre sexo, no es una película sobre un hombre cansado de su vida que encuentra en esa joven las respuestas a todas sus carencias. Es una película sobre dos personas que se conocen y se alteran, con un denominador común: ambos están obsesionados con los conceptos de elección y de libertad (“I don’t wanna be living a life where I’m not choosing stuff”, dice ella; “a lot of people fucked themselves up” dice él) y no necesitan consumar la atracción (más intelectual que física) para que la complicidad se esclarezca. Con intensas miradas (a Jones no le cuesta la química instantánea con sus protagonistas) y una escena magistral en la que Sophie y Keith ingresan a la casa después de una tormenta, se desvisten en sus respectivos cuartos y se reencuentran en el living, Doremus alude a la alteración y alude a la entrega y revolotea en lo cíclico. Así es como Breathe In parece terminar como comienza. Parece. Porque en el medio se produjo todo un torbellino. En el medio se produjo un cambio. En el medio, Keith advirtió algo que lo liberó y condenó al mismo tiempo. Keith advirtió que, antes de Sophie, solo estaba. No vivía. No reaccionaba. Entonces, Doremus deja latente un dilema (¿cómo volver a la normalidad después de eso?) y yo me pregunto sobre su pregunta: ¿volver a la normalidad? ¿acaso eso se puede? 

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 ► [TRAILER] Les dejo un adelanto de Breathe In:

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 ► [RECUERDO] Algunos momentos de Like Crazy:

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¡Hola a todos! La consigna para este viernes: Mencionar las películas que no pudieron (o que incluso no pueden) sacarse de la cabeza, aquellas que los dejaron maquinando, ya sea porque les llegaron a nivel personal o porque dispararon muchos interrogantes; espero sus comentarios, y quienes hayan visto Breathe In también pueden explayarse sobre ella; ¡nos reencontramos en la canción de mañana! ;)

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La última vez hablamos sobre la mejor película para… UNA NOCHE DELIRANTE

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Los ilegales y escenas WTF

Hoy en Cinescalas escribe: Eduardo Meza

[ATENCIÓN]: Post cargadísimo de spoilers. Sí, de nuevo: SPOILERS sobre la película Lawless – Los ilegales

En una charla con Mily, le comenté algo sobre una de las películas, a mi juicio, más copadas y a la vez infravaloradas del año pasado (sí, 2012, ya sos “el año pasado”): Los ilegales. No recuerdo las palabras exactas que utilicé, pero el concepto fue el siguiente: la película está muy bien hecha, bastante bien actuada, gran ambientación de época, pero…hay escenas donde es imposible no gritar internamente: “¿Qué ca***o es esto?” o, siendo más cool, “What the fuck?”.

La película se centra en los tres hermanos Bondurant: Jack (Shia LeBeouf), Forrest (Tom Hardy) y Howard (Jason Clarke). Nuestros muchachos, en plena Ley Seca, se encargan de preparar y distribuir alcohol para quienes lo deseen, es decir, hasta para los policías. Todo cambia cuando desde Chicago le envían a su pueblito al paquete de Charlie Rakes (un sublime Guy Pearce), un burócrata que busca quedarse con todo el negocio, lo que implicaría borrar a los Bondurant. Pronto, la tensión y la acción entre los bandos (porque los Bondurant y Rakes van formando sus pequeñas alianzas) van fluyendo. Sangre, muerte, tiros, explosiones. Es un drama criminal, nada inesperado, pero…subterráneamente diría, la compilación de bizarreadas va in crescendo [N. del E.: el guión es de Nick Cave].

Empecemos por la voz de Tom Hardy. ¿Por qué hace un vozarrón tan campechano? ¿Y por qué su total falta de expresiones? Habría que avisarle que ya no es Bane. A veces se suelta y habla mucho, pero, si busca conquistar a una flaca (y qué flaca Jessica Chastain), no podés contestar ”What you doing?”. Siguiendo con Tom y su personaje Forrest…¿De verdad, después de todo lo que le pasa en la película, incluyendo unas seis balas en el torso, muere por neumonía? Dale, me están cargando.

Otra: Charlie Rakes. Mayor momento de tensión dramática, preparándose para matar Bondurants: SE PEINA. Sí, se peina, y a la gomina. Perdón, me adelanté. No les conté las reiteradas veces en las que se queja de la camisa, inclusive cuando asesina a un inocente muchacho. Y no les conté su risa, su macabra risa en los primeros minutos de aparición. Este es un villano, Academia de Hollywood. Aquí tenían un excelente nominado que dejaron pasar (pero ése es otro tema, bien espinoso). Ni hablar de LA escena WTF de Los ilegales: Charlie Rakes encuentra la fábrica de alcohol Bondurant gracias a sus binoculares que ofrecen una visión muy Depredador (sólo faltaba el zumbido y que aparezca Arnold a los tiros). Emocionado, va con sus muchachos a quemar todo. Pero, en eso, Howard simplemente toma alcohol y empieza a aullar como Chewbacca. ¿Qué mas WTF que eso, damas y caballeros?

*Algunas imágenes de Los ilegales:

Admito que salí de la sala con una sonrisa impresionante. No sólo porque hicimos alquimia de una película seria a una medio bizarra, sino porque ese día aprendí que el cine, observado con otros ojos, quizás más soñadores, puede ser un juego, una búsqueda atravesando los fotogramas y sonidos: el hallazgo de un WTF memorable, que valga el precio del ticket de entrada.

Por Eduardo Meza

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¿Vieron Los ilegales? ¿Qué impresión les dejó? Los invito a sumar otros “momentos WTF” o películas ídem que les hayan producido lo mismo que Los ilegales le produjo a Eduardo; ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas manden sus notas a milyyorke@gmail.com (gracias por la paciencia a quienes no he publicado todavía)

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—> La última vez escribió Florencia Gaudio sobre… THE PERKS OF BEING A WALLFLOWER

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