Lo que sea, donde sea

Fuente: abitofeverything1992.tumblr.com

After dinner, I had ice cream
I fell asleep, and watched TV
I woke up in my mother’s arms 

Grandma take me home
Never take me home
Grandma take me home
Wanna be alone

“Sliver” (Nirvana)

Como una forma de hacerle honor a su caos intrínseco, My Own Private Idaho es una película sobre muchas cosas, es un cúmulo de referencias y adaptaciones (siendo Enrique IV de William Shakespeare la más notoria) y es una representación cabal de lo que implica el concepto de libertad para quienes realmente quieren aprehenderla y para quienes están enamorados únicamente de la idea, como si ya el mero hecho de querer sentirse libre implicara una acción acorde a dicha necesidad. En función a esto, claro, aparece el tiempo. El tiempo suspendido. El tiempo que trae consigo la fantasía de la renovación permanente de nuestras vidas y la mortandad definitiva de los karmas del pasado. En ese choque de pensamientos conviven Scott (Keanu Reeves) y Mike (River Phoenix), dos jóvenes que se prostituyen en las calles de Portland y que se protegen mutuamente dentro de sus radicales motivaciones personales. Gus Van Sant construye una pequeña película circular que comienza donde termina: en un camino que puede conducir a cualquier parte. Esta decisión estética está ligada más a quien realmente ansía liberarse de sí mismo (Mike) que a quien termina atado a las imposiciones sociales (Scott). Por lo tanto, cuando Van Sant se acerca a Mike lo hace a través de esa parábola del tiempo detenido, enfatizada por la enfermedad que éste padece (narcolepsia), una que lo inserta en un microuniverso de confusión y somnolencia, y que lo desvía momentáneamente de un objetivo claro: el reencuentro con su madre. Por lo tanto, My Own Private Idaho no es una película sobre un solo viaje (aquel que debería culminar con madre e hijo fundidos, un plano que inspiró otro de la reciente Mommy de Xavier Dolan) sino sobre varios que titilan en simultáneo. Ese “my own private” está aludiendo, entonces, a las intensas y vastas búsquedas que Mike emprende tanto en el sueño como en la vigilia. En su consciencia, su búsqueda está vinculada a entablar una relación sentimental con Scott, a adaptarse a cada ambiente nuevo, a no distanciarse de su propia sombra (“¿nos olvidamos, a veces, de nuestra sombra o es que nuestra sombra nos abandona de vez en cuando?” se preguntaba Oliverio Girondo en Espantapájaros). En la inconsciencia, en cambio, Mike recibe pantallazos de su otra vida (¿perdida?), imágenes de su madre y de lo que sería volver a sentir su mano en la frente, ese gesto de salvación que la película duplica en todas las ocasiones en las que Scott tira la soga y extrae a Mike de su condición narcoléptica. Sin embargo, a pesar de sus discrepancias, ambos viajes son esencialmente espirituales. Mike no necesita de algo concreto que le marque el tiempo (“you wouldn’t even look at a clock unless hours were lines of coke”) así como tampoco halla en lo material la solución a aquello que llena el vacío. Por lo tanto, la confesión romántica a Scott en una fogata íntima y silenciosa – que Van Sant filma a un ritmo disonante del resto del film, lo cual la vuelve más poderosa -, tiene como génesis el amor impoluto, el amor que no se deja contaminar por el dinero, sellado con la maravillosa frase escrita por Phoenix: “I love you and you don’t pay me”.

Fuente: abitofeverything1992.tumblr.com

Asimismo, los recursos sinestésicos de My Own Private Idaho cobran relieve cuando Mike le atribuye a la carretera una condición propia de otra cosa. En lugar de asegurar que él “recorre rutas”, extrae ese verbo de la ecuación para referirse a cómo las “saborea”, lo cual es totalmente fiel a su discurrir profundamente sensorial. Mike está siempre siendo percibido, tocado (y viceversa) y Mike está siempre aprehendiendo algo con todo el cuerpo, ya sea en el sueño o en la vigilia. Recuerda dedos que su mamá pasaba por su cabello o no recuerda del todo cómo el calor del asfalto le quemaba la cara. En síntesis: Mike está siendo libre ya desde su conexión con el mundo. Por el contrario, Scott, el objeto de su afecto, es aquel hombre enamorado más de la idea que de su ejecución. El consejo que le da a su amigo (“It’s when you start doing things for free that you start to grow wings”) se convierte en una responsabilidad devastadora que no solo no puede cumplir sino que además evita con un giro brusco de conducta. Scott reemplaza la moto y el andar errante por un camino recto con metas previamente establecidas. Hereda el dinero de su padre y se convierte en un títere de búsquedas ajenas, despersonalizándose por completo. Scott, en lo que sería una lúgubre paradoja, se pierde mucho más que Mike. El doble funeral que Van Sant filma sobre el final de su película acentúa esa duplicidad de perspectivas. En uno reina el caos más luminoso (volvemos a cómo la película no es más que un hermoso caos), con girasoles en primer plano, mientras que en el otro se adopta un proceder más ceremonioso y, curiosamente, sin atisbos de emocionalidad. El cruce de miradas entre Mike y Scott es la viva prueba del cruce de caminos entre ambos. “When I left home, the maid asked me where I was off to. I said ‘Wherever. Whatever. Have a nice day’”. Ese donde sea y lo que sea sea que dice Scott habla menos de él que de Mike. Su donde sea y lo que sea se desactiva en el mismo momento en que nada de lo que experimenta parece estar librado al azar. El joven literalmente le da la espalda a su pasado, y su idea de día feliz ya no se funde con la búsqueda sino con la retribución constante de aquello que por años le había sido negado. Por lo tanto, My Own Private Idaho retoma el concepto de paradoja cuando es Mike quien, en su permanente estado de déjà vu, nos habla acerca de cómo la búsqueda es algo que nunca terminará para él y que la salvación puede llegar a ser maniquea: “I’m a connoisseur of roads. I’ve been tasting roads my whole life. This road will never end. It probably goes all around the world”. Asimismo, sobre el final-no-final, cuando es rescatado de un momento de debilidad (como tantos que donde sea le tocó vivir), Van Sant nos priva de identificar el rostro de la figura que lo sube a un auto cuyo destino tampoco conocemos. Tiene sentido. Tiene sentido porque Mike siempre aseveró que el camino a la salvación no es uno prefijado sino uno que puede adquirir muchas formas, que puede arrebatarte del tedio hoy o mañana, que puede transitarse en una confortante circularidad. “This road is like someone’s face…like a fucked up face” dice con una precisa melancolía el enorme River Phoenix. El camino, entonces, es un rostro desfigurado. Uno que como sea se presentará delante nuestro sin que lo predeterminado juegue un rol predominante. ¿Qué hacer entonces, con la búsqueda de los “nice days”? Como diría Cobain, al desorden hay que aprender a amarlo con solo tres mandatos: “Oh well, whatever, nevermind”. ♦

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► [ESCENA] La secuencia que River Phoenix escribió para My Own Private Idaho:

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► [COMPILADO] El cine de Gus Van Sant, en un solo video:

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► [GALERÍA] 40 afiches alternativos de grandes películas independientes mencionadas en este post:

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¡BUEN JUEVES PARA TODOS! En este nuevo post, una sola consigna: mencionar cuáles son, a su criterio, las mejores películas que ha dado el cine independiente; como vine haciendo esta semana, me gustaría recopilar todos los aportes en una galería; quienes quieran explayarse sobre My Own Private Idaho, el cine de Gus Van Sant y el gran River Phoeniex también pueden hacerlo; ¡los leo muchachada! Nos reencontramos el lunes con un post sobre la serie Daredevil ;)

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Esperar para ver

“I could be another fool or an exception to the rule, you tell me the morning after” - Elliott Smith (“Say Yes”)

Robin Williams (1951-2014)

En lo que sería una suerte de semana temática, y en relación a la idea que tuvo Natalia Bello para el post de hoy, pensé en el debate-dentro-del-debate que se generó en el de ayer. Independientemente de los argumentos que dimos acerca de si sentimos empatía con Tom o con Summer, también intercambiamos apreciaciones respecto a la histeria, la valentía y el tiempo, conceptos que observamos desde distintos ejes y que conseguimos entrelazar. Eso me trajo al final de Good Will Hunting, especialmente porque éste pone de manifiesto cómo el exponerse ante el conocimiento del otro puede ser complejo pero no imposible. La llegada de Skylar a la vida de Will no sólo lo obliga a indagar aún más en sus limitaciones emocionales sino a descubrir qué es lo que verdaderamente quiere. Así, la frase profética de su psicólogo (“you don’t know about real loss because that only occurs when you love something more than you love yourself”) es contrarrestada por Will cuando, al advertir la pérdida de aquello que ama, decide que es hora de conquistar el tiempo perdido, subirse a un auto para ver qué le pasa con esa chica, erradicar su mirada teórica, dejar de “citar sonetos” para realmente amar desde lo concreto, abandonando las imposiciones. “It’s always been wait and see” canta Elliott Smith en “Say Yes”, englobando esa cruzada a la que nos enfrentamos muchos cuando somos conscientes de nuestras búsquedas pero también carentes del coraje para dar el primer paso, ese atemorizante salto al vacío, ese “esperar para ver qué pasa”. En su libro Tejiendo sueños, Patti Smith escribe sobre el deseo y lo liga, justamente, al conocimiento (“un deseo de cierta cosa o el simple deseo de saber”) y a la apertura hacia lo diferente (“lo único seguro es el cambio”). Porque a contramano de lo que él creía, el preciso instante en el que Will se vuelve más fuerte es cuando acepta que es vulnerable, cuando se pone en movimiento, cuando maneja hacia lo incierto y cuando deposita su corazón, por primera vez, en manos de alguien. 

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► [ESCENA] El enorme final de Good Will Hunting:

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HOLA A TODOS La consigna para este día iba a ser que mencionemos películas asociándolas con sus citas más representativas; la idea era dejarles una galería de fotos vinculando imágenes con frases, de acuerdo a los aportes que hicieran; sin embargo, la muerte de Robin Williams alteró los planes; LOS INVITO A RECORDAR A ROBIN EN ESTE POST CON FOTOS/VIDEOS/GIFS Y A SUMAR SUS PAPELES FAVORITOS DEL ACTOR (simplemente no puedo creer que justo al publicar este post me entero de esta triste noticia); un saludo para todos…

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Deathmatch: Originales vs. Remakes

*Deathmatch propuesto por: Luli81

El disparador para el Deathmatch de hoy fue la sugerencia de Luli, quien, la semana pasada, propuso contrastar la interpretación de Michael Caine con la de Jude Law en una misma película, pero en sus distintas versiones: Alfie. Me pareció que, además de tocar ese punto, sería interesante expandir un poco el planteo y debatir acerca de las producciones originales y sus remakes. ¿Son las últimas realmente necesarias? ¿Hasta qué punto pueden decir algo nuevo en comparación con el material que toman de base? ¿Hasta qué punto pueden moldear ese material y crear algo con relativa autonomía? Las respuestas pueden ser múltiples y por eso el tema es insondable. Como recientemente vi Hitchcock – esa clase de biopic que busca sintetizar a un director con dos o tres frases simplonas, como si no hubiera mucho más en lo que ahondar –, terminé llegando a Psicosis y, en consecuencia, a la remake de Gus Van Sant. Supongo que se trata del ejemplo más extremo en cuanto al significado de “relectura innecesaria”, por muchas razones y una sola al mismo tiempo. Mejor dicho: por una que se ramifica en muchas otras. Lo que para Hitchcock era una comedia negra, para Van Sant no fue más que un ejercicio de estilo vacuo, que ni siquiera se atreve tampoco a ser juguetón y que ni siquiera opera como homenaje. Es Van Sant queriendo demostrar que puede hacer algo provocador (la famosa “copia plano por plano”), como lo es hecho de anticiparse a la desaprobación. Como sabiendo que su film va a ser denostado eventualmente. Por otro lado, ya saben lo que opino de Van Sant, de esa “Death Trilogy” que me sigue resultando hipnótica, de cómo a veces lo dice todo con una sola toma, con decisiones estéticas casi siempre acordes a la historia, todas amparadas por una singular belleza. ¿Pero la remake de Psicosis? No, eso no es Van Sant. Eso es un capricho. Y no son malos los caprichos. No son malos siempre y cuando de ese arrebato antojadizo surja algo, algo que exceda, en este caso, la mera lucha del director contra el director mismo.

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► [TOP FIVE] Las peores remakes del cine de terror:

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► [TOP TEN] Las mejores remakes (siempre discutible):

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[DE YAPA] Un gran póster alternativo de Psicosis (gracias a @celestinka por el link):

Diseño de Viktor Hertz

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¿A favor o en contra de las remakes? Pueden listar las peores (la gran mayoría), pero también rescatar algunas que han sido favorables con el material original; los invito a dejar sus comentarios y a proponer una escena del día y/o versus (con “antes y después” incluido si quieren) para debatir uno de estos jueves; ¡gracias a todos! Nos reencontramos mañana…

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¿A FAVOR O EN CONTRA DE LAS REMAKES?: COMING SOON…

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La última vez enfrentamos a… EL MICKEY ROURKE DE ANTES con EL MICKEY ROURKE DE AHORA

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Ya usé este gif, pero la ocasión amerita su reutilización:

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Oscars 2013: Los directores

Retomo la iniciativa de dejarles algunos “regalitos” el fin de semana con las distintas entrevistas (o roundtables) de este año organizadas por The Hollywood Reporter, y palpitando la temporada de premios que se avecina. Arrancamos con el intercambio entre cinco directores con películas oscarizables: Ben Affleck (Argo), Tom Hooper (Les Miserables), Gus Van Sant (Promised Land), David O. Rusell (Silver Linings Playbook), Ang Lee (Life of Pi) y Quentin Tarantino (Django Unchained). La charla dura una hora y es imperdible. Lamentablemente no encontré una versión con subtítulos, así que les dejo la original. Que la disfruten cuando sea que puedan verla. Después me cuentan qué les pareció. Nos reencontramos el lunes con una muy buena noticia.

Ponerse de pie

Hoy en Cinescalas escribe: Lucila Quarleri

Basada en la vida de Harvey Milk y dirigida por el controvertido Gus Van Sant, el film se desarrolla en la ciudad de California en los años 70. La historia comienza cuando Harvey Milk (Sean Penn) se muda a San Francisco junto a su pareja Scott Smith (James Franco) para abandonar la vida aburrida y rutinaria que llevaba como empleado de una gran empresa. En la calle transitan muchos otros homosexuales, al punto que la zona se convierte en un enorme gueto gay, donde pueden expresarse con libertad reivindicando el respeto que habían perdido. La comunidad empieza a juntarse esporádicamente, al principio preparan comidas y bailan al compás de la música en un clima de pleno afecto y amistad. Sin embargo, las reuniones se transformaron en un escenario de protección mutua contra las discriminaciones y agresiones que sufrían constantemente. Milk, el cabecilla del grupo, organizaba los encuentros y era la voz líder de todos, llevando los deseos de sus amigos más allá de aquellos encuentros. Decide entrar en política y comenzar una campaña por los derechos de los hombres y las mujeres homosexuales.

El discurso de Harvey en la película:

La película, escrita por Dustin Lance Black (reconocido gay), guarda un impecable equilibrio entre todas las caras o ramificaciones de la vida pública del protagonista desde la política, hasta su costado íntimo e introspectivo de su historia más privada, reflejando un verdadero modelo incansable de lucha por los derechos humanos, más allá de las elecciones sexuales. Este relato no sólo se construye en torno al activismo de la comunidad gay Estados Unidos. Es ante todo un relato universal de la lucha del hombre contra la intolerancia y la represión. Los responsables de esta maravillosa película se limitan a contarnos acontecimientos reales con ternura, cariño, y los ojos dolidos.

Una de las partes más emocionantes y fuertes de la película se produce cuando Harvey sube al escenario frente a miles de compañeros presentes ese día para pelear por sus derechos y dice:  “Les pido esto: que si al final hay un asesinato, quiero que cinco, diez, cien, mil personas se alcen; si una bala entra en mi cerebro, que destruya las puertas de todos los armarios; les pido que el movimiento continúe porque no importa el beneficio personal, ni el ego, ni el poder, sólo importa que las minorías estén ahí arriba, y no sólo los gays, sino los negros y los asiáticos y los ancianos y los minusválidos, las minorías… Sin esperanza las minorías se rinden; ya sé que no se puede vivir sólo de esperanza, pero sin esperanza no vale la pena vivir; así que tú, y tú, y tú, tienes que darles esperanza… tienes que darles esperanza”.

La lucha de Harvey le costó la vida en 1978, cuando Dan White, su político opositor,  se asoma a una de las ventanas del Ayuntamiento con un rifle y lo fusila a él  y a George Moscone, alcalde de la ciudad. Harvey recibió cinco impactos de bala. Dos de los proyectiles se incrustaron en su cerebro. La película debería ser una lección para los homosexuales que hoy en día tienen el camino marcado por quienes lucharon en otras épocas. Para entender el presente hay que estudiar la historia. El orgullo que representa el dictamen de una ley, la aceptación familiar, y la exposición pública en general ante una sociedad históricamente represora es producto de una lucha eterna de la comunidad homosexual contra “lo normal”.

Para que reconozcan lo que supuso en otros momentos estar orgulloso de algo que actualmente, entra en los parámetros de lo normal y es aceptado por la gran mayoría de la sociedad. La actitud de Harvey Milk respecto a su situación demuestra que la mejor forma de luchar, especialmente en EE. UU, es empleando las mismas armas que poseían los que estaban en el poder. Ponerse de pie y arrebatar aquello que estaba solicitando. En lugar de seguir llorando y paralizarse ante la injusticia, reaccionar y luchar. Porque a pesar de los inconvenientes y problemas que se le pusieron en frente, Milk pudo salir a flote y logró que el congreso de California vote la propuesta que mejoraba las condiciones de trabajo de todos los gays (en aquel momento, ni los homosexuales ni los que simpatizaban con ellos podían ejercer ciertos trabajos como la docencia). Considero que la película puede ser vista y disfrutada por un público amplio, más allá de la postura que tengan sobre los gays y sus derechos, ya que invita a que los espectadores se identifiquen con la personalidad de el protagonista por su lucha insaciable.

Por Lucila Quarleri

¿Qué opinan de Milk? ¿Qué actuaciones basadas en personas reales, como la de Sean Penn, los han impresionado más?; ¡Dejen sus comentarios!

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