Lo mejor del 2015: Las actrices

Judy: If I let you change me, will that do it? If I do what you tell me, will you love me?

Scottie: Yes. Yes

Judy: All right. All right then, I’ll do it. I don’t care anymore about me

Vertigo

“Speak Low” no opera únicamente como una composición utilitaria para el final de Phoenix de Christian Petzold. “Speak Low” es, desde lo lírico, una elocuente manera de describir en retrospectiva la compleja relación entre Nelly (Nina Hoss) y Johnny (Ronald Zehrfeld); una relación que, como detalla la letra de Ogden Nash, fue víctima de los azotes del tiempo y las circunstancias contenidas por éste (“love is pure gold and time a thief”) y al mismo tiempo sintomática del desengaño padecido por una de las partes (o por ambas, si observamos más detenidamente) producto de la avaricia y el individualismo (“the curtain descends, everything ends too son”). Asimismo, esa súplica de hablar casi susurrando es representativa del tono general de este magistral melodrama, uno que avanza lento pero firme, impenetrable pero contundente. Con Vertigo como principal influencia, Petzold registra el renacer de Nelly, una mujer judía alemana que sobrevive a un campo de concentración y emprende la búsqueda de su marido (y posible traidor) luego de haber atravesado una dolorosa reconstrucción de rostro. Una vez que se produce el encuentro, uno configurado por ese llamativo cartel en rojo del bar Phoenix que contrasta con las ruinas de su entorno, la película se vuelve más hitchockiana que nunca y, al mismo tiempo, logra mantener el sentido de gracia y sofisticación de sus viñetas previas. En este aspecto, Petzold deja que Hoss hable sin hablar (el “speak low” no solo es una decisión estética sino también narrativa), que sus modismos denoten el grado de dificultad a la hora de reconocerse con su marido, quien cree que está parado frente a una mujer completamente diferente. En los pequeños instantes mundanos en los que Hoss y Zehrfeld van acercándose en esa habitación simbólica del ahogo padecido por Nelly se trasluce la grandeza de una película de corte clásico en la cual la dualidad (concepto trabajado en el cine casi siempre con penosa obviedad) es abordada desde detalles como los cambios en el color de cabello, como las dos formas distintas (y al mismo tiempo idénticas) de escribir un nombre, como las dos maneras de portar un vestido y un par de zapatos y, sobre todo, como los dos modos antagónicos pero simultáneamente iguales de observar a la persona amada. Así llega Phoenix a su secuencia final (una de las mejores del año), donde la potencia de la revelación proviene de la precisa forma de Hoss para exteriorizar el desencanto de Nelly. La actriz, haciendo uso de sus dotes de cantante, interpreta “Speak Low” como si nadie lo hubiese hecho antes que ella, con el cuerpo temblando ligeramente y la voz que va cobrando fuerza a medida que las palabras finalmente logran salir. Eso mismo es Phoenix: una película que resignifica, revaloriza, reinterpreta y resurge, como la propia Nelly, de la mismísima oscuridad. ♦

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►[TRAILER] Algunas imágenes de la brillante Phoenix:

PHOENIX (2014) by Christian Petzold – Trailer from Richard Lormand on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES FEMENINAS DEL AÑO:

► 1. ANNE DORVAL en Mommy

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► 2. ELENA ANAYA en Todos están muertos

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► 3. GRETA GERWIG en Mistress America

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► 4. MARGOT ROBBIE en Z for Zachariah y Focus

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► 5. KRISTEN STEWART en Clouds of Sils Maria

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► *DE YAPA: MELISSA McCARTHY en Spy

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 Hoy seguimos con los jueves de balance eligiendo las mejores interpretaciones femeninas del 2015; por otro lado, quienes hayan visto Phoenix pueden explayarse sobre la misma; nosotros nos reencontramos el lunes con un post sobre Star Wars: The Force Awakens  PD1. Para recordar cuáles fueron sus actrices favoritas del 2014, pueden hacer click acá mismo PD2. Como les venía contando, tengo a mi abuela muy mal de salud, así que si no ando por los comentarios muy frecuentemente hasta el lunes, ésa es la razón, les mando un gran saludo a todos

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Lo mejor del 2013: Las actrices

Hace poco leí una entrevista en la que Noah Baumbach aludía a cómo el cine podía convertir una situación ordinaria en un evento extraordinario. Baumbach no se refería al cine desde las generalidades, sino más bien a cómo ciertos personajes llevan a su autor a crear esa clase de momentos, a cómo un personaje en particular puede propulsar un acto heroico para lo que es su mundo. De inmediato recordé Greenberg y algo sobre lo cual escribí por acá (y posteriormente en el libro), vinculado a cómo sobre el final Roger le demuestra a Florence que puede hacer algo por ella. Y esa demostración poco tiene que ver con lo que se consideraría “grande” o “llamativo”. Esa demostración es el hecho simple de colgar un cuadro en una pared y, sin embargo, en el contexto de Roger, ese hecho es enorme. Es un paso adelante para quien luego se quedaría sentado en una cama, mientras esa chica escucha un mensaje de voz que él le había dejado con total seguridad de que era lo correcto. Es un detalle. Pero ese detalle es sintomático de lo que alguien puede provocar en uno. No de todos podemos esperar lo mismo. No todos demuestran amor de la misma manera. A veces esos detalles se nos escapan. No siempre tenemos los ojos abiertos. Ese mismo concepto se reutiliza en la extraordinaria Frances Ha, la flamante película que Baumbach co-escribió con su protagonista, Greta Gerwig. Más allá de los homenajes velados (y no tanto) que se concentran en ella (desde guiños a Léos Carax, reminiscencias a la Nouvelle Vague y un cierto aire a los slackers de Kevin Smith y Richard Linklater), más allá de ser una obra que se define a partir de lo que hace su protagonista (los bailes de Frances, su salida a la calle al ritmo de Bowie, hablan de una película libre y encantadora), termina convirtiéndose, por sobre todo, en otro film de Baumbach sobre el gesto como la manera más depurada que tiene el individuo para llegar al otro. Porque Frances podrá mudarse de casa en casa (“I’m tired, I’m always so tired”), podrá sentir el peso de su edad en cada acción (“I’m not mad, I’m disappointed”), podrá autoconvencerse de lo que tiene que hacer según lo que digita el entorno (“I have so much to do, I think I’ll probably read Proust, because sometimes it’s good to do what you’re supposed to do when you’re supposed to do it”), pero en medio de ese desconcierto comprende que los vaivenes carecen de importancia cuando se sabe quién es la persona que estará (aún sin estar) para ayudarte (aún sin saberlo) a sobrepasar los ciclos. Así, el film de Baumbach se revela como una obra sobre la amistad, sobre lo que Sophie (una genial Mickey Summer) significa para Frances y sobre cómo ese significado llega mediante una epifanía. Todo está dicho en ese brillante monólogo donde Gerwig se luce, donde explica cómo un instante tan simple puede hablar volúmenes sobre los vínculos: “It’s that thing when you’re with someone and you love them and they know it, and they love you and you know it, but it’s a party! And you’re both talking to other people and you’re laughing and shining and you look across the room and catch each other’s eyes. But…but not because you’re possessive or it’s precisely sexual but because that is your person in this life. And it’s funny and sad but only because this life will end. And it’s this secret world that exists right there in public unnoticed that no one knows about. It’s sort of like how they say that other dimensions exist all around us, but we don’t have the ability to perceive them. That’s…that’s what I want out of a relationship or just life, I guess”. En esa confianza en el otro, en los gestos del otro, es donde reside la belleza de una película que, como su protagonista, baila con los días, con los cambios. En esencia: con la libertad.

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 ► [TRAILER] Greta Gerwig en Frances Ha:

Frances Ha - Official Theatrical Trailer from IFC Films on Vimeo.

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*MENCIONES ESPECIALES PARA…

Jennifer Lawrence (Silver Linings Playbook)

Sandra Bullock (Gravity)

Mary Elizabeth Winstead (Smashed)

Cate Blanchett (Blue Jasmine)

Julie Delpy (Before Midnight)

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¡Hola muchachada! Arrancamos el balance de lo mejor del año con la siguiente consigna: ¿Cuáles les parecieron las mejores actuaciones femeninas del 2013, ya sea en roles protagónicos como en secundarios? Espero sus comentarios así armo una galería con los aportes; ¡Que tengan todos un gran jueves! ¡Hasta mañana!

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 ► [GALERÍA]: Sus actuaciones femeninas favoritas del año:

  

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Para ver cuáles fueron las mejores actrices del 2012… HACER CLICK ACÁ

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Si muero antes de despertar

♪ “I’d go further, I’d say life is wasted…on people” ♪

Una vez escribí sobre cómo el mayor momento de intimidad de uno con su propia mente es el momento en el que se apoya la cabeza en la almohada, en el que los pensamientos parecen intensificarse, clarificarse, cobrar un peso mayor. Hace poco, reviendo Greenberg, pensé en otro tipo de situaciones, aquellas en las que nos vemos forzados a expulsar toda la tormenta o estado de ebullición de nuestra cabeza. Me pregunté con cuánta frecuencia uno realmente verbaliza, con honestidad, todo aquello que lo sacude sin cesar. Hay una escena en Greenberg, una de las primeras en las que conocemos a Florence Marr (Greta Gerwig), en la que Noah Baumbach muestra una fiesta en Los Ángeles en primer plano (gente hablando, gente bailando, gente besándose) y a Florence, sentada en una esquina, casi fuera de foco. Ella toma un trago de una botella de cerveza y, antes de besar a alguien, dice una frase como si fuera un susurro: “A veces me pregunto si a alguien le importa si me levanto a la mañana”. Es un pensamiento poderoso, oscuro, triste. Porque levantarse todos los días indefectiblemente parece traer aparejado un motivo, una pulsión, una necesidad, algo por lo cual hacerlo. Sí, también está todo el otro costado, todas las razones objetivas por los cuales es imprescindible despertarse y empezar de nuevo. Porque en sí, en cada día, estamos empezando (algo) de nuevo. La forma en la que Florence lo dice es la forma en la que está encuadrada toda la historia de Greenberg: imperceptible. Muchas veces se suele confundir a esa manera subyacente de narrar lo eventual con cierta parquedad, con estatismo, con una pose de un cine indie pretencioso. Sin ir más lejos, a Como un avión estrellado de Ezequiel Acuña se le ha criticado su mirada sobre la adolescencia, como si fuera improbable que esos jóvenes existieran, como si fuera tan improbable que las canciones suenen en nuestra mente y no tengamos a nadie con quien compartirlas. Eso sí sucede. Esa soledad es real.

♪ “On the long and lonely road to kingdom come” ♪

Greenberg es una película que, desde esa primera caminata de Florence con el perro Mahler – situación en la que no podemos dilucidar qué hace de ella un ser complejo y atractivo, aunque suponemos que se vincula con todo esa ebullición que se vuelve más transparente con cada paso que da – hasta la hermosa secuencia final, nunca traiciona cómo quiere mostrar la conexión que hay entre esa mujer y Roger Greenberg (Ben Stiller). El enfoque es análogo al del uso de los paréntesis en la literatura o al empleo de coros en la música. Eso que parece estar en un segundo plano, eso que parece un complemento o algo de lo que se podría prescindir, es justamente lo que va cobrando relieve. La implosión. Lo subterráneo. Lo que está ahí, esperando para estallar, para salir hacia afuera. No hay otro camino para contar un encuentro entre dos individuos con igual índice de oscuridad (ni más ni menos de la que puede existir en todos nosotros) que ése, porque lo parentético es lo que define tanto a Florence como a Roger. Los modos que ambos eligen para comunicarse – si es que es algo que equivale a una elección y no ya  un patrón de conducta inherente o adquirido – son siempre (semi) manotazos de ahogado, como esa fuerte frase tirada al pasar en la fiesta, frase que Florence en realidad se dice a sí misma, por no tener un receptor que se haga eco de ella de la manera en la que lo necesita. Pero Florence también elige cantar. Con sus amigos alrededor y Roger mirándola, hace un cover de “There’s a Rugged Road” de Judee Sill y su postura es la misma que la de esa fiesta. No hay casi contacto visual con nadie, su atención está puesta en lo que esa canción dice por ella. Todas las aristas temáticas de Greenberg se abordan con lo indirecto como método y, quizás por eso, se trate de una película que se va volviendo cada vez más densa: sus protagonistas lo son. Nada parece estar avanzando. Parece que vivimos o en la casa del hermano de Roger o en la casa de Florence. Eso genera hastío, incomodidad pero, sobre todo, como un pánico residual, un pánico que deriva del hecho de observar lo crudo que puede ser percibir en alguien una existencia puesta en pausa. La vida de Roger, sobre todo, es una vida que o bien se detiene o bien rebobina. Él lo dice. “Un psiquiatra una vez me dijo que tengo problemas para vivir el presente, entonces me aferro del pasado porque al presente, en realidad, nunca lo viví como tal”. 

♪ “I cannot forget what you put me through…” ♪

El avance de la relación entre Roger y Florence, para Baumbach, no puede precipitarse y tiene que tener un intermediario, nuevamente un factor externo, algo indirecto que los haga superar sus propias limitaciones. Y el intermediario es ese perro, es Mahler. Las visitas al veterinario que hacen juntos pueden, para un observador pasivo, ser solo eso: visitas al veterinario. Para Roger, sin embargo, contienen un significado mucho mayor. Son, justamente, esas motivaciones que necesita para levantarse a la mañana, para salir de esa casa, para vivir, por más simple que esa acción sea. Ahí es donde Baumbach nos dice “esto es lo que hace a una relación simétrica”. Dos personas con los mismos miedos, discrepancias para comunicarlos, pero reunidos al final con la certeza de que si bien uno mismo es quien decide poner los pies en el piso todos los días, el despertar no siempre es así de fácil, así de automático. El despertar también puede ser violento, puede requerir de alguien que te bofetee, que te llame, que te grite, que te implore. Florence y Roger se despiertan. Ella, con su generosidad, todavía tan genuina a pesar de haber sido lastimada. Él, con su brutalidad, con su temor por salir de esa “casa” que es su propia mente en constante tormento. “Sé lo que es vivir una vida que nunca busqué” le reconoce Roger, en otra fiesta, a su amigo. Luego, toma el teléfono y, a su manera, escribe una carta. O deja un mensaje largo en un celular. A los fines, es lo mismo. Roger ya no indaga en qué pasaría si muriese antes de ser despertado por todo aquello que vale la pena (una canción, un beso, un cumpleaños) y se comunica (de eso se trata: overture). Y cuando se comunica, también, lo hace con las únicas herramientas que tiene a mano, con aquello que conoce bien (el dulce gesto de colgarle un cuadro a Florence), y no con los procedimientos habituales que el resto del mundo domina.

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Greenberg es una película que vuelve a lo oscuro luminoso (“está bueno en la oscuridad, está bueno en la oscuridad”), que nos dice que no tiene nada de malo atravesar el pantano o esa ruta desprolija sobre la que canta Florence y sobre la que literalmente camina en ese bello prólogo. Greenberg es una película sobre cruzar una calle, prácticamente centrada totalmente en todas las implicancias que tiene la ruta más compleja. Por eso, sobre el final, llega el alivio, la merecida catarsis, una suerte de Deus ex machina, donde todo aquello que estaba entre paréntesis pasa a estar subrayado. Donde esos coros ya no operan como sostenes sino que son los protagonistas. Donde la voz de James Murphy pide que no lo sigamos, que a veces uno necesitar salir del torbellino solo. Claro que cuando todo ese monólogo/carta/mensaje de voz de Roger queda al descubierto, nos damos cuenta de que nunca hubiese cruzado esa calle sin Florence. De que siempre hubo una mano acompañando (“¿Qué estás esperando? Vamos”), una mujer que erradicó su apatía, que le mostró que el dolor no tiene una única cara y que le dio esa cachetada, tan cerrada y contundente, como para despertarlo de todas las pesadillas.

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*DE YAPA: Les dejo una escena de Greenberg:

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*OTRA YAPA: El trailer de Shut up and play the hits, el documental sobre el retiro de LCD Soundsystem:

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*BONUS TRACK: La banda sonora de Greenberg:

Greennberg Soundtrack by cinescalas on Grooveshark

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Por pedido de Nati Páez y de quienes querían más posts de cine y música, la consigna de hoy sería: ¿A qué bandas y/o cantantes conocieron gracias a una película?; ¡Dejen sus aportes, los leo y más tarde les armo una playlist con sus menciones! Los que quieran, también, pueden explayarse sobre Greenberg; ¡Buen martes!

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*DE REGALO: Su playlist, a la que llamaremos: “Gracias al cine descubrí a…”; que la disfruten, muchachada, hay de todo ;) :

Gracias al cine descubrí a.... by cinescalas on Grooveshark

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HappyThankYouMorePlease

El viernes pasado (y los días subsiguientes) leí en el post de fin de año comentarios que, entre otras cosas, me hicieron sentir una enorme gratitud. En los tiempos que corren, sabemos, es poco habitual que en la web mucha gente se tome el trabajo de escribir explayándose y, sobre todo, de hacerlo con una generosidad enorme respecto a otra persona. Podría volver a entrar en el terreno cursi de lo movilizada que me sentí por los comentarios, pero voy a reducirlo todo a esto: di muchas vueltas respecto a cómo abrir el blog en el 2013 hasta que llegué a la conclusión de que la mejor manera de hacerlo era expresando mi gratitud por lo que se generó en el último día (hábil del blog) del 2012 (y en todo el 2012 también). Asimismo, encontré en palabras de David Levithan una buena forma de sintetizar la tranquilidad/placer/alegría que me produce actualizar este espacio y saber que ustedes están ahí, invisibles o no. Levithan se refería a los amigos y lo que ellos a veces suscitan: “cuando te despertás en la mañana, sacás las piernas de la cama, ponés los pies en el piso y te parás sin mirar nuevamente el borde de la cama para asegurarte que el piso está ahí: el piso siempre está ahí”. Por ende: gracias por estar. En relación a esto, quería comentar dos cosas más: A) como hice en enero del año pasado, los invito a sugerir ideas para el blog, secciones que les gustaría ver, secciones de las que prescindirían (sean duros, no hay problema), lo que sea que puedan considerar interesante para ustedes. B) El concepto de gratitud circundante al post de hoy también tuvo como disparador algo que hizo una amiga y que fue el puntapié para la consigna del día. Lo que ella hizo fue simple y a la vez no. Me recomendó una película (Damiselas en apuros, protagonizada por Greta Gerwig, a quien ven allí arriba) diciéndome que “era para mí”. De algún modo, tomé esa recomendación como un gesto de cariño porque A) demuestra que me conoce porque, claro, la película me gustó mucho B) se interesa porque vea algo que pueda hacerme bien. Porque a veces las sugerencias cinéfilas van más allá de un mero intercambio vacío o quizás tan frecuente que pasa inadvertido. A veces es un gesto, como cuando alguien te hace escuchar una determinada canción, que tiene el poder de modificar tu vida. A ustedes, a ella, les digo con felicidad “gracias” por lo que me hacen saber, conocer, sentir. Bienvenidos a un nuevo año del blog, siempre con la curiosidad como motor para ayudarnos a descubrir cosas nuevas entre todos. Más de eso, por favor.  

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[OFF TOPIC] REUNIÓN CINESCALERA VERSIÓN 2013:

A raíz de lo que generó el post de fin de año (este post de hoy, entre otras cosas), varios de ustedes, por distintas vías, sugirieron que hiciéramos una reunión de Cinescalas. Les cuento que la última reunión propiamente dicha se llevó a cabo hace casi un año, es decir, cuando muchos de los que ahora son parte de la comunidad todavía no habían empezado a comentar tan asiduamente. Por eso, para que los de la vieja camada y los de la nueva se conozcan y, desde ya, para conocerlos yo también, me pareció una buena idea tomar su sugerencia y planear otra reunión. Como lo mío no es precisamente la organización (ni la lucidez), no me percaté de guardar la recopilación de mails que hice para la convocatoria del video de sus películas del año. Por ende, uso este post para proponerles a quienes quieran asistir a la reunión que me manden un mail (milyyorke@gmail.com) con el original asunto de “yo quiero a ir a la reunión de Cinescalas 2013”, así ya me queda agendado para luego mandar el mail general con los datos del lugar. Lo que sí está definido es el día del encuentro: viernes 25 de enero. Una vez que en esta semana me confirmen quienes van, mando invitación virtual con el lugar en el que llevaremos a cabo la reunión. Otra cosa: puede suceder que alguien no lea este post y se pierda la convocatoria. Voy a estar atenta a eso. ¿Cómo? Torturándolos con mails avisando del encuentro :P . Espero sus mails, muchachada. Hasta mañana, como siempre.

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¿Ven una forma de demostración de afecto en el hecho de recomendar películas (o de que les recomienden)? ¿Qué películas han recomendado a personas que aprecian? ¿Les da resultado o no siempre dan en la tecla? Espero que hayan tenido un gran festejo el 31 y bienvenidos nuevamente a un tercer año del blog, ¡ahora comenten y sugieran secciones o lo que quieran! Que tengan un excelente día ;)

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Barajar y dar de nuevo

“If you were sitting alone, I’d bring you a sandwich”

Confieso que tengo debilidad por Russell Brand, ya sea cuando se convierte en Aldous Snow, cuando está con su esposa Katy Perry o cuando se junta a hacer boludeces increíbles con Noel Fielding (otra de mis debilidades que inspiró este post y este otro). Entiendo, de todas maneras, que no sea la clase de comediante que pueda caer bien de manera instantánea y que ese boludeo no permita ver que definitivamente Brand tiene presencia. Su carisma tampoco se encuentra reducido a tocarse mientras canta “Inside of You” o a dar ese consejo que todos querríamos recibir de un amigo (“Stroke the furry wall”). No. Su carisma es expansivo y se nota también en la manera en la que te clava los ojos para confesar que se siente solo. El único punto de contacto entre Arthur – remake de aquel film de Steve Gordon protagonizado por Dudley Moore – y la citada Get Him to the Greek es esa vulnerabilidad, ese espíritu infantil constante. Sin embargo, las similitudes se acaban cuando todo lo desatado que Brand pueda llegar a mostrarse se reemplaza por una actitud despreocupada, relajada, menos wasted (a pesar del alcohol y las fiestas) y más, si se quiere, tierna.

Las críticas mataron a la remake de Jason Weiner, justamente por la ausencia de comicidad. Pero Arthur no pretende ser hilarante, no hay gags trabajados para ese fin. Cualquier frase divertida que pueda salir de la boca de Brand sale desde un lugar mucho más ingenuo. Porque, debajo de toda esa parafernalia del hombre que lo tiene todo y a la vez no tiene nada, el film cuenta dos historias. Una, la del vínculo entre Arthur y su niñera (Helen Mirren). Otra, la del encuentro fortuito y posterior encantamiento entre Arthur y y Naomi (la gran Greta Gerwig). Tanto una como la otra serán las que ocasionen los cambios más radicales del estilo de vida del millonario, cambios que vemos en la manera en la que aprende a hacer un té o en la manera en la que organiza una primera cita, grandilocuente no por ser ambicioso sino por ser un eterno niño que sueña con cumplir ciertos deseos de perfección.

Por todo eso, Arthur es menos una comedia y más un relato sobre las segundas oportunidades, sobre un Peter Pan iluso que se acuesta a dormir en una bañera cuando se siente triste o que pide que le lean un cuento alegre cuando está enamorado. Russell Brand puede hacer que eso nos conmueva y que, cuando diga que conoció a una radiante extraña (“you were a kindness when I was a stranger”), le creamos. No sé, yo no pensé en Dudley Moore o en Liza Minelli cuando vi Arthur; yo pensé en una historia nueva, en el hombre despeinado de la galera y el bastón, ese hombre de los ojos desorbitados.

¿Qué opinan de las remakes? ¿Les parecen necesarias? ¿Cuáles consideran como buenas y malas? ¡Leo sus comentarios! ¡Que tengan un excelente miércoles!

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