Si alguien tuviera que ser Franny, que sea Zooey

“My teeth go funny on me. They’re chattering. I nearly bit through a glass the day before yesterday. Maybe I’m stark, staring mad and don’t know it…”

Es la manera en la que se baja del tren. Hay algo desordenado, desprolijo, despreocupado en sus manierismos. En una mano, un bolso. En la otra, un libro. Un libro que relee con la compulsión de quien encuentra en sus frases algo parecido a la salvación. Un libro que lleva consigo a todas partes porque, como muchos, sabe que tenerlo cerca implica sentirse menos sola. Las palabras que yacen en él son las que, una y otra vez, terminan hablando por ella. Acto seguido, coloca el libro dentro del bolso y comienza, también compulsivamente, a narrar episodios inconexos, situaciones triviales, como queriendo cubrir con la verborragia los espacios en blanco que tanto pavor le provocan. Es la manera en la que, aunque su pareja esté cerca, se desprende súbitamente de lo que la une a él y siempre (siempre) sucumbe a los pensamientos negativos. Que está ansiosa. Qué está impaciente. Que recuerda una noche de lluvia poco fortuita. Que quiere salir de ese enredo de sentencias. Que no puede. Franny Glass, como tantos personajes de J.D. Salinger, se ubica presencialmente en un lugar, pero simultáneamente su mente está habitando otro. Fiel a ese espíritu de “pez banana” que vincula a los Glass como familia, pero que también nos retrotrae a Holden Caulfield y la imagen de una calesita en movimiento, Franny nació para estar desencantada, nació para ser inconformista, para saber cómo detectar la hipocresía y, a fin de cuentas (como el Matías Vicuña de Fuguet), entregarse a la utópica empresa de encontrar belleza en los lugares más puros. Como puro es un poema, al que define como algo hermoso, como una suerte de legado impoluto que solo algunos pueden dejar.

Franny Glass – Ilustración: litkicks.com

La presentación que hace Salinger de Franny es extremadamente cinematográfica, y no solo porque podemos configurarnos sin problemas la imagen de una joven que baja nerviosa de un tren, como si todo estuviera a punto de caerse de sus manos, sino también porque, minutos más tarde, al encontrarla con la frente brillosa, sudando nerviosa, sacudiendo las cenizas de su cigarrillo y con la vista fija en el mantel, Franny es fácilmente representable. Su rostro, sus gestos, sus silencios, están expresando todo lo que ella no puede aunque lo intente; porque sí, lo intenta, incluso cuando de su boca salen las palabras equivocadas. Por eso, yo siempre la pensé con el rostro de Zooey Deschanel. Quizás porque leí que sus padres le pusieron Zooey por Franny and Zooey, pero mucho más porque en esos enormes ojos, en ese andar apurado, puedo hallar a la misma chica de las páginas, la que se siente rara, autodestructiva, “fatal”. Pensaba que Zooey es la perfecta respuesta a la consigna de hoy, alguien que reunió todas las condiciones para ser estereotipada pero que, sin embargo, está capacitada para volverse oscura, para llorar, para sacudir esas cenizas y ponerse a chillar como amenaza Franny cuando describe a los “engreídos demoledores” que terminaron cercándola. Hace poco, reviendo algunas escenas de Mumford, volví a creer que Zooey sería la perfecta Franny. El personaje ideal para terminar con una sucesión de roles tan parecidos entre sí, tan perfectos aún en su imperfección, que no nos dan una cuota de eso por lo que tanto pelea el personaje femenino más importante del universo Salinger: la tan vapuleada autenticidad. 

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► [ESCENA] Zooey Deschanel, en uno de los papeles más distintos a los que habitualmente interpreta, en la gran película Mumford:

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► [COMPILADO] En esta suerte de “post de los tics”, les dejo el hábito más molesto y constante del cine, que no necesita introducción alguna (vean si pueden soportarlo):

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► [GALERÍA] Los actores que siempre repiten ciertos gestos (y a veces un mismo papel) hasta el infinito):

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Dos consignas para este martes: 1. ¿Qué actores parecen estar siempre interpretando el mismo papel? ¿Cuáles son los tics con los que los asocian? Hagan sus aportes así armo una galería con ellos 2. ¿Alguna vez han imaginado a algún actor/actriz como la cara de un personaje literario? ¿A quiénes y con cuáles?; espero sus comentarios; ¡los leo! ¡buen martes!

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Algo de vos llega hasta mí

“I just love the idea of a character having a secret life that the author doesn’t even know about”

En sintonía con el post de ayer, y con otras cosas que me han sucedido, me quedó en la cabeza el tema de la compañía. No solo porque aludimos a Richard Parker y a su compañerismo (inusual e inesperado) sino porque continuamente encontramos en las películas – y lo expresamos aquí – a personajes que nos identifican y que, en relación a esto, operan, funcionan, se comportan como aliados, antídotos contra el escepticismo. Así es como en algunas ocasiones nos terminamos apropiando de eso que vemos, lo sentimos cercano, personal, y percibimos en su creador a alguien que, aún sin saberlo, se puso en nuestro lugar y nos definió, logrando ese reconocimiento instantáneo. Como se trata de algo poco común, algo que no tantas obras pueden conseguir, cuando ocurre eso de visualizarnos en los personajes, las películas dejan de ser permeables a un mero análisis crítico y pasan a adquirir otra connotación. Volví a este punto por dos razones. Por un lado, por el estreno en Sundance de Before Midnight y todo lo que el inminente reencuentro con Jesse y Celine implican para mí (y para muchos de ustedes). Por el otro, por haber visto The Jane Austen Book Club. 

El film de Robin Swicord – basado en la novela de Karen Jon Fowler – no es precisamente original en su desarrollo e incluso le puedo discutir varias cosas (por momentos se vuelve excesivamente explícito y hay giros de guión bastante forzados). Sin embargo, tiene algo que rescato: muestra cómo las novelas de una autora (Jane Austen, claro) se encuentran tan fusionadas con las vidas de un grupo de mujeres (y el hombre que altera la dinámica) que no solo hay en ellas características de los personajes de la escritora sino que además son partícipes de situaciones que tienen su correlato con episodios protagonizados por Elizabeth Bennet, Fanny Price y compañía. Teniendo en cuenta que muchos me pidieron que no descuidemos la sección Cine y Literatura, esta me pareció una buena oportunidad para que, tomando a esta película como disparador, compartan qué novelas en general (y personajes en particular) han llegado a ustedes, o han sido su espejo, su reflejo. Como siempre, mi elección es Franny Glass. Mucho de ella ha llegado hasta mí, desde su rabiosa misantropía (“All I know is I’m losing my mind. I’m just sick of ego, ego, ego. My own and everybody else’s. I’m sick of everybody that wants to getsomewhere, do something distinguished and all, be somebody interesting. It’s disgusting – it is, it is. I don’t care what anybody says”) pasando por su peculiar forma de ser autocrítica (“I’m sorry, I’m awful, I’ve just felt so destructive all week. It’s awful. I’m horrible”) hasta esa frase que quería incluir en el post de hoy, perfecta síntesis de algunos pensamientos que, en más de una ocasión, se han cruzado por mi mente.

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 ► Les dejo imágenes de The Jane Austen Book Club:

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¿Con qué personajes de la literatura se sienten identificados? ¿Qué autores sienten que les hablan a nivel personal? Quienes hayan visto The Jane Austen Book Club, pueden explayarse sobre la película; ¡Dejen sus comentarios! ¡Buen miércoles para todos! 

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