Lo que El post del baboseo (2014) nos dejó

Con casi 2.700 aportes, El post del baboseo 2014 se convirtió en el más comentado de los cuatro años de Cinescalas. De más está decir que todo el trabajo que tenía que hacer desde que lo publiqué hasta hace un rato fue dejado de lado con el fin de subir fotos y gifs. Según sus comentarios, Eva Green y Jared Leto son los ganadores de la edición baboseril de este año. Gracias por hacer estos posts lúdicos tan pero tan irresistibles. Les quise dejar un video de regalo pero YouTube no me lo permitió así que seguro lo suba mañana. Bueno muchachada, nos reencontramos después de toda la experiencia Mar del Plata, que será única tanto para mí como para esta gran comunidad. ¡Hasta pronto! UPDATE: Logré subir el video, ¡que lo disfruten!

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 ► [VIDEO DE REGALO] Eva Green, Jared Leto, una canción de Arctic Monkeys y mucha (más) baba (perdón, la canción se corta de golpe):

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¡BUEN JUEVES PARA TODOS! Como todos los años, los invito a elegir sus actuaciones favoritas de los ganadores de El post del baboseo; asimismo, dejo este post abierto para que divaguen hasta mi regreso de Mar del Plata; como les comenté, seguramente vaya actualizando a medida que pasen cosas con la película allá (siendo el día del estreno el día clave), pero oficialmente nos vemos el lunes 8 de diciembre; como siempre, un placer babosear con ustedes; ¡nos vemos a la vuelta, muchachada! ¡que terminen muy bien la semana!

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White Bird in a Blizzard: Pictures Of You

“You were stone white, so delicate lost in the cold; you were always so lost in the dark…” - The Cure

“There are three sides to every story. Your side, my side and the truth… and nobody’s lying” escribió Robert Evans en su autobiografía The Kid Stays in the Picture. La cita me recordó a White Bird in a Blizzard, la más reciente película de Gregg Araki, que si bien se presenta como varias cosas en simultáneo, no deja de ser una obra atravesada por los recuerdos y tres de sus ramificaciones: cómo uno recuerda algo, cómo eso que uno recuerda está empapado por el deseo interno y cómo eso que uno recuerda nos termina dejando al descubierto (elijo detenerme en esto, ergo: soy esto). Lo que plantea el discurso de Evans es que no existe eso de la verdad empírica y de que la memoria no hace más que desnudar hasta qué punto nos gusta envisionarnos (y envisionar al otro) de una determinada forma. White Bird in a Blizzard abre de manera contrapuesta a su desenlace. La primera escena nos muestra a Eve (Eva Green) tirada en una cama, vestida de negro, como preparándose para su propio funeral. La imagen es profundamente terrenal. Una mujer casi en contacto con el suelo, descalza, palpando con los sentidos el entorno como modo de sentirse un poco menos sola, vacía, muerta. La última escena, por el contrario, se centra en su hija Kat (Shailene Woodley, simplemente sublime), arriba de un avión, en pleno día, con una suerte de aura que la circunda mientras su rostro se ilumina en primer plano. Araki apuesta continuamente por lo especular, por el choque de colores, estados anímicos, sensaciones, maneras de ver el mundo. La adolescencia de Kat (digitada por el terreno inexplorado) colisionando con la adultez de su madre (digitada por el anhelo de redescubrir esa faceta que ve en su hija y que ya no reconoce en ella misma). La realidad más inobjetable (el sexo como modo de aprehender lo inmediato) colisionando con la utopía más devastadora (Kat soñando con su madre desaparecida, con la nieve como símbolo). En definitiva, una hija colisionando con una madre, un vínculo que es escudriñado bajo el espectro más brutal (y, como se trata de Araki, ineludiblemente grotesco), incluso con una veta psicoanalítica. Esa mujer que pasó a convertirse en ama de casa resiente la libertad que observa en su hija (el “white bird” describe tanto a una como a la otra) y no le permite hacer uso de esa libertad con placer sino que la interpela, la condena, la invade y eventualmente la tortura.

“She remains an absence to me. An empty space. An invisible, half-remembered ghost. I catch myself thinking that I’m gonna run into her someday. Like I’ll be at a stoplight, look over at the car next to me and there she’ll be, scowling at me with disapproval” dice Kat sobre su madre, de algún modo subrayando la mejor decisión que toma Araki al adaptar la novela de Laura Kasischke: el discurso de su protagonista está supeditado a los recuerdos y la vez está anhelando su reconstrucción. Cuando Kat habla de su madre – con nosotros, con sus amigos, con su novio, con su amante – lo hace como quien es asaltado por esas imágenes de las que habla Robert Smith en su himno sobre el acto de evocar; es decir, a través de una sucesión de fotogramas. Su madre irrumpiendo en su cuarto, su madre riendo histéricamente, su madre tirada en esa cama. Sin embargo, es Eve quien termina siendo su espejo, la voz de la conciencia, la figura omnipresente que la acompaña en su salto de la adolescencia a la adultez temprana. Kat le exige otra cosa a la memoria. Le exige una suerte de estampa de su madre antes de su propia existencia. Así, ese proceso de rearmado le permite a esa joven inferir que antes de ser quien le dio la vida, su madre fue una mujer succionada por el desencanto. “Remembering you standing quiet in the rain / Remembering you running soft through the night / Remembering you fallen into my arms / Remembering you, how you used to be…”. No es casual que Araki haya elegido “Pictures Of You” como parte de esta historia, como leit-motiv, como columna vertebral. White Bird in a Blizzard – por momentos invadida por el thriller, cuando podría haber sido una efectiva coming of age, acaso más perturbadora que otras – no hace más que exponer lo mucho que habla de nosotros el prisma por el que decidimos mirar lo que vivimos. Por lo tanto, cuando Kat toma ese avión sabiendo qué pasó con su madre, logra encontrar, entre tanta colisión, entre tanto blanco y negro, entre tanto sueño y pesadilla, el punto intermedio para que los what if sobre los que canta Smith (“If only I’d thought of the right words…”) pesen un poco menos. Kat imagina que su madre se le aparece y le susurra tan solo dos palabras (“I’m here”), dos palabras que, como esas tres aristas de los recuerdos esbozadas por Evans, pueden disparar para cualquier lado pero cuyo resultado será siempre el mismo, porque esas figuraciones convergen en una afirmación universal. Estoy acá del modo en que elijas recordarme. Pero estoy acá. Nada hará que mi imagen se nuble, que la memoria se anule o que la foto se rompa.

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► [TRAILER] Algunas imágenes de White Bird in a Blizzard:

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN / NOS PEGÓ LA NOSTALGIA] 100 canciones ochentosas mencionadas en el post de hoy; gracias por los aportes, que la disfruten mucho:

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¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy les dejo tres consignas: 1. ¿Vieron White Bird in a Blizzard? ¿Qué les pareció la película de Gregg Araki? 2. En relación al tópico del film, ¿qué otras interesantes relaciones madre-hija del cine mencionarían en el post? Si quieren, los invito a que se explayen sobre cómo es el vínculo que tienen ustedes con sus madres; 3. Por último, ¡armemos playlist! El puntapié, inspirado por la banda sonora del film, es que mencionemos canciones ochentosas; ¡como siempre, los leo! ¡hasta mañana!

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El perfecto sentido

Hoy en Cinescalas escribe: Soledad Lamacchia

¿Existe un sentido perfecto? ¿Cuál es, entre los cinco, ese que desearíamos no perder jamás?

Sentir es un verbo que puede resultar difícil de definir en el lenguaje cotidiano. Sentimos con el cuerpo aquellas cosas que olemos, degustamos, oímos, vemos y tocamos y con ese mismo cuerpo sentimos alegría, pena, amor, odio, orgullo, empatía.

Leí una vez que nuestra memoria es capaz de retener cerca de 10.000 aromas diferentes y que casi un 75% de nuestras emociones están influenciadas por el olfato. Tal vez por esta teoría es que Perfect Sense comienza como lo hace: En el mundo, por causas desconocidas, las personas pierden el olfato. ¿Qué relaciona a los casos entre sí? Nada asociado a una dolencia física, sólo tienen algo en común: antes de este Síndrome Olfativo Severo (S.O.S) los afectados sufren abrumadores ataques de melancolía: extrañan amores que creían olvidados, buscan seres queridos perdidos, se sienten vacíos y, casi como una respuesta inmediata a esa pena insoportable, el olfato desaparece tal vez intentando llevarse consigo los recuerdos encadenados a el.

Ante este escenario están parados Michael y Susan. Michael (Ewan McGregor) es un chef que huye de cualquier relación sentimental y que no puede, literalmente, dormir con la mujer con la que acaba de tener sexo. Susan (Eva Green) es una epidemióloga que viene de una relación frustrada pero que aún tiene la esperanza del amor. La atracción nace por casualidad: Michael es chef en un restaurant. La ventana alta de la casa de Susan, en la que fuma, da a la parte trasera del restaurant donde Michael trabaja. Él le pide un cigarrillo. Ella se lo arroja por la ventana. Él se ofrece a cocinarle. Le prepara un pescado que lleva a Susan a recordar a su padre fallecido, recuerdo que le dispara esa melancolía abrumadora que desencadena en la pérdida del olfato. Esa noche Michael la acompaña a su casa. Duermen abrazados. Michael siente el pecho oprimido, un llanto incontrolable y pierde el olfato. Aparecen así las primeras rajaduras en los cascarones dentro de los cuales cada uno escogió vivir para refugiarse de su pasado.

Mirá imágenes de Perfect Sense:

Los días pasan. El mundo se readapta a esta nueva forma de vivir sin oler, sin “sentir” y cuando todo parece normalizarse, sin aviso, inexplicables ataques de paranoia y angustia afectan a las personas y luego de voraces ataques de hambre el sentido del gusto desaparece. La pérdida del olfato y el gusto son sólo el comienzo de una enfermedad que comienza a anular cada uno de los sentidos pero que lleva al límite todo tipo de emociones y sentimientos. En medio de esta inexplicable pandemia, Susan y Michael se encuentran. Ambos tienen los sentidos y los sentimientos atrofiados, pero la necesidad del uno por el otro se intensifica ante la pérdida. Son ellos, junto con el monocorde y carente de emoción monólogo de Susan, el hilo conductor de la trama. Es a través de su relación que veremos cómo reacciona el ser humano ante un mundo caótico. Mención aparte para las perturbadoras imágenes que acompañan la historia. Son ellas, junto con momentos de silencio absoluto, las que terminan de dar fuerza al relato.

Me fue imposible no asociar esta película con el Ensayo sobre la ceguera de Saramago y esa vuelta del hombre a su forma más primitiva; pero, a diferencia de la novela de Saramago, el mundo de Perfect Sense queda sumido entre sentidos perdidos y sensaciones olvidadas y bajo estas nuevas condiciones las personas resurgen de dos maneras: dejándose llevar por el caos de la pérdida o descubriendo a través de algo inmune, un sentido perfecto, una nueva manera de conectarse.

“People prepare for the worst, but hope for the best”

Un detalle final me llamó la atención: Perfect Sense puede llegar al espectador en diferentes niveles. Estarán quienes la verán como una película más de ciencia ficción donde una enfermedad desconocida ataca a la humanidad y estaremos los que, por alguna razón, vimos más allá de la ficción, los que vimos un “Dios no da más de lo que puedas soportar” o un “cuando se cierra una puerta se abre una ventana” para los más ateos. Porque esto es lo que en el fondo parece querer gritarnos la película: ante las realidades que imaginamos más perturbadoras e increíbles, somos capaces de adaptarnos y, lo más importante, somos capaces de seguir adelante.

Por Soledad Lamacchia

¿Vieron Perfect Sense? ¿Qué les pareció? Los invito a responder la pregunta inicial de Sole: ¿Existe un sentido perfecto? ¿De cuál no podrían prescindir? ¡Dejen sus comentarios! Para escribir en Cinescalas solo deben mandar sus notas a milyyorke@gmail.com

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OFF TOPIC: Aprovecho esta nota para desearle un Muy Feliz Cumpleaños a la autora de la misma; ¡que pases un hermoso día, Sole! Saludos al resto ;)

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