Sus películas del año (y un video de regalo) (¡y Feliz 2015!)

Olivia: Sam, say something!

Samantha: Good…luck?

Boyhood

Este año a mi hermano le recomendé varias películas, pero especialmente estas cuatro: Boyhood, The Skeleton Twins, Before I Disappear y Mistaken for Strangers. Luego de verlas, y con un tono similar al que usa Samantha en la cita superior, me respondió: “me parece que me estás queriendo decir algo”. Conscientemente – porque no hubo nada de inconsciente en el acto – estaba necesitando que mire esas historias que, en mayor o menor medida, hablan sobre la hermandad, quizás para repensar un poco nuestra propia relación, o quizás porque todo lo que implique ver a dos hermanos sobreponerse a los conflictos toca una fibra bastante íntima (por eso la foto elegida para este post, aunque mi película del año sea otra). Con respecto a eso de tocar fibras íntimas, me es imposible hacer un repaso de todo lo que pasó en estos doce meses sin que sus propias palabras se entrecrucen con las mías, como ya había sucedido en el epílogo de Démosle un buen final a esta historia y como sucede acá todos los días. Ya saben que en el blog suelo citar mucho, que considero que hay pocas cosas tan valiosas como encontrar en palabras ajenas pensamientos propios. Sin embargo, anoche, cuando sondeaba posibles citas para este texto, no necesité recurrir a ningún libro para refrescar la memoria. Esta vez, las frases las tenía grabadas en mi cabeza. ¿Cómo podía cerrar el año de Cinescalas sin citarlos a ustedes? Y así, apareció la frase de Luján (“reúne personas que encuentran en las otras lo que necesitan en el momento”), después llegó la de Caro (“yo creo que todos los que participan de Cinescalas tenían que llegar ahí”), luego la de Anis (“es un lugar en donde hay amigos, eso es para mí el blog”), también la de Pao (“compartimos un código en común”), la de Mili (“yo lo comparo con un noviazgo”) y la analogía de Lore (“estamos todos sentados en una mesa”), entre muchas otras. Durante gran parte del año soñé con esas frases cuando, en el maratónico proceso de edición, me atormentaba la idea de no poder conectarlas de modo tal que todos los que son parte de este lugar (y no solo quienes brindaron su testimonio para el documental) se sintieran representados por ellas. Me acuerdo que luego de la proyección, en ese lunes 24 de noviembre, José se acercó justamente para decirme que muchas de esas palabras de No estás solo en esto tranquilamente podrían haber salido de su boca. Y ahí, en el momento más impensado quizás, me cayó la ficha, me cayeron las lágrimas, me cayó toda la carga emocional del año encima. Fue un año en el que recurrí más de una vez al título de mi propia película (gracias Ignacio por esas cinco palabras) para no perderme, para no hundirme. Fue un año en el que mi viejo se enfermó unos días antes de salir a filmar y empeoró unos días antes del estreno en Mar del Plata. Fue un año de choque de estados anímicos a veces tan apabullante que ese eje del que hablo siempre que aludo a Cinescalas terminó cumpliendo precisamente esa función. El blog, como en sus inicios en el 2010, volvió a salvarme.

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Recuerdo que una colega del diario, en pleno festival, me habló de la valentía que viene con el documental por añadidura. Inicialmente no identifiqué a qué se refería hasta que ella misma lo explicitó. La valentía de todos por exponerse. Me di cuenta de que si no advertí lo que estaba expresando era porque para nosotros, quienes estamos dentro de esto, exponernos es una consecuencia natural del vínculo que entablamos, independientemente de cómo pueda ser visto desde afuera. Por lo tanto, textos como el de Eternal Sunshine of the Spotless Mind o el de Boyhood implicaron un gasto de energía, sí, pero porque la carga sentimental no murió en mis palabras sino que se expandió con sus aportes. En el primero recordaron a personas que ya no son parte de sus vidas, y para el segundo buscaron fotos de su infancia, hablaron de su infancia, rememoraron su infancia. Y ahora entiendo a esa colega. No es fácil hablar de uno y ahondar en el pretérito, más aún cuando ya somos adultos y el ejercicio nostálgico puede ser doloroso. Pero ustedes lo hicieron. Lo hacen. Espero que lo sigan haciendo. Esa imagen visual que se configuró Lore del blog como una mesa ovalada blanca no podría ser más certera. Acá nos juntamos todas las noches aunque estemos físicamente en distintos puntos (como Ezequiel capturó en el afiche del documental). Algunos se levantan sin saludar y otros se despiden hasta el día siguiente. Hay una charla que nos unifica y otras subcharlas que entablan algunos en un rincón. Hay quienes vuelven después de un largo tiempo y otros que llegan por primera vez. Como sea, hay algo, pasan cosas, ustedes ponen esto en movimiento y, por extensión, hacen lo mismo conmigo. Por ende, y con la misma precisión que Samantha, les deseo suerte para este nuevo año. Porque, como Samantha, me quedo sin palabras ante todo lo que este espacio me trajo. Y volviendo a las citas, Gise dice algo así en el documental: “vos tenés la pasión a un nivel y cuando la empezás a compartir con los demás se te potencia”. El verbo compartir me lleva indefectiblemente a Lester Bangs y a ese llamado telefónico nocturno. Creo que Cinescalas muchas veces es eso para mí: el número al que acudo cuando necesito decir algo. Gracias por siempre levantar el tubo, gracias por hacer que mis palabras no se pierdan. ♦

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MI TOP TEN DE PELÍCULAS DEL AÑO (y tres yapas):

 ► 1. BOYHOOD (Richard Linklater)

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► 2. THE WOLF OF WALL STREET (Martin Scorsese)

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► 3. LA VIDA DE ADÈLE (Abdellatif Kechiche)

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► 4. INSIDE LLEWYN DAVIS (Joel y Ethan Coen)

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► 5. SHORT TERM 12 (Destin Daniel Cretton)

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► 6. TOM À LA FERME (Xavier Dolan)

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► 7. UNDER THE SKIN (Jonathan Glazer)

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► 8. GOD HELP THE GIRL (Stuart Murdoch)

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► 9. VI ÂR BÂST!/WE ARE THE BEST! (Lukas Moodysson)

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► 10. STOCKHOLM (Rodrigo Sorogoyen)

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► *MENCIÓN ESPECIAL DEL AÑO: 22 JUMP STREET (Phil Lord y Christopher Miller)

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► *MEJOR DOCUMENTAL DEL AÑO: MISTAKEN FOR STRANGERS (Tom Berninger)

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► *MEJOR PELÍCULA DE OTRO AÑO QUE DESCUBRÍ ESTE AÑO: WEEKEND (Andrew Haigh)

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► [VIDEO DE REGALO] SUS PELÍCULAS DEL 2014: Como ya es tradición, les dejo el video de fin de año donde aparece gran parte de la comunidad reflejando la diversidad de gustos que hay en este espacio; muchísimas gracias a todos los que enviaron su foto y se tomaron el tiempo para producir(se) y otro gracias enorme a Matias Aimar quien me ayudó con la edición del video con extrema paciencia; este es mi regalo de fin de año para todos ustedes, espero les guste, agranden la pantalla, pónganse los auriculares y just push play:

Cinescalas - Video Fin de año 2014 from lanacion.com on Vimeo.

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► [VIDEO DE YAPA] Como siempre, les dejo el gran repaso que hace David Ehrlich de todo el cine visto en el año; nuevamente hago la salvedad de que uno podrá coincidir o disentir con su ranking, pero el trabajo de edición es increíble y de paso les cuento que todas las canciones que se escuchan en el video sonaron en películas de este 2014; esto es brillante:

THE 25 BEST FILMS OF 2014: A VIDEO COUNTDOWN from david Ehrlich on Vimeo.

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► [IN MEMORIAM] El emotivo homenaje de TCM a todos los artistas que perdimos en este 2014 (a no olvidarlos) :

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¡BUEN DÍA PARA TODOS! Ya saben qué hacer en este post: dejar sus Top Ten de películas del año y todas las yapas que quieran (documentales, decepciones, peores películas, etc.); muchísimas gracias por acompañarme en el que fue, sin dudas, el año más especial de CINESCALAS; yo me voy a tomar todo el mes de enero de vacaciones (volveremos oficialmente el lunes 2 de febrero) pero, como no podía ser de otra manera, les dejaré tres Open Post para que charlemos: uno el domingo 11 por la entrega de los Globos de Oro, otro el jueves 15 por las nominaciones al Oscar y el último a definir; sin más que agregar, les digo que se los extrañará en las próximas semanas y les deseo que tengan un excelente 2015; ¡hasta pronto! ;)

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¡FELIZ 2015, MUCHACHADA!

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Lo mejor del 2014: Los actores

Justamente en el post de ayer aludí a cómo en Deux jours, une nuit los hermanos Dardenne toman una problemática puntual – la crisis económica que azota a una mujer – para construir una parábola sobre la lucha del hombre contra sus propios demonios. En un registro totalmente antagónico, Dan Gilroy hace lo propio en su ópera prima Nightcrawler. Sí, el foco está puesto en quienes sondean escenas del crimen, las registran y las venden, pero el panorama que retrata es tan vasto como esa ciudad que se muestra deshabitada en los títulos de crédito, como si algo estuviera a punto de asaltarnos desde las sombras. En consecuencia, Lou Bloom (re)surge como un individuo que simplemente está aguardando una respuesta afirmativa para ingresar en un submundo x. La oportunidad lo es todo, los pormenores son indistintos. Luego de un primer rechazo donde se vislumbran sus principales rasgos a la hora de “venderse” (verborragia, frases de manual, persistencia, persuasión, conocimiento hondo del destinatario de esa propuesta), la luz verde se le enciende cuando un canal televisivo al borde del precipicio le compra uno de esos brutales registros. Nightcrawler es una película que se mueve emulando los pasos de su protagonista. Por lo tanto, la primera media hora maneja un ritmo aletargado, a la par de la conducta de Bloom de roer ese hueso que es su nuevo trabajo. En contraposición, y a medida que Lou va incorporando más herramientas (desde lo concreto como un nuevo auto y una nueva cámara hasta lo abstracto como esos consejos aprendidos de instructivos de Internet, tan vacíos como filosos), la película va volviéndose cada vez más impredecible. ¿Quién es Lou Bloom? ¿Cuál es su meta? ¿Cuál es la génesis de su avidez de triunfo? A Gilroy no le atrae responder ninguno de esos interrogantes ya que es imperativo que su protagonista no tenga pasado. Lou es una hoja en blanco cuyos gestos más peculiares oscilan entre atarse el pelo en un rodete hasta planchar la misma camisa mirando los noticieros y regar las plantas riendo histéricamente. En concordancia con esta vaguedad de información, sus monólogos son sentenciosos y calculados, pero siempre con el enigma bajo resguardo: “What if my problem wasn’t that I don’t understand people but that I don’t like them? What if I was the kind of person who was obliged to hurt you for this? I mean physically”. La violencia en Nightcrawler es siempre bidireccional: están las gráficas muertes que Lou capta con la cámara y están las frases que el propio Lou les escupe a su asistente, a su jefa y a cualquiera que se le interponga en el camino al progreso. Jake Gyllenhaal apenas se permite pestañear en la película – decisión acertada que se distancia de aquella que tomó para su personaje en Prisoners, donde Locki pestañeaba sin cesar – y es en esos detalles donde su interpretación es letal: Lou Bloom es un sociópata que nunca titubea. Así, todo lo que sale de su boca (“I’d like to think if you’re seeing me you’re having the worst day of your life”) resulta mucho más horroroso que cualquier material fílmico. Desde la fotografía de un siempre notable Robert Elswit hasta la música de James Newton Howard que se pone juguetona cuando Lou se comporta del mismo modo en los extraordinarios ping-pong verbales con el personaje de Rene Russo, Nightcrawler toma a esa figura noctámbula para contar, como el propio Gilroy lo ha expresado, la historia de un éxito. En relación a esto, Gyllenhaal se acerca a Bloom como si éste fuera un animal hambriento, con la mirada en constante estado de alerta, merodeando hasta encontrar el alimento. El film de Gilroy es escalofriante porque se atreve a poner en el centro a un exponente de self-made man que jamás genera empatía y que, por el contrario, nos hace mirar alrededor para detectar a esos seres igual de oportunistas a los que se les abren las puertas del hoy sin siquiera excavar en su ayer. 

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►[COMPILADO] Algunos momentos de Nightcrawler:

Nightcrawler's Laundry - A Fan Trailer from Joey Carter on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL AÑO:

► 1. LEONARDO DiCAPRIO en The Wolf of Wall Street

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► 2. OSCAR ISAAC en Inside Llewyn Davis

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► 3. JOAQUIN PHOENIX en Her

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► 4. MICHAEL FASSBENDER en Frank

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► 5. RALPH FIENNES en The Grand Budapest Hotel

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► *DE YAPA: Chris Pratt en Guardians of the Galaxy y The Lego Movie

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL 2014 mencionadas en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODA LA MUCHACHADA! Como adelantamos ayer, hoy armamos una galería con las mejores actuaciones masculinas del año; pueden explayarse sobre los actores que se destacaron en el 2014 en los comentarios; en este link pueden encontrar las elecciones del 2013; por otro lado, mañana al mediodía les dejaré un mensaje navideño, así que me guardo los saludos para dentro de unas horas; asimismo, nos reencontramos formalmente el lunes con un post sobre Frank y la mejor música que nos dejó el 2014; ¡como siempre, los leo! ¡que tengan un buen día!

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Lo mejor del 2014: Los personajes

“I’m bored out of my mind, too sick to even care” es lo primero que canta Eve (Emily Browning) en God Help the Girl. Que canta, no que dice. Aunque da lo mismo. Para ella cantar y hablar son la misma cosa. La música es su lenguaje. Su inconsciencia respecto a su enfermedad – padece anorexia nerviosa y está internada en un instituto psiquiátrico – la expulsa literalmente por la ventana y la lleva a trepar alambres, tomar un colectivo primero y tomar un tren después, todo con el fin de ver a una banda. “My only choice was to find the face behind the voice” concluye una vez que llega al lugar. Pero Eve no alude particularmente al grupo que está tocando enfrente suyo (los vacuos Wobbly-Legged Rat) sino a todos esos rostros de la música en los que se refugia para sentirse menos sola. Stuart Murdoch - frontman de Belle & Sebastian, cuyo proyecto paralelo God Help the Girl, inspiró su homónima ópera prima – no la hace explicitar a Eve cuáles son los referentes musicales que la salvaron pero veladamente los incluye en la historia a partir de las voces en off de un par de locutores radiales que hablan de Nick Drake y Joy Division, y a través de una remera como la de Meat is Murder de los Smiths. Asimismo, para Murdoch la palabra es importante, tanto por la admirable manera que tiene de concebir las rimas pop más perfectas que jamás hayan existido (donde la construcción sintáctica apela a frases verbales originales y raras veces escuchadas, como “musician, please take heed” en lugar de “musician, please pay attention”) como por su necesidad de captar la voz femenina como requisito clave. Desde figuras literarias más clásicas como León Tolstói (Anna Karenina) y Gustave Flaubert (Madame Bovary) hasta el recientemente mencionado John Green (The Fault in Our Stars), pensar y expulsar con éxito el pensamiento femenino implica un entendimiento cabal de esa mentalidad, implica emanciparse de los preconceptos. Murdoch hace precisamente eso con Eve, crea a esta joven pluridimensional y no siempre del todo querible, que puede mostrarse tan egoísta por momentos (persiguiendo la satisfacción del placer personal a expensas de los sentimientos de un tercero) y tan noble por otros (escribir una canción con influencias de David Bowie para que su mejor amiga/fanática del Duque Blanco pueda interpretarla y encontrar su propia voz). La complejidad de Eve, entonces, va más allá de su enfermedad y es algo que provoca una identificación inmediata: no siempre podemos dar a conocer nuestra mejor versión porque la vida atenta contra esa intención segundo a segundo. Esa fluctuación de estados atraviesa todas las maravillosas canciones de God Help the Girl, donde nuevamente la palabra (o la lírica) es el alimento vital que ingiere esa chica que justamente está aprendiendo a alimentarse. Por lo tanto, Eve compone porque busca que la conozcan (en toda esa pluridimensionalidad) y así oscila entre el deseo de recuperarse (“light that comes in from outside, If you could catch it all and pin it to your wall then you would sleep much better”) y la incapacidad para dejar atrás el desasosiego (“I was a case when I grew up, a case of hope, crashing to the ground”).

En ese proceso, la joven conoce a James (Olly Alexander) y a Cassie (Hannah Murray), dos adolescentes que también reniegan de los estereotipos y quienes no tenían canales para expresarse hasta la repentina aparición de Eve. Esa colisión de mundos da como resultado dos hechos inevitables: se forja una amistad y se forma una banda. En este aspecto, God Help the Girl evoca a The Perks of Being a Wallflower en cómo no existen los finales tristes o las despedidas (“I want a story with a happy ending”) cuando lo importante es el hecho de haberse encontrado. “I was crying because I was suddenly very aware of the fact that it was me standing up in that tunnel with the wind over my face; not caring if it was downtown; not even thinking about it; because I was standing in the tunnel; and I was really there; and that was enough to make me feel infinite” escribe Charlie en la novela de Stephen Chbosky. A una conclusión similar llega James en la película de Murdoch, cuando asevera que “just for a moment we were all in the right place and the possibilities were infinite”, mientras Eve se aleja en un tren con el sabor agridulce de quien debe encontrar estructura y orden para sentirse mejor, aunque eso implique el distanciamiento físico de sus amigos. God Help the Girl es, en cierto modo, la fábula de una mujer que descubre su independencia (su último plano es equivalente al de Begin Again de John Carney) gracias a la familia paralela que eligió para su pequeña gran travesía. Tanto ella como James y Cassie se eligen mutuamente, tal como canta Eve en “A Down and Dusky Blonde”. “When I needed someone I chose you because the fledgling soul awakes, and on the balcony she quakes, and she is waiting for the sign, and when the brother does not come, and when the sister’s much to young, she chooses you” vocifera ya no parada frente a un músico sino siendo ella misma la protagonista de la noche, como si “ese rostro detrás de la voz” que anhelaba encontrar al comienzo de la historia fuera su propia esencia. Murdoch aborda el momento de quiebre de una joven enferma con un bienvenido tono afable, sabiendo que la oscuridad puede empañarlo todo pero nunca destruirlo. “I’ll kick this mood off with a change of scene” dice Eve en una de esas viñetas de desesperación – sin dudas, la mejor escena de la película -, donde God Help the Girl parece iluminar, a través de su protagonista, una hermosa verdad oculta: que está en nuestras manos elegir la composición perfecta para enfrentar el presente (“I pick the soundtrack with immaculate care”), ya que esa composición es un símbolo de otra cosa. Eve considera que su vida “depende de una canción” porque hablar de música es hablar de ella misma y hablar de ella misma es asegurar que quien tiene la compulsión de tomar cuidadosamente un vinilo para hacerlo sonar puede hacer lo propio con el control de su destino. 

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►[ESPECIAL] Un informe sobre la música de God Help the Girl:

GOD HELP THE GIRL - "La música" / Making of parte 3 from AVALON on Vimeo.

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*[TOP FIVE] GRANDES PERSONAJES DE ESTE AÑO:

► 1. ADÈLE en La vida de Adèle

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► 2. RAYON en Dallas Buyers Club

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► 3. LLEWYN DAVIS en Inside Llewyn Davis

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► 4. MASON en Boyhood

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 ► 5. ROCKET en Guardians of the Galaxy

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 ► *DE YAPA: FRANK en Frank

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 ► [GALERÍA] 50 GRANDES PERSONAJES DEL 2014 mencionados en el post de hoy:

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODOS! Hoy continuamos con el balance del año con la siguiente consigna: ¿Cuáles son los mejores personajes que dio el cine en este 2014? Dejen sus aportes así armo una galería compilándolos; ¡nos reencontramos el lunes con un balance televisivo! ¡que tengan un excelente miércoles! ¡los leo! PD. El mejor personaje del 2013, según sus votos, había sido Tiffany MaxwellJennifer Lawrence en Silver Linings Playbook

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El post de los datos

En una charla/debate sobre Inside Llewyn Davis, le mencioné a alguien que mi admiración por esa película era tan grande como mi descontento ante la presencia de Carey Mulligan en ella. Hay algo en el tono de su voz, en su manera de enunciar sus opiniones sobre Llewyn, que simplemente no me resultaron del todo acordes a la narrativa de los hermanos Coen, como si estuviera actuando en un universo diferente. La otra persona me respondió que, sin embargo, tenía algo de sentido que ella interpretara a Jean. Yo lo pensé por el lado de su reencuentro post-Drive con Oscar Isaac, pero él me estaba hablando del matrimonio entre Mulligan y Marcus Mumford, líder de Mumford & Sons y uno de los reclutados por T-Bone Burnett para la banda de sonido del film de los Coen. Por lo tanto, que ambos formaran parte del mismo proyecto al que llegaron estando casados, explicaba por qué Mulligan y no otra actriz estaba allí para decir cosas como “everything you touch turns to shit, you are like King Midas’ idiot brother”.

Lo cierto es que esa anécdota me servía de puntapié para este post, en el que podremos compartir todos esos datos cinéfilos que fuimos acumulando a través de los años. Otro ejemplo: hace unos días, tras ver la brillante película Weekend de Andrew Haigh, me enteré que su protagonista (Tom Cullen, en una interpretación extraordinaria sobre la que escribiré la próxima semana) está en pareja desde hace años con…Tatiana Maslany. Asimismo, y como agregado a lo de Carey Mulligan, cuento que ella y Mumford mantenían intercambios epistolares desde chicos, un poco a la manera de Sam y Suzy en Moonrise Kingdom. Por último, y para no ser demasiado injusta con la actriz, debo reconocer que su interpretación de “Five Hundred Miles” es tan bella como la que hace su marido de “Fare Thee Well”. Pero no es secreto que para quien les escribe esa película es siempre bella, incluso por (o quizás debido a) su inherente melancolía. Ahora sí, les dejo este link en relación al post de hoy y procedo a leerlos a ustedes. Farewell.

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► [MOMENTO EN VIVO NÚMERO 1] Marcus Mumford interpreta junto a The Punch Brothers la canción “Farewell” en el show tributo a la película Inside Llewyn Davis:

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► [MOMENTO EN VIVO NÚMERO 2] Carey Mulligan interpreta, en el mismo show, “Go to Sleep” y “Five Hundred Miles” (esta última junto al gran Elvis Costello):

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¡BUEN MIÉRCOLES PARA TODA LA MUCHACHADA! Hoy les dejo este post “de los datos” que varios habían pedido; ¿cuál es la consigna? simple: que compartamos nuestros “¿sabías que…?”/trivia/datos cinéfilos con el resto de la comunidad; a ver qué tienen para contar, los leo en los comentarios; ¡que tengan un gran día! ¡nos reencontramos el lunes! PD. Pueden offtopiquear en este post, a falta de un post abierto esta semana

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¿REACCIONAREMOS ASÍ HOY?

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Inside Llewyn Davis: Algún día me van a crecer alas

“Like in Unforgiven where the young kid has just shot a man and he’s feeling incredibly guilty and Clint Eastwood says: ‘we all got it coming, kid’. It’s a great line. Dave never got his due, but Dylan slept on his couch. Like Llewyn, sleeping on couches. And like Llewyn, he never got his due. But he had it coming” - T-Bone Burnett sobre Dave Van Ronk

*Atención: se revelan algunos detalles del argumento

Llewyn Davis empieza a cantar, solo con su guitarra, una canción llamada “The Death of Queen Jane” frente a Bud Grossman, un hombre importante de la música, y posiblemente quien le otorgue su primera gran oportunidad. La interpretación pasa de estar acompañada por el sonido de esa guitarra a quedar desnuda, con la voz de Llewyn como único sostén. Cuando concluye, hay un breve momento de silencio. ¿Qué está pensando Bud Grossman? ¿Lo mismo que nosotros? ¿Está pensando en cuanto corazón hubo ahí, en esos cuatro minutos? La devolución es contundente: “I don’t see a lot of money here”. El corte al rostro de Llewyn, que refleja una suerte de mezcla de decepción y resignación, es una de las secuencias más apasionadas de todo el cine de los hermanos Coen. No importa que transcurra en pleno invierno, y a media luz. No importa que parezca estar digitada por el pesimismo y la tristeza. La clave de esa escena es cómo el recorrido previo de Llewyn a lo que parecía ser la tierra prometida no tiene el final esperado. Sin embargo, su negación rotunda a la contraoferta (oficiar de backup singer) es lo que termina de darle a esa escena el optimismo que no deja ni que Llewyn claudique ni que la historia pueda ser estereotipada como la de un mero perdedor. Por primera vez en muchos años, los Coen no se ponen por encima de su personaje principal sino a la par (un poco a la manera de Alexander Payne con Nebraska) y hay una cierta candidez en el retrato de ese artista cachorro. Inside Llewyn Davis está ligeramente inspirada en la vida de Dave Van Ronk, el cantante folk sobre el que alude el gran T-Bone Burnett en la cita superior. Van Ronk, como Llewyn, era parte del circuito pero a la vez permanecía con un pie afuera. Saltaba de colchón en colchón, era amigo de Bob Dylan y Joni Mitchell, frecuentaba la escena musical de comienzos de los sesenta pero nunca trascendió. No es casual que su nombre no haya resonado como el de otros. Van Ronk nunca consiguió estar en el momento adecuado para dejar una impronta, para ser una influencia. Los Coen toman esta figura y rebaten esos datos históricos cambiando la mirada. Es cierto, Van Ronk no fue un músico que haya influenciado en el sentido estricto del término (se habla de Dylan, no se habla de él) o que haya trascendido indeleblemente. Pero… ¿Qué es ser influyente? ¿Qué es trascender? ¿Qué implica afectar, llegar, conmover? La cadena no será extensa como la de Dylan, no hay que rastrear una gran cantidad de pasos, etapas, estadios para terminar de dilucidar a Van Ronk. Las aristas no son múltiples. Sin embargo, la cadena puede resumirse en que sus canciones llegaron a los oídos de Burnett, de ellos a los de los hermanos Coen y de los Coen a la gloriosa voz de Oscar Isaac. La cadena, como vemos, es corta. Incuestionablemente corta. Pero hay una influencia ahí. Hay un personaje llamado Llewyn Davis creado gracias a él y una obra maestra que lo contiene de la que quizás, y siéndole fiel a Van Ronk, no se hable tanto como lo merece.

Inside Llewyn Davis, como su protagonista, parece ser una película condenada al olvido y a la indiferencia, a pesar de estar hablando tanto de la libertad como una cualidad condenatoria (ahí la paradoja), como de la libertad como herramienta que a veces nos somete a movernos en círculos, a no desplegar las alas del todo. Inside Llewyn Davis es, además, tanto una película como un disco. Es esencialmente circular. Empieza como termina. Se la puede escuchar como un disco. Se la puede procesar como un disco. Cada una de las canciones están completas (uno de los aciertos más brillantes de la dupla Coen-Burnett) y su protagonista gira y gira como un vinilo en una vitrola. Sin embargo, y como un disco también, hay una trampa en esa circularidad. La trampa no solo tiene relación con cómo el final carece de lógica (los Coen dejan cabos sueltos adrede, ya que estipular la cronología es intrascendente a los fines mayores: la historia de Llewyn puede reproducirse con variaciones, pero será siempre la misma) sino también con algo indiscutible. Solo podemos escuchar un disco por primera vez en una sola oportunidad. Sí, se trata de una verdad de Perogrullo y los Coen lo saben. La pregunta sería: ¿qué sucede en todas las otras oportunidades en las que ponemos ese mismo disco? ¿Qué cambia? ¿Qué tiene de diferente la experiencia? ¿Puede ese disco, de por sí inalterable, cambiar a medida que cambia el estado anímico de quien lo escucha? ¿Puede el receptor tener impacto sobre el creador? Si escuchamos Inside Llewyn Davis – es decir, si la pensamos como disco y no como un largometraje musical – la respuesta es afirmativa. T-Bone Burnett decide que Oscar Isaac abra el film cantando sobre la muerte (toda la historia está sobrevolada por la ausencia de Mike, ex compañero de Llewys en su odisea musical), sobre un hombre que ruega su ejecución: “hang me, oh hang me, I’ll be dead and gone (…) poor boy, I’ve been all around this world”. La canción que le sucede no es menos reveladora. Llewyn pone un vinilo (If we had wings) que grabó junto a Mike y las voces de ambos se superponen con la imagen de este artista ahora solitario, con zapatos rotos y sin un saco apropiado para el invierno (“not a shirt on my back, not a penny to my name”), que deja escapar a un gato al que persigue hasta subirse al tren. La fotografía de Bruno Delbonnel es extraordinaria y capta la imagen del animal mirando su propio reflejo en la ventanilla, algo que Llewyn está incapacitado de hacer consigo mismo. Así, la frase de “Fare Thee Well” que dice “If I had wings like Nora’s Dove, I’d fly the river to the one I love” define tanto al personaje de Llewyn – quien parece nunca despegar con fuerza – como al trágico destino de Mike, quien usó su libertad, sus alas, para suicidarse arrojándose de un puente. Sobre el final, los Coen lo vuelven a mostrar a Llewyn en ese mismo lugar (el Gaslight) ya no cantando ese “hang me, oh hang me” sino una versión diferente de “Fare Thee Well”, la versión sin la voz de Mike. De este modo, lo que parecía una historia/película/disco circular lo sigue siendo, pero con esas ligeras modificaciones. El melómano acá no es solo el espectador sino el propio Llewyn, quien también absorbe su vida como un disco y lo altera según la fase de duelo en la que se encuentre. Por lo tanto, cuando lo escuchamos cantar “sure as a bird, flying high above” y a pesar de lo que viene luego (la golpiza literal y la golpiza metafórica de que Dylan sea el acto que suceda al suyo), es evidente que si Llewyn no logró su objetivo (vivir de la música) no es porque sus alas no hayan querido llevarlo más lejos sino porque el contexto – aquel que empujó a Mike a su oscuro destino – no estaba preparado para esa clase de soñadores. Llewyn es una figura sintomática de ese momento intermedio de la escena folk que prefigura la decadencia de un modelo y la falta de apertura hacia uno nuevo. Por eso el letal rechazo de Grossman. No porque no haya corazón ahí. Sino porque tenía que aparecer un corazón que palpitara a otro ritmo (léase: el de Dylan) para que la percepción y el oído se acostumbren.

Inside Llewyn Davis es la película más simbólica de los hermanos Coen. Ulysses (¿acaso podía haber tenido otro nombre?), ese gato que acompaña al protagonista, es claramente su propio reflejo (“Tell him Llewyn has the cat” – “Llewyn is the cat?”), esa figura a la que tiene que dejar ir para convertirse en otra cosa, en otra versión de su persona. Si Llewyn no ve su imagen quebrada por el frío, por la desilusión, por la sucesión de infortunios, es porque la película no necesita que la epifanía llegue de ese modo. La epifanía llega cuando Ulysses es abandonado en el asiento trasero de un auto (tampoco podía ser el delantero), o cuando deja de importar si ese gato es siempre el mismo o es reemplazado por otro. En el momento en que Llewyn lo deja ir (como deja ir a Mike, como deja pasar la entrada al pueblo donde está su hijo, como encajona sus discos: todo se vincula con lo que perdemos de manera consciente e inconsciente), emprende ese otro pequeño viaje a lo que cree que es la salvación: tocar ante Grossman. “Play me something from Inside Llewyn Davis” le pide, señalando ese album con una tapa que parece igual a tantas otras tapas. No le está pidiendo que toque algo del disco, sino algo que provenga de sí mismo, algo que lo defina, que lo distinga de todos aquellos que fueron a Gate of Horn a audicionar de la misma manera. Pero Llewyn es el que no se distingue, el que parece estar acorralado por el karma (si buscamos otro simbolismo en función de esto, lo encontramos en Roland Turner, el personaje de John Goodman), el que, como dice su ex novia Jean, es el hermano idiota del Rey Midas porque “everything you touch turns to shit”. Sin embargo, si los Coen eluden el pesimismo, es gracias a cómo Oscar Isaac tiene el alma suficiente como para que Llewyn no se convierta en ese individuo que se pierde en la muchedumbre sino en aquel quien pone de manifiesto en qué consiste el arte. El arte, para él, es sinónimo de vivir. No de existir. La diferencia la marca en una charla con su hermana. Si él no canta, solo existe. Es decir, no está viviendo sino matando el tiempo. La misma aseveración la espeta en la mesa de los Gorfein – una de sus tantas paradas nocturnas -, donde es obligado (cual animal que hace trucos) a tocar la guitarra. “This is bullshit. I do this for a living, you know? I’m a musician” grita antes de subirse a un auto donde va a decidir en qué momento sí es imperativo tocar una canción. “Durante un tiempo aguardó en la escalera, aunque ya no había amor que esperar. Entonces, salió del edificio al vasto espacio, bajo las grúas inclinadas y la escalera. La luz de la única lámpara mortecina, en su círculo herrumbroso, caía sobre las pilas de ladrillos, de madera rota, de polvo; sobre todo lo que en un tiempo habían sido casas donde la modesta y casi desconocida, pero inolvidable gente de pueblo había vivido y amado, y muerto, y perdido siempre” escribió Dylan Thomas en Retrato de un artista cachorro. Inside Llewyn Davis, con esa fotografía tenue, con lo que parece una falta de luz, con las pérdidas como motor para concebir alas y no para cortarlas, es ese disco que cuando termina es necesario volver a reproducir. Concluye con un saludo (“Au Revoir!”), pero como invitándonos a escucharlo nuevamente, como si en esa reproducción cíclica residiera el secreto de la trascendencia. Trascendencia que no está en el afuera, en lo masivo, en lo popular. Está dentro de un hombre (inside Llewyn Davis), dentro de un nombre, dentro de quienes, aún cansados, saben que la oportunidad no está signada por un contrato discográfico millonario sino, justamente, por la aceptación de que puede haber otras oportunidades. Algún día. Aunque la cadena sea corta y a Llewyn lo escuchen cinco personas. Es indistinto. El despegue, por más breve que sea, por más que esté circunscripto a un hijo que le canta “Shoals of Herring” a su conmovido padre en un hospital, sigue teniendo fuerza, ímpetu, corazón. Sigue siendo, ni más ni menos, que el preludio a un vuelo. 

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► [ESCENA] Oscar Isaac canta “Shoals of Herring” en uno de mis momentos favoritos de la película:

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► [PLAYLIST] Como no podía ser de otra manera, les dejo la banda sonora del film para que la escuchen en loop:

Inside Llewyn Davis Soundtrack by cinescalas on Grooveshark

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 ► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] Un homenaje a los subvalorados:

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¡Buen miércoles muchachada! Dos consignas para hoy: 1. ¿Vieron Inside Llewyn Davis? ¿Qué les pareció la nueva película de los hermanos Coen? 2. Sale otra playlist hoy y, en relación al subvalorado Llewyn, quisiera que en este post rescatemos a músicos que no son lo suficientemente apreciados; pueden dejar todos los temas que quieran de ellos así los hacemos sonar en una extensa lista de reproducción; como siempre, gracias por los comentarios, la música, las observaciones; en síntesis: por estar siempre ahí; ¡nos vemos mañana!

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