Hacer de la fama una acción positiva para cambiar el mundo

Hoy en Cinescalas escribe: Tais Gadea Lara, periodista especializada en medioambiente

“Mi carrera se debe adaptar a mí; 
la fama es como un pase vip a donde sea que quieras ir”

¿Qué es la fama? ¿Alguna vez nos preguntamos de qué se trata aquello a lo cual muchos desean aspirar? ¿Aquello a partir de lo cual parecería que toda la vida de uno estaría resuelta y se alcanzaría la plena felicidad? Según el diccionario de la Real Academia Española, la fama es “la opinión que la gente tiene de alguien o de algo”. Lejos de ser sinónimo de éxito o de felicidad, se acerca más a los conceptos de reputación, prestigio, popularidad. El término pareciera tener en verdad menor importancia de la que, en la práctica, se le suele atribuir. Pero, al mismo tiempo, esconde detrás una inmensa oportunidad para aquellos que gozan de su acompañamiento.

“Mi carrera se debe adaptar a mí. La fama es como un pase vip a donde sea que quieras ir”. Las palabras de Leonardo DiCaprio marcan un punto de quiebre a la hora de considerar este concepto tan extraño. Y justo él eligió esos términos para referirse a aquella condición que lo acompaña en una curva de ascenso durante los últimos años. ¿A dónde quiso ir DiCaprio con la fama? ¿A dónde quiere ir DiCaprio con la fama? Para muchos de ustedes, él es un excelente actor, actualmente nominado a los Premios Oscar por su dedicada actuación en The Revenant. Para quienes trabajamos en el ámbito de la protección del ambiente, el cambio climático y la sustentabilidad, DiCaprio es uno de los activistas ambientales más comprometidos. Luego de la realización de su primer documental ambiental, The 11th Hour, y en plena producción de una segunda producción cinematográfica sobre el cambio climático (que incluye entrevistas a científicos argentinos en su paso por Ushuaia para rodar las últimas escenas de la película con más nominaciones a los próximos premios de la Academia), el actor norteamericano dio vida a una fundación homónima para promover la conservación y el cuidado de la biodiversidad, y asumió la lucha frente al cambio climático como un mensaje que llevar a sus distintos ámbitos de trabajo. DiCaprio pasó desde vivir ese cambio en carne propia durante el rodaje de The Revenant  – donde la nieve desapareció de un día para otro en el año recientemente considerado de manera oficial como el más caluroso jamás registrado en la historia – hasta hacerlo protagonista en la apertura del World Economic Forum en Davos la semana pasada, a incluso mencionarlo en las últimas palabras de su discurso de agradecimiento en los Premios Globo de Oro.

DiCaprio es apenas uno de los ejemplos de lo que la fama ha significado para muchas celebridades: encontrar la oportunidad de hacer algo más por y para esa misma gente que tiene una opinión de sí. Lo que ha sucedido en los últimos años ha sido verdaderamente notable. Cada vez son más las celebridades que se sirven de esa visibilidad que tienen ante sus públicos para expresar un mensaje de conciencia; sea por una causa social, sea por una causa ambiental, sea por una causa económica. Ellos saben que esa atribución que alcanzaron de “ser famosos” tienen la magnífica oportunidad de llegar a sus públicos para generar conciencia y promover un cambio de acción. Nada es casual en esa definición teórica de diccionario: la gente, ese público al que se dirigen, es el principal destinatario de un mensaje que puede hacer de este mundo un lugar mejor.

No se trata de participar en un evento, sacarse una selfie, compartirla en redes y listo, uno “es activista”. No se trata de sacarse una foto para la campaña con un cartel de “salvemos al planeta” y luego en el día a día, seguir tirando residuos por la ventana. No se trata de decir que uno es vegano “porque está de moda” y luego hacer portadas de revistas con tapados de piel porque la falta de conocimiento o simple ignorancia hizo creer que sólo se trataba de una elección alimenticia en lugar de un verdadero estilo de vida. Si bien mucho de ello podría significar un aporte, lo que ha ocurrido en los últimos años es una participación totalmente activa de ciertos famosos por determinadas causas que, lejos de ser impuestas (de manera gratuita o paga) para campañas, surgen de valores propios, de creencias personales, de ser activistas, además de (y en conjunto con) ser actores.

Mark Ruffalo no sólo es un superhéroe fuera de control como Hulk. La “cuestión verde” lo ha movilizado desde antes en su vida más personal para convertirse en un verdadero defensor de la lucha frente al cambio climático, el fin de la era de los combustibles fósiles, la promoción de las energías renovables y la necesidad de cuidar aquel recurso más preciado que tenemos: el agua. Emma Watson no sólo sabe los mejores hechizos de magia. Supo asumir un rol destacado en los eventos internacionales más importantes con un mensaje social claro y de urgente incorporación: igualdad entre hombres y mujeres a través de la campaña “HeForShe”. Adrian Grenier además de ser el novio perfecto en The Devil Wears Prada, trabaja a diario por la protección de uno de los ecosistemas más afectados en el mundo, producto de la emisión de dióxido de carbono y el consecuente proceso de acidificación: los océanos. Asimismo, la incansable Angelina Jolie ha logrado algo más que interesante: su labor por causas humanitarias es tal que ha dejado de ser noticia y ya se ha naturalizado en su accionar diario, tanto como su profesión misma.

Unos y otros han visto en la fama la posibilidad, pero por sobre todo, la oportunidad de “adaptarla a sus vidas”, de utilizarla para sus causas, “de tomar ese pase vip” hacia las acciones que desean promover en el mundo, ante una Tierra rodeada de problemas, pero también rica en soluciones posibles. Las formas de este activismo en los famosos han sido múltiples: desde una Emma Thompson caminando por las calles de Londres en reclamo de un acuerdo ambicioso; pasando por Brad Pitt asumiendo el cargo de productor ejecutivo en Big Men, un documental sobre los riesgos de la industria de combustibles fósiles y que sin ese aporte financiero no hubiera sido posible de darse a conocer; hasta el eterno y vegetariano Paul McCartney impulsando la iniciativa “Lunes Sin Carne” para incentivar la reducción de consumo de una carne (cuya industria es la segunda principal causa de emisiones de gases de efecto).

En diciembre pasado, por mi trabajo, tuve la oportunidad de cubrir la 21° edición de la Conferencia de las Partes (COP21) en París, Francia. Era el evento político-ambiental más importante de los últimos años, pues allí 195 líderes mundiales acordaron un nuevo documento para hacer frente al cambio climático. En esas dos semanas intensas de trabajo, hubo famosos que se hicieron presentes, no para la foto, no por oportunismo. Estuvieron allí para expresar un mensaje, para contar lo que hacen por mejorar el mundo e, incluso, para tener reuniones con representantes de alto nivel y realizar los aportes desde sus fundaciones y respectivos trabajos. Estuvieron presentes desde el ahora polémico y controversial Sean Penn, quien relató el trabajo que realiza su fundación, J/P Hro, en Haití, luego del terremoto que marcó un antes y un después para el país más pobre en la historia de la humanidad; hasta Arnold Schwarzenegger, que en su función de ex gobernador de California, hizo un pedido a la gente a que dejen de comer carne una o dos veces por semana.

El mismo DiCaprio se hizo presente en París donde, entre reuniones con el Secretario General de Estados Unidos, John Kerry, y el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-Moon, se mostró contundente al hablarle a más de 1.000 dirigentes de las ciudades más importantes del mundo: “El cambio climático es la amenaza más grande y existencial para nuestra especie”. Un simpático y comprometido Alec Baldwin eligió al país latinoamericano de Perú para hacer sentir la voz de las comunidades indígenas, principales afectadas en sus territorios por la expansión de grandes corporaciones que no conocen del respeto por la tierra y sus comunidades originarias: “El cambio climático es un tema que afecta a todos por igual, incluyendo a las comunidades locales de las tierras. Hoy las industrias influencias en los gobiernos para sus intereses. Así, los gobiernos siguen construyendo sobre los territorios, sin cuidar del agua y la gente que hace mucho por la naturaleza. No se trata sólo de hablar de las emisiones, sino también de proteger a los bosques y a las personas que allí habitan”.

Los problemas que hoy afectan al mundo, y del cual el hombre es el principal responsable, necesitan de la participación de todos los actores involucrados, incluyendo a los que por oficio y profesión son considerados “actores”. Ellos tienen en sus manos la posibilidad de expandir un mensaje de cambio. Pero ojo, porque la gente es consciente y advierte cuando un mensaje es sólo publicitario. Ese mensaje, esas palabras que los actores evocan deben ir acompañadas de verdaderas acciones, de compromisos fieles por un mundo mejor. Cuando apenas empezaba este 2016, la conductora Ellen DeGeneres era reconocida en los People’s Choice Awards con el galardón “Favorite Humanitarian” (“Humanitaria Favorita”). Estas fueron sus palabras al agradecer el premio: “es un poco extraño recibir un premio por ser agradable, generosa y amable; que es lo que se supone que todos debemos ser con el otro”. En la carrera histórica por querer ser la mejor especie del mundo, el ser humano se ha vuelto su propio enemigo. Es el impulsor de guerras, el creador de bombas nucleares y de hidrógeno, el (mal) administrador de una riqueza en manos de 62 personas mientras un niño muere cada veinte segundos en el mundo por problemas relacionados con la falta de acceso a agua potable… Incluso en lo ambiental, en París el por entonces director ejecutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo (hoy ese cargo por primera vez en la historia de la organización será ocupado por dos mujeres) me dijo: “muchas veces como ambientalistas decimos que tenemos que salvar al planeta. En verdad, el planeta no necesita que lo salvemos. El planeta va a continuar, va a reencontrar su equilibrio y a salir adelante. Nosotros vamos a ser los que nos vamos a ir. No se trata de salvar al planeta sino de proteger a nuestros hijos y a las futuras generaciones”.

Muchas veces se dice que la “realidad supera a la ficción” ante ciertos eventos noticiosos. Espero sinceramente que sea la misma realidad la que supere a la ficción, no con los espectaculares desastres naturales, ni las violentas guerras o las más dramáticas escenas sociales; sino que sea la misma realidad la que supere a la ficción con formas heroicas de poder hacer de éste un mundo mejor, para todos. Y espero que cada uno de nosotros, yo aquí escribiendo y ustedes ahí leyendo, sean partícipes de “esa película” no sólo como espectadores sino también como actores protagónicos. En definitiva, incluso aquello que consideren que es pequeño puede, a la larga y en conjunto con otras “pequeñas” acciones, tener un impacto increíble. Y cuando crean que es insuficiente, que las autoridades políticas no toman las decisiones que deberían asumir, que las empresas sólo siguen pensando en agrandar sus billeteras sin importar la calidad de sus productos o servicios, o de los impactos negativos que realizan; recuerden esta frase que leí en el People’s History Museum en Manchester, Inglaterra: “Siempre ha habido ideas por las cuales vale la pena luchar”. Lo importante es no olvidarse de esas ideas. Lo necesario es convertir esas ideas en acción.

Por Tais Gadea Lara

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“My career must adapt to me;
fame is like a VIP pass wherever you want to go “

What is fame? Have we ever wonder what is that to which many want to aspire? That from which it appears that one life would be resolved and will reach full happiness? According to the dictionary of the Royal Spanish Academy, fame is “the perception that people have of someone or something”. Far from being synonymous of success or happiness, it is closer to the concept of reputation, prestige, popularity. The term seems to have really minor importance, in practice, than is often credited. At the same time, behind it there is a huge opportunity for those who enjoy their support.

“My career must adapt to me. Fame is like a VIP pass wherever you want to go”. The words of Leonardo DiCaprio mark a turning point when considering this so strange concept. And he chose these terms to refer to that condition accompanying an upward curve in recent years. Where does DiCaprio want to go with fame? Where will DiCaprio want to go with fame? For many of you DiCaprio is an excellent actor, now nominated for Oscars for his commited performance in The Revenant. For those who work in the field of environmental protection, climate change and sustainability, DiCaprio is one of the most committed environmental activists. After conducting his first environmental documentary The 11th Hour, and now in production of the second film production on climate change (which includes interviews with Argentine scientists on their way through Ushuaia to shoot the last scenes of the movie with more nominations for the next Academy Awards), the American actor gave life to a promever eponymous foundation for conservation and protection of biodiversity, and took up the fight against climate change as a message that lead to the different areas of work : from experience it firsthand during the filming of The Revenant where snow disappeared overnight in the year recently considered officially as the warmest ever recorded in history, to make it protagonist in the opening of the World Economic Forum in Davos last week, to even mention it in the last words of his acceptance speech at the Golden Globe Awards.

Dicaprio is just one example of what fame has meant for many celebrities: find the opportunity to do more for and by the same people who have an opinion of them. What has happened in recent years has been truly remarkable. More and more celebrities who use the vision they have to their public to express a message of conscience; either by a social cause, either by an environmental cause, either by an economic reason. They know that with that attribution that they reached of “being famous”, they have the wonderful opportunity to reach their audiences to raise awareness and promote a change of action. Nothing is casual in this theoretical dictionary definition: the people, the audience they are targeting, is the main recipient of a message than can make this world a better place.

This is not about participate in an event, take a selfie, share on Social Media and ready: you are an “activist”. This is not about a photo opportunity for the campaign with a poster of “save the planet” and then in the day by day, you keep throwing waste out the window. This is not about saying you are vegan “because it is fashionable” and then make magazine covers with fur coats because the lack of knowledge or simple ignorance that led to believe it was just a food choice rather than a truly style life. While much of it could mean a contribution, what has happened in recent years is a fully active participation of certain famous by certain causes that, far from being imposed (free or paid) for campaigns, arising from own values, personal beliefs, of being activists in addition to and in conjunction with, being actors.

Mark Ruffalo is not just a superhero out of control as The Incredible Hulk. The “green issue” has mobilized him before to become a true champion of the fight against climate change, the end of the era of fossil fuels, the promotion of renewable energy and the need to care that most precious resource we have: water. Emma Watson not only knows the best magic spells. She learned to take a leading role in the most important international events with a clear and urgent message incorporating social role: equality between men and women through the “HeForShe” campaign. Adrian Grenier as well as being the perfect boyfriend in The Devil Wears Prada, works daily for the protection of one of the most affected ecosystems in the world, due to the emission of carbon dioxide and the resulting acidification process: the oceans. Or the tireless Angelina Jolie has accomplished something very interesting: her work for humanitarian causes is such that it is no longer news and it has become naturalized in their daily actions as well as her profession itself.

All of them have seen the possibility of fame, but above all, an opportunity to “adapt to their lives”, to use for their causes, “to take that VIP pass” to the shares they wish to promote in the world, to an Earth surrounded by problems, but also rich in potential solutions. The forms of this activism celebrities have been multiple: from an Emma Thompson walking the streets of London to demand an ambitious agreement; through Brad Pitt through taking over as executive producer on Big Men, a documentary about the risks of the fossil fuel industry and which without that financial support it would have been impossible to get noticed; to the eternal and vegetarian Paul McCartney driving “Meat Free Monday” initiative to encourage reduced consumption of meat (whose industry is the second leading cause of greenhouse gas emissions).

Last December, for my work, I was able to cover the 21 th edition of the Conference of the Parties (cop21) in Paris, France. It was the most important political and environmental events of recent years, because there 195 world leaders agreed to a new document to address climate change. In these two intense weeks of work, there were celebrities who were present, not for the photo, not for opportunism. They were there to express a message, to tell what they do to improve the world and even to have meetings with high-level representatives and make the contributions from foundations and their respective jobs. There were present from the now contentious and controversial, Sean Penn who recounted the work of his foundation, J/P Hro in Haiti following the earthquake that marked a before and after for the poorest country in the history of mankind; to Arnold Schwarzenegger, who in his role as former governor of California, made an order to people to stop eating meat once or twice a week.

The same DiCaprio was present in Paris where he was forceful, between meetings with the General Secretary of the United States, John Kerry, and the General Secretary of the United Nations (UN), Ban Ki-Moon, to talk to more 1,000 leaders of the most important cities in the world: “Climate change is the biggest and existential threat to our species.” A friendly and committed Alec Baldwin elected the Latin American country of Peru to make hear the voice of indigenous communities, affected in their territories by the expansion of large corporations who do not know about respect for the land and its original communities: “Climate change is an issue that affects everyone, including local communities from land. Today industries influences governments for their interests. Those governments continue to build on the territories without taking care of the water and the people who long for nature. It’s not just talking about the emissions, but also to protect the forests and the people who live there”.

The problems affecting the world today, and which man is primarily responsible, need the participation of all actors, including craft and profession that are considered “actors”. They have in their hands the possibility to extend a message of change. But beware, because people are aware and warns when a message is just advertising. That message, those words evoke the actors must be accompanied by real action, faithful commitments for a better world. When just beginning this 2016, host Ellen DeGeneres was recognized at the People’s Choice Awards with the award for “Favorite Humanitarian”. Her words to thank the award: “It’s a little strange to receive an award for being friendly, generous and kind; that is what we’re all supposed to be with each other”. In the historic race for wanting to be the best species in the world, man has become his own enemy. He/She is the driving force behind wars, the creator of nuclear and hydrogen bombs, the (mis) manager of wealth in the hands of 62 people while a child dies every twenty seconds in the world for problems related to lack of access to drinking water… Even environmentally, in Paris the then executive director of Greenpeace International, Kumi Naidoo (now that position for the first time in the history of the organization will be occupied by two women) said: “As environmentalists, many times we say that we have to save the planet. Indeed, the planet does not need that we save it. The planet will continue, it will find its balance and move forward. We will be the ones we’re going. It’s not about saving the planet but to protect our children and future generations”.

It is often said that “reality surpasses fiction” about certain news events. I sincerely hope it is the same reality that surpasses fiction, not with the spectacular natural disasters, violent wars or the most dramatic social scenes; it is the same reality that surpasses fiction with heroic ways to make this a better world, for all. And I hope that each of us, here me writing and there you reading, may participate in “that movie” not only as spectators but also as leading actors. In short, even what you think it is small act can, in the long run and in conjunction with other “small” actions, have an incredible impact. And when you believe is insufficient, that political authorities do not make decisions that should assume, that companies just keep thinking in enlarge their wallets no matter the quality of their products or services, or performing negative impacts; remember this phrase I read in the People’s History Museum in Manchester, England: “There have always been ideas worth fighting for.” The important thing is not to forget these ideas. What is necessary is to turn those ideas into action.

By Tais Gadea Lara

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► [VIDEO 1] Emma Watson en el lanzamiento de la campaña “HeForShe” para promover la igualdad de género:

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► [VIDEO 2] Leonardo DiCaprio en la inauguración del Climate Summit de 2014:

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! ¡ESTAMOS DE VUELTA! Tais les deja dos consignas para su nota: 1. Así como tuve la oportunidad de ver a algunos actores participando activamente de un evento de magnitud e impacto internacional, ¿Qué famosos consideran que están haciendo cosas por causas sociales, ambientales, políticas? ¿Les ha llamado la acción puntual de alguno? ¿Por qué? 2. Mi especialización en ambiente no fue algo casual, responde a una voluntad personal de querer cambiar el mundo en el que vivimos y a una pasión por el trabajo que hago; por ello, soy de las que creen que con cada una de las líneas de mis artículos puedo generar al menos un poco de conciencia en quienes lo leen y promover un cambio de acción; levo tatuada en mi muñeca la frase “Be the change” (“sé el cambio”) en honor a la reconocida expresión de Mahatma Gandhi: “Be the change you want to see in the world” (“Sé el cambio que quieres ver en el mundo”) ¿Qué hacen ustedes por cambiar aquello que no les gusta del mundo, desde lo más próximo en sus vidas hasta lo que pueda ser más global? 3. Por mi parte, yo los invito a compartir videos o charlas que los hayan inspirado; nos reencontramos mañana con el post de Brooklyn ;)  [OFF TOPIC] Les cuento que durante el 2016 el blog se va actualizar de lunes a miércoles con algunos podcasts los jueves revisionando ciertas películas, quise retomar la actualización de lunes a viernes pero tengo un mayor caudal de trabajo este año que lamentablemente me lo impide, sobre todo porque planeo editar mi segundo libro en unos meses; por otro lado, les comparto que el jueves 11 haremos salida cinescalera para ver Zoolander 2, los interesados en sumarse pueden mandarme mail; ahora sí, ¡bienvenidos al sexto año del blog!

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—> La última vez escribió Ezequiel Saul sobre… STAR WARS: THE FORCE AWAKENS

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The Bling Ring: Lo que hicieron de nosotros

Hoy en Cinescalas escribe: Mauro Zanier

“Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” - Jean-Paul Sartre

La última película de Sofia Coppola antes del estreno de The Bling Ring suponía, o al menos por elevación inducía a una reflexión sobre las temáticas y formas con las que la directora solía trabajar en su cine. Somewhere fue no solo una vuelta de tuerca a su filmografía sino también una apuesta voraz para un futuro mucho más despojado de artificios banales, a la vez concretando ciertos aspectos estructurales que antes solo podían contemplarse de forma abstracta. Sofia Coppola es la hija del mundo del cine. Nació en el seno de un linaje familiar de medios y fama, por eso no es de extrañar que su obra se aboque a retratar tintes autobiográficos de su devenir como hija de uno de los directores más importantes de nuestra época. Por lo tanto, su cine es arriesgado y vital, uno que supo reflejar los avatares de familias disfuncionales, pero no con el tono pseudodocumental e indie que inunda Sundance, sino manejando una delicada línea entre el mundo autoral y los financiamientos de grandes productoras. En la actualidad, Sofia se encuentra lejos de Las vírgenes suicidas la cual rodara a muy corta edad, lejos de un clásico como ya lo es Perdidos en Tokio donde se percibía una madurez análoga a la digresión de la trama, e incluso lejos del delirio esteta de María Antonieta, que resultó más un largometraje basado en su experiencia en el mundo de la publicidad y de la moda que otra cosa. Posteriormente llegaría laa mencionada Somewhere, con las mismas temáticas, las mismas criaturas, las mismas estrategias, pero con un notable recorte de abusos de la forma, donde retrataba el mundo de los hijos de la fama y el medio, pero de modo mucho más crudo. Ahora bien, todas esas apuestas y promesas de reinvención de su estilo, naufragan en The Bling Ring.

La película no llega a consolidarse en ninguna de sus vertientes. No es ni un film sobre chicos que roban, ni un análisis sociológico sobre la sociedad del consumo, como tampoco  un retrato de los medios masivos, redes sociales y la vinculación con una juventud 2.0. Incluso no se postula como  propuesta dialéctica entre el mundo de fantasía y el mundo real al que los personajes se enfrentan cuando “pagan” por sus delitos. No hay una solidez ni a nivel particular ni a nivel general, las líneas propuestas no se acomodan entre sí, ni logran pequeños triunfos, excepto en esporádicas secuencias ligeramente interesantes. Sofia vuelve a mostrarnos a jóvenes viciados quienes, carentes de una tutela o una figura familiar, se desenvuelven solos en un universo que no llegan a comprender, por lo cual solo pueden aspirar a cometer delitos, aparentando ser parte de ese mundo mediante el consumo de los herrajes de la poderosa industria de la moda y la fama. El verosímil sería una cuestión secundaria si la premisa que guía el film se resignificara en un discurso que la contemple, pero no: solo vemos casas millonarias sin alarmas, sin seguridad, autos demasiado fáciles de robar y padres que no preguntan ante el lujo obsceno que inunda la pantalla.

La película consigue fascinar en escenas donde se muestra los excesos, pero no se construyen como un opuesto para confrontar a las secuencias de ruptura espacio-temporales, donde los protagonistas a modo reflexivo explican o relatan el cómo y el porqué de sus actos, lo cual resulta poco eficaz. El verosímil, además, no sería un problema respecto de la realidad en la que pretende basarse, pero en cambio cae en cuanto su propia diégesis no lo sostiene. Esta película que se pretendía reflexiva o al menos vouyerista de un mundo de élite falla en la pretensión de abarcar demasiadas temáticas y ninguna de forma acertada. Fragmentos de desfiles, travellings que recorren lujosas mansiones de California, droga (mucha droga), jóvenes dispuestos a corromperse por un par de “me gusta”…pareciera que en el transcurso de mostrar los brillos del mundo del gossip, la cámara quedó sobreexpuesta a las aspiraciones banales que pretendió retratar.

No obstante, Emma Watson carga con un papel que le queda a la medida, su frialdad maquinadora vista en el personaje de Nicki nos acerca a algo que se asemeja a una reconciliación con el film. También es de destacar que la estridente banda sonora y el montaje rítmico construyen un sentido de la permanencia volátil, por lo que pudiéramos pensar que accedemos a un teaser o reel de un desfile de modas, o a una campaña de ropa de diseñadores. En este sentido, la mezcla heteróclita de imágenes de desfiles o alfombras rojas reales, junto con adolescentes que se drogan, alternada con fotos de teléfonos móviles y boliches estroboscópicos funciona en sí misma. Así es como el montaje es su punto fuerte, al igual que la brillante fotografía (como en todas las películas de Sofia) y una cámara siempre intensa que acompaña y observa, como un modelo para armar de falsetes y algunos clichés. Quizás a modo de reflexión la frase de Sartre ilumine un poco el recorrido de la cinematografía de Coppola, esa niña que debutó en El padrino, la mujer del líder de Phoenix, o la directora de publicidades de ropa y perfumes; una frase que parece ser parte constitutiva de su universo, uno centrado en la reflexión y búsqueda de una identidad a partir de pequeñas tramas, un universo que nos sigue alentando a esperar un nuevo film que se despoje de toda la frivolidad y meditación trunca que, por el contrario, inunda la pantalla con The Bling Ring.

Por Mauro Zanier

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► [DE YAPA]: Un especial sobre The Bling Ring:

  

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¡Buen comienzo de semana para toda la muchachada! Este lunes, dos consignas: 1. ¿Vieron The Bling Ring? ¿Qué les pareció la película de Sofia Coppola? 2. ¿Qué directores que siempre les resultaron interesantes los defraudaron con una determinada película, como le sucedió a Mauro con la última de la realizadora? Como siempre, ¡espero sus comentarios! ¡Que tengan un excelente día! ¡Nos vemos mañana!

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EN OTRO ORDEN DE COSAS…

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—> La última vez escribió Cristian Germán Rueda sobre… FREAKS AND GEEKS

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Perks y las adaptaciones cinematográficas

Hoy en Cinescalas escribe: Florencia Gaudio

Creo que ya lo he dicho antes, pero lo repito: no concibo un mundo sin libros. Tampoco un mundo sin películas. Un mundo sin historias por contar es casi como un País de las Maravillas sin conejos apurados u orugas que te fumen en la cara. Me apropié de las palabras a corta edad, apenas comencé a leer, y ellas se colaron en mi vida sin pedir permiso. Me susurraron sus secretos al oído y yo me dejé conquistar. A través de novelas y cuentos aprendí a imaginar de la mano de innumerables autores, y esa seguidilla de palabras separadas por puntos y por comas, y por puntos y comas, en el mejor de los casos, que forman oraciones que forman párrafos que forman capítulos y más capítulos se convirtieron ante mis ojos en mi escape diario. Y así me vi sumergida en aventuras fantásticas, en mundos inventados, en romances épicos; como simple testigo, como heroína o como una liebre que toma el té junto a un hombre de sombreros peculiares. Y allí donde la novela utiliza la palabra para despertar sensaciones, describir personajes y permitirte oler el aroma del pasto recién cortado, las películas, unas de mis grandes pasiones, se componen de imágenes que nos muestran, que nos cuentan, pero que además ocultan, que apelan innegablemente a nuestra imaginación, esa imaginación que los ávidos lectores jamás podemos dejar de utilizar, aún cuando nos desprendemos del libro para sentarnos frente a una pantalla.

Que me pregunten cuál de mis dos grandes amores prefiero es casi como que me cuestionen si quiero más a mi papá o a mi mamá. Es imposible de responder. Son dos cosas diferentes y leer o ir al cine me aportan experiencias distintas y me enriquecen de igual forma. Y en algún punto… se complementan, en especial cuando alguien decide que esa magnífica historia que atrapó a tantos lectores tiene todas las de ganar si se la traspasa a la pantalla grande. Esos son los momentos que más disfruto: la sala a oscuras, los susurros apagados y, de pronto, aquellos personajes que te dedicaste a formar en tu mente y que sentís que ya conocés, se hacen presentes con todo el peso de la familiaridad. “¿Para qué leer un libro tan largo si se puede encontrar en videocassette?” aconsejaba Fran Fine en la sitcom La Niñera a los hijos de su jefe, y se ve que muchos siguieron su consejo porque les parece un pecado perder tiempo leyendo un libro. A diferencia de ellos, otros como yo esperan con ansías las películas que mostrarán con actores sus historias literarias favoritas; y otros tantos jamás querrían que el relato que tanto los atrapó fuera dañado en su cambio de formato, y se muestran reticentes cuando se enteran que algún proyecto de estos entró en preproducción. Yo lo disfruto, para mí es una manera de revivir la historia. Claro, algunas veces salgo enojada porque el film no le hizo justicia a la novela, pero otras tantas me lleno de una inmensa felicidad porque resultó tal cual me lo imaginaba.

La última vez que fui al cine, en cambio, me sentí rara. The Perks of Being a Wallflower (en Argentina, a falta de mejor traducción, la titularon Las ventajas de ser invisible) finalmente llegaba a los cines locales y yo no podía esperar para verla, y la sensación que me quedó luego de salir del complejo aún se me hace difícil de explicar. Permítanme intentarlo…Por primera vez me puse en los zapatos del espectador común, ese que entró a la sala porque le llamó la atención el póster, o le gusta algún actor, o leyó la sinopsis y le interesó, o porque no tenía nada mejor que hacer, pero que quizás no tiene idea de que ese film que está por ver está basado en un libro; o al menos si lo sabe, nunca no lo leyó.  Cuando a la salida me preguntaron qué me pareció, aseguré: “me gustó mucho, pero… no sé si funciona como film”. Y ahora pienso… ¿cómo es “no funcionar como film”? ¿Quise decir que la adaptación fue mala? Quizás… Pero el asunto es que para mí la adaptación de esta coming of age está bastante bien hecha, aunque para mí no alcanza. Entonces eso me lleva a cuestionarme: ¿qué es una buena adaptación? Cuando se estrenó la primera y la segunda Harry Potter, muchos aseguraron que se trataban de films un poco pesados. Pero ahí estaba yo, contenta porque las aventuras del mago de anteojos se estaban a punto de volver realidad. Y las disfruté a ambas, porque era todo lo que esperaba ver de este mundo mágico; en cambio, la tercera entrega me disgustó. Muy a mi pesar El Prisionero de Azkaban es una de de las favoritas de la saga. Aún no le perdono a Alfonso Cuarón el haber quitado de la historia sucesos que, a mi entender, eran importantísimos; quizás no para la trama del film en particular, pero sí para el resto de la historia que aún estaba por venir. Sin embargo, la película se entendió, fue llevadera y entretenida, y lo más importante: cautivó al público. Por eso me resta pensar: ¿a quién van dirigidas estas cintas?, ¿al espectador común o al fanático empedernido? Mi “yo sentimental” gritaría en tu cara: “¡A mí! A mí, que pasé incontables horas sin dormir leyendo cada libro”. Mi “yo racional” mandaría a mi alter ego pasional a hacer silencio. Y tendría razón, porque el cine debe saltar las fronteras y masificar las historias, estando obligado con todos sus recursos, pero también con todas sus limitaciones (porque sí las tiene), a condensar en dos horas cientos de páginas, a plasmar detalles y sensaciones, y a convertir en acción aquellos pasajes que en un libro pueden ser puramente descriptivos, pero esenciales. Y mientras tanto, también debe dejarme conforme. Bueno, quiero decir, conformar a los lectores del texto original.

Una de las características más importantes de Perks, que además lo convierte en un libro entrañable, es que se trata de una novela epistolar. Stephen Chbosky (autor del libro, pero además guionista y director del film) eligió que Charlie, un adolescente de quince años bastante peculiar, contara su propia historia a través de cartas que le envía a un extraño. Así el chico abre su corazón, nos cuenta sus penas, sus alegrías y sus miedos, mientras atraviesa ese inmenso cambio en la vida de cualquier adolescente: ingresar a la escuela secundaria. Hasta ahí todo bien. Sí, gente, en el film veremos cómo Charlie (Logan Lerman, lejos de Percy Jackson o de su D’Artagnan) se relaciona con su hermana (Nina Dobrev, de The Vampire Diaries) o cómo conoce al interesante Patrick (Ezra Miller) o cómo queda cautivado inmediatamente por la bella Sam (Emma Watson, en una excelente transición de niña bruja Potteriana a joven adulta). Lo vemos sentirse incómodo en el colegio; lo vemos estableciendo una relación con su profesor de literatura (Paul Rudd), que es el primero en ayudarlo y encaminarlo a través de los libros; y también somos testigos de ese cambio en el adolescente que se abre al mundo comenzando a experimentar la amistad, los excesos, el amor, la libertad, las desilusiones y el mundo en general de una nueva manera: participando. Lo principal está, por eso digo que este libro está bien adaptado; no hubo nada que me hiciera protestar (salvo quizás por algunas interacciones que fueron minimizadas, como la relación del chico con su hermana o con el profesor).

Pero el problema reside en todo aquello que no vemos en el film, todo aquello que mi memoria emotiva completó solita, mientras recordaba fragmentos de alguna carta, y reía y lloraba frente a la pantalla a causa de sensaciones evocadas. Es fácil mostrar a Charlie confeccionando las cartas en su máquina de escribir o bebiendo un milkshake bajo los efectos de las drogas. Lo que es difícil es trasladar a imágenes el extremo amor que siente por una tía Helen (Melanie Lynskey) que ya no está; o cómo recuerda aquella noche en que vio llorar por única vez a su padre, luego de ese programa de televisión que miraron en familia; o los pensamientos que de pronto le surgen al observar a un grupo de niños jugando en la nieve. Básicamente aquello que no es factible de mostrar son las sensaciones que experimenta este chico hipersensible y distinto a los demás, sensaciones que muchos hemos sentido durante los años teens. La manera en que Charlie expresa las confusiones de la adolescencia es única y a la vez universal, y la forma en que las “verbaliza” son imposibles de adaptar. Sí, hay una voz en off, otro recurso muy importante del cine. Claro, si se lo usa correctamente, algo que no siempre sucede. La voz en off puede ser muy útil, pero a la vez puede ser un elemento traicionero si recae en él todo el peso del relato. Ojo que no estoy en desacuerdo con el uso de la voz en off; dos de mis películas favoritas (Belleza Americana y Amélie) la utilizan de manera magistral, y dudo que el resultado final fuera tan encantador si hubiesen prescindido de ella. Pero el abusar de esta voz que se escucha desde fuera de la imagen, proveniente de un narrador omnisciente o de los pensamientos de alguno de los protagonistas, puede volverse en contra.

¿Qué sucede con Perks? No demasiado… Charlie lee sus cartas para el espectador, pero esa voz en off resulta poco útil. Lo más importante de la acción de la novela compone el principio, el nudo y el desenlace de la película, pero aquel cúmulo de sensaciones que una sola línea escrita por el pequeño Charlie (en un día soleado, en una noche triste de Navidad, o luego de una fiesta, cuando los efectos de la marihuana aún siguen vigentes) puede producir en el lector, en el film brillan por su ausencia. A menos que hayas leído el libro y que, como yo, recuerdes esas palabras como si alguien las hubiese grabado a fuego en tu memoria, y que tu cuerpo se despierte porque vuelve a experimentar lo que sintió mientras las lágrimas dejaban algún que otro lamparón en la página 42 de alguna de las tantas ediciones que se comercializan desde 1999. Se puede musicalizar un momento con las decenas de canciones que son mencionadas en el libro, pero dudo que el espectador pueda comprender todo lo que la canción “Asleep” (The Smiths) evoca en Charlie cada vez que la escucha. Y sí, el director puede elegir mostrarnos las tapas de Peter Pan, Matar a un ruiseñor, El guardián entre el centeno o El Gran Gatsby, esos libros que su profesor le hace leer en su tiempo libre; sin embargo, la influencia que esta literatura tiene en el adolescente a medida que avanza el año escolar jamás será conocida por el público del cine. Ok, quizás todo esto no hace falta para filmar la historia de un chico extraño en un colegio secundario de Estados Unidos. Pero sin todos estos detalles que convierten a The Perks of Being a Wallflower en una inmensa novela para jóvenes, ¿qué nos queda? Ah, sí, la historia de un chico extraño en un colegio secundario de Estados Unidos. Más o menos “pomponera” que otros films de high school, las fórmulas parecen repetirse, incluso esa relación romántica que no es tan así como nos quieren hacer creer desde la pantalla.

La palabra wallflower es imposible de traducir al español. Es un término que se utiliza para distinguir a esas personas tímidas, poco populares y que más que estar metidas en las actividades sociales, prefieren observar desde la pared, desde un costado, lejos de la acción, sin participar. Así creo que precisamente deben sentirse muchos espectadores frente a esta película, aunque ellos no lo sepan. Observando desde afuera, sin tener idea de realmente todo lo que sucede con esos personajes, sin conocer ese cúmulo de sentimientos que bullen en su interior, sus pensamientos, sus ideas, sus recuerdos. En especial, sin experimentar ellos mismos todas esas sensaciones. Ustedes podrán contarme si la vieron, si la leyeron y prefieren no saber, o si hicieron las dos cosas y piensan lo mismo que yo o no. O no me cuenten. No importa, a la larga, en este caso yo no me sentí como el wallflower del título, porque en la hora cuarenta de film recordé, evoqué, y experimenté todo aquello que pasa por la mente y el cuerpo de Charlie, todo lo que él vive mientras sale del cascarón. Y como él y como Patrick y como Sam, yo también durante esos momentos supe que era infinita.

Love always,

Flor

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¿Vieron The Perks of Being a Wallflower? ¿Les gustó? ¿Ya habían leído la novela?; Los invito también a responder los interrogantes que les plantea Flor en su nota; ¡Dejen sus comentarios!; para escribir en Cinescalas manden sus notas a milyyorke@gmail.com (gracias por la paciencia a quienes no he publicado todavía)

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—> La última vez escribió Daniel Jorge Pantín sobre… EL NEORREALISMO ITALIANO Y LOS CONTRASTES SOCIALES

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La escena del día: Harry Potter

“We have the answer to all your fears. It’s short, it’s simple, it’s crystal clear”

Arranco el post con una aclaración: nunca fui fanática de Harry Potter, leí solo el primer libro y vi las películas (no todas) en distintos momentos, sin continuidad, y por razones que, confieso, excedían la motivación personal. Dicho esto, digo algo más: me gustan las escenas climáticas y, sobre todo, me gustan las escenas en las que la música cumple un rol importante, tópico que discutimos en uno de mis posts predilectos. En este caso, y porque quería subirme al vagón de la actualidad (no podemos negar el fenómeno de esta saga y, por ende, no podemos desmerecerla) y porque quería darles un espacio para que hablen de Harry Potter (libros, películas, impacto, juventud), les dejo esta escena de la primera parte de Las reliquias de la muerte. Harry, Hermione y un baile tierno, algo triste que, y esto en relación al post de ayer, demuestra lo enorme que puede ser un pequeño gesto de amistad…sobre todo si ese gesto de amistad está acompañado de Nick Cave.

Mirá el baile entre Hermione y Harry:

¿Cuál es su relación con la saga de Harry Potter? Pueden explayarse tranquilos en este post; de yapa, propongan una escena que quieran ver el jueves próximo ¡Gracias a todos!

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