The Hunger Games – Mockingjay (Parte II): La dialéctica de Panem

Hoy en Cinescalas escribe: Verónica Stewart

El Escuadrón Estrella se reúne en uno de los tantos edificios destruidos del Capitolio. La guerra civil de Panem ha llegado al frío corazón del país, y Katniss y demás ganadores de los anteriormente practicados Juegos del Hambre se detienen ahora a planear su próximo ataque. Boggs, el comandante del escuadrón, les muestra un holograma que indica en qué calles hay trampas, a la vuelta de qué esquina se esconden los explosivos. Finnick Odair mira a Katniss. “Damas y caballeros”, dice “bienvenidos a los 76º Juegos del Hambre”. Recapitulemos: la trilogía de ciencia ficción de The Hunger Games, cuya última entrega se encuentra ahora en cines, tiene a Katniss Everdeen como protagonista y a Panem, un país ubicado donde Norte América estuvo una vez, como contexto. La primera parte de esta historia nos da un panorama del país y de sus Juegos del Hambre, una salvaje competencia televisada y organizada por el Capitolio para mantener a los distritos bajo control. Catching Fire, su secuela, nos revela a una Katniss Everdeen que, tras haber ganado los Juegos y teniendo que competir de nuevo en ellos, se dispone a encender la chispa de la revolución que ya viene gestándose desde hace rato. Finalmente, ambas partes de Mockingjay encuentran a Katniss a salvo en el Distrito 13 con su presidente Alma Coin quien, junto al pasado organizador de los Juegos Plutarch Hevensbee, se encargan de hacer de ella la cara mediatizada de la revolución.

La segunda parte de Mockingjay es ampliamente superior a la primera. La división entre ambas películas está hecha en el momento en el que Peeta, quien ha sido secuestrado – lo cual significa que el Capitolio ha logrado lavarle la cabeza hasta el punto de convertirlo en su sumiso servidor –, es recuperado por los integrantes del Distrito 13. La última escena de esta primera entrega es profundamente dolorosa: Peeta despierta queriendo atacar a Katniss, detestándola con cada fibra de su ser. Para quienes han leído el libro o incluso visto las películas, es innegable que la verdadera acción ocurre luego de este hecho, cuando la guerra civil llega a escalas terribles y tortuosas. El ritmo de esta última entrega es impecable: la escena de una cierta ejecución que queda a cargo de Katniss sobre el final de la película logra crear una tensión punzante entre el silencio de la sala, mientras que las varias batallas que se desatan en el Capitolio aturden a todo espectador que se siente envuelto en medio de esta guerra. La última parte de Mockingjay tiene muchos aciertos, entre ellos el hecho de ilustrar tan bien (y sin minimizar) el trauma del que sufre Katniss al terminar la batalla. Pero lo más importante de esta película es que nos ofrece algo que ninguna puede darnos: perspectiva. Al conocer el desenlace de esta historia, se vuelve más sencillo juzgarla de principio a fin, y el panorama completo de la historia de Katniss nos remite nada más ni nada menos que al esquema dialéctico del filósofo alemán Hegel.

Recapitulemos nuevamente: la dialéctica identifica tres grandes momentos en su esquema. El primero, el de la tesis, es aquel en el que se presenta determinada concepción del mundo, mientras que el segundo, la antítesis, expone sus problemas y contradicciones y propone una visión opuesta. Finalmente, la síntesis surge de una nueva comprensión del problema gracias a la implementación de elementos que se encuentran tanto en la tesis como en la antítesis; es decir, presenta una suerte de mezcla entre ambas. El principal motivo por el cual este esquema es tan utilizado para explicar procesos históricos es, sospecho, que somos criaturas propensas a la repetición. Se puede aplicar a momentos políticos y económicos tan diversos e incluso apartados en el tiempo justamente porque la política y la economía tienden a operar bajo los mismos mecanismos, una y otra vez. Una fuerza política sube al poder, en las elecciones siguientes se vota a quien más se le oponga y luego se opta por buscar un punto medio hasta que vuelva a comenzar el ciclo. Tan visionario fue Hegel en su concepción de la dialéctica que incluso se puede aplicar a una trilogía distópica como la de The Hunger Games.

Primera parte: la tesis. The Hunger Games nos da a conocer la concepción que se tiene del mundo desde el microcosmos que es Panem, el trato que reciben los más pobres distritos y los Juegos del Hambre, aquel sádico evento que representa el más estrecho vínculo entre ambas partes. Katniss, a pesar de encontrarle una vuelta a las reglas al final, participa en ellos. El pueblo todo todavía se encuentra sometido. Segunda parte: la antítesis. Catching Fire nos presenta a una Katniss mucho más segura de sí misma y determinada a acabar con la tiranía de los juegos. Toda la película se ve atravesada por pequeños actos de rebeldía, desde el vestido que se enciende en llamas en el programa de Ceasar Flickerman hasta la destrucción del domo virtual que hacía de los juegos lo que eran. Katniss literalmente destruye a aquello que más sometía al pueblo. Empieza la revolución.

Es en la tercera parte, en la de la síntesis, donde entra Mockingjay y donde más interesante se vuelve el asunto. Y es que a simple vista esta parte no es más que una agudización de la segunda, la más profunda antítesis ante la tesis propuesta por el Capitolio. Sin embargo, pronto comenzamos a observar cuántas de las actitudes de Coin y Hevensbee se asemejan a las del Capitolio. La televización de la batalla se vuelve crucial, y no quieren que Katniss, su tan adorado y explotando sinsajo, de pelea si no hay una cámara frente a la cual pueda jactarse luego. Lo que importa es lo mismo tanto en la revolución como en los mismos Juegos del Hambre: la estrategia mediática llevada a cabo debe ser perfecta, y el arma más grande no son ni las flechas ni las bombas, sino las imágenes en los televisores. Gale mismo dice que si tiene que morir gente inocente para que ellos puedan vencer a un distrito que sigue aliado el Capitolio, que así sea – inevitablemente, esto nos remite a la cantidad de inocentes que mató el Capitolio en su lucha por el poder. Aun manteniendo algo del espíritu revolucionario que prima en Catching Fire, en Mockingjay observamos con temor y un poco de asco cuán similares son todas las estrategias políticas, sin importar a quiénes favorecen ni qué fines cumplen. Coin es veloz para declararse presidente interina, en un proceso que nada tiene de más democrático que el del presidente Snow perpetúandose eternamente en el poder.

Es precisamente por esto que The Hunger Games se despide siendo una de las mejores sagas distópicas de los últimos tiempos. Teoriza, quizás sin quererlo, sobre los medios, la guerra, el trauma que ésta genera e incluso la política. Su mayor fuerza no descansa entonces en su historia de amor o en la valentía y vulnerabilidad que tan bien conviven dentro de su protagonista, sino más bien en cómo logra retratar el funcionamiento político y mediático todo a través de una sola historia de un solo lugar.

Por Verónica Stewart

■  Al texto escrito por mí sobre The Hunger Games lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Verónica Stewart sobre Catching Fire lo pueden encontrar acá

■ Al texto escrito por Natalia Paez sobre The Hunger Games – Mockingjay (Parte I) lo pueden encontrar acá

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[TRAILER] Algunas imágenes de Mockingjay – Part 2:

Mockingjay Part 2 Trailer from C M on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Arrancamos una nueva semana del blog hablando sobre el cierre de The Hunger Games: 1. ¿Qué les pareció la saga en general y su conclusión en particular? 2. ¿Qué otras sagas resisten un análisis filosófico como el que propone Vero? 3. Por último, ¿son de leer sagas? ¿cuáles son sus favoritas? ; nos reencontramos mañana con un post sobre Grandma; ¡hasta entonces, muchachada! ¡que tengan un excelente día! PD. No se olviden del Concurso Oscars 2016, tienen tiempo hasta el domingo próximo para dejar sus predicciones; ¡buena suerte para todos!

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—> La última vez escribió Victoria Leven sobre… MIA MADRE y EL CINE DE NANNI MORETTI

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Lo mejor del 2015: Los actores

En una de las novelas más enérgicas que leí en el año – A Visit from the Goon Squad, sobre la cual hubo post acá mismo - Jennifer Egan decide en el prólogo que las palabras de Marcel Proust revelen el eje narrativo de su obra: el tiempo, la música y las interconexiones. En En busca del tiempo perdido Proust manifestaba que había una cierta naturalidad en el desconocimiento de muchos elementos de la vida de alguien, independientemente del grado de cercanía que nos uniese a esa determinada persona. Todos estamos acá para ser descubiertos a medias, para que nuestra imagen sea reconfigurada luego, como el realizador Alfonso Gomez Rejon supo captar con precisión en la reciente Me and Earl and the Dying Girl. Asimismo, en A Visit from the Goon Squad los personajes con los cuales nos vamos encontrando capítulo a capítulo cambian según la perspectiva del narrador. Sasha, esa cleptómana que trabaja (y vive) para la música, narra una pequeña travesía nocturna en el primer pasaje y es recordada años después (de un modo mucho más complaciente) por el hombre que la conoció durante esa noche, pero una vez que la novela termina. Egan construye un rompecabezas y emplea a la música como herramienta clave para mostrar que el tiempo altera la percepción pero a la vez como herramienta clave para cesar con la racionalidad y exudar un espíritu adolescente, sensible, permeable al impacto de las melodías, las letras y las pausas que hacen los músicos entre estrofa y estrofa. Love & Mercy, la biopic de Bill Pohlad sobre el frontman de los Beach Boys Brian Wilson, vendría a ser (inconscientemente) el equivalente cinematográfico a esa novela. Por un lado, tenemos esa división temporal. El Brian de los sesenta (interpretado por un Paul Dano de enorme y necesaria vulnerabilidad) y el Brian de los ochenta (John Cusack) son efectivamente la misma persona y, en simultáneo, no lo son tanto. El Brian “del presente” sigue siendo ese genio apabullado por las voces indetenibles de su cabeza, sigue siendo manipulado por una figura masculina despótica y controladora (antes era su padre Murry; ahora es su terapeuta Eugene) pero también es una persona nueva desde el instante en el que alguien lo redescubre. La entrada al film de esa presencia salvadora que fue su eventual esposa Melinda Ledbetter (Elizabeth Banks) aporta otra pieza del rompecabezas que es Wilson, otra mirada que lo redefine al no querer definirlo sino al dejarlo ser. Por otro lado, el film de Pohlad nos presenta a la música como arte receptivo a distintas formas de caos, el mismo tópico que serpentea en la novela de Egan. Por lo tanto, Love & Mercy triunfa en esos grandiosos momentos en los que Wilson graba Pet Sounds instintivamente, como tirándose a la pileta con los ojos cerrados (“es como estar ciego pero, al estar ciego, de algún modo podés ver más” asegura el Brian “del pasado”), como preparándose para un recorrido espiritual difícil de verbalizar. En consecuencia, Dano internaliza más de lo que saca hacia afuera y, al cerrar esos ojos, hace que el bullicio de la cabeza de Wilson cobre tesitura, espesor, se despegue de la pantalla asaltando con bravura. “Yo acepto el caos, pero no estoy seguro de si el caos me acepta a mí” escribió Bob Dylan. Esas palabras fueron tomadas por el guionista Oren Moverman y reubicadas en la boca de Arthur Rimbaud en I’m Not There. Nada es fortuito. Moverman realiza el mismo procedimiento en Love & Mercy al correrse de lo lineal para abrazar todo ese hermoso y tortuoso proceso de creación musical de alguien que batallaba contra un gran espectro de amenazas. Love & Mercy es caos porque la música, el tiempo, los rompecabezas, las relaciones que entablamos, las subidas y bajadas también lo son. No hay nada prolijo en esta biopic y ésa es su mayor virtud: dejar que el sonido penetre con extrañeza, la misma extrañeza que generan esos ladridos de los perros de Brian que, allá por 1966, entraron al estudio para hacer historia. ♫ 

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►[TRAILER] Algunas imágenes de Love & Mercy:

Love & Mercy - SFIFF58 Trailer from San Francisco Film Society on Vimeo.

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*[TOP FIVE] OTRAS GRANDES ACTUACIONES MASCULINAS DEL AÑO:

► 1. JASON SEGEL en The End of the Tour

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► 2. MILES TELLER en Whiplash

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► 3. MATT DAMON en The Martian

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► 4. OSCAR ISAAC en A Most Violent Year y Ex Machina

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► 5. BEN WHISHAW en Lilting y Paddington 

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*DE YAPA: JASON MITCHELL en Straight Outta Compton

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► [GALERÍA] 40 grandes interpretaciones masculinas del 2015 mencionadas en el post de hoy:

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 ¡BUEN MARTES PARA TODOS! Hoy entramos en la última semana de balance 2015 eligiendo los mejores actores del año; los invito a mencionar sus favoritos en los comentarios para luego armar una galería alusiva; por otro lado, me gustaría que quienes hayan visto Love & Mercy se explayen sobre la misma; nos reencontramos mañana en el megapost de fin de año con el video-regalo que espero que les guste; ¡hasta entonces, muchachada! PD. Para recordar quiénes habían sido los mejores actores del 2014, hagan click acá mismo

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The Hunger Games – Mockingjay (Parte I): Cerca de la revolución

Hoy en Cinescalas escribe: Natalia Paez

“And the scars that mark my body, they’re silver and gold,
my blood is a flood of rubies, precious stones,
it keeps my veins hot, the fire’s found a home in me”  - Lorde (“Yellow Flicker Beat”)

*Atención: Se revelan detalles del argumento del libro y la película

Cuando pienso en trilogías del género Young Adult (o jóvenes adultos, vaya oxímoron), se me vienen a la mente los romances imposibles y sufridos propios de la adolescencia, y ese sentimiento entre angustioso y desmedido del amor para siempre que solo puede provocar la fuerza de lo que aparece como inalcanzable, casi intocable. Pienso en Edward y Bella, y ese triángulo amoroso conformado con Jacob; son “hielo y fuego”, como se escucha pensar a la heroína de Stephanie Mayer en la trilogía Crepúsculo. También evoco a  Hermione y Ron, y en cómo se juega con la idea de un triángulo en Las Reliquias de la Muerte de la serie Harry Potter, cuando en medio de una alucinación causada por portar un Horrorcrux, Ron ve a su mejor amigo y a la chica de la que se enamoró besarse apasionadamente y reírse de él. Sin embargo, nada de todo este tropo aparece como prominente en la historia de Katniss Everdeen (una magnifica Jennifer Lawrence), la “chica en llamas” de la trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzanne Collins. Si hay algo que resalta en Katniss es la admiración que despiertan sus acciones heroicas y sus luchas, porque en su mundo, el universo ficticio de Panem (un guiño al dogma romano “Panem et circense”, es decir, pan y circo), no hay lugar para los sentimientos desmedidos. En su mundo sólo se vale sobrevivir, y como ella misma le dice a Gale Hawthorne (Liam Hemsworth) desde que fue seleccionada para participar en esa batalla hasta la muerte que son los Juegos del Hambre anuales, ella sólo tiene tiempo para una clase de sentimiento: el miedo. Y ese temor es tan palpable durante la apertura de Mockingjay Parte 1 (o Sinsajo, según su traducción al español), que uno no puede evitar relacionarse con todo el trauma que enfrenta Katniss tras despertarse en ese bunker subterráneo  que es el secreto Distrito 13. Desorientada, con la respiración agitada, preguntándose todo el tiempo quién es, de dónde viene y por qué está ahí en ese momento, Katniss se enfrenta con un sentimiento que es aún más profundo que el amor: el trauma de la pérdida, la falta total y absoluta de control sobre su destino, pero sobre todo, sobre el destino de los que más ama, su hermana Prim, su madre y Peeta Melark (Josh Hutcherson). 

Si hay algo que me produjo la adaptación de Francis Lawrence sobre esta primera parte del libro de Collins es una opresión similar a la que experimenta la “chica en llamas” cuando mira por televisión los mensajes de tono propagandístico que protagoniza su pareja ficcional Peeta, quien al final de los juegos anteriores es capturado como prisionero por el Capitolio, ese gobierno autoritario que domina a los demás distritos a fuerza de miedo y terror. Esos dos sentimientos son una constante cuando Katniss finalmente comprende que el Presidente Snow (Donald Sutherland) no está jugando, y que va por todo y por todos con tal de apagar el fuego del Sinsajo y su rebelión. No le tiembla el pulso para incinerar vivos a niños, mujeres e indefensos del Distrito 12 (el hogar de Katniss) cuya única culpa es querer vivir un poco mejor. No se detiene ante nada, ni siquiera la tortura física y emocional de Peeta y de todos los demás vencedores capturados en los juegos anteriores para manipular a Katniss y a los demás rebeldes del Distrito 13, incluidos el ex Creador de los Juegos Plutarch Heavensbee (el talentoso Philip Seymour Hoffman, en uno de sus últimos roles en la pantalla grande) y la presidenta de los rebeldes, Alma Coin (Julianne Moore). Snow le demuestra a Katniss a cada paso, que en la guerra como en el amor, todo se vale. Incluso usar como arma letal al sentimiento más sagrado de todos. Mockingjay es un retrato crudo que, aunque ficcional, se parece demasiado a los conflictos que miramos por televisión. Es un relato de una guerra civil digitada por un gobierno ambicioso y corrupto, que se maneja en la opulencia y la negación total de las diferencias de clase, mientras vive de las riquezas que los oprimidos le producen. Pero aun cuando la noche es más oscura, hay una pequeña luz de esperanza que se vislumbra a través del velo del trauma de Katniss y los suyos.

Con sus miserias a cuestas y sabiéndose por siempre quebrada en su integridad como persona, Katniss acepta ser el símbolo de la rebelión de Alma Coin y Plutarch, no sin antes imponer sus propias condiciones. Para los lectores del libro, es en este crucial momento que comienzan los cambios que necesariamente sufren estas adaptaciones cuando son trasladadas a la pantalla grande. La Katniss del libro exige no sólo el rescate e indulto de todos los vencedores, sino también lo que será el motor del fin del relato: Katniss quiere matar ella misma al presidente Snow. En la película, esta exigencia brilla por su ausencia, con lo que se entiende que el objetivo del director era estructurar esta primera parte alrededor del rescate de Peeta. Cómo encajaran las piezas en la segunda y última película de esta saga es otra historia. Lo cierto es que por cuestiones económicas y marketineras (que comenzaron a regir las reglas de este género cuando Warner Bros. decidió cortar en dos el final de la saga Harry Potter en 2011), Mockingjay-la película está dividida en dos partes, con Suzanne Collins recibiendo por primera vez un crédito fílmico por su trabajo en la adaptación del guion cinematográfico de su propia obra. Resulta sencillo entender por qué, entonces, el corte en esta primera parte de la saga se da de forma orgánica, casi como si hubiera estado escrita así desde un comienzo. A diferencia de otras obras del género Young Adult, la historia del paso del Sinsajo de provocación a revolución social completa aparece a los ojos del espectador como un viaje sin demasiados cortes abruptos. En esta última parte, Katniss se da cuenta que su intención de salvar a Prim y ofrecerse como tributo en un principio, bien puede ser lo último que hizo por cuenta propia. A partir de su paso a escena, todo su camino fue digitado por aquellos que desde las sombras la observaron, y percibieron su potencial de liderazgo. Katniss se da cuenta que la cultivaron para ocupar el lugar central en esta rebelión televisiva, que de ficción no tiene nada… y lo tiene todo.

“Are you, are you
coming to the tree?
Where I told you to run,
so we’d both be free”

Uno de los mayores logros del equipo de marketing de Lionsgate (estudio al frente de la trilogía) fue llevar el estilo propagandístico del gobierno del Capitolio a la calle, y con eso, incrementar la ansiedad de los fanáticos. Los “tributos” (como se denomina a los lectores de los libros de Collins en el fandom de Los Juegos del Hambre) sabíamos qué encontraríamos, sin embargo, aquellos “hungers” (o no lectores) seguramente se sorprendieron ante la abundancia de carteles en fondos rojos y letras negras, videos o “propos” con mensajes de Sutherland como Snow junto con Peeta y Johanna Mason (Jena Malone, quien no juega un rol central en esta primera parte) a su lado. Inclusive se vieron gráficas en la vía publica con mensajes de corte goebbeliano, intervenidos con consignas contra hegemónicas de estilo guerrilla, el código que manejan los rebeldes del Distrito 13. De hecho, una de las mejores incorporaciones de esta primera parte es la de la documentalista Cressida (Natalie Dormer) y sus camarógrafos Castor (Wes Chatam) y Pollux (Elden Henson). Comisionados por Heavensbee para seguir a Katniss y capturarla “en acción” y con eso armar las “propos” (bajo la consigna de “The Mockingjay Lives” o “El Sinsajo vive”), es el estilo testimonial de Cressida el que nos regala el momento en que Katniss se muestra vulnerable y no combativa ante las cámaras, entonando lo que luego será el mantra de la rebelión: “The Hanging Tree” (literalmente, “el árbol colgante”). Ninguna otra actriz más que Jennifer Lawrence podría haberle dado la mezcla de tristeza y esperanza que genera escuchar esta canción (que fue acondicionada para la película por el grupo folk rock norteamericano The Lumineers) por primera vez después de haberla leído. Que actualmente la canción ocupe uno de los primeros puestos en el ranking Top 40 de la revista Billboard solo demuestra la credibilidad y el talento con que Lawrence llevó adelante el desafío.

Mockingjay Parte 1 es una interesante vuelta de tuerca al género Young Adult en sus adaptaciones al cine. No solo porque el conflicto mayor no gira en torno a si Katniss se queda con Gale o Peeta, sino porque propone algo aún más revolucionario: muestra a una Katniss que no es la “dama en apuros”; no es alguien a quien hay que salvar. Es ella misma la heroína y la encargada de rescatar a Peeta de los malos. Josh Hutcherson, por su parte, compone un personaje caracterizado no por su fuerza ni su coraje, rasgos propios del héroe masculino tipo, sino por la suavidad y la emoción a flor de piel, marcas que antes solo se mostraban como características de los roles femeninos. Peeta es un panadero, y sus fortalezas en el juego son el camuflaje y las relaciones interpersonales. Katniss es una experta del arco y flecha, sus fuertes son la cacería y la valentía, y se maneja mejor sola que jugando en equipo. Son estos roles invertidos, si se quiere, los que sostienen un relato trazado sin los condimentos típicos de estas historias.

La idea que mantiene viva esta saga es el amor, sí, pero no un amor adolescente desgarrador y casi irracional, protagonizado por la “dama en apuros” y el “caballero valeroso”. Es el amor fraternal que lleva a Katniss a ofrecer su propia vida a cambio de la de su hermana menor lo que desata la fuerza del cambio en los ciudadanos de Panem. El motor es la búsqueda de lo inalcanzable, sí, pero no relativo a la pareja sino respecto a la sociedad y a los lazos invisibles que mantienen el status quo en el que vivimos todos los días. Mockingjay Parte 1 es el principio del fin de la partida de dominó que una Katniss casi niña inició en los primeros juegos. Un paso en falso puede perjudicar toda la caída de las fichas, y sin embargo, el riesgo que conlleva corromper esa inercia vale todo el peso de la opresión que Katniss Everdeen carga en sus hombros desde que Effie Trinket (Elizabeth Banks) gritó su nombre en la ceremonia de selección en el Distrito 12. Desde que la leyenda de la “chica en llamas” se transformó en el germen de la revolución, tanto en la ficción como en la realidad.

Por Natalia Paez

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[TRAILER] El adelanto del comienzo del fin de The Hunger Games:

'The Hunger Games: Mockingjay - Part 1' Trailer from Trailer Rejects on Vimeo.

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¡BUEN LUNES PARA TODOS! Tenemos varias consignas para el post de hoy. Nati les hace las siguientes preguntas:  1. ¿Vieron Mockingjay Parte 1? ¿Qué les pareció?  2. Si lo leyeron, ¿piensan que le hace justicia al libro de Collins?3. ¿Qué opinan de la inversión de roles entre Katniss y Peeta en esta trilogía? 4. ¿Son fanáticos del género Young Adult? ¿Qué otros libros y/o adaptaciones cinematográficas del género recomiendan? Por otro lado, yo pregunto: 5. ¿Cuáles megaproducciones de Hollywood de este año les parecieron las más logradas? ¡Los leemos muchachada, hasta mañana! ¡Que tengan un gran comienzo de semana!

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—> La última vez escribió Craig Kennedy sobre… LA CARRERA HACIA EL OSCAR 2015

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Movie 43 (o por qué hasta la peor película es una buena película)

Hoy en Cinescalas escribe: Franco Tracchia

Debo confesar que tenía poca información acerca de Movie 43 cuando decidí entrar a la sala a verla. Me alcanzó con la escueta definición brindada por el resumen de funciones: “Comedia bizarra”. ¿Reparto? Hugh Jackman, Kate Winslet, Emma Stone, Naomi Watts, Chloë Grace Moretz, Will Sasso, Justin Long, etc…

Nada podía salir sal.

Los primeros minutos son desconcertantes. Asustan. Esto no es lo que vine a ver. Una historia de adolescentes jugándose bromas entre ellos. Por suerte (o no), la película no se trata de eso. La trama de venganza juvenil es solo una excusa para mostrarnos CATORCE sketchs, pequeños segmentos de ¿diversión? independientes entre sí y dirigidos cada uno por un realizador diferente. Estos sketchs – que en su mayoría rozan el absurdo – nos resultan atractivos por el simple morbo de ver a actores de gran nivel (varios ganadores y/o nominados a los Oscars) saliendo de su zona de confort. Se destacan la interpretación de Naomi Watts (probablemente la mejor de toda Movie 43) como una madre trastornada; y la de Chris Pratt como un novio conflictuado por una proposición sumamente escatológica.

Me pongo la mano sobre el corazón con solemnidad e intento hacer memoria: no recuerdo un solo gag que haya hecho reír a la totalidad de la sala al mismo tiempo. Quizás “Homeschooled”, aquel sketch sobre la particular educación domiciliaria que recibe un adolescente de parte de sus aún más particulares padres, fue el que más quórum tuvo a la hora de las risas. Los demás, flojos. La escatología presente en cada segmento conspiró en contra de los deseos de los espectadores por tácitamente aprobar la película riéndose. Muchos se levantaron de sus butacas antes de finalizado el film. Hasta las mentes más jóvenes, abiertas y/o acostumbradas a lo grotesco, se cansaron de 94 minutos repletos de constantes referencias sexuales. Constantes.

► Algunas imágenes de Movie 43: 

Resumiendo: los actores no brillaron. La mayoría de los sketchs no resultaron graciosos. La trama estaba desprovista de sentido. El público se asqueó y se hastió.

Entonces, ¿esto implica que Movie 43 sea mala? NO.

Movie 43 es exactamente lo que sus directores quisieron que fuera. Por eso es una buena película. Porque el principal objetivo de los sketchs es el de mostrar pequeñas minorías norteamericanas perjudicadas por años de carencia cultural y que, sumadas, representen a la mayoría. Nadie es perfecto. Cada cual tiene su rollo. Por eso, Movie 43 se convierte en una crítica a la sociedad yanqui. Una buena crítica disfrazada de (porque esto hay que mencionarlo) una muy mala comedia. El rol del director de cine es el de lograr reflejar sus ideas a través de una pantalla, intentar hacernos sentir lo que él siente respecto a un tema en particular. Si esos sentimientos son asco, ira y desprecio, entonces su logro también es válido. En Movie 43 este efecto se consigue y a la perfección, por lo cual a mi criterio no se trata de una mala película. A veces es preferible una horrible realidad que una hermosa fantasía.

Por Franco Tracchia

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¿Vieron Movie 43? ¿Qué les pareció? ¿Cuáles fueron las peores comedias que recuerdan haber visto? Pueden ser lapidarios con ellas en este post; ¡dejen sus comentarios, muchachada! ¡buen comienzo de semana para todos!

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—> La última vez escribió Lorena Yscara sobre… THIS IS 40

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 [OFF TOPIC] Lo prometido es deuda: anuncio que los restantes ganadores del concurso de Game of Thrones son, según la votación del viernes, Lorena Yscara en segundo lugar y Santiago Tombión-Ezequiel Saul empatados en el tercer puesto; por ende, junto a Nicolás Rivara, el concurso tuvo cuatro ganadores; ¡felicitaciones a ellos! En breve me pondré en contacto para hacerles llegar los premios; una última aclaración: esta semana voy a estar cubriendo el BAFICI, así que probablemente tarde más de lo usual en responder comentarios, pero de todos modos el blog se actualizará de lunes a viernes y voy a entrar a leer y responder, solo que con menos frecuencia; ¡saludos para todos! ;)

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Fuera de la tormenta

“Me habían arrojado fuera de la tormenta y era hermoso” - David Whitehouse

¿Qué pasa si no nos gusta lo que sucede a nuestro alrededor? ¿Qué pasa si nos terminamos convirtiendo en receptores de actitudes que, o bien no merecemos, o bien no podemos manejar? ¿Qué alternativas tenemos ante la conducta ajena? ¿Cómo podemos responder? ¿Cómo podemos reaccionar? ¿Dentro de qué grupo nos deberíamos ubicar? ¿Vamos a ser quienes se corren de ese ámbito o quienes se quedan, enviciándolo aún más, sin poder salir del círculo? En Bed, la reveladora novela de David Whitehouse, se alude a la doble naturaleza del amor. Pero no estamos hablando sobre relaciones de pareja sino sobre cómo se manifiesta el sentimiento dentro de la dinámica familiar. “El amor es una línea larga. Es todo amor pero tiene extremos opuestos. Está el extremo que es bueno. Ese es el extremo en el que uno quiere estar. Y está el extremo que es malo, porque el amor también puede destruirte. Y ese extremo de la línea es el lugar en el que está la mayoría”. Así somos, ópera prima de Alex Kurtzman (guionista/soldado de las producciones de J.J. Abrams, desde Alias hasta Star Trek), tiene a dos personajes centrales ubicados en ese último extremo de la línea, quienes crecieron convencidos de que la contención familiar nunca iba a ser completa y de que eventualmente toda presencia termina mutando en abandono. Sin embargo, es aún más triste cuando la ausencia llega antes de la muerte, cuando llega con una partida voluntaria, con la desconsideración, con la falta de afecto. Poco después del funeral de su padre, Sam (Chris Pine) se entera de que ese hombre que estuvo siempre a medias en su vida también tuvo otra hija (este hecho está inspirado en la experiencia personal de Kurtzman). Inmerso en sus propios problemas laborales, retrasando su futuro sentimental por no haber podido lidiar con una infancia traumática, Sam intenta salir del espiral para conocer a su hermana Frankie (una extraordinaria Elizabeth Banks) y así, a partir de varios encuentros en los que no le revela su identidad, dilucidar quién fue su padre, ese hombre que lo llevó al parque algunas veces, le dio seis consejos para manejarse en la vida, lo instruyó en la música, se ausentó, se enfermó, murió y nunca pudo ser para él más que una figura incompleta.

“It’s official: I don’t exist” 

Frankie, sin saberlo y con una generosidad natural, ayuda a Sam a reconstruir el rompecabezas, siendo ella ese extremo (inicialmente) más destruido. “La última imagen que tengo de mi padre es la de las luces traseras de la camioneta” le cuenta ella a Sam. Pero Así somos no emparenta la melancolía con un puñado de confesiones edulcoradas. Porque la realidad no lo es. Y Frankie es la viva prueba. El abandono de su padre, la decisión de quedarse con su otra familia, provocó en ella una rebeldía que la condujo al alcohol, a las drogas, al frecuente sexo casual y a un hijo, Josh (el personaje/costado más esperanzador de la historia), quien tampoco sabe quién es su padre. La ausencia, entonces, cobra otro sentido, se hace más pesada. El recuerdo de un padre de quien esperaste más y quien nunca estuvo a la altura de las circunstancias (un poco por no poder y otro poco por no querer) activa una nostalgia punzante, una necesidad de rebobinar para rastrear ese momento en el que todo fue tomando otro curso, en el que todo fue cayendo en picada. En esa necesidad, Frankie admite nunca haberse preguntando qué había de malo en él sino, por el contrario, qué había de malo en ella. Qué pudo haber hecho ella para que su padre no se interese por estar sobrio y llevarla a comer, en lugar de drogarse con amigos mientras ella observaba la escena a la distancia, con un vestido nuevo que no volvería a usar. Esa distancia que es precisamente la que no debería existir en ese vínculo. Porque nada puede causar más impotencia que mirar a un padre y no reconocerlo. El golpe puede contrarrestar cualquier ímpetu de hacer algo por nosotros mismos (o bien empujarnos a la otra vereda).

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“¿Qué vida es esta, que te da la maravilla de un corazón que late y después lo hace estallar en un millón de pedazos diminutos? ¿En la que lo que te enseñan a esperar, todo eso, no llega nunca? Si eso es la vida, ¿para qué salir de la cama?”, pregunta Whitehouse en su novela. Así somos parece querer decirnos que es Frankie quien no pudo levantarse, quien se perdió en los excesos por esperar el regreso de su padre, un regreso que nunca se produjo (al menos no de la forma que ella suponía). Pero lo interesante de la película es cómo trastoca la perspectiva: quien creemos que tiene todo bajo control por haber pasado más tiempo con una familia moderadamente “constituida” (Sam) es quien menos idea tiene de cómo relacionarse, de cómo decir una verdad a tiempo, de cómo acercarse a una madre (Michelle Pfeiffer en un papel tan modesto como doloroso) quien también lidia con el peso de decisiones que repercutieron en esos hermanos que crecieron separados. Entonces, volvemos a lo mismo: ¿qué pasa si no nos gusta lo que sucede a nuestro alrededor? ¿Qué pasa si no nos podemos hacer cargo de los conflictos familiares sin evitar meternos en la tormenta? La película muestra a Sam y a Frankie lidiando con la decepción, con la frustración, a partir de vaivenes de conducta. Al comienzo los conocemos como personas autodestructivas y luego como quienes, al aceptar que con la muerte de su padre también murieron sus expectativas, se abocan a la realidad, a lo que sí tienen, a sus pequeñas epifanías: escuchar Joy Division, arreglar el jardín, hacer dormir a un hijo, decirle “te amo” a alguien, visitar una playa, comer tacos. No hay más que eso. Mejor dicho: no hay otra forma.

*Les dejo una escena de Así somos:

“Somos hermanos, somos las únicas dos personas en el mundo que saben lo que fue crecer sin él. Eso es un milagro”, le dice Sam a Frankie y en ese instante no hay dudas respecto a la importancia de la hermandad para hacerle frente a un panorama irremediable. Es de acá en adelante. Es aceptar el pasado fijando la atención en el encanto cotidiano. No para aislarse: para conocerse. “Nos sentamos ahí todo el resto del día, relajados y en calma (…) a lo lejos, las luces parpadeantes de los aviones. Fuera del ladrido del perro cuando pasaba un auto, no había nada. Me habían arrojado fuera de la tormenta y era hermoso” se lee también en Bed. Así somos responde a mi pregunta inicial del post de la manera más honesta posible. Si no nos gusta lo que sucede, no hay otra forma de lidiar con la frustración que haciendo algo que nos sirva a nosotros y que el otro también vea (y, con suerte, lo ayude). Sam se refugia en momentos compartidos con su sobrino, “relajado y en calma” y, en esa actitud, le devuelve la fe a su madre de recomponer un vínculo que su padre cortó al medio. Pero a pesar de su luminosidad, la película de Kurtzman aborda la compleja interacción familiar con una melancolía omnipresente (sobre todo en la hermosa pero dura escena final), con Sam y Frankie como los únicos responsables a la hora de cambiar el futuro. “Vi los acantilados blancos de la costa inglesa y recordé el momento en que papá me contó por qué eran de ese color. ‘Miles de millones de años de huesos’, dijo. ‘Billones de vidas, todos los esqueletos del mar, mantenidos en tierra por las mareas y golpeados por las olas. Presión más tiempo para convertir todo en tiza. Sorprendente. Con suficiente presión durante suficiente tiempo siempre se crea algo nuevo’”. Cuando uno logra soltar – ya sea a la fuerza o por real convicción -, cuando uno supera la ausencia (si es que se supera del todo) es cuando más listo está para aceptar que si alguien pudo subirse a una camioneta y dejar todo atrás, uno también puede subirse a la suya, mirar hacia adelante y salir de la tormenta.

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¿Vieron Así somos? ¿Les gustó? ¿Qué películas sienten que representan a sus respectivas familias? ¿Con cuáles se sintieron más identificados en ese plano? ; ¡Comenten! ¡Buen martes para todos!

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