Una mirada a la literatura detrás del cine

Hoy en Cinescalas escribe: Luciano Sívori

El cine y la literatura son lenguajes distintos. Muchas veces se fusionan, se mezclan…se acuestan y después no se llaman al día siguiente. En el mundo cinematográfico prima la imagen por encima de la palabra, mientras que en el literario es básicamente la palabra. Lo que hace que un libro sea más profundo y más rico que una película es lo mismo que hace que una puerta de madera que cruje provoque más miedo que un payaso sosteniendo globos bajo una alcantarilla: la imaginación es (y siempre será) mucho más poderosa que la vista. No es la idea debatir hoy si “la película es mejor que el libro”, como tampoco criticar a Hollywood, que le cerró definitivamente las puertas a las historias originales y se la pasa robando de libros, secuelas y reboots. Lo que hoy quiero hacer es que se animen a tomar la pastilla roja para descubrir que hay todo un universo literario detrás del cine, que es maravilloso y que muchas veces las películas no logran ajusticiar. Que la película sea mediocre o vacía, no implica necesariamente que el libro también lo sea.

El Gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald, 1925) es una novela fantástica y uno de los más grandes clásicos de la literatura americana. Su adaptación más famosa (escrita por Francis Ford Coppola en 1974, y  protagonizada por Robert Redford) me dejó deseando bastante. Está lejos de capturar la emoción y todos los simbolismos que presenta la novela. Veremos cómo se las arregla Leonardo DiCaprio este año. Algo similar me pasó con Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932). La adaptación cinematográfica de 1998, que salió directamente al cable, es triste y para el olvido. La vi de chico, por casualidad y creo que por Space, y luego me enteré que estaba basada en uno de los libros de ciencia ficción más importantes del universo entero. Me animé a leerlo (tenía no más de 14 años) y resultó ser uno de los textos que marcarían mi vida y muchas de mis pasiones futuras (aprendí a amar la ciencia ficción y las sociedades distópicas). Huxley: un genio total. Las películas de Harry Potter, por otra parte, son visualmente impresionantes, pero ninguna le hace verdadera justicia a los libros. Las dos primeras adaptaciones están bastante bien en cuanto a “fidelidad”… y creo que todas capturan correctamente la esencia del “mundo mágico” que creó J.K Rowling. Sin embargo, ninguna está a la altura de los libros, que son obras realmente complejas y con muchos recursos narrativos interesantes. Incluso la sexta película asesinó complemente al libro (que es el mejor de todos), y hasta cambió estúpidamente el final original. Amo esos libros, la forma de escribir de la autora, cómo te envuelve en ese universo mágico y misterioso, por eso no es justo para los que sólo se quedaron con el cine.

Quizás el caso más famoso de “malas adaptaciones al cine” sea el del pobre Stephen King. El prolífico autor tiene más de veinte de sus títulos entre cine y películas para televisión. Hay excelentes adaptaciones (Cuenta conmigo, Sueños de libertad, Milagros inesperados) pero la gran mayoría son terriblemente malas. Cazador de sueños es mi libro preferido de King. Sigue el camino clásico del autor: infancia perturbada, monstruos, personajes con vidas cruzadas, etc. Pero es una historia con mucho corazón, fuertes temáticas en las que te sentís representado y una historia de suspenso intrigante. La parte en la que el alien está dentro de la cabeza de uno de los protagonistas está muy bien lograda. La película, por otro lado, es un chiste; tiene momentos que parecen sacados del cine clase Z y el final es cualquiera (totalmente distinto al original). Ni siquiera Morgan Freeman la salva. Lo que pasó con El resplandor es una anécdota muy conocida. La película es una de mis preferidas de Stanley Kubrick, y Jack Nicholson la gastó en su papel. Es una de esas cintas que no me animo a ver solo (aunque ya tengo mis 25 años y contando). Pero aun así, King nunca estuvo satisfecho con la adaptación, al punto que escribió él mismo una miniserie “más fiel al libro”. Cuando leí la versión en papel entendí todo: El resplandor es una historia demasiado compleja, distinta a las “clásicas” de King y el libro es increíble por todo el trasfondo del hotel en el que la película nunca llega a profundizar, y el miedo que genera el monstruo en el que Jack Torrance se va convirtiendo.

► Les dejo el trailer de Room 237, el flamante documental sobre cómo Kubrick adaptó El resplandor:

A principios del 2012 salió John Carter, producida por Disney. Me divirtió. Es una linda aventura, pero no es una película terriblemente significativa. El guión lo viste mil veces en otras películas, pero la novela en la que se basa tiene cien años y fue, de hecho, fuente de inspiración para Star Wars, Avatar, Indiana Jones, Flash Gordon e infinidad de relatos. La novela de Edgar Rice Burroughs Una princesa de Marte es una de las historias de ciencia ficción más emblemáticas de los últimos tiempos. El autor te absorbe completamente en ese mundo loco que creó (y que fue copiado mil veces después): hay criaturas muy bizarras, grandes batallas con espadas y audaces hazañas del héroe. Es muy meritorio su trabajo ya que, en esa época, no tenía mucho de qué agarrarse y tuvo que imaginar la gran mayoría de las cosas, desde la forma de procrear de los marcianos, hasta las razas, religiones y condiciones atmosféricas del planeta Marte. Un genio total.

El cine es y siempre será, junto a la literatura, una de mis grandes debilidades Pero son peras y olmos. Manejan sensaciones y lenguajes distintos. Es una pena que muchas veces se distorsione la esencia del autor en adaptaciones que lo dejan mal parado, vacío o como alguien que “se vendió por lo comercial”. Hay todo un mundo en los libros que uno nunca debería darse el lujo de abandonar. Aún con la marcada tendencia a no leer textos con más de 140 palabras y la preferencia hacia lo rápido y visual, todavía creo que los libros tienen mucho para enseñarnos. Hay todo un universo, escondido entre fragmentos de papel, para complementarse con ese maravilloso fanatismo que genera el cine.

Por Luciano Sívori

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Las consignas de Luciano (algunas las hemos abordado, pero ya lo hemos dicho: el público se renueva): ¿Qué películas asesinaron vilmente al libro en el que se basan? ¿Qué libros merecen una adaptación al cine y, en todo caso, quien sería el director para llevarlos a la pantalla grande? Mi consigna: ¿Qué libro están leyendo hoy en día? Yo, por mi parte, estoy con An Abundance of Katherines  de John Green; ahora los leo a ustedes; ¡Comenten! ¡Buen comienzo de semana! 

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—> La última vez escribió Nicolás Godoy sobre… CINE y VIDEOJUEGOS

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[OFF TOPIC]: Dos cosas: en primer lugar, muchísimas gracias por todas las palabras volcadas en el cumplepost del viernes, me emocionaron mucho; en segundo lugar, quisiera felicitar a Florencia Gaudio por volver a ganar el concurso de La mejor nota de los lunes; al resto, gracias por haberse animado a escribir y seguramente no faltará oportunidad para que vuelvan a ser parte de otro concurso, saludos para todos ;)

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Amado inmortal

“…however vast the darkness…we must always supply our own light” – Stanley Kubrick

El horror show. El libre albedrío. Las inminentes catástrofes. El hombre inmerso en la tiranía de la humanidad. La violencia como danza. La ambigüedad. La oscilación entre los pensamientos oscuros y la búsqueda de la luz. La guerra, metafórica y concreta. “Si puede ser escrito y pensado, entonces puede ser filmado”, había dicho Stanley Kubrick. Sin embargo, su propio laberinto, sus ideas, sus intereses traducidos en obsesiones no le hicieron nada fácil el camino de filmar todo eso que pensaba. Stanley era una persona compleja, como así también su cine, cine criticado por una dosis de frialdad y pomposidad que, sí, siempre estuvo, pero que no fue lo único. El resto, desde las ambiciones desmedidas y la necesidad de un paraíso visto en La naranja mecánica (mostrado con dinero, con Beethoven, con la fruta prohibida), hasta las restricciones que les son impuestas a los personajes para verlos “curados” a los ojos del resto (Lolita, Ojos bien cerrados, etc.), Kubrick teñía a toda su obra con su concepto de cine como medio mágico para retener el interés y transmitir emociones.

Las emociones generadas por sus películas, sin embargo, tienen esa visión gélida del mundo (las velas en Barry Lyndon, paradójicamente, no representan la luz sino la meticulosidad innata del hombre que no aceptaba un “no” como respuesta a sus necesidades como realizador) que lo condujo a transgredir géneros, ya sea narrando de manera fragmentada en Casta de malditos como mostrando bajo las reglas de la ciencia ficción a un infinito vasto y un esperanza rebosante en el niño estrella de 2001: odisea del espacio. Incluso Barry Lyndon, nuevamente con la ambición como tema, no termina siendo más que una historia de amor bajo la forma de un  hermoso cuadro, inmortal e inolvidable; y El resplandor - pelea con Stephen King mediante – es otro síntoma de una naturaleza laberíntica y de ese tópico del hombre que quiere trascenderlo todo, como una suerte de demonio (otra vez) inmortal. Algo similar sucede con la inutilidad de la guerra mostrada en Senderos de gloria, Dr. Insólito y Nacido para matar, donde nada está libre de fallas porque el hombre es esencialmente vulnerable.

Kubrick era más de lo que mostraba. Era el director que usaba el cine para hacer documentales casi mitológicos, coreográficos, de una nave especial que gira, de un Alex DeLarge clown que danza y canta antes de aplicar su dosis de ultraviolencia. Como canta esa mujer (la mujer de Stanley) ante los soldados en Senderos de gloria y uno sabe que Kubrick tenía el don de conmover a pesar/a raíz de su excentricidad. Porque él también amaba la música y su carácter universal. Por eso, si en otro plano, en otra vida, yo pudiera hacerlo hablar, me concentraría en ese tira y afloje entre la oscuridad y la luz, entre la guerra para establecer la paz o la traición de la paz al establecer la guerra. El ser humano como criatura dual, de esencia indefinible. Le preguntaría hasta qué punto no podía dejar de observarlo todo, como a ese matrimonio de Ojos bien cerrados y esa escena de sexo narcótica, como a esa orgía filmada bajo la perspectiva de un William enmascarado. Le preguntaría por qué la última palabra que se dice en su último film es “Fuck” y quiénes fueron los privilegiados en ganarle, alguna vez, en una partida de ajedrez. Ah, sí, y le pediría sentarme a su lado, donde sea que esté, para escuchar esta pieza de Schubert.

Cinéfilos…si pudieran entrevistar a un actor/director y tuvieran una sola pregunta, ¿a quién elegirían y qué preguntarían? ¡Comenten! ¡Divaguen! ¡Whatever!

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