Sus películas del año (y un video de regalo) (y una nueva playlist) (¡y Feliz 2014!)

Foto: Ezequiel Saul

“Seguiré, igual lo haré, aunque todo esté mal, lo haré” - “Tanta Gente” (Estelares)

“Antes no quise estar. Ahora sí”. Siempre me impactó esa frase que escribió Moretti. No me sorprende que sea oscura. Al fin y al cabo, gran parte de las canciones de Estelares lo son. Sí me afecta la connotación del “estar”. ¿Estar vivo? ¿Estar presente? ¿Estar despierto? ¿Estar alerta? Puedo añadirle cualquier adjetivo y, sin embargo, creo que el “estar” tiene, para cada uno de nosotros, un significado completamente diferente. Recuerdo con claridad mi momento de no querer estar y lo asocio al no querer estar conectada. Conectada con el entorno. Conectada con las pasiones. Conectada con la escritura. Conectada, en definitiva, con la belleza. Me recuerdo como entumecida, como impenetrable, como indiferente a las pulsiones y aún hoy, bien lejos de esa sensación, ese recuerdo me aterroriza. Porque ese “antes” que equivale a un “no querer” implica que el no poder sentir las cosas, o no poder ver conexiones en todos lados como diría John Green, es casi lo mismo que estar perdido. Ya lo conté en ese post que simboliza el espíritu del blog y que hoy funciona como una suerte de parábola de mi 2013. El haber estado perdida o desconectada de las cosas fue lo que me condujo a la creación de un lugar donde me sintiera más acompañada. La compañía vino, en primera medida, de las palabras. Hay situaciones en las que uno se amolda a los demás, en las que uno deja de ser uno, no por hipocresía, sino porque sencillamente hay que adaptarse, hay que filtrar, hay que medirse. Sin embargo, todos, en algún momento del día, estamos a solas con el pensamiento. Y ahí no nos mentimos. Ahí somos nosotros. Ahí recordamos, nos refugiamos en la nostalgia, nos autoimponemos cambios, cumplimos fantasías, no nos traicionamos. Me pasa algo así cuando escribo. Encuentro compañía en las palabras porque esas palabras son el testimonio de lo que siento/creo/pienso en ese determinado momento, y eso me ayuda a (re)conocerme mejor. Pero aunque la compañía pueda provenir de uno mismo (somos quienes más nos conocemos y, al mismo tiempo, quienes más batallamos para poder cambiar), la conexión necesita de alguien más. Quién hubiera pensado que el “antes no quise estar conectada” iba a encontrar su correlación más literal con un blog. Me quiero ceñir a lo fáctico: desde que empecé a escribir acá en el 2010 que mi conexión con las cosas se enriqueció. No solo porque escribo más. Porque leo más. Escucho más. Miro más. Asocio más. Anoto más. Absorbo más. Y es todo tan azaroso porque quizás lucho con un post (de esos que cuestan) y meses más tarde alguien lo lee y se identifica con él y ya no tengo que cuestionarme para qué (o para quién) escribo. Escribo porque quiero estar conectada con los demás.

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“Se trataba de encontrar un significado en lo que se produce y se desecha en masa y que, al fin y al cabo, nos rodeaba a todos diariamente. Filtrarlo y encontrar algo de belleza en todo eso. Échale un vistazo: está ahí”. Eso escribió Jarvis Cocker en relación a cómo la palabra “Pulp” debía representar a la banda. Lo que dice Jarvis es real. La búsqueda de la belleza es lo que nos mantiene en movimiento. Y esa belleza, como siempre, habita en los detalles. La belleza este año (y en relación al blog) fue abrir una caja y ver mi libro, fue caminar seis cuadras muchas veces para mandarlo por correo, fue verlos a ustedes con el ejemplar en la mano. La belleza este año también fue ver una película que dolió pero fue ese dolor el que me motivó a escribir sobre ella. La belleza fue armar una playlist o ver los videos que filmaron. La belleza también fueron las conversaciones. Como cuando conversamos acá. Como cuando conversamos por fuera. La belleza está en ponerles rostros a los nicks o en cruzarme con alguno de ustedes en un recital indie, o en dar y recibir abrazos, o en buscar la foto perfecta para un post que hayan escrito. Sí, Jarvis tiene razón. La belleza está ahí, solo hay que saber buscarla, o no perderse uno para encontrarla. Por eso Moretti también asocia la carencia de percepción con la tristeza: “no se ve bien la belleza, es casi igual que ser infeliz”. Creo que por eso disfruto escribir sobre películas tan disímiles como Bombal o The Vicious Kind. Porque me gusta encontrar algo luminoso en ellas. Ya sea la prosa endiablada de María Luisa que iría a salvarla, o la autodestrucción de Caleb para poder resurgir con menos culpas. Y acá me quiero detener, otra vez, en lo fáctico. Muchos de ustedes llegaron acá en un momento difícil y encontraron algo que los hizo quedarse. Ese “algo” varía, ese “algo” puede ser articulado de distintos modos, ese “algo” puede ser una película o puede ser una interacción en los comentarios. Puede ser una especificidad y simultáneamente una cosa abstracta. Puede ser que cuando el “antes no” se convirtió en un “ahora sí”, yo empecé a conectarme y naturalmente la conexión se reprodujo. Se formaron vínculos y esos vínculos devinieron en detalles: el disco del blog, ustedes en el epílogo del libro, la remera, las reuniones, la necesidad de corroborar que si no estamos solos en muchas cosas es porque esto jamás se sintió virtual. Por eso, no hay mejor imagen para ilustrar este post que la de esa corrida en tiempo suspendido. Una suerte de metáfora de que hoy sí quiero seguir corriendo y espero poder tener ganas de hacerlo siempre. No quisiera volver a ese antes. No después de haber conocido el ahora. Un ahora que se renueva día tras día, un ahora que es el regalo que ustedes, sin darse cuenta, me hicieron cuando comentaron por primera vez. Mi agradecimiento es tan vasto como los motivos por los cuales lo siento. Hoy siento decirles gracias por darme un ahora. Yo les prometo, para el año que viene, más posts, más consignas, más conexiones. Un después.

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 MI TOP FIVE DE PELÍCULAS DEL AÑO:

 *1. Silver Linings Playbook (David O. Russell)

 *2. Tabú (Miguel Gomes)

*3. Gravity (Alfonso Cuarón)

*4. Frances Ha (Noah Baumbach)

*5. The Place Beyond the Pines (Derek Cianfrance)

 MI PODIO DE SEIS MENCIONES ESPECIALES:

*1. Locaciones (Alberto Fuguet)

 *2. Drinking Buddies (Joe Swanberg)

*3. Cloud Atlas (Lana y Andy Wachowski)

*4. Laurence Anyways (Xavier Dolan)

*5. La herida (Fernando Franco)

*6. El desconocido del lago (Alain Guiraudie)

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AHORA SÍ: SUS PELÍCULAS DEL AÑO:

Cinescalas - Video Fin de año 2013 from lanacion.com on Vimeo.

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*De yapa: Como siempre en esta clase de posts, les dejo un compilado que encontré con lo mejor del año; si bien en este no van a poder ver todas las películas del 2013 sino una selección, se trata de un video insuperable a nivel edición y musicalización; ¡que lo disfruten!

THE 25 BEST FILMS OF 2013: A VIDEO COUNTDOWN from david Ehrlich on Vimeo.

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► [LISTA DE REPRODUCCIÓN] 100 canciones que marcaron nuestro 2013 (y el de Cinescalas); ¡que la disfruten!

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¡Hola muchachada! Ya hemos llegado al post de fin de año y los invito a celebrarlo juntos y a responder estas dos consignas: *1. ¿Cuáles son sus cinco películas favoritas del 2013 + su podio de menciones especiales? *2. Como no podía concluir el año sin una playlist, dejen sus aportes de las mejores canciones del 2013, o de aquellas que marcaron estos doce meses así armo una nueva lista de reproducción para este día especial; ¡Espero sus comentarios! Que tengan un excelente festejo de fin de año y que comiencen el 2014 lo mejor posible; Gracias por estar siempre acá y nos reencontramos el jueves 2 de enero para iniciar nada menos que el cuarto año de CINESCALAS ¡Felicidades para todos!

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¡FELIZ 2014, MUCHACHADA!

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“If you like it, it’s not stupid”

Hace tiempo que dejé de preguntarme si a medida que voy creciendo me voy volviendo más selectiva con ciertas cosas. Me lo dejé de preguntar porque sé la respuesta. Sí, me volví más selectiva. Me volví más impaciente. Me volví más intolerante. ¿Hacia qué? Hacia todo lo que básicamente implique una pérdida de tiempo. Las distintas variaciones de “vivir el presente”, las distintas frases que engloban el mismo concepto, podrán resultar trilladas, o incluso hiperbólicas, pero supongo que cada uno sabe hasta cuándo está haciendo lo que quiere y hasta cuándo está haciendo lo que debe. Es difícil no convertir eso de vivir el presente en algo catastrófico. Al fin y al cabo, no podemos pasar las veinticuatro horas del día rodeados de las personas que queremos y/o haciendo lo que queremos. Creo que parte de madurar es saber cuándo hacer concesiones y cuándo ser egoísta. Por bastante tiempo tuve la ingenua idea de que para sentirme feliz tenía que perseguir una meta algo inasible: repetir la sensación de placidez evitando todo aquello que no la provocara. Es ingenuo porque vivir así tiene un costo (cuando llega un día malo, se vuelve inabordable) y es ingenuo porque uno no está solo y porque no se puede perpetuar ese estado de comodidad. A veces, simplemente, uno tiene que pasar el tiempo con gente que no tiene ganas de ver. Me puse a pensar en esto hace poco, cuando experimenté algo similar, cuando me pregunté qué hacía en un lugar donde a nadie realmente le importaba lo que yo tenía para decir y donde la ignorancia (o el desconocimiento) derivaba automáticamente en prejuicio. Contrasté esa situación con otras, aquellas en las cuales no me cohíbo para hablar de lo que me gusta, y lo que me gusta va desde levantarme temprano para responder sus comentarios hasta, como expresaba Matías Rojo aquí mismo, vivir en un lugar lejos del mundanal ruido tan solo porque me hace bien. Y acá es donde entra en juego, nuevamente, el tiempo. Yo elijo dónde pasarlo y elijo dónde no perderlo. Estos pensamientos sueltos (o no tan sueltos, porque el cine siempre se encarga de unirlos) se hilvanaron con algunas frases de The Spectacular Now. “If you like it, it’s not stupid” le dice Sutter Keely (Miles Teller) a Aimee Finicky (Shailene Woodley) en relación a las historietas que ella disfruta leer. Ese momento, como tantos otros, conecta a la película de James Ponsoldt con uno de The Breakfast Club, aquel en el que se nos dice algo así como: “spend a little more time trying to make something of yourself and a little less time trying to impress people”. Un día antes de la publicación de fin de año, y en el prometido post de las citas, me adelanto al gracias. Porque en pocos espacios uno percibe que lo que tiene para decir o para mostrar no es estúpido. Gracias por hacerme sentir eso. Por hacerme sentir que el “do what you love and fuck the rest” no es un capricho: es una necesidad.

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MI PODIO DE CITAS DEL AÑO SE COMPLETA ASÍ:

 ► [A ROYAL AFFAIR]: “I would recognize you blindfolded”:

  

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 ► [SILVER LININGS PLAYBOOK]: “It’s a song, don’t make it a monster”:

  

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 ► [BEFORE MIDNIGHT]: “If you want true love, this is it, this is real life”:

  

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 ► [CLOUD ATLAS]: “I believe there is another world waiting for us, a better world; and I’ll be waiting for you there”:

  

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PERSONAJE DEL AÑO: TIFFANY MAXWELL

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¡Buen jueves, muchachada!: Hoy son más que bienvenidos a comentar en el penúltimo post balance con las siguientes consignas: *1. ¿Cuáles fueron las frases de película que más les gustaron de este 2013? *2. ¿Cuáles fueron los mejores personajes del año? Los invito a citar compulsivamente, algo que hacemos seguido por acá; ¡nos reencontramos mañana en el megapost de fin de año con muchas sorpresas!

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Lo mejor del 2013: Las escenas

 ► Cuando Pat y Tiffany ensayan con “Girl from the North Country”

 ► Cuando Alien empieza a cantar “Everytime”

 ► Cuando Frances define su conexión con Sophie

 ► Cuando Luke ingresa a la feria

 ► Cuando Franck se esconde en el bosque

 ► Cuando Louis hace sonar “Between the Bars” de Elliott Smith

 ► Cuando se produce ese baile de porcelanas

 ► Cuando Ryan se ve forzada a encontrar fuerzas en ella misma

 ► Cuando Pi abraza a Richard Parker

 Cuando cantan “Baby, I Love You” al lado de una pileta

► Cuando Kate y Luke se sienten cómodos estando cerca

 Cuando Melanie y Ray se cruzan sin cruzarse en el tren

► Cuando se escucha el ruido de ese silbato

► Cuando India y Charles se (re)conocen tocando el piano

► Cuando vuelan las palomas mientras Thom canta “Codex”

► Cuando Natalia explica la transitoriedad en un solo monólogo

 Cuando Monroe quiere acercarse a Alabama a través de una canción

Cuando Richard Phillips entra en estado de shock

► Cuando le hacen un exorcismo a Jonah Hill

► Cuando Jay espera con nervios a Daisy

► Cuando Charlie le pide a Kate una segunda primera cita para empezar de nuevo. ◄

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 ► [ESCENA]: Una de mis secuencias favoritas del año: “Diner Scene” de Silver Linings Playbook:

  

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 ► [DE YAPA]: Los invito a ver la humilde recreación de la escena superior, protagonizada por Martín Folco y quien les escribe (sí, pueden reírse todo lo que quieran, es la idea):

  

Silver Linings Playbook - Diner Scene (Recreación) from Cinescalas on Vimeo.

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¡Buen jueves de balances para todos!: Hoy los invito a que mencionen sus escenas favoritas del cine de este año, aquellas que todavía no han podido sacarse de la cabeza; como siempre, los leo, ¡a comentar nomás! ¡nos vemos mañana con otro viernes de finales! PD. Gracias a Martín, Ezequiel, Jessi y Javier por su gran ayuda para la filmación y edición de la escena ;)

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Cloud Atlas: Todos mis pasados y mis futuros

 “All my lovers were there with me, all my pasts and futures; and we all went to heaven in a little row boat, there was nothing to fear and nothing to doubt”

“Más allá de la aldea india, en una playa desierta, me he topado con una serie de pisadas recientes. A través de aguas podridas, cocos marinos y bambú, las huellas me han llevado hasta su artífice”. Con ese párrafo, David Mitchell abre su novela, Cloud Atlas, y, como a lo largo de los seis episodios que narra, una palabra es lo que marca el rumbo, es lo que pasa a definir la yuxtaposición de todos esos relatos. Dicen que muchas veces, cuando se está leyendo una novela, lo ideal es detenerse en un término que, ante su ausencia, dejaría huérfana a la historia. Lo ideal es, desde lo semántico, determinar la columna vertebral, las intenciones del autor. Y creo que nada mejor para rescatar de ese primer párrafo que el término “huellas”. Cloud Atlas es una novela sobre rastrear, sobre buscar indicios, pistas (“una serie de pisadas”) que son el cimiento de esa premisa de que todo está conectado. En una primera lectura, la novela de Mitchell resulta inadaptable, con un lenguaje interno sumamente intrincado, lleno de esa clase de indicios semánticos vitales, justamente porque todo está volcado hacia la idea de que la humanidad, a través de las épocas (o independientemente de ellas), tiende a repetirse en conductas, presa de una suerte de procedimiento cíclico donde una decisión repercute en otra y donde todo aquello que representa una posibilidad estuvo antes irremisiblemente precedido de un fin, del fallecimiento de otra cosa. En sus seis historias, Cloud Atlas transforma esa cárcel que podría ser el estado cíclico en una gran parábola sobre la libertad, por más ínfima que esta sea. La libertad que puede durar el lapso de una sinfonía, o la libertad que puede durar el lapso de una revolución. En este sentido, sus microrrelatos están todos focalizados en el sacrificio, no necesariamente en el individual, sino el sacrificio como algo que nos circunda constantemente, sobre esas puertas que se cierran porque deben hacerlo para que una nueva viñeta pueda ser escrita. Y eso que se escribe, a su vez, va a constituirse en una huella que alguien más, en otro momento y lugar, va a absorber, va a tomar como inspiración, para reescribirla a su modo o simplemente para no olvidar, para que una acción del pasado, por más trunca o subdesarrollada que haya podido quedar, pase a convertirse en modelo de algo que tendrá sentido en otro instante en particular, comprendido por un individuo (o la suma de) en un momento determinado. Y como toda acción cíclica, tiene un movimiento, un ritmo, una cadencia, una musicalidad (porque si hay algo que define a la novela es también su sensibilidad hacia la música, protagonista excluyente de “Cartas desde Zedelghem”, una de las mejores historias) que responden a lo mismo: la energía. La energía  que se recicla, se transforma, se renueva.

♫ “I’d rather become music” ♫

“Ayer creía que nunca iba a hacer lo que hice hoy. Estas fuerzas que tan seguido alteran tiempo y espacio, que forman y modifican todo lo que imaginábamos hacer, empezaron mucho antes de que naciéramos y van a continuar después de que perezcamos. Nuestras vidas y nuestras elecciones, como trayectorias cuánticas, son comprendidas momento a momento” dice Isaac Sachs, un personaje pequeño pero definitorio en Cloud Atlas. Posteriormente, Isaac va a experimentar en carne propia el peso de su decisión y cómo la misma puede entrar en comunión con otra similar de otro instante del futuro (el futuro de Zachry, quien también se encuentra haciendo algo por amor sin habérselo propuesto). Su acción es, otra vez, una pisada que marca otro rumbo, que, por más mínima que pueda resultar si es observada desde un amplio espectro, es enorme al ponerle la lupa encima. Poner la lupa sobre las acciones más heroicas (y, en contraposición, las más aberrantes) que lleva a cabo el ser  humano. ¿Quiénes podrían hacer lo propio con la novela de Mitchell? ¿Tomar esos seis episodios, y todos los demás que se generan dentro, para hacer de ellos una película? Tres realizadores cuyas ambiciones les han jugado, en el pasado, tanto a favor como en contra. El vicio es una cualidad bicéfala, parece tener una connotación estrictamente negativa y, sin embargo, trae aparejado un desenfreno, una suerte de creatividad desbocada. El vicio de la adaptación de Cloud Atlas y sus tres directores (Andy Wachowski, Lana Wachowski y Tom Tykwer) es lo que la hace fascinante. Porque su ambición es fruto de una necesidad verdadera de interconectar las seis historias, de tejer redes con la palabra y con la edición, con la música (para la cual también colaboró Tykwer) y, claro, con imágenes que por sí mismas puedan sintetizar una idea. Su ambición, entonces, tiene una correlación con el principio del arte más noble: el que se manifiesta a través de la belleza. Y la belleza puede provenir de un singular recurso de adaptación. Lo que en la novela es un relato onírico con formato de preludio (el compositor Robert Froshiber sueña que rompe objetos de porcelana y, en lugar de oír ruido como consecuencia de su acción, termina oyendo acordes), en la película es una escena que llega casi sobre el final, como poniéndole un sello a esa historia de amor entre Frobisher y Sixmith, como poniéndole un sello a sus fascinantes cartas.

∞ “Each encounter suggests a new potential direction” ∞

Asimismo, la belleza en Cloud Atlas también reside en su postura más arriesgada: sus actores se ponen al hombro distintos personajes de las seis historias, respaldados por la precisión en la caracterización que en muchas ocasiones los vuelven completamente irreconocibles. Pero eso no es todo. Cada actor interpreta no solo a esos personajes múltiples sino a un prototipo de personaje (el ejemplo más claro es el de Hugo Weaving, quien es el villano en todos los relatos) y es esa simetría, es esa singularidad de verlos continuamente en numerosas ocasiones lo que refuerza la sensación de que hay conceptos que derivan en situaciones que derivan en actos atemporales de unión infinita. “Tiempo, gravedad, amor. Esos son los poderes más importantes y los más invisibles”. Cloud Atlas es una película que, como dije previamente, pone la lupa sobre esa invisibilidad, que la vuelve notoria con unas imágenes que prefiguran ese grado de poder. “El mundo gira con las mismas fuerzas nunca vistas que giran nuestros corazones”. Los corazones no tanto giran como se retuercen, se hacen latir, se oyen unos a otros, y se usan como motor para los actos de nobleza más hermosos. Y donde más percibimos esto es en “La antífona de Sonmi-451”, cuya figura central (la mencionada Sonmi) pasa de ser una herramienta más de un sistema opresivo, a una herramienta clave de un movimiento de cambio, a una heroína/diosa para el futuro, una inspiración para Zachry, quien, aunque después conozca otra versión, es impulsado por Sonmi, así como Sonmi fue impulsada por Yoona-939, así como Yoona fue impulsada por la frase de Timothy Cavendish “No voy a ser objeto de abuso criminal”. Pero con Sonmi y su proceder también volvemos al pasado, volvemos a Adam Ewing y su propia ambición de cambio, fruto de una amistad impensada con un esclavo. Como escribió Carl Jung: “El encuentro de dos personas es como el encuentro de dos sustancias químicas: si hay una reacción, ambos son transformados”. La mirada de uno sobre la mirada del otro, en un lapso de segundos, bastó para que se genere una reacción y para que Ewing (quien pasaría luego a ser objeto de adoración de un Frobisher ávido de lectura) le de otro curso a su vida, quebrando así los impedimentos: “Todas las barreras son convenciones esperando a ser transcendidas. La separación es solo una ilusión”. Exceder las limitaciones es el corazón palpitante que retroalimenta la fuerza y la ambición de una película como Cloud Atlas, una obra única, infrecuente, anómala, desafiante. Una película que eleva el poder del montaje (hay cientos de ejemplos de cómo una secuencia está ligada a otra con un objetivo nada arbitrario), que tiene inteligencia para reconstruir pisadas/relatos, pero también la sensibilidad suficiente como para mostrar reencuentros, historias de amor truncas, muertes, rebeliones, y corazones palpitando al unísono.

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“Nuestras vidas no nos pertenecen”, asegura Sonmi. “Estamos conectados a otros, pasado y presente, y por cada acto criminal hay un acto de bondad. Así, damos vida al futuro”. Cloud Atlas puede parecer una película macroscópica pero es exactamente lo opuesto. Es sobre como un hecho microscópico (spoilers: el suicidio de Frobisher, el sacrificio de Sonmi) puede repercutir en los demás. Las puertas de ellos se habrán cerrado, pero dieron lugar a manifestaciones de apertura (la reacción de Luisa Rey al escuchar el sexteto “Cloud Atlas” de Frobisher/ La reacción de Zachry al enterarse de cómo fue la cruzada de Sonmi), a una promesa de futuros, de un cielo vasto (Cloud Atlas comienza y termina con el cielo en primer plano), de hojas pentagramadas que aguardan notas musicales. Ya sabemos el efecto que algo que compuso alguien en el pasado puede tener en el futuro o, si nos volvemos inmediatos, en este presente. Una película como Cloud Atlas es esa gota del océano de la que habla Ewing, es una obra que marca una diferencia, que retuerce el corazón. Es la ambición como virtud. Jung también dijo que la vida no vivida “es una enfermedad de la que se puede morir”. Pero si hay algo que tiene Cloud Atlas es, justamente, una motivación vívida que, como Frobisher, se agita en su impulso de arrojar porcelanas al piso, y de hacer del fuerte golpe una armonía divina. 

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► Les dejo un especial sobre Cloud Atlas:

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► Les dejo también imágenes de la película:

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► DE YAPA: la gran banda sonora del film:

Cloud Atlas by cinescalas on Grooveshark

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¿Vieron Cloud Atlas? ¿Los deslumbró o los dejó indiferentes? Los invito a debatirla en este espacio; de paso, podemos hablar sobre los hermanos Wachowski y también sobre otras películas tan ambiciosas como esta que recuerden para mencionar en el post; ¡Los leo, bienvenidos de vuelta a la normalidad del blog! ;)

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