Deathmatch: Ramona vs. Clementine

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Spread the ashes of the colours over this heart of mine

Sí, hoy me quería dar un gusto en esta sección porque, aunque prometo seguir cumpliendo con los pedidos que han venido haciendo, antes de terminar el año debía darles un lugar a dos de mis personajes femeninos favoritos del cine (contemporáneo, de lo contrario suena a hipérbole). Como siempre, la idea proviene de algún lugar y en este caso fueron las noticias combinadas de que Kate Winslet recibió una condecoración por parte de la realeza británica, y que Mary Elizabeth Winstead finalmente está siendo reconocida gracias a su papel en Smashed. Más allá de los cambios en sus colores de pelo, me gusta que ambas compartan el hecho de que, al entrar en escena en sus respectivas películas (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos / Scott Pilgrim), no solo cambian la vida de sus protagonistas sino también nos incitan a ver qué tienen para hacer, decir, sorprender, enamorar, etc. Por el peso que tiene Clementine - como lo tiene toda esa historia y su correlato en la vida de muchos -, me quedo con ella. Pero no quisiera obviar el poder de Ramona Flowers para provocar una de las frases que inmortalizarán a Michael Cera: “I’m in lesbians with you”. Como sea, las dos son inolvidables (las actrices y sus personajes) y cuentan con la vigorosidad suficiente como para reflejar un vaivén de emociones conflictivas y que éso nos atraiga en lugar de distanciarnos. Especialmente cuando tanto una como la otra están dispuestas a poner el-hombro-por-el-hombre de sus vidas.

*1. CLEMENTINE (“It might be the hair, it changes a lot”):

*2. RAMONA (“If we’re gonna date, you may have to defeat my seven evil exes”):

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 ¿Ramona o Clementine? ¿A cuál de estos personajes femeninos prefieren? ¿A quién le queda mejor el pelo teñido :P ?; comenten y, de yapa, propongan una secuencia y/o versus para el jueves próximo; ¡Gracias a todos! ¡Que tengan un buen día!

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DEATHMATCH WINNER: CLEMENTINE

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La última vez enfrentamos a… BATMAN con IRON MAN

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Un año después…

“I’m always anxious thinking I’m not living my life to the fullest” – Clementine

Hace unas semanas cumplí 28. Cuando abrí los ojos esa mañana del 31, me consumió un pensamiento pesimista. ¿Qué hice entre los 27 y los 28? ¿Qué pasó en ese año que haya sido memorable? ¿Cuáles fueron los días que escaparon a la rutina y se convirtieron en recuerdos destacables? Una vez que el pesimismo dio lugar a la claridad, pensé en una mañana en un aeropuerto, pensé en un grito con peluca en un festival, pensé en una charla bordeando el mar, pensé en un viaje en auto por el Sur, pensé en varias tardes en familia, en la sonrisa de mis amigas, en noches de descubrimientos, en reencuentros, en decisiones, en la plena conciencia del presente. Y pensé en Cinescalas.

Si vienen siguiendo el blog, ya un poco deben conocerme. Soy una persona que cree mucho en el destino, en que todo pasa por algo, en que las personas que formaron o forman parte de nuestras vidas aparecieron en ella para cumplir una determinada misión; y esta suerte de credo no funciona a modo de consuelo ante cualquier revés o imprevisto inmanejable, funciona a partir de dos motores que me fueron definiendo: la magia y la energía. Y todo esto empezó con ella, con Clem, un personaje mágico y enérgico, que también busca un grado de intensidad difícil de sostener en el tiempo. Porque por más que uno quiera que cada día sea mejor que el otro, hay momentos en los que nos vemos obligados a cuestionarnos y a tomar decisiones, y a sufrir, y a enojarnos, y a sentir, y a poner la otra mejilla. Pero nada de eso podría afrontarlo sino creyera realmente en esa magia, en lo intangible, en aquello que hace que uno, cuando deposita buena energía, la reciba de la manera menos pensada, de la manera más increíble.

Y yo en distintos momentos recibí mails en los que me manifestaban lo importante que era Cinescalas en medio de sus rutinas,recibí un libro dedicado, fotos de encuentros entre personas que parecían conocerse desde siempre, y recibí palabras. No comentarios. Palabras. Todos los días. Las palabras de los lunes para los críticos invitados, las palabras de los viernes con los saludos de fin de semana. Porque no creo en las coincidencias, ya saben, y Cinescalas comenzó en un momento de mi vida en el que sentía que había cumplido muchos objetivos, pero que a la vez había interconexiones que quería poner, otra vez, en palabras. Un poema con una película. Una canción con una película. Una imagen con una película. Una experiencia personal con una película. Y así hasta el infinito…y así, esos días que yo quería que fueran especiales, distintos unos de otros, fueron convirtiéndose justamente en eso. Cada post permitió canalizar mis ganas de escribir, de manifestarme ante determinados hechos artísticos, pero también me permitió conocerlos y aprender de sus visiones. Cada día es distinto, cada post es como una entrada de un diario que se completa gracias a ustedes, que hicieron que estos 365 días de Cinescalas sean lo más parecido a la felicidad que una chica teñida de rojo que se asombra ante un elefante pueda sentir.

Sí. Todo empezó con una foto de Clem, pero antes estuvo el deseo de hacer un header en el que estuvieran todas ellas (Enid, Margot, Juno), el deseo de hablar sobre cine pero también de compartir canciones, fragmentos, y así, gracias a ese deseo, se fue formando una comunidad, se fueron forjando chistes internos, se fueron intercambiando opiniones con altura, se fueron diseñando logos, se fueron construyendo amistades. Ustedes se fueron reconociendo, se fueron sintiendo parte. La energía, esa energía positiva que yo puse desde el diseño de ese cabezal hasta la última frase de mi post favorito, llegó a ustedes, se diversificó, se compartió y hoy hizo que este blog sea individual (porque esta que escribe siempre soy yo, desnuda, genuina, transparente a pesar de todo) y grupal al mismo tiempo.

“Si alguien comprende, si alguien entiende este lenguaje contradictorio, estas impresiones tan nuevas, estos pensamientos, estos sueños vagabundos que siguen la lenta montaña de la vida, por supuesto, me haría feliz”, escribió una vez mi querida Anaïs Nin sobre sus diarios de la infancia. Creo que yo, con mi propio lenguaje y mis propias contradicciones a cuestas, me siento aquí, en este espacio, en este diario personal, por demás comprendida y acompañada. Por eso, no tengo que poner la oración en condicional o formular una expresión de deseo. Siento que todo aquello que estaba buscando con Cinescalas, de una forma u otra, lo encontré. Lo encontré gracias a ustedes.

MBS :)

18/08/2011

¡Feliz cumpleaños Cinescalas! ¡Feliz cumpleaños cinescaleros! ¡Gracias por este primer año!

Clementine Kruczynski

esosm_14 “I’m just a fucked-up girl looking for my own peace of mind”. Paz mental, estabilidad emocional, alguien que la quiera. Clementine parece una maraña de sensaciones, un caos multicolor, un camaleón indescifrable, pero no es más que una chica que busca el amor de un hombre. O, mejor dicho, una chica que busca ser amada por lo que es y no por lo que los demás quieren que sea.

Le molesta ser un concepto. Por eso, quizás, por miedo a las nomenclaturas, se escapa de la normalidad tiñéndose el pelo de rojo, azul, verde (in red, blue, green…) y tiene miedo de barajar y dar de nuevo, de decir que sí, de dar una oportunidad. Clementine es el centro de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, la maravilla romántica de Michel Gondry que aquí recomendé como una de las mejores historias de amor del cine. Clementine es Kate Winslet. No podría ser otra actriz, con esa belleza diferente, torbellinesca.

Clementine llega a la vida de Joel (Jim Carrey) y la perturba para siempre. Clementine es una de personas/personajes que no se olvidan por más que uno intente. “Bendecidos sean los que pueden olvidar” dice el poema de Alexander Pope en el que se basa el film. Bendecidos los espectadores que no podemos olvidarnos de ella.

Cuando Clementine conoce a Joel: